exclamaciones

Ve, ¡sé feliz!
Si me extrañas y yo te extraño quizá volveremos a estar juntos. Si, por el contrario, esto se trata del final, gracias por tus sonrisas, tus caricias, tus abrazos, tus besos y tu apoyo. Para mí esto no fue en vano; te agradezco a ti y a la vida por habernos permitido escribir esta historia, con comas, interrogantes, exclamaciones e incluso con puntos, algunos suspensivos y éste punto final.
—  Indirectasdemiparati
Recursos para escribir adecuadamente

Soy una persona amargada, si, de poca paciencia, y por eso vengo a poner esto en submit por que es mucho por explicar.

Me tiene re-cagado eso de poner en las firmas Hablo | Pienso | Narro. De entrada en la redacción del texto debería quedar todo claro, si no sabes señalarlo bien, eres mal roler y pésimo escritor. Por eso a continuación: Reglas para escribir adecuadamente.

1. El dialogo se marca en una raya larga “—”, pegada al dialogo inicial.

—Hola, ¿como estas? —Preguntó.

2. Pensamientos. Existen dos formas de redactarlos: Directo e indirecto. El directo se marca entre comillas angulares o hispanas “«…»”, el método indirecto se señala en la narración. 

«Debo darme prisa», pensó José.

José pensó que debía darse prisa.

3. Las puntuaciones van después de los caracteres especiales. (Nota donde están los puntos y comas)

—Necesito oírte decirlo —demandó.

—No puedo —respondió—, No puedo hacerlo.

(Incluye paréntesis), «y todo tipo de comillas».

4. Los números ordinales siempre van escritos en letra.

Primero, segundo, tercero…

5. Los números cardinales van en letra siempre que no se necesiten más de tres palabras.

Sesenta y tres, sesenta y cuatro. Dos millones.

6. Cifras de cuatro números van juntos. Esto aplica a fechas

2017, 2770, 3404…

7. Números con más cifras se ponen separados y sin puntuación.

1 990 877, 400 966…

8. Las horas se señalan con letra, las fechas en numero y sin puntuación.

Las cuatro y media de la tarde.

25 de Diciembre de 2010

9. Si cifras pequeñas coinciden con cifras grandes en un mismo párrafo, se recomienda poner todo en números.

Ernesto cumplirá 35 años el 14 de Junio de 1987.

10. Porcentajes bajos se señalan con letra, los altos, en número.

Hubo un incremento de dos por ciento.

Incrementó un 70% el año pasado.

11. Las cursivas se usan para: Enfasis, ironía, palabras extranjeras, palabras coloquiales o deliberadamente mal empleadas y títulos (películas, libros etc).

Eres un idiota. (Enfasis).

Tengo un buen negocio. (Ironía).

Ella tiene un je ne sais quoi. (Extranjeros).

Andas bien peláo, mano. (Coloquial).

Como dijo Peña: Infrastrochor. (Mal empleadas).

Cien Años de Soledad. (Títulos)

12. Las comillas se pueden emplear en todos los casos anteriores excepto énfasis, cuestión de gustos. No obstante, si se habla del titulo de un capitulo de libro se prefiere comillas.

Percy Jackson y El Ultimo Olimpico. “Mis galletas de queman”

13. Existen tres tipos de comillas: Angulares («…»), inglesas (“…”) y simples (‘…’). Si tus diálogos van en comillas o tu texto requiere comillas dentro de las que ya usaste, solo cambia el tipo de comillas, preferentemente a las simples.

«Eric y sus ‘negocios’», pensó Karina.

14. Las comillas se pueden usar para apodos o alias. 

Curco “Escopetas Locas” Vein

15. Luego de un signo no se pone punto, solo comas o punto y coma. Nunca un punto, el signo ya lo incluye.

¿Que sucedió?, no me di cuenta.

¿Que sucedió?; no me di cuenta.

16. Varias interrogaciones se separan por comas si se considera una misma oración, si se les considera independientes no se puntúa y aplica mayusculas.

¿Como te llamas?, ¿que edad tienes?, ¿donde vives?

¿Quien te lo dijo? ¿Hace cuanto lo sabes? ¿Por que no lo dijiste?

17. Las exclamaciones (¡…!) aplican la misma regla y pueden mezclarse de las siguientes formas.

¡¿Carajo, cuando pasó?!

¡Carajo!, ¿cuando pasó?

¡Carajo, cuando pasó?

18. Por ultimo, para señalar una narración en primera o tercera persona. ¡DEJA DE SER PELOTUDO!, que esas cosas no se señalan. Es el texto general.

anonymous asked:

Bts reaccion cuando accidentalemente tocas su miembro.

¡Acá esta tu reacción! Perdón por la tardanza, las reacciones me llevan un poco más de tiempo por el tener que pensar la situación de cada integrante y a veces la imaginación no viene… Espero que te guste 💖💖💖


SEOKJIN

Ensimismados en la pantalla y en el videojuego, ambos estaban totalmente competitivos esperando ganarle al otro entre palabras y exclamaciones con algunos empujones de hombros, pero en el momento en que Jin empezó a tener ventaja ya estando cerca de terminar la partida, tu estiraste el brazo para sacarle el control. Sin embargo, él ya viendo eso venir, se movió para evitarlo y por eso terminaste agarrando su entrepierna. Él salto en el lugar con una pequeña exclamación abriendo sus ojos en grande mientras quitabas rápido la mano con una risa nerviosa y una disculpa tratando de no mirarlo para ver su expresión y no empeorar la vergüenza que guardabas. Mientras tanto, Jin solo podía mantener las mejillas sonrojadas pensando constantemente en la sensación de tu mano agarrándolo con cierta fuerza mientras la ventaja que había tenido en el juego empezaba a desaparecer entre sus divagaciones.


SUGA (Yoongi)

Yoongi solo pudo tensarse y emitir un bajo sonido desde su garganta apretando los labios, sus ojos siguiendo el movimiento de tu figura al agacharse a buscar unas hojas blancas guardadas en los cajones inferiores del mueble de la computadora, notando como no te dabas cuenta que te estabas apoyando en su miembro en vez de su pierna para no caerte. No queriendo decir nada, espero a que empezaras a levantarte para agarrarte la muñeca y quitarte para que lo vieras y te dieras cuenta.

—¡Lo siento!

S: No importa… ¿Ya tienes todo en mano?

Esa pregunta ligeramente sugestiva señalo en realidad que ese apoyar había encendido algo en Yoongi, el cual peleaba con controlar o no controlar las cosquillas en su entrepierna que indicaban una posible pronta erección.


J-HOPE (Hoseok)

Apenas sintió la mano tocar su entrepierna, el estomago se le tenso y sus muslos se pusieron rígidos, la presión en su miembro a través de las ropas siendo placentero a pesar de sus facciones algo sorprendidas.

—Fu-Fue sin querer.

JH: No… Esta bien, no es nada —aseguro soltando una pesada respiración relajando sus músculos.

Con una sonrisa fingida trataría de poner un mejor ambiente al ver la pena que pasabas con un sonrojo que iba hasta tus orejas, pero el aura que poseía y lo que transmitía su oscura mirada indicarían que en realidad ese toque si había sido algo y que secretamente estaba dispuesto a más si eso era lo que querías, por lo que no deberías sentir vergüenza.


RAP MONSTER (Namjoon)

Torpe como él, solo pudiste tropezarte con su pie al levantarte del sillón y mover tus brazos en busca de que sostenerte sin lastimarlo para terminar poniendo una mano en los almohadones del mueble y la otra en el cuerpo de Namjoon. Creyendo que la habías apoyado en su estomago, rápidamente tuviste la confirmación de que no cuando el chico se sentó más derecho moviendo apenas sus caderas con un sonido de incomodidad contenido en su pecho, inmediatamente sintiendo algo contra tu palma que allí no debería de estar.

Por el resto de ese día y los consiguientes, Namjoon no pararía de verte cuando “no te dabas cuenta” recordando tu toque en su tapado miembro, traspasando con su mirada las ganas que empezaba a tener de repetir de alguna manera ese tipo de cercanía contigo.


JIMIN

Jimin apretaría los dientes y temblaría por un segundo al sentir la presión de la palma en su entrepierna, exclamando un “¡Cuidado!” por donde estabas tocando, tu inmediatamente liberado la zona con ojos más grandes en sorpresa. La situación podría haber sido rápida, pero para él había bastado para empezar a sentir como se excitaba, por lo que cerraría los ojos pasando una mano por sus cabellos y suspirando como si se quisiera calmar, importándole poco que estuvieras justo a su lado para verlo tratar de controlarse por un toque tan simple.

Al preguntar si se encontraba bien, su mirada algo de costado enviaría escalofríos por todo tu cuerpo y te haría callar de inmediato esperando a que él decidiera que pasaría de ahí en adelante.


V (Taehyung)

Acostados en la cama en un día de total pereza, estiraste la mano para a tientas buscar el control remoto hasta caer en su entrepierna, ignorando que era aquello por estar atenta al programa que pasaban, apretándolo al notar que era diferente a lo que venías tocando y que tal vez era lo que buscabas.

Inmediatamente Taehyung saltaría un poco en su posición con una mano volando a la tuya y su cabeza girando a verte con ojos grandes de impacto y confusión por lo que acababas de hacer.

V: ¿¡Qué fue eso!?

—¿Eh? ¡Ah,! ¡no! ¡Pensé que era el control remoto!

V: ¿En serio? Oh, bueno… Interesante.


JUNGKOOK

Él empezó a reírse contigo de una de las bromas de Jin cuando de repente tu mano se poso en su miembro de forma casual en vez de su muslo, lugar que querías tocar mientras te reías. De repente el paró de emitir sonido y se tensó mirándote rápido para ver si lo habías hecho a propósito, pero noto que no había sido intencional y que ni siquiera te habías dado cuenta del hecho, así que pasó a ver al sus compañeros por si ellos si habían visto lo que pasó.

Por la sorpresa, ni siquiera tendría tiempo de excitarse al tratar de verificar que solo él fuera el consciente de lo sucedido, pero a la noche, al tratar de dormir, el momento no pararía de repetirse en su mente.

CREE SU CONTRASEÑA
  • - zanahoria
  • - LO SENTIMOS, SU CONTRASEÑA DEBE
  • CONTENER MÁS DE DIEZ CARACTERES
  • - zanahoriagrandísima
  • - LO SENTIMOS, SU CONTRASEÑA DEBE
  • CONTENER AL MENOS UNA CIFRA
  • - 1zanahoriagrandísima
  • - LO SENTIMOS, SU CONTRSEÑA NO PUEDE
  • CONTENER ACENTOS
  • - 50putaszanahoriasgra­ndes
  • - LOS SENTIMOS, SU CONTRASEÑA DEBE
  • CONTENER AL MENOS UNA MAYÚSCULA
  • - 50PUTASzanahoriasgra­ndes
  • - LO SENTIMOS, SU CONTRASEÑA NO PUEDE
  • CONTENER MÁS DE DOS MAYÚSCULAS
  • CONSECUTIVAS
  • - ¡50PutasZanahoriasGr­andesQueTe
  • VoyaMeterPorElCuloSi­NoMeDasInm
  • ediatamenteUnAcceso!
  • - LO SENTIMOS, SU CONTRASEÑA NO PUEDE
  • CONTENER EXCLAMACIONES
  • - AhoraSiQueVoyaIrDire­ctamenteaB
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  • riasGigantesPorElCul­o
  • - LO SENTIMOS, ESA CONTRASEÑA YA ESTÁ
  • SIENDO UTILIZADA.
Splat contra las fuerzas del mal BONUS.

Todo parecía en calma.

El pequeño dogge había regresado sano y salvo a casa; de vuelta en UnderFresh, en los brazos de su Rad Dad. Y Splat ahora se encontraba descansando plácidamente en su cama. Como si los eventos del día de hoy nunca hubieran ocurrido.

Debería estar contento con esto; pero la conciencia de Fresh aún se encontraba inquieta. A pesar de que todos sus familiares ya habían marchado a sus respectivos universos. Las habilidades primarias de Fresh todavía detectaban a un tercer parasito dentro de su universo.

Sospechando de quien se trataba y con las mejores intenciones de resolver algunas dudas que mantenía sobre lo ocurrido a su pequeño dogge. Se dirigió a su encuentro. Ocultando su presencia al andar sigilosamente entre la psicodélica lluvia de Waterfall, pronto se encontró hasta la puerta de la casa que solía pertenecer a la Undyne de su universo.

A pesar de la evidente falta de luz dentro de la casa, la presencia de un intruso se hacia evidente por los ruidos que se generaban dentro de esta. De lo que parecía ser una búsqueda infructuosa. Fresh presiono el botón de la puerta, solo para ser recibido por motón de agujas de tinta que salían a su encuentro desde el suelo; con la más clara intensión de empalarlo. Pero Fresh fácilmente las esquivo. Pero el ataque no parecía detenerse ahí, al momento que varías esferas de lo que parecía ser tinta solidificada se estrellaba devastadoramente contra la pared donde se había dirigido Fresh en su evasión. Fresh casi estaba  impresionado. Pero no era el mejor momento para andarse divirtiendo; así que con todo su pesar, puso fin a la batalla al impulsarse directamente hacia su atacante  dándole un golpe contundente en su esternón. Con la suficiente intensión para sacarle el aire y dejarle en claro su posición dentro de la lucha.

-Bien, Little bro… ¿Ya estás dispuesto a platicar?- dijo Fresh mientras dejaba que la versión más oscura y violenta de su pequeño dogge recuperaba el aliento perdido.

-¡Hijo de fruta! Que me has bajado más mi HP.

-Bien, sabias que era muy probable que ocurriera si me atacabas brosky-dijo Fresh ofreciendo su mano de apoyo, pero este Splat la rechazo poniéndose en pie por su propia cuenta. Y Fresh a verlo erguido con toda su altura, pudo darse una clara idea de cómo luciría Splat al crecer. Quitando el pelo de punta y la clara tendencia de colores oscuros solo propia de un universo Fell.  

Y mientras, este Splat buscaba un lugar mucho más cómodo para sentarse; que aquel piso. Anticipándose  con lo que sería un molesto interrogatorio con esta versión más colorida de su propio creador. Tan adolorido como se encontraba, lo que menos quería era molestar más a este Fresh. Pues si en algo se llegaba a parecer con su versión; sabía que no descansaría hasta obtener las respuestas que él quería, llegando hasta el extremo de arrinconarlo en su forma parasitaria. Y ya tenía bastante dolor como para querer más de su parte.

Así que sin ofrecer mayor resistencia, se dejó caer en una de las sillas del comedor. Era mejor terminar con esto de una vez.

Fresh contento de poder aliviar sus dudas al respecto de la manera fácil. Prosiguió a sentarse en la otra silla frente a este Splat.

-Bien brosky, supongo que ya conoces mi carácter así que vamos con la primera pregunta… ¿Qué sucedió con mi peque Splat en las 10 horas que estuvo desaparecido?- dijo Fresh tomando un tono mucho más serio y frio, de su habitual relajado hablar.

-¿Me estás diciendo que no te dijo nada? ¿O solo no le preguntaste?

-Cambio a su forma parasito, eso ya me da una clara idea de que es mejor dejarlo olvidar lo sucedido.

-Eres demasiado blando con él- dijo FellSplat, mientras una sonrisa burlona dibujaba su rostro- Pero déjame resumírtelo: Una loca adoradora de ángeles creyó que tu peque le caería muy bien un baño de agua fría; solo que no conto con que yo iría a divertirme un poco con ella en su lugar. Así que después de romperle todos los huesos de su cuerpo y tomar un bocadillo por el camino. Te traje de vuelta a tu pequeña bola de tinta sana y salva. ¿Qué más hay que decir?

-¿Qué tal… que haces todavía aquí?

-Pues nada más que descansar un poco mis pobres huesos. ¿O acaso quieres echar al salvador de tu bebo a la calle?- dijo FellSplat con una exagerada cara llena de tristeza; mientras su cabello  de punta caía hasta volverse suaves ondas reflejando su aparente tristeza.

Pero Fresh ni un momento se lo creyó. Aunque tenía que reconocer que el chaval era un excelente actor.

-¿Hasta tan noche? ¿Y en un universo que no es el tuyo? Permíteme que lo dude chaval; si algo tienen en común todas las versiones Fell, es que no importa que tan poderoso el monstruo sea, alguien crecido en la tierra de “matar o morir” nunca se sentiría a salvo fuera de su casa y mucho menos de su universo. Así que déjame repetirte la pregunta: ¿Por qué sigues aquí?-aunque esta vez Fresh hizo notar cuan viva y fuerte era la llama que emanaba detrás de sus coloridos lentes.

No sería lo más inteligente volverle a mentir.

Y captando esto, FellSplat recupero su puntiagudo estilo de peinado y cambio sus ojos por los oscuros carentes de toda emoción – Fui herido durante la pelea y luego tuve que “sangrar” a través de dos charcos de agua para poder traer a tu mocoso de vuelta. No estoy precisamente en las mejores para viajar a través del multiverso con solo la esperanza de que donde quiera que llegue no tenga que luchar. Así que solo me refugie aquí, maldito saco de huesos.

Al ver aquella mascara gélida que proyectaba aquel Splat, casi pudo ver reflejado a Jamy en su peor momento. Como un chico que había crecido carente de todo amor y lo había transformado en alguien sumamente cruel. Y por mucho que extrañara a Paperjam esa visión reflejada en su dogge era casi dolorosa.

-¿Y tú Fresh no se preocupara por tu ausencia?

-Él es un parasito carente de toda emoción así como tú. Hace demasiado tiempo que él perdió todo interés en mí- dijo FellSplat con un gélido tono.

-¿Y tú Paperjam? Estoy seguro por experiencia propia que a él seguramente le importas mucho-  dijo tratando de que no se hiciera evidente el nudo que se  había formado por su inexistente garganta al mencionar el nombre de Jamy.

-Querrás decir le importaba.

Así que este chico también…

-¿Qué le ocurrió?

-Nada que realmente te importe- dijo FellSplat de manera cortante –Solo necesito descansar una noche y después me marchare  para no volver a involucrarme con tu bola de tinta otra vez. Una noche es todo lo que pido Fresh.

Ese trato era justo. Razonable y lo mejor desde cualquier lógica; pero Fresh no dejaba de sentir una gran incomodidad al pensar en dejar en semejante estado a una versión tan rota de su propio dogge. Tan herido tanto física como emocionalmente, al igual que aquella vez que vio a Paperjam bajo aquella lluvia.

Simplemente no podía…

-Ok chaval, te dejare estar en mi universo esta noche

FellSplat suspiro aliviado.

-Pero antes de irme… ¿te acuerdas lo que me dijiste hace unas horas frente a mi freshcueva?

-… ¿Qué mantuvieras tu promesa?

-¡Exacto! ¿Y sabes lo unrad que sería romper mi promesa de proteger a mi querido dogge?- dijo Fresh haciendo un dramático movimiento de indignación.

-Emmm… espera… ¿Qué?- dijo Fell Splat saliendo por fin de su estado apático; solo para  cambiar a la sorpresa al ser levantado en brazos por Fresh y salir de la casa a una velocidad estrepitosa.

Fresh, no por nada era el maestro de la patineta en Underfresh. Y aunque al chaval al principio solo gritaba a puro pulmón, pronto sus gritos de convirtieron en exclamaciones de júbilo, cuando Fresh hizo gala de sus mejores maniobras durante el trayecto. Definitivamente la risa le venía mejor a cualquier versión de su dogge, simplemente le era más natural.

Apenas hubieron llegado cerca de la freshcueva, Fresh le hizo ademan a FellSplat de que guardara silencio. Después de todo, su dogge estaba durmiendo. Y solo bajo a FellSplat hasta que lo hubo colocado en el mullido sofá de la casa. E inmediatamente se dirigió a la cocina con la intensión de preparar unos bocadillos nocturnos para su invitado.

-¡Espera! ¿Por qué cuernos me trajiste aquí?

-Baja la voz chavalín. No quiero molestar a mi dogge. Y la respuesta a tu pregunta es simple “estoy cumpliendo mi promesa”

-Pero yo no soy…

-Eres una versión de él y por lo tanto también eres él- Fresh ni siquiera le dejo terminar la frase. No estaba dispuesto a dejar de lado esta versión más revoltosa y crecida de su dogge. El nuevamente haría lo correcto como aquella vez.

Él nunca se arrepintió haber hecho lo correcto.

-Además. ¿Qué clase de Rad Dad seria si no recompensara al héroe de mi dogge por haberle salvado la tinta? Ahora dime que quieres de cenar, has de estar hambriento.

Y casi como respuesta, un sonoro gruñido sonó por la sala.

Y con un adorable sonrojo purpura FellSplat respondió- ¿Puedo pedir unos hot cakes de acuarela?

-¡Clarín chavalín! ¿Quisieras unos crayones mientras esperas?

-¿Estaría… bien?

-Bien tómalos de la mesilla al frente de ti. Enseguida estos estarán volando.

Esto era demasiado para FellSplat, el solo quería salirse corriendo de ese universo; esta versión de su propio Fresh era demasiado bueno para ser verdad. Todos sus instintos básicos le gritaban salir corriendo; pero algo mucho más fuerte le pedía gentilmente que se quedara. A lo mejor era el olor celestial de esos hot cakes; a lo mejor era el agotamiento mágico, pero él deseaba permanecer. Aquí, era cálido y acogedor… posiblemente aquí podría ser feliz… al menos una noche. Se tuvo que recordar.

Y solo sus pensamientos oscuros fueron interrumpidos cuando Fresh coloco un gran plato de hot cakes de acuarela frente a él junto con un buen vaso de tinta blanca para acompañar.

FellSplat pronto pudo comprobar que esos hot cakes de acuarela sabían mucho mejor de lo que olían. Aunque pareciera imposible.

-¡Estos están increíbles! ¡No sabía que podías cocinar tan bien!

-¿Acaso tu Rad Dad no te cocina?- realmente estaba espesando a odiar con creces a este Fresh. Aún más de lo que odiaba al dad de Glich. ¡Y eso eran ya palabras mayores!

-¡Por el ángel, mi viejo hace años que no pisa la cocina! desde que mi mamá… olvídalo… él solo no pisa la cocina.

-Creo que entiendo…

FellSplat tratando de ignorar la incómoda situación que se quería asentar, puso toda su concentración en saborear mejor esos deliciosos hot cakes.

Hasta que finalmente se los acabo. Y la somnolencia se abrió paso por su agotado cuerpo. Quería tan mal poder dormir. Pero sabía que si relajaba lo suficiente, mancharía  el cómodo sofá de un color ajeno a su propia tinta y lo que menos quería era que ese color saliera. Así que trato muy a su pesar de levantarse y dirigirse a descansar a la regadera. No sería su primera vez y sería mucho más fácil de limpiar que la tela amarilla de ese colorido sofá. Pero apenas se hubo levantado, Fresh lo volvía a acostar en su regazo.

-Espera no entiendes. Solo quiero ser un buen invitado y no manchar tu sofá, baka- maldita sea se le salió esa palabra.

-¡Qué lindo! Me recuerdas mucho a mi Jamy; pero descuida te tengo cubierto.

Cada vez más le costaba a FellSplat mantenerse despierto y sus movimientos solo se volvían más débiles y desenfocados; sabía que su pelea estaba perdida.

-Va a ser tu culpa que tengas que tirar el sillón, yo te lo advertí.

-Oky chaval, descuida y descansa. Tu Rad Dad está aquí.

Realmente a FellSplat le había encantado la calidez que transmitían aquellas palabras. Era lo que siempre había querido escuchar. Y todo sería absolutamente perfecto, si tan solo…

-¿Puedo pedirte algo mas Fresh?

-¿Mmm? Claro, ¿qué tienes en mente?

-¿Me podrías cantar?-por favor no te rías…

Fresh no se rio- No se me muchas canciones de cuna Splat… ¿Estas bien con eso?

-Si… solo cántame por favor…

-Lo que sea por ti dogge…

(Aunt Rhody)

A medida que Fresh iba cantado la canción que bien le oyó cantar un día en secreto a Paperjam y vio como FellSplat caía profundamente en los dominios de Dream. Supo por que le había advertido de la tapicería.

Una mancha color rojo oxido, junto con un olor cobrizo muy característico, empezó a emanar desde este Splat. Manchando su regazo y luego el sofá.

-Bien creo que ya era hora de cambiar el sofá de todos modos- pero bien valía la pena por la expresión de completa felicidad que se había manifestado en el rostro de aquel Splat. Se aseguraría de mantener su promesa con este también.

Pero antes de entregarse él también al sueño. Decidió maniobrar un poco con el chico en su regazo hasta alcanzar el blog de notas junto con un crayón, solo dejarle un mensaje en su chaqueta. Por si al llegar el amanecer y el chico en su regazo se hubiese ido.

“ERES BIENVENIDO”

“El día de hoy, te libero.
Te libero de mi,
de mis males,
de esos domingos infinitos por la tarde,
del odio a mis cumpleaños,
de no saber cómo hacer para regalarte algo
que no tengas o que no pierdas.
Te libero de mi desengaño,
de tu karma,
de mis novedades,
de esa contradicción que me invadía
y que represento.
Te libero de mis llamadas,
de mis enredos,
de mi cabello,
chino, largo y despeinado
que se enredaba en tus dedos y me dolía.
Te libero de mi consciencia,
de las caídas, las levantadas,
de esta huida.
Te libero de esos puntos suspensivos,
puntos y seguidos,
de las cuestiones o exclamaciones,
en fin de todas las reglas ortográficas habidas y por haber.
Te libero con esa puerta que acabas de cerrar,
para que te vayas,
para que me dejes,
para que me veas lejos y me quieras cada día menos,
aunque me duela en lo más profundo de mi corazón. “

natsu618  asked:

Senpai,si mal no recuerdo usted dijo que al final de THS sacaría un cap especial sobre las fems(asi es,sin signo de exclamacion por que yolo >:v)si lo sacara??

Tzi tambien~ 

Embarazo en peligro

Una pequeña sonrisa escapó de los labios del mayor, al detener sus pasos en seco para dirigir su mirada hasta un retrato en la pared.

Suspiró divertido, recordando la historia tras aquella imagen, demasiado larga para contarse en un momento; y desplazó el vaso en su mano a su siniestra, acción realizada varias veces en los últimos minutos, debido al calor que desprendía el objeto por su contenido.

Apartó su atención de la foto, alternando el vaso nuevamente entre sus manos y sacudiendo posteriormente la zurda, al comenzar a quemarse esta.

Retomó su camino hasta la habitación que compartía con su pareja, quien minutos atrás le había pedido aquella bebida que ahora le estaba quemando las manos.

Se preocupó al oír sonidos adentro, y al instante borró su sonrisa; apresurando sus pasos hasta llegar al cuarto.

-Te traigo tu té- exclamó suavemente, asomando la cabeza por la puerta entreabierta para ver al menor.

Sintió de inmediato un vacío en el estómago al confirmar la procedencia de aquellos ruidos; y encontrar una mancha de sangre en la cama, pero no a su pareja.

Pero no podía ser.

-… ¡¿Guillermo?!

Aún no era el momento.



——————–



El terror era la primera y más grande cosa que tenía sitio en la mente del menor. En segundo lugar estaba el dolor.

De esa magnitud era la situación.

Presionaba con desesperación las sábanas de la cama; desquitando a través de su agarre, las horribles sensaciones que le invadían en ese momento.

Trató de incorporarse para buscar a Samuel, pero lo único que logró fue ponerse en pie, antes de caer inevitablemente al suelo junto al lecho, frente a un espasmo que le tomó por sorpresa.

Los gemidos ahogados que escapaban de entre sus labios eran el único sonido en esa habitación, además de sus jadeos y quejas.

Una lágrima resbaló por su mejilla, y jadeó angustiado al sentir un suave movimiento por parte de la criatura en el interior de su cuerpo.

Desde un principio… tuve miedo de que este día llegara…

Eso no estaba bien. Aún no estaba listo, no era el momento. Todavía quedaba un mes más, pero sentía aquellos dolores infernales desgarrándole por dentro.

Porque existía la advertencia de que esto podría llegar a suceder, y debido al delicado estado en que se encontraba el menor; el más grande temor y el primer peligro al que se enfrentaban era que, de suceder muy temprano (como parecía que estaba ocurriendo ahora), su pequeño no sobreviviera al nacer.

… No quiero que nuestro hijo muera…

Pasó una mano por su rostro, en un vago intento por calmarse un poco y suspiró.

Todo está en mí

Pero aquel intento resultó completamente inútil, cuando una contracción se apoderó de su cuerpo, provocándole gritar con fuerza.

-Guillermo…- oyó su nombre en una voz ajena, pero muy bien conocida para él y dirigió su mirada entreabierta hacia el mayor.

Se notaba a leguas que el miedo se había apoderado de él también, y la razón de su negativa a acercarse era por esto mismo.

Estaba aterrado.

Cerró los ojos con fuerza, gimoteando al sentir el dolor atacarle de nuevo.

-¡Rápido, Samuel!- rogó desesperado, estirando una mano hacia él.

El mayor se apresuró a dejar el vaso sobre una mesita cercana, aproximándose luego hasta él.

-No te muevas… Déjame te ayudo- le dijo, inclinándose sobre él para ayudarle a erguirse; y por preocupándose en no lastimarle.

El menor respiró profundo, temblando incontrolable.

-¡Duele, joder!- se quejó, sentándose con cuidado en la cama, con la ayuda del mayor-… T-tengo miedo.

Él le miró un momento.

-Respira, trata de mantener las contracciones mientras yo voy por algunas cosas- pidió, mirándole fijamente y sin soltarle por un segundo.

-¡R-rápido!- exclamó con fuerza, abrazando su propio vientre y encogiéndose un poco.

El mayor terminó de acostarle, no sin ayudarle después a acomodarse lo mejor posible en la cama, y luego se apresuró a correr fuera del cuarto.

No más de dos minutos más tarde estaba de vuelta, cargando entre sus brazos una par de toallas limpias, una tijeras esterilizadas y un aspirador; instrumento especial para asegurarse de que el bebé pudiese respirar una vez hubiera nacido, y el cual fue comprado inmediatamente por Samuel nada más recibir la noticia de que esto pudiera llegar a ocurrir.

-¡Y-ya quiere salir, Samuel!- gimió dolorido, sintiendo el cuerpo del bebé hacer presión dentro del suyo.

-¡Aguas, aguanta niño!- replicó, atravesando la puerta del cuarto, en dirección a la cama.

-¡Ah!, ¡me duele!- insistió.

-Aguanta- solicitó en un susurro-aguanten.

El mayor se paró junto al lecho.

-Ya traje todo- notificó con la voz temblando un poco, al tiempo que dejaba a un lado todos los implementos, y se acercaba a su niño.

Él estaba semirecostado contra el cabecero de la cama, sin dejar de musitar cosas y quejarse.

-… Tranquilo, todo está bien…- masculló, para él y el bebé. ¿Y por qué no? También para Samuel; quien de igual forma necesitaba aquellas palabras.

Lo primero que hizo el mayor fue dirigir las manos para despojarlo de las prendas inferiores, y confirmó aquello que tanto temía al ver la mancha de sangre también en su ropa.

Esta no era una falsa alarma, realmente el bebé estaba viniendo, y no de la mejor manera.

-A-ah…- no pudo reprimir la queja, cuando una contracción le atacó- … ¡Samuel!

-Muy bien, no temas, ok?- musitó, arrojando las ropas empapadas al suelo y depositando una sábana sobre las piernas del chico, fijándose en su rostro sonrojado por el esfuerzo que le hacía aguantar el dolor-… Podremos hacer esto juntos; y antes de que te des cuenta, tendremos a nuestro pequeño aquí con nosotros, sano y salvo. ¿Entendido, cielo?

El más joven se limitó a asentir, echando la cabeza hacia atrás, mientras ahogaba un gemido en su garganta.

El mayor asintió también, recordando cómo era que debía empezarse aquello.

-A la cuenta de tres, vas a pujar.

El menor negó un poco con la cabeza ante la orden.

-Tengo demasiado miedo.

Pensó qué hacer para transmitirle algo de la seguridad que él aún poseía, y de inmediato se trasladó hasta su lado.

-Dame tu mano, mi niño- y al instante le sintió tomándole la mano con la suya propia y presionándola con algo de fuerza.

-Solamente…- jadeó agitado, haciendo su mejor esfuerzo por no empujar antes de que se lo ordenaran-… No me dejes, Samuel.

-Siempre estaré a tu lado- afirmó, con toda la seguridad del mundo- Vamos.

Pudo ver cómo él se relajaba un poco al oír aquello, y seguido se preparaba para lo que venía.

-Uno… Dos… Tres…

-… ¡Puja!

El más joven obedeció, pero automáticamente, el dolor le hizo detenerse.

-Vas muy bien, cariño- animó Samuel, acariciando su mano izquierda.

-¡Samuel, me duele!- se quejó en un sollozo, apartando sin querer la zurda.

El mayor le hizo mirarle.

-Lo sé, pero también sé que puedes hacerlo…- musitó con firmeza, tomando nuevamente su mano y apretándola con suavidad-… hazlo por los tres.

Él le miró un instante y de nuevo empujó con fuerza; volviendo a sentir la presión producida por el cuerpo del bebé, pero de manera… distinta.

-… Siento… algo- masculló, removiéndose en su lugar y deteniendo por un momento su faena.

Samuel se inclinó sobre las piernas del su pareja; apartando la manta que mayormente le cubría, y sin poder reprimir el pesado suspiro que emitió al ver lo ocurría.

-¡Ya va la cabeza!, la veo- notificó exaltado, observando la cabecita bastante cubierta de cabello para ser tan pequeño, y un varón; que apenas comenzaba a ser visible-… Sigue, amor.

Le ayudó a acomodarse mejor, conociendo de antemano lo importante que sería su postura en el nacimiento, para ambos.

-Se siente raro…- gimoteó, sintiendo su cuerpo empezar a temblar de manera incontrolada, mientras el bebé continuaba haciéndose paso fuera de él-… J-joder.

-Eso, mi niño, sigue- inconsciente, frunció el ceño al oír al menor aspirar con fuerza, en el momento en que la cabeza de la criatura por fin apareció completamente. No podía ignorar el calor en su rostro al verse testigo de este momento; todas sus emociones se revolvían, y lograba percibir la vaga sensación de estar a punto de desmayarse-… Vas muy bien.

El menor se arqueó, y gritó sin mucha fuerza, al momento en que los hombros del bebé consiguieron su camino al mundo; de inmediato seguidos por el resto del pequeño cuerpo.

En ese instante…

El más joven se obligó a detener sus exclamaciones; al tiempo que el mayor sostuvo la respiración. Y ambos observaron fijamente al pequeño cuerpo sobre el colchón.

Completamente inmóvil.

El ambiente cayó en un profundo silencio…

El menor fue el primero en aproximarse a su criatura, poniendo con cuidado una mano sobre el pequeño y sacudiéndole levemente al ver que no se movía.

-No está llorando…- exclamó Guillermo afanado, levantando uno de los pequeños brazos, que yacía por encima de su diminuto cuerpo, y comenzó a examinarlo con detenimiento, sin saber exactamente qué buscaba-… N-no puede ser…

Apartó ambas manos del niño, sintiendo sus ojos aguarse. Su criatura tenía la boquita entreabierta, y los ojitos cerrados sin fuerza; además de no estar realizando ningún tipo de movimiento. Daba una imagen desgarradora.

-… S-Samuel…- gimió angustiado, empezando a respirar con rapidez.

El mayor dirigió también una mano hasta el bebé, acariciándole con suma delicadeza.

-Su cuerpo está frío…- musitó alarmado, pero sin agitarse. Sabiendo perfectamente que eso no estaba bien; considerando que acababa de nacer, apenas había acabado de salir de un lugar cálido, y estaba rodeado de sábanas, y el propio calor de sus cuerpos.

-¡Samuel, hay que hacer algo!- gritó desesperado, olvidándose del dolor al doblarse sobre sí para conseguir llegar hasta el pequeñajo.

Le levantó con velocidad, resultando demasiado brusco al hacerlo; y arrepintiéndose inmediatamente después.

Aquel movimiento brusco hizo que el cuerpecito asemejase ser un muñequito de trapo.

Un pequeño muñeco, con el cordón en el vientre, cubierto de sangre y líquido, tan rosado como un camarón… Y aún así más hermoso que todo lo que hubiesen visto en el mundo.

Pero su precioso muñequito no lloraba.

-¡Zeus!- lloriqueó, mientras le oprimía contra su pecho; cerrando con fuerza los ojos y permitiendo caer sus lágrimas-… Por favor, hijo…

Un quejido de dolor se escapó de sus labios temblorosos.

-… No queremos perderte…- un pequeño sollozo lastimero interrumpió sus palabras-… Te amamos peque…

Inspiró profundamente, acariciando cariñosamente el rostro del bebé.

-… Regresa con nosotros…

El mayor únicamente veía la escena en silencio, sin querer desatar su propio llanto. Lo cual no estaba consiguiendo demasiado bien.

Suspiró preocupado, acercándose más al menor.

-Guillermo, dame al bebé.

Él levantó la mirada, hasta encontrarse con la suya. E inconscientemente, abrazó al pequeño con más fuerza contra su pecho.

-P-pero…

-Puedo salvarlo. Sólo confía- le interrumpió, extendiendo las manos hacia él y observándole directamente a los ojos-… Haré que nuestro pequeño esté con nosotros de nuevo.

Guillermo regresó los ojos a su criatura, gimiendo ante la visión del pequeño cuerpo inerte, y se lo cedió a Samuel.

Apenas le tuvo entre los brazos, el mayor se apresuró a usar los elementos que anteriormente había llevado a la habitación. Usó una de las toallas para limpiarle; y le cortó el cordón con las largas tijeras, para finalmente introducir la aspiradora en su naricita y boca; succionando con ello el líquido en sus vías, y utilizando así todos los implementos.

Pero él no reaccionó.

Exhaló con fuerza el aire retenido en sus pulmones y con sumo cuidado, recostó al bebé sobre la cama; todo bajo la mirada desesperada, llena de lágrimas del menor; y comenzó a hacerle RCP, sin aplicar demasiada presión sobre el delicado ser.

Los minutos pasaban; pero el pequeño no respondía, y la angustia de sus padres crecía con cada segundo.

El mayor levantó la mirada, para buscar la de su pareja. Y justo en ese momento; un leve sonido hizo que su vista volviera a caer sobre la criatura.

Su rostro se iluminó de inmediato, al encontrar a su pequeño, cerrando y abriendo sus manitas mientras comenzaba a soltar suaves quejidos, que serían previos al llanto.

-Sabía que funcionaría…- exclamó orgulloso, poniendo ambas manos debajo de su hijo, para levantarle hacia sí, y poder apreciarle mejor. Aquello no pareció gustarle al bebé, puesto que empezó a llorar con fuerza-… Bienvenido, mi pequeño…

Oyó un suave sollozo de emoción; y alzó su vista hacia el menor, sonriendo cálidamente al ver cómo estiró los brazos hacia él, pidiéndoselo de vuelta. Antes de entregárselo; envolvió el cuerpecito en otra toalla, casualmente morada.

-… Nuestro Zeus- musitó, poniendo al bebé en sus brazos; y sintiendo las primeras lágrimas de alegría deslizarse por su cara.

El menor se quedó en silencio durante unos minutos; sin dejar de sonreír, y aún con lágrimas corriendo por su rostro.

-Gracias por esto, Samuel- susurró embelesado, admirando detenidamente aquel hermoso tesoro, que había cesado ya su llanto, acurrucado en su pecho; y no dejaba de hacer muecas al descubrir que podía-… Es perfecto.

El mayor rió al ver las adorables expresiones en el rostro de su bebé; sacando apenas la lengua, arrugando la naricita, y presionando los ojitos cerrados.

-Mis niños…- suspiró, pasando un dedo por la frente del más pequeño; lo cual hizo que frunciera el ceño, y soltara un quejido-… Los amo demasiado.



————



Gggggg

Hi

Supongo que de quienes vieron el presiozo cómic de la señorita @xwhitecatshipperx, alguno ya se estaba esperando esto :v

Y si no; entonces no me conocen :’((((

En fin :‘v

Espero que les guste, en especial a usté mujer *aunque nunca le dije que lo haría, por favor no me odie :’v*

anonymous asked:

Reaccion de big bang cuando una anti fan te tira al piso obviamente con malas intenciones

Me deje llevar con este pedido, porque soy débil a escribir drama a pesar de que no me guste verlo en series o demás (¿quién me entiende?) ¡Espero que te guste!

¿Advierto que tal vez puede ser sensible para algunos?… Realmente no sabía que era un anti-fan, pero cuando investigue y leí algunos casos… Dios mío, hay gente loca


T.O.P (Seunghyun)

Era solo una reunión con amigos en un restaurante, nada fuera de lo común o que molestara a nadie, ya que era normal que gente famosa o importante visitara ese lugar y algunos fotógrafos merodearan los alrededores. Por esa razón, al momento de salir los dos estaban enfocados en los medios afuera en vez del grupo que se les aproximaba, por lo que cuando te agarraron de a varios de la ropa y te lanzaron contra un muro, terminaste por caer al no esperar eso y gritaste cuando alguien te sostuvo con dolorosa fuerza contra el suelo sin saber que estaba pasando.

Casi desde el comienzo Seunghyun noto lo que sucedió, era imposible no sentir como te arrancaron de su lado, así que se giro y con su mente en blanco dio una zancada a donde estabas para ayudarte sin volverse hacia atrás cuando lo golpearon entre exclamaciones totalmente desagradables, pero su única preocupación era rescatarte con ayuda de los fotógrafos y sacarte de ese lugar.

Desde ese día, su lado protector incrementaría considerablemente, siempre temiendo que algo así te pasara de vuelta y fuera peor al no estar él para apoyarte o defenderte.


G-DRAGON (Jiyong)

Era una muestra especial de peaceminusone y todo iba de maravillas, la gente se sacaba fotos con Jiyong y miraban lo que él ofrecía entre murmullos al igual que tu, de repente él abrazándote veloz por la cintura y besando tu mejilla antes de seguir siendo el anfitrión del lugar, eso bastando para que ciertos anti-fans te encontraran entre las personas.

De repente el grito de una chicas capto tu atención y viste como dos personas se acercaban a Jiyong con algo en sus manos, todos los guardias abalanzándose a defenderlo mientras amagabas a ir con él, pero eso fue imposible. Sentiste cuatro manos empujarte con violencia contra el mostrador y aplicar fuerza para que te presionaras extra contra este e inevitablemente cayeras con en elemento sobre los vidrios que se rompieron al chocar con el suelo. Ahora más gritos y exclamaciones sucedieron, pero solo podías concentrarte en no moverte demasiado para no lastimarte demás entreabriendo los ojos con cuidado, hasta que notaste unas botas en frente tuyo y como te volvían a tocar presionándote contra el suelo, gimiendo de dolor por la estructura apretarse contra ti.

Jiyong no dudo en correr y empujar a esa persona con toda la fuerza que le salió, otra gente sumándose a agarrar a los agresores que trataron de escapar al tiempo que el chico se acuclillaba y te agarraba de una zona segura para muy lentamente ayudarte a ponerte de pie.

GD: Despacio, Jagi, nadie te apura, solo ponte de pie lento e iremos al medico, ¿si? Ahora todo esta bien, ya esta todo bien.


TAEYANG (Youngbae)

Era un encuentro con los fans y él estaba sentado con el resto del grupo en la larga mesa hablando y firmando algunos CDs cuando alguien que le dio cierta mala espina se le acercó. Con una sonrisa atendió al supuesto fan como a todos los demás a pesar de que no sintiera que era como el resto, por eso cuando este metió la mano en el bolsillo le hizo caso a su instinto y se levanto retrocediendo mientras un polvo blanco era lanzado hacia él. A su lado, Daesung y T.O.P empezaron a toser también parándose y alejándose mientras la persona era interceptada.

—¡Sufre un poco de lo que tu pareja esta agonizando ahora! —grito mientras era sacada por la seguridad.

Por más que tuviera la garganta irritada y sus ojos ardieran, esas palabras lo alarmaron y salió corriendo a los pasillos del lugar a pesar del los llamados del staff. Llamando a su pareja fue al lugar donde debía estar para ver que no se encontraba allí, así que se desespero empezando a revisar otras habitaciones hasta dar con la indicada y ver impactado como su ser tan querido estaba en el suelo con alguien sentado arriba y sus manos alrededor del cuello. Correría tan rápido para ayudar que recién se daría cuenta de lo que hacía al momento de él ahora tener a esa persona contra el suelo mientras la dolorosa respiración de su pareja lo preocupaba aún más, cierta culpa instalándose en su pecho al pensar que no estuvo ahí para protegerte.


DAESUNG

Feliz de haber terminado otro concierto con éxito, se junto con su pareja igual de feliz para  juntar sus cosas y emprender camino a casa, donde se bañaría y relajaría. Así que, yendo hacia el estacionamiento con otras personas que hablaban de la noche y de lo bien que había ido, de repente una chica salió de atrás de un auto empujándote para que chocaras a Daseung también, ya que este iba a tu lado. En el suelo, la chica levanto una mano tratando de golpearte mientras las personas del alrededor salían de los segundos de asombro para reaccionar, Daesung recobrando el equilibrio y agarrando la mano de la chica para que no te pegara.

—¡Seguridad! —llamaría uno de sus amigos mientras otros ayudaban al cantante a retener a la femenina que peleaba y lo golpeaba con su mano libre para liberarse.

Entre gritos y malas palabras de la agresiva femenina, la ayuda llegaría y se la llevarían dejando que Daesung te preguntara si estabas bien y mirara con atención el rasguño que te había dejado en el cuello.

—No es necesario que vaya a ver a un medico, es solo el susto del ataque…

Él insistiría un poco por el tema del golpe de la caída, pero llegarían al acuerdo que si al día siguiente algo dolía irían al doctor, así que por esa noche te abrazaría contra uno de sus costados y te seguiría de vuelta a casa no teniendo su usual sonrisa o alegre actitud.


SEUNGRI (Seunghyun)

Estaban en el aeropuerto volviendo de unas pequeñas vacaciones cuando te desviaste al baño mientras Seunghyun esperaba en la zona de asientos escuchando no demasiado lejos el llamado de las fanáticas. Levantándose con un bolso en mano, empezó a caminar lentamente hacia el camino de la salida sabiendo que no faltaba mucho para que volvieras y que, si salía solo, se llevaría a toda la masa de gente con él y podrías salir en paz. Con las personas a unos metros de arremolinarse a su alrededor, giro la cabeza a su derecha y observo como empezabas a salir de baño, pero como de repente de atrás una mano te tapaba la boca y la otra te atraía de vuelta al interior. Parando casi en seco por la sorpresa de que algo así estuviera pasando, no dudo en repentinamente trotar al baño e ingresar sin importarle que fuera el de las mujeres. Por un momento pensó que había alucinado al encontrar el espacio vacío, pero una queja muda le confirmo que tenía razón y no dudo en abrir las puertas de los baños algo cerrados hasta dar con uno que no podía abrir del todo al haber alguien de pie.

SR: ¡Jagi! —llamó empujando hasta poder ver mejor.

Viendo a alguien con un tapabocas hacer la fuerza contraria mientras sostenía las manos de su pareja para que no intentara ponerse de pie, él termino por dar el golpe final y empujo del todo la puerta no tardando en agarrar el atacante y usar sus técnicas en artes marciales para reducirlo. La policía no tardo en llegar y hacerse cargo de la persona al haber visto por las cámaras como habían agarrado a alguien y metido de vuelta al baño, Seungri viéndose libre para abrazar a su asustada pareja y hacer que los sacaran del aeropuerto por otro lado lo antes posible.

SR: Ya pasó, estoy contigo y nada te sucederá, iremos a un lugar seguro.

Recuerdo la primera vez que te vi, las piernas me temblaban y estaba tan nerviosa que no podía parar de sonreír, ibas con un blue-jeans azul, una camisa de cuadros rojos, converse vino-tintos, y esa carismática sonrisa que me enalteció el alma…

     ¿Quien se iba a imaginar que semejante sujeto me iba a arrebatar el espíritu?

     Me enamoré como un ciego vería al mundo por primera vez, entre cigarrillos y poesía fuimos congeniando hasta no saber que estábamos locos uno por el otro, mis primeros escritos dedicados a él, mi blog llevaba tu apellido, y mi mirada está clavada en aquellos ojos cafés qué me inquietan el sueño. Te adueñaste de cada parte de mi, y por mucho no supe el tesoro que tenía en mis manos. Dicen que Dios demuestra a sus servidores el verdadero amor una sola vez en la vida, y a mi me puso en el camino aquel que es padre de mi pequeña ilusión, ese que ha dedicado su vida a hacerme feliz, llevando contra fronteras gritando a viento y marea todo lo que me da la dicha de hacerme llamar su esposa; con el pasar del tiempo nos volvimos uno, y ahora somos dos personas que ve en una misma dirección, la suerte de su universo abrió las puertas al mío, a pesar de tantos hoyos negros que atrás de mi retumbaban, no eres quien coloca las estrellas en el cielo, eres quien dio vida a mis galaxias, con él aprendí de astronomía, filosofía, antropología, y hasta de la misma alquimia, hemos enfrentado fantasmas, y somos par de cuerpos enamorados hasta los huesos.

     Su carisma, su dulzura, esos ojos que dan a mi corazón vuelcos de armonía, me ponen los pies sobre la tierra, y me hace temblar solo estando en la cama, compartiendo nuestras energías de la mejor manera y la única en la que sabemos demostrarnos más amor que cualquiera de esta época, sus dedos rozaban mis mejillas mientras que mis manos recorrían su espalda, entre suspiros y exclamaciones de placer, que entre uno y otro gemido nuestros “Te amo” se escapaban, haciendo de ese instante el mejor de todos, cada uno mayor al anterior, al voltearme sentía su respiración en mis espalda, y lo cálido de sus labios bajando por mi cuello, recordándome el porque me amaba. Llegar al clímax era y es aquello que me mata lento, y de poco moría en sus brazos, cerrando con un beso lo divino de tener ese don de estar entre sus piernas.

     Su escritura, su inteligencia, todo aquello que lo hace ser lo que es, fue lo que enamoró y sigue enamorando a esta chica cuyos demonios, han acogido a *** como suyo, es una disputa de variantes incorregibles, que luchan día a día por tener más tiempo al lado de este ángel guardián, tanto es mi amor por ti, que las palabras no describen con exactitud el regocijo que siento de tenerte en mi vida… Sencillamente gracias amor mío, me salvaste de las puertas del infierno.

—  onesuchandreina Autora. La vida en letras. Andreina Rodriguez.

‘’El placer universal que una mujer siente al autocomplacerse no tiene precio’’ 

Por eso es imposible de expresar des de un punto de vista masculino.

Cada mujer es un universo.

¿como puedo darle ese placer?

Es difícil, pues solo ellas se conocen y saben como les gusta. No hay mejor persona que ellas mismas para darse placer…
Pero nunca esta de más intentarlo.
Al compartir un tiempo intimo es momento de volar por su universo.

                                      Por petición

‘’EXPERIENCIA’’

Una noche, gravitando a su alrededor, tocando con mis dedos las estrellas, descubriendo todo el espacio que la distingue como mujer, regalándonos un instante de entrega y pasión.

Emprendí el viaje en la víspera de su satisfacción; Di inicio a besos y caricias, comenzando con  sus labios de plata sabor a pasión, ( respiración profunda mientras escribo) en un instante  pasarme a su cuello tibio dignos de besar a más no poder. Mientras una mano se postra en su espalda imponiendo un dominio, la otra distraída en sus pechos marcando un camino sigiloso hacia sus profundidades más intimas… Al llegar a mi destino, la  estancia se vuelve placentera, los movimientos suaves que daban como resultado exclamaciones satisfactorias para mis oídos y movimientos excitantes que me encendían en pasión a cada instante. Mis dedos no conformes se introducen más profundamente dando fruto a esa respiración agitada acompañada con gemidos que me indicaban que lo estaba haciendo correctamente, seguidos de movimientos alternos, y usando un poco mi imaginación con mis dos dedos medios comencé a simular que caminaba. No llegando muy profundo y tampoco yendo muy lento después de un rato sentí una expulsión con sensación húmeda como ‘’Cascada De Pandora’’  y una vos en el silencio susurrándome al oído…

- YA’! 

Me di cuenta de que mi propósito se había cumplido con éxito. Le di un beso que significaba mucho para mi. ❤


-Obtuve curiosidad por saber que sintió… No dude en preguntarle.

‘’FIN’’

Ve ¡se feliz!
Si me extrañas y yo te extraño quizá volveremos a estar juntos. Si, por el contrario, esto se trata de un final gracias por tus sonrisas, tus caricias, tus abrazos, tus besos y tu apoyo. Para mi esto no fue en vano; te agradesco a ti y a la vida por habernos permitido escribir esta historia, con comas, interrogantes, exclamaciones e incluso con puntos, algunos suspensivos y este punto final.
—  Dedicado a Zeuspan
—Molly, ¿verdad o desafío? —dice entonces Tessa con demasiada
petulancia.
Todo el mundo se pone tenso, y veo que Steph me está observando de
manera inquisitiva.
Molly mira a Tessa a los ojos, claramente sorprendida ante su audaz
movimiento.
—¿Verdad o desafío? —repite ella.
—Verdad —contesta Molly.
—¿Es verdad… —empieza Tessa inclinándose hacia adelante— que
eres una puta?
Se oyen risas y exclamaciones ahogadas de sorpresa. Entierro el rostro
en la espalda de Tessa para amortiguar mis carcajadas. Joder, esta chica se vuelve loca cuando está borracha.
—¿Perdona? —inquiere Molly, boquiabierta.
—Ya me has oído… ¿Es verdad que eres una puta?
—No —responde Molly con los ojos entornados de odio.
Nate sigue riéndose, a Steph le divierte la situación, aunque está algo
preocupada, y Tessa parece estar a punto de abalanzarse sobre Molly.
—Se llama «verdad» por una razón —sigue pinchándola.
—  After, Anna Todd.
Tráfico- Mpreg

-… Samuel… a-apúrate, joder.

-Lo intento, Guillermo. No puedo apurarme más.

El mayor de la pareja replica desesperado; maldiciendo mentalmente a todos los autos frente a ellos, que desde su punto de vista, no hacen más que ralentizar su marcha. Ellos tienen la culpa de que Guillermo esté sufriendo.

El menor, por su parte; se pasa el viaje entero apurando a Samuel, como ahora lo hace, e insultándole entre dientes y en voz baja, tratando de evitar que su niña escuche las palabras inapropiadas que le dedica a su padre. La culpa es de él y merece todo lo que tiene por decirle.

Aunque por supuesto, la verdadera culpa no es de nadie, nadie más que de la niña, que decide salir en ese momento, sin saber la estresante situación que representa para sus padres; atrapados en el tráfico.

A fin de cuentas y para alivio de nadie, todos son inocentes.

-¡Samuel!- exclama el menor tras unos minutos de silencio, usando el tono de molestia e incomodidad en su voz para instarle a que se apresure- ¡¿Quieres hacer algo?!

El mayor resopla exasperado, mirando el aparentemente interminable mar de coches frente al suyo.

-¿Cómo qué?- cuestiona angustiado, golpeando con los dedos de la mano derecha el volante- ¿Qué puedo hacer yo?

Guillermo libera un gemido de dolor, cambiando de posición en la silla del copiloto.

-¡No lo sé!- responde cerrando con fuerza los ojos, poniendo ambas manos sobre su vientre y doblándose adolorido- ¡Pero tu hija quiere salir ya!

El mayor dirige su mirada aterrada hacia él, viendo cómo se encoge en el asiento y comienza a dar exclamaciones de dolor más sonoras.

-¿Ya?- replica alarmado, avanzando rápidamente el auto al ver que los demás en frente suyo lo hacen también-… ¡¿Cómo que ya?!

El menor resopla exasperado, dedicándole a Samuel una mirada asesina.

-¡"Ya", quiere decir “ahora”!- exclama viéndole fijo, mientras lanza la mano hacia él y toma con esta su antebrazo derecho, presionándolo con fuerza- ¡Espabila, joder!

El mayor hace una mueca de terror, buscando desesperadamente algo que ayude en esta situación.

Su rostro se ilumina de pronto, al momento en que una idea aparece en su mente.

Rápidamente comienza a buscar algo por todas partes, preguntándose exaltado dónde lo vio por última vez. No hace esfuerzo por liberarse del agarre del más joven; pero este, por su cuenta al notar los bruscos movimientos del contrario, le suelta para no estorbar.

-… ¿Qué estás pensando?- interroga Guillermo, confuso ante el repentino cambio de actitud de su pareja.

Él no responde, concentrado en su tarea. Se inclina al piso del coche, para verificar que no está ahí.

-… ¿Has visto mi…- no termina su pregunta, puesto que de un salto se levanta con el objeto en cuestión entre sus manos.

El menor le observa incrédulo, gimiendo ante un espasmo.

-… ¿Tu móvil?- se sujeta el vientre, regulando ligeramente la respiración- ¿A quién vas a llamar?

De nuevo, no hay respuesta, por lo que Guillermo hace una mueca de molestia y suelta un bufido al ser ignorado.

-¡Samuel!- se queja irritado.

-Aguarda…- replica, comenzando a presionar los botones y la pantalla de este. Todo inútil, puesto que el aparato no tiene carga.

-… ¡Mierda!- mientras exclama exasperado, inmediatamente arroja el teléfono al asiento de atrás, olvidando censurarse ante sus pequeños.

El menor le mira incrédulo, sin creerse lo que el mayor acaba de gritar.

-¡Samuel!- exige atónito, y algo asustado, pasando la mano por su abdomen mientras le observa cauteloso.

El mayor no responde, con una mirada de ira clavada aún al camino, conserva el silencio.

Pero rápido parece reaccionar a frente a lo voz temblorosa de su niño.

Vuelve su rostro hacia él, y su mirada se dulcifica al verle tan turbado por su reacción.

-… L-lo siento amor- murmura arrepentido, mirando de nuevo al frente-… Me desesperé, no volverá a ocurrir; lo juro.

Guillermo le mira fijo. Quizá él mismo está siendo un poco exagerado. No, obviamente está siendo un exagerado, lo cual debería estar evitando en lugar de manteniendo; Samuel está haciendo lo posible por mantenerle tranquilo, y mantenerse tranquilo también, pero él por su parte no hace más que exagerar sus dolores, exasperándole y haciéndole creer que está sufriendo mucho más de lo que parece.

Decide evitar lo mejor posible la preocupación de su pareja, no exagerará sus reacciones, acoplará las quejas acorde a su dolor.

Los minutos pasan y el tráfico parece disiparse un poco, para alivio de los dos; pero Samuel se ve intrigado y confundido con respecto al comportamiento de Guillermo: no se ha quejado en lo absoluto desde que le pidió perdón por su inadecuada reacción. Quizá se siente culpable.

Esa idea le rompe el corazón al mayor, por lo que se apresura a disculparse nuevamente.

-Mi amor, lo siento. No quise gritar así. Tranquilo, no fue tu culpa.

El menor levanta la mirada hacia él, desconociendo el motivo de esa segunda disculpa y el hecho de que le aclare que está libre de culpa. Medita un poco antes de decidirse a responder.

-Samuel, yo…- pero de la nada detiene sus palabras, y se queda congelado al instante, bajando los ojos hasta su abdomen. La diestra está sobre su vientre, que sujeta con una notable expresión de sorpresa y temor reflejada en el rostro.

El mayor está más confundido aún por la actitud de Guillermo, por lo que dirige la vista hacia el menor, notando su expresión de shock.

-¿Qué ocurre, Guillermo?

Su respuesta no tarda en llegar. En forma del ruido de agua caer y gotear sobre el suelo del auto. La silla bajo el más joven está empapada.

A él le cuesta asimilar la procedencia de ese líquido. La única opción es obvia. Pero aterrado al descubrirlo, ruega por que sea la otra única opción, por más improbable y ridícula que esta sea.

-… ¿G-Guillermo…? Dime por favor que eso no es lo que creo…

El menor levanta la vista incrédula hacia él. ¡¿En serio?!

-¡¿Y qué quieres que sea?!- exclama bruscamente; su respiración comienza a agitarse y la mano diestra se apoya fuertemente sobre su abdomen.

Bien, este es un buen momento para el pánico. Ahora ya no pueden evitar más a su pequeñita. Ella está lista para venir.

El mayor está sumamente pálido, y da la impresión de en cualquier momento ir a caer inconsciente.

-… Maldito, no te atrevas a desmayarte ahora…- susurra entre dientes el más joven, seguido de un repentino grito, cerrando con fuerza los ojos.

No hace otra cosa que aterrar aún más al otro.

-… ¿T-e duele mucho?- interroga preocupado; doblándose en su asiento para llegar hasta él. Y deposita con cuidado una mano sobre la suya.

Guillermo le mira ante eso; entreabriendo levemente los ojos. Su respiración es completamente irregular, a momentos se acelera y en otros disminuye.

Le observa fijamente unos segundos; antes de cerrar de nuevo los ojos y suspirar fuerte.

-… Sólo quiero llegar al hospital.

Samuel oye atento esas palabras, y se alarma mucho frente a estas. Si su único deseo es estar en el hospital, no debe ser porque no sienta dolor.

Exaltado; dirige la vista al frente.

-Tranquilo, mi cielo. Que ya vamos…- detiene sus palabras a mitad de camino, al ver la carretera frente ante ellos.

El tráfico por fin se ha disipado, y la vía está completamente libre para que puedan seguir avanzando. El mayor reacciona ante ello, y es entonces cuando por fin es consciente de las bocinas de los autos detrás, que desde hace varios minutos, y ya bastante irritados han estado indicando la libertad que tiene para seguir con su camino. La emoción del momento no le permitió advertir esto.

Automáticamente pisa el acelerador y pone su vehículo en marcha a toda prisa.

-… No te preocupes; que en nada estaremos ahí- exclama decidido; concentrándose por completo en el camino.

El menor hace un esfuerzo por tranquilizarse ante aquellas palabras, pero es más difícil. Esa criaturita no tiene intenciones de dejarlo en paz ahora; no va a hacer más que insistir en nacer. Y no parece dispuesta a esperar demasiado para hacerlo.

-… Samuel…- masculla él, mirándole de nuevo. De inmediato atrae la atención del mayor.

-¿Sí?, ¿estás bien?, ¿te duele mucho?

Suspira.

-… Sí, estoy bien… Pero creo que ella está un poco…- hace una pequeña pausa, con una ligera expresión de incomodidad en el rostro-… impaciente.

Samuel se alerta de nuevo.

-… ¿Qué hago?…- musita alarmado, observando de reojo al menor.

Le duele, le duele mucho; su expresión lo delata. Es la única idea que hay en su cabeza.

-Resiste- se limita a suplicar, empeñándose en llegar al centro médico.

Este se encuentra a poco menos de dos horas. Comienza a rezar por llegar a tiempo.

Ahora las quejas del menor no son desacordes a su dolor. Ya no exagera. En lo absoluto; su labor se ha vuelto más difícil y estresante para los tres.

-… S… Samuel- susurra de pronto entre dientes, sin abrir todavía los ojos. Algo es diferente.

-… ¿Sí?- se apresura a responder. Su vista se dirige de inmediato hacia él.

-… Samuel… me siento mal…- inspira profundo, volviendo el rostro en dirección a la ventana-… duele mucho.

El mayor le mira, sintiendo ese dolor como si fuese él quien estuviera en esa situación.

-Lo sé, amor. Lo sé, lo siento- se disculpa acongojado, acelerando aún más la marcha- El dolor pasará pronto, resiste.

Él niega con la cabeza, cerrando con más fuerza los ojos.

-No, no- exclama en un sollozo, acomodándose en su asiento. Gime en voz alta-… No… Duele mucho…

Eso preocupa de sobremanera a Samuel, y el pánico comienza a invadirle de nuevo.

-¡Samuel!- ambas manos se aferran a su vientre, mientras su cuerpo se arquea levemente ante un espasmo.

Casi por reflejo, una mano se dirige de inmediato hacia una de las de Guillermo, la cual sujeta firme a la espera de darle ánimos.

-Descuida, mi cielo. Ya pronto pasará y verás que valió la pena; te olvidarás de todo esto cuando por fin podamos ver a nuestra princesa.

El menor se tranquiliza un poco por lo que le dice Samuel, y tras respirar unos segundos, vuelve a mirarle.

-Samuel…- comienza un poco más tranquilo, pero de igual forma su voz tiembla-… No creo llegar.

El mayor siente un vacío en el estómago frente a lo que oye, y no termina de comprender a qué se refieren sus palabras.

-… ¿Q-qué quieres decir con eso?- interroga aterrado, sin haber soltado su mano.

Guillermo se remueve en su silla, quejándose levemente, y le ve fijo.

-Ella… viene- exclama con un hilo de voz, y un muy notable tono de temor en este hilo-… Ya viene, Samuel.

La expresión en el rostro del mayor es como para morir de risa; pero claro está que la situación no lo amerita en absoluto.

-¿Seguro?- cuestiona preocupado, mirándole con afán.

El menor ya no contesta, al contrario; libera la mano de su agarre para dirigir ambas a su pantalón y lentamente comenzar a despojarse de este.

El mayor le mira totalmente confundido, e incrédulo por lo que se ve, está a punto de hacer.

-… ¿Guillermo…?- interroga cauteloso, aún con su mirada atenta, fija sobre él.

Y él no responde al llamado.

-… Me duele- se queja en un susurro, una vez las prendas inferiores están por sus rodillas. Y cambia la forma en que está sentado, poniendo ambas manos a los lados de su cabeza y usándolas para sujetarse a la silla. Cierra los ojos y suspira.

El asiento se encuentra reclinado hacia atrás hasta el máximo que se puede, por lo que su posición es lo más horizontal que este se lo permite.

El mayor le observa y suspira al ver que nuevamente se mantiene en esa posición. La expresión de dolor en su rostro no ha desaparecido aún.

-Resiste, mi cielo.

Se escucha una inhalación profunda.

-… Lo in-tento.

Y luego una exhalación difícil.

Por un instante; el menor parece calmarse un poco, bajando las manos con cuidado hasta su vientre y dejándolas inmóviles ahí. Aparentemente el dolor se ha ido, pero no tardará mucho en volver.

-… ¿Te sientes mejor?

Él suspira aliviado, con la expresión más relajada y asiente lento.

-Quiero…- comienza susurrando.

Samuel se apresura a contestar.

-¿Qué cosa, mi cielo?

De nuevo un suspiro.

-… Quiero un helado.

El mayor se queda en silencio.

-¿Qué?- replica, poniendo toda su atención en la respuesta de Guillermo.

Un bufido suave escapa de sus labios.

-Quiero un helado- repite sereno.

Samuel levanta las cejas, asimilando esa petición.

-¿Hablas en serio?

El más joven mira a la ventana, sin hablar aún.

-Olvídalo.

El mayor está extremadamente confundido, pero sin añadir nada más, continúa su camino en silencio.

Unos minutos más tarde, el menor comienza a agitarse otra vez; dirigiendo sus manos temblorosas hasta el asiento para sostenerse de este, un poco por encima de su cabeza.

Un muy suave quejido se escapa, y de nuevo la expresión en su rostro deja en claro su malestar.

Samuel se preocupa, aún más.

-¿Duele?- cuestiona observándole, con su tono y semblante de congoja.

Por supuesto, no obtiene respuesta. Él no hace más que gimotear.

Puja una vez, y agua tibia corre por el asiento hasta el suelo.

El mayor observa aterrado la sangre que corre junto con aquella agua y de nuevo el color abandona su rostro. Con una mueca de terror, regresa su vista al camino, para evitar un accidente.

El más joven ignora todo lo que no tiene qué ver con su problema, quejándose y gimiendo en volumen un poco alto, tratando de no provocar un desmayo en su pareja.

-… ¡Ah!- gime fuerte, echando la cabeza hacia atrás contra la silla-… S-amuel…

Una de sus manos libera el agarre del asiento y se sitúa sobre su vientre. Unos segundos pasan y luego la apoya en la silla, entre sus piernas. Cuando la levanta para aferrarse nuevamente a su silla, está mojada y un poco manchada de sangre.

-… Dios; Samuel- se queja de nuevo entre dientes-… no… no puedo… H-haz que pare.

El mayor le mira apesadumbrado, sintiéndose mucho peor ante su petición.

-No puedo, amor- musita angustiado- Perdón.

El menor dirige la vista hacia él, entreabriendo apenas los ojos. No se mantiene así por mucho tiempo.

-… No- suspira, volviendo a la posición que le resulta más cómoda, apoyando ambas piernas separadas sobre el asiento, y cerrando los ojos con mucha fuerza-… ¡ah!

Un gemido forzado y luego un grito.

-¡Samuel!- ahora el agarre sobre la tela de la silla podría romperla con facilidad. Queda de más decir que él no pasa por un buen rato, esa pequeñita le está complicando bastante las cosas.

El mayor le oye, claramente aterrado; y mientras un agónico grito le deja levemente aturdido, dirige lento la vista hacia él. La inconsciencia estuvo a punto de ganarle en esta ocasión.

-… Gui-ller…mo…- tartamudea horrorizado. Esto ya se le salió de las manos. Cabecea una vez, casi dejándose llevar por un desmayo-… Por Dios… e… est…

Definitivamente, la bebé estaba por venir. Es más; la estaba viendo.

Su hija estaba a punto de nacer y él no podía hacer nada para ayudar.

El más joven gimotea y solloza adolorido; aferrándose con desesperación al espaldar de su silla, repitiendo de igual manera el nombre del mayor. Maldito Samuel y su maldito afán por tener hijos. Y ni siquiera pudo ser él quién llevara a cabo su magnífica y grandiosa idea.

Alguien (Samuel) va a ser asesinado cuando esto acabe y no hay que ser un genio para saber quién. (De nuevo, Samuel)

-… Amor; tranquilo, respira- masculla de pronto el mayor, recuperando levemente la calma. Tiene que hacerlo si quiere que su pareja se mantenga sereno. Este es un momento demasiado importante, debe procurar que el menor esté lo más calmado posible.

Guillermo apacigua un poco su agitada respiración, jadeando incómodo.

-… Duele, Samuel… mucho…- gime agobiado entre quejas.

El mayor gime igual, pero de impotencia. ¿Por qué ese jodido hospital tenía que estar tan lejos?

Aún están a media hora de llegar a este.

Samuel comienza a temer seriamente que no van a conseguir llegar a tiempo.

-Lo sé, lo sé, lo sé. Lo siento tanto, amor- replica exasperado, pisando con más fuerza el acelerador- Falta poco para que lleguemos, todo va a estar bien. ¿Sí?… Te lo prometo.

El más joven suspira, empujando de nuevo y olvidando la calma que había logrado conservar.

-¡Joder!- exclama en un grito, cerrando con fuerza los ojos mientras gimotea insistente.

Samuel voltea levemente la mirada hacia él; y poco le falta para desmayarse sobre el volante.

La cabecita de su princesa ya era completamente visible. En ese momento no había más esperas ni mucho menos vuelta atrás; ella necesitaba nacer ahora.

-… Ci-elo… necesito q-que… te relajes, amor- musita con la voz temblando al ver como su pareja jadea rápidamente-… Por favor, corazón.

Guillermo le ignora, sin dejar de aferrarse a su asiento mientras respira agitado.

-… Cálla-te…- fuerza una exclamación entre dientes, volviendo el rostro al lado contrario.

El mayor observa atónito la faena del menor, como su cuerpo tiembla levemente, mientras que el de su niña se asoma cada vez más al mundo.

Se alerta al momento en que advierte cómo el cordón se encuentra enredado en el cuello de su princesa. Desea intervenir para arreglarlo, pero ya ha quitado los ojos de la carretera, no puede quitar ahora las manos del volante también.

Sintiendo su preocupación crecer, se dirige al menor; quien conserva la misma posición anterior, solo que había dejado de respirar con tanta fuerza. Quizá el dolor había parado por el momento.

-A-amor… ella t-tiene el cordón alrededor del cuello- exclama ansioso, resistiendo a la necesidad de liberar sus manos para auxiliarle-… tienes que desenredarlo, o p-puede ahorcarse.

El más joven responde de inmediato a la advertencia, levantado agotadamente la cabeza y dirigiendo los ojos hacia la bebé.

Apenas confirma lo que dice el mayor, dirige sus manos temblorosas hasta la cabecita, sosteniéndola con la izquierda mientras usa la diestra para liberarla del cordón.

-Ten cuidado, cielo. No vayas a arañarla- advierte cauteloso, regresando por un momento los ojos a la vía.

Él le ignora por completo, y logra liberarla sin mucho esfuerzo, soltando un quejido y dejando caer los brazos tras ello.

-… Cállate y… con-duce- ordena, entreabriendo apenas los ojos para mirarle un instante, mientras vuelve a inclinarse para sostenerla con una mano y volver a empujar, consiguiendo sus hombros sin mucho más esfuerzo.

El mayor le observa un segundo, volviendo de inmediato la vista al frente, al ver su avance.

-Muy bien, corazón- felicita, tratando de conservarse lo más sereno posible. Inhala profundo, preparándose para seguir ayudando a su amado-… Ya casi, amor. Ahora, sólo tienes que-

Sus palabras son cortadas por la repentina exclamación del menor, a lo que, de inmediato, el mayor le dirige su completa atención.

Apenas alcanza a ver cómo el cuerpo de su pequeña cae en manos del más joven. Él se apresura a acunarla en sus brazos, apoyándola en su pecho.

-… ¡Amor!- exclama Samuel exaltado, antes de que la pequeña se encargue de llenar el auto con su, nada discreto, llanto.

Guillermo deja escapar un fuerte suspiro de alivio, cerrando los ojos al tiempo que se desploma en el asiento; abrazando protectoramente a su pequeña.

El mayor se queda atónito respecto a lo que acaba de suceder frente a él; y tras verles fijamente por varios segundos, decide que lo mejor es detener el vehículo, antes de que cause un accidente.

Ahora mismo, se encuentran en una carretera que generalmente resulta desértica, y claro que hoy no es la excepción. Pero, igualmente y como siempre; prefiere no arriesgarse.

Lo primero que hace, apenas se detiene el coche, es usar sus manos temblorosas para bajarse de un salto y correr hacia la puerta del menor.

Con el mayor cuidado la abre, arrodillándose a la altura de Guillermo para ver bien a la criatura, que ahoga ligeramente sus lloros con la camiseta del menor; y comienza a disminuirlos poco a poco.

-… Mi amor…- musita con la voz en un hilo, levantando cautelosamente su diestra para acariciar con extrema delicadeza, la diminuta espalda de su bebé; quien deja de lado sus quejidos y abre apenas los ojos, dejando entrever su mirada gris opaca-… Gracias, mi cielo… Gracias.

El menor sonríe orgulloso, viendo entre las pestañas a su pareja, mientras deja escapar un leve sollozo.

Samuel le observa eufórico, aproximándose cuidadoso y dejándole un corto beso en los.labios, intentando transmitirle su alegría.

-Dios; te amo tanto- masculla dulcemente nada más separarse de él, acariciando con mimo su cabello, antes de dirigirse de nuevo a su retoño, que no le ha quitado la vista de encima, analizándole curiosa-… Igual a esta cosita tan perfecta de aquí.

Se incorpora un momento, y se dirige apurado hacia la puerta de atrás, abriéndola para tomar el bolso con cosas de la bebé. Saca de este una pequeña manta rosa, antes de dejarlo nuevamente sobre el asiento y cerrar la puerta después.

Vuelve a arrodillarse junto al menor, centrando su total atención de nuevo en su pequeña.

-Hola, preciosa- saluda enternecido, observándola totalmente conmovido; al tiempo que deposita delicadamente la manta sobre ella-… ¿Me recuerdas, princesa…?

Se queda mimándola un poco más, sonriendo ante lo que va a decir.

-Soy papá, nena- exclama embelesado, mientras ella se remueve con energía. Él ríe suavemente, viéndola patear inquieta; quizá intentando responderle de la única manera que conocía, como lo había hecho durante cinco meses, desde que aprendió a moverse-… Madre mía; parece que ya quieres ir a correr.

Pero de pronto algo interrumpe la escena. Un auto se detiene al otro lado de la carretera, e inmediatamente un policía se baja de este. Al principio no es advertido por ellos.

Rápidamente se dirige hacia el coche de la pareja, queriendo saber qué ocurre. Porqué hay un muchacho arrodillado a un lado de este, en mitad de la carretera.

Samuel oye el movimiento tras de sí, y de inmediato vuelve la mirada, encontrándose con el hombre que se dirige hacia él. Se incorpora de un salto comenzando a caminar en su dirección.

-¡Gracias a Dios!- exclama con un tono de alivio, pensando en pedirle que les ayude a llegar al hospital-… Gracias a Dios llegó.

-¿Qué estaba haciendo junto a ese vehículo?- cuestiona firme, regresando la vista hacia el mismo, y se da cuenta de que hay un persona ahí.

El más joven se apresura a explicar emocionado la situación, orgulloso de poder hablar de su nueva y recién estrenada paternidad.

-Verá; mi novio acaba de dar a luz en nuestro coche. ¿Puede creerlo? ¡Soy padre!- presume eufórico, olvidándose por un segundo del resto de la historia-… Bueno, pues él me dijo que las contracciones eran muy fuertes, así que decidimos ir al hospital, pero el tráfico era horrible y…

Empieza a relatar su anécdota.

Por su parte; el menor observa al mayor mientras habla con un oficial. Ríe al imaginarle describir exaltado a su bebé, viéndole mover las manos emocionado, y señalar de vez en cuando en su dirección.

Desciende la mirada hacia su pequeña. Ella apenas consigue mantener los ojos abiertos, y aún así no los aparta de su padre.

Sonríe más al verla, dirigiéndose a ella.

-Papá debe estar hablando de ti sin parar- asegura en un susurro, abrazándola contra su pecho, sin la fuerza para dañarla-… ¿Sabes…?

Ve cómo por fin se deja vencer por el cansancio y cierra los ojos, agotada por todo lo que tuvo que pasar para poder nacer.

Él sonríe nuevamente, antes de volver a hablarle.

-Te amamos mucho, mi pequeña princesa.


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Otro shot de parto; mamen :v

Estuve como tres meses escribiendo esto, y sinceramente; no me parece que valió la pena, pero bueno :v como siempre, lel :’v

Señorita @praderadezorros, estoy demasiado aburrida, y como no tengo nada mejor qué hacer; decidí que si lo subo. Deje de maldecir al tiempo >:v

@suicide-morphine, @the-cat-is-love0suflets *las únicas que respondieron a mi pregunta* vengan a leerlo también :v

One Shot Wigetta - Magic Circus

Holi! He hecho el shot en tercera persona porque me estaba oxidando un poco en ese aspecto, pero me he dado cuenta de que prefiero la persona porque aunque la tercera está llena de posibilidades me hago un lío con la omnisciencia de los personajes protagonistas y no sé hasta que punto puede llegar o abarcar a todos (?)

No esperéis encontraros con algo que os haga llorar o emocionar, no sé como catalogaría este shot… digamos que es bastante random, su principal objetivo es entretener (Eso sí, me voy por las ramas con las descripciones, como siempre)

Magic Circus

Guillermo se quedó mirando detenidamente la rayada carpa rojiblanca. Detestaba ir al circo desde que era niño, pues había experimentado una mala experiencia capaz de alejarle para siempre de aquel tipo de lugares. Apenas podía creerse que su grupo de amigos le hubiera insistido para acompañarles. Al enterarse de que vendría al pueblo un circo ambulante no habían hablado sobre otra cosa que no fuera ir. El moreno aceptó a regañadientes, aunque fuera lo último que le apeteciera sobre la faz de la tierra. Pese a que no se consideraba un chico influenciable, tampoco deseaba que sus compañeros le tuvieran por un muermo. Su mejor amigo ya se había encargado de comprar las entradas, y mientras tanto él estaba inspeccionando el cartel luminoso que proclamaba el nombre del circo: Magic circus. Los alrededores estaban abarrotados de niños pequeños correteando por el terreno y sus agotados padres yendo tras ellos. “Quizá no es demasiado tarde para echarme atrás” Pensó Guillermo, pues el hecho de que sus amigos estuvieran tardando le otorgaba más tiempo para pensar detenidamente en el error que había cometido al aceptar su propuesta. Como si le hubiera leído la mente, su mejor amigo apareció tras él y le tendió la entrada. Era una sencilla entrada de cartón, que repetía el nombre del circo en letras doradas.-Había mucha cola.-Se excusó David, ladeando una afable sonrisa. Guillermo suspiró y volvió a mirar a su alrededor, el circo estaba en mitad de un extenso descampado donde el sol relucía con tanta fuerza que las frentes de la mayoría brillaban por el sudor. Todos los clientes estaban deseosos por entrar, algunos para disfrutar del espectáculo y otros por poder emplear la enorme carpa para refugiarse del sol.-Hace mucho calor.-Se quejó el moreno, alegrándose de haber venido en manga corta. Ambos estuvieron conversando unos minutos antes de reunirse junto con el resto de sus amigos que esperaban en la fila que llevaba directa hacia la entrada. Guillermo se colocó tras David, los cabellos dorados de su amigo resplandecían como el oro bajo los rayos de luz. Lo siguiente que les quedaba era esperar a que pudieran entrar. Guille aguardó impacientemente, mientras más se acercaban a la entrada más eterna se le hacía la espera. Detrás de él había niños empujando y chillando, esos pequeños maleducados estaban despertando sus instintos homicidas y no contribuían a hacer más amena la espera. Fueron aproximadamente cuarenta minutos los que tardaron todos los clientes en conseguir entrar en la carpa y tomar asiento de manera civilizada.

Desde dentro la carpa aparentaba ser aún mayor, estaba tan cubierta que al haber entrado en ella parecía que se hubiera hecho de noche, que fuera un mundo aparte donde no aceptaban al sol. Era mejor que el exterior, el aire soplaba más fresco aunque estuviera atestado de todo tipo de olores desagradables. Más de seis filas de asientos rodeaban la carpa, resultaba increíble que todos estuvieran ocupados. El circo ya no era un negocio tan prospero como lo había sido antaño, pero en un pueblo tan desanimado toda novedad era bienvenida. El escenario era circular y se alzaba justo en el centro de la estancia, iluminado por coloridas luces artificiales. Estaba situado en un lugar estratégico para poder verse desde todas las zonas de la carpa, aunque quién estuviera actuando tendría que dar muchas vueltas para que una parte del público no viera solamente su trasero. Guillermo estaba en constante tensión, tuvo que insistir mucho a sus amigos para que no ocupasen los asientos de la primera fila y tras mucho negociar se conformaron con sentarse en la tercera. El moreno no estaba dispuesto a aceptar sentarse tan cerca del escenario, así que fue un alivio que sus amigos cedieran. Los siguientes diez minutos fueron una orquesta destroza tímpanos compuesta por los murmullos y exclamaciones de todos los presentes, era imposible hacerse oír por encima de tantas voces. El ruido no cesó hasta que algunas luces se apagaron y una oscura silueta apareció sobre el escenario. Entonces se estableció un silencio grupal, y el presentador del circo hizo su aparición. Iba embutido en un llamativo traje rojo, aunque sin duda lo más excéntrico de su indumentaria era el alto sombrero de copa que cubría su calva. Guillermo no podía evitar preguntarse cómo acababa una persona trabajando en el circo. El moreno estaba convencido de que jamás terminaría haciendo algo tan denigrante, ni aunque le ofrecieran todo el dinero del mundo a cambio.-Encantado de verles a todos, damas y caballeros. Sean bienvenidos a Magic Circus.-Exclamó el hombre, en su entonación hubo un deje de acento Italiano. Realizó un ademán con sus brazos, y alrededor del escenario estallaron chispas anaranjadas. La incredulidad hizo a Guillermo alzar las cejas cuando escuchó sorprenderse al resto del público por un efecto visual tan simple. ¿Quién no habría visto saltar esas mismas chispas en cualquier concierto? El joven apoyó la mejilla sobre la palma mientras que sus ojos rasgados observaban con desgana al presentador. Debía rondar los cuarenta años, tenía sobre el labio un espeso y repulsivo bigote que se le rizaba en las puntas. Se dedicaba a intentar alisar un extremo entre sus dedos mientras que mentaba las diversas maravillas del circo. Guillermo se preguntó si el presentador era solamente eso, o si también era el jefe de los otros trabajadores. De ser eso último , debía ser muy difícil tener respeto hacia alguien tan ridículo. Tras una larga y tediosa presentación, dio paso a los trapecistas. El moreno presenció la función con total desinterés, lo único que disfrutaba del circo eran las palomitas de caramelo y la bolsa de chucherías que su mejor amigo le había comprado (a petición suya). Los trapecistas lo hicieron estupendamente, sacaron más de una exclamación de sorpresa al público y les dedicaron una ovación ensordecedora cuando terminaron sus acrobacias. Cabía reconocer que su talentoso equilibrio era envidiable pero Guillermo no era fanático de los espectáculos en directo, por preparados que estuvieran siempre podía haber un error y pocas personas disfrutarían viendo a un hombre cayéndose a diez metros de altura. Soportó los siguientes cuatro espectáculos como pudo, y notó una punzada en el corazón cuando dieron paso a la actuación de los payasos.-Tu  preferida.-Bromeó David, dándole una amistosa palmada en la espalda. Guillermo se encogió en el asiento, apenas prestó atención a la escena mientras seguía llenándose las mejillas con palomitas caramelizadas. Dos payasos entraron bailando al escenario, haciendo chocar contra el suelo sus enormes zapatos. Uno de ellos llevaba una púrpura peluca rizada, mientras que la del otro era lisa y fucsia. Tras muchas tonterías, se presentaron como ’‘Señor Risitas’’ y “Narizón”. La función resultó ser como lo eran todas las funciones con payasos: Patéticas y carentes de diversión. Intentaron hacer reír al público con vanos intentos típicos en estos característicos personajes: Se arrojaron pasteles, uno empapó al otro tras hacerle tirar de una flor-trampa, condujeron un minúsculo triciclo e hicieron sonar la bocina. Apenas consiguieron arrancar dos o tres risas al público, que fueron más por lástima que por auténtica diversión.-Ahora buscaremos a dos amiguitos entre el público para que salgan al escenario.-Proclamó entonces uno de los payasos, el que tenía el pelo fucsia. Salió del escenario y caminó entre las filas de asientos, mirando a los presentes. En ocasiones se acercaba a alguien y parecía que este sería el elegido, pero le golpeaba la cabeza con un martillo de plástico y seguía buscando. Justo en aquel momento Guillermo estaba distraído intentando recoger las últimas palomitas que quedaban pegadas al fondo del tarro, cuando notó la presión de unos dedos enguantados tocándole el hombro. Se giró y se topó con el rostro cadavérico, la nariz colorada, los ojos saltones y la espeluznante sonrisa de aquel payaso. No pudo retener un grito de puro pavor, escapó de su garganta como un relámpago y ensordeció a la carpa entera con la fuerza de un trueno. Cualquiera desde fuera pensaría sin duda que dentro del circo estaba librándose una matanza. El silencio volvió a establecerse en el recinto. El corazón de Guillermo martilleaba con una fuerza desorbitada, desde pequeño su mayor fobia habían sido los payasos y tener aquel tan cerca le había asustado mucho. Apenas podía regular su respiración, el terror le tenía paralizado. Quizá de haberle visto acercarse podría haberse permitido fingir valor, pero su cercanía le pilló completamente desprevenido. El simpático payaso no tenía menos miedo que él, no comprendía porqué le había arrancado un alarido de terror a un joven adulto. Bajo la pintura blanca que decoraba su rostro, el hombre tras el maquillaje había palidecido. Unos segundos más de silencio, y luego risas. La grada entera estalló en risas, descontroladas carcajadas como las que no habían conseguido los payasos durante toda su actuación. Padres e hijos se llevaban las manos al estómago para controlarse e incluso el resto de empleados del circo reían entre bastidores. Guillermo tardó en reaccionar, hasta que entendió que la carpa entera estaba riéndose de él, estaban riéndose de que había gritado como un cobarde al haber visto al payaso y se reían de que el mismo payaso se había asustado por el inesperado grito. El payaso reaccionó con humor agitando su cabeza hacia los lados y volviendo a sonreír para no trastornar al público, escogió a dos personas aleatorias y la actuación continuó. Guillermo se encogió en el asiento tanto como le fue posible (que ya era poco) y se cubrió el sonrojado rostro con ambas manos. Las mejillas le ardían tanto que estaban quemando su piel, jamás había pasado tanta vergüenza antes. No creía que fuera culpa suya, desde siempre los payasos le habían parecido seres terroríficos y no comprendía porqué se les tenía como si fueran personajes graciosos o amigables. Quiso distraerse con otra clase de pensamientos pero no pudo olvidar lo sucedido porque las constantes burlas y carcajadas de sus amigos no le permitían concentrarse en otra cosa. Puede que no volviera a ver a mucha de la gente que había en el circo, pero sin duda sus amigos le recordarían aquel humillante momento por el resto de su existencia. El moreno aguantó lo restante del espectáculo simplemente porque al abandonar la carpa conseguiría llamar todavía más la atención, cuando su principal y único deseo ahora era pasar desapercibido.-Muchas gracias amigos, aquí termina nuestra función… ¡Un aplauso para los voluntarios!.-Pidió el payaso del pelo fucsia. El niño y la mujer voluntarios se inclinaron haciendo una reverencia, la gente aplaudió y Narizón consideró oportuno golpear la cabeza del niño con su martillo de juguete.-Espera, Señor Risitas.. ¿No pedimos un aplauso para nuestro amigo del público?.-Sugirió entonces, ambos tenían una voz nasal que les hacía parecer resfriados. Todas las miradas del público volvieron a ponerse sobre Guille, que no pudo hacer más que avergonzarse en su asiento.-¡Un aplauso para el chico asustadizo del público!.-Gritó el payaso, golpeándose después la oreja como si la tuviera taponada, insinuando con aquel gesto que el grito del moreno le había dejado sordo. Las personas del público se rieron al unísono y le hicieron llegar el clamor de sus aplausos. Guillermo estaba atónito, vergüenza, rabia y miedo formando una extraña combinación. Pensó que los que conformaban el público eran una panda de estúpidos, incluyendo a sus amigos que eran sin duda los más divertidos por el asunto. ¡Y ellos le habían traído hasta ahí! Le hubiera encantado unirse al resto y reírse del pobre desgraciado, pero desafortunadamente le había tocado protagonizar el papel de pobre desgraciado.-Esperamos que recibáis con la misma cantidad de aplausos a Samuel, el do-do-do-do.-El payaso hizo como si se hubiera quedado trabado. Guillermo arqueó la ceja, preguntándose si alguien podía considerar ese tipo de bromas divertidas. Había sido un chaval muy risueño, pero desde que descubrió su fobia a los payasos detestó todo lo que tenía que ver con ellos. Su compañero le dio un pisotón para hacerle reaccionar, lo que consiguió hacer reír a dos o tres niños del público.-¡Auch! El domador de bestias.-Terminó por decir, y ambos se marcharon montados en un minúsculo triciclo rosa.

Las luces se apagaron por unos minutos y cuando volvieron a encenderse revelaron a dos trabajadores del circo llevando consigo una segunda jaula de hierro sobre el escenario. Tras ellos apareció el domador. A Guillermo le sorprendió encontrarse con un rostro bastante joven, pese a la barba que cubría su angulosa mandíbula. Vestía unos oscuros pantalones ajustados, una especie de levita roja, una capa negra y calzaba botas de cuero. Se trataba de la misma típica ropa excéntrica que había visto también en el resto de empleados, pero por algún motivo a él no le sentaba nada mal. No le pareció tan patético como los demás, pues le rodeaba un enigmático halo de misterio que le hacía parecer interesante. Portaba el látigo de domador envuelto alrededor del dorso de su mano mientras que esperaba algo. Guille no tardó en escuchar a sus amigas babeando por él, susurrándose las unas a las otras lo atractivo que era. El moreno se permitió observar el escenario más detenidamente ahora que sus espeluznantes archienemigos se habían retirado. Se quedó mirando al hombre que tanto furor estaba causando entre el público femenino. Repentinamente el domador alzó la mirada hacia los espectadores y los ojos de ambos se cruzaron.  Guillermo se preguntó si era posible que Samuel estuviera mirándole a él de entre todos los presentes, o si se trataba de una mera coincidencia. El menor no pudo apartar las orbes de los ojos oscuros del domador, poseía una mirada hipnótica que le dejó idiotizado hasta que comenzó a hablar, rompiendo así el hechizo al que sus atractivos ojos grandes le habían inducido.-Quisiera disculpar la mala educación de mis amigos los payasos. Como ellos ya han dicho, mi nombre es Samuel.-El público empezó a vitorear, e incluso se pudo distinguir más de una voz femenina dirigiéndole un descarado piropo. Samuel alzó su enguantada mano negra, pidiéndoles silencio.-Pero han olvidado presentar a los verdaderos protagonistas de esta actuación.-Sus colaboradores abrieron ambas jaulas, de las que salieron dos enormes y amenazantes leones. Guillermo no solía simpatizar con los trabajadores del circo, pero en aquel momento temió por el domador de cara bonita que tan confiado parecía. Lo consideraba demasiado joven para saber como domar a dos bestias. Los leones caminaron sobre el escenario, sus pelajes eran como hebras de oro bajo las deslumbrantes luces de los focos. Samuel esbozó una encantadora sonrisa que robó el aliento a más de una jovencita.-Quiero presentaros a Kira y Bigotitos.-Anunció, señalando a cada león a medida que pronunciaba su nombre. En aquel momento la expresión de Guille cruzó la absoluta estupefacción ¿Qué clase de idiota ponía esos nombres a un par de leones? Parecía que fueran meros juguetes para Samuel, no dejaba entrever un mínimo atisbo de miedo: Ni un ligero tic, ni una gota de sudor, ninguna señal de vacilo. Mientras el público aplaudía una vez más, el domador se aproximó a uno de los leones y este intentó asestarle un zarpazo. Samuel se apartó instintivamente y evitó el intento de ataque, que había conseguido arrancar al público una exclamación de asombro. De no haber tenido tan buenos reflejos, los resultados de aquel inesperado ataque podrían haber sido funestos. La mirada de Samuel buscó volver a encontrarse con los ojos rasgados del chico pálido de la tercera fila, que al parecer también se había sobresaltado por el intento de ataque. Y así era. Guillermo se sintió muy extraño cuando aquel león casi ataca a su domador,  aunque fuera incapaz de comprender porqué sentía la necesidad de proteger a aquel desconocido o el incontrolable miedo que le había paralizado al imaginárselo hecho pedazos por el animal salvaje. Se halló preocupándose por él igual que lo hacían todas las muchachas del circo y se sintió avergonzado por tener que formar parte de semejante colectivo. Samuel intentó volver a concentrarse en el número y se dedicó a tranquilizar a su alterado público, que le prestaba una atención que nadie había prestado durante ninguno de los números anteriores. Por eso el domador aparecía en la mayoría de los carteles del circo, era una de las funciones que más tirón tenían entre el público, sobretodo para los jóvenes.-No os preocupéis, bigotitos es un mimoso.. le gusta llamar mi atención ¿Verdad?.-Murmuró, y acto seguido acarició el lomo del felino como si fuera una simple mascota. El león cerró los ojos y ronroneó bajo sus caricias, el público entero se enterneció por el gesto. Se irguió cuando terminó de acariciarlo y volvió a dirigirse hacia las atentas gradas.-¿Sabéis que le gusta también? Bailar.-Exclamó, y sin mucho esfuerzo consiguió que el león se pusiera a dos patas y sujetándole bailó con él sin que la bestia opusiera ninguna resistencia. En principio parecía sencillo ¿Quién no había hecho eso mismo con su mascota? Pero estábamos hablando de una fiera, pocos de los presentes se atreverían a entrar en la jaula con los leones y mucho menos a tocarles. En definitiva, la función del domador fue la más amena para casi todos los presentes. El chico era carismático y supo como ganarse el cariño del público. No hubo más percances como el del principio, consiguió que los leones hicieran todo cuanto quiso: los trucos simples, algunos más complejos, hacerles pasar por un aro..etc. Algunos lamentaron que no hiciera juegos con voluntarios, pero otros pensaban que eso habría sido demasiado peligroso. Cuando terminó todos aplaudieron, inclusive Guillermo, era la primera vez que aplaudía desde que había entrado al circo. Se quedó mirando al domador, que estaba haciendo reverencias mientras que sus compañeros metían a los leones de nuevo en sus jaulas. Entonces Samuel volvió a mirarle y le guiñó un ojo. El moreno se giró alarmado, pensando que quizá el gesto iba dirigido hacia alguien que estaba detrás, pero no creía que el domador fuera de los que guiñaban un ojo a niñas de seis años. Se despidió entre las aclamaciones y tras el suyo vino otro número, al que no se le prestó ni la mitad de atención que al anterior. Aquel fue el último, el presentador del tupido mostacho y acento italiano volvió a salir al escenario para despedirse entre exageradas reverencias.-Tengan muy buenas noches, y espero que hayan disfrutado de las maravillas ofrecidas por Magic Circus.-Fue lo último que dijo antes de que los focos que apuntaban hacia el escenario se apagaran, y entre aplausos se diera por acabado el espectáculo del circo.

Cuando terminó el espectáculo ya había anochecido en el exterior. Puesto que estaban en mitad de un descampado, las estrellas brillaban con fuerza en el cielo e iluminaban la carpa de circo. Los niños salieron adormilados, muchos en brazos de sus agotados padres. La gente empezó a desaparecer, y en cuestión de tiempo solamente quedaron las personas que menos prisa tenían.  -¿Habéis visto la flexibilidad de esa chica? Que manera de abrir las piernas.-Repitió David por milésima vez consecutiva desde que había visto actuar a las contorsionistas. El resto de chicos le dieron la razón mientras que las chicas todavía hablaban del domador y su casi perfecta actuación. Guillermo estaba distraído, no participaba en ninguna de las dos conversaciones, caminaba unos metros tras de ellos mientras pensaba detenidamente en la humillación que había sufrido durante la función de los payasos. Sabía que padecía una fobia absurda, pues ellos eran personas normales tras los kilos de maquillaje y las vestimentas coloridas. El moreno notaba las piernas rígidas después de haber estado tanto tiempo sentado en el circo, le sentó bien estirarlas mientras caminaban por el descampado.-Guille, te quedas atrás.-Advirtió su amigo el rubio, cuando se giró y encontró con que se había agachado para atarse los cordones. La intención de Guillermo era hacer tiempo, quería perder a sus amigos de vista para ponerle fin a algo que en realidad nunca debería haber existido.-Id sin mí, ya os alcanzaré.-Les pidió, no dudaron mucho en seguir caminando y terminar por perderse en la oscuridad. No pasaba nada, el descampado no estaba tan aislado del resto de la civilización del pueblo. Guillermo tenía un asunto por resolver, quería conversar con ese payaso con el que había sufrido el percance del grito. Pensaba que verle desmaquillándose y usando una voz normal, le ayudaría a librarse del miedo porque haría a su cerebro entender que aquello que tanto temía no era más que un hombre disfrazado. Simplemente debía encontrarle ahora que el espectáculo había terminado, excusarse por haberle gritado en la cara y comentarle que solía tener miedo a los payasos. Con suerte funcionaría, y se libraría de tener que evitarlos en las celebraciones y en las películas y en todo lo referente a ellos. Tras la carpa el descampado estaba lleno de camiones para enjaular animales o para guardar cosas, y tras ellos se encontraban las caravanas donde debían pasar la noche algunos de los actores del circo ambulante. No sería económico hospedarse en un hotel si su trabajo consistía en estar constantemente viajando. Guillermo se acercó a la caravana blanca más cercana y se asomó a su interior, esperando que fuera la de aquel hombre.

Lo que parecía una sencilla caravana por fuera resultó ser una excéntrica vivienda por dentro. El interior de la casa rodante era un estallido de colores, además estaba repleta de todo tipo de artilugios extraños, colocados en distintos estantes o directamente colgados del techo. Aquella caravana parecía el doble de grande por dentro de lo que aparentaba ser desde fuera, desprendía un fuerte olor a incienso.-¿Qué buscas?.-No era la misma vocecilla nasal que había esperado escuchar, pero en el fondo Guillermo se alivió de no haberse topado con aquel payaso. No sabía como sería su reacción cuando se lo encontrara, y por mucho que estuviera haciendo esto para superar el miedo.. no garantizaba que diera resultados positivos. Pero de todas las caravanas en las que podría haber terminado por error, era disparatado que estuviera en la de aquel chico que tan fácilmente había conquistado al público.-Eh.. yo.. tú eres el domador.-Masculló, observando al castaño. Era extraño para él no verle iluminado por los focos y a metros de distancia. En la cercanía se veía distinto, más real. Se distinguía que llevaba un poco de delineador negro en los ojos y tenía pintados unos extraños símbolos sobre el pómulo derecho. El domador se  sentó sobre la estrecha cama morada para sacarse una de las botas con despreocupación.-Sí, y tú eres el chico de la tercera fila.-Respondió, alzando la mirada hacia el pálido rostro del moreno. Este había permanecido en la puerta hasta el momento, pero tras oírle se aventuró a avanzar por el estrecho pasillo del vehículo y posicionarse junto a la cama donde el castaño estaba sentado.-¿Me conoces?.-Preguntó, francamente sorprendido. No era extraño que una de las estrellas del circo hubiera llamado la atención de un miembro del público, pero que sucediera al contrario si le resultaba de lo más sorprendente. Sí que había notado que Samuel le miraba en alguna que otra ocasión, pero había pensado que serían imaginaciones suyas. Según sabía cuando uno actuaba no debía quedarse mirando hacia alguien en concreto del público, pues eso solamente conseguía distraer al actor en cuestión. El domador ladeó su sonrisa más seductora, que consiguió hacer sentir a Guillermo acorralado y expuesto como los leones que fuera rugían en sus jaulas.-Claro, eres el que ha gritado como una niñita y ha conseguido asustar al pobre Señor Risitas. Como me he reído.-Explicó Samuel, riéndose al recordar aquel momento, cuando había observado todo mientras esperaba que llegara su turno. Ahora todo encajaba para Guillermo, se había fijado en él por el mismo motivo que había empujado a hacerlo al resto del público.. para burlarse. Quizá el domador no era tan encantador como se lo había parecido desde los asientos.-No tiene gracia, idiota.-Escupió mordazmente, ruborizándose al recordar el estallido grupal de risas tras escuchar su grito. Samuel alzó las cejas, la situación le divertía de sobremanera.-Tienes la lengua muy suelta.-Murmuró, quitándose la bota restante.-Insultándome en mi propia casa, en la que además te has colado.-Terminó por decir, levantándose del colchón y retándole con la mirada. Samuel creía que aquel chico prometía, siempre había preferido que le cuestionaran y contradijeran a que le demostraran devoción y apoyasen en todo, eso era lo que siempre recibía del público y del resto de empleados. Le complacían ciegamente, porque querían algo de él o porque le querían a él. Y eso le resultaba enormemente aburrido. A la gente como ellos ni podía considerarlos bestias amaestradas, eran más bien lo que comúnmente se conoce como un inofensivo gatito. Y él necesitaba retos, necesitaba riesgos.. de lo contrario no hubiera terminado haciendo lo que hacía.-No creo que a esto se le pueda llamar casa.-Repuso el chico de cabellos azabaches, observando aquel estrafalario entorno con cierto desprecio. Era un espacio amplio para tratarse de una simple caravana, pero en su opinión demasiado pequeño como casa permanente. Él no se imaginaba viviendo en un sitio así, y lo cierto era que el propio Samuel años atrás tampoco habría podido hacerlo. Pero las personas son capaces de acostumbrarse a casi todo tipo de situaciones y cambios, aunque en principio uno piense que por experimentar un cambio radical se le viene el mundo encima: No es cierto. Aunque nuestra rutina cambie siempre es para derivar en otra, a la que también acabamos acostumbrándonos. Es el mismo proceso cuando una persona que parece esencial en nuestras vidas nos abandona. Lo vemos todo negro, la echamos de menos, anhelamos su presencia.. pero es imposible que nos mate su ausencia. Nos adaptaremos a ella, conviviremos con ella y se convertirá en nuestra sombra, en una marca más de identidad. Es la naturaleza del ser humano: Adaptarse, o morir. Samuel eligió adaptarse, se desató la capa y la dejó caer al suelo. Era molesta, pero él mismo había escogido llevarla porque en su opinión se veía “elegante a la par que imponente”. No podía apartar sus ojos almendrados de encima de aquel intruso, era sin duda lo más interesante con lo que se había encontrado desde la llegada a aquel pueblo.-Hasta pareces valiente hablando así a un completo desconocido, parece mentira que luego te asuste un simple e inocente payaso.-Recordó, danzando sobre sus labios una sonrisa burlona. Guillermo se sintió internamente aliviado y ligeramente decepcionado, pues desde que había entrado el otro no había hecho más que quitarse prendas de ropa y le alegraba que hubiera parado de desnudarse delante suya con aquel desgarbo, sin que pareciera que le importara en lo más mínimo tener un invitado a bordo.-Tú pareces un poco payaso y no me asustas.-Contestó, arrepintiéndose al instante. Le sonó demasiado infantil, más a la respuesta que ofrecería un infante que a una réplica mordaz. Pero no había podido pensar nada mejor. Lo cierto era que la presencia del domador hacía brotar sus nervios a flor de piel, el descaro y atractivo del otro conseguían que se sintiera cohibido. Estaba constantemente a la defensiva, porque pareciera que el otro quisiera atacarle. Era como uno de los felinos a los que domaba, inclinándose en silencio y con la elegante sutileza de todo depredador que espera a que su presa baje la guardia antes de cazarla. Así que Guillermo no podía permitirse bajar la guardia. Samuel sujetó las mejillas del moreno con una mano, apretándolas de modo que no pudiera hablar. Había estado deseando hacer eso desde que se había fijado en él, sus henchidos mofletes daban a su rostro un aspecto muy saludable. Procuró no hacerle daño, aunque el principal motivo de aquel gesto fue mantenerlo callado mientras él hablaba.-No te pongas en ese plan intratable.. deberías saber que me gusta domar a las fieras.-Exclamó sin reparos, soltándole con la misma repentina brusquedad con la que le había cogido. Guillermo dio un paso atrás, todavía notaba la presión de los dedos ajenos clavándose bajo los pómulos. No comprendía si aquel desconocido se le estaba insinuando, aunque fuera lo más probable. Su espalda chocó contra una especie de separación entre salas, una puerta de plástico corrediza. Era lo malo de estar en una caravana, había mil formas de chocarse con todo el mobiliario.-Pensaba que me buscabas aposta para esto..-Masculló el domador, al comprobar con cierta diversión como aquel pobre chico intentaba huir despavorido de sus técnicas de seducción. Era curioso, pues Samuel pensaba que la presencia de Guillermo se debía al intercambio de miradas que habían tenido durante su actuación. Pensaba que, como solía suceder, un miembro del público se había sentido atraído por él y le había buscado tras terminar la función para conseguir un número privado. Pero al parecer no era el caso, o se trataba de una terrible equivocación o a aquel chico moreno de ojos rasgados le gustaba demasiado hacerse el difícil.-¿Qué haces aquí?.-Preguntó Samuel, cruzándose de brazos. Una pregunta que debería haber sido formulada minutos atrás.-Estaba buscando al..-Guillermo se quedó pensativo, se negaba a tener que llamarle ’'Señor Risitas’’ le parecía demasiado absurdo.-al payaso de antes.-Dijo, aunque la frase completa le seguía sonando absurda. En realidad, toda la situación lo era. ¿Cómo había terminado ahí? Quizá debería volver con sus amigos y olvidar para siempre lo sucedido en aquel circo. Mientras más oscurecía ahí fuera, menos le apetecía imaginarse un reencuentro con aquel payaso de pelo fucsia.-¿En serio? Esto es toda una novedad.. ¿Teniéndome a mí y quieres ir a por el Señor risitas?.-Preguntó Samuel irónicamente, echándose a reír después. No es como si sospechara que aquel chico quería algo sucio del payaso, pero imaginárselo le produjo una desbordante diversión, incluso más que la de aquel grito de niña asustada.-No es tan guapo como lo parece, eh.. lleva mucho maquillaje.-Añadió entre risas, mientras que el moreno se quedaba mirándole atónito. Le costó entender que le causaba tanta diversión al domador, y cuando lo comprendió la simple imaginación de tal acontecimiento le horrorizó. ¡Con un payaso! ¿Acaso había alguien con esa fantasía? Guillermo apretó los puños a ambos lados de su cuerpo.-¡No es para eso!.-Gritó indignado, intentando sacarse esa repulsiva visión de la mente. El domador, cuya presencia tan irritante estaba empezando a resultarle, simplemente reanudó su tarea de sacarse prendas. Se quitó los guantes, los alisó y dejó sobre una especie de armario negro empotrado en la pared.-Entonces es tu día de suerte.. has acabado en la caravana donde todas las chicas querían estar.-Felicitó el mayor, abriendo los brazos con grandilocuencia como si estuviera dando paso a una atracción ferial. El moreno volvió a fijarse, inevitablemente, en el producto que le estaban ofreciendo. Su pantalón era tan ajustado que no dejaba mucho lugar a la imaginación, tenía las manos desnudas grandes y llenas de lastimaduras, aún así se halló deseando que le tocaran y no pudo hacer menos que sentirse avergonzado por el pensamiento. Odiaba tener que darle la razón a las personas como él, y por lo tanto odiaba darse cuenta de que también lo deseaba.-Eres un arrogante.-Acusó Guillermo, aunque él mismo se tacharía de arrogante en según que situaciones. Estaba al tanto de cuales eran sus cualidades, y por lo tanto no dudaba en admitirlas o explotarlas al máximo. Samuel no se vio en absoluto afectado por las acusaciones del otro, simplemente dio un paso hacia él (Lo cual en aquel reducido espacio, significaba bastante distancia).-No te molestes en disimular.. he visto como me miras.-El domador colocó índice y pulgar sobre el mentón de aquel chico, acercándose peligrosamente a sus carnosos labios. Dentro del cuerpo de Guillermo estaba librándose una batalla. Intentó contener su sobresalto para no ceder al otro el control sobre sus nervios, aunque su primer impulso hubiera sido el de empujarle hacia atrás.. consiguió contenerse.-¿Quién no mira a alguien que va vestido así?.-Se burló entonces, a escasos centímetros de los labios del castaño. Este se separó, atónito por la inesperada respuesta ajena. Ambos se miraron, y entonces Guillermo sonrió. Samuel notó como algo en su pecho comenzaba a ir mal, cuando vio sonreír al otro quizá por primera vez en todo el día. Ya le consideraba atractivo antes, pero ahora era incluso doloroso que todavía no se hubieran besado. El domador estaba acostumbrado a conseguir que la gente se sintiera atraído por él, pero en este caso era muy distinto.. él también se sentía muy atraído por aquel chico de piel pálida y cabello oscuro. ¡Y por su perfecta sonrisa! Con esos dientes resplandecientes, y sus labios inclinándose y cediendo todo el peso de la sonrisa en una misma comisura. Y dejando atrás el físico, lo que más le tenía absorto, su carácter explosivo. Samuel estaba impresionado, y no tardó en expresarlo con cierta perversión.-Wow que personalidad tan ruda… es todo un reto para mí. Haces que tenga ganas de dominarte.-Bromeó, aunque gran parte de él estaba hablado enserio. Extendió el brazo y recogió el látigo que había dejado sobre una encimera. La mirada de Guillermo siguió la trayectoria de su brazo, y se quedó perplejo al observar como el otro sujetaba el látigo mientras le miraba de una forma tan intensa y decidida, teniéndole acorralado contra una débil puerta corrediza.-Estate quieto..-Murmuró el menor, notando una extraña presión en su pecho. Debería querer salir huyendo de aquella caravana, y por el contrario sus pies parecían estar clavados al suelo. Y por el contrario, quería quedarse.

Samuel le besó, no aguantaba más y siempre había sido bueno tomando la iniciativa. Sus labios se cernieron sobre los ajenos como la luna se cierne sobre el sol en un eclipse solar. Se besaron con pasión, la frágil puerta corrediza se agitó cuando Samuel aplastó el cuerpo ajeno contra ella, con la intención de pegarse al moreno tanto como le fuera posible. Guillermo no podía creerse que estuviera besándose con aquel desconocido, y al mismo tiempo no podía dejar de hacerlo. No quería dejar de hacerlo. La boca ajena sobre la suya se sentía demasiado bien, sus lenguas se encontraron y batallaron la una contra la otra como lo habían hecho antes sus palabras. Pegaban sus rostros tanto como les era posible, cambiándolos de posición para no dejar el beso estático. Guillermo colocó la mano sobre la nuca ajena y le apretó más contra su cara para intensificar el delicioso beso. Mordisqueó sus labios cuando se separaron, ansiando el contacto tan solo tres segundos después de haberlo perdido. El menor se fijó en que aún después del beso Samuel todavía sujetaba el látigo, le dio un evidente manotazo para que lo soltara. El domador sonrió, aún estaba recobrando el aliento tras un beso tan ardiente, que había conseguido calentar más su cuerpo que muchas sesiones de sexo.-Tranquilo, no temas. Seré cariñoso si te portas bien.-Musitó, acariciando las sonrosadas mejillas del moreno con la misma mano que tenía sujeta el látigo.-No me das miedo.-Respondió al instante Guillermo, con cierta violencia. No sentía miedo de aquel joven, pero no quería terminar siendo víctima de ninguna de esas perversiones extrañas que al otro parecían gustarle. No quería sufrir más humillaciones por hoy, y menos ese tipo de humillaciones. Volvieron a juntarse sus labios, colisionando esta vez con lentitud, recreándose ambos en cada aspecto del beso. Tras separarse Samuel tiró del dobladillo de la camiseta verde de Guillermo, y ambos contribuyeron a librarse de ella. El techo era tan bajo que les resultó complicado alzar los brazos sin que chocaran contra el mismo. La piel de ambos ardía de excitación, por lo que el frío nocturno no le supuso ningún problema. La mirada castaña del domador evaluó el torso desnudo del moreno, trazó un recorrido recto sobre su piel desnuda con el dedo índice, comprobando la mercancía y satisfecho con lo que sus ojos veían. Una vez comprobado el producto, era necesario catarlo. Samuel se inclinó sobre su cuello y lo devoró sin piedad, mientras apoyaba las manos sobre sus caderas. El menor procuró dejar caer la cabeza hacia un lado para ceder al otro más libertad sobre su cuello, recibiendo cada beso placentero y jadeando en silencio cada vez que los labios ajenos le humedecían la piel. Guillermo tuvo que cerrar los párpados con fuerza para soportar tanto placer, el castaño acariciaba cada recoveco de su tórax con la lengua y le hacía sentir maravillas cuando se detenía en las zonas erógenas. Samuel se detuvo tras haber alcanzado su ombligo, se irguió y le miró con una pedante sonrisa. Guillermo pensó en pedirle más, pues era lo que deseaba, pero también era lo que el otro quería. Y ya le habría brindado bastante satisfacción jadeando ante el contacto de sus labios, gimiendo cuando su lengua le hubo acariciado y presionado los pezones. Estaba avergonzado de que, tras lo que acababa de ocurrir entre ellos, ahora se detuviera y se quedara mirándole directamente a la cara.-¿Qué?.-Preguntó bruscamente, apartando sus ojos rasgados del mayor, clavando las pupilas en el suelo para no tener que seguir mirándole. Samuel se encontró con otro gesto esquivo del menor, con la bella combinación de colores del rojo de sus mejillas y el morado de las marcas que él mismo se había encargado de hacerle en el cuello. El domador no dejaba de sonreír, no podía apartar la vista de aquel chico que tan interesante se le presentaba.-Vamos.-Exclamó, haciendo un gesto con la cabeza hacia el colchón morado. Estaba colocado en una especie de plataforma pegada a una de las paredes del vehículo, era tan corto que apenas parecía que pudiera tumbarse una persona adulta. Samuel se encargó de desnudarse de cintura para arriba mientras caminaba hacia la cama, arrojó las prendas de manera aleatoria y estas cayeron al suelo o sobre los muebles semi-incrustados en las paredes. Sin la ropa su cuerpo parecía todavía más musculoso, tenía unos brazos fuertes y el abdomen marcado. Guillermo reparó en que su musculosa espalda tenía algunas heridas, cicatrices tan antiguas y cerradas que habían pasado a formar parte de su piel. Guillermo se tumbó sobre el colchón, era tan incómodo que pareciera que estuviera hecho de ladrillos. Samuel se colocó encima de su cuerpo y volvió a besarle los labios, consiguiendo hacer con el sabor de su boca que olvidara la tortura que aquel inconveniente dormitorio estaba ejerciendo sobre su espalda. Apenas podían moverse en el reducido espacio del que disponían, pero el domador se restregaba contra el menudo cuerpo del menor tanto como podía. Sus entrepiernas y sus torsos desnudos se refregaban constantemente, consiguiendo estremecer a ambos y dirigir la caliente sangre de sus venas hacia una zona concreta de su cuerpo. Mientras tanto sus labios seguían unidos, Guillermo estaba tan abstraído con el beso que apenas reparó en que Samuel estiró el brazo para recoger algo. Quizá era la única ventaja de aquella casa rodante, que estuvieras donde estuvieras podías alcanzar cosas sin necesidad de moverte. Sin que le hubiera dado su permiso, Samuel le cogió la muñeca y se la esposó al pequeño cabecero de madera. El moreno no se dio cuenta de esto hasta que escuchó el ruido de las esposas cerrarse entorno a su muñeca, entonces dejó de besarle y abrió los ojos confundido.-¿Qué haces? Quítame esto ahora mismo.-Ordenó un furioso Guillermo al darse cuenta, agitando la mano sin conseguir zafarse de las esposas. Samuel le sujetó el otro brazo y consiguió inmovilizarlo, lo cual resultó difícil porque el chico debajo de él había empezado a forcejear.-No.-Declaró, esposando también su otra mano con las esposas de pelo amarillo que un mago había utilizado en su función y había creído de juguete.-Te estoy hablando en serio, no me gustan estas mierdas.-Guillermo estaba poniéndose cada vez más nervioso, por mucho que moviera las manos hacia adelante sus intentos de liberarse eran vanos. Él simplemente habría querido seguir haciéndolo como hasta el momento, sin cosas extrañas de por medio.-Creo que no eres consciente de cuanto te gustan, a tu cuerpo le encantan..-Murmuró Samuel, acariciando y frotando la entrepierna del moreno que estaba empezando a endurecerse bajo el pantalón. Este intentó asestarle una patada, pero resultó una tarea muy difícil siendo el que estaba debajo.-¡No es verdad!.-Le gritó Guillermo, intentando deslizar la mano para librarse de las esposas. Sus muñeca eran finas y apenas tocaban el hierro, pero desgraciadamente tenía las manos bastante grandes. El domador se quedó mirando detenidamente sus intentos de fuga, no dijo nada hasta que el chico se resignó a que estaba atrapado.-Relájate, al parecer eres demasiado orgulloso y tímido. ¿No es así?.-Preguntó, acariciándole el rostro. Samuel había observado la reacción de Guillermo cuando todo el circo se había reído de él. Podría haber elegido reírse con ellos, pero fue notorio que estaba muy enfadado, la furia le enrojeció el rostro y no pudo disimular el odio en su mirada. Después de eso el domador se había dedicado a observarle en todo momento, se notaba que el incidente le había dejado paranoico y sentía constante vergüenza cada vez que un miembro del público le miraba por algún motivo.-No tienes porqué sentir que estoy humillándote.-Añadió apacible, pues el castaño no consideraba ningún motivo de vergüenza lo que pretendía hacerle. Claro que aunque sus palabras buscaban sonar tranquilizadoras, no consiguieron calmar a Guillermo.-Esto es humillante y tú eres un rarito, suéltame.-Volvió a exigirle, pero solamente consiguió que Samuel volviera a esbozar una de sus sonrisas que tan encantadoras le habían parecido antes y tan pedantes le resultaban ahora.-Tu orgullo está pidiendo a gritos que le sometan.-Por experiencia propia, Samuel sabía que el orgullo en demasía era una fiera que debía dominarse. Cuando se descontrolaba resultaba letal, pues dañaba a las personas a nuestro alrededor y sobretodo nos dañaba a nosotros mismos, nos privaba de vivir la vida. El orgullo y la dignidad eran cosas distintas, Samuel pensaba que uno podía conservar perfectamente la dignidad y a su vez rebajar el orgullo.-A veces la vida te humilla, y tienes que dejar atrás cosas estúpidas como el orgullo y la vergüenza. Esas mismas cosas harán que pierdas muchas oportunidades, que te prives de hacer cosas que desearías haber hecho..-Samuel había sido tímido y orgulloso en el pasado, y cuando empezó en el circo todo le parecía humillante o patético. Pero se había quitado esos dos pesos de encima y gracias a ello había actuado, conocido personas, lugares, y sido capaz de tomar la iniciativa en todas sus relaciones.-Simplemente deberías cerrar los ojos, dejar atrás todo eso y disfrutar..-Guillermo se quedó pensativo tras escucharle. Cierto era que su orgullo le había hecho perder a varias personas importantes en más de una ocasión, pero él no podía dejarse domar por aquel hombre como si fuera una de sus mascotas. Volvió a intentar liberar las manos con bruscos movimientos, se moriría de vergüenza si cualquiera le viera en esta situación.-No pienso hacerlo.-Exclamó, consiguiendo que Samuel sacudiera la cabeza de manera negativa.-Tranquilo,  no te haré nada que no desees..-Susurró, justo antes de desabrocharle el pantalón. Coló su mano por el mismo y le acarició el contorno de la erección que se alzaba bajo el trozo de tela de ropa interior.-El problema es que sí lo deseas.-Declaró, y comenzó a masturbarle. Al principio Guillermo se resistió, pero mientras más rápido movía Samuel su mano, menos se revolvía y forcejeaba. Ya ni podía contener los gemidos que en un principio había intentado ahogar. El domador le envolvía el miembro erecto con los dedos y notaba su dureza bajo los mismos.-Ahora pídeme que pare..-Masculló Samuel contra sus labios, sabiendo que no se lo pediría. Sabiendo que deseaba que siguiera porque estaba disfrutándolo. Guillermo sentía las muñecas ardiendo de dolor donde las esposas estaban, y como Samuel sospechaba no le pidió que parara en ningún momento, apretó los ojos con fuerza y se limitó a gemir de placer. El castaño le bombeó a su antojo hasta que alcanzó el orgasmo y terminó corriéndose en su mano tras haber esbozado un último gemido de placer. El domador le soltó y se limpió con un viejo trapo fucsia que había sobre un montón de trastos tras el cabecero. En principio podía parecer que había demasiadas cosas en tan poco espacio, que aquella caravana era un completo un caos. Pero no lo era para Samuel, él hallaba el orden dentro de su propio desorden y siempre depositaba las cosas en el mismo sitio donde, en su opinión, debían estar. Atendía y trataba con el cuidado de un obsesivo compulsivo algunas cosas, mientras que descuidaba por completo otras. Todo dependía del valor sentimental y monetario que tuvieran para él. Guillermo le miró, su respiración seguía tan agitada que no dejaba de jadear y hacer bruscas inhalaciones. Había dado tantos rudos tirones de sus extremidades mientras estaba excitado que notaba dolor en las muñecas, donde aquellas incómodas esposas estaban constantemente rozando y magullándole la piel.

Samuel pensó que se veía genial, con las facciones relajadas por la satisfacción del orgasmo y el cabello azabache despeinado, húmedo de sudor. Pero todavía no habían terminado, él también quería su momento de placer. Le sacó los zapatos a Guillermo y le deslizó sus pantalones por las piernas para quitárselos también. Parecía difícil hacerlo estando en una cama tan pequeña, pero Samuel se había acostumbrado a moverse en aquel espacio y lo hacía con elegante destreza.-Ya puedes quitármelas..-Murmuró entonces el moreno, mucho más apacible que antes. Samuel sonrió, sopesó la posibilidad de liberarlo pero antes formuló una pregunta.-¿Te portarás bien si lo hago?.-La incógnita fue una punzada justo en el orgullo de Guillermo. Le hirió en lo más importante que le hablara como a un niño pequeño, como a un animal. De ninguna manera respondería afirmativamente ni cedería a aquel juego en el que estaba intentando meterle, no le daría la razón solamente para conseguir libertad, su orgullo valía más que eso.-No.-Espetó, conteniendo las ganas de golpearlo porque no podía hacerlo.-Entonces nada.-Declaró Samuel, inclinándose para volver a besarle los labios. Sabían incluso mejor que antes ahora que estaba relajado y satisfecho, aunque supiera que había vuelto a alterar sus nervios con la pregunta sobre su comportamiento. Estaba ante alguien susceptible, pero sabía que conseguiría domar su personalidad de la misma manera en que había conseguido someter su cuerpo. Por su parte, Guillermo estaba tan sorprendido que ya no sabía qué pensar. ¿Porqué seguía queriendo y permitiendo que lo hiciera con él? Se negaba a aceptar que tras una muy tupida capa de orgullo se ocultaba un chico al que le gustaba que le hicieran ese tipo de cosas en la intimidad. Jamás lo habría sospechado, jamás sería capaz de admitir algo semejante.. él, que veía el ridículo en la mayoría de actos ajenos y procuraba evitarlo a toda costa. No encontraba una manera de considerar respetable o corriente disfrutar con lo que estaban haciéndole,  excitarse sabiendo que si se portaba peor ese hombre tenía reservado un látigo para él. Pensó en las cosas horribles que había pensado de todos y cada uno de los empleados del circo cuando los había visto disfrutar haciendo cosas, en su opinión, ridículas y se horrorizó al imaginárselos a ellos viéndolo ahora, sometido y a merced del desconocido domador como si fuera uno de sus leones. Samuel estaba acariciándole, mientras tanto el moreno observaba con cierta impotencia los llamativos pectorales que no podía permitirse tocar. Su cuerpo era envidiable, ahora comprendía porqué había llamado la atención de todas las chicas del público. Samuel le quitó la ropa interior y se bajó la suya junto con los pantalones, revelando su gran erección. Lo notaba hinchado por las ganas que había contenido, estaba ansioso por poseer al pequeño pedante esposado a su cama. No era ni una mínima parte de lo que realmente deseaba hacerle y que ya había hecho a otras personas, pero por algún motivo que no comprendía, no quería que aquel chico terminara enfadándose con él, despreciándole. Así que se limitó a hacerlo de la manera tradicional, pero con algunos pequeños alicientes. Se colocó las piernas desnudas del menor en cada hombro y le obligó a flexionarlas cuando se inclinó hacia su rostro. Guillermo apretó los labios con fuerza, notó la incomodidad de la postura y la vulnerabilidad de tener su trasero en la posición perfecta para que el otro lo usara a su completa disposición. Y al mismo tiempo, aunque no pudiera admitirlo, cierta impaciencia y ansías por saber que sería lo próximo. Samuel le colocó los dedos índice y corazón de la mano derecha sobre los labios sellados.-Abre la boquita…-Le ordenó impacientemente. El moreno no lo hizo, porque no quería sucumbir a sus mandatos. Samuel resopló, no estaba acostumbrado a tratar con personas tan tozudas.-Abre la boca o te arrepentirás de no haberlo hecho.-Le aconsejó con esas mismas palabras, aunque sin un rastro de agresividad en su entonación. Guillermo entreabrió ligeramente los labios con cierto vacilo y el domador aprovechó la ligera obertura para presionar los dedos y terminar colándolos en su boca. El menor se asustó por la brusca intrusión y acudió a su cuerpo el instinto de querer sujetarle la muñeca para apartarle la mano de su boca, pero no pudo mover las manos porque las esposas seguían reteniéndolo. En principio la impotencia de no poder defenderse le hizo sentir asustado, pues conseguiría provocarle arcadas si seguía siendo tan brusco. Luego comprendió lo que el otro pretendía y le humedeció los dedos con la lengua, acariciándolos con esta de manera provocativa. Samuel se deleitó con la imagen del chico lamiendo sus dedos con una lascivia que le pareció excitante. Estaba consiguiendo lo que se proponía, hacer que el menor fuera más desinhibido y se soltara poco a poco. Después de todo, ambos querían y deseaban lo que estaba apunto de suceder.-Bien, ahora bésame.-Murmuró Samuel, justo tras sacarle los dedos de la boca. Los labios de Guillermo resplandecían y un hilillo de saliva se deslizaba desde su comisura derecha hasta la barbilla. Mientras que su aspecto no podía resultarle más sexy al domador, el propio Guillermo se sentía ridículo y tenía la constante necesidad de cubrirse el rostro con ambas manos. Siempre había sabido que tenía que librarse un poco del orgullo que le impedía ser libre, pero nunca sospechó que sería de esa manera. Volvieron a besarse, y mientras lo hacían el domador le guío los dedos ensalivados hacia la entrada y se los introdujo dentro. Guillermo dejó escapar un gemido cuando notó la intromisión en su trasero, los largos dedos de Samuel rozándole las paredes internas y girando circularmente en su interior. Dejó caer la cabeza sobre la almohada, ofreciendo a Samuel una generosa vista de su cuello lleno de señales y de la nuez marcándosele más que nunca bajo la piel. No pudo contenerse durante mucho tiempo más, así que tras revolver un poco su interior sacó los dedos y le penetró de una sola estocada. Notó como su interior le envolvía la henchida erección y la presión que ejercía el cuerpo ajeno al querer expulsarla le produjo una inmensa sensación de placer. El gozo estaba haciendo que las piernas del menor temblaran, así que Samuel las sujetó con más fuerza sobre sus hombros y se preparó para comenzar a embestirle. Salió de él y volvió a penetrarle con fuerza, repitiendo el proceso varias veces mientras el otro colmaba sus oídos con gemidos de placer. El domador ahora también gemía, reposaba los labios sobre el rostro de Guillermo y jadeaba contra su piel al sentirse dentro de su cuerpo. Sus movimientos eran cada vez más bruscos, tanto que el colchón y los alrededores se agitaban bajo la fuerza de cada nueva embestida. El menor nunca había disfrutado un placer así, y le sorprendía que hubiera tenido que darse de una manera tan extraña. Le sorprendía que se sintiera tan bien tener dentro la erección de aquel desconocido, se sorprendió a sí mismo queriendo pedirle que fuera más fuerte. Cuando Samuel advirtió que la sensación de placer en su bajo estómago y la necesidad de liberarse eran cada vez mayores, apuró sus movimientos de manera que pudiera terminar de la forma más rápida y espectacular. Con una última embestida y un ahogado gemido de placer, terminó dentro de él. Guillermo notó el líquido caliente dentro de su cuerpo, deslizándose después por sus nalgas y parte de los muslos. No podía sentirse más extraño, en este momento era como un pez fuera del agua. Samuel salió de su cuerpo haciéndose a un lado, le liberó de la opresora atadura de las esposas y se intentó tumbar junto a él. Resultaba harto complicado compartir aquel colchón cuando uno no estaba sobre otro, así que Guillermo se medio tumbó sobre el torso de Samuel para que dejara de ser tan incómodo para ambos. El moreno seguía aturdido, tenía muchas cosas en las que pensar y a su vez quería limitarse a dejar la mente en blanco y disfrutar de la placentera presencia de aquel hombre tan misterioso. Se quedó mirando el techo de la caravana, mientras que el domador le acariciaba los húmedos cabellos de manera distraída, provocándole cosquillas en el cuero cabelludo.-Guillermo.-Dijo tras unos minutos sin conversación, llenados por alientos agitados y gentiles caricias por parte de Samuel.-¿Eh?.-Preguntó este, su rostro contrayéndose en una mueca de confusión. El moreno se encogió de hombros, se acariciaba una lastimada muñeca mientras que seguía mirando hacia arriba.-Guillermo. Es mi nombre. No me lo has preguntado.-Exclamó, ligeramente molesto. Él había esperado que el domador se lo preguntara después de hacerlo, ya que no lo había hecho antes, pero tras una tediosa espera decidió que era mejor decírselo directamente.-Que nombre más feo.-Murmuró Samuel, tras haber asimilado las palabras ajenas. No solía darle demasiada importancia a los nombres, no creía que dijeran mucho acerca de las personas.-Tú si que eres feo.-Acusó el menor, escuchando con cierta satisfacción como el domador entonaba una melodiosa risa y le propinaba un tierno beso en la sien. Se sentía cómodo, más cómodo de lo que debería sentirse estando acompañado de un desconocido con el que se había acostado en una estrecha caravana. Y eso le asustaba, porque no sabían nada el uno del otro, lo único que sabía de Samuel era que no tardaría en marcharse del pueblo.-Debería irme.-Añadió Guillermo, intentando no adormecerse por las constantes caricias que las yemas del otro dibujaban sobre su desnudez. Samuel se alarmó, no pudo evitar mirarle con sorpresa. ¿Marcharse? Él no quería que su acompañante se fuera, quería quedarse con él estando así, por novedoso que eso fuera en su vida. No era de los que intentaban retener a las personas tras haber tenido sexo con ellas, pero aquel chico tan peculiar.. aquella mezcla de rebeldía y orgullo, el hecho de que le dieran miedo los payasos pero demostrara ser lo suficientemente valiente para enfrentarse a un desconocido.. Guillermo le atraía, le atraía más de lo que un actor ambulante podía permitirse sentirse atraído por alguien efímero. Quizá si era conveniente para ambos que aquel joven se marchara, antes de que su atracción por él se le escapara de las manos.-Te acompañaré fuera.-Murmuró Samuel, muy a su pesar, pues quería que el otro permaneciera a su lado.

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Reunieron sus vestimentas esparcidas por distintas zonas de la caravana y salieron afuera una vez estuvieron vestidos. Samuel había tenido que insistir mucho para que Guillermo aceptase llevarse puesta una chaqueta suya, la menos llamativa que tenía. El menor estaba decepcionado por marcharse sin saber nada sobre el otro: ¿Cómo había terminado trabajando en el circo? ¿Porqué domador? ¿Qué eran esas cicatrices? Y otras muchas preguntas menos importantes, pero cuyas respuestas también le hubiera gustado conocer. Samuel, por su parte, también quería conocer más a Guillermo, ni siquiera sabía porqué había estado buscando a aquel payaso antes de terminar en su caravana. Pero no se dijeron nada, porque mientras más se dijeran más difícil sería despedirse después. Si en algo estaban de acuerdo, era en que no podían quedarse toda la noche congeniando para tener que separarse por la mañana. ¿Porqué avivar un fuego minutos antes de la llovizna? Ya no quedaba nadie despierto en el descampado, todas las luces estaban apagadas. Samuel miró a Guillermo bajo la tenue iluminación que la madre naturaleza les ofrecía: Las estrellas del firmamento.-Adiós Guillermo. Recuerda lo que te he dicho ¿Vale? No dejes que tu orgullo te prive de muchas cosas maravillosas, es el consejo de un amigo.-Samuel le sonrió. El menor asintió con la cabeza, comprendiendo que el otro estaba en lo cierto. Jamás contaría a nadie lo sucedido aquella noche, sin embargo no se arrepentía de haber experimentado el placer de algo que estaba censurado por la sociedad. Estaba satisfecho, por primera vez se había permitido desplegar las alas y volar, dejando en tierra todas sus preocupaciones.-Si le cuentas esto a alguien.-Empezó a decir el menor, aún siendo consciente de que creía no tener conocidos en común.-Te encontraré.-Musitó, acariciándose la muñeca que todavía tenía la roja marca que las esposas le habían dejado.-Y te mataré.-Terminó por decir, esbozando una de sus ladinas sonrisas después. Samuel volvió a verse cautivado por esa sonrisa, se aproximó al chico y le rodeó la cintura, lo atrajo hacia sí.-Entonces lo contaré para que me encuentres.-Declaró, antes de inclinarse hacia sus labios y darle un último beso de despedida. La noche fue testigo de aquel beso y del fin del mismo. Cuando se separaron, Samuel le sonrió tristemente y murmuró con entonación teatral.-Tenga muy buenas noches, y espero que haya disfrutado de las maravillas ofrecidas por Magic Circus.-Bromeó, dedicándole una elegante reverencia. Guillermo sonrió, le devolvió la reverencia y se despidió con un simple adiós. Se alejaron el uno del otro y volvieron a sus respectivos lugares, con la mente llena de preguntas y frustradas ganas de haber conocido al otro en una situación diferente.  

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Espero que os haya gustado :D Lo he escrito en dos días pero porque he estado muchas horas seguidas intentando que la narración sea todo lo perfecta posible (teniendo en cuenta mi nivel no profesional (?) ) SÉ QUE A MUCHOS LA CANCIÓN OS HABRÁ SACADO DE AMBIENTE TOTALMENTE, PERO A MÍ ME PARECE JODIDAMENTE PERFECTA Y CRUELMENTE IRÓNICA Y ME HE REÍDO COMO MALVADA CUANDO HE LEÍDO EL FINAL CON ESA CANCIÓN, ASÍ QUE……… ÑE! <3 Os quiero.

pd: no lo anuncié como lemmon porque no quiero que la gente lo lea solo por el lemmon, también me curré lo otro aunque no pase nada salseante ;-;