establos

Hora libre para poder respirar lejos de todos los contenidos de limpieza que asfixiaban sus pulmones, había tosido cada segundo que tenía que abrir los líquidos de limpieza ¿Para qué los necesitaban? Le parecía tan poco útil limpiar todo con tantos colores y mixturas químicas, les dañaba los pulmones tanto como la contaminación y la deforestación. Había escuchado que había caballos en los establos, le parecía una aberración el encierro de aquellos animales, y más tener que trabajar para mantenerlos allí dentro, explotarlos, abusar de su falta de comunicación. Sus ojos se aguaron de ver a la primer yegua tan triste en el primer compartimiento — Hola, hermosa — Le susurró acariciando su espina dorsal — ¿No te gusta estar aquí, eh? — Acarició sus crines — A mi tampoco, deberías ser libre, ven, demos una vuelta — Por su estatura, jaló de la silla de montar para quitarla de su espalda, estaba tan triste por aquellas adiciones que no hablaría al respecto, no dejaría que su mente se contaminara de negativas. Quitó aquel bozal y la guió hasta afuera. — Tendremos un problema para subir ¿No crees? —Se carcajeó acariciando las crines de la yengua, peinándolas con sus dedos — Ven, te ayudaré a ser libre. — Harmony estaba rodeando a la yengua para saber como subirse, escuchar compañía le hizo sonreír — Hola — Saludo amable — ¿Podrías ayudarme a subir? Tengo unos pocos centímetros de falta para poder alcanzar a esta belleza — Sus dedos le acariciaron el cuello. 

- Es que la gente es mala…
- Mala no; imbécil, que no es lo mismo. El mal presupone una determinación moral, intención y cierto pensamiento. El imbécil o cafre no se para a pensar ni a razonar. Actúa por instinto, como bestia del establo, convencido de que hace el bien, de que siempre tiene la razón y orgulloso de ir jodiendo, con perdón, a todo aquel que se le antoja diferente a él mismo, bien sea por el color, por creencia, por idioma, por nacionalidad, o por sus hábitos de ocio. Lo que hace falta en el mundo es más gente mala de verdad y menos cazurros limítrofes.
—  La Sombra del Viento. Carlos Ruiz Zafón