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Hubo un tiempo en el que pensé que si volvías todo volvería a ser igual. Pero no, las cosas no son así. Todo el daño, todas las noches llorando por alguien a quien no le importas me cambiaron, ahora sé que por mucho que te quiera, no quiero volver a besarte, ni a compartir mis días contigo. Creo que eso es la madurez: dejar escapar a personas que por mucho que quieras, solo te hacen daño. 
Y créeme, no se puede ser feliz con la soga siempre colgada al cuello, porque un día te empujarán y morirás ahorcado por esa persona por la que habrías muerto siete veces.
—  Juan Andrada, tw: @poetizandome_