escurrir

Lo que no busques, se te va a ir
Lo que no busques, se te va a escurrir
Lo que no busques, no te va a esperar un poco más
Lo que no busques, se va a empezar a cansar
Lo que no busques, te va a hacer llorar
Lo que no busques, ya no te va a extrañar

[y mucho más si la/el que se fue, fuiste vos]

Lo que no busques, te va a encontrar
entre recuerdos
y te va a hacer mierda

Y sí, cuesta un montón buscar
Por eso hay que aprovechar los poquitos momentos de cercanía, para tirar aunque sea un centro, un aullido mudo que rompa y disipe el humo

Ahora, si sos vos quien prefiere mirar a otro costado, y hacer como que nada está pasando
Dejá
Y ojalá que te devore la niebla.

Vengo a ti a besar tu boca, vengo a escurrir tus ganas.
Vengo a probar tus labios y apretar tu cuerpo, a hacerte venir.
Soy quien se dice tuyo y que en cada verso te demuestra amor.
El amor que nace al juntar las almas y hacer el amor.
—  El reloj del charro.
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HAMBURGUESAS VEGETARIANAS

Para variar un poco la dieta y comer más saludable.

Ingredientes: (12 unidades)

- 2 tazas de lentejas crudas.
- 4 huevos.
- 3 cucharadas de harina sin polvos de hornear.
- ½ taza de perejil picado.
- 1 cebolla chica picada en cuadritos.
- Ajo en polvo a gusto.
- Sal y piemienta a gusto.

1. Remojar las lentejas en abundante agua. Yo las deje de un día para otro.

2. Eliminar el agua, lavarlas y hervirlas, sin sal, durante 20 minutos hasta que estén blandas. Escurrir y dejar enfriar.

3. Mezclar las lentejas frías con los huevos, la harina, perejil, ajo, sal y pimienta.

4. Poner la mezcla en forma de hamburguesas con una cuchara en un sartén o parrilla a fuego medio, con una pizca de aceite para que no se pegue. Dejarlas 5-6 minutos por lado.

5. Servir junto a una ensalada, en un sándwich, como bocadillo de media tarde o como desee.

Hay momentos en que olvidas a qué obedece todo esto, por qué en su día empezaste y a dónde quieres llegar. Nos pasamos toda la vida rodeados de lenguas que no acabamos de descifrar, que acabamos de entender. De ahí los cuentos de hadas sobre anillos mágicos que te dan acceso al idioma de los pájaros y las bestias. Pero incluso nuestros seres más queridos hablan un idioma que no acabamos de entender por completo. No falla, las cosas más importantes no se dicen o se dicen de forma equivocada. No falla. Yo he escrito para escurrir el desconcierto y la evasión, igual que se escurre una toalla para que suelte el agua. No para decir algo, sino para aclarar las cosas de modo que se pueda decir algo. Nunca lo he conseguido. Mis palabras han sido toscas, les ha faltado fluidez, y cada frase que escrito, en lugar de mantenerse ahí como una roca, no llevaba sino el eco de mi propia voz quejumbrosa y a ratos petulante. Supongo que es por eso por lo que uno sigue intentándolo una y otra vez.
—  Gabriel Josipovici
10 trucos para cocinar la pasta como si fuéramos italianos

Un puñado de espaguetis, agua, sal y ¿ya? Todos pensamos que llevamos un chef italiano dentro que grita ¡mamma mia! y que se atusa un bigote enroscado pero nada más lejos de la realidad. Seguimos cometiendo fallos de primerizos. Menos mal que nuestros amigos de Barilla nos echan una mano para conseguir que la pasta nos quede perfecta.

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No la hagas en una cazuela plana. Prepárala en una olla grande con bordes altos. Los cacharros que utilices para cocer la pasta son muy importantes y para que la pasta pueda moverse con libertad y no quede pegada, mejor emplea una olla de buen tamaño.

No escatimes agua. Mejor tsunami que riachuelo: una vez que el agua esté hirviendo, debemos añadir, por persona, 100 gramos de pasta, un litro de agua y una cuchara de sal gorda (7 gramos). Nada de materia grasa: no hace falta añadir aceite o mantequilla al cocer la pasta.

Remueve siempre la pasta. Esto lo haremos para que no se pegue y no te olvides de probarla para asegurarnos que quede al dente. El tiempo de cocción de la pasta suele oscilar entre 8 y 10 minutos, aunque en algunos casos asciende a más de 11 minutos, dependiendo del corte de la pasta. Nunca la dejes más tiempo: la pasta blanda no mola nada.•

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Nada de dejar la pasta reposar ni de añadir agua fría. Simplemente se ha de escurrir y, eso sí, guarda un poco de agua caliente para añadir a la salsa y remover.

Nunca hagas la salsa después de cocer la pasta. Debemos prepararla antes de que la pasta esté cocinada para añadirla y mezclarla al fuego antes de servir con el fin de que coja el gusto y se fusione bien con los espaguetis o macarrones de turno.

Menos es más. No debemos mezclar demasiados ingredientes al preparar pasta, lo bueno es añadirle un máximo de 5 a 8 ingredientes para que los sabores queden limpios.

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No todas las pastas van con todas las salsas. Las pastas largas van muy bien con salsas elaboradas a base de pescado o simplemente con una sencilla de tomate. Las pastas cortas son muy adecuadas para ingredientes o condimentos de verduras o carne. El macarrón (de pasta lisa) se combina muy bien con salsas cremosas o a base de nata. Además, hay combinaciones que nunca fallan como los espaguetis con salsa boloñesa o los macarrones con una clásica de tomate.

Corta los ingredientes según la pasta. Es muy importante saber cómo cortar los ingredientes. En el caso de pastas largas, es adecuado el corte en juliana y alargado. En pastas cortas, haz dados de unos 0,5 cm.

Originally posted by iglovequotes

No utilices la cuchara para los espaguetis ni los cortes. Con los niños se puede hacer una excepción para facilitar su consumo. La forma ideal de comerlos es utilizando un tenedor, separando un montoncito de espagueti y enrollándolos para que sean más fáciles de ingerir.

No siempre hay que añadir queso rallado. Va mejor con algunos tipos de salsa, por ejemplo, con las que lleven verduras o carne. En las de pescado, mejor no ponerlo.

Mi dulce y ausente adulto de 22:

Siempre te he dicho que leerte es un placer, a veces agridulce; otras veces reconfortante por el hecho de saber de ti, entre tantos de tus viajes, experiencias y mi vida de tragicomedia.
Cuando hablas de seguridad, por un momento recuerdo que con vos soy una niña y los años me pesan, porque yo soy la de 16 o 18 años y tu eres el que tiene 20 o más. Es extraño leer tus dudas y sentir que tienes un pequeño trozo de dudas en algo en lo que siempre te mostraste fuerte. Supongo que las experiencias futuras te ayudarán a entender que estar seguro de algo es solo la puerta a nuevas experiencias, tus viajes y lecturas hacen de vos otro pequeño explorador del mundo, y mi capricho preferido.
Nunca creas que la verdad es absoluta o que es la reencarnación de la lealtad. De muchas mentiras han surgido amores, dudas, y, su doble faz: Las verdades. Hoy puede que los kilómetros pesen y quiera emprender un viaje hacia tus brazos, pero mañana vas a desaparecer, todo se irá y de verdad solo quedarán esas horas matutinas en las que aparecemos para escurrir los días donde nos recordamos.
Me encantará siempre que viajes, es ese pequeño lazo invisible entre los dos.
Cuando volvamos a coincidir, estaré para leer tus ocurrencias.
Un abrazo
Tu pequeña de 16.

—  Cartas al adulto de 22, Daniela Arboleda.
Hamburguesas de Lentejas
Para el #lunessincarne que tal una hamburguesa vegetariana? Aquí te compartimos una receta deliciosa, nutritiva y llena de proteína. Esta receta ya es obligatoria en nuestra casa, ojalá que en tu mesa tenga tanto éxito como en la nuestra. Que tengas bonita semana. Ingredientes para 2 hamburguesas:

300 grs de lentejas cocidas

2 Cdas de cebolla picada

2 Cdas de almendras picadas

2 ramita de perejil fresco

1 Ajo picado finamente

1 pizca de curry

Pan molido *opcional

Instrucciones

Escurrir las lentejas y en ese recipiente triturar la mitad hasta conseguir un puré espeso y dejar la otra mitad completas y revolver ambas junto con la cebolla, el perejil, ajo picado finamente y curry.

Formar a mano unas tortas redondas como hamburguesas, rebozarlas en la almendra picada. Si crees que es necesario pasar por pan molido puedes hacerlo para darle firmeza.

Hornearlas hasta que queden doradas o puedes ponerlas sobre un sartén con un chorrito de aceite de oliva, si se te deshace al voltear no te preocupes, solo usa una palita de madera para volverlas a formar. y servir con pan de hamburguesa, verduras y aderezos.

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Cómo hacer correctamente un buen plato de pasta con salsa.

Personalmente lo de escurrir la pasta aún un pelín dura y echarla a la cazuela donde está la salsa, terminando de cocinarla ahí (para que coja todo el sabor) ya lo hacía. Lo del queso también. El resto no lo veo tan importante.

Suelo hacer macarrones con dos latas de atún, tomate y queso (el queso durante el último paso, mezclándolo bien dentro de la cazuela) y el resultado es acojonante.

Lasagna Vegetariana de Lentejas
Llegó el #lunessincarne y estamos felices de compartirte esta receta de Lasagna vegetariana de Lentejas, no exageramos cuando te decimos que va a ser un éxito con tu familia, hasta los carnívoros más convencidos la han probado y se han sorprendido del sabor. Esperamos que la pruebes y nos cuentes como te fue.   Ingredientes 1 taza de lentejas 5 calabazas 2 puños de nuez de la india (de preferencia crudas) 1 tetrapack de tomate picado 1 tetrapack de puré de tomate 1 salsa de tomate estilo italiano, puede ser Ragú. ½ cebolla Romero al gusto Tomillo al gusto Hierbas finas al gusto Sal y pimienta. * Opcional Queso Oaxaca o Mozzarella como topping (omítelo para la versión vegana) Preparación Cortar las calabazas en lajas transversales, servirán para sustituir las láminas de pasta. Remojar en agua con una pizca de sal y reservar. Cocer las lentejas en agua con sal, antes de que estén listas, reservar y escurrir, terminarán de cocerse en el horno. En una olla adicional, freír la cebolla, agregar las lentejas y el tomate picado. En la licuadora mezclar el puré de tomate y las nueces de la India hasta obtener una consistencia cremosa. Verter sobre las lentejas y revolver. Agregar condimentos al gusto. Precalentar el horno a 180 grados centígrados, mientras se prepara la lasagna En un refractario de vidrio formar la lasagna en capas hasta llenar el refractario: Salsa ragú Laminas de calabaza Lentejas *Opcional agregar queso rallado como topping. (Omítelo para la versión vegana) y hornear por 40 minutos. 

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He escrito cientos de historias, también la misma historia cientos de veces contada de otra forma.
Aún escribiendo texto tras texto, pensamiento tras pensamiento tengo la sensación de no decir nada. Es como si tuviera un cúmulo de cosas sin pies ni cabeza dentro mío, palabras desordenadas y sentimientos inconsistentes.
Hablo, escribo pero no expreso un real sentir.
A veces me siento atrapada, aislada de mi alrededor que se funde en una gama de colores, que inclusive a veces hasta yo misma pinto, pero sigo siendo gris, aún cuando tengo ganas de ser tornasol.
No tengo pensamientos pesimistas, pero ya no espero nada nuevo, no hay nada que me sorprenda.
La vida transcurre y conozco a las mismas personas con distintos rostros, nuevos nombres y el mismo aroma.
Creé mi propio mundo, re inventé mis anhelos.
A veces creo que me volví soberbia al pensar que nadie es capaz de comprender mi mundo, capaz de poder envolverse en éste torbellino vertiginoso.
En ocasiones dudo y en otras no sé.
Sólo la valentía destruirá los muros.
Quiero ver el mar y sentir la arena impoluta enredarse en mis pies, quiero encender un cigarro y dejar que el pasado se volatilice como el humo.
Escribo porque es la única manera que tengo de escurrir un poco de palabras, dejarlas colarse por las ventanas, dejarlas escapar por debajo de la puerta.
—   ( Manifiesto) - Clemm Abader

“Cerré la puerta de mi cuarto, coloque el seguro y me pare frente al espejo.

-¿Cómo haz estado?- dije abriendo la pequeña cajita plateada- Cuanto tiempo ha pasado- saque la pequeña cuchilla que aún tenían marcas de sangre de hacía tiempo.

La tome entre mis manos recordando el juramento que había hecho años atrás de no volver a hacerlo. Pero ya nada importaba, estaba harta de seguir fingiendo, de sonreír día con día.
Escurrió una lágrima por mi mejilla y apreté la pequeña navaja en mi puño haciendo escurrir sangre y gritos que hace tanto ansiaban salir.
Pase las yemas de mi dedos por los brazos antes de comenzar a cortarlos. Corte por cada día que había sufrido.

-Me canse de ser fuerte- dije acabando la última marca.

Volví a colocar la cuchilla en la caja plata y la guarde.
Alcé la mirada con los ojos rojos, me limpie.

-Ojalá te mueras- susurre con odio y me aleje del espejo.

Wigetta : RULETA RUSA / Capitulo 34

Todo permitido.

-

Resultaba extraño que un ambiente se volviera tan vergonzoso pero al mismo tiempo relajante y cómodo, como si fuesen dos personas que no tuviesen absolutamente nada qué ocultar, como si cualquier situación estuviese hecha a que ellos se comportaran atrapados uno del otro. Samuel y Guillermo, dos muchachos criados en entornos desiguales, con influencias muy opuestas entre sí ¿era lo diferente de todo eso que los atraía mutuamente? Entrando en lo profundo de sus mentes, la realidad, no eran tan opuestos si uno lo analiza con detalle. A lo largo de los sucesos que fueron desenvolviendo la particularidad y actitud de cada integrante del gran grupo se pudo haber sucedido infinidades de caminos alternativos que llevasen a conclusiones alternativas, sin embargo, este camino fue aquel que acercó de manera intrépida a compañeros y fortaleció una que otra relación. Es el sentimiento de bienestar y amor, de preocuparse entre sí que dio a un forjamiento más conciso que los volvía tan distintos de otros grupos enemigos. Quizás las cosas estaban destinadas a que circulen en gran o poca medida de tiempo en ser de esta forma, pero no se podía obviar el hecho de que Guillermo fue una gran influencia para todos en este tema. Porque sin hacer mucho, su presencia sin maldad y fuerza para vivir por más débil que fuese en su momento, despertaba ese deseo de protección en todos y les recordaba continuamente que ellos son personas, son humanos que sienten, que temen, que se frustran, lloran y aman. Vegetta, sin tener en cuenta su puesto de líder, quería que sus amigos recordaran eso, sin saber cómo expresarse sinceramente hacía lo posible para que eligieran actuar con la opción de pensar en otros y que podían negarse a lo incorrecto e interponer sentimientos. Sentir no lo hace a uno débil, lo hace estar vivo.

Samuel por fin experimentaba en plenitud el concepto de vivir, con el roce de una cálida piel, el susurro de palabras alentadoras, una mano extendida para ayudarte, la sonrisa de la persona que te ama… Su fortaleza y seriedad no quitaba el hecho de que siempre estuviese luchando por los demás, sin siquiera conocer a Guillermo por completo se ofreció a darle la fuerza que necesitaba pese a que nunca imaginaría que terminasen enamorados. Lo que los complementaban en cierta parte resultó ser el apoyo y capacidad de sacar lo oculto de sus corazones, uno la fuerza que negaba y el otro el cariño que silenciaba…

La excitación quemaba sus pieles, el agua fría no les calmaba y se contenían a la espera de llegar a la suavidad de las sábanas. El deseo, ese anhelo de poseer y ser poseído, de entregarse a los brazos de otra persona y el calor corporal se entremezcle los sofocaba pero al mismo tiempo los aislaba a olvidarse de todo y ser únicamente dos personas siendo y haciendo lo que dos amantes comparten. No podían alejarse de la cercanía sin relacionarlo al poco espacio característico del área de la ducha, como si asearse disminuyera en importancia y aprovechasen cada minuto en abrazarse, besarse o acariciar con delicadeza sus pieles. Era bueno guardar energía que ya necesitarían una vez abandonaran el cuarto de baño para proseguir a la siguiente habitación.

A Guillermo se le escapaban graciosas muecas intentando pasarlas desapercibidas porque era tratado tan sutilmente que hasta daba cosquillas y escalofríos incómodos, a la par, aquellas grandes manos recorrían cada vértebra de su columna en un descenso que presionaba en sus glúteos y era inevitable para él aferrarse más y más para que continúe tocándole así. Ambos miembros se rozaban mutuamente demostrando que no se saciarían tan rápido. Suspiros en sus nucas y tensión en el rostro del menor cuando la mano de su compañero comenzó a palpar con los dedos su entrada. Planeaba aprovechar el escurrir del agua para que sus resbalosos dedos le prepararen correctamente ese área, de pie la posición podía resultar un poco incómodo pero debía soportarlo un instante.

Guillermo mantuvo su cuerpo apoyado al de Samuel en un abrazo cuya vista a un delicioso cuello lo dispuso a desbordar de marcas de besos mientras se dejaba preparar en su zona trasera.

- Se ve que lo disfrutas – acompaña con una risa el menor y presiona con sus dedos la fornida espalda de su compañero cada vez que pequeños espasmos se unían al juego junto a esa incorporación de dedos que iba sintiendo en movimientos circulares que lo desconcentraban.

- Si, pero parece que más lo estás disfrutando tú –responde cerca de su oído introduciendo con menos sutileza dos de sus dedos con una mano mientras que la otra masajeaba con excitación su trasero.

Le estaba costando mantener el equilibrio al que estaba siendo atendido de esa forma, cada vez que esos dedos se frotaban en su interior y se introducían con fuerza no podía evitar morder sus labios y arquear su espalda. Sus piernas temblaban con los músculos que se tensaban sin poder culpar al frío del agua, recordaba que la primera vez que su cuerpo experimentó la penetración de lo ajeno le había dolido hasta acostumbrarse, en este caso algo tan simple como dedos ni notó la incomodidad al principio y no tardó en desear que llegue a lo más profundo. Lo único que tenía en su mente era la indecencia de unirse con esa persona, no quería sonar impulsivo y detener el trabajo que se molestaba en hacer Samuel para no hacerle daño. En todo caso no necesitaba decir absolutamente nada porque su cuerpo era lo suficientemente sincero para delatarse solo.

- No muerdas tus labios tan fuerte, te harás daño – Samuel con su mano libre toma del mentón a Guille y observa ese lascivo rostro que luchaba por mantener la compostura. Él se encontraba en igual término pero lo disimulaba mucho mejor aunque ciertos suspiros y apretón de dientes los provocaba inconsciente. Prosiguiendo a introducir hasta un tercer dedo y deleitarse con un gemido que se expulsó en su rostro, hizo retroceder un paso a ese apetecible muchacho para que su espalda chocase contra los azulejos y salvajemente metiera dos dedos de su otra mano en su boca.

- ¡Mng…! – se llevó una gran sorpresa cuando su voz se interrumpió y lo primero que reaccionó a hacer fue tratar de quitar su mano de allí pero cuando Samuel le miró con seriedad como si esperase a que hiciese algo, eligió comenzar a lamerlos cruzando miradas con él provocativamente.

Se estaban volviendo más y más obscenos pero entre ellos podían permitirse lo que sea pero esa obscenidad los llevó al límite de lo impensable, era suficiente, ya no aguantaban los toqueteos aunque tengan su utilidad. La ansiedad los consumía y se iban a terminar lastimando si no avanzaban al final, con lastimar se refería a esas lamidas de dedos que se transformaban en mordiscos y esos dedos en aquella parte trasera que se introducían casi en su totalidad cuyo masajes ya perdieron cuidado. Lo siguiente, deprisa y brusco, Samuel quitó sus dedos que abandonaron el cuerpo de Guillermo de ambas cavidades y cerró la llave de agua. Sin siquiera tomar alguna toalla para secarse, sostuvo de la muñeca al morocho sin darle explicaciones y lo arrastró fuera del cuarto de baño. Un camino de agua se dispersó por el suelo de la oficina a la par que se dirigían a la habitación que quedaba en zona opuesta al baño.

- ¡Hey! Espera, que ni nos hemos secado, cálmate – por poco y hasta tropezaba de la impotencia de su compañero que hizo abrir la puerta y a empujones lo ingresó a la habitación.

No había nada de especial o diferente en esa habitación que la diferenciase de las demás, tal vez un poco, era espaciosa, con una cama que se veía cómoda a la vista y Guillermo lo corroboró cuando cayó sobre la misma con el último empujón que sintió y al volver a la realidad observó ese cuerpo desnudo que lo acorraló analizándolo desde arriba. Podía moverse con tranquilidad pero al mismo tiempo no podía, estaba pasmado con esa vista que lo devoraba sin tocarle, con esas gotas que le escurrían y chocaban contra su propia piel y el colchón. Tragó saliva con dificultad con un latir en su pecho tan potente que parecía que su corazón se saldría o se detendría del abrupto esfuerzo, todo era impaciencia, ansiedad, pérdida de control…

- No pidas que me calme, no puedo hacerlo – suspira constantemente y toma con más calma la palma de Guillermo para colocarla sobre su pecho – así me siento.

Guille podía captar que sus latidos se descontrolaban como los suyos y comprendió la sintonía en la que ambos se hallaban, no todo era saciarse corporalmente, ni en su primera vez lo vivieron así como ahora… Y en ese momento, expuestos por completo, el muchacho extendió sus brazos y separó un poco su espalda de las sábanas para atraparlo y acercar sus labios con los suyos.

El contacto ininterrumpido de los labios que se succionaban y provocaban sonidos salivosos no disminuía para nada el calor del encuentro, un beso apasionado puede hacer arder y cruzar la delgada línea de control que mínimamente se tensaba entre ellos y así sucedió a cada roce de sus lenguas y mordidas que en asunto terminaban de adormecerse.

- Samuel –emite su llamado entre suspiros de anhelo –apúrate…

Eso bastó para que, quitándose encima, el líder se abalanzara hacia un lado para querer dirigirse a una de las mesitas de noche y abrir los cajones para la búsqueda de esos elementos indispensables para toda seguridad en el sexo. Tal vez el lubricante no hacía mucha falta para Guille ya que le había otorgado una buena lubricación en la ducha pero los condones en ocasiones como estas eran importantes. Sin embargo, cierta persona optó por interrumpirle dicho plan.

- No – Guillermo le sujetó de su brazo y lo jaló nuevamente al medio de la cama para recostarlo en vista al techo y prosiguiera a sentarse sobre su vientre – quiero hacerlo así – admirando el asombro de su mojado compañero relame sus labios tomando el miembro que se escondía detrás de él y rosaba sus nalgas – estoy limpio, házmelo directamente – masajea el caliente miembro entre sus dedos y aguarda impaciente a que le diera una respuesta afirmativa.

Y para Samuel fue como si un interruptor de lógica se hubiese apagado, esa inquietud que veía en Guillermo, ese cuerpo tan codiciado por él que lo tenía en bandeja de plata, esa expresión que lo enloquecía digna a enmarcar, era una persona muy atractiva, siempre lo pensó pero ahora lo tenía hechizado por completo. No le brindó respuesta, dejaría que su cuerpo hablase por su cuenta y lo descarrilara a la lujuria absoluta. En el acto seguido, sostuvo sus caderas y elevándolas con ligereza le volvió a mirar.

- Introdúcelo tú – le indica aprovechando que era su compañero quien sostenía a su miembro viril, si así lo deseaba entonces, pese a que se muera de vergüenza, tenía que hacer eso si no quería usar la protección. Únicamente quería apreciar su expresión cuando lo hiciera.

- No me subestimes – con un sensual tono de voz procede a colocar la punta en su entrada y toma aire profundamente para intentar introducirlo lentamente.

Como el plan de Samuel había sido cambiado por ese intrépido muchacho, se le vino en su mente una pequeña venganza que seguramente ambos disfrutarían mejor, su cuerda actitud pasó a segundo plano y le divertía ver cómo se estaba esforzando ese chico por ir con cuidado a ser penetrado pero ya no había sitio para la espera, si no se apresuraba su ímpetu y emoción disminuiría por lo que optó a la curiosidad de saber “qué pasaría si…”

- No te subestimo, pero eres bueno en encenderme de esta forma, debes hacerte responsable – quitó la mano de su compañero con agilidad y nuevamente apoyando sus palmas en su cadera llevó con fuerza su pelvis para que impactara con la suya en un choque que produjo que el mayor ingresara de una estocada en su totalidad.

- ¡Aaah! – Guille gimió potente resonando su voz entre esas cuatro paredes y su cuerpo se sacudió en un espasmo que nubló su vista, no pronosticó una invasión tan brusca por lo que perdió todo dominio y su cuerpo le traicionó al contraerse de placer. Pequeñas gotas de semen se escurrieron de su propio miembro, sin dejar de temblar creyó que eso sería algún motivo de burla venirse tan rápido, no fue la particularidad.

Evitando que cosas ocuparan espacio en la mentalidad de Guillermo y continuando con la ventaja de que estaba en ese éxtasis que compartían, Samuel apretó con brío sus nalgas en el agarre y sin detenerse penetró incesantemente una y otra vez ese trasero con la más profunda capacidad de lo que su miembro podía llegar a adentrarse.

- ¡Espera! ¡No tan fuerte, que me estás dando en… Aah! – quería decir que aquel punto sensible en su interior estaba siendo tentado con esas profundas estocadas que le quitaban el aire, ya no podía hablar con claridad, su voz salía en forma de gemidos y quejidos sofocantes. Se acostumbró muy deprisa e involuntariamente a cada golpe que se introducía y sus caderas chocaban en sincronía él también movía las suyas.

- Mmm… Sostente de mis manos – levanta sus manos para que las tome con las suyas y entrelace sus dedos así le serviría de apoyo para continuar moviéndose.

Con ese soporte y pudiendo tocar esas cálidas palmas, Guille las presionó con ahínco logrando que hasta sus dedos se pusieran rojos pero le ayudó a no perder el equilibrio y se sentara con mejor predisposición sobre su amado. La posición lo apenaba al punto de enrojecer su rostro pero eso podía confundirse tranquilamente a la elevada temperatura, deseaba que así lo interpretara el compañero bajo suyo.

Estaban inundando la habitación de sonidos lujuriosos, choque de caderas, gemidos, suspiros, viscosidad de sus líquidos y lo gozaban como nunca antes lo habían hecho. Sin detener el contacto de sus manos, Samuel se levantó de su horizontal estado y se abalanzó sobre Guillermo, le brindó un segundo de descanso sin llegar a considerarse como uno. Su pelvis reanudó su entusiasta penetración contemplando con mera cercanía un rostro qué, sumado a que ya estaban mojados por la ducha, el sudor, las mejillas rojas y un cabello despeinado que se pegaba en partes de su frente resultaba ser una imagen que aumentaba las ganas de venirse en su interior.

- Guillermo – suspira y apoya sus labios en su oído – me voy a correr ¡Ngh! – intenta soportarlo unos minutos pero era imposible, las contracciones que sentía en su parte baja no le beneficiaba al control.

El menor rodeó con sus piernas su cadera para no permitirle que quisiera correrse afuera, obtendría absolutamente todo de él además de que casi actuaba por instinto con la idea de sentirlo directamente.

- ¡Hazlo adentro! – exclama abrazándolo y clavando sus uñas en su espalda sin notar que le hacía daño - ¡Aah! – continuó gimiendo en su oído, comprimía con fuerza el miembro en su interior con aquella electricidad que erizaba sus vellos y su vientre ardía en espasmos con sensaciones que no diferenciaba si eran orgasmos o su cuerpo ya se había vuelto lo suficientemente libidinoso para correrse ya perdiendo la cuenta que al parecer venía haciéndolo desde el comienzo.

Las embestidas se potenciaron en velocidad, si ya venían siendo rápidas estas últimas fueron más certeras y salvajes, menos mal que la cama era resistente para estos dos hombres sedientos de placer. Siendo el turno del líder en aliviarse, mordió la apetecible clavícula del menor y se contrajo en un gemido que ahogó en su garganta. Cuando se detuvo en una última penetración se corrió en un temblor que lo dejó sin fuerza.

- ¡Samuel! Aah… Aaah – Guillermo sentía ese cálido líquido escurrirse por las paredes de su interior. Estaba tocando el cielo o vivía en un sueño, no podía compararlo, creía que su primer encuentro sexual no se iba a superar pero se equivocó, este placer se multiplicó.

Sus corazones latían a mil, les faltaba el aire y lucían como si hubiesen corrido una maratón pero eso no les interrumpía de unir sus labios ahora con calma, lento y tomando bocanadas de aire en cada corta separación que lograban. No querían alejar sus cuerpos todavía, se mantuvieron unidos y Guille poseía la energía de continuar enredando sus piernas y presionar la cadera de Samuel para que su miembro no saliera de él, un poco más… solo quería sentirlo con más tiempo. Y sus besos avanzaron sin palabras de por medio, la tranquilidad de solo escuchar el esfuerzo de respirar por sus narices y sus bocas saborearse les bastaba. Minutos después, se separaron, el menor se quedó en su posición respirando profundamente y tocando el semen desparramado en su vientre, lo primero que se le ocurrió fue tratar de limpiarlo con la sábana, luego podían lavarse. El líder se recostó a un lado con una mano apoyada en su cabeza y un subir y bajar de tórax que pausadamente se fue relajando con el merecido descanso.

Ambos se tranquilizaron, quedaron exhaustos y a la vez como si hubiesen vuelto a nacer, necesitaban esta descarga de emociones. No significa que con el sexo se sacaran ventaja de aliviar el estrés que llevaban, sobretodo por el líder, fue un factor que le ayudó a entrar en calma pero lo principal era darse un instante para ellos. Poder pausar los problemas y ser dos personas que se aman y se dan amor. Suena cursi decirlo así, o no, a muchos les apena el tema del amor, Samuel no era la excepción, le apenaba sentirte tan vulnerable por un muchacho que no tenía tanto significado como lo tenía ahora. Parecía un tonto con una sonrisa que se atribuía al mirar de reojo a ese chico que se levantaba hecho un desastre y gateaba despacio a su cercanía.

- ¿Estás bien? – pregunta el líder sin moverse de su lugar.

Guillermo no le devolvió una respuesta, recobraba su aliento a cada centímetro que disminuía, no obstante, su silencio no tenía vinculación a su falta de oxígeno. Ninguno de los dos estaba lo suficientemente escasos de energía como para caer rendidos o desmayados hasta el otro día…

- Yo lo estoy, ¿tú lo estás? – responde finalmente apoyando sus manos a cada lado de su cuerpo, fue su turno de acorralarlo y le observó con una expresión que escondía intensiones que se revelaban simplemente con su mirada.

- Mmm – sonríe y levanta su mano para acariciar con sus dedos la marca de dientes que le dejó en su clavícula - ¿quieres una segunda ronda? Por mi está perfecto – eleva una ceja e intercambian mismas expresiones con el significado de que claramente hablaban en el mismo idioma y deseaban lo mismo.

Acto seguido el rumbo de los sucesos se vieron un poco alterados, pero no extraños, quizás la palabra a escoger sería “inesperado”. Guillermo se mantuvo en su puesto superior, con ambas piernas atrapando la cintura del mayor pero no descendió en ninguna ocasión su cuerpo, solo lo hizo con su rostro para dispersar cortos besos por toda la cara de Samuel, como un juego divertido para sacarle sonrisas y él hiciera lo mismo aunque él prefirió tomar una de sus manos y besarla por toda su extensión. Parecía un acto de devoción eterna.

- ¿Te siguen doliendo tus heridas? – besa el corte en su mano.

- No te preocupes, ya no – susurra continuando con la ternura de sus besos.

Lo tierno finalizó deprisa cuando la excitación renació en ellos con la oportunidad de ir a una segunda ronda… ¿qué posiciones podrían hacer? Samuel imaginaba mil escenas en su cabeza y llevaba el ritmo automático de pasar su lengua por todo el cuello de su compañero, se estaba perdiendo más en imaginar qué hacerle en lo que iba haciendo en la realidad aunque estaba consciente de los pasos que realizaba. No estaba al tanto de las acciones de Guillermo que era lo importante…

El cajón a un lado de la cama se había abierto con un brazo que había extendido el menor y sentía pequeñas succiones en el área de su pecho cuando lo hizo. La lengua lamer por sus pezones le estaba brindando un potencial placer que benefició a que su miembro volviera rápidamente a elevarse. Pero la imaginación de uno se oponía a la del otro, la segunda ronda era lo único que compaginaban pero la trama en sucederse… no. Del peculiar cajón Guillermo había sacado el lubricante y los condones que anteriormente Samuel iba a usar pero no sucedió, el pequeño envase y la caja cayeron a un lado del rostro del acostado líder que lo despertó del trance que se encontraba para observar a los respectivos objetos de manera confundida.

- ¿Quieres usarlos ahora? – pregunta extrañado que se decidiera a sacar esos elementos que pensaba que ya no venían al caso utilizarlos, a no ser que no quiera que se corriera de nuevo adentro y podía comprenderlo.

- Se ve que lo has usado antes – sostiene el lubricante y lo observa notando que su contenido llegaba a su mitad – has traído a varios en esta cama ¿verdad?

- ¿Qué? – Se asombra que se fijara en un detalle como ese y se ríe tratando de no sonar grosero si no a que la situación se volviera graciosa – Bueno, esta es mi oficina, no traería a tantos para exponerme tan fácil pero admito que han venido algunos para continuar con la diversión del club, ya sabes que esto está continuo a ese lugar. Pero estaban tan borrachos siempre que ni recordaban haber venido, solo fueron noches locas. No ha pasado nada de eso desde que apareciste… ¿eso te molesta?

Guillermo sonrió y solamente abrió con la uña de su pulgar la tapa del lubricante. Con una actitud predominante apoyó su palma en el medio del pecho del líder y le miró como burlándose o buscando una venganza.

- Imaginarme que hayas estado con otros no es una bonita imagen pero no puedo enojarme por eso, cada quien ha tenido su pasado y es normal divertirte con esos encuentros. Pero mi duda es… ¿siempre tuviste la misma posición? Hablo de… ya sabes… ser quien domine.

¿A qué quería llegar sacando un tema como ese? A nadie le agradaba tocar sucesos de acompañantes del pasado y menos si se habían desarrollado en la misma cama ¿pero por qué Guillermo estaba tan curioso y lo observaba tan analizador?

- ¿Ser quién domine? Pues claro, creo que es más satisfactorio cuando te adentras en otro cuerpo… - nota nerviosismo - ¡pero no pienses que los de antes hayan estado mejor o los prefiera si eso quieres saber, estar contigo no puede compararse con nadie, es contigo con quién me he sentido de la mejor manera que nunca pensé que ocurriría! ¿Es por eso que me preguntas estas cosas? ¿Estás celoso por esos sujetos? Si eres el primero por el que siento cosas…

- Tranquilo – suelta una risilla al escuchar el malentendido y verlo desconcertado, los celos no eran el problema – entonces no sabes lo que yo siento cuando entras en mí, me alegra saber que puedo tomar eso de ti…

- ¿Qué cosa? ¿A qué te refieres? –

Sin llegar a aclararse todo este revuelto de palabrerías, Samuel se daría cuenta de lo que se estaba refiriendo su compañero, no quería sacar una escena de celos a flote. A lo quería enfocarse se relacionaba a la posición ejercida de someter al otro, saber si experimentó con otros hombres el cambio de roles. No importaba si no era su primero en todo pero saber que podía ser el primero en algo así lo alegraba en parte y daría rienda a la acción, porque él también quería saber cómo se sentía el calor interior de la persona que amaba, no significaba que no le bastara con el sexo que tuvieron minutos atrás y mucho menos querer tener más poder o dominio. El sexo entre hombres no se basa en roles específicos ni que uno parezca tener la experiencia necesaria para mantener una posición en concreto y no salir de la misma, uno experimenta y lleva su cuerpo a distintos estados para gozarlo, sentirse bien y eso se lograba dando uso a ambos lugares.

El confundido que seguía de espalda en la cama se apoyó sobre sus codos para inspeccionar la vuelta de eventos que estaba a la mano de su guapo compañero que sin una pizca de cortesía o permiso o un simple comentario que le informara de su intensión apretó el contenido del liquido lubricante que se escurrió por su entrepierna con el trabajo de posterior a tratar de abrir sus piernas.

- ¡Hey! ¡¿Qué haces?! – Alarmado se impulsa hacia adelante sentándose y tomando de la muñeca de Guillermo que había dado un impulso para querer tocar su entrada.

- ¡Déjame hacerlo! – desvía su mirada entre una mezcla de enojo y pena por animarse a jugar con fuego, tenía la confianza y el poder suficiente para arriesgarse a cualquier locura con esa persona ¿pero llegar a algo así tenía permitido?

- ¿Vas a violarme si digo que no? – Se ríe sarcásticamente y acerca su rostro al suyo - ¿sabes cómo hacerlo? ¿Ya tienes experiencia en eso?

- Obvio que no – le mira fijamente a los ojos muy decidido – pero quiero saber cómo se siente, y quiero hacerte sentir bien. Si yo lo he disfrutado entonces tú también lo harás…

Samuel suspira y se acomoda mejor para posicionar sus piernas a cada lado del cuerpo del menor en una abertura que le daba la facilidad de que ambos pudieran tocarse mutuamente. Con su mano derecha sostuvo el miembro de Guille para frotarlo lentamente y dejó su otro brazo de soporte sobre el colchón, inclinado señaló con sus ojos hacia su zona inferior para que captara el mensaje. No estaba enojado para nada, lo estaba invitando.

- Entonces… mnh – de nuevo su respiración se volvía errática al sentir esa mano masturbándole como sabía hacerlo tan bien.

- Anda, sigue, hazlo como te lo he hecho yo, ve con tus dedos hasta llegar a un tercero, a ver que tanto has aprendido conmigo – presiona con su índice la punta de la erección del excitado muchacho que tembloroso por aguantar prosiguió a acercar su mano en la entrada.

- Pero no me hagas venir hasta que pueda prepararte – sería difícil siendo masajeado de esa manera pero por el silencio que tuvo de respuesta ya sabía que mejor tenía que lograrlo y soportarlo. Como un juego de quien aguanta más parecido a los que se sometió con él en el pasado.

Guillermo se esforzó introduciendo sus dedos y se aseguraba de suavizar con cuidado la zona, captaba como Samuel afligía su rostro de la incomodidad pero no se quejaba, era normal que sea molesto al principio pero debía demostrarle que se sentiría bien como había hecho con él. Las ansias de embestir ante la tentación ahora podía entenderlo mejor, cuando notaba la impaciencia que tenía el castaño que lo miraba como un animal sediento ahora lo vivía en carne propia.

- Mete tus dedos más adentro… - toma aire – encuentra mi punto para relajarme.

Le daba indicaciones que no tuvo tiempo de conmoverse, le obedeció al pie de la letra para encontrar su próstata y realizar lo que le pedía. Sus dedos presionaron circularmente en la zona que creía certera, admiraba las expresiones que obtenía de esa persona que a nadie nunca le había mostrado, esos ojos que se presionaron con fuerza y quejidos dolorosos que de a poco se volvieron placenteros fueron como una ilusión.

Samuel soltó el miembro de Guillermo y se recostó nuevamente ocultando su rostro con su antebrazo, permitirle cruzar el límite con su cuerpo a ese muchacho sería una broma para su “yo” del pasado. Debía admitir que la cuestión de dejarse follar, hablando informalmente, no se la permitió a nadie no porque no sea placentero, las sensaciones de un lugar tan sensible como ese agregando a que todos disfrutan cuando luego son penetrados resultaban obvias en prácticas del mismo sexo. Pero en su caso era su actitud dominante, seria y violenta que le daba rechazo a rebajar su lugar. Como se había dicho antes, no es cuestión el rol de dominar o ser dominado que le da el papel a alguien, uno puede ser fuerte y ser el líder de cualquier organización y eso no significa que perderá orgullo por algo como esto. Ya lo entendía y las ansias de ver a Guillermo tan deseoso no lo retractaban para nada de su elección de una segunda ronda distinta. Dejaría que el inexperto tomara su primera vez, la de ambos, en posiciones opuestas.

- Ya métela – incitó con una mirada ahogada de una impaciencia y ayudando al reprimido chico que tenía suficiente con la dilatación que tanto se esforzaba – está bien así…mmm.

- ¡Si! Voy – rápidamente quita sus dedos y abre los paquetes de condones deslizando uno por el largo de su erección. Sus manos temblaban y no podía evitarlo.

- Calma, no estás desactivando una bomba – se ríe el castaño inevitable de tomarse muy en serio todo lo que sucedía, pero le encantaba verlo.

- No te rías, hay una primera vez para todo… - finaliza de colocárselo y se arrima sobre el fornido muchacho que lo esperaba y calmaba su risa.

- Bien – con una cálida sonrisa lo rodeó con sus brazos- ¿entonces qué sigue?

- Mmm – piensa – lo haré despacio, déjame todo a mi – responde con aires de soberbia y poniendo en manifiesto el seguir con las bromas.

No le permitió una risa u otra broma de regreso, sus labios se unieron con agresividad y lentamente Guillermo colocó la punta de su miembro en la entrada del mayor que se tensó al mero toque y eso le dificultó al primer empuje. Con el calor de sus lenguas tocarse, se relajó lo suficiente para que lograra ir haciéndose paso a lo desconocido. Se adentró al interior siendo apretado y rechazado al principio obviamente, pero no lo detuvo…

- ¡No te detengas mng!… - mordió en su hombro soportando el nuevo dolor, lo quería afuera pero se dejó llevar con lo de “se siente bien una vez te acostumbras”, le costaba respirar con normalidad, por un segundo quería maldecirse al permitir este cambio de situación.

- Un poco más… - preocupado por no lastimarlo se apresuró al ingresar completamente y así volvieran a juntar el aire que les faltaba. “¿Así se siente estar adentro de alguien?” Resonaba en pensamientos y no podía creer lo bien que se sentía, esa calidez y cómo era apretado por aquellas paredes interiores…

La primera vez en que una persona entraba en él, Samuel sintió un dolor desagradable pero se volvió uno con la persona que quería de una forma totalmente nueva. Cuando había tenido sexo por primera vez con ese muchacho y la sensación de estar atrapado por telarañas surgió en su mente, atrapado por toda su esencia, toda su presencia, su existencia, debió considerarlo como una advertencia en ese momento. No porque fuese algo malo, si no porque se dejó devorar completamente por la araña que la había tejido y no lo notó, no lo notó hasta ahora.

Con una mirada más pacífica y limpiando el sudor de la frente de Guillermo, apoyó sus labios y besó en la misma como si fuese una marca de demostración de amor y protección.

- Aahh – suspira el menor aliviado y estremecido - ¿Cómo hiciste para no correrte tan rápido? Siento que ya lo haré…

- No sabía que era tan increíble mi interior pff…- Samuel y su incontrolable risa destrozó el romanticismo que los envolvía pero estaba bien porque luego se escuchó otra risa que lo acompañó.

¿Dónde había quedado la persona seria, violenta, aterradora, sádica? Seguía existiendo, la diferencia era que estaba con la persona que amaba, no tenía que actuar ninguna faceta y con solo una sonrisa mutua que hablaba por sí sola y el agarre que no los separaba ni un milímetro prosiguieron a su unión que marcaría el mejor recuerdo de sus vidas, el día que se expusieron en todos los sentidos y desafiaron lo impensable. Todo se transformó en una felicidad momentánea en éste mundo reducido, un mundo donde todo estaba permitido y lo conformaban solo dos personas, un mundo sin lugar al frío, sin lugar al sufrimiento, aunque pronto debían abandonarlo.

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Buenasss… perdón la demora, he estado muy ocupada pero aquí estamos! , en este capitulo solo me enfoqué en este gran encuentro tan importante como todas las situaciones vividas, más allá de lo suculento del sexo xP quería que vean algo totalmente desenvuelto a una unión sin etiquetas, que no se divida en posiciones especificas o un “un día entrego yo, otro día tú”, si no que puede pasar todo en una misma noche y disfrutarlo, reírse, ser sexys y tontos, que comprendan que algo así de especial se reduce en un mundo donde todo está permitido :) . Gracias por leer! <3 espero lo hayan disfrutado <3 . haré lo posible de actualizar en poco tiempo aunque se me complica, pero como dije “haré lo posible” porque quiero que sepan que pasará en lo siguiente, que pasará con Alex y Staxx de lo último y más aún toda la pelea final que le dará cierre a la historia en los capítulos más adelantados :) besooss

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Una mujer criticada por decir que no necesitaba el feminismo porque creía en la igualdad, se mea y se caga en el feminismo del siglo XXI usando argumentos…

A esta no la pueden llamar “meninista” para escurrir el bulto :D

Enviado por ryoga.

SUCIO 2: MACHOS ALFA

CAPÍTULO FINAL

Habían pasado más o menos 5 años desde aquello, y Samuel no había permitido que se le olvidase nunca. Tampoco es que lo recordara a diario como una enfermiza forma de torturarse a si mismo, pero si que lo tenía presente siempre, quizá por el remordimiento que aun le causaba a pesar de haber tenido la oportunidad de pedir perdón. Probablemente también era para tener siempre presente que aquella había sido una de las más grandes estupideces que había cometido en su vida.

Daniel había sido un chico bueno que había tenido la mala fortuna de fijarse en él, cuando él era el mayor imbécil que hubiese parido el mundo. El pobre chico no había cometido más error que ese, poner su mirada en alguien que no lo merecía y confiar. Se había convertido en la broma más cruel, que la mente de un chico de 17 años con una forma de pensar ignorante hubiese podido  crear… y se salvó por muy poco de no poder salir del abismo depresivo al que aquel chico tonto lo había arrastrado con sus acciones.

Samuel recordaba vívidamente como aquel chico alegre, de mirada brillante y rostro resplandeciente, se volvió un chico sombrío y de aspecto demacrado gracias a él. Samuel le había hecho creer que también estaba interesado en él, lo había hecho ilusionarse, lo había hecho pensar que aquel que a leguas se notaba era su “primer amor” era totalmente correspondido ¿y para que? Solo para poder burlarse de él frente a toda la escuela, solo para humillarlo, solo para hacerle saber a él y a todo el que escuchara, que el asco que le causaba jamás le permitiría fijarse en él, porque claro, Samuel era un hombre de verdad y un hombre de verdad jamás estaría con otro, con un “asqueroso homosexual”.

A veces no imaginamos las vueltas que va a dar la vida, como cada una de nuestras acciones se regresa, como al final el karma inapelablemente siempre nos alcanza. Nadie en su sano juicio hubiese pensado, que unos cuantos años después, Samuel terminaría enamorado precisamente de otro chico y que ese amor que lo había hecho pasar los mejores momentos, también estaba a punto de cobrarle con lagrimas sus errores del pasado.

Y es que probablemente el hecho de haber podido pedir perdón no había sido suficiente. Había visto a Daniel varios años después de aquel suceso en la secundaria y había sentido la imperiosa necesidad de disculparse, Samuel ya estaba en la Universidad para ese entonces, de hecho acababa de conocer a Guillermo unos días atrás de encontrarse con Daniel y probablemente sin darse cuenta, Guillermo ya había logrado un cambio en él… pero quizá era un poco tarde. Por supuesto que Daniel lo perdonó porque las almas buenas a veces se salvan de la maldad de lo demás y Samuel se alegró muchísimo de verlo feliz y enamorado nuevamente de alguien que a leguas se notaba que si correspondía sinceramente a su amor. Pero muchas veces el perdón de los demás no es el que necesitamos, en ocasiones debemos aprender a perdonarnos nosotros mismos.

…………………………………

Para Guillermo ya había sido suficiente. Escuchar aquella conversación entre Samuel y su amiga Anna, no era ni de cerca lo que había imaginado al ir a ver a su novio a la habitación. Había imaginado todo arreglándose, todo tan color de rosa, todo tan bonito, que ahora se sentía completamente ridículo. Se alejó de ahí porque ya había escuchado suficiente. Había descubierto una parte de Samuel que no conocía y que hubiese preferido nunca conocer.

El aire frio al salir del edificio le dio en la cara como un par de bofetadas. Ya era octubre e incluso el clima parecía ponerse de acuerdo con la situación para tornar todo incluso más deprimente. Guillermo se alegraba de que a esa hora y gracias al clima, fueran pocas las personas que se encontraban en los jardines, pues quien sabe en que momento las lagrimas se habían empezado a escurrir por sus mejillas. No sabía ni siquiera porque estaba llorando, lo único que sabía es que no podía dejar de hacerlo. Tallaba su rostro con la manga de su sudadera casi empapándola y el llanto parecía no terminar.

Se sentó en una de las bancas cercanas a la entrada del edificio y aquel claramente no era el mejor lugar para esconder sus lágrimas de quien pasara, pero tampoco se había sentido capaz de seguir caminando, con la vista borrosa y las piernas temblando. Llevaba ahí apenas unos 5 minutos quizá, cuando sintió que alguien se acercaba a él.

–Supongo que ya estarás contento – la voz de Anna lo hizo levantar el rostro de pronto y ahora la ultima persona que hubiese deseado, lo estaba viendo llorar.

–Lárgate de aquí – Guillermo no estaba en capacidad de ser amable y menos con ella, aun así tampoco tenía ganas de gritar o pelearse con ella en ese momento – nada de lo que tengas que decir me interesa, así que solo déjame en paz – la chica se acercó a él a pesar de sus palabras.

–A mi tampoco me importa lo que tu quieras, y voy a hablar te guste o no. Has arruinado a mi mejor amigo, lo has jodido en serio y ni siquiera te ha importado pensar en él y en el daño que le harías. Tu estás acostumbrado a esta vida, el no se imagina ni siquiera en lo que se ha metido, solo espera que se de cuenta la asquerosa vida de rechazo que le espera y terminará por mandarte a la mierda.

Anna no esperaba ninguna respuesta por parte de Guillermo, pues claramente no se trataría de una respuesta amable. Dijo lo que tenía que decir y se marcho dejando en Guillermo un millón de dudas y no es que ella lo hubiese hecho dudar, es que él venía dudando desde hace mucho tiempo.

………………………….

Samuel estaba necesitando ver a Guillermo casi con desesperación y es que incluso el hecho de respirar cerca de él había adquirido la capacidad de calmarlo, era como sentirse en casa, era como tener la certeza de que todo a su alrededor podía derrumbarse, pero mientras se encontrara con Guillermo, todo iba a estar bien ¿desde cuando se había convertido en una persona tan importante para él? ¿Desde cuando había adquirido la capacidad de enloquecerlo de esa manera? Abrazarlo y respirar en su cabello era lo único que necesitaba para sentirse bien.

Tenía aproximadamente 1 hora sentado en el piso a un lado de la puerta de la habitación que antes compartía con Guillermo, con las rodillas encogidas y las manos en el rostro, tan metido en sus pensamientos que ni siquiera se dio cuenta cuando el chico al que esperaba ya estaba de pie a un lado de él.

–¿Qué estás haciendo en el piso? – Samuel sintió como su corazón le empezaba a golpear en el pecho con el solo hecho de escucharlo hablar. Levantó la mirada y al observar el rostro de Guillermo sintió como algo se rompía en su interior.

Frente a él no estaba el chico alegre que había visto los últimos días, sus ojos estaban llorosos y su rostro enrojecido. Se levantó de inmediato quedando justo frente a él, se dio cuenta como giraba el rostro esquivando su mirada y supo que era tiempo de preocuparse de verdad. Guillermo entró a la habitación dejando la puerta abierta a su paso. Al menos pudo darse cuenta que no iba a evitarlo esta vez.

Samuel no sabía que decir. Se daba cuenta claramente que las cosas estaban mal, pero no sabía exactamente porque. Lo que hubiese dicho Anna no tenía mayor relevancia para él, sabía perfectamente que Guillermo era lo más importante para él, que nada lo haría pensar lo contrario y que no le importaba todo ese rechazo que Anna aseguraba que caería sobre él. Si Guillermo quería estar con él todo iba a estar bien

///// https://www.youtube.com/watch?v=AlwnQXoxoQc ///// Dido – Here with me

–Guillermo, yo…

–Quiero que esto termine

Un zumbido y fuerte, ensordecedor fue lo único que Samuel pudo distinguir después de aquello que Guillermo acababa de decir. De forma casi inmediata empezó a respirar  agitadamente y el dolor punzante en su pecho se hacía más fuerte con cada segundo.

–¿Qué fue lo que dijiste? – preguntó temeroso y es que sabía perfectamente que es lo que había escuchado, pero estaba deseando ver en el chico frente a él una sonrisa de burla, algo que le hiciera saber que aquello se trataba de una broma, una muy mala y cruel pero broma al fin, algo que lo tranquilizara. No hubo nada de eso.

–Creo que me escuchaste bien… esto, tu y yo… tiene que terminar ahora – no había titubeos en la voz de Guillermo y Samuel soltó probablemente todo el aire que tenía en los pulmones recargándose en la pared a un lado de la puerta, sentía que estaba mareándose y que el tiempo iba angustiosamente lento.

–¡No! – exclamó, porque eso era justamente lo que tenía para decir. No iba a aceptar que lo que tenían se terminara, no iba a aceptar una vida en la que Guillermo no estuviese con él ¿Por qué? ¡Aquello no era malditamente justo!
Como si se tratara de una película, varios recuerdos empezaron a agolparse en la mente de Samuel desde el momento en el que había conocido a Guillermo.

“Se perfectamente lo que eres tu ¡Maricón asqueroso! Podrás sentir que controlas a todos aquí, pero conmigo te has topado con una pared y solo quiero aconsejarte que mantengas tu puta mariconería alejada de mi, porque si te atreves a intentar algo conmigo, voy a arrancar tu maldita polla de homosexual”

Algunos recuerdos eran menos agradables, pero probablemente nada de lo que había sucedido lo cambiaría por otra cosa. Ambos habían sido hirientes al principio y probablemente todo eso formaba parte del camino que los había llevado a donde estaban en aquel momento, juntos. Ese chico había aparecido en su vida de pronto y la había cambiado completamente, le había dado un sentido diferente y ya nada iba a ser igual si Guillermo no estaba. No tenía derecho a irse ahora

“Solo espero que lo de las duchas lo hayas disfrutado tanto como yo”

Samuel no pudo evitar una amarga sonrisa y probablemente Guillermo empezaba a creer que se había vuelto loco, pero él estaba decidido, estaba todo completa y dolorosamente claro en su mente y en ese futuro ya no se encontraba Samuel.

–Esto empezó mal desde el principio Samuel y lo que empieza mal siempre termina mal.

“Para la próxima deberías fijarte en tíos que tengan tus mismas preferencias Guillermo”

“No se de que hablas”

“Hablo del tío que casi te follas con la mirada”

Guillermo siempre había odiado esas películas donde dos personas que se aman al final terminan separadas por alguna estupidez. Pero ellos no estaba en ninguna película y las razones de Guillermo tampoco eran una estupidez. Iba a ser muy sencillo para los demás cuestionar sus decisiones, nadie iba a ponerse realmente en su lugar. Guillermo ya no estaba únicamente preocupándose por él mismo, no estaba solo pensando en el dolor que le causaría que en algún momento Samuel terminara arrepintiéndose de estar con él, ahora lo que mas le preocupaba era como aquella relación podía afectar la vida de Samuel y no estaba dispuesto a ser él quien cargara con esa culpa.

–¿Qué esto no iba a funcionar? ¡¡¿Y porque piensas que tu tienes la respuesta para todo?!! – Samuel se acercó a Guillermo y este casi lo sintió amenazante

“Creo que ya te diete cuenta que puedes provocar muchas cosas en mi menos miedo”

–No, no creo tener la respuesta para todo, pero ambos sabíamos desde el principio que esto no iba a funcionar. Empezamos de la manera equivocada y esto simplemente no tiene futuro – y con aquello más recuerdos se agolparon en su mente.

“¡Estás malditamente loco! ¿Qué mierda haces? ¿Ahora el hombre de verdad va a follarse a un maldito maricón?”

Los ojos de Samuel ardían y probablemente jamás se hubiese imaginado en una situación como aquella ¿Cuándo las cosas habían cambiado tanto? ¿Él también se había dado cuenta desde el principio que las cosas no iban a funcionar? Probablemente ¿y porque había seguido con algo que ahora no podía frenar? ¿Era tan sencillo para Guillermo? ¿Solo hacía falta decir “se terminó” y eso había sido todo? ¿Así de sencillo? Samuel sentía que estaba perdiendo lo mas importante que tenía, una vez mas estaba perdiendo aquello que se había convertido en su razón, una vez mas estaba quedándose solo ¿lo merecía? ¿En realidad había sido tan hijo de puta que lo merecía?

///// https://www.youtube.com/watch?v=D2m6yrRfS9A ///// Twilight – Edward and Bella – Piano Ballad

“Pienso que tu… terminarás enamorado de mi”

Vaya que Guillermo tenia razón cuando había dicho eso. Probablemente no hubiese podido escapar de aquel sentimiento aunque se lo hubiese propuesto. De alguna manera Guillermo lo había tenido en sus manos desde el primero momento y por más que había intentado negarlo al principio, había sido inevitable no caer. Samuel lo había insultado, lo había menospreciado, intentando borrar algo que claramente ya sentía.

“¿Te sientes mas hombre cada vez que me insultas? Cada que me dices maricón, afeminado y todas esas mierdas con las que se te llena la boca… ¿sientes que tu puta hombría crece mas? No te sientas mas hombre que yo solo porque a ti te gustan las mujeres, solo porque piensas que eres tu quien está actuando de manera ‘normal’ aquí y ahora puedo decir que soy mas hombre que tu porque yo se perfectamente que es lo que quiero”

–Por favor… – Samuel ni siquiera lamentó el hecho de que su voz hubiese salido tan rota y suplicante, así se sentía, hecho mierda – no puedes hacer esto Guillermo, no puedes simplemente acabar con todo ¡No te lo permito! – su impotencia lo estaban llevando a elevar la voz y aquello era algo que no quería. No quería parecer desesperado aunque lo estaba, al menos no quería perder la calma. Alterarse era perder y él no perdía. No iba a perder a Guillermo.

“Tu no sabes cuando debes callarte”

–¿No me lo permites? No estoy pidiendo tu permiso Samuel. No quiero tener que cargar con la culpa de haber jodido tu vida, de haberte “arrastrado a esta mierda” – fue probablemente en ese momento en el que a Samuel se dio cuenta que aquello iba mas allá de un simple enojo por lo que había sucedido en la cafetería. Guillermo claramente lo había escuchado hablando con Anna.

–Tu… nos escuchaste – ni siquiera estaba preguntando, ahora estaba seguro de que los había escuchado, mas aun por la reacción en el rostro de Guillermo al verse descubierto, aunque tampoco es como si fuera algo que quisiera esconder a propósito.

–No estaba intentando espiar si es lo que piensas, pero si, claro que los escuché y me di cuenta que tu amiga puede ser una hija de puta, pero tiene razón en algo… probablemente tu no logras entender aun en que te estás metiendo, así que es mejor terminar esto cuando aun estamos a tiempo, no creo que te sea muy difícil olvidarme, encontrar a alguien mejor que yo.

“Te tiene jodido… sea quien sea el chico al que estás intentando olvidar mientras te follas al tal René, te ha jodido de verdad ¿pero sabes que? Esa mierda de ‘un clavo saca a otro clavo’ no funciona”

–¡¿Qué es lo que piensas tu que es el amor entonces?! ¿Piensas que es algo que se va de la noche a la mañana, en cuestión de días como si se tratara de un resfriado? – las manos de Samuel estaban firmemente cerradas en forma de puños, la tensión era evidente en ambos chicos.

–¿Amor? ¿Cómo el que fingiste sentir por ese chico?… ¿Daniel? – la expresión de Samuel se descompuso por completo. Ese era todo el problema, aquella estupidez que había hecho hace tanto tiempo no iba a dejar de perseguirlo.

–¿Así que de eso se trata todo esto? ¿Tú estás condenándome por algo que paso hace años? ¿Por un error del que me he arrepentido como tu no te imaginas? ¡Estas siendo muy injusto!

Guillermo no sabía cuando había empezado a llorar o probablemente es que no había dejado de hacerlo desde que había empezado afuera en los jardines. Se sentía horrible con lo que estaba haciendo y a pesar de eso sentía que estaba haciendo lo correcto. Muy seguramente el amor no era obviamente como un resfriado que se quita en días, pero tampoco es como si Samuel fuera a sufrir años por él. Para Guillermo quedaba claro que no eran la persona que el otro había estado esperando. Había sido probablemente un error que se encontraran y por un lado se alegraba de poderlo frenar antes de que llegara a mas. Lo que Guillermo no quería reconocer es que él mismo estaba ya tan involucrado que aquello le iba a costar muchísimo poder superarlo.

–No se trata de eso, yo no estoy condenándote por algo que hayas hecho antes de conocerme, pero tampoco quiero que llegue un momento en el que esto se vuelva tan pesado para ti, que no lo puedas sobrellevar, que esto que hay entre nosotros se vuelva un problema y que al final no solamente terminemos alejados, sino que terminemos odiando el hecho de haber decidido estar juntos. Yo no soy lo que tu esperaban para tu vida, de eso puedo estar seguro y si te soy sincero tampoco esperé a alguien como tu conmigo.

“Estás tan malditamente confundido que lo único que puedes provocar en mi es lástima”

Guillermo no hubiese querido que aquello último que dijo se hubiese escuchado de esa manera, pero lo hizo, y fue probablemente lo que Samuel necesitaba para darse cuenta de que aquello había sido todo. A lo largo del tiempo que tenían de conocerse Samuel había llegado a adorar a Guillermo con su vida y claramente estar sin él iba a ser una mierda, pero se daba cuenta que todo aquello ni siquiera se trataba de él, se trataba de ese chico que a pesar de todo seguía desconfiando, seguía pensando que era imposible que él hubiese cambiado y si iba a vivir dudando siempre, si Samuel no era lo que Guillermo quería con él. Definitivamente no debían estar juntos.

Samuel se acercó a Guillermo pensando si aquello sería lo correcto, pero era él quien estaba acabando con todo y al menos eso se lo debía. Estiró su mano hasta rozar uno de los brazos de quien hubiese sido su novio por un mes, por un maravilloso mes que estaba terminando precisamente aquel día. Sintió como Guillermo se estremecía con su tacto y se dio cuenta que seguía sintiendo tanto por él como pensaba. Todo le parecía tan absurdo. Lo jaló sin pensarlo, estrellando su cuerpo con el suyo rodeándolo con los brazos y se permitió perderse en aquella calma que le brindaba respirar en su cuello, sentir el aroma dulce de su cabello y trató de hablar sintiendo como un nudo se formaba en su garganta impidiéndole sacar las palabras con facilidad.

–Quiero que quede claro que esto lo has decidido tú – susurró en cerca de su oído. Guillermo permanecía con los brazos lánguidos temblando como una hoja y sin ser capaz de moverse – nunca has tenido total confianza de lo que siento, a pesar de eso, no existe nada mas que amor en mi para ti – pudo escuchar los sollozos de Guillermo y sus lagrimas empapando el hombro de su camisa – no se de que forma pienses que estás haciéndome un bien alejándote de mi… me estás haciendo mierda con esto Guille, me estás jodiendo de una forma que no te imaginas. Pero si es lo que tú quieres yo ya no voy a insistir, porque me has dejado claro que yo no soy lo que tú esperabas, y ¿sabes una cosa? Tú tampoco eres quien yo esperaba, pero no hubiese podido pedir a alguien mejor.

Se separaron solo un momento y se miraron a los ojos por unos cuantos segundos que parecieron eternos y eso fue todo

……………………………….

Habían pasado ya tres semanas, tres semanas que para Samuel habían sido como un año completo. No había dejado escapar ni una sola lagrima mas desde aquel día, pero aquello era probablemente porque ni siquiera se había permitido pensar en lo que había sucedido o eso quería hacerles creer a los demás, podía engañarlos a todos, pero no a si mismo. Tenía el corazón roto, el alma rota, la vida hecha mierda. A diario se levantaba como en automático y realizaba todos sus entrenamientos simplemente porque no había más. Ya no había alegría en nada de lo que hacía y dudaba mucho que su alegría regresara algún día.

No había podido evitar verlo. Se había topado con Guillermo un par de veces en la cafetería y otro par de veces en la biblioteca. Había sentido ganas de correr a abrazarlo, de suplicarle que regresara con él, pero no veía justo obligarlo a estar con él si no quería. Guillermo se veía mal, estaba considerablemente más delgado y tenía enormes ojeras. No sabía si sentirse realmente mal por aquello o internamente alegrarse porque probablemente si estaba sufriendo tanto como él, probablemente había una esperanza de que cambiara su decisión. Sobra decir que no había hablado y eran Santiago y Lino  quienes se habían convertido en los informantes que servían para que Samuel supiera al menos un poco como es que Guillermo se encontraba y viceversa.

–¿Estas seguro de que esto es lo que quieres? – Lino se encontraba sentado en la cama frente a Guillermo, quien estaba acomodando la ropa en aquella maleta frente a él.

–Claro que estoy seguro ¿no es el deseo de cualquier atleta? ¿Pertenecer al equipo nacional? Esto me ayudará a prepararme para eso. Lo único que lamento es que tu y Santiago dejen de ser parte de mi equipo – Lino sonrió amargamente, casi con molestia, aquella situación que estaban viviendo sus amigos, le estaba afectando mas de lo que hubiese esperado.

Samuel por fin se había convertido en un amigo para Lino, después de casi agarrarlo a golpes tres semanas atrás, cuando se encontró a Guillermo llorando de forma desconsolada, había corrido como una bestia a reclamarle a Samuel por haber hecho sufrir a su amigo. Cuando se enteró que había sido precisamente al revés, casi sintió ganas de golpear a Guillermo por primera vez.

–¿Estas seguro que eso es lo único que lamentas? – Guillermo frunció el ceño, sabía perfectamente por donde iba la conversación de su amigo.

–No quiero empezar a hablar de esto una vez mas, creo que ha quedado claro que es lo que quiero y mi decisión está tomada y lo mínimo que espero de uno de mis mejores amigos es apoyo ¿está bien?

A Lino no le quedó mas que aceptar, había luchado contra la estúpida decisión de Guillermo durante las tres semanas que habían pasado y se había dado cuenta que al parecer no tenia nada mas que hacer. Seguía pareciéndole precipitado irse prácticamente de un día para otro. Pero un nuevo equipo y una nueva escuela Universidad lo esperaban en Australia.

Todo estaba listo para el viaje. El ofrecimiento había sido completamente sorpresivo para Guillermo, sorpresivo y repentino, pero probablemente no había podido llegar en un mejor momento. Lino lo llevaría al aeropuerto en cuanto estuviese listo y Guillermo se había extrañado de que Santiago no estuviese con ellos, después de todo se iba por dos años, pero al parecer Santiago tenia cosas mas importantes que ir a despedirse.

En aquel momento Santiago se encontraba golpeando desesperadamente la puerta de su propia habitación ¿Por qué mierda olvidaba siempre las llaves? La puerta se abrió mostrando a un Samuel completamente demacrado, con los ojos llorosos y el ceño fruncido. Santiago casi lo avienta a un lado para entrar a la habitación. Empezó hablando tan rápida y desesperadamente que Samuel estaba luchando por entender lo que decía.

–No voy a permitir que sigas en estas condiciones, no en este momento, necesito que te alistes y que lo hagas ahora ¿entendido? ¡Joder Samuel! Guillermo está a punto de irse.

–Ya lo sé – Santiago frenó su andar y volteo a ver a Samuel sentado en su cama tallándose las lagrimas con las mangas de su camisa – Lino acaba de llamarme para decírmelo – los enormes ojos de Santiago se abrieron mas si es que aquello era posible.

–Y estás tan tranquilo ¿no piensas hablar con él? ¿No piensas pedirle que se quede? – Santiago luchaba por no perder la calma.

–¿Que es lo que piensas que es esto Santiago? ¿Una cutre película en la que debo correr por el aeropuerto gritando para que se detenga? ¿Qué debo hacer una escena frente a medio mundo rogándole que se quede? Las cosas no funcionan así en la vida real. En la vida real las cosas no se arreglan con un “te amo” en la vida real las cosas no se arreglan con un beso, en la vida real no existen los putos finales felices. Aquello lo había dicho sin querer, estaba cegado por el dolor y porque sabía que no había nada que pudiera hacer, al menos no en ese momento. No era el momento.

“Necesitamos terminar con esto de una vez, yo ya no voy a negar que quiero esto y se que tu lo quieres también”

Los recuerdos no habían dejado de atormentarlo, no había dejado de pensar en Guillermo ni uno solo de los días que había estado sin él y estaba seguro que no dejaría de pensar en él probablemente nunca. Habían empezado de la peor manera posible, de la forma más tonta, bizarra, impensable, pero Guillermo se había convertido en su felicidad, en su salida, en su hombro de apoyo. Él era todo lo que necesitaba para ser feliz, y era precisamente lo que ahora no tenía.

Las cosas no siempre terminan como nosotros las esperamos. A veces el amor es doloroso y nos lleva a cruzar caminos que no queremos andar. Cinco años atrás Samuel había hecho sufrir a un chico bueno que no lo merecía, solo por amar de una forma diferente según él y es que en ese momento no pudo darse cuenta que solo hay una forma de amar, de forma intensa y con el alma. Así amaba él y aun con eso no estaba con la persona que había aparecido de pronto para cambiar su vida. Pero había algo que lo hacía pensar que no todo estaba terminado que aquel no era el final, que la vida le tenía preparado algo bueno, algo que aun no estaba listo para recibir.

Samuel ya no estaba intentando ocultar sus lágrimas, estaba pagando con ellas todo lo que le debía a la vida, pero el tiempo siempre tiene la razón. Si ellos debían estar juntos, la vida se encargaría de volverlo a poner en su camino y es que a veces los finales felices se hacen esperar

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Me estoy aguantando las lágrimas, lo digo en serio. Este es el final que siempre pensé para esta historia, exactamente así, ni más ni menos. Quiero dejar las “despedidas” para cuando publique el epilogo, pero aun así no puedo dejar de darles las gracias por todo el apoyo que le dieron a esta historia a lo largo de estos casi 10 meses. Muchísimas gracias. Recuerden que para mi no hay segundas temporadas, lo siento por eso, pero esperen el epílogo, esto aun no se termina.

Me dueles en el pecho,
cuando el enojo y la tristeza nos invade,
mi garganta se tensa y me sofoca
cuando quiero decirte lo que siento.
Mis ojos empiezan a escurrir dolor
y desesperación.
Mi corazón pierde el ritmo, se inquieta,
se va la tranquilidad,
no me deja estar en paz.
Mis palabras empiezan a llenarse de torpezas, no soy yo, no me gusta.
—  Golpeando el corazón, Ericarmen RH
Especial 100 seguidores :)

¡Hola, hola! Aquí tenéis por fin el especial 100 seguidores. Me ha costado escribirlo más de lo que pensaba; era más fácil en mi cabeza ^^’ Al final creo que ha salido algo guay. Os aviso que es un poco largo, pero quería explicarlo todo bien para que podáis visualizarlo tal y como yo lo veo en mi cabeza :) 

No me juzguéis si algo está mal, ya que es la primera vez que escribo algo así en mi vida ^^’ Me gustaría que me dijerais que os parece para así escribir más o dejarlo por imposible xP

Espero que no se os haga pesado y que os guste mucho, de verdad.

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“DEJA DEPENSAR” - (LEMMON)

Amanecía en Los Ángeles y Willy y Vegetta se habían despertado ya. Tenían los mismos horarios, así que siempre desayunaban juntos. Salieron de sus respectivos cuartos y se sonrieron como cada mañana.

- Buenos días, compañero - dijo Vegetta, alegremente.

- Buenos días, Vegettita - le respondió Willy dándole un golpecito en la espalda -. ¿Qué tal has dormido hoy?

- Pues he tenido un sueño muy extraño, pero por lo demás muy bien, la verdad - le explicó él -. ¿Tú bien?

- No te lo vas a creer, pero yo también he tenido un sueño raro. Aunque bien, bien, durmiendo del tirón.

- Esto tiene que ser por culpa del pastel del restaurante de anoche. Somos unos gochos, no deberíamos habérnoslo comido si estábamos hartos ya. Así tenemos estos sueños tan extraños…

- Puede ser, puede ser… - pensó Willy -. Por ahora yo voy a seguir siendo un gocho y a hacerme un bol de cereales con fresas enorme, tío.

- ¿Pim pam, fresitas? - se rió Vegetta mientras andaba detrás de él por el pasillo hacia la cocina.

- Si es que eres muy tonto… - dijo Willy, resignado ante la tontuna de su compañero de piso.

Llegaron a la cocina, Willy se hizo su esperado bol de cereales con fresas y Vegetta cogió un yogurt natural, le puso azúcar y luego le echó por encima los cereales de Willy. Como la superficie del yogurt era tan pequeña y Vegetta echaba los cereales volcando la bolsa, algunos se desparramaron por la mesa.

- Tú tío - dijo Willy alargando la última palabra -. ¿Ya la estás liando? Es muy temprano para empezar ya, ¿no crees?

Vegetta lo miró levantando una ceja y con una leve sonrisa en los labios.

- Tranquilo, compañero, que los recojo ahora mismo. No sufras.

Cogió uno de los cereales, y sin dejar de mirar a Willy con ojos penetrantes y una media sonrisa provocadora, se lo llevó a la boca despacio, demasiado despacio, dejando que el cereal rozara su labio inferior y acercando un poco la lengua para cogerlo y comérselo.

Willy se había quedado atontado mirando la escena, con la cuchara llena de cereales suspendida delante de su boca un poco abierta. Al no estar prestando atención mas que a la boca de su compañero de desayuno, esta se volcó un poco, haciendo que los cereales cayeran de nuevo al bol lleno de leche y salpicando la mesa como consecuencia.

- Bueno, ¿ahora quién es el que la lía? - rió Vegetta triunfal. Era totalmente consciente de lo que estaba haciendo y le encantaba encontrar justo la reacción que quería en su compañero.

- Eh… Parece que ambos tenemos el pulso un poco jodido esta mañana, sí - dijo Willy nervioso, recogiendo las gotas de leche de la mesa con un paño de cocina que tenía al lado.

< Subconsciente W: ¿Qué mierdas te pasa, Willy? ¡Te has puesto histérico! Pero es que mírale, sabe perfectamente lo que está haciendo. ¿Por qué lo hace? Si fuese capaz de saber lo que me está poniendo la escenita… ¡¡PERO WILLY!! ¡QUE ES VEGETTA! ¡¿Por qué demonios piensas esas cosas?! Es tu compañero de piso, tu amigo, casi tu hermano, ¡y tú eres hetero! ¿Cómo te va a poner que Vegetta, VE-GE-TTA, se coma un cereal? ¿Y cómo va a querer él provocarte? ¡Qué también es hetero! Se te está yendo la cabeza, chaval… Se te lleva yendo todos los meses que llevas pensando cosas así cada dos por tres…>.

<Subconsciente V: Uff, parece que se ha puesto nerviosillo el chaval… Espera. ¡¿QUÉ HACES, QUÉ HACES?! ¿En serio acabas de montar una escenita provocadora a Willy? ¡¿A WILLY?! Uh chaval… Uh, chaval… Tú estás muy mal de la cabeza, chico… Estás exteriorizando cosas que están en tu interior desde hace meses y que se deberían quedar ahí. ¡Qué Willy es hetero! ¡Y que tú también lo eres! ¿Se te va la almendra? Para. Que no se vuelva a repetir…>.

Acabaron de desayunar y se levantaron a fregar sus cosas. Tenían dos fregaderos juntos y en el centro la placa para escurrir los cacharros. Cada uno fregaba en un lado y cuando fueron a dejar sus cucharas a escurrir en el bote correspondiente entre ellos, rozaron sin querer sus dedos, haciendo que ambos soltaran rápido las cucharas y apartaran la mano, como si hubiesen notado una descarga eléctrica. ¿Qué estaba pasando hoy? Cada uno sabía los sentimientos que creía tener (o que tenía) hacia el otro, pero ambos sabían (o creían) que eso no era recíproco; ¿por qué mierdas estaban exteriorizándolo tanto ese día entonces? ¿Se habían levantado con la picha por delante o qué? ¿Sería por los sueños de esa noche? Además, que eran dos tíos; no les podía estar pasando esto. Por nada del mundo.

Pasó la mañana y cada uno grabó sus vídeos, los editó, renderizó y programó para publicarse a las horas correspondientes de España. Después se ducharon, se arreglaron y salieron de sus cuartos para dirigirse al garaje y coger el coche, ya que habían quedado a comer con Luzu y Lana en Beverly Hills.

Willy sacó las llaves y se montó en el asiento del conductor, a lo que Vegetta subió al del copiloto. Salieron del garaje y cuando estuvieron recorriendo la avenida que les llevaba a la vía principal, Vegetta pasó uno de sus brazos por detrás del asiento de Willy y comenzó a acariciarle la parte de atrás del cuello y el nacimiento del pelo. Él no lo sabía, pero a Willy le encantaba eso. Este último se sorprendió al ver lo que su compañero hacía, pero era una sensación tan buena que removió un poco su cabeza cerrando los ojos una milésima de segundo para no perder el control del coche y sonrió levemente. Vegetta sonrió instintivamente también al verlo.

Empezó a hacer un calor terrible con el sol azotando el techo del coche de lleno, así que decidieron quitar la capota para, por lo menos, sentir un poco de aire en la cara. Así iban mucho más cómodos, sino llegaría a ver a Luzu y Lana como si acabasen de salir de una olla express. Vegetta miró a Willy y se quedó embelesado viendo cómo el viento alborotaba su pelo. Tenía que admitirlo, le gustaba mucho el perfil de Willy.

 <Subconsciente V: Mírale, está tan guapo con el pelo alborotado… ¡VEGETTA! ¡¿YA ESTÁS OTRA VEZ?! Pero si es que llevas media hora acariciándole el pelo, colega… Claro, que parece que a él no le molesta mucho; no ha abierto la boca para quejarse. Esto es muy raro… ¿Qué está pasándome? ¿Y qué le está pasando a él? Está algo raro también…>.

 <Subconsciente W: Me está acariciando el pelo y no para de mirarme. ¿Qué está pasando aquí? ¿Va a ser hoy el día en el que de verdad me haya dado cuenta de que puede que me guste Vegetta realmente? ¡NOOOO! ¡¿QUÉ DICES, WILLY?! Es que suena tan raro ya con solo pensarlo… Que no, que no, que no puede ser. Pero, ¿por qué está haciendo esto ahora? ¿Y lo de esta mañana? Esto es muy raro…>.

 Aparcaron donde pudieron y fueron a encontrarse con Luzu y Lana que les esperaban en la fuente de la plaza donde está el cartel de Beverly Hills.

- ¡Vegettoide! ¡Willfred! - gritó Luzu con los brazos abiertos hacia Vegetta.

- ¡Hi, guys! - les saludó Lana lanzándose a darle un abrazo a Willy.

Se abrazaron al contrario y decidieron dónde irían a comer. Lana conocía un restaurante chulísimo muy cerca, así que fueron hacia allí.

Llegaron y entraron al lugar. Era muy bonito, muy Lana. Tenía las mesas y las sillas redondas y de madera clarita, con muchas cosas colgadas por las paredes y muchas fotos de los trabajadores del restaurante con gente famosa que había pasado por allí y que les había firmado algún que otro autógrafo. Pidieron cada uno lo que más les apetecía y se pusieron a comer.

Vegetta se había pedido una ensalada César, y Willy una hamburguesa con patatas. Luzu un bistec con puré de patatas y Lana una ensalada con frutos secos. Cuando Willy vio la ensalada de Vegetta le apeteció un trozo de pollo de los que tenía, así que, sin avisarle, coló una mano en el plato de este y se llevó un trozo.

- ¡Ala! Pero qué chorizo tú, ¿no? - dijo Vegetta con los ojos abiertos y expresión de sorpresa burlona.

- Oye, que me apetecía un trozo de pollo. ¿No puedo? - le dijo Willy con cara de pícaro.

- Sí, sí, siéntete libre de llevarte lo que quieras - respondió Vegetta copiándole la cara -. Pero eh, que ahora soy yo el que se lleva cosas de tu plato - metió la mano en su plato y se llevó dos patatas, comiéndoselas rápido para que a Willy no le diese tiempo a reaccionar.

Willy puso cara de sorprendido y empezó a reírse junto con su compañero a pleno pulmón. Luzu y Lana estaban flipando con la escena. Los miraban con cara de incrédulos, pero como siempre estaban de cachondeo en los vídeos de si “ya voy, cariño”, “si tú eres feliz es lo que me importa” y tal y cual, no les pareció tan raro. Eran unos guasones y siempre estaban haciéndose bromas de ese tipo. Normal que Tumblr se volviera loco con esas cosas y quisieran “Wigetta” a toda costa.

Se pasaron la comida haciéndose bromas entre los cuatro y quitándose cosas los unos a los otros para probar los cuatro platos diferentes. Llegó el momento del postre, Lana y Willy pidieron pastel de chocolate con fresas y Luzu y Vegetta helado de vainilla con nata. Estaban sirviéndoles los postres cuando entró en el restaurante una pareja amiga de Luzu y Lana, así que les pidieron disculpas a sus compañeros y se levantaron a saludar a sus amigos.

Willy y Vegetta empezaron a comerse sus postres, quitándose cucharadas el uno al otro. Seguían riéndose y haciéndose bromas con dobles sentidos; más de lo habitual. En una de esas bromas a Willy se le fue de las manos y le manchó la cara de chocolate a Vegetta. Después de que el castaño le mirase con cara indescriptible, él se rió como un niño y se acercó para darle un beso dónde le había manchado y llevarse el chocolate en sus labios. Cuando se retiró de él, Vegetta se había quedado blanco, y él se relamió los labios para acabar de quitarse el chocolate sin dejar de mirarle a los ojos.

<Subconsciente V: Uh, chaval… Uh, chaval… ¡¿Pero qué hace?! Me parece a mí que este se la está jugando mucho… ¿Será verdad al final que siento algo por él? ¿Y él por mí? No le das un lametazo en la cara cuando manchas de chocolate a alguien si no va la cosa más allá de una broma, ¿no? Las manchas se quitan con las servilletas…>.

<Subconsciente W: ¡PERO WILLY! ¿QUÉ TE ESTÁ PASANDO? Mírale al pobre, se ha quedado blanco como la tiza… Normal, tío, si es que acabas de comerte el chocolate de su cara… Pero no se ha apartado, y me está mirando los labios con una mirada que no tiene nada de broma… Será verdad al final que…>.

En ese momento volvieron Luzu y Lana a la mesa. Miraron a sus compañeros que tenían una expresión rara en la cara, pero no supieron descifrar qué era lo que pasaba. Acabaron de comer, pagaron sus cuentas y salieron del local. Dieron un paseo hasta el coche contando tonterías varias, como siempre, y se despidieron en el mismo sitio donde se habían encontrado.

Willy y Vegetta volvieron a su coche y se subieron. Esta vez conducía Vegetta. Seguían con el coche sin capota porque el calor ambiental no había hecho nada más que aumentar; iban a morir cocidos en Los Ángeles. Ahora era Willy el que se fijaba en Vegetta. El golpe del viento en su cara hacía que arrugara la frente y cerrara un poco los ojos, como si estuviera concentrado. Era gracioso verlo así, ponía una expresión muy tierna. El castaño tenía la mano apoyada en la palanca de cambios todo rato, ya que conducían en recta. Willy no pudo resistirse y despacio fue acercando su mano al brazo de este, rozándolo suavemente en movimientos lineales. Vegetta se puso tenso un momento, miro a su compañero y después a su brazo tocado por este, pero al ver la expresión tranquila que tenía Willy, se relajó y agradeció las caricias. Hacía mucho que no le acariciaban así.

De esa manera acabaron en su casa, metieron el coche al garaje y entraron por la puerta de atrás del bloque de pisos. Era una puerta estrecha y los dos fueron a pasar a la vez, pero no cabían y se chocaron.  Dieron un paso hacia atrás pero no se separaron. Estaban cerca, muy cerca. Se quedaron inmóviles, nunca habían estado así. Sus torsos estaban juntos, los brazos de Vegetta sobre los de Willy y las manos de este en el abdomen del castaño.

Como eran de la misma altura, sus caras habían quedado muy juntas, podían notar la respiración del contrario. Se miraban a los ojos, sin poder moverse ninguno. Vegetta no pudo contenerse y bajo la mirada hacia los labios de Willy, esos labios que tantas veces había mirado en la lejanía y que ahora estaban a cinco centímetros de los suyos.

Cuando pudieron reaccionar y hacer que su cuerpo volviera a hacerles caso, ambos dieron un paso hacia detrás y se separaron un poco, pero sin brusquedad, sólo con un leve movimiento; en realidad ninguno de los dos quería moverse de allí. Willy le hizo un gesto a Vegetta con el brazo para que pasara él primero y este le sonrió haciéndole caso. Estaba claro que Willy iba a aprovechar para volver a mirar una vez más ese culo perfecto de su compañero de piso.

Llamaron al ascensor y no tardó mucho en bajar. Pasaron y pulsaron el botón del piso al que iban.

<Subconsciente V: Mierda, mierda, mierda… ¡Estaba muy cerca, joder! ¡Y lo peor es que no se apartaba! Que día más raro… Y qué calor más tonta de repente, colega… Se me va a salir el corazón por la boca… No es normal lo que provoca en mí el pringao este… ¡Es que está muy bueno, joder! Cálmate Samuel, que te va a dar algo…>.

<Subconsciente W: Joder… ¿Qué mierdas acaba de pasar? Eso ha sido demasiado, ¡se ha acercado mucho! ¿Y por qué no se apartaba? No puede ser que vaya a ser verdad… No puedo aguantar esta tensión, tengo que saber qué siente de verdad y sobretodo qué siento yo. Demasiado tiempo sin respuestas, demasiado… No le mires, Guillermo, no le mires o te vas a lanzar sobre él…>.

Pero le miró, vaya que si le miró, y como era de esperar, en el momento en el que Vegetta cruzó su mirada con él, ambos dieron un paso hacia el otro sin dejar de mirarse mas que para bajar la vista a sus labios, deseándolos con la mirada. Acercaron sus cabezas  hasta que sus narices se rozaban, respiraban uno encima de la boca del otro. Willy se mordió un poco el labio inferior y fue lo que le bastó a Vegetta para destrozar el centímetro que quedaba entre ellos.

Se besaban, como si no hubiese un mañana, como si al salir de ese ascensor no se fueran a volver a ver jamás. Willy tenía una mano detrás del cuello de Vegetta, asegurándose de que a este no se le ocurriera alejarse ni medio milímetro de su boca, y Vegetta cogía con fuerza el jersey de Willy por los costados, impidiendo que el aire pasara entre ellos. Se necesitaban, desde hacía mucho tiempo, y si no se hubieran callado y reprimido tanto, esto habría pasado mucho antes.

Al notar el ascensor frenar un poco, se separaron, no demasiado, simplemente para mirarse con la respiración agitada, las pupilas dilatadas y la cara ardiendo. El ascensor paró del todo y se separaron un poco más, con miedo a quien pudiera haber al abrirse las puertas. Por suerte para ellos no había nadie. Vegetta, que estaba un poco adelantado, se giró, miró a Willy y cuando vio que sus ojos decían lo mismo que él estaba pensando y que empezaba a andar hacia la puerta, sacó las llaves de su casa del bolsillo, de tres pasos llegó a la puerta y abrió con un movimiento rápido y certero de la cerradura. Ambos pasaron y cerraron de un suave portazo.

Vegetta tiro las llaves al suelo de la entrada dándole igual donde cayeran y empotró a Willy contra la puerta. Sus miradas ardían y sus respiraciones no se habían calmado ni un poco.

<Subconsciente V: ¡¿Qué leches está pasándote, Samuel?! ¡Para!>.

<Subconsciente W: ¡¿Qué mierdas te pasa, Guillermo?! ¡Para!>.

Y una mierda, ninguno de los dos pensaba parar. No sabían qué les pasaba. No les gustaban los tíos, pero ellos dos se ponían sobremanera el uno al otro. Ambos pasaron olímpicamente de su subconsciente. Vegetta acercó su cuerpo todo lo que pudo al de Willy, dejándolo entre él y la puerta sin escapatoria alguna, escapatoria que su compañero no quería. El moreno acercó su boca a la de Vegetta sin llegar a besarle, sólo rozando sus labios entreabiertos. Esa situación solo duró unos segundos. Después volvió a poner su mano en el cuello del castaño y le besó de nuevo, un beso con más intensidad incluso que el del ascensor, al que Vegetta respondió con gusto. Se comían, sus lenguas jugaban la una con la otra, sin pedir permiso, parecía que todo estaba permitido en ese beso. Vegetta mordió el labio de Willy justo dónde él lo había hecho en el ascensor, pensando en por qué no se había atrevido antes a todo esto, si no deseaba otra cosa.

Willy se separó de la pared e hizo que Vegetta comenzase a andar hacia atrás. Palpando las paredes para no chocarse contra ninguna esquina, se dirigieron hacia el cuarto de Vegetta que era el más próximo a la puerta. Este abrió la puerta a su espalda y notó como su compañero paraba en seco y se separaba un poco de él sin entrar a la habitación.

<Subconsciente W: Espera, espera. ¿Hasta dónde va a llegar esto? ¿Qué está pasando?>.

- Willy, deja de pensar - le dijo de repente Vegetta con la voz entrecortada y cambiada por la agitación que tenía encima .

<Subconsciente W: ¡No seas imbécil, Guillermo! Quieres hacerlo.>.

- Qué coño… - fue lo único que salió de sus labios antes de empujar a Vegetta dentro del cuarto y cerrar la puerta a su espalda.

A partir de ese punto a los dos les dio igual el mundo, solo pensaban en el cuerpo del contrario y en no parar lo que estaba pasando bajo ningún concepto. En el fondo ambos se morían de vergüenza, pero les podían más las ansias de tocar cada centímetro del cuerpo del otro. Las manos inexpertas de Vegetta se colaron por debajo del jersey de Willy, produciendo que inhalara aire fuertemente entre los dientes. El moreno no se quedó atrás e imitó el movimiento de Vegetta, levantando un poco su camiseta y rozándole la espalda, provocándole un escalofrío. No se quedó ahí, sino que siguió subiéndola y tiró de ella por encima de su cabeza, quitándosela completamente. Había visto el cuerpo de Vegetta mil veces, cuando se levantaba a desayunar algún que otro día, cuando salía de la ducha y se lo cruzaba, en la piscina… Pero ahora era diferente, lo tenía pegado a su cuerpo, podía tocarlo sin obtener rechazo por su parte, cosa que empezó a hacer de manera ya no tan lenta, haciendo que Vegetta tirase fuertemente de su jersey hacia arriba y se lo quitase de un movimiento rápido.

Ambos con el torso desnudo se besaban como jamás habían besado a nadie. Willy empezó a avanzar, haciendo que Vegetta caminase de espaldas hacia la cama. Cuando la parte de atrás de sus rodillas tocó el colchón y sitió que caía, agarró a Willy por detrás del cuello y le hizo caer encima suya. Esa caída hizo que cada uno de ellos notase la creciente erección del contrario en su ingle, lo que acabó de derribar la poca cordura que le quedaba a ambos.

Willy apoyó las rodillas a ambos lados de las caderas de Vegetta y, acariciándole el torso con las yemas de los dedos, bajó hasta su cinturón y lo desabrochó junto con el botón y la cremallera del pantalón. Al mismo tiempo y sin dejar de mirarle a los ojos con mirada lasciva, Vegetta hacía lo mismo con el pantalón de Willy. Este se hizo a un lado para acabar de quitarle la prenda a su compañero, movimiento que él aprovechó para girar y quedarse encima del moreno quitándole a él los suyos. Vegetta volvió a colocarse sobre Willy y, haciendo que sus erecciones claramente evidentes bajo sus bóxers rozasen, empezó a estampar pequeños besos en el cuello de este, ese cuello que le había vuelto loco en la distancia durante tanto tiempo. No pudo resistirse y mordió un poco su trapecio, haciendo que Willy soltara un gemido ahogado. Dios, ese sonido le había puesto demasiado; necesitaba volver a escucharlo, así que  volvió a morder exactamente el mismo sitio pero al lado contrario. Esta vez el gemido de Willy fue más sonoro.  

Si Vegetta creía que iba a ser el único que mordiera lo llevaba claro. En un rápido movimiento, Willy volvió a girar, quedando encima de nuevo y mordiendo rápidamente el lóbulo de la oreja del castaño. Este no pudo contener un pequeño gemido, el cual aumentó de intensidad cuando Willy volvió a morderle, esta vez en mitad de su cuello. Él también quería escucharle disfrutar.

Vegetta ya no era casi dueño de sus actos, e instintivamente empezó a bajar su mano por el abdomen de Willy, llegando a sus bóxers e introduciendo la mano dentro de ellos para rozar su miembro. El moreno no esperaba eso, y arqueó la espalda soltando un intenso gemido. Vegetta se incorporó, dejando a su compañero sentado a horcajadas sobre él y siguió rozando su erección cada vez con más intensidad. Willy no podía dejar de gemir y clavaba sus uñas en la espalda esculpida de este. Vegetta ralentizó el ritmo unos segundo, haciendo perderse a Willy del todo y después comenzó a seguir un ritmo muy rápido e intenso; el moreno no iba a poder contenerse si seguía de esa manera.  

- Vegetta… Para si no quieres tener una sorpresa - le dijo con la voz entrecortada y un tono burlón y sensual a la vez.

- ¿De verdad quieres que pare? - preguntó pícaro su compañero, y al no obtener respuesta se acercó a su oído -. Me gustan las sorpresas - le susurró, haciendo que Willy gimiese una última vez y terminase en su pecho, arañándole el lado derecho de la espalda.

El moreno dejó caer su cabeza sobre el hombro de Vegetta y respiró hondo un par de veces para que su corazón volviera a un ritmo medianamente normal, mientras Vegetta seguía dándole besos y dejándole pequeñas marcas moradas en el cuello. Willy levantó la cabeza, le miró a los ojos y seguidamente a su boca y sonrió maliciosamente.

- Quiero la revancha, chaval.

Le empujó para tumbarlo de nuevo en la cama, bajó sus bóxers un poco y empezó a acariciar con sus largos dedos el miembro de Vegetta, haciendo que este gimiese alto. Después de unos segundo de tortura, lo agarró con toda su mano y empezó con un vaivén lento, matador, que hacía que Vegetta gimiera y se mordiera el labio a cada bajada que él hacía.

Quería torturarlo un poco más y paró en seco en una de esas bajadas, mirándole con esa sonrisa torcida que era tan dulce normalmente, pero que en ese momento era totalmente maliciosa.

- Ni se te ocurra parar - le dijo Vegetta sonriendo levemente con la respiración muy agitada.

Willy sabía lo que estaba sufriendo, así que decidió hacerle caso y empezar con un movimiento más rápido. Vegetta arqueó la espalda echando la cabeza hacia atrás y agarrando fuertemente las sábanas. El moreno siguió unos segundos más y después aumentó la velocidad, haciendo que Vegetta enloqueciera.

- Willy… No voy a aguantar mucho más - dijo entre intensos gemidos.

Este se acercó a su boca y se quedó suspendido sobre ella.

- Deja de pensar - le susurró, haciendo que sus labios rozasen.

Joder, realmente sabía lo que se hacía el maldito. Vegetta solo pudo sonreír, gemir fuertemente y dejarse llevar por ese orgasmo tan esperado, temblando de placer.

Willy bajó de encima suya y se tumbó boca arriba a su lado. Recuperando los dos el aliento y la cordura, se miraron girando las cabezas y después de leer lo que los ojos del contrario decían, no pudieron más que echarse a reír a pleno pulmón. Quizá no era una reacción lógica en ese momento, pero fue lo que les salió. Siempre reían juntos entonces no iba a ser menos.

Sabían que se les había ido la cosa de las manos y no entendían cómo habían llegado hasta ese punto, solo sabían que había sido uno de los mejores momentos de su vida y que, aun muertos de vergüenza y de nervios incluso después de todo eso, se reían como dos niños, cómplices, unidos, como siempre lo hacían.

Cuando consiguieron limpiarse las lágrimas de risa de los ojos y ver algo claro de nuevo, se incorporaron, se miraron, miraron el panorama de la habitación de Vegetta y sonrieron, sabiendo que todo eso se quedaría en esa habitación y que sus vidas iban a cambiar después de esa tarde.

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Pues lo dicho, espero que lo hayáis disfrutado. 

Mil cien gracias por los 100 seguidores y espero seguir viéndoos por aquí y que os sigan gustando mis historias.

Nos vemos pronto. Y como siempre: Wigetta z4.