es solo el principio

“UNA CARTA” (Wigetta)


Para poder explicar como me siento en este momento o al menos intentarlo, probablemente tendría que empezar por el principio. Suena tonto ¿a que si? Por donde más iba a empezar si no es por el principio. Solo conociendo mi historia podrán entender el porque de mis acciones… y quizá en algún lugar, pueda encontrar el perdón.

Me llamo Guillermo Díaz y tengo 25 años, 25 años en los que he vivido momentos tristes, pero también momentos de inmensa felicidad. Cada lagrima, cada sonrisa, cada beso, cada caricia, todo, absolutamente todo en mi vida ha valido la pena, pero a pesar de eso, hay un par de cosas de las que me arrepiento y resulta muy absurdo y también contradictorio, o confuso, porque ambas cosas tienen que ver con la misma persona que me ha dado los mejores momentos de felicidad. No se si haya sido coincidencia o quizá haya actuado el destino, pero él cambió por completo mi rumbo.

Conocí a Samuel hace exactamente 10 años, un día triste y lluvioso de septiembre y es que si, recuerdo cada cosa a la perfección, creo que no podría olvidarlo aunque lo intentara. Nada en ese día fue normal, nada sucedió como la aburrida rutina me tenía acostumbrado. Todo me salió mal esa mañana y maldije casi la mitad del día por haberme quedado dormido precisamente cuando mas necesitaba llegar temprano. El examen que debía presentar lo reprobé por supuesto, porque aunque el profesor me dejó entrar media hora tarde, 20 minutos no fueron suficientes para completarlo. Olvidé el reporte de la clase de química por haber salido corriendo de casa esa mañana. También olvidé el libro de literatura que había pedido en la biblioteca y claro, me pusieron una multa y creo que estuve a punto de gritar de forma histérica varias veces aquel día.

Pero la vida nos sorprende a veces…

Yo no tenía que haber estado en la biblioteca en ese momento en particular, pero me había atrasado tanto en las clases aquel día, que aunque eran las 6 de la tarde yo aun permanecía en la escuela, solo… aun a veces siento que aunque hubiese querido evitarlo, las cosas tenían que pasar así sea que lo hubiese querido yo o no.

Puedo recordar con claridad como si hubiese sido ayer, la sensación que tuve en el pecho en el momento en que lo vi por primera vez… tan perfecto, tan sublime, como si una aura luminosa lo rodeara ¿ridículo? Para mi no. Para mi fue prácticamente amor a primera vista, aun con lo cursi e improbable que me parecía aquello antes de él.

Antes de Samuel nunca me había detenido a pensar si me gustaban las chicas o los chicos. Siempre fui de esos muchachos diferentes que crecen a su ritmo y que no se dejan llevar por lo que dicen o hacen sus amigos. Con lo rápido que van las cosas ahora, quizá era un tanto raro para un chico de 15 no haber experimentado jamás un enamoramiento adolescente. Ahora me doy cuenta que yo lo estaba esperando a él.

Tendría que mencionar, que esa primera vez que lo vi, el ni siquiera me miró, no se dio cuenta de mi presencia o de mis ojos insistentes sobre él. Por una parte me alegro, quizá hubiese quedado horriblemente en vergüenza, ya que me fue prácticamente imposible apartar la mirada. Ese primer día no supe que es lo que él estaba haciendo en la biblioteca, nunca lo había visto antes y claramente era un chico mayor, no parecía un estudiante de aquella preparatoria. Después me di cuenta que era hijo de una de las maestras y que iba a mi escuela a esperarla para irse juntos a casa.

El siguiente día después de aquel primer encuentro, si es que se le puede llamar así, regresé a la biblioteca, a la misma hora ¿Por qué? Ni siquiera yo mismo lo sabía. Aquello no tenía porque ser un patrón de hechos, que lo hubiese visto el día anterior a esa misma hora no significaba que iba a estar nuevamente al día siguiente ¿verdad? Aun así yo tenía la esperanza de volver a verlo, con su oscura mirada seria y concentrada en quien sabe que. Ese día, cuando atravesé la puerta de la biblioteca, él ya estaba ahí.
No se cuando fue que decidí, que iría cada día a la biblioteca, a la misma hora, solo por tener el placer de mirarlo de lejos por unos cuantos minutos, no mas de 5 si nos ponemos exactos. Era poco tiempo, pero esos 5 minutos eran los mejores de mi día.

Todavía me sigo preguntando como fue que todo pasó, como fue que me dejé arrastrar por ese sentimiento. Pero lo hice, dejé que me consumiera, como una llama que consume el papel en segundos y cuando menos pensé, ya me encontraba sumergido en algo de lo que no podía salir. Y tampoco es que estuviera intentando hacerlo de todas formas. Me había enamorado.

¿Es posible que nos enamoremos de alguien que no conocemos? Antes de Samuel yo estaba seguro de que no era posible. Pero él había llegado a cambiarlo todo. Lo sentía en el pecho cada vez que lo miraba, cada vez que lo tenía tan cerca, con solo esas tres mesas de distancia entre nosotros. Me había enamorado de lo que creía que él era, de lo que imaginaba. Me había enamorado de una voz y una sonrisa que jamás había escuchado, me había enamorado de un carácter y de una forma de ser que no conocía. Me había enamorado simplemente de su presencia y de su imagen en mis ojos, sentado frente a mi, silencioso y concentrado, con el ceño fruncido mirando repetidas veces al reloj de su muñeca, como comparándolo con el reloj que estaba frente a él en la pared, esperando para irse, esperando para alejarse de mi, haciéndome desear que llegara un nuevo día para poder volver a verlo.
Pasaron semanas en las que verlo por 5 minutos al día, se convirtió en mi única motivación. Pero empezó a ser insuficiente. Empecé a necesitar más de él.

Varias veces estuve a punto de levantarme de mi lugar, atravesar esas 3 mesas de distancia y llegar hasta él, pero nunca pude. Me imaginaba la vergüenza que iba a pasar cuando me quedara sin que decir, con la voz a medias, con las palabras entrecortadas, con las manos temblando. Pero deseaba hablarle, deseaba escuchar su voz, deseaba con todas mis fuerzas tenerlo frente a mí y darme cuanta que era real, que si era real. Probablemente aquel día, el primer día que escuché por fin su voz, después de 6 meses de haberlo visto por primera vez, fue uno de los mejores días de mi vida.

…………………..

La mañana está fría, el cielo nublado y yo tengo unas ganas inmensas de ir a mi casa a envolverme entre las mantas. Pero es viernes, el día de la semana que mas odio ¿raro? No para mí, tomando en cuenta que vienen dos días en los que no voy a verlo.

Decido ir antes a la biblioteca, porque después de todo ya no tengo nada que hacer y apenas son las 4 de la tarde. Probablemente tomaré un libro cualquiera y fingiré leer mientras espero, como siempre. Si, ese parece ser un buen plan.

Entro a la biblioteca y miro alrededor. Está vacío. Bastante lógico tomando en cuenta que es viernes y que ya todo mundo está disfrutando del inicio del fin de semana. Todos menos yo, claro. La bibliotecaria me mira con la misma expresión incrédula y yo me pregunto porque aun no se acostumbra a verme cada día ¿será quizá que hoy es mas temprano?

–Disculpa… – la escuchó hablar y levanto de inmediato la mirada. En tanto tiempo esa mujer nunca me ha dirigido la palabra más que cuando le pido algún libro para llevarlo a casa.

–¿Me habla a mi? – pregunto y me doy cuenta de inmediato de lo tonta que ha sido mi pregunta, cuando ella voltea a ver alrededor como diciendo con la mirada “¿acaso hay alguien mas?”. Me acerco a ella sin pensarlo.

–Ha venido un muchacho a preguntar por ti – me dice, para después continuar hablando – yo estoy segura que se refería a ti, eres el único chico que está en la biblioteca a las 6 de la tarde cada día – baja la mirada y revuelve un par de cosas en el estante que está a su derecha – me ha pedido que te entregue esto.

Estira su mano entregándome un libro y no se cuanto tiempo he tardado en reaccionar pues termina agitándolo frente a mi con impaciencia para que lo tome. Alcanzo a escuchar un “que chico tan raro” en voz muy baja, mientras la veo girarse a su ordenador para seguir con lo que sea que hubiese estado haciendo.

Me he quedado con las palabras atoradas en la garganta.
Miro el libro en mis manos y no se siquiera que pensar. Me están temblando las piernas y no se porque ¿Quién era ese chico que preguntó por mi? ¿Por qué ha dejado ese libro para mí? ¿Es un regalo? ¿Por qué? Eso me hubiese gustado preguntar, pero no pude. Aun sentía mis mejillas arder sin motivo aparente.

Camino a mi lugar y me siento con el libro agitándose entre el temblor de mis manos “El viejo y el mar”, es lo que dice en la portada. Lo conozco, conozco el libro, al menos se de su existencia, aunque nunca he leído siquiera un fragmento. Respiro profundamente antes de abrirlo y hojearlo un poco sin detenerme en realidad a leer alguna de sus páginas, hasta que una pequeña nota escrita en un papelito morado llama mi atención.

“Este libro si es interesante, deberías leerlo, es un regalo. Para que no tengas que fingir que lees cada día”

Siento que el aire se me escapa de los pulmones y que el calor en mis mejillas se incrementa, al igual que el temblor en mis manos ¿alguien ha estado observándome todo este tiempo? Me siento tan malditamente avergonzado que podría morir.

Doblo nuevamente la nota y la guardo cuidadosamente entre las hojas del libro. Voy a la primera página y empiezo a leer. Es interesante, de verdad es interesante, tanto que no he tenido que fingir que leo, de verdad estoy leyendo. No me he dado cuenta cuanto tiempo he leído y mucho menos me he dado cuenta cuando alguien se planta de pie a un lado de mí.

–¿Te ha gustado mi regalo? – escuchó la pregunta, y sin necesidad de voltear se que es él, aun cuando nunca he escuchado su voz. Siento un escalofrío recorriendo mi espalda y casi puedo escuchar el sonido que hace mi corazón al golpearme fuerte en el pecho.

Levanto la mirada y por fin lo tengo frente a mí.

……………………….
Jamás hubiese imaginado que aquel día iba a iniciar todo, que aquella simple pregunta iba a convertirse en una larga conversación de más de una hora. Así fue como inició nuestra amistad, así fue como después de un par de meses mas, Samuel me reveló algo que aun me cuesta trabajo creer.

Él también me había visto, él también había estado observándome en silencio todo ese tiempo, incluso antes de que yo lo hubiese notado a él. El primer día había sido una coincidencia que nos hubiésemos encontrado en la biblioteca, pero los días siguientes el siguió acudiendo al mismo lugar, a la misma hora para poder verme a mi. Samuel ya me conocía, ya me había visto antes y cuando por fin me confesó que se había enamorado de mí desde hace mucho tiempo, aquel fue el nuevo mejor día de mi vida.

Así fue como inició nuestra relación, yo tenía 16 años y Samuel 19 y no había un día en el que no me preguntara como un chico tan perfecto como él, se había fijado en alguien tan “sin gracia” como yo. No es que me menospreciara, jamás lo he hecho, pero es que me sentía demasiado afortunado.

Pasamos días difíciles cuando decidimos contarles a nuestras familias sobre nuestra relación. El vivía solo con su madre y aunque yo le parecía a ella muy pequeño para estar con su hijo, al final terminó por aceptarlo. Nuestro amor hablaba por si solo. Puedo decir con total seguridad y sin afán de ser arrogante, que yo me convertí en lo más importante en la vida de Samuel. Me sentía querido a diario, protegido, respetado. Me encontraba en cada momento del día con su mirada cariñosa sobre mi y sus brazos protectores rodeándome. Pero el amor que Samuel sentía por mí y el amor que yo sentía por él, no fue suficiente para mi familia.

Mis padres pusieron el grito en el cielo cuando se enteraron y no se si les molestaba el hecho de que me hubiese enamorado de un chico o era simplemente que Samuel no les caía bien, en cualquier caso me prohibieron verlo, como si fuera un niño al que se le puede prohibir que salga a jugar con sus amigos. Estuvimos viéndonos en secreto durante un año y medio.

Fue difícil superar esa etapa, fue difícil tener que esconder algo que me hacía tan feliz, algo que a mis padres les avergonzaba pero que a mi me hacía sentir tan orgulloso. Ser novio de Samuel y luchar por mantener nuestro amor, me llenaba de orgullo como pocas cosas. Mis padres me estaban frenando, estaban impidiendo que viviera mi vida y que fuera feliz y no podía permitirlo. Tan solo un día después de haber cumplido 18 años, tomé una de las decisiones más importantes de mi vida.

…………………………..

Siento que no he dormido lo suficiente, pero aun así me levanto con más ánimos que nunca. Hoy es mi cumpleaños numero 18 y aunque no soy de los que celebra, este día en especial si me siento con animo festivo. Por fin estoy en capacidad de tomar esa decisión que he estado postergando por algún tiempo.

Mi madre me ha preparado un pastel, mi padre me ha dado dinero acompañado de un abrazo un tanto forzado y Carol me ha hecho una tarjeta con dibujos coloridos, donde me dice que ella siempre va a quererme sin importar nada.

El día ha pasado afortunadamente de forma tranquila, son las 6 de la tarde y yo estoy deseando escuchar su voz.

Al parecer lo he invocado con el pensamiento, pues mi móvil empieza a sonar de forma insistente en mi escritorio. Se que es él aun sin tener que mirar y casi me caigo de boca contra el piso por levantarme de la cama prácticamente corriendo.

–¡Mi amor! – prácticamente grito de forma efusiva en cuanto respondo la llamada y puedo escuchar su risa de otro lado de la línea.

–¿Estás feliz por ser un año mas viejo? – me pregunta y ahora soy yo quien no puede borrar la sonrisa.

–Estoy feliz porque no voy a tener que separarme de ti nunca más.

–¿Tienes todo listo ya? – me pregunta. Miro hacia un lado de mi cama y ahí está mi maleta. No está llena solo de cosas, está llena con todos mis sueños, esta llena con todas esos planes que espero poder cumplir con él.

…………………………..

Había cumplido exactamente 18 años cuando me fui a vivir con Samuel. Él tenía 21 y había estado ahorrando durante un par de años para poder independizarse. Probablemente nunca se imaginó que se mudaría con compañía. Pero estaba inmensamente feliz, al igual que yo.

Ambos teníamos miedo, aquel era un gran paso, pero aquella era la única forma que había para que pudiéramos estar juntos de una forma permanente. Mis padres ya no podían decirme que hacer, yo era mayor de edad y había tomado la decisión de estar con la persona que yo amaba a pesar de cualquier cosa.

Conseguí una beca para la universidad, quería seguir estudiando y de igual forma estaba casi seguro que Samuel jamás hubiese permitido que yo dejara mis estudios. De hecho no quería que yo trabajara, aun cuando era un trabajo de medio tiempo, quería que me concentrara solo en estudiar, decía que trabajar me iba a cansar y al final no iba a poder concentrarme. ¿Cómo iba a hacerle caso si el estaba haciendo exactamente lo mismo?

Samuel trabajaba 4 horas en la mañana como entrenador en un gimnasio. Después de eso se iba a la universidad, ambos estudiábamos diseño gráfico, aunque él me llevaba un par de años de ventaja. Después de las clases, regresaba un par de horas más al gimnasio. Aquello era demasiado.

Cada día lo veía llegar suspirando de cansancio a nuestro pequeño departamento. Aun así se tomaba el tiempo de cenar junto conmigo siempre con una sonrisa en los labios. No había jamás un reclamo de su parte, jamás tuve que escuchar una sola queja. Lo único que Samuel tenía para mi era amor, cariños, caricias. Aun si había estado todo el día ocupado trabajando, siempre tenía tiempo para mi, para besarme de forma lenta, para hacerme el amor y hacerme sentir amado, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo.

Pude haber fingido que no notaba su cansancio, que no notaba sus ojeras por dormir tan poco y trabajar tanto. Pero no podía, no podía dejar todo el peso de la responsabilidad solo en él. Aunque había sido su idea que viviéramos juntos, yo había aceptado y éramos un pareja, un equipo. Era mi mejor amigo además de ser mi novio, y los mejores amigos están para apoyarse.

Conseguí trabajo en una librería aun a pesar de sus quejas y fue una de las mejores decisiones que pude haber tomado. Las cosas empezaron a cambiar para bien a partir de eso. La responsabilidad ahora era compartida. Yo me sentía mucho más confiado y útil y Samuel había podido dejar de ir a su segundo turno en el gimnasio. Ambos trabajábamos y estudiábamos, nos apoyábamos en todo y él recuperó la vitalidad de la que me había enamorado.
Pero a veces no todo es felicidad.

Teníamos ya tres años viviendo juntos cuando Samuel se quedó sin trabajo. Hacía un par de meses que había terminado la universidad, así que de un momento a otro, de estar todo el día ocupado, se encontró de pronto sin nada que hacer más que buscar desesperadamente un nuevo trabajo. A mi aun me quedaba un año en la universidad y aunque seguía trabajando, un trabajo de medio tiempo como el mío no era suficiente para mantener la casa, pagar alquiler, comprar comida. Estábamos en problemas.

Samuel nunca se dejó decaer. Él siempre había sido el hombre mas optimista, mas ruidoso, mas bromista, era la chispa que a veces le había falta a mi vida, era el torbellino que me levantaba y me hacia volar. Samuel jamás dejó que los problemas nos arrastraran. Nuestro pequeño departamento era el lugar mas lleno de amor y paz que ambos teníamos y él no iba a permitir que eso cambiara.

Empezó a levantarse temprano cada mañana, mas que de costumbre, desayunaba, se arreglaba, me daba un beso de despedida y salía de nuestro hogar en busca siempre de oportunidades. No dejaba que el desanimo le ganara, aun cuando la mayoría del tiempo regresaba sin haber conseguido nada.

Pasaron 3 largos meses en los que Samuel no logró conseguir trabajo. Las deudas nos estaban llegando hasta el cuello, apenas teníamos para comer y estoy hablando de una sola vez al día, porque no alcanzaba para más. Cuando ambos estábamos a punto de tirar la toalla o al menos de quejarnos libremente de nuestra mala suerte, Samuel recibió una llamada de uno de los tantos despachos de diseño en los que había dejado sus datos. Habíamos encontrado una esperanza.

Las cosas empezaron a mejorar a partir de ese día, el trabajo que Samuel había conseguido tenía una paga muy buena y el horario permitía que pasáramos juntos la mayor parte de la tarde además del fin de semana. Todo parecía marchar de forma perfecta, nuestras vidas eran perfectas en ese momento. Yo nunca hubiese imaginado que amaría de esa manera, con tanta intensidad, con tanta entrega. Habían pasado ya 7 años desde que lo había visto por primera vez en aquella biblioteca, 7 años en los que mi amor por él no había decaído ni un poco, al contrario. Samuel era lo mejor que yo tenía, era quien me daba un motivo para levantarme feliz cada día, era la persona por quien yo estaba dispuesto a darlo todo. Por fortuna, él también deseaba pasar el resto de su vida conmigo.

………………………..

Siento como sus manos recorren lentamente mis piernas y se plantan con seguridad a la altura de mis muslos. Estoy temblando. Hemos pasado tanto tiempo juntos y hemos hecho esto tantas veces, que no me sorprende el hecho de que a Samuel le cause gracia que yo siga poniéndome tan nervioso por esto.

Está oscuro y solo puedo sentir sus manos recorriendo mi cuerpo con necesidad, con posesividad, con la seguridad que te da recorrer algo completamente conocido, completamente propio. Se que pertenezco a ese hombre que tanto amo y el es mío también.

–Te amo – me dice despacio muy cerca de mi oído. Me estremezco al sentir su aliento cerca y sus labios rozando mi cuello. Sus besos siempre son lentos y llenos de ternura, por mas intenso que sea el momento, él se asegura de tratarme siempre con total delicadeza, de mostrarme su amor.

–Yo te amo mucho mas – respondo y casi puedo imaginar su mueca de molestia. Siempre discutimos sobre quien quiere mas al otro y es algo realmente tonto y cursi, pero amo que esas sean nuestras únicas peleas.

Sus labios recorren desde mi cuello hasta mi mentón, mientras sus manos acarician mi cadera. Estamos completamente desnudos y puedo sentir su erección rozando con mi pierna. Seguramente él está sintiendo lo mismo.

–Dime que eres feliz Guille… dime que he logrado hacerte feliz en todo este tiempo – escucho su voz entrecortada y me preocupa, porque no me gusta cuando se pone de esa manera. No me gusta que se cuestione que tan feliz soy o que tan feliz he sido con él, porque debería saberlo. Solo él es el causante de mi felicidad.

–Soy feliz Samuel, muy feliz… tu eres mi felicidad

Siento sus labios aferrándose a los míos y siento sus brazos rodearme con posesividad, con amor, con dependencia. ¿Feliz? Nunca he sido más feliz en toda mi vida.

………………………….

Quizá si hubiese sabido lo que se nos venía encima, mis acciones hubiesen sido diferentes. Quizá si no hubiese decidido volver al día siguiente de haberlo visto por primera vez en aquella biblioteca, nada hubiera sucedido como sucedió. Quizá su realidad fuera otra, probablemente mi vida también sería diferente. Nuestros caminos hubiesen seguido rumbos separados y yo no tendría que tomar decisiones como esta.

No cabe duda que es verdad aquello de que la vida cambia en un abrir y cerrar de ojos. Son solo segundos los que hacen falta para que la luz se convierta en oscuridad. Yo tuve que descubrir aquello de la peor manera y lo que sería una hermosa cena romántica para celebrar el cumpleaños número 26 de Samuel, se convirtió en uno de los peores días de mi vida.

Probablemente nunca voy a poder dejar de lamentar el hecho de haber insistido tanto en que pidiera permiso para salir temprano ese día. Acababan de cambiar su horario de trabajo a las tardes y yo no dejaba de insistir, después de todo era su cumpleaños ¿No podían hacer una excepción?

Hubiera deseado que le hubiesen dicho que no, que su jefe fuera un cabrón hijo de puta que no permite a sus empleados salir temprano. Quizá de esa manera él no hubiese estado en aquel lugar precisamente en ese momento.

La mesa estaba hermosamente puesta, con manteles combinados, flores y velas. Era el ambiente mas cursi que jamás pensé ser capaz de crear. Había estado viendo recetas en internet para prepararle la mejor cena de cumpleaños y de verdad me había esforzado en hacer algo que al menos fuera comestible.

Nunca imaginé que me iba a quedar esperando.

Aun recuerdo esa llamada hace poco más de dos años, como si la hubiese recibido ayer. Siempre había tenido la capacidad de presentir cuando algo estaba mal, sobre todo si se trataba de Samuel. Él me había llamado antes para decirme que le habían dado permiso de salir, que estaba en camino.

Cuando dos horas después yo aun seguía esperando, me di cuenta que algo definitivamente no estaba bien. Llamé a su móvil y no me respondió. Cuando mi teléfono empezó a sonar, no necesite escuchar una sola palabra para que las lágrimas empezaran a correr por mis mejillas. Yo lo sabía.

Todo se volvió borroso a partir de ese momento. Solo escuchaba palabras que luchaba por entender en medio de mis sollozos. “Accidente” fue la única palabra que escuché con desgarradora claridad.

No se como fui capaz de conducir hasta el hospital que me indicaron por teléfono, pero llegue, con la vista nublada por las lagrimas. Atravesé corriendo la puerta con una desesperación que no había sentido nunca oprimiendo mi pecho, cerrando mi garganta, cegando mis sentidos. Me estaba muriendo.

La madre de Samuel llegó un poco después y lo único que pudimos hacer fue esperar a que alguien nos diera noticias. Estaba vivo. Samuel aun vivía y era lo único que me importaba saber.

Cuando el médico se acercó a nosotros, solo me bastó mirar su expresión para darme cuenta que las noticias no eran buenas. Había compasión en su mirada, lástima. Parecía estar a punto de adivinar nuestras reacciones cuando nos dijera lo que estaba pasando.

Samuel estaba vivo por suerte, pero estaba muy mal herido. Tenía varios huesos rotos, incluidas varias costillas y ambas piernas. Tenía una severa contusión en la cabeza, una hemorragia interna que necesitó una cirugía de emergencia, pero lo que mas preocupaba a los médicos era que su columna vertebral prácticamente se había partido en dos.

Había motivos reales para estar preocupados y lamentablemente los médicos que estaban tratando el caso de Samuel no se habían equivocado.

El tiempo esperando a que despertara fue lento y doloroso en muchísimos aspectos. Nunca me había sentido tan solo e indefenso, ni siquiera cuando mis padres rechazaron la idea de que Samuel y yo estuviésemos juntos cuando apenas tenía 16 años. Esto era peor que cualquier cosa por la que hubiese tenido que pasar antes. Me hacía falta mi otra mitad, mi novio, mi amigo, mi compañero de vida.

El día que por fin despertó de aquella profunda inconciencia, me di cuenta que la peor prueba aun estaba por venir. El daño en su medula espinal había sido severo. Samuel padecía tetraplejía total.

No recuerdo haber llorado tanto antes de ese día. No recuerdo haber sentido un dolor más grande que el que sentí cuando el médico nos dijo que aunque aun faltaba hacerle algunos estudios a Samuel, lo más probable era que nunca pudiese recuperar la movilidad. No sentí dolor por mi, no era preocupación por pensar que es lo que iba a hacer ahora yo o como iba a sobrellevar una situación como esa. El dolor que sentía era por él, por imaginar como sería su vida a partir de aquello. Como sería nuestra vida. Como lograría acostumbrarse o al menos intentarlo, a vivir la vida que le esperaba. Lo único que me importaba en ese momento es que supiera que yo iba a permanecer con él pasara lo que pasara.

Para mi sorpresa, mis padres y mi hermana aparecieron en la sala de espera del hospital unas semanas después. Cuando me contaron que el accidente había aparecido en la televisión, no pude evitar llorar mucho más. El coche de Samuel había sido arrollado por un tráiler que viajaba a exceso de velocidad. Había quedado hecho pedazos, con Samuel atrapado entre el metal. Aunque yo no lo había visto ni siquiera en un periódico, aquella era una imagen que me perseguiría por siempre.

El tiempo pasó rápidamente a pesar de todo y cuando menos pensamos, Samuel y yo ya estábamos en camino a nuestra casa. Los primeros días fueron una mezcla de tristeza y un gran deseo de que las cosas funcionaran.

Teníamos la esperanza de que los médicos se hubiesen equivocado, de que con la terapia adecuada Samuel recuperara la movilidad poco a poco. Incluso mis padres decidieron ayudarme. Se dieron cuenta que ya no había razón para oponerse a nuestra relación. Si no habían logrado separarme de él antes, no iban a lograrlo ahora que él más me necesitaba. No nos íbamos a dar por vencidos, no íbamos a dejar que la situación que estábamos pasando, por mas difícil que fuera, nos tumbara. Nosotros, si estábamos juntos podíamos con lo que sea. No fue así.

Con el tiempo las cosas empezaron a ponerse difíciles. El ánimo en Samuel empezó a decaer. Aquel chico tan enérgico, feliz y siempre positivo, se transformó en un ser negativo y cansado. Era lógico, yo podía entenderlo o al menos trataba de hacerlo, podía imaginar lo difícil que era para una persona tan autosuficiente como siempre había sido, tener que depender de alguien mas para todo. Yo tenía que alimentarlo, vestirlo, cambiarlo, bañarlo y limpiarlo, pues para él ya era imposible siquiera el hecho de ir al baño con normalidad. Era humillante para él y yo lo sabía. Para mi jamás representó una carga o una molestia, lo amaba igual que siempre a pesar de todo y aquello no iba a cambiar, pero era doloroso ver como con el pasar de los días, las semanas, los meses, Samuel poco a poco iba perdiendo la esperanza. No dejaba de ser una de las situaciones más difíciles con la que me hubiese enfrentado antes.

……………………………

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–¡No quiero que me veas así! – lo escucho gritar entre sollozos y no puedo evitar llorar también. Siempre he sido capaz de aguantar cualquier cosa, aguantaría lo que sea por él, pero no puedo soportar como se consume cada día.

–Sabes que no me importa hacer esto mi amor… yo estoy aquí para ayudarte – le repito, como cada una de las veces en las que la desesperación puede mas que él. Me mira con los ojos enrojecidos y siento como se me encoje el corazón – esto no tiene porque darte vergüenza. Se trata de mi, soy tu novio, no soy un extraño – lo muevo para poder pasar un paño húmedo y limpiarlo.

Escucho como su llanto se hace más intenso y aunque trato de ser fuerte para él, por ambos, no puedo evitar que la situación me destroce un poco más cada día a mí también. Aprovecho para llorar en silencio mientras no me ve. Como cada día, como todos los días. Mientras me sea posible, él no me verá llorar.

…………………………….

Mis días se volvieron cada vez más largos, más tristes, más oscuros. No quería reconocerlo, pero yo también estaba perdiendo la esperanza. A pesar de que mis padres habían contratado a una terapeuta para que acudiera a nuestro departamento a hacer los ejercicios necesarios con Samuel, y estaban prácticamente manteniéndonos a ambos para que yo pudiera estar al pendiente de él todo el día, no había ningún avance. Ninguno, ni siquiera mínimo. Yo hubiese podido acostumbrarme, juro que lo hubiese hecho. No estoy diciendo que iba a ser fácil, pero mi amor podía más que cualquier cosa. Yo hubiese podido dedicar mi vida a cuidar de él a hacer de aquello nuestra nueva forma de vida, a adaptarme, porque estaba seguro que Samuel hubiese hecho lo mismo por mí si los papeles estuviesen invertidos.

Estuve enamorado de él por meses sin siquiera conocer el tono de su voz, estuve enamorado de su sola presencia a la distancia, sin que fuera realmente mío. Podía seguir amándolo aun cuando no pudiera volver a sentir sus abrazos nunca más. Pero no dependía de mí, no era yo quien se estaba rindiendo.

Él se rindió… y yo me dejé caer con él. Uno de los días más difíciles de mi vida estaba a punto de llegar. Un día de decisiones. El día en que decidiríamos ser libres nuevamente.

…………………………

No he podido dejar de llorar y no creo que sea capaz de dejar de hacerlo, al menos no pronto. Volteo a mirarlo y aun intento descubrir en su mirada si lo que acaba de decirme es una broma, si es la desesperación hablando por él. Pero no es la primera vez que lo insinúa y no se que hacer, no se como animarlo. No se como puedo seguir siendo fuerte frente a la persona que siempre ha sido quien me da la fuerza a mi.

–No puedes estar hablando en serio – repito, e intento no gritar, aun así mi voz sale con toda la firmeza que aun me queda. Ni siquiera puedo verlo bien gracias a las lagrimas que nublan mis ojos – Yo no puedo hacer algo así.

–¡Por favor! Nadie puede ayudarme más que tú… por favor – lo escucho suplicar, con la voz saliendo apenas en la última suplica. Puedo ver la desesperación en sus ojos, la angustia, el dolor y estoy seguro que si tuviera mas fuerza estaría gritando hasta desgarrar su garganta, pero se que ni siquiera puede hacer eso ya. Es poco lo que puede hablar y yo ya estoy extrañando su voz – ya no quiero vivir así…

No puedo dejar de llorar y siento que estoy ahogándome. Me siento solo y perdido, me siento vacío e incompleto. Camino hasta su cama y me tumbo a un lado de él. Me aferro a su cuerpo con todas mis fuerzas y ni siquiera me detengo a pensar si estoy haciéndole daño. Ni siquiera tendría fuerzas de quejarse si ese fuera el caso.

–Esto ya no es vivir mi amor… se que es mucha la responsabilidad que pongo sobre tus hombros, se que estoy siendo injusto, pero ya no puedo
Lo escucho susurrar en mí oído con dificultad y mis lágrimas se intensifican. Yo lo sé, el ya no vive, él sobrevive y eso no es vivir. Soy egoísta porque no puedo imaginar mi vida sin él, no puedo seguir sin él… y de pronto, todo se acomoda en mi mente como un Rompecabezas.

–¿Eso es lo que quieres Samuel? ¿En realidad es lo que quieres? – pregunto y me enderezo en mi lugar para poder mirarlo. No hay una pizca de duda en su mirada. Es lo que él quiere y puedo estar seguro de ello.

–Perdóname… – es lo único que me dice, antes de que sus propios sollozos le impidan seguir hablando.

–Si es lo que quieres lo haré… pero tengo una condición y no puedes negarte. Si te niegas no voy a hacerlo ¿me escuchas? – Pregunto y lo miro asentir débilmente – vale – respondo intentando no atragantarme con mis propias palabras. Estoy completamente seguro de lo que voy a decir y casi presiento que el ya ha adivinado mis palabras antes de decirlas – yo voy a irme contigo.

…………………………..

No ha sido difícil para mí llegar a esta decisión, fue probablemente más difícil para mí convencer a Samuel de que esto es lo que quiero hacer. No puedo vivir sin él… no quiero vivir sin él y no me importa si piensan que soy cobarde. Mi decisión es no vivir sin él y no me importa si están de acuerdo conmigo o no.

Nuestro amor en este lugar tenía un límite y ese límite ha llegado. Para ambos.
No quiero que sientan lastima por mi. No quiero que se atormenten preguntando porque he hecho esto. Solo quiero que continúen viviendo con la certeza de que he hecho lo que he querido, que he vivido 25 años maravillosos, que he amado con el alma y mas aun, que he sonreído, que he llorado, que he vivido con intensidad, que he amado a Samuel mas que a mi vida y que he decidido irme con él.

Perdón, porque jamás ha sido mi intención hacer sufrir a nadie. He escrito todo esto para que puedan ponerse un momento en mi lugar si es que es posible. No me voy triste, porque se que él ya no va a sufrir. Si yo no alcanzo el perdón, por mi acto de cobardía, al menos estaré conforme al saber que él ya es libre de ese cuerpo que lo tiene prisionero. Yo no puedo seguir sin él. No quiero hacerlo. Me voy amándolo con toda el alma, sabiendo que el me ama a mi de igual manera.

No lo sé, quizá es posible… quizá en algún lugar pueda encontrar el perdón.

Los amo

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Los cuerpos sin vida de dos jóvenes fueron encontrados en su domicilio, un frio y lluvioso día de septiembre, acostados en una cama, tomados fuertemente de la mano. Los vecinos habían comunicado un fuerte olor a gas proveniente de la vivienda. Cuando los bomberos acudieron al lugar y entraron a la casa tomando las medidas necesarias, ya no fue posible hacer nada por ellos. Ambos habían fallecido un par de días antes. Sobre sus cuerpos se encontraban un montón de hojas esparcidas, escritas a mano con la que después se descubrió era la caligrafía de Guillermo Díaz.

“Dime que eres feliz Guille… dime que he logrado hacerte feliz en todo este tiempo”

“Soy feliz Samuel, muy feliz… tu eres mi felicidad”

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Esta es la primera historia de un concurso que hice en twitter. La chica que me pidió esta historia es Catalina (@sadtroye) El concurso consistía en que las tres personas que ganaran, podían pedirme una historia del tema que quisieran. Lo que Catito me pidió fue lo siguiente:

“Bueno, el tema no es tan específico, sino es más general. Es un texto que sea triste (como para llorar) y que lo veas y te deje “marcada”

No se si esta historia vaya a dejar una marca en alguien, pero de verdad espero que les haya gustado. Nunca había tocado un tema como el suicidio en ninguna de mis historias y se que es un tema fuerte, pero bueno quise hacer algo un poco mas intenso a lo que siempre escribo. Y fue lo que me pidieron así que no tengo la culpa. Espero de corazón que les haya gustado porque he derramado muchas lágrimas escribiendo esto y tiene cosas muy personales. Esta historia tiene una parte importante de mi vida.

Catalina, espero que te guste y que haya sido un premio digno. Un besote para ti corazón. Gracias por el apoyo♥

“Solo un abrazo”-Wigetta- One Shot

Siempre van a haber complicaciones en la vida, quizás tantasmás fáciles que otras, y algunas que las personas llegan a explotar por nosaber la manera de solucionarlo.

En este caso Samuel y Guillermo no sabían cómo sobrellevarla  situación, como controlarla, para queninguno saliera herido, y la respuesta era tan fácil…

-Eh Guillermo tranquilo, tenemos la noche entera.- dijo Samuel después de que el chico arriba suyo estaba prácticamente comiéndose el cuello.

El solo hizo una sonrisa maliciosa y siguió

Y así era, Samuel y Guillermo se conocían hace 2 años, y desde un par de meses empezaron  salir, solo como simples “Acompañantes de sexo” y es que desde el principio todo iba perfecto para los dos, conseguían lo que querían y no había caprichos.

Los dos por igual habían salido heridos de una relación anterior, lo que no los hizo creer en el amor nunca más, nada de rosas, nada de “te amo”, nada de estúpidos peluches y mierda amorosa

Así era para ellos, los dos eran caprichosos e intocables.

Ellos solo se necesitaban para una cosa.

Sexo.

¿Cliché?

Se encontraban en la habitación del departamento moderno de Samuel en L.A, besándose como si un mundo no existiera en el mañana, la cama era inmensa y el testigo de todos los encuentros sexuales de estos dos.

Viendo la forma que se acariciaban el cabello, de cómo jugaba Samuel con el cuello de Guillermo, de cómo se abrazaban, y se besaban, cualquiera pensaría que era del amor más intenso que jamás pudiera haber existido.

¿Amor?

-Sam, argh- dijo Willy alucinando, y es que siempre para él, no había escogido mejor decisión que su acompañante Samuel, era un Dios en la cama, era rebelde, sin límites, pero también cariñoso y cuidadoso.

Eso no era amor.

Los quejidos se detuvieron lentamente, los dos amantes realmente cansados se acostaron uno al lado del otro, con la respiración al límite, en silencio, sin saber que decir.

Pero como historia de amantes siempre hay un problema.

Y es que el ser humano aclama al amor, aunque lo odie en lo más profundo.

Había un gran pequeño secreto que se guardaban estos amantes.

Y es que aunque lo trataron de evitar lo más que era posible, no pudieron hacerlo.

Puede que esta sea una historia como de la típica frase “El primero se enamora pierde”

Pero…¿Qué pasa si los dos se enamoran al mismo tiempo?

-Te amo.-

Eran las palabras que Samuel quería decirle a Guillermo cada vez que se veían en cualquier situación, incapaz era de aceptarlo.

“¿Que me está pasando?” “¿Por qué?”

Y es que había le había follado hasta los ojos al pobre Guillermo, pero “sexo” y “amor” son palabras diferentes, con significados diferentes, y finales diferentes.

No sabía cómo detener este sentimiento “estúpido” y sin sentido alguno, le quemaban tanto que no podía resistirlo, no podía evitar lo inevitable.

Puede sonar totalmente cursi y estúpido.

¿Sentimientos? Samuel no conocía el significado completo de esa palabra, como miles de personas tampoco, como Guillermo tampoco…

¿Por cuánto tiempo ha querido a Guillermo?

No sabía la respuesta, y tampoco sabía si quería conocerla.

¿Y Guillermo?

Guillermo estaba exactamente igual de hundido que su amante perdido.

“Quedate conmigo”

“Cuidame”

“Abrazame”

Miles de palabras asquerosas, que no tenían sentido alguno en el pasado.

Pero morían de ganas de compartir esas palabras en un significado más allá de sexo.

Y no tenían el valor.

De pronunciarlas con amor y pureza.

Se supone que la noche esta para descansar, ellos se torturaron con pensamientos y recuerdos.

Pfff…amor.

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Samuel despertó temprano, mirando alrededor, la casa estaba en silencio, solo con el sonido del mar de los Ángeles a lo lejos, y es que encontrar un departamento en los Ángeles al lado del mar era espectacular para él.

Suspiró.

Giro la vista hasta encontrar la cara de la persona acostada a su lado, tapada hasta la cadera con esas sábanas blancas un poco sucias.

Solo un poco…

Se recostó de nuevo, observando detalladamente sus rasgos, sus ojos rasgados, su nariz respingada, sus labios tocados por él más  veces de lo que se podría contar, después su cuello, marcado indicando que era propiedad de alguien…

No.

Samuel nunca antes había usado su tiempo para ver la cara de una persona, la única persona que tuvo ese capricho fue su antigua pareja.

Pero eso es otra historia…

¿Y por qué Guillermo estaba comparado con ella?

Samuel sacudió su cabeza tratando de olvidar.

“¿Y si de una vez lanzamos las cosas que nos duelen al aire, sin importar quien salga herido?”

Samuel había pensado en detener esta “post”-relación, trato de darle la espalda a quien más amaba sin darse cuenta, tirar todas sus emociones por un barranco y borrar todo lo relacionado con Guillermo, pero no pudo, otra vez fue un cobarde

¿Y si comenzamos a importarnos?”

¿Acaso no le importaba Guillermo?

¡No claro que no! Samuel lo amaba tanto como para que de un día a otro dejara de importarle.

-Solo será sexo Samuel, nada más.

-Solo será sexo Guillermo, lo juro

-Ah maldición…-¿Por qué tenía que estar tan confundido?

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Once de la mañana…

Guillermo despertó aturdido, al ver que estaba en el departamento de Samuel.

Estaba solo en la cama totalmente desarmada, el agua cayendo de la ducha se escuchaba a lo lejos, seguramente sería él.

Los recuerdos de la noche anterior le chocharon la mente entristeciéndolo.

“¿Por qué el amor vuelve estúpida a la gente?”

Se preguntó.

-Por favor Guillermo.- dijo para el mismo, hundió su cara en la almohada, tenía el olor de Samuel, ese el cual nunca se molestó en sentir, olía perfecto para él, relajante y a la vez inquietante.

¿Qué estaba haciendo oliendo la almohada?

La dejo de lado inmediatamente y se sentó al costado de la cama.

Guillermo tenía más que claro que amaba a Samuel desde la primera vez que se vieron, ¿Y por qué no le dijo que estaba enamorado de él en vez de ser amantes?

Porque él se prometió que nunca más se enamoraría, y como estúpido falló su misma promesa

-No quiero ver a Samuel.- suspiro.

Se vistió lo más rápido que pudo, guardo su celular y las llaves de su casa, rápidamente camino por la casa hasta que tomo el picaporte de la puerta quedándose quieto ¡¿Qué estaba haciendo?! ¡Tenía que irse ya!

Pero…¿él de verdad quería seguir de esa forma?

“Es mejor querer a alguien que no puedes tener, que tener a alguien que no puedas querer”

Se devolvió a buscar un papel y escribir una nota para rápidamente dejarla encima de la cama.

-¿Q-que estoy haciendo?.- pensó en arrugar el papel de nuevo y meterlo en el bolsillo.

-Seguir con la misma farsa…- dijo en su cabeza, él no quería eso.

No quería separarse de Samuel por nada del mundo, no quería parar de amarlo, pero él solo quería parar de sufrir en silencio por no poder amar a alguien…pero si seguía a su lado, eso sería totalmente imposible.

Confuso…

Y no estaba en ninguna de las opciones decirle que lo amaba, eso era impensable para él.

Escuchó el agua de la ducha detenerse.

Sin pensarlo dejo la pequeña nota en la cama, tomo sus cosas y salió rápidamente sin cuidado del ruido que hiciera la puerta principal.

Ya solo había una persona en ese lujoso departamento.

-¿Guille?.- Samuel salió del baño unos segundos después con el pelo húmedo, unos pantalones negros de pijama y el pecho descubierto

No estaba en la cama, y faltaban sus cosas.

Vaya…

Guillermo se había ido sin aviso alguno.

Samuel se acercó extrañado, se sentó al lado de esta.

-¿Una nota?.- tomo el pequeño papel blanco y lo leyó.

“Mañana a las 12, estaré aquí

Lo siento.”

-¿Eh?.-

¿Lo siento? ¿Qué significaba?

Samuel estaba asustado, pero ¿Por qué?

Quizás se perdonó por no despedirse, eso es lo que quería pensar Samuel.

Pero ¿Por qué no se creía a si mismo?

¿Por qué estaba siendo jodidamente inseguro era la primera pregunta de todas?

¡Él no era así, no se dejaba llevar!

Dios, que imbécil se sentía al hacerse tantas dudas.

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Guillermo fue corriendo a su casa, rogaba que todo esto se acabara pronto.

Al llegar a su hogar, lo primero que vio fue el cartel de “a la venta”

Trato de ignorarlo, pero era imposible, las cajas dentro de su casa no lo lograban distraerse, mañana tendría que estar en Ámsterdam, con todas estas cosas.

¿Por qué Ámsterdam y no España?

Samuel lo buscaría, y estaba seguro de eso.

Se recostó en el sillón mirando a la nada.

“¿Por cuánto tiempo he querido a mi amada?”

Suspiro, tenía que distraerse de alguna manera y no pensar más en Samuel.

Busco entre las cajas para finalmente encontrar una pequeña radio, la conecto y dejo que cualquier canción sonara.

https://www.youtube.com/watch?v=cxzI5iZe6kg

Se sentó de nuevo en el sillón, tratando de concentrarse en la canción que sonaba.

“Tratando”

Por lo menos era alegre y podría confundirse en cualquier estupidez.

Hasta que finalmente terminó.

“Soy un desastre ahora mismo, de adentro hacia fuera”

-Joder-dijo en voz baja, ¿Qué acaso la radio compartía su puto sufrimiento?

Se levantó de nuevo para cambiar la radio pero algo lo distrajo, y es que una caja a lo lejos no era como todas las demás.

“Samuel things”

-¿Eh?.- camino hacia esa caja de cartón mediana, la tomo y se la llevó consigo al sillón.

“No se cómo solucionarlo ¿Cómo?”

No quería abrirla, ¿porque tenía tanto miedo?

Hundió su cabeza apoyando sus codos en sus rodillas, frente esa misteriosa caja.

Estaba leyendo en su mente lo que decía la canción, y no sabía cómo lo describía perfectamente

“Y aunque lo he estado pensando hace mucho tiempo, todas mis esperanzas, todas mis palabras”

Esa canción le estaba succionando la mente.

Agarro sus pequeñas mechas de cabello tirándolas fuertemente para carcomer la rabia, la confusión, ojalá todo.

TODO.

Apretó sus dientes, rindiéndose.

Abrió la caja desesperadamente.

Y no pudo detener el llanto.

Que hace tanto guardaba.

Fotos de ellos abrazándose, besándose, enojados, felices.

Peluches, regalos, y camisetas de Samuel.

Tomo todas las fotos con sus manos temblorosas en un montón y las fue viendo.

Una en la que él se veía riendo y Samuel en el fondo enojado, se acuerda perfectamente de la broma que le hizo para que se enojara tanto.

Otra en una fiesta, totalmente borrachos, se acordaba que fecha fue, pero no que pasó después de esa foto.

Agarro una en la que estaban acostados y Samuel abrazando a Guillermo por detrás.

Y otra foto igual pero se veía solo Samuel dormido, probablemente Guille saco la foto al despertarse.

Después había una en blanco y negro de Samuel, con una camiseta blanca que dejaba a la vista sus clavículas y abdomen totalmente formado, con su barba de pocos días y el cabello despeinado.

Y además su sonrisa mientras miraba a Guille quien sacaba la foto

Se veía guapísimo.

“¿Y si siempre fuimos una pareja?”

¡No!

Una pareja es la que se ama, y que se lo dicen en la cara, la que cuida una a la otra y viceversa, la  que se da besos en plena calle y camina de la mano, la que se regala chocolates en San Valentín y no tienen sexo desenfrenado. O esa era la versión de Guillermo.

Una pequeña lágrima cayó en la foto de Samuel.

-¡AH JODER!- ¿estaba llorando?

Se levantó tirando todas las fotos al suelo a “no importarle donde cayeran”, aunque después tendría que recogerlas de nuevo.

Fue casi corriendo al baño secándose las lágrimas.

Abrió la llave del lavabo y se mojó la cara, frotándosela con desesperación, levanto su vista hasta chocar con sus ojos en el espejo.

Sabía lo que decían estos en el fondo.

Estaban llenos de desesperación, de confusión.

Como cuando sabes que te estas mintiendo a ti mismo.

Era un ahogo tan dulce, tenía ganas de suspirar, y de llorar a gusto hundiendo la cara en la almohada.

Si todo fuese más fácil.

“Easy, baby, maybe”

Ya no podía mentirse a sí mismo.

Y se rindió de un tiro.

Se sentó en el W.C. mientras que la canción sonaba en el fondo.

“Mira las llamas dentro de mis ojos, duelen tanto que quiero sentir tu amor”

¿Por qué tenía que ser él?

Nunca lo acepto, a él le iban las chicas, ¡claro que sí!

¿Porque Samuel lo  confundía tanto?

Se sentía tan culpable.

Trataba de contener esas lágrimas y hacerse el fuerte como si alguien lo estuviera observando.

Tan miserable

Su boca temblaba, sus manos recorrían con desesperación su cabello desordenándolo y tirándolo fuertemente.

Tan cobarde…

Tan…

“Y poner tu fe en mi estómago”

Guillermo se levantó y empezó a tirar las cosas al suelo.

Saco la cortina de un jalón y la rompió con todas sus fuerzas, los frascos de shampoo cayeron al suelo, el agua del lavabo seguía corriendo, mientras Guillermo tenía un nudo en la  garganta.

Los líquidos empezaban a esparcirse por el suelo haciendo que Guillermo cayera fuertemente con la cortina en sus manos.

Pero a él no le importo.

Definitivamente no le importo nada.

Ahora no estaba llorando, prácticamente estaba ahogándose en llanto.

Apretando sus labios con sus dientes.

Y cerrando sus ojos, tratando de que las lágrimas cayeran, rápido, para que todo pasara.

Doblo sus rodillas y apoyo su cabeza en estas tirado en el suelo, su mano derecha tapaba su boca, tratando de no hacer ruido, mientras que la otra apretaba la cortina tan fuerte que esta ya estaba roja,  como si fuera una criatura indefensa, y es que eso era, porque su escudo ya estaba roto.

Porque alguien lo había roto…

O los dos lo habían roto…

Confuso…

“Siento que todo ha acabado”

El corazón sin disciplina nos pierde, se destroza con sus propias fuerzas

Guillermo lo apretaría, ¡claro! Con todas sus fuerzas, le diría todo lo que sufre por él, y que lo adoraba y mil cosas.

Pero el tiempo va pasando y la gente se va poniendo peor.

“Por cuanto tiempo he amado a mi amada?”

Todo es tan frágil.

Confuso.

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https://www.youtube.com/watch?v=Nc5Q7qsub7k

Ya eran las 12 de la noche en punto.

¿Dónde estaba Guillermo?

Samuel estaba esperando en su departamento impaciente.

Y miraba su reloj cada 5 minutos, sentado en una mesa con unas pequeñas velas que iluminaban un poco el lugar silencioso de la casa.

-

Pero, todo cambia tan rápido

Alguien tocaba a la puerta, rápido, muy rápido. Samuel corrió asustado a la puerta.

Quien tocaría tan fuerte, estaba casi seguro que no era él.

-Si?.- aunque no alcanzó a decir más, Guillermo se había abalanzado sin control alguno sobre Samuel, tanto que casi caen al suelo, si no fuera gracias a la pared a espaldas de Samuel hubieran caído, pero ahora estaban apoyados en esta besándose con esos ojos forzadamente cerrados de Guillermo, y los de Samuel muy abiertos debido a la sorpresa.

¿Qué estaba pasando?

Ni Guillermo ni su compañero lo tenían claro.

Samuel logro apartarse un poco, ya que el menor estaba apoyado en su pecho, en silencio, solo agarrado a su camiseta con todas sus fuerzas.

-¿Guillermo que te pasa?.- este no lo dijo en forma desagradable, de hecho, solo era una pregunta, pero su amigo no espero en sentirse estúpido.

-Lo-lo sien.- trato de mirarlo a la cara, pero se le fue imposible.- perdona.- dijo sin antes que sus mejillas se enrojecieran mientras se mantenía aferrado al pecho de Samuel.

Estuvieron un tiempo en esa posición, un buen tiempo, hasta que Guillermo se separó un poco y tomo el borde de la puerta que aún se mantenía abierta.

No.

Samuel pensó por un momento que se iba a ir después de ese inesperado “Hola”.

Que por cierto.

Desagradable no tenía nada.

Tomo a Guillermo del antebrazo haciendo un movimiento bastante rápido, dándolo vuelta, apoyándolo sobre la puerta ya cerrada y acorralándolo con su brazo derecho, mientras su otra mano sentía el suave cabello de Guillermo.

Por primera vez que Guille se sentía inferior, con miedo, con solo verlo a los ojos ya era una batalla perdida.

Solo se limitaron a tocarse, besarse, sentirse.

“Hay una luciérnaga, suelta esta noche, mejor atrápala antes de que incendie este lugar”

Guillermo estaba tratando se disfrutar este especial momento, y es que lo estaba haciendo, pero el nudo en la garganta sinceramente lo estaba matando, las ganas de llorar al recordar lo de ayer.

Dios

¡No podía largarse a llorar ahora!

Ya estaban en la cama, todavía con un poco de ropa puesta, el abrigo de Guillermo extremadamente grande todavía lo mantenía puesto, estaba demasiado frio el clima.

Y Guillermo temblaba por ello.

Y no solo por eso, estaba nervioso, muy nervioso.

Como si fuera su primera vez.

Al parecer su compañero se percató de eso.

-Ven aquí.- Guillermo estaba acostado en la cama con Samuel arriba, así que se sentó frente a él, pero creyó que iba a hacer algo más perverso.

Nada de eso.

Samuel tomo las manos de Guillermo como si fueran tan valiosas.

-Estas frio.- dijo en un hilo de voz.

Sin sentido alguno, le quito el abrigo gigantesco junto con su camiseta.

-¡¿Espera, que haces?! Samuel tengo fr.- este sin dejar que terminará su frase solo lo abrazo rápidamente.

Guillermo abrió sus ojos extrañado, se estaban abrazando, en silencio.

Y es que ni siquiera había alcanzado a sacar sus brazos para corresponderle el abrazo, estaba en medio de sus pechos, de sus corazones.

“Derriteme”

Samuel no tenía intención de moverse por ningún motivo, sabía que Guillermo estaba diferente.

-Samuel.- dijo el pequeño, este tenía claro que si seguían así en algún momento iba a explotar.

Pasaron unos segundo, nada…

-Samuel.- repitió aun abrazados tratando de mantener un tono de voz normal.

Nada.

-Por favor.- dijo Guillermo ahora con tristeza, con pena en su voz, con llanto en ella.

“Abrázame fuerte, no me dejes respirar”

Creyó que este le haría un montón de preguntas por su nuevo comentario lleno de tristeza.

No fue así.

Samuel lo abrazó más fuerte, tocando su columna y su piel que ya había pasado millones de escalofríos en solo un segundo.

El pecho de Guillermo se comprimió, dejando con él un suspiro y una lágrima contenida que cayó en el pecho de su pareja.

Samuel fingió que no había sentido eso.

Mientras el otro suplicaba que no había sentido eso.

-Ese es mi abrigo.- dijo Samuel rompiendo el silencio.

Guillermo rio con pena por el comentario fuera de lugar

Se quedaron en silencio, la verdad es que por ellos se hubieran quedado abrazados toda la noche, iluminados por la luna reflejada en el mar, no querían hacer nada más, solo sentir sus respiración calmadas y su corazón acelerado

Confuso.

-No me dejes respirar.- dijo Guillermo en un tono de voz bastante bajo, pero aun así Samuel lo escucho.

-Perdón, ¿quieres dormir un poco? Te ves que estás cansado.- dijo incomodo, este creyó que había sido un comentario sarcástico, pero no era así, la verdad es que Guillermo quería eso, que su compañero no lo dejara respirar, con sus abrazos y sus besos, pero ya no podía decir nada.

Dijo unas palabras sin sentido confuso.- Eh, claro, du-durmamos.

¿Quizás esto había sido una noche de amor?

“There’s a firefly loose tonight 

Better catch it 

Before it burns this place down 

And I lie 

If I don’t feel so right 

But the world looks better 

Through your eyes”

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HOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.
omg, pos les gusto? Quizás sea un poco cliché y toda la cosa, pero yo quede conforme con todo, sobre todo la música, ES QUE WEON, ED ES PERFECTO, Y ADIVINEN, VOY A SU CONCIERTO EN CHILE *muere morida*
Bue, dejen sus opinión con corazoncitos, reblogs, comentario bien sukistrukis y más <3
PD: Lean bien despacio, no es para leerle de una pasada EH DICHO. ah.
PD2: Es que es perfecto wn.
PD3: Hablando del salseo que se formo ayer, no voy a hablar mucho de eso, pero le envie un ask a la creadora, nunca había recibido insultos la verdad, y me dio mucha tristeza todo el asunto.
Yo.- fuera.

Me gusta cuando el cielo se enfada porque me recuerda a los humanos.

 A nosotros también se nos oscurecen los ojos del color más frío que jamás hayamos visto.

Ellos son nuestro cielo. 

La lluvia cae de ellos en forma de pequeñas gotas de agua salada y,este agua,procede de los rincones más oscuros de nuestro ser. 

La lluvia tan solo es el principio.

Se avecina tormenta de las grandes. 

El relámpago ya ha caído y con él,esas palabras que han penetrado en lo más profundo de nuestra alma.

El rayo aparece no hay vuelta atrás.

Si las miradas hablasen ya estaríamos combatiendo pero falta poco para eso.

Después del rayo,llega el trueno de la mano del huracán de ataques. 

Ataques tan dañinos que podrían lastimar a cualquiera con la fuerza con la que son expulsados. 

No hay marcha atrás. 

Tan solo queda esperar a que el cielo se calme para que nuestros sentidos vuelvan a la normalidad.

Acabó?

Mmm… Al parecer (no todos) creen que Wigetta acabó, yo no lo creo, sinceramente yo siento y presiento (una rima sin esfuerzo 😎🎉) que esto es solo el principio, recuerden todavía faltan algunas cositas… Como por ejemplo: el libro Wigetta 2, Club Media Fest en Argentina y Chile (falta poco, suertudos los de allí 😫), que Willy se mude a España y por último… Apocalipsis Minecraft 5 (claro si es que hay) recuerden Willy le pidió matrimonio a Vegetta, no se les olvide eh 😉, todavía faltan muchas cosas que nos quieren enseñar, pero todavía no lo pueden mostrar, un claro ejemplo fue el libro Wigetta 2, nosotros encantados por el 1 y ellos asiendo ya el 2 (pero que tumblr pudo saber mucho antes 🌚) yo no estoy preocupada por esa “falta de alimento o salseo”, como comenté, faltan muchasss cosas que nos quieren mostrar así dejen que el salseo fluya por si solo 😁.

PD: Si pasa algo Wigetta en Club Media Fest Argentina o Chile fui yo 🌚😏 *cof cof pedí un deseo *cof cof* mis seguidores sabrán de que hablo 🌚👽😏.