epilogos

"Después Del Puente: Historia Completa (Jem/Tessa)"

Esta es una historia que Cassie escribió y publicó en su tumblr. Es para quienes se preguntan que hicieron Jem y Tessa después de encontrarse en el puente Blackfriars, en el epilogo de Princesa Mecánica. 

El dibujo al final fue hecho por la talentosa dibujante, Cassandra Jean Piedra.

ADVERTENCIA:

  • Puede contener spoilers de City of Heavenly Fire (Ciudad de Fuego Celestial). 
  • Puede contener spoilers de The Infernal Devices (Cazadores de Sombras: Los orígenes)
  • Sino te gusta Jessa, no los shippeas o no te gustan las escenas a las que Cassie llama “sexy” no leas.
  • Tiene cierto nivel de smut, pero nada grave. Lee bajo tu propio riesgo. 

Después Del Puente

“Este es el momento de comodidad y abundancia.

estos son los días por los que trabajamos tanto.

Nada nos puede tocar y nada nos puede hacer daño.

Y ya nada pude salir mal.”

 Keane - Love Is The End 

A final resultó que Tessa tenía un departamento que le pertenecía en Londres. Era el segundo piso de una casa blanca en Kensington, y mientras ella los conducía a los dos hacia el interior, su mano temblaba solo muy ligeramente mientras giraba la llave, le explicó a Jem que Magnus le había enseñado como los brujos podían engañar para ser dueños de una casa durante muchos siglos disponiendo las propiedades para ellos mismos.

“Después de un tiempo me dediqué a escoger nombres tontos para mí,” dijo ella, cerrando la puerta detrás de ellos. “Creo que soy dueña de este lugar bajo el seudónimo de Bedelia Bacalao”.

Jem se rió, aunque su mente estaba sólo en parte de sus palabras. Miraba alrededor del departamento, las paredes estaban pintadas en colores brillantes: una sala de estar lila, salpicada de sofás blancos y una cocina verde aguacate. Se preguntó cuando Tessa había comprado el piso, y por qué. Ella había viajado tanto, ¿Por qué hacer una base de operaciones en Londres?

La pregunta se perdió en su garganta cuando se volvió y se dio cuenta de que a través de una puerta entreabierta, pudo vislumbrar las paredes azules de lo que probablemente era un dormitorio.

Ante eso tragó, su boca de repente se secó. Era la cama de Tessa. En la cual ella había dormido.

Ella entrecerró los ojos hacia él. “¿Estás bien?” Lo tomó de la muñeca; sintió que su pulso disminuyó bajo su toque. Hasta que él se había convertido en un Hermano Silencioso, siempre tuvo el pulso bajo. Se había preguntado durante su tiempo en Idris, después de que el fuego celestial lo curara, si seguiría siendo así entre ellos: si sus sentimientos humanos volverían a él. Había sido capaz de tocarla y estar cerca de ella como un Hermano Silencioso, sin quererla como lo había hecho cuando era un mortal. Todavía la amaba, pero había sido un amor del espíritu, no del cuerpo. Se había preguntado, temía, incluso, que las sensaciones físicas y las respuestas no volverían a ser como eran antes. Se había dicho a sí mismo que incluso si la Hermandad Silenciosa había matado a la capacidad de sus sentimientos de manifestarse físicamente, no se sentirá decepcionado. Se había dicho a sí mismo que debería esperarlo.

No debería haberse preocupado.

En el momento en que la había visto en el puente, viniendo a él a través de la multitud, en sus modernos pantalones vaqueros y bufanda de la Libertad, con el pelo volando detrás de ella, había sentido como retenía la respiración en su garganta.

Y cuando ella se estiró, el pendiente de jade que él le regaló se asomó al rededor de su cuello y tímidamente se ofreció a él, su sangre había rugido a la vida en sus venas como un río sin represas.

Y cuando ella había dicho: “Te amo. Siempre lo he hecho, y siempre lo haré”, necesitó todo lo que tenía para no besarla en ese momento. Para hacer algo más que besarla.

Pero si la Hermandad le había enseñado algo, era control. Él la miró ahora y forzó su voz con firmeza. “Estoy un poco cansado”, dijo. “Y tengo sed. A veces olvido que ahora tengo que comer y beber.”

Ella dejó caer las llaves en una pequeña mesa auxiliar de palisandro y se volvió para sonreírle. “Té​​”, dijo ella, dirigiéndose hacia la cocina verde aguacate. “No tengo mucha comida aquí, no suelo quedarme mucho tiempo, pero tengo té. Y galletas. Ve a al salón; Yo ya voy allí”.

Tuvo que sonreír ante eso; incluso él sabía que ya nadie decía la palabra “salón” Quizás ella estaba tan nerviosa como él ¿No? Sólo podía esperar.

Tessa maldijo en silencio por cuarta vez mientras se inclinaba para recuperar la caja de terrones de azúcar del piso. Ella ya había puesto la tetera a hervir sin agua, había mezclado las bolsas de té, volcó la leche, y ahora esto. Dejó caer un terrón de azúcar en cada taza de té y se dijo a si misma que contara hasta diez, viendo como los terrones se disolvían.

Sabía que sus manos temblaban. Su corazón se aceleró. James Carstairs estaba en su piso. En su sala de estar. Esperando el té. Parte de su mente le gritaba que era sólo Jem, mientras que la otra parte simplemente chillaba igual de fuerte que Jem era alguien que no había visto en ciento treinta y cinco años.

Él había sido el Hermano Zachariah durante tanto tiempo. Y, por supuesto, que siempre había sido Jem en el corazón, con su ingenio y su inagotable bondad. Él nunca había perdido su amor por ella o su amor por Will. Pero los Hermanos Silenciosos no sentían las cosas como la gente común lo hacía.

Era algo que había pensado, a veces, en los últimos años, muchas décadas después de la muerte de Will. Ella nunca había amado a nadie, nunca nadie más que a Will y Jem, y los dos se fueron de su lado, a pesar de que Jem todavía vivía. Se había preguntado a veces lo que ellos habrían hecho si solamente habría sido prohibido por
los Hermanos Silenciosos casarse o amar; pero era mucho más que eso: él no podía desearla. Él no tenía esos sentimientos. Ella se había sentido como Pigmalión, anhelando el tacto de una estatua de mármol. Los Hermanos Silenciosos no deseaban el tacto físico, más de lo que tenían una necesidad de alimento o agua.

Pero ahora…

“ A veces olvido que ahora tengo que comer y beber”

Levantó las tazas de té con las manos aún temblorosas y entró en la sala de estar. Ella había conseguido amueblar la casa por si sola a través de los años, desde los cojines del sofá hasta la pantalla japonesa desplegada y pintada con un diseño de ramas. Las cortinas que enmarcan el retrato de la ventana en el otro extremo de la
sala eran semi-pintadas, en la sala sólo se derramaba la luz suficiente como para tocar los pequeños pedazos de oro en el cabello oscuro de Jem y estuvo a punto de dejar caer las tazas de té.

Apenas se habían tocado en el taxi de regreso a la Puerta de la Reina, sólo se sostuvieron las manos firmemente en la parte posterior de la cabina. Él había deslizado sus dedos sobre el dorso de los de ella una y otra vez mientras comenzó a contarle la historia de todo lo que había sucedido desde la ultima vez que ella visitó Idris, cuando la Guerra Mortal, en la que ella había luchado, terminó. Cuando Magnus le había señalado a Jace Herondale a ella, y había mirado a un niño que tenía la cara hermosa de Will y los ojos como su hijo James.

Pero su pelo había sido esa maraña de rizos de oro rico de su padre, y recordando lo que había conocido de Stephen Herondale, ella se había alejado sin hablar.

Herondales, alguien le había dicho una vez que ellos eran todo lo que los Cazadores de Sombras tenían que ofrecer, todo en una sola familia: tanto lo mejor como lo peor.

Puso las tazas de té sobre la mesa de café - un viejo baúl, cubierto de sellos de viajes de las muchas veces que viajó - con un golpe audible. Jem se volvió hacia ella y vio lo que tenía en sus manos..

Uno de los estantes para libros contenía una exhibición de armas: cosas que ella recolectó alrededor del mundo. Un misericorde delgado, un cuchillo de trinchera, una espada corta, y docenas de otras. Pero la que Jem había agarrado y estaba observando era una cuchilla de plata delgada. Su mango estaba oscurecido por haber permanecido sepultada durante muchos años. Ella nunca la había limpiado porque la mancha en la hoja era la sangre de Will. La hoja de Jem, con la sangre de Will, enterrada junto a las raíces de un roble. Una especia de magia compasiva que Will había realizado cuando él pensó que había perdido a Jem para siempre. Tessa la había recuperado después de la muerte de Will y se la ofreció a Jem, él se negó a aceptarla.

Eso fue en 1937.

“Guárdala,” Dijo él ahora, con la voz entrecortada. “Puede que alguna vez llegue el día.”

“Eso es lo que me dijiste.” Ella se acercó a él, con sus zapatos golpeando el suelo de madera. “Cuando intenté que te la quedaras”

Él tragó saliva, deslizando sus dedos por toda la hoja. “Él simplemente murió” dijo. Ella ni siquiera tenía que preguntar quien era “él”. Solo había un “él” cuando ellos dos hablaban. “Estaba asustado. Vi lo que le pasó a los otros Hermanos Silenciosos. Vi como se endurecían con el tiempo, perdieron a la persona que una vez fueron. Como a medida que sus seres queridos morían, ellos se volvían menos humanos. Tenía miedo de perder mi habilidad de preocuparme. Miedo de perder lo que esta cuchilla significaba para Will y lo que Will significa para mi.”

Ella colocó su mano en el brazo de él. “Pero tú no olvidaste.”

“Yo no perdí todos mis seres queridos” Él la miró, y vio que sus ojos tenían oro en ellos también, preciosas escamas brillantes entre el marrón. “Yo te tuve a ti.”

Ella exhaló; el corazón le latía con tanta fuerza que su pecho dolió. Luego se dio cuenta de que él estaba agarrando la hoja del cuchillo, no sólo la empuñadura. Rápidamente se la arrancó de las manos. “Por favor, no”, dijo ella. “No puedo dibujar un iratze.”

“Y yo no tengo una estela”, dijo, mirando mientras dejaba el cuchillo en su plataforma. “Yo no soy un cazador de sombras ahora.” Él miró sus manos; había líneas rojas finas a través de sus manos, pero no habían cortado la piel. Impulsivamente, Tessa se ​​inclinó y besó sus manos, luego dobló los dedos cerrados, sus manos sobre las de él. Cuando ella levantó la vista, las pupilas de Jem se habían ampliado. Podía oír su respiración.

“Tessa,” dijo él. “No.”

“¿No qué?” Ella se apartó de él, pero, por instinto. Tal vez él no quería ser tocado, aunque en el puente, no le había parecido de esa manera …

“Los Hermanos me enseñaron el control,” dijo, con su voz tensa. “Tengo todo tipo de control, y los he aprendido a lo largo de décadas y décadas, y estoy usando todos ellos para no empujarte contra la estantería y besarte hasta que ninguno de nosotros pueda respirar.”

Ella levantó la barbilla. “¿Y qué hay de malo en eso?”

“Cuando yo era un Hermano Silencioso, no sentía como un hombre ordinario lo hace”, dijo. “No sentía el viento en la cara o el sol en mi piel, ni el toque de la mano de otro. Pero ahora lo siento todo. Siento… demasiado. El viento es como un trueno, el sol quema, y tu tacto me hace olvidar mi propio nombre ”.

Una punzada de calor la atravesó, un calor que comenzó bajo en el estómago y se extendió a través de cada parte de su cuerpo. Una especie de calor que no había sentido en muchas décadas. Casi un siglo. Toda su piel se erizó. “Te acostumbrarás al sol y al viento” dijo ella. “Pero tu tacto hace que me olvide de mi nombre también, y no tengo excusas. Sólo que te amo, y siempre lo he hecho y siempre lo haré. No te voy a tocar si no quieres, Jem. Pero si estamos a la espera de que la idea de estar juntos no nos asuste, podemos estar esperando por mucho tiempo ”.

El aliento se le escapó en un silbido. “Dilo de nuevo.”

Intrigada, comenzó: “Si estamos a la espera de… ”

“No,” dijo. “La primera parte.”

Ella inclinó su rostro hacia él. “Te amo,” dijo. “Siempre lo he hecho y siempre lo haré.”

Ella no supo quien se movió primero, pero él la agarró por la cintura y la besó antes de que pudiera tomar otro aliento. Esto no era como el beso en el puente. Esa había sido una comunicación silenciosa de labios a labios, el intercambio de una promesa y un consuelo. Había sido dulce y demoledor, una especie de trueno suave. Esta fue una tormenta. Jem estaba besando, duro y dejando moretones, y cuando ella abrió los labios de él con los suyos y probó el interior de su boca, él se quedó
sin aliento y tiró de ella con más fuerza contra él, sus manos se clavaban en sus caderas, apretándola más cerca de él mientras exploraba sus labios y lengua, con caricias, mordidas, luego con besos para calmar el escozor. En los viejos tiempos, cuando ella lo había besado, había sabido a azúcar amarga: ahora él sabía a té y… ¿Pasta dental?

¿Por qué no? Incluso los cazadores de sombras centenarios tenían que lavarse los dientes. Una pequeña risita nerviosa se ​​le escapó y Jem se retiró, mirando aturdido y deliciosamente desaliñado. Tenía el pelo en todas direcciones debido a que ella había pasado sus manos a través de él.

“Por favor, no me digas que te ríes porque beso tan mal que es gracioso”, dijo, con una sonrisa torcida. Podía sentir su preocupación real. “Puedo estar un poco fuera de práctica.”

“Los Hermanos Silenciosos no besan tanto?”, Bromeó, alisando el frente del suéter de Jem.

“No a menos que hubiera orgías secretas a las que no fui invitado”, dijo Jem. “Siempre me preocupó no haber sido lo bastante popular.”

Ella apretó su mano alrededor de su muñeca. “Ven aquí,” dijo. “Siéntate, toma un poco de té. Hay algo que quiero mostrarte ”.

Se fue, como ella había pedido, y se sentó en el sofá de terciopelo, recostándose en los cojines que había cosido ella misma con tela que había comprado en la India y Tailandia. Ella no pudo ocultar una sonrisa, él parecía sólo un poco mayor que de lo que era cuando se había convertido en un Hermano Silencioso, como un joven común y corriente en jeans y un suéter, pero se sentó de la forma en que un hombre victoriano lo habría hecho, la espalda recta, con los pies apoyados en el suelo. Él atrapó su mirada y de su propia boca con puntas hacia las esquinas. “Muy bien,” dijo. “¿Qué tienes que mostrarme?”

En respuesta, ella fue a la pantalla japonesa que se extendía por una esquina de la habitación, y se puso detrás de ella. “Es una sorpresa.”

Un maniquí de modista estaba allí, escondido del resto de la habitación. No podía ver a través de la pantalla, sólo un contorno borroso de formas. “Háblame”, dijo ella, tirando de su suéter por la cabeza. “Dijiste que era una historia de Lightwoods y Fairchilds y Morgensterns. Sé un poco de lo que ocurrió. Recibí tus mensajes mientras estaba en el Laberinto. Pero yo no sé cómo la Guerra Oscura tuvo un efecto en tu cura” Tiró el suéter sobre la parte superior de la pantalla. “Puedes decirme?” “¿Ahora?”, Dijo. Lo oyó dejar su taza de té.

Tessa se ​​quitó los zapatos y se bajó la cremallera de sus pantalones vaqueros, sonó fuerte en la habitación tranquila. “¿Quieres que salga detrás de esta pantalla, James Carstairs?”

“Por supuesto.” Su voz sonaba estrangulada.

“Entonces empieza a hablar.”

* * *

Jem habló. Le contó de los días oscuros en Idris, del ejército de Oscuros de Sebastian Morgenstern, de Jace Herondale y Clary Fairchild y los niños Lightwood y su peligroso viaje a Edom.

“He oído hablar de Edom,” dijo ella, con voz ahogada. “Se habla de ello en el Laberinto Espiral, donde se mezclan las historias de todos los mundos. Un lugar donde los Nephilim fueron destruidos. Un páramo ”.

“Sí,” dijo Jem, un poco distraído. No podía verla a través de la pantalla, pero pudo ver el contorno de su cuerpo, y eso fue algo peor. “Un páramo ardiente. Muy caliente… ”.

Había tenido miedo de que los Hermanos Silenciosos le hubieran quitado la habilidad de desear: pensó que miraría a Tessa y sentiría amor platónico pero no sería capaz de desear, sin embargo ocurrió lo contrario. No podía dejar de desear. Él deseó, pensó, más de lo que nunca antes en su vida.

Claramente ella se estaba cambiando la ropa. Él había mirado hacia abajo a toda prisa cuando ella había empezado a menearse fuera de sus pantalones vaqueros, pero no era como si pudiera olvidar la imagen, la silueta de ella, el pelo largo y las piernas largas y hermosas. Siempre había amado a sus piernas .

Seguramente se había sentido así antes ¿Cuando había sido un niño? Recordó la noche en su habitación cuando ella lo detuvo de destruir su violín, y él había deseado entonces, deseaba tanto que no había pensado en absoluto cuando se derrumbaron sobre la cama: él le habría arrebatado su inocencia, y renunciado a la suya, sin
detenerse, sin pensarlo un momento en el futuro. Si no hubieran derribado su caja de yin fen. Si. Eso lo trajo de regreso a la realidad, y cuando ella se había ido, el rasgó sus sábanas en tiras con los dedos por pura frustración.

Tal vez fue sólo que el deseo recordado palidecía en comparación con el sentimiento mismo. O tal vez había sido debido a que él estaba enfermo en ese entonces, más débil. Él estaba muriendo, después de todo, seguramente su cuerpo no podría haber sostenido este.

“Una Fairchild y un Herondale,” dijo ella. “Ahora, me gusta eso. Los Fairchilds han sido siempre prácticos y los Herondales… Bueno, ya sabes.” Ella sonaba cariñosa, divertida… “Quizás ella lo haga sentar cabeza. Y no me digas que no necesita establecerse”.

Jem pensó en Jace Herondale. ¿Cómo era posible que él fuera como si alguien hubiera encendido una cerilla a Will y lo dorara en fuego vivo.“No estoy seguro de que se pueda hacer que un Herondale siente cabeza, y menos este”

“¿Él la ama? ¿A la chica Fairchild? ”

“Nunca he visto a nadie tan enamorado, excepto por …” Su voz se apagó, porque Tessa había salido de detrás de la pantalla, y ahora entendía porque había tardado tanto tiempo.

Llevaba un vestido de seda de orquídea, el tipo de vestido que podría haber usado para cenar cuando habían estado comprometidos. Se recortaba en cuerdas de terciopelo blanco, la falda en forma de campana… ¿Llevaba puesto miriñaques?

Su boca se abrió. No podía evitarlo. Él la había encontrado hermosa a través de todas las edades cambiantes del siglo: hermosa en el cuidadoso corte de la ropa de los años de la guerra, cuando la tela estaba racionada. Hermosa en los elegantes vestidos de los años cincuenta y sesenta. Hermosa en faldas cortas y botas a medida
que el siglo llegaba a su fin.

Pero esto era lo que las niñas usaban cuando él se había fijado en ellas por primera vez, la primera vez en que le parecieron fascinantes en lugar de molestas, la primera vez que notó la línea agraciada de un cuello o la palidez del interior de una muñeca femenina. Esta era la Tessa que lo había cortado hasta la médula con el amor y la lujuria mezclada: un ángel carnal con un corsé que le daba a su cuerpo la forma de un reloj de arena, levantando sus senos, marcando la llamarada de sus caderas.

Obligó a sus ojos que miraran lejos de su cuerpo. Ella había recogido su pelo, pequeños rizos se escapaban sobre sus oídos, y su colgante de jade brillaba alrededor de su garganta.

“¿Te gusta?”, Dijo. “Tuve que hacer mi propio pelo, sin Sophie, y acordoné mi propio encaje …” Su expresión era tímida y más que un poco nerviosa. Lo cual siempre había sido una contradicción en el corazón de ella, quien era una de las personas más valientes y, a la vez, tímidas que él había conocido. “Lo compré en Sotheby, un
anticuario verdadero, eso si, costó demasiado dinero, pero me acordé de cuando yo era una niña y tú habías dicho que las orquídeas eran tu flor favorita y me había propuesto encontrar un vestido del color de una orquídea, pero yo nunca encontré uno antes de que te… fueras. Pero éste es de tintura de anilina, eso espero, nada natural, pero pensé… Pensé que te haría recordar…” Levantó su barbilla “Lo nuestro. Lo que quería para ti cuando pensé que estaríamos juntos”

“Tess”, dijo, con voz ronca. Se puso de pie, sin saber cómo había llegado hasta allí. Dio un paso hacia ella, y luego otro. “Cuarenta y nueve mil doscientos setenta y cinco.”

Ella supo de inmediato lo que quería decir. Él sabía que lo haría. Ella lo conocía como nadie la vida lo hizo. “¿Estás contando los días?”

“Cuarenta y nueve mil doscientos setenta y cinco días desde la última vez que te besé,” él dijo. “Y pensé en ti todos y cada uno de ellos. No tienes que recordarme a la Tessa que yo amé. Fuiste mi primer amor y serás la última. Yo nunca te he olvidado. Nunca he dejado de pensar en ti” Estaba lo bastante cerca para ver el pulso latir en la garganta de ella. Para alcanzar y levantar un rizo de su cabello. “Nunca.”

Tenía los ojos medio cerrados. Ella extendió la mano y le cogió la mano, donde acarició su pelo. Su sangre tronaba a través de su cuerpo, con tanta fuerza que le dolía. Ella bajó la mano, la bajó hasta el sostén de su vestido. “El anuncio para el vestido, dijo que no tenía botones,” susurró. “Sólo ganchos en la parte delantera. Más fácil de abrochar.” Ella bajó la mano derecha, tomó la otra muñeca de él, la levantó. Ahora sus dos manos estaban en su corpiño. “O de desabrochar.” Sus dedos curvados sobre los de él, muy deliberadamente, ella se desabrochó el primer gancho en su vestido.

Y luego el siguiente. Ella movió las manos de él hacia abajo, sus dedos entrelazados con los suyos, desabrochando hasta que el vestido colgaba sobré su corsé. Ella respiraba con dificultad; él no podía quitar los ojos del sitio en el que su pendiente ascendía y caía con sus jadeos. Él no se atrevía a moverse ni un milímetro más hacia ella: deseaba, deseaba demasiado. Quería destrenzar su cabello y envolverlo alrededor de sus muñecas como cuerdas de seda. Él quería los pechos de ella bajo sus manos y sus piernas alrededor de su cintura. Quería cosas que no tenían nombre para él y ninguna experiencia. Sólo sabía que que si se movía una pulgada más cerca de ella, la barrera de vidrio de control que había construido en torno a sí mismo se rompería y no sabía qué iba a pasar.

“Tessa,” dijo. “¿Estás segura?”

Sus pestañas revolotearon. Aún tenía los ojos entrecerrados, sus dientes haciendo pequeñas medias lunas en su labio inferior. “Estaba segura entonces”, dijo, “y estoy segura ahora.”

Y ella juntó las manos con firmeza a los costados, donde su cintura se curvaba, a ambos lados de la llamarada de sus caderas.

Su control se rompió, una explosión silenciosa. La atrajo hacia él, se inclinó para besarla salvajemente duro. La oyó llorar de sorpresa y luego sus labios la silenciaron, y la boca de ella se abrió con impaciencia bajo la suya. Tenía las manos en el de pelo él, agarrando con fuerza; ella estaba de puntitas de pies para besarlo. Ella le
mordió el labio inferior, mordisqueó su mandíbula, y él gimió, deslizando sus manos dentro de su vestido, siguiendo con los dedos la parte posterior de su corsé, su piel ardiendo a través de los pedacitos de la camisola que podía sentir entre los cordones. Él se estaba sacando sus zapatos a patadas, quitándose los calcetines, el piso era frío contra sus pies desnudos.

Ella dio un grito ahogado y se retorció más cerca, en sus brazos. Deslizó sus manos fuera de su vestido y se apoderó de sus faldas. Ella hizo un ruido de sorpresa y luego él estaba trazando el vestido por encima de su cabeza. Ella exclamó, riendo, mientras el vestido se salió de la mayor parte del camino, pero se mantuvo cerrado en las muñecas, donde diminutos botones juntaban los puños con fuerza. “Cuidado”, bromeó, mientras sus dedos frenéticos movieron los botones abiertos. Lanzó el vestido y lo tiró a la esquina. “Es una antigüedad.”

“También yo, técnicamente,” dijo él, y ella se rió de nuevo, mirando hacia él, su rostro cálido y abierto.

Él había pensado sobre hacer el amor con ella antes; por supuesto que sí. Había pensado en el sexo cuando era un adolescente, porque eso era lo que pensaban los chicos adolescentes, y cuando él se había enamorado con Tessa, había pensado en ello con ella. Vagos pensamientos incipientes de hacer cosas, aunque no estaba seguro de que. Imágenes de pálidos brazos y piernas, la sensación imaginaria de piel suave bajo sus manos.

Pero no se había imaginado esto: que podría haber risas, que podría ser cariñoso y cálido, así como apasionado. La realidad de ello, de ella, lo aturdía hasta dejarlo sin aliento.

Ella se apartó de él y por un momento él entró el pánico. ¿Qué había hecho mal? ¿La había herido? ¿La había disgustado? Pero no, sus dedos se habían ido a la jaula de crinolina en su cintura, torció y parpadeó. Luego levantó los brazos y los enroscó en el cuello de él. “Levantame”, dijo. “Levantame, Jem.”

Su voz era un ronroneo cálido. Él la tomó de la cintura y la levantó hacia arriba, fuera de sus enaguas, como si estuviera levantando una orquídea, libre de su jarrón. Cuando él la bajó de vuelta, llevaba sólo su corsé, bragas y medias. Sus piernas eran tan largas y hermosas como el recordaba y había soñado.

Alargó la mano hacia ella, ella la tomó en las suyas. Tessa seguía sonriendo, pero ahora había una cualidad pícara en ella. “Oh, no”, dijo, haciendo un gesto hacia él, sus pantalones vaqueros y suéter. “Tu turno”.

* * *

Se quedó paralizado, y por un momento, presa del pánico, Tessa se ​​preguntó si ella le había pedido demasiado. Había estado tanto tiempo desconectado de su cuerpo, era una mente en una cáscara de carne que fue ignorada en gran medida a menos que necesitara ser ejecutada para algún nuevo poder. Tal vez esto era demasiado para él.

Pero él tomó una respiración profunda, y sus manos se dirigieron al borde de su suéter. Se lo sacó por la cabeza y salió con el pelo rizado adorablemente. No llevaba camisa bajo el jersey. Él la miró y se mordió el labio.

Ella se acercó a él, admirando con los ojos y los dedos. Ella lo miró antes de poner sus manos sobre él y le vio asentir, Sí.

Tragó saliva. Ella había llevado esto tan lejos hacia adelante como una hoja en la marea de sus recuerdos. Los recuerdos de James Carstairs, el muchacho con el que se había comprometido, y había planeado casarse. Con el cuál casi había hecho el amor en el suelo de la sala de música en el Instituto de Londres. Ella había visto su cuerpo, entonces, con el torso desnudo, su piel pálida como el papel, estirada y delgada sobre las costillas prominentes. El cuerpo de un niño moribundo, a pesar de que siempre había sido hermoso para ella.

Ahora su piel descansaba sobre sus costillas y pecho, en una capa de músculo liso; su pecho era ancho, estrechándose hacia abajo hasta una cintura delgada. Ella puso sus manos sobre él tentativamente; era cálido y duro bajo su toque. Podía sentir las cicatrices tenues de antiguas runas, pálidas contra su piel dorada.

Su aliento silbó entre dientes mientras pasaba sus manos por su pecho y bajo sus brazos, la curva de sus bíceps dando forma a sí mismos bajo sus dedos. Ella lo recordó en la lucha con los otros Hermanos en Cader, Idris. Y por supuesto que había luchado en la Ciudadela de Batalla, los Hermanos Silenciosos se mantenían listos para la pelea, aunque rara vez luchaban. De alguna manera ella había nunca pensado en lo que podría significar para Jem, una vez que ya no estaba muriendo.

Le castañeteaban los dientes un poco; se mordió los labios para mantenerlos en silencio. El deseo estaba lavando a través de ella, y un poco de miedo también: ¿Cómo puede estar pasando esto? ¿En realidad sucede?

“Jem”, susurró. “Eres tan …”

“¿Asustadizo?” Puso su mano en la mejilla, donde la marca negra de la Hermandad todavía se mantuvo en el arco de su pómulo. “¿Horrible?”

Ella negó con la cabeza. “¿Cuántas veces tengo que decirte que eres hermoso?” Se pasó la mano por la curva desnuda de su hombro hasta el cuello; temblaba. Eres hermoso, James Carstairs. “¿No has visto como todos te miraban en el puente? Eres mucho más hermoso que yo”, murmuró, deslizando sus manos a su alrededor para tocarle los músculos de la espalda; se estiraron bajo la presión de sus dedos mirando. “Pero si eres lo suficientemente tonto para quererme, entonces no voy a cuestionar mi buena suerte.”

Volvió la cabeza hacia un lado y lo vio tragar. “Durante toda mi vida”, dijo, “Cuando alguien dice la palabra "hermosa” “, es tu cara lo que veo. Tú eres mi propia definición belleza, Tessa Gray.”

El corazón le dio un vuelco. Se incorporó en sus dedos de los pies. Siempre había sido una chica alta, pero Jem era aún más alto y puso su boca a un lado de la garganta de este, besando suavemente. Sus brazos se acercaron alrededor de ella, apretándola contra él, su cuerpo era duro y caliente, y ella sintió otra punzada de deseo. Esta vez ella lo mordisqueó él, mordiendo la piel donde el hombro se curvaba hasta su cuello.

Todo salió al revés. Jem hizo un sonido bajo en su garganta y de repente estaban en el piso y ella estaba encima de él, su cuerpo amortiguando su caída. Ella lo miró con asombro. “¿Que pasó?”

Él parecía desconcertado también. “No podía soportar más.”

Su pecho estaba lleno de calidez. Había pasado tanto tiempo que casi olvidó la sensación de besar a alguien con tanta fuerza que tus rodillas se debilitan solas. Él se empujó así mismo hacia arriba apoyándose en los codos. “Tessa -”

“No pasa nada”, dijo ella con firmeza, ahuecando su rostro entre las manos. “Nada. ¿Entiendes?”

Él entrecerró los ojos en ella. “¿Me haces tropezar?”

Ella se echó a reír; su corazón aún latía, mareada de alegría, alivio y terror, todo al mismo tiempo. Pero ella lo había mirado antes, había visto la forma en que él miraba su pelo cuando estaba hacia abajo, había sentido sus dedos en ella, acariciando tentativamente, cuando él la había besado en el puente. Levantó la mano y lo tiró de los pasadores del cinturón, lanzándolos a los dos a través del cuarto.

Su cabello emanaba hacia abajo, derramado sobre sus hombros, hasta la cintura. Se inclinó hacia delante hasta que rozó con su rostro su pecho desnudo.

“¿Te importa?”, Susurró.

“A medida que se desarrolla,” dijo él, contra su boca, “No me importa. Me parece que prefiero estar recostado ”.

Ella se rió y se pasó la mano por todo el cuerpo de él hasta abajo. Se retorció, arqueándose a su toque. “Para una antigüedad”, murmuró, “te venderías bastante bien en Sotheby. Todas tus partes trabajan en orden.”

Sus pupilas se dilataron y luego se echó a reír, su cálido aliento le sopló a ella en la mejilla. “He olvidado lo que se siente al ser objeto de burlas, creo”, dijo. “Nadie se burla de los Hermanos Silenciosos.”

Ella había tomado ventaja de su distracción para librarlo de sus vaqueros. Ahora había poca ropa distractiva entre ellos. “Ya no estás en la Hermandad”, dijo ella, acariciando sus dedos a través de su estómago, del fino cabello justo debajo de su ombligo, de su pecho desnudo y suave. “Y yo estaría muy decepcionada si
siguieras silencioso”

Él la alcanzó a ciegas y la atrajo hacia abajo. Sus manos se enterraron en su cabello. Y se estaban besando de nuevo, con las rodillas a cada lado de sus caderas, las palmas de ella abrazando el pecho de Jem. Sus manos la recorrieron por el pelo una y otra vez, y cada vez que ella podía sentir su cuerpo torcerse hacia ella, sus labios presionaban contra su propia voluntad. No eran besos salvajes, no ahora: eran decadentes, creciendo en intensidad y fervor cada vez que se separaban volvían a reunirse.

Llevó las manos a los cordones de su corsé y tiró de ellos. Ella se movió para mostrarle que también se abrochaba al frente en su pecho, pero él ya había llegado a para quitar la parte delantera. “Mis disculpas,” dijo, “a la antigua”, y luego, de manera más nada-estilo-Jem, arrancó el corsé abierto por la parte delantera y lo tiró a un lado. Debajo estaba su camisola, que ella se detuvo y la dejó caer a un lado sobre su cabeza.
Respiró hondo. Estaba desnuda delante de él ahora, como nunca lo había estado antes

* * *

Jem tenía la sensación de que más tarde sus manos picarían (nunca antes había despedazado un corsé), pero por el momento, no podía sentir a nada más que a Tessa. Estaba sentada a horcajadas sobre sus caderas, sus ojos muy abiertos, su pelo vertiéndose sobre sus hombros desnudos y los pechos. Parecía Venus surgiendo de las olas, con sólo el colgante de jade para cubrirla, brillando contra su piel.

“Creo,” dijo ella, su voz se había elevado y sonaba entrecortada, “que necesito que me beses ahora.”

Alzó la mano para atraerla hacia abajo, agarrándose de sus delgados hombros. Él les dio la vuelta para estar encima de ella, apoyándose sobre sus codos, atento a su peso. Pero a ella no parecía importarle. Ella se acomodó en él, curvando su cuerpo para adaptarse a él. La suavidad de sus senos se apretó contra su pecho y el hueco de sus caderas era una taza para agarrarlo y sus pies desnudos lo recorrían por sus pantorrillas.

Hizo un oscuro y pobre sonido en lo bajo de su garganta, un sonido que apenas reconocía como proveniente de él mismo. Un sonido que hizo que las pupilas de Tessa se ​​expandieran, quien suspiró rápidamente. “Jem”, dijo, “por favor, Jem,” y ella volvió la cabeza hacia un lado, almohadillando su mejilla en el cabello suelto.

Se inclinó sobre ella. Hasta ahora era lo mismo que habían hecho juntos, antes. De esto se acordaba. Que a ella le gusta ser besada en una línea bajando por su garganta, y que si seguía la forma de la clavícula con su boca ella lloraría y cavaría con las manos en su espalda. Y si tenía miedo de lo que vendría después, sin saber
qué hacer, o cómo complacerla, este fue arrasado con rapidez por la forma en que ella respondía: sus suaves gemidos mientras pasaba sus manos por sus piernas y le besó los pechos y el estómago.

“Mi Jem,” susurró mientras la besaba. “James Carstairs. Ke Jian Ming ”.

Nadie lo había llamado por su nombre de nacimiento en más de medio siglo. Era tan íntimo como un caricia.

No estaba del todo seguro de cómo se deshicieron del resto de sus ropas, sólo que de alguna manera estaban descansando sobre los restos destrozados de su vestido de seda y enaguas. Tessa no era suave y flexible bajo él como había imaginado, sino responsiva y exigente, levantando la cara para ser besada una y otra vez,
pasando sus manos sobre él, cada roce de sus dedos encendía chispas en las terminaciones nerviosas que él había temido que hubieran muerto hace mucho tiempo.

Fue mucho mejor de lo que había imaginado. Estaba rodeado por ella, su olor a jabón de agua de rosas y su piel suave y su confianza implícita. No era sólo que ella confiaba en que no la lastimaría; era más que eso. Ella confiaba en que su inexperiencia no le importaría, no importaba nada excepto que se trataba de ellos dos y siempre habían tratado de hacer que el otro sea feliz. Cuando él vaciló y dijo, “Tessa, no sé cómo…” ella susurró contra su boca y puso sus manos donde deben ir.

Una especie de lección, pero la más suave que él había recibido, y la mejor. No había imaginado suficiente de esto, que sus respuestas serían reflejadas, que el placer de ella magnificaría el suyo propio. Que cuando él deslizara las manos por sus piernas ella se envolvería alrededor de su cintura por su propia voluntad. Que cada pensamiento huiría de su cabeza a excepción de la sensación de ella bajo él y luego alrededor de él mientras ella lo guiaba hasta donde tenía que estar. 

Se oyó así mismo gemir a la distancia como si se enterrara en ella. “Tessa.” Se aferró a sus hombros como si se aferrara a los jirones de su control. “Tessa, oh Dios, Tessa, mi Tessa.” La coherencia lo había abandonado por completo. Él farfulló algo más también, ya no en inglés, no sabía qué, y sintió que ella apretó sus brazos alrededor de él.

Él respiraba entrecortadamente mientras se movía, luchando desesperadamente por controlarse a sí mismo, porque no quería que se terminara, no todavía. Tenía los ojos cerrados; la luz resplandecía detrás de sus párpados. Tanta la luz. Oyó la voz de Tessa, susurrando su nombre; estaban tan cerca, más cerca de lo que nunca había creído posible. Sus manos se deslizaron por su cuerpo para agarrarlo de la cintura. Había una línea delgada de concentración entre sus cejas; ella tenía los ojos fuertemente cerrados, las mejillas le brillaban de un rojo escarlata, y cuando ella trató de decir su nombre otra vez, un jadeo irregular se lo tragó. Una de sus manos voló a su boca y ella mordió con fuerza sus dedos mientras su cuerpo se tensó alrededor de él.

Era como un fósforo encendiendo hierba seca. El último vestigio de su control se evaporó. Enterró la cara contra su cuello mientras la luz detrás de sus ojos se fracturó en colores caleidoscópicos. Había llevado la oscuridad de la Ciudad Silenciosa dentro de él incluso cuando dejó la Hermandad. Y ahora ella había abierto su alma y dejó entrar la luz, y fue brillante.

Nunca había imaginado esto. Él ni siquiera se había imaginado imaginando esto.

Cuando volvió en sí, se encontró con que todavía se aferraba con fuerza, con la cabeza inclinada hacia abajo en su hombro. Ella estaba respirando suavemente y regularmente, con la mano en su pelo, acariciando, murmurando palabras cariñosas.

Él se apartó de ella de mala gana, rodando para acomodarse de forma que quedaran descansando cara a cara. La mayor parte de la luz del día se había ido; se miraron el uno al otro en un crepúsculo oscuro que suavizó los bordes ásperos. El corazón le latía con fuerza mientras extendía la mano para deslizar el pulgar por el labio inferior de ella.

“¿Estás bien?” Dijo, con voz ronca. “¿Era eso…?” Se interrumpió, dándose cuenta con horror que el brillo de sus ojos eran lágrimas. Una rodó por su mejilla, sin control. “¿Tessa?” Podía oír el pánico salvaje en su propia voz. Ella le dio una sonrisa rápida y temblorosa, pero eso era típico de Tessa. Ella nunca mostraría decepción. ¿Que tal si para ella fue horrible? Él había pensado que era increíble, perfecto; él había pensado que su cuerpo se rompería en pedazos de sentir tanta felicidad a la vez. Y había pensado que ella había respondido, pero ¿Qué sabía él? Maldijo su propia inexperiencia, su arrogancia y su orgullo. ¿Qué le había hecho pensar que podía?

Ella se sentó, inclinándose sobre la mesa de café, con las manos haciendo algo que él no podía ver. Su cuerpo desnudo fue esbozado en el crepúsculo, insoportablemente bello. Él la miró con su corazón tartamudeando. En cualquier momento ella se pondría de pie, se vestiría y le diría que lo amaba, que siempre lo había amado, pero no de esa manera. Que la suya no era una pasión, sino una amistad.

Y él se había dicho a sí mismo que podía soportar eso, antes de que llegara al puente para confesarse. Se había dicho a sí mismo que podía tener su amistad y nada más, que era mejor que no estar cerca de ella en absoluto.

Pero ahora que él sabía, ahora que habían compartido el aliento, el cuerpo y sus almas, ya no podía dar un paso atrás. Para ser solo su amigo, nunca tocarla nuevo, le desgarraría en mil pedazos. Sería más agonía de lo que el fuego celestial había sido nunca.

Ella se volvió hacia él, sosteniendo algo en sus manos.

“¿Jem?” Dijo. “Jem ¡Estás a miles de kilómetros de distancia!” Ella se había envuelto con una funda gris del sillón; se sentó junto a él; las lágrimas se habían ido y ella era cálida y sonriente. “Honestamente, si lo que acabamos de hacer no consigue tu atención, no sé lo que haría.”

Él la miró fijamente. “Pero estabas llorando”, dijo, por fin.

Ella lo miró con curiosidad. “Porque yo soy feliz. Porque eso fue maravilloso.”

Expulsó el aliento en una oleada de alivio. “Así que fue… ¿Estuvo bien? Yo podría ser mejor, podríamos practicar…”

Se dio cuenta de lo que acababa de decir, y cerró la boca.

Una sonrisa maliciosa se ​​extendió por su cara. “Oh, vamos a practicar”, dijo. “Tan pronto como estés listo.”

“No tengo otros compromisos esta noche.” dijo con gravedad.

Ella se sonrojó. “Tu cuerpo puede necesitar tiempo para… Para recuperarse.”

“No.” dijo, y esta vez se permitió un pequeño matiz de complacencia. “No, yo no lo creo.”

Ella se sonrojó aún más. El amaba hacerla ruborizarse; siempre lo hizo. “Bueno, necesito cinco minutos, por lo menos!” Dijo ella. “Y te necesito para ver esto. ¿Por favor?”

Le tendió una hoja de papel para él. Su expresión era sorprendentemente grave; se limpió la presunción, y su deseo de burlarse de ella también. Sin atreverse a hablar, tomó el papel de ella y lo desdobló.

Ella aclaró su garganta. “Pude haber estado bromeando antes” dijo ella “Cuando dije que era dueña de este piso bajo el nombre de Bedelia Bacalao”.

Él se quedó mirando la escritura del departamento en la Puerta de la Reina. Estaba hecha a nombre de Tessa, o algo parecido. No Tessa Gray, o incluso Tessa Herondale. Fue hecha en el nombre de Tessa Herondale Carstairs.

“Cuando hablé con Magnus en Idris, después de la Guerra Mortal” comentó ella. “Me dijo que había soñado que te curabas. Ya sabes cómo es Magnus. A veces sus sueños se cumplen. Así que me permití sentir esperanza por primera vez en mucho tiempo. Yo sabía que era poco probable, si no imposible. Sabía que sería dentro de muchos años. Pero tu me pediste casarme contigo, una vez, hace mucho tiempo. Y en cierto modo, esta es nuestra noche de bodas. Una consumación con mucho retraso.” Ella le sonrió, mordiéndose el labio, claramente nerviosa. Sus dedos se movían en la manta que sostenía a su alrededor. “No debería haber tomado prestado tu nombre, tal vez, pero siempre he sentido en mi sangre que éramos familia.”

“Tessa Herondale Carstairs,” susurró. “Nunca debería preocuparte pedir prestado mi nombre cuando sabes que puedes conservarlo”

Él dejó que la hoja de papel se deslizará de su mano y se extendió hacia ella. Ella se inclinó sobre su regazo y él la abrazó con fuerza, contra la sensación de ahogo en su garganta.

Ella nunca había renunciado a él. Recordó decirle a Will una vez, que él le había dado fe, cuando Will no tenía fe en sí mismo. Él siempre había tenido esperanzas en Will, aunque Will no tenía esperanzas para sí mismo. Y Tessa lo había hecho por él. Hacía tiempo que había perdido la esperanza de una cura, pero ella… Ella siempre había tenido esperanzas.

“Mizpa, Tessa.” susurró. “En verdad, porque ciertamente Dios estaba cuidando de nosotros mientras nos despedimos unos de otros. Y ha cuidado de nosotros mientras Will era apartado de nuestro lado y nos trajo de vuelta el uno al otro ”.

* * *

Durmieron, acurrucados, en los restos del vestido de Tessa, y más tarde se trasladaron al sofá. Estaba bastante oscuro, y bebieron té frío e hicieron el amor de nuevo, esta vez más suave y lentamente hasta que Tessa agarró a Jem por los hombros y le rogó que fuera más rápido. “Dolcissimo, no appasionato”, dijo él con una sonrisa tormentosa de pura diversión.

“¿Oh?” Ella se agachó e hizo algo con la mano que, estaba claro, no había sido preparado. Todo su cuerpo se tensó. Se rió mientras las manos de él arañaban de repente en su cintura, clavandole los dedos. El pelo oscuro de Jem colgaba delante de sus ojos; su piel brillaba por el sudor. Anteriormente, ella había cerrado los ojos: esta vez ella lo observaba, tanto el cambio en su expresión como su control se rompieron por la forma de su boca mientras jadeaba su nombre.

“Tessa…”

Y esta vez, ella se olvidó de morderse la mano para amortiguar los sonidos que hacía. Oh, bueno. Al diablo con los vecinos. Había estado en silencio durante casi un siglo.

 "Quizás eso fue más rápido de lo que había previsto" dijo con una sonrisa, cuando yacían juntos después, encajados entre los cojines. “Pero tú hiciste trampa. Tienes más experiencia que yo.”

“Me encanta.” Tessa le besó los dedos. “Voy a tener una gran cantidad de diversión enseñándote todo. No puedo esperar a que escuches música de rock and roll, Jem Carstairs. Y quiero verte utilizando un iPhone. Y un ordenador. Y viajar en el metro. ¿Has estado en un avión? Yo quiero estar en un avión contigo.”

Jem seguía riendo. Su cabello era un desastre terrible, y sus ojos eran oscuros y brillantes a la luz de la lámpara. Se veía como el chico que había sido, hace tantos años, pero diferente a la vez: se trataba de un Jem que Tessa recién empezaba a conocer. Un joven, y saludable Jem , no un niño moribundo o un Hermano Silencioso. Un Jem que podía amarla con toda su fuerza a medida que ella lo amaba a él.

“Vamos a tomar un avión”, dijo. “Tal vez a Los Ángeles.”

Ella sonrió. Sabía por qué tenían que estar allí.

“Tenemos tiempo para hacer todo”, dijo él trazado uno de sus dedos por el lado de la cara de Tessa. “Tenemos la eternidad.”

No la eternidad, pensó Tessa. Tenían un largo, largo tiempo. Toda una vida. El tiempo que él viviera. Y ella lo iba a perder un día, como había perdido Will, y su corazón se rompería, como se había roto antes. Y se recuperaría de nuevo y seguiría adelante, porque el recuerdo de haber tenido a Jem sería mejor que nunca haberlo tenido en absoluto.

Ella era lo suficientemente sabia como para saber eso.

“Lo que dijiste antes” preguntó. “Que Jace Herondale ama a Clarissa Fairchild más que nadie que hayas conocido, excepto alguien…. Nunca terminaste la frase. ¿Quién era?”

“Yo iba a decir tú, yo y Will,” dijo. “Pero… No es eso algo extraño que decir ¿no?”

“No es extraño en absoluto.” Ella se acurrucó cerca contra su costado. “Tienes toda la razón. Siempre y para siempre, toda la razón.”

***

EPILOGO: NO LOS ESCUCHES POR FAVOR…

Hola ¿quieres leer el final de No los escuches por favor? Aquí —-> http://gabriellavalero.tumblr.com/post/96035931357/fanfic-wigetta-final-no-los-escuches-por-favor 

AND IF WE ONLY DIE ONCE, I WANNA DIE WITH YOU

Narra Willy

Desperté acostado en el suelo, me levante suavemente con el dolor de cabeza matándome, me dolía todo en realidad, mi cuerpo, la cabeza, todo, no recordaba nada, que había pasado, donde estaba, porque estaba, frote mis ojos para poder observar mejor, temerosamente retire mis manos de mi rostro, ¿Dónde estaba?, todo era verde a mi alrededor, pastizales  por doquier y un gigante árbol sobre mí, lentamente me levante anonadado, estaba en una colina, ¿Qué hacía aquí?, me retire del árbol poniéndome en borde de la colina donde estaba, todo era hermoso, una cascada que conectaba con un lago frente a mi colinita, temeroso comencé a caminar hacia atrás, la pregunta de ¿Dónde estaba? Volvió a resonar en mi cabeza, tropecé con una piedra cayendo de espaldas y golpeando mi espalda y mi cabeza, cerré los ojos para razonar mejor donde estaba, es que no recordaba nada.

Imágenes comenzaron a pasar por mi cabeza, Vegetta, la minecon, el bar, el auto, la luz, la sangre, los gritos, la sirena de la ambulancia, abrí los ojos de golpe… ¿había tenido un accidente?, lleve mi mano hacia mi cabeza, dolía pero no había daños, mire mi cuerpo, la ropa no estaba manchada ¿Dónde estaba? me volví a preguntar y ¿Por qué estaba?, ¿yo había muerto?, Vegetta, la minecon, el bar, mi borrachera, el auto, la luz, el accidente, la sangre, los gritos, la sirena de la ambulancia, el purgatorio…

Muchos serán purificados, emblanquecidos y refinados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos comprenderá, pero los entendidos comprenderán

Me levante lentamente percatándome de que el cielo era color morado y rosa, note un tenue arcoíris sobre mí ¿Qué era este lugar?, el purgatorio, era acaso que yo había muerto y no había cometido los suficientes pecado como para ir al infierno ni tampoco había sido tan santo como para ganarme la gloria, y es que mi único pecado había sido Vegetta, un pecado del que nunca me arrepentiría, ¿acaso esto era el purgatorio?

…ecno eid ylno ew fi dna

*****

El tiempo pasaba, yo continuaba caminando por todo el lugar, no sufría hambre o ganas de ir al baño, no tenía sueño, no anochecía ¿dónde estaba? Era mi mayor pregunta, subí una colina, llegue después de alrededor 2 minutos, ¿minutos?, mi reloj, revise mi muñeca izquierda mi reloj estaba detenido en la hora de 2:34, dos de la mañana con treintaicuatro minutos, la hora del choque.

Llegue a la punta de la colina ahí estaba de nuevo el árbol que estaba la primera vez que llegue a esta lugar, fui hacía él y recargue mi frente en su tronco, es que no entendía nada, ¿Dónde estaba? Mis dudas no se resolvían, pasaba el tiempo y esto era un paraíso pero el no saber porque estaba aquí era el infierno, sentí un frio y aun con los ojos cerrados y contra el tronco del árbol note como la luz se iba, sentí como alguien tocaba mi hombro ¿no estaba solo?, me gire lentamente y anonadado, ahí estaba él, tan majestuoso como siempre, mi Vegetta.

*****

(((Tenía que poner esta canción otra vez *-* http://www.youtube.com/watch?v=0tKtLzLppvQ )))

…uoy htiw ied annaw i

Era él, mi Vegetta, estaba parado frente a mí con su resplandor al máximo, había cambiado, se veía diferente, traía puesta su camisa blanca y unos jeans de mezclilla, se veía vivo, feliz, había renacido desde la última vez que lo vi en la minecon, no resistí mis ganas de abrazarlo y de besarlo, sin pensarlo dos veces me tire hacía él rodeándolo en un abrazo, yo lo tome fuerte de su cuello él se aferro a mi cintura, no lo dejaría irse de nuevo, era mi Vegetta, mi vida, mi amor, no dejaría que esto volviera a pasar, y es que no sé ni cómo deje irlo la ultima vez, me separe lentamente de él mirándolo a los ojos, esos ojos llenos de brillo y de amor por mí, ahí estaba su sonrisa tímida, esa sonrisa que me llenaba de amor por él, y que estaba llena de amor por mí, lentamente me tomo de mis mejillas y se puso de puntillas para darme un suave beso en mi frente, una lagrima cayó por mi mejilla, el me miro a los ojos, me tomo del cuello y suavemente me acerco a él dejando que su boca estuviera a tan solo unos centímetros de mi oído.

— Te tardaste — me susurro para seguido bajar a mi cuello y comenzar a besarlo, había olvidado lo satisfactorio que eran sus besos

— ¿Qué es este lugar? — le pregunté dejando escapar después un suspiro

— No lo sé, y no quiero averiguarlo, tú estás conmigo y yo estoy contigo

— ¿Qué es lo último que recuerdas? — el paso al otro lado de mi cuello

— Tú, la minecon, el hotel, el anillo de bodas, las pastillas, la navaja y la luz — me separe de él lentamente con los ojos abiertos como platos.

— Yo lo último que recuerdo es a ti, la minecon, el bar, el auto, la sangre, los gritos, la sirena de la ambulancia y la luz, ¿a qué hora se detuvo tu reloj? — le pregunte, el sonriente lo reviso

— 10:49 — él se volvió acercar a mí con su sonrisa seductora, continuo besando mi cuello, yo lo tome de su cabello y me deje llevar. — Entonces estamos muertos, juntos, en un lugar donde solo conocemos tú y yo —

— ¿Cómo lo dices tan tranquilo? — le pregunte con los ojos cerrado

Él se acercó a mi oído y susurro — Porque si solo morimos una vez me encanta que fuera contigo — yo sonreí y me deje llevar, el lentamente me tumbo en el pasto justo debajo de la sobre que daba en árbol, es que nuestro destino era estar juntos, juntos pero no en la vida mortal, estábamos en el purgatorio, con un unido pecado, amarnos como dos locos, desearnos como dos pervertidos sexuales y aferrarnos el uno al otro como lo hace un hijo a la madre, ambos estaríamos aquí una eternidad, no sabíamos cuanto, no sabíamos muy bien porque pero lo que si sabíamos es que ambos fallecimos con la persona indicada, porque si solo vivimos una vez yo quería vivir con él y si solo moríamos una vez… quería morir con él.

And if we only die once, i wanna die with you…

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Y así termina No los escuches por favor… el epílogo ya estaba destinado no crean que lo hice porque todas me comenzaron a odiar xd, ya estaba destinado así, así lo quiso dios, así lo quise yo, muchas gracias por todo, que tenga un buen fin de semana y quería dedicar este final a los mimos nenes del capítulo anterior, a Paula y a Josman, amigos de un grupo de Whats App y en especial a stefany-doblas a ce2388​ a pinkygirly98 y a yaoikawaii-arg que estuvieron conmigo desde el inicio.

Muchas gracias por todo que pasen una buena mañana, tarde, noche o madrugada según la hora en que lean esto.

Fue un placer, espero y No los escuches por favor fuera de su agrado.

Me despido, fue un honor.

— Simplemente una escritora más.

Epílogo

Lá estávamos nós. Nós que eu digo era eu e a Rafaela, afinal, já havia um tempinho que eu havia notado que não existia mais eu, e sim nós. Só nós. Como ia dizendo, lá estávamos nós e a nossa família.

    Meus pais, meus irmãos, nossos amigos, meu tio, os pais dela, a Paloma e a Gabriella. No fundo eu tinha pena dela por não ter uma família, agora, ali sentada na cadeira de plástico vendo meus amigos brincarem de cavalo de guerra dentro da piscina, eu sabia como era bom ter uma família.

   A Gabriella não se juntou a eles, claro, ela se sentou ao lado da mãe, que até onde eu sei era a mãe adotiva e lá ficou, em silencio. Sentia constantemente seu olhar em mim e era incrível isso não me incomodar.

   Pelo canto do olho vi quando a Rafa pegou uma cadeira e se sentou ao meu lado, se posicionando para tomar sol.

   - Será que eu devo chegar na Gabriella e dizer pra ela que você já tem dona? – Ela falou baixinho pra que só eu possa ouvir.

  Ri baixinho do seu jeito espontâneo, parecia uma brincadeira, mas pelo seu tom de voz ela se sentia mesmo incomodada.

  - Não, melhor não. Ela vai notar você. – Pisquei pra ela debochada.

  Seu sorriso me mostrou que apesar de eu ter dito pra deixar para lá, não era isso que ela queria.

    - Tira um foto comigo? – Ela pediu baixinho.

   Precisei olha-la para ter a certeza de que estava falando sério.

  - Eu? – Perguntei surpresa.

   Ela sorriu divertida pela minha expressão e balançou a cabeça.

  - Não deveria ser ao contrario? – Voltei a observar a guerra dentro d’água do pessoal – Você é a estrela aqui.

  - Fala sério – Ela bufou de propósito – Eu iludo aquelas pessoas. Você me conhece sabe que eu não sou tudo que ela acham que sou.

  - Rafaela, se as pessoas vissem tudo que eu vejo, elas não iriam querer tirar um foto com você… Elas iriam querer tirar a roupa com você.

   Ouvi sua risada ultrapassar o da bagunça na água. Seus lábios tocaram meu rosto e antes que eu percebesse ela tinha levado o celular a nossa frente, sem escapatórias eu sorri.

   Ela não me deixou ver, simplesmente ficou alguns segundos observando a foto e depois guardou o celular.

  - O fim de semana mais feliz da minha vida. – Disse olhando nos meus olhos.

  - Não o meu. – Disse voltando meu rosto para frente escondendo minha expressão de deboche.

  - Qual é o seu então? – Ela perguntou curiosa.

 Comecei a sorrir ainda sem olhar pra ela, afinal, realmente era verdade, aquele não era o fim de semana mais feliz da minha vida.

  - Foi o primeiro fim de semana que eu conheci você. – Falei voltando a olha-la – Foi quando eu senti uma imensidão de coisas que eu carreguei durante toda minha vida saindo de cima dos meus ombros.

  Ela não respondeu, seu olhar me indicava que ela havia voltado aquele dia e se perdido nas lembranças que ele trazia. Sua mão chegou ao meu rosto acariciando-me. Finalmente seu olhar entrou em foco me encarando.

  Fiquei presa naquele olhar, como varias vezes acontecia, sempre me perdia das coisas ao meu redor, quando na verdade eu estava me perdendo naqueles olhos cor de mel.

  Senti quando uma jorrada de água caiu nos nossos pés chamando-nos a atenção. Olhei em direção a piscina e o Renan estava debruçado no parapeito sorrindo.

  - Qual é meninas, vem pra cá. – Ele pediu.

 - Daqui a pouco eu vou – Gritei de volta.

  Seu olhar saiu de mim e pairou sobre a Rafa. Ele não precisava dizer nada, ela já estava se rendendo, nunca na minha vida eu me lembro dela ter resistido a água.

 - Preciso de alguém pra entrar no time – Ele explicou.

  Ela me olhou de um jeito como quem se desculpa.

- Tudo bem se eu for? – Pediu.

- Claro, vai lá e ganha deles – Brinquei.

   Seus lábios encostaram-se à minha bochecha e ela caiu na piscina. Foi brincar com eles. O jogo consistia em um subir no pescoço do outro e tentar derruba-lo, ganha lógico quem fosse o ultimo a cair.

   Cansei de ficar sentada ali ouvindo aquele papo de adultos e fui me jogar na água.

   Nadei até o parapeito da piscina e submergi. Apoiei meus braços cruzando-os na beira da piscina e sustentei meu corpo. Senti uma leve tontura e continuei de olhos fechados tentando me controlar.

   Eu ouvi alguém chamar meu nome, mas ainda não me sentia pronta para responder.

  Senti a água ao meu lado se mexer e segundo depois alguém apoiar no meu ombro.

  - O que houve? – A Rafa perguntou baixinho ao meu lado.

  Abri os olhos usando tudo que tinha para parecer bem.

  - Acho que entrei rápido demais – Respondi sorrindo.

  Ela revirou os olhos e me beijou o rosto.

  - Mas não aprende nunca. – Resmungou.

  Apoiei-me na beirada da piscina e dei impulso para cima, me sentando com os pés ainda dentro da água.

  - Hanna – O Renan veio andando pela lateral da piscina todo molhado – Escolhemos os nomes.

    Os outros se aproximaram de nós animados para escutar.

 - Se for menino vai chamar Victor Sasuke – Ele disse todo orgulhoso.

 - Claro que não. Renan – A Mari havia se sentado na beirada ao meu lado – Eu já te disse que não pode querer colocar o nome dos personagens de naturo na criança.

  As pessoas começaram a rir e parte de mim também achou graça ao notar que ele estava mesmo pensando que pudesse ser uma boa ideia.

 A Rafa afundou e voltou com o cabelo todo para trás. Ela cruzou os braços em cima da minha perna e apoiou a cabeça.

 - E se for menina? – Ela perguntou a eles.

- Vai chamar Bruna – O Renan respondeu mais sério e mais pensativo dessa vez. – O nome da minha mãe.

Ninguém respondeu nada, ou porque se sentiam sem graça ou porque estavam emocionados a ponto de não conseguir dizer uma palavra.

Eu estava olhando no fundo dos olhos do Renan e só percebi isso porque ele arqueou as sobrancelhas chamando minha atenção.

- Isso, parece incrível. – Respondi sem palavras.

 Ele balançou a cabeça concordando comigo e sorriu, ligeiramente emocionado. Nós aviamos ficando em silencio e isso começou a ficar estranho.

 - Vamos voltar a duelar. – Ele mergulhou na piscina – Vem amor, vamos ganhar deles.

 A Mariana logo escorregou para dentro d’água levando todos juntos com ela.

 A Rafa estava olhando pra cima, pra mim com um sorriso pequeno de canto.

 Eu a amava. Eu amava aquela garota. Amava seus olhos cor de mel, seu cheiro de cereja e o modo suave e calmo que sua voz saia ao se dirigir às pessoas. Eu era apaixonada pelo sorriso, pelo jeito como sabia sempre só de me olhar o que eu sentia. Eu amava o modo como ela me fazia se sentir bem, ou o fato de eu me sentir bem só por ela se sentir bem. Eu sentia tanto e esse tanto era amor.

    - O que foi? – Ela me questionou baixinho.

   Balancei a cabeça de um lado para o outro dizendo que não era nada. Ela se apoiou na beirada da piscina e deu impulso para se sentar ao meu lado.

    A gente ficou um bom tempo sem dizer nada. Estava um ventinho gelado, ela segurou a minha mão de modo carinhoso enquanto observávamos a briga dos nossos amigos.

 - A Mari deve amar muito o Renan mesmo, por que… É sério como aguenta alguém que faz graça 24 horas por dia assim?

 - Acho que você na verdade só esta de implicância com ele. – Brinquei.

    Ela me olhou fingindo estar ofendida.

    - Por que implicância? Ele não me causa medo, não tenho porque tentar fazer a caveira dele.

    Eu comecei a rir.

    - Desculpa ai mulher maravilha.

    - Eu confio no seu amor, só isso. – Ela descansou a cabeça no meu ombro.

    Coloquei meu braço ao redor da sua cintura, deixando-a ali, bem pertinho de mim. Meus pensamentos por um momento.

    Só voltei a mim quando ela começou a rir sem graça.

     - Eu vou ser uma pessoa bem sucedida na vida, uma boa filha, boa para a humanidade, só que apaixonada por uma garota. – Comentei em voz alta.

    Senti seus braços me empurrando um pouquinho para o lado.

    - Ah é, que ruim isso – Ela forçou um deboche sem me olhar nos olhos – Pior vai ser pra mim, que alem de apaixonada por uma garota vou ser apaixonada por você. Francamente quem se apaixona por alguém estranha que nem você.

      Apesar do tom de brincadeira eu percebi que talvez tivesse falado demais. Ela parou de me olhar e começou a observar o mar.

    - Desculpa se eu te ofendi. É que, as pessoas sempre vão nos julgar por amar, eu nunca vou me conformar com isso.

    - Nem todas. Não sei por que é tão difícil pra você entender que não importa, por que você sabe que comigo você vai ser feliz de um jeito que jamais seria se tivesse que viver no padrão deles. – Ela suspirou chateada – eu sei que a gente vai ser feliz, queria que você tivesse essa certeza também.

     - Eu tenho. – Respondi rápido – Eu já sou.

    Ela voltou a me olhar.

    - Qual é o problema então?

    Eu suspirei cansada. Tinha tantos problemas que rondavam meu coração, e eu queria ter a liberdade de falar todos eles com ela sem que ela se ofendesse, mas isso parecia impossível agora.

    Cansada de esperar por uma resposta ela voltou a olhar ao redor.

     - Você acha que vai durar Rafa? – Ela voltou a me olhar – Quer dizer, você sabe… Seja qual for o amor, ele acontece, queima, incendeia, depois apaga. Tenho medo de ter que viver algum período desta minha vida sem você.

      - Não confia em mim? – Ela perguntou baixinho.

      Suspirei, não olhava para ela, estava perdida em meus próprios pensamentos olhando para a nossas mãos entrelaçadas.

     - Não é isso, é que você sabe como são os relacionamentos, eu to com medo de perder você por antecipação. Seja lá para o que for, pra dança, para o preconceito, perder você para os meus próprios erros.

       Ela continuou me olhando como se eu estivesse falando um monte de coisas sem sentidos. Eu comecei a sorrir sem graça.

     - É que sabe, eu estou tão feliz, tão feliz… Não é possível que as pessoas consigam viver assim pra sempre.

      Ela começou a sorrir também e se aproximou mais de mim, encostando nossas testas. Ela fechou os olhos.

       - Mal posso esperar pra começar a brigar com você pelos assuntos banais do dia a dia.

      Senti a respiração quente dela no meu rosto, fechei os olhos sorrindo.

      - Eu amo você Rafaela.

      Ela sorriu, e quando começou a falar sua voz não passava de um sussurro.

      - Eu amo você, por toda minha vida sua maluca.

      Mais uma vez um golpe de água nos acertou, e dessa vez não era de propósito, era porque o Pablo havia pulado perto de nós, espalhando água por todos lados.

      - Eu a Paloma tivemos uma ideia – Ele falou quase gritando para todo mundo ouvir – Vamos brincar disso, porém, é só casal com casal.

      Os pais da Rafa também pularam na água, se preparando para a guerra. Senti ela me cutucando com o cotovelo e me lançando um olhar pidão. Escorreguei para dentro d’água e fiz sinal com a cabeça para que ela me acompanhasse.

      Ali era o começo, o começo de uma vida toda.

     Então é assim a vida? Como eu já li uma vez, felicidade é só subir no pódio, permanecer em primeiro lugar nem sempre tem tanta graça, acho que é por isso que a vida é assim, tão difícil e imprevisível.

   Então é assim a vida… Um dia você tem um plano, e no outro já não tem mais. Você vai dormir com um futuro lindo e brilhante em mente e quando acorda um bilhete mal escrito já muda toda sua vida. Ou uma viagem, ou um sentimento. Ou um abandono, ou um achado, talvez uma cicatriz e um abraço, ou um trabalho de escola.

  Minha maior duvida sempre foi distinguir o que gira o mundo… Se é o amor, ou o dinheiro. Ainda não descobri… Mas vi que o que muda a minha vida é o amor, e todas as fases que há nele.

   Então é assim que acaba uma etapa? Com churrasco? Ou com amor? Com toda certeza é com uma explosão de amor. Eu não posso dizer que a vida vai ser fácil, ou que essa estabilidade vai durar para sempre, na verdade, eu teria medo se ela não mudasse.

   Então é assim… A vida. As pessoas te pedem para amar sempre, em primeiro lugar, mas nem sempre aceitam suas escolhas ou suas definições sobre ele.

  Quem pode julgar? Quem pode julgar uma atitude, ou um abraço, quem pode dizer que é por interesse ou por vergonha, ninguém sabe o que se passa com ninguém.

  Então é assim sim, a minha vida. Sem roteiro e sem certeza de que vai ser essa felicidade instável para sempre. Eu sei que ela vai mudar, e tenho certeza de que vão haver muitos problemas… Tenho tanta certeza disso tanto quanto eu tenho sobre os sentimentos sobre a garota que mudou minha vida. Então é assim que vai ser, amar para viver e viver para amar. Amar a Rafaela. Amar a família. Amar a liberdade. Amar o amor e todas as suas variações.

A Prueba

Epílogo

POV LAUREN

“… hace 1 año yo nunca creí que estaría aquí, ahora, sentada en mi viejo escritorio escribiendo la última página de mi historia. La que mas ha marcado mi vida. Pero algo como esto nos demuestra que simplemente, todo puede pasar. Ha sido tiempo ya desde todo esto, que pude volver a la vida con la que crecí. He tenido la dicha de apreciar mil veces mas todo lo que tengo ahora y de recuperar el tiempo perdido con todos los que amo, los que sufrieron mi ausencia. Pero sobre todo… con ella.

La vida de verdad que no es un cuento de hadas… pero eso no quiere decir que no pueda tener un final feliz. Nadie nos entrega un manual para vivir cuando nacemos, nadie tiene un libro en el que este escrita la historia de su vida y pueda saber lo que pasara. Hoy tu tienes este libro en tus manos con una historia de lo mas difícil y aterradora para mi. Y es que nadie tiene la felicidad eterna garantizada, precisamente por eso te pido, querido lector, que disfrutes cada día como si fuera el último. Nunca podremos saber que va a pasar el día de mañana. Mañana tu podrías verte en una terrible situación. Y ya sea por un mal momento sentimental, económico, amoroso. Ya sean tan solo un par de valiosos minutos en los que te demoraste en salir de un edificio, puede ser lo que sea… y tu vida, tu valor y el amor serán puestos a prueba.

—Listo. —Punto final. Forme una amplia sonrisa en mi rostro mientras dirigí la mirada a la parte superior de la hoja —“A Prueba” por Lauren M. Jauregui —Por fin, había terminado. Meses de estrés, de pasar miles de horas en vela tratando de encontrar una manera para no llorar de contar mi historia. Obviamente en ello no había tenido mucho éxito. Pero finalmente lo logre. Mire rápidamente el reloj, pasaban de las 3 de la mañana.

Mire la pantalla de mi computador y recorrí muchas de las páginas escritas, realmente orgullosa de mi trabajo. Recordando las millones de cosas que pasaron entre las paginas. El miedo que sentí y la alegría que conseguí. La recuerdo a ella, incrédula hasta los huesos el día que regrese a casa. Me recuerdo a mi, el día en que ingrese a mi antigua cuenta y me encontré con todo esa monton de viejos mensajes. Esa noche no logre dormir absolutamente nada. Estuve todas las horas, leyendo uno tras otro los mensajes que ella había dejado. Sin necesidad de hablar me entere de todo lo que había vivido, la pena que había pasado. Supe que srufrio, supe que se enamoro, supe que de verdad hubo un tiempo en el que ella podría decirse que estuvo bien, que se había decidido a continuar sin mi. Pero a pesar de ello… nunca me olvido. Es difícil imaginar y ahora creer que hubo un tiempo en el que yo no la reconoci. ¿Cómo se podría olvidar a alguien tan maravillosa? Pero claro, a veces el corazón le gana a la mente. Y de la mente salen cosas que del corazón nunca serán capaces de salir. Mi memoria la bloqueo, mas mi corazón nunca la olvido. Tenía un par de lágrimas queriendo salir de mis ojos. Pude haberlas contenido, se que pude hacerlo, pero de la nada sentí un par de brazos rodear mi cuello por detrás y unos labios dejando un cálido beso en mi sien.

—¿Sabes que hora es Jauregui? —Dijo Camz dejando un beso mas.

—¿Tarde? —Una risa nerviosa se escapó se sus labios.

—Muy tarde amor —Ella sonrió y llevo sus labios al encuentro de los míos. —Ven a la cama, mañana puedes seguir ¿esta bien?

—No es necesario —Lleve el archivo hasta el final. —Termine. —Ella puso ojos de asombro y volvió a abrazarme ahora aun mas fuerte que antes.

—¿Cuándo podre leerlo?

—En cuanto salga… la primera copia será para ti amor… incluso hare que la autora lo firme —Me dio un pequeño golpe en el brazo.

—Esta vez no tardare 3 años para hacerlo… ¿cierto? —Intente sonreír… pero esa pregunta me provoco escalofríos. De tan solo imaginarme lo que eso significo para Camila yo… yo volvía a sentirme vulnerable. Me levante de la silla y rodee sus caderas con mis brazos, dejando nuestros cuerpos cerca. A la distancia perfecta para un beso.

—Esta vez no iré a ninguna parte —Tardo unos segundos pero su sonrisa, esa sonrisa capaz de devolverme el alma al cuerpo regreso.

—¿Me lo prometes?

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POV CAMILA

El segundo libro de Lauren había sido publicado y un completo éxito. Había organizado una pequeña fiesta entre amigos, para celebrar a la nueva escritora. Todos estaban aquí, como en los viejos tiempos. Incluso Drew y Sandra que, después de mucho intentarlo lograron aclarar todo ese embrollo y le dieron una segunda oportunidad a lo que sentían. Lauren se había decidido. Ser periodista le encantaba pero escribir sobre sus ideas, su vida, sus experiencias, eso era para lo que ella había nacido. Ahora además de eso, se dedicaba a dar un par de conferencias, en empresas, en escuelas. Ella era una de los muy pocos sobrevivientes de aquel 11 de septiembre y todos querían conocer su historia por mas pequeña e insignificante que fuera. Pero claro, al conocerla si enteraban que esta mujer, la que hoy la vida me regreso, tiene una gran historia que contar.

Bebimos, reímos, hicimos lo que quisimos hasta que vi que entre estos invitados hacía falta alguien. Mi mirada recorrió el living hasta que se detuvo en una de las mesas del jardín. Ahí estaba. Tome una cerveza de la hielera y Salí a sentarme con ella.

—¿Qué hace tan sola aquí señorita Iglesias? —Vero elevo la mirada y me sonrió. —¿Estas bien?

—Claro —Le ofrecí la cerveza y ella la acepto —Solo que… demasiada gente allá dentro. —Atraje una de las otras sillas a nosotras y me senté junto a ella.

—De todas formas, no creo que deberías estar aquí sola.

—Me gusta estar sola. Sobre todo ahora… mira el cielo —Lo hice —Las estrellas brillan como nunca. —Sonreí.

—Si, eso es cierto —Note la pesada respiración de Vero y hubo un largo silencio hasta que ella decidió hablar.

—Algunas de esas estrellas ya están apagadas ¿sabes?

—¿Qué dices?

—Eso. Puedes que incluso se hayan apagado hace años. Pero… alguna vez brillaron tan fuerte que su luz aun llega hasta nuestro cielo.

—¿Y como sabes cuales ya están apagadas?

—No hay forma de saberlo. Imposible. Pero… es un bello misterio ¿no lo crees?

—Vaya que lo es —Respondí dándole la mas convincente sonrisa que pude.

—Cece es mi estrella ¿sabes? —La mire. Tenía lagrimas corriendo por sus mejillas —Ojalá, de verdad deseo que le haya ocurrió lo que a Lauren. Ojala este por ahí, sin recordar nada de ella, de su vida pasada, de mi. Ojala se haya olvidado de mi pero este viva… y este bien. —No pude mas con ello. Me levante y la abrace, sin siquiera una idea de que decir.

—Ella esta bien. Sea donde sea que este, esta bien Vero. —Se quedo aferrada en mi pecho durante un rato hasta que Lauren salió.

—Lo siento, no sabia que estaba ocupadas. Camz, todos se fueron, ire a esperarte arriba.

—No es necesario —Dijo Vero sentándose nuevamente y limpiando sus ojos —Ya me voy.

—¿Estas segura? —Pregunte

—Claro que si… estoy bien. Solo necesitaba a alguien que me escuchara y esa eres tu. —Volví a abrazarla hasta que ella se salió de mis brazos, se despidió de Lauren y se fue hasta la salida.

—¿Paso algo Camz?

—Nada. Es solo que, aun carga con la pena. Eso es todo.

—Y te la contagio a ti ¿no es cierto?

—No puedo evitarlo Laur. Entiendo como se siente, lo viví durante años.

—Lo se —Ella tomos mis manos y entrelazo sus dedos con los míos

—Pero por alguna razón aquí estoy. Aquí estamos tu y yo.

—Eso es algo que nunca dejo de agradecer —Le sonreí.

—Pero sabes… a fin de cuentas algo bueno tuvo que salir de esto.

—¿Qué dices? No hay gran cosa buena. Solo un libro. Un gran libro escrito por una gran mujer.

—¿Ah si? —Asentí con la cabeza —Pues… yo tengo otra —Dijo abrazándome y dejando un beso en mi hombro.

—¿Otra cosa buena que salió de esto? Lo dudo… —Ella sonrió y tomo mi rostro entre sus manos haciéndome mirarla a los ojos.

—Lo mejor de todo esto, Camila Cabello, es que pude volver a enamorarme de ti. Pude volver a sentir esa sensación en el estómago al mirar a alguien. Pude volver a sentir lo que sentí el día en que te conocí. Cuando chocamos por esas escaleras, cuando te bese por primera vez. Todo… y todo por ti. —Me lance sobre su cuerpo y la bese, de tal manera como si esta fuera la ultima noche que pasaría con ella. Sentía como todo mi cuerpo explotaba a las reacciones que me provocaba. Y así fue hasta que el aire se hizo necesario.

—No me respondiste la otra noche.

—¿No lo hice? —Pregunto dejando un beso en mi nariz.

—No… te dije que me prometieras que jamás te irías de nuevo.

—Ya recuerdo —Sonrió.

—¿Y bien? —Pregunte mirando sus ojos.

—Te lo dije antes… te lo digo ahora… y te lo diré siempre, una y otra vez hasta que te canses de escucharme. Jamas.

El fin… dirían los cuantos de hadas. Gracias por seguir la historia a todos y cada uno de ustedes <3 ASK