entrecortado

Cuando me miras, cuando tus manos se deslizan por mi cuerpo, cuando sonríes mientras quitas el cabello de mi cara, cuando escucho tu agitación y tus tequieros entrecortados es entonces que entiendo: porque tú, siempre tú.
—  COOS
O de Olvido (Wigetta/Witaxx).

Taran taran taran taran (8′

No me lo creo chaval.

Una parte de mi quiere creer que esto es una pesadilla.

Una mala película, una historia ficticia, o uno de esos sucesos que siempre tendrán una solución, aunque intentes creer que son demasiado complicados.

Solía ver este tipo de historias en dramas de telenovelas o en libros con temática romántica.

Pero esto era la vida real.

Cuando despertó, no pude sentirme más aliviado. Estoy seguro que tenía una sonrisa en el rostro y que las lágrimas ya empezaban a derramarse por mis ojos, a causa de la felicidad que me embargaba en ese momento.

Lo abracé con todas mis fuerzas y empecé a hablar entrecortado debido a todas las emociones que corrían por mi cuerpo.

Supe que algo estaba mal cuando lo vi observarme lleno de pavor.

Su rostro estaba confuso, sus ojos estaban llenos de lágrimas y pronunció una frase que, hasta el día de hoy, está presente en mi cabeza:

¿Quién eres tú?

Sentí que mi corazón se partió en mil pedazos y en lugar de aclararle toda la verdad, mi boca no pudo pronunciar palabra luego de eso. Mientras mis labios estaban sellados, entró la mama de Willy y me sacó corriendo del lugar, argumentando que era un simple sujeto que lo había encontrado luego del accidente.

Eso dolió.

Sin embargo, no podía culparla.

Ella me odiaba por ser el culpable del sufrimiento de su hijo.

Era yo el que iba manejando aquel día y el que jamás debió sacar a Willy de su casa sin su permiso.

Si pudiera devolver el tiempo cambiaría tantas cosas.

Pero esto no es algo que puedas arreglar en la escuela. No es algo que se remedia con sólo desearlo y no es como si tuviera una varita mágica para pedir un simple deseo.

Los seres humanos deben ser capaces de asumir sus responsabilidades y de aceptar lar consecuencias de sus errores.

Al menos eso fue lo que siempre me dijeron de pequeño.

Tenía la esperanza de que él me recordara.

Que su memoria regresara y que todos los recuerdos que vivimos juntos, dejaran de estar en el olvido.

Pero eso jamás ocurrió.

Yo soy el único que los conoce y el cual daría todo por borrarlos de su mente.

Son las memorias más maravillosas que tengo en mi vida, pero también me atormentan cada día y me hacen sufrir, al saber que jamás podré recrearlas.

Tengo ganas de sufrir un accidente y que mi cerebro termine dañado en el proceso.

Tal vez así pueda recuperar mi vida y pueda ser realmente feliz.

Necesito olvidarlo, seguir con mi vida y apartarlo de mis pensamientos.

Pero no puedo hacerlo.

La buena noticia es que al menos uno de los dos fue capaz de continuar. Jamás fui capaz de acercarme de nuevo a ti y con el tiempo, lograste encontrar a otra persona que te hiciera sonreír.

¿Acaso él te merece Willy?

¿Es capaz de hacerte rabiar, molestarte y luego callarte con un beso al igual que yo lo hacía?

¿También te deja recostarte en su hombro para dormir luego de hacer el amor por varias horas?


-Camina Frank, que ya es tarde- pidió con una sonrisa y con los ojos tan brillantes como los recordaba.

-Ya voy tío, que sí se nos hizo tarde fue por quedarnos mirando las benditas tortugas.

- Deja el drama y vámonos- terminó soltando la risa y jalándolo de la mano a la vez que desaparecían por completo de mi vista.

Supongo que eso responde la pregunta más importante.

Al menos uno de los dos es feliz.

Con eso es más que suficiente.


Ay, mejor no digo nada. 
Nos leemos en la P :D <3. 

Contigo me sentí mujer por primera vez,
pude apreciar mi cuerpo como se debe,
y disfrute del placer que provoca el tuyo sobre el mío.
Que los hombres con los que había estado, no me enseñaron a quererme para luego disfrutarme entre manos tibias, y corazones calientes.
Tú fuiste diferente en todos los aspectos,
ibas trazando líneas y curvas por todo mi esplendor,
me enseñabas que la montaña de mis caderas debía mecerce lentamente sobre el valle de las tuyas,
y que había un pequeño lugar escondido,
donde tus islas reposaban en las mías.
Incluso me mostraste que en algún momento de nuestro amorío, podría admirar las estrellas tan de cerca hasta que podría tocarlas y explotar con ellas.
Sí, me enseñaste a amarme antes de tomarme.
Me acariciaste antes de follarme.
Y es que, lo que hay entre tú y yo, no es un simple polvo de una noche.
Lo nuestro es una sucesión de suspiros entrecortados, y ritmos cardíacos.
Cariño, no se puede decir que lo que hacemos es pura diversión, y práctica.
Lo que hacemos tú y yo cada noche se llama: amor.
—  Paulina Mora
Hoy anoté muchas cosas para contar(te). Sumé anécdotas enlazadas a palabras dulces, multipliqué fragmentos de suspiros entrecortados y elevé la razón de mis sentimientos al cuadrado de tu calidez, pero, olvidé restar. Olvidé quitarle a aquellas historias la parte que te molesta escuchar porque soy demasiado reiterativa, y te gustan las cosas directas, claras. Olvidé dividir mis metáforas entre tu realidad y buscar la raíz de aquello que detestas de mí. Olvidé tu aversión por los números, y mi inclinación cuantitativa.
—  Sskyhebo
Nostalgia.

Não tenho um demônio em mim, sou um. Insaciável, sedento e faminto. Minha boca espera novos gostos e fico salivante só de imaginar uma pele nova entre os meus dentes. Queria voltar àquele dia do nosso último abraço. Ele com certeza seria diferente. Passaria pelos poros todo o desejo visivelmente desesperado para agir. E com meu hálito quente eu seria o mais explícito possível ao encontrar teu ouvido. E as minhas mãos as mais devassas possíveis ao encontrar suas costas. Passaria para tua pele todo o meu calor e tenho certeza que suaria comigo. E quando eu te apertasse contra o meu corpo, valorizaria cada suspiro entrecortado. Distribuiria pelo seu pescoço mordidas e você perderia a noção do tempo e provavelmente eu perderia a viagem para você me levar em outra.

Wigetta : RULETA RUSA / Capitulo 15

Abandonado…

-

Los suspiros rápidos, sofocantes y entrecortados de Guillermo denotaban la falta de aire de sus pulmones, su mirada perdida con ese brillo en sus ojos inundados de lágrimas y ese temblor en casi la totalidad de su cuerpo demostraban su miedo, su angustia y desespero con la situación que le atormentaba. No quería ser abandonado, de solo pensar o imaginarse caminando por las calles con la idea de que alguien le hiciera daño o le secuestre era algo de lo que no quería tener experiencia o no de nuevo, pero esta vez era diferente. Cuando Vegetta lo confiscó a su lado con la amenaza de un arma y sus toqueteos despreciables pudo sentir en esos momentos el temor, el soportar ser tan débil ante alguien tan dominante y no tener la fuerza para defenderse imaginando lo peor que podría sucederle con él. Al final, cuando creyó que había chocado con la presencia de un monstruo sádico resultó que no era tan así como creía porque hasta ahora no había sufrido maltratos como un verdadero monstruo haría. Allí afuera había personas que de corazón solo era un hueco oscuro de verdadera maldad, personas sin piedad alguna. Haber caído en las manos de Vegetta y su grupo era lo mejor que le hubiese podido pasar de estar siendo buscado porque aunque su vida no estaba fuera de peligro con ellos, por lo menos los mismos no serían la clase de gente que le maltrataría por diversión o jugarían con él de la forma más sufrible posible. Quizás de haberlos conocido en un par de años atrás las cosas serian distintas cuando todo era controlado por el padre de Vegetta…

La persona que estaba sobre él viéndole con aquella fría mirada era la única en la que podía confiar en obtener su ayuda y ahora eso se había esfumado. Sus demás compañeros eran más importante que su vida y lo entendía, no podía ser egoísta en obligarle a ser el primer lugar para cuidarle, después de todo, que haya terminado así era su culpa. Si no hubiese escapado de casa no habría terminado en este lugar, no hubiese preocupado a sus tíos y molestado a la policía en su búsqueda, nadie se enteraría de su huida y llamado la atención de ese grupo peligroso. Probablemente tendría que haber seguido soportando su patética vida de siempre pero era mejor eso en comparación a esta realidad. A veces la vida era así de injusta para algunos.

El castaño se aparta poniéndose de pie y jalando del brazo a Guille para que haga lo mismo. Se levantó también pero como si fuese un muñeco sin vida, sin energías y con una expresión de desdicha inminente.

- Entonces… ¿ahora solo debo marcharme? – sus ojos no se desviaban del suelo, le era incapaz de verle a los ojos, sabía que de todas formas no le convencería de cambiar de opinión solo con colocar una mirada que provocara lástima.

- Si sales caminando ahora por la ciudad así no mas cualquiera puede reconocerte, por lo menos debes ocultar un poco tu apariencia y es mejor que te alejes de este barrio y barrios cercanos donde serias presa fácil. Madrid es enorme, las probabilidades de que te encuentren no son altas pero no significa que no puedan hacerlo – explicaba con toda su seriedad e indiferencia – salir del país es la mejor decisión pero tus datos quedarían registrados. Lo único que se me ocurre es que tomes el metro y te alejes.

- Pero – trata de calmar su mala ansiedad y aflicción para pensar y aportar al plan si es que ya no había otra escapatoria – aunque viaje de aquí para allá ¿Dónde se supone que vaya luego? ¿Me quedaré durmiendo en alguna esquina?

- Me preguntas esperando a que resuelva tu problema de andar sin un centavo en el bolsillo – se cruza de brazos en plan cabreo – lo que te pase no es de mi incumbencia si eso significa que tienes que dormir debajo de un puente.

Los dos se quedaron en silencio. Guillermo no le estaba pidiendo dinero o algo similar, solo decía lo que era lógico y negativo para él, podría decirse que casi de forma inconsciente buscaba esos puntos malos para echárselo en cara a Vegetta como si eso significara que le daría una mano pero si lo estaba corriendo de vuelta a las calles se quejaría lo que quisiese, qué más daba al fin y al cabo.

Claro que para Vegetta no era de su incumbencia si tendría donde dormir o que comer, aun así si ya no volvería a verle más pase lo que le pase no perdía nada con ayudarle un poco.

- Escucha, puedo darte un poco de dinero, que hagas de él es tu responsabilidad – esto claramente lo dice en un tono más molesto porque el derrochar dinero era lo que menos le gustaba, menos por alguien que “no significaba nada” para él – busca un hotel y si encuentras algún trabajo será lo mejor, no te durará para siempre lo que te preste.

- ¿Realmente de ahora en más estaré solo? Encontrar un trabajo no es fácil y si tengo que estar ocultando quien soy detrás de uno lentes de sol y una capucha mucho menos. Es como si solo tuviese una cuenta regresiva a esperar que me hallen y lo sabes ¿verdad?, sabes que tarde o temprano sucederá. Si, Madrid es enorme pero si ellos andan deambulando  por todos los sitios en algún momento darán conmigo, la policía también podría. Es inútil – se sienta en la cama cabizbajo. No quería llorar ni seguir pidiendo su ayuda, ahora la desesperanza era todo lo que le consumía.

Vegetta se acerca apoyando su mano sobre su cabeza sintiendo la suavidad de esos cabellos negros en sus dedos lo que hizo que el morocho levante su vista entre desoriento y como esperando escuchar algo bueno de sus labios pero debía ser consciente de que eso no sucedería.

- Aguanta lo que puedas, ya no puedo serte de más ayuda –

Dicho esto, el castaño se vuelve a apartar para ir directo hasta la puerta.

- Te buscaré algunas cosas, espera aquí hasta que vuelva. Luego te acompañaré hasta ir a alguna parte más segura, ya luego todo dependerá de ti –  abre y camina hasta afuera.

Guillermo se quedó observando aquella puerta cerrarse de nuevo. Ahora podía dejar salir sus últimas lágrimas contenidas sin vergüenza a ser visto, se recostó en la cama deseando que el tiempo se detuviese…

Vegetta apoyó su espalda contra la fría madera cerrando sus ojos por pocos segundos para concentrarse adecuadamente en que lo que hacía era lo mejor, que no estaba cometiendo un error. Un líder no duda de sus decisiones, un líder piensa primero en la seguridad de sus compañeros, un líder no puede dejarse ceder por nadie. Cuando creyó que ya estaba completamente seguro de todo, despegó su espalda de esa superficie y decidió seguir avanzando pero se detuvo desconcertado cuando nota la presencia de otra persona cerca de él que antes no había tomado en cuenta por estar pensando en otras cosas. Mira de reojo a ese compañero suyo que estaba recostado en la pared a pocos metros de él con una expresión de decepción y enojo que parecía que en cualquier momento sin preguntar nada se abalanzaría con intensiones de golpearle. Era Rubius que se había apartado de Mangel, aunque éste haya tratado de detenerle minutos atrás pero no logró convencerle, y sigilosamente había seguido a los dos para escuchar en secreto la conversación detrás de la puerta. Conociendo la personalidad de Vegetta, tenía sospechas de que algo así podría suceder por eso no pudo quedarse satisfecho de darse por seguro de que Guille seguiría con ellos, al final sus sospechas se confirmaron y para nada se quedaría conforme con esto.

- ¿Qué haces aquí si se puede saber? No, mejor ni me contestes, no quiero oírte – decide seguir caminando ignorando su molesta aparición para seguir con lo que iría a hacer.

- ¿No quieres oírme? Pues lo harás de todas maneras – Rubius sin importarle si era su líder, amigo, lo que sea, no se quedaría callado. Aceleró sus pasos para ir tras él – ¡Vegetta! ¿Por qué estás haciendo esto? ¡Contesta!

No se tomó la molestia de responder. Su actitud se tornó como si solo hubiese aire a su alrededor, como si no existiese.

Los dos terminan saliendo de ese hotel y Mangel esperaba afuera cuando se da cuenta que al parecer nada iba bien, que Rubius se viera tan molesto era algo raro de ver porque no era la clase de personas que se enojaran con facilidad y si lo hacía casi nunca era seriamente. Si no le detenía seguro ocurriría una gran discusión en el medio de la calle y llamaría la atención de las demás personas que iban circulando.

- ¡Rubiuh! – le toma del brazo interrumpiendo su veloz caminata mientras veía que Vegetta seguía caminando muy tranquilo sin hacer caso a ambos.

- Mangel! Suéltame, no te metas! Tengo que hablar con este sujeto y no lograrás que cambie de parecer! – de un rápido movimiento le quita la mano de encima pero éste le vuelve a sujetar.

- ¡Cálmate primeroh! ¿Qué sucedió? – podía ver que hiciera lo que hiciera no haría que se calme porque ni siquiera le prestaba atención a la pregunta que hizo, no quitaba los ojos del líder que se iba.

- ¡Te he dicho que me sueltes! –

La discusión se estaba volcando entre Rubius y Mangel y estaban logrando obtener la atención de algunos entrometidos que les despertó la curiosidad de porque estaban tan alterados esos chicos, eso bastó para que Vegetta diera la vuelta con el ceño fruncido y calmara a esos dos antes de que más gente se reuniera cual espectáculo.

- Dejen de gritar! – Apoya la mano en el hombro de Rubius – si vas a decirme algo sígueme en silencio pero no hagas una escena en público, idiota.

Posterior a lo dicho, volvió a seguir su camino mientras que las personas viendo que ya nada sucedía se dispersaron a lo suyo. Rubius volvió a seguirle pero esta vez ahorrándose los comentarios para más tarde cuando estuviesen en un lugar más privado.

- Luego hablaré bien contigo Mangel ¿de acuerdo? –

Mangel seguía sin comprender que ocurría pero decidió confiar en esas palabras y quedarse más tranquilo, solo esperaba que no volviese mas alterado de lo que estaba…

Llegando a un estacionamiento a solo media cuadra cada uno se sube a una motocicleta, claro que no eran la gran cosa mientras menos llamasen la atención era mejor para ellos, y emprenden marcha por las cuadras del barrio. Condujeron recorriendo algunos alrededores, Vegetta iba viendo a todos los puntos que sus ojos llegaban a captar, cualquiera que pudiera resultar sospechoso y fuera de lugar. Era típico que se cruzara con algún que otro con pinta de delincuente, hasta sabía bien y reconoció a algunos que se solían meter en problemas pero no presentaban gran peligro, de esos estaban en cualquier lado. Lo más importante era saber si los de Cráneo Negro andaban cerca, con un simple recorrido no vio a ninguno pero eso significaba que seguro estaban dispersos por otros sitios. Lo principal a descifrar, aunque Guillermo ya no esté con ellos, era si estas personas vendrían a estas cercanías para buscar problemas, porque tenía sospechas del hombre que mataron, de ese farmacéutico que Luzu había seguido hasta su casa, era probable que antes de morir haya dicho que fué secuestrado e interrogado por unos anónimos que mostraron cierto interés con el nombre de “Guillermo Díaz”, si esto resultaba ser así, aparecerían de nuevo para quitarse esas dudas. Era complicado que no se desate una disputa aunque probaran que no tenían nada que ver con ese muchacho. Esperaba que esto no resultase de esta manera y ese pobre hombre se haya llevado su experiencia hasta la tumba.

Terminando su corto recorrido, Vegetta se vuelve a desviar para ir a su “casa”, casa no hogar, una de esas tantas que tenía por aquí y por allá. Era esa casa la de un principio, la alejada un poco de las calles concurridas y que no estaba en muy buen estado. Estacionan y juntos ingresan a la misma, en este lugar si llegaban a discutir, liarse a golpes o cualquier otro ruido no poseerían el inconveniente en ser escuchados porque las demás casas vecinas pertenecían a algún miembro de su grupo y cada uno andaban ocupados por la ciudad.

El líder al avanzar por el pasillo nota la puerta del baño semi abierta por lo que de un suave aventón la abre por completo viendo las tuberías destrozadas de su lavabo.

- Ese imbécil, ya veo como se logró escapar – refunfuña por lo bajo hablando de nadie más que Guille en la ocasión que le había esposado allí.

- Lo retenías tanto en un principio y ahora lo estas echando – Rubius lo observaba desde el pasillo sin perder tiempo y echándole en cara su descontento.

- Claro – sin muchos ánimos de seguirle sus quejas se adentra en su habitación para buscar debajo de su cama una mochila negra. Empezó a tantear entre sus cosas, ropero y cajones para provisionarla metiendo un juego de ropas, algo de dinero, hasta un arma…

- No me has dicho el porqué todavía, ¿te das cuenta que si lo mandas así solo, tarde o temprano lo encontraran? – le veía desde el marco de la puerta.

- Aguantará lo que tenga que aguantar, eso no es algo de lo que tú, yo o cualquiera de nosotros debe meterse – seguía buscando mas objetos como unos lentes– le daré lo que le pueda hacer falta y si al final le sucede lo peor no es nuestra culpa.

Rubius estaba por perder la paciencia ya y se contenía en no ir a estamparle los nudillos en su rostro.

- Claro, primero lo ayudas, lo tratas de juguete y te lo quedas, cuando te enteras que lo buscan le prometes ayudarle y ahora que resulta que es un grupo peligroso – a peligroso lo dice haciendo comillas con sus dedos – quienes lo quieren lo vuelves a echar en la calle como si no tuviese valor alguno. Dime el porqué – hacía lo posible de mantenerse tranquilo.

- Que molesto – se da la vuelta cerrando el cierre de la mochila – como que el porqué, ¿no es obvio? ¿Acaso piensas que estará oculto todo el tiempo? En algún momento sabrían que está con nosotros ¿tu irás a defenderle? ¿Te meterás en peleas, tiroteos y descontrol? ¿Quieres ver a tus compañeros morir por la vida de un muchacho que apenas apareció hace pocos días? Lo defiendes como si le conocieras de toda la vida, como si valiera la pena luchar por él ¿Qué es más importante? Contéstame.

- ¿Lo dices en serio? – Pregunta en tono sarcástico - ¿esa es la razón? – Deja escapar una carcajada – no me jodas Vegetta, hemos quedado neutrales con esos enfermos para evitar problemas y vivir más tranquilos no porque les tengamos miedo, ellos no son más fuertes que nosotros ¿y qué si se desata una pelea?, son tan desorganizados y actúan tan impulsivamente que terminaran muertos en segundos. Somos Ruleta Rusa, nos odian tantos pero ni pueden averiguar quiénes somos, ni se atreven a venir a pelear porque saben como terminarán. Defiendo a ese chico porque aunque no quieras admitirlo él es como nosotros!

Vegetta no pronunciaba palabra alguna solo sostenía la mochila con mucha fuerza y escuchaba aquellas palabras como sabiendo que eran ciertas pero cada vez le iba molestando más y más porque no lo aceptaba.

- ¿Lo entiendes verdad? Él es igual que nosotros, no tiene a nadie y quiere ser fuerte para valerse por sí mismo. Aunque tú no le hayas dado valor al principio como persona sabes muy bien que desde el primer momento que tuvo contacto con cualquiera de nosotros lo terminamos aceptando, solo bastaba con intercambiar un par de palabras y verle para darnos cuenta que no era un simple debilucho! – Cada vez el volumen de su voz iba en mas aumento – no es un juguete, ¿realmente alguna vez lo viste como un juguete? Tú no eres la clase de persona que trata así a otras personas, no eres el mismo de antes, el que creó tu padre!

- Será mejor que cierres la boca si no quieres que… -

- ¿Qué cosa? ¿golpearme? ¿matarme? Hazlo! ¿Así lograrás que deje de hablar?! –

La tensión que se había creado entre los dos era tal que daba la idea de que todo se saldría de control en cualquier momento, estaban profundamente molestos y se veían con abismal odio, pero aún así Rubius no se callaría, no le tenía miedo aunque eso significara terminar en el suelo con un disparo en el medio de la frente.

- No me vengas a decir que haces esto por la seguridad del grupo! No nos subestimes! ¿Te lo dijimos no? Si debemos ayudar a ese chico hasta que vuelva a estar completamente seguro y pueda volver a su vida normal lo haríamos, todos te apoyaron y al final dices que no porque no quieres una pelea. Qué razón más estúpida! Di el verdadero motivo por lo que quieres echarlo!

Vegetta llegó a su límite de tolerancia y con una velocidad que no le permitió a Rubius hacer algo para evitarlo, le embistió haciéndole caer con solidez sobre la firmeza suelo. El golpe en su espalda casi lo deja sin aire y más con esa diferencia de musculatura entre ambos.

- Guillermo… - tose mientras toma aire repetidas veces soportando el dolor de sus omoplatos y vertebras – es un miembro del clan hasta que esté seguro…  no lo abandonaremos – mira a Vegetta con mucha aflicción sin importar que haya arremetido contra él.

- ¡Tu eres el que da razones estúpidas! – le sostiene del cuello de su remera arrugándola por completo – ¡ese chico no tiene importancia! No es un miembro, no es nada, deja de defenderle y preocúpate por la seguridad de tus verdaderos compañeros! – sus ojos febriles parecían que se saldrían de sus orbitas del cabreo que poseían mientras respiraba más rápido de lo normal entre la ansiedad y su enojo.

- Nuestro líder no da marcha atrás a sus decisiones – su cuerpo se afloja y ahora su tono de voz se vuelve más suave – es un miembro hasta que esté seguro, tus decisiones también van de la mano con tus amigos, siempre fue así, también escucha lo que nosotros queremos hacer. No lo abandones porque te estés ahogando en un vaso de agua, somos fuertes ¿lo dejas ir por nuestra seguridad o porque estas confundido en tener sentimientos por él?

- ¿Qué? Estas enredando las cosas – eso último lo escucho por completo como fuera de lugar.

- Ja, claro… ahora las enriendo – se ríe con ironía – ah! ¿Te recuerdo cómo fue que me uní a ustedes? – sonríe.

Esa última pregunta lo dejó sin palabras y sin poder verle a los ojos al amigo que yacía bajo él, sus manos que sostenían su remera se debilitaron y se sintió acorralado.

- Yo fui un capricho de Mangel y se involucraron todos ustedes en salvarme, por ayudar a su amigo se metieron en una pelea que llevó a la muerte de dos miembros de ustedes ¿Qué hay de eso? Y encima hace tres años cuando eran más pocos y más débiles. ¿Acaso lo abandonaron?

- Ese bastardo – susurra-  no había nada que hacer, si no le ayudábamos le iban a matar y todo resultó así por eso es mejor evitar estas confrontaciones –

- Pero no nos abandonaron, los que fallecieron no tenían tanta afinidad con el grupo aunque aun así no dejaran de ser parte, pero si ustedes no le hubiesen ayudado yo ahora no estaría aquí, esos dos muertos seriamos nosotros – apoya sus manos sobre las suyas – esto es igual, Vegetta, déjalo con nosotros, seguirá entrenando y todo valdrá la pena, yo sé que tu tampoco quieres dejarlo ir.

Se mantuvieron en silencio por varios segundos, Rubius esperaba que sus palabras le llegaran, todo lo que dijo era cierto, quería que dejara de lado su terqueza y no cometa un grandísimo error.

Vegetta se pone de pie y vuelve a tomar la mochila en sus manos dándole ligeros golpes para quitar el polvo que quedó adherido por el sucio suelo. No volvió a mirar de nuevo a su compañero que a duras penas logro sentarse sintiendo pinchazos en su espalda nada serios.

- Ya he tomado una decisión – Le esquiva pasando sus pies por centímetros de su cuerpo y avanza hasta detenerse frente a la puerta – quédate quieto y no sigas dando problemas – salió de la casa y se volvió a montar en su motocicleta para marcharse.

Rubius recostó su hombro contra la pared sintiéndose inútil por no haber podido cambiar nada.

La puerta de la habitación de Guille se abre llevándose un susto que lo hizo levantarse de la cama. De pie vuelve a aparecer Vegetta que le arroja la mochila en sus manos sin mucho cuidado.

- Vamos, deja de hacerme perder el tiempo –

Guillermo le sigue sintiendo los latidos de su corazón latiendo cada vez con más vigor, respirar hondo no le estaba ayudando de nada, creía que en cualquier momento  sus piernas dejarían de responder por el temblor que le invadía.

- ¿ A don…de vamos? – pregunta tartamudeando que por poco y se mordía la lengua.

- Solo te alejaré unas calles, no vuelvas con tus tíos, entiende que no es una buena solución –

Los dos llegan afuera hasta la motocicleta que se encontraba estacionada, Vegetta toma un casco y se lo coloca en la cabeza a Guille.

- Sube – le ordena.

El trayecto bajo la luz del sol se había vuelvo de alguna forma insonoro, como si todo alrededor estuviese dibujado o fuese solo un sueño. Poco importaba lo que veían los ojos del morocho, su mente estaba perdida en otras cosas, entre vacío, desesperación y planes improvisados de que hacer primero, a donde ir, qué actitud tomar, etc. El castaño solo sentía esas blancas manos presionarse contra su abdomen, veía sus dedos enredarse entre sí, quitarse la piel de alrededor de las uñas, todos signos de ansiedad.

Vegetta por fin se detiene en una esquina que parecía bastante normal, ya no estaban en el barrio, había algunas edificaciones mas decentes y personas tanto trabajadores como estudiantes yendo de un lado a otro. Luego de quitarle el casco, rápidamente le pone una gorra y unos lentes, obvio que algo así no le ocultaban por completo, pero eso a nada era preferible esto, tampoco podía llamar tanto la atención ocultando su rostro entero, debía haber un término medio.

- Escucha, lo que importa es tu confianza, no andes caminando con miedo, luce lo más tranquilo y normal posible ¿entiendes? –

Si debía contestar o no de todas formas Guillermo no lograba decir palabra alguna porque no podía y su mente se estaba bloqueando. Lo estaba abandonando, el sujeto por el cual temió por su vida al principio y luego puso las manos en el fuego por él ahora lo estaba abandonando y no era juego, estaba sucediendo solo que su mente no lograba asimilarlo, miles de pensamientos le estaban desbordando.

- A una cuadra detrás de ti esta la línea de un metro, si quieres alejarte más e ir a la otra punta de la ciudad puedes hacerlo, tienes dinero y hasta un arma. Y ya no tengo más que decirte ¿me has escuchado? –

El morocho no le respondía, parecía petrificado.

– ¡Te pregunte si me has escuchado! -

- ¿Qué? – Regresa los pies sobre la tierra – ah… si, ya entendí.

- Bien – con su fría seriedad que parecía no tener sentimiento alguno, revisa su móvil antes de volver a acelerar – Y Guillermo…

Le mira esperando escuchar sus últimas palabras.

- No confíes en nadie – levanta su casco dejando sus labios al descubierto para depositarle un rápido beso seguido de una maliciosa sonrisa.

La motocicleta aceleró perdiéndose entre otros autos en cuestión de segundos…

Guille se quedó de pie en esa esquina viendo en dirección por donde se alejó Vegetta sintiéndose defraudado y apuñalado por la espalda aunque esa persona tenía todo su derecho  en renunciar a él.

- Tienes razón, ni siquiera en ti debí hacerlo – murmura entre dientes.

Algunas personas pasaban caminando cerca de él ocupadas en sus mundos, aunque ninguno le prestara atención su paranoia de ser perseguido le hacía pensar en que lo estaban mirando, cualquiera que cruzase sus ojos lo veían sospechoso. Si no se calmaba pronto comenzaría a correr desesperado como un loco y echaría todo a perder, su vida estaba al borde de un acantilado y un movimiento en falso significaría su caída. No podía permitirse eso, estaba solo pero no por esa razón se pondría a llorar de miedo sin haber intentado sobrevivir por sus medios. Por lo menos si fracasaba no podía decir que no lo intentó, por sus padres, por los compañeros que no logró conocer como le hubiese gustado, por el poco entrenamiento y consejos recibidos por ellos, por él mismo. Lo intentaría.

Tomó una gran bocanada de aire y acomodándose la mochila al hombro comenzó a caminar, relajado, con la cabeza en alto pero no lo suficiente para que su rostro tuviera las miradas encima. No bajaría la guardia sea quien sea, por suerte con esos anteojos oscuros podría darse la comodidad de mirar de un lado a otro sin parecer un lunático. De todas formas, aunque actuara tranquilo, el estrés que poseía le aprisionaba la cabeza al punto de darle jaqueca y le entumeciera cada músculo.

En un lugar como Madrid, con tantas calles, tantas personas ¿Qué probabilidad de encontrarle tan rápido habría? Muy bajas ¿verdad? Debía tener demasiada mala suerte para que esto sucediera enseguida apenas minutos de quedar desamparado.

Para su desgracia, sin haberse dado cuenta, alguien ya lo estaba siguiendo…

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Salseo malo! :v aggh pobre Rubius, hizo lo que pudo para tratar de salvar a Guille pero aun así vegetta u_u . Pero si se fijaron Rubius relató algo de su pasado y tiene razón, él llegó a los RR por una gran pelea por capricho de Mangel, esa historia la contaré más adelante :) ¿entonces que tanto es cierto de que Vegetta abandona a Guille para evitar problemas? ¿Tanto subestima la fuerza de su grupo o realmente lo está haciendo para deshacerse de “algo” que lo está confundiendo? :O , de todas formas ahora alguien va a pillar ¿o no?, no duró unos pasos que ya lo están siguiendo D: . Atención al próximo capítulo, solo diré que Guille tendrá que demostrar que valora su vida, pero… pasará algo que pondrá a prueba su cordura. Por otro lado, ¿Qué pasará con Vegetta? A veces ser sinceros en la mejor respuesta. Esperen para saber que sucederá :D

observava teu rosto pálido, mas quente e deslizava os meus dedos suavemente sobre uma de suas bochechas. e você sorria. aquele sorriso que estremecia cada pedacinho do meu corpo, se entregando totalmente aos delírios de uma respiração ofegante e de gemidos entrecortados. minhas costas desciam sob os lençóis que possuiam teu cheiro e tuas mãos se encontravam em minha nuca, enquanto nossos corpos se entrelaçavam, já meus lábios buscavam os teus ferozmente. estavas dentro de mim, pulsando. fervendo. suando. i n t e n s a m e n t e. e as únicas palavras que eu conseguia pronunciar eram: “me fode com mais força.” e você era bom nessas coisas, porque quando acabamos minhas pernas estavam bambas e eu mal conseguia puxar o ar dos pulmões.
existia tesão.
vontade.
amor.
nós.
hoje sou apenas eu. num quarto, com as luzes apagadas e a minha própria compainha, tentando suprir a falta que o teu corpo me faz.