engaño

—¿Tiene alguna posición política?
—No.
—¿Y religiosa? ¿Cree en algo?
—Tampoco mucho. Pero admiro fervientemente a la Iglesia y al Gobierno.
—No lo entiendo.
—Supongamos que yo soy el dueño de una fábrica de tornillos y que tengo muchos obreros. Los obreros trabajan para mí jornada completa, deslomándose, sin recibir paga alguna ni tener la posibilidad de disfrutar de la vida. Para que no hagan huelgas ni disturbios, los convenzo de que hay una vida mejor, luego de ésta, pero que deben ser obedientes y construir muchos tornillos para poder disfrutar, cuando mueran, de esa otra vida. Y todos me creen: hacen tornillos, yo los vendo y disfruto de esta vida… Soy un estafador, ¿entendés?, y ese es el cuento del tío ideal, es la perfección de la estafa. Es un cuento del tío que vienen practicando los gobiernos junto a la iglesia desde la edad media; los obreros de esa fábrica son los tipos que se levantan a las seis de la mañana, de lunes a sábados, y trabajan hasta que se mueren, creyendo en el paraíso. Los gobiernos y la iglesia son dos socios, dos estafadores de guante blanco que lograron dar con el cuento del tío perfecto. Y yo no puedo hacer otra cosa más que admirar a los colegas que supieron hacer, de mi profesión, un negocio tan redondo.
—  “El ladrón que roba con la cabeza” - Hernán Casciari.