encuentros y desencuentros

—Bueno —dijo Martín, juntando todas sus fuerzas—, me voy…
Alejandra se acercó y apretándole el brazo le dijo que se verían pronto. Martín inclinó su cabeza.
—Te estoy diciendo que nos veremos pronto —insistió ella, irritada.
Martín levantó la cabeza.
—Bien sabes, Alejandra, que no quiero interferir en tu vida, que tu independencia…
No terminó la frase, pero luego agregó:
—No, quiero decir que… al menos… querría verte sin apuro…
—Sí, claro —admitió ella, como si meditara.
Martín se animó.
—Trataremos de estar como antes, ¿recordás?
Alejandra lo miró con ojos que parecían mostrar una incrédula melancolía.
—¿Qué, no te parece posible?
—Sí, Martín, sí —comentó ella, bajando su mirada y poniéndose a hacer unos dibujos con el lápiz—. Sí, pasaremos un lindo día… ya verás…
Animado, Martín agregó:
—Muchos de nuestros desencuentros últimos se debieron a tus trabajos, a tus apuros, a tus citas…
El rostro de Alejandra había empezado a cambiar.
—Estaré muy ocupada hasta fin de mes, ya te lo expliqué.
Martín hacía un gran esfuerzo para no recriminarle nada, porque sabía que cualquier recriminación sería contraproducente. Pero las palabras surgían desde el fondo de su espíritu con silenciosa pero indomable fuerza.
—Me amarga verte con el reloj en la mano.
Ella levantó su mirada y fijó los ojos en él, con el ceño fruncido. Martín pensó, aterrorizado, ni una palabra más de recriminación, pero agregó:
—Como el martes, cuando creí que íbamos a pasar la tarde.
Alejandra había endurecido ya su cara y Martín se detuvo al borde de ella como al borde de un precipicio.
—Tenés razón, Martín —admitió, sin embargo.
Martín se atrevió entonces a agregar:
—Por eso prefiero que vos misma digas cuándo podremos vernos.
Alejandra hizo unos cálculos y dijo:
—El viernes. Creo que el viernes habré terminado con lo más urgente.
Volvió a pensar.
—Pero a último momento hay que rehacer algo o falta algo, qué sé yo… No te querría hacer esperar… ¿No te parece mejor que lo dejemos para el lunes?
¡El lunes! Faltaba casi una semana, pero ¿qué podía hacer sino aceptar con resignación?
—  “Sobre héroes y tumbas” - Ernesto Sabato.
La ciudad no es gris, no es fría, no es triste ni monótona. La ciudad es un mundo, un universo lleno de matices, de historias, de encuentros y desencuentros, de sueños, de frustraciones, de amores y desamores. La ciudad nunca duerme, siempre existirá esa alma bohemia que se fuma un cigarro a las 4 de la mañana pensando en los por qués de la existencia, y aquella estudiante desesperada que olvidó estudiar por perder su tiempo soñando demasiado; la ciudad somos todos, somos tan insignificantes como un grano de arena y tan indispensables como el aire. Nuestra historia y nuestra esencia queda marcada en las calle que recorremos, los bares que habituamos y las plazas testigos de nuestros amores quebrados; y cuando llegue el momento de marcharnos de aquí, que sea con una gran sonrisa en la cara y un vaso de whisky en la mano, para que nuestro último aliento quede plasmado en este lugar como algo digno de recordar.
Encuentros y desencuentros

El misterio extraordinario que aguarda en tu labio inferior denota ternura, sí, aunque me atrevo a mencionar que pasión y sadismo le sobran igual. Quiero extripar ese cúmulo de carne envuelto por piel suave con mis dientes. Morder tan directo, tan profundo que ninguno de los dos salga bien librado. Manchar de tinta roja nuestros rostros, la violencia es correctamente vista de esta manera en nuestros tiempos. Beber de ti hasta llegada la madrugada y que por equinoccio espiritual nuestras almas se eleven por la extrañeza de las olas del mar, donde descansan nustras miradas. No quiero perder instante alguno, por eso pienso que la sulitileza no va del todo en esta dinámica, quiero romper con pura poesía este caracol que llamas corazón y bajar hasta lo escultural de tu naturaleza y dormir en las profundidades de tu ser. Arropado por tus sueños, anhelos y perversiones tan mal redactadas; cuéntamelas, cuéntamelas todas, quiero protagonizar alguna de ellas. Ensayos mal hablados por parte de la sociedad en nuestro cuadernillo seran escritos y con fragilidad nos destruiremos, con premura y sin reparo coleccionaremos las franquezas que un día olvidamos. Los hechizos catastróficos de nuestras desventuras serán traídas a colación para renacer de las cenizas como este último cigarrillo. Todo esto será recordado al paso del tiempo, a la vez que presionamos al futuro con nuestro incidente presente. Un catálogo de glorias y desencantos. Una historia que se gesta al paso de los meses, las olas colisionan en la memoria de los sedentarios, una especie a la cuál hemos decidido abandonar.

*Alejandro Herrera Couoh

El agua vuelve todo más interesante; es así que las luces sobre un charco se vuelven más bonitas, que la tierra mojada tiene mejor aroma, que las personas derramando lágrimas son las más puras.
Cuando algo se moja se llena de plenitud, de encuentro y desencuentros todo en un mismo instante, en el preciso lugar.
—  Emily Jazz
Hay un momento insalvable en la vida de cada uno. Podrá vivir de miles de despedidas, encuentros y desencuentros. Pero en el momento en que te despojas, te deshabitas, te despides a ti mismo. ES UNA SOLEDAD ABSOLUTA.
—  La soledad absoluta, Joseph Kapone