encomienda

DEJA QUE EL TOME EL CONTROL

Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Salmo 37:5

ENCOMIENDA A JEHOVA TÚ CAMINO. Encomendar, es dejarle a alguien el cuidado de algo. Dios quiere que le encomiendes tu vida, tus planes, tu esposo (a), tu familia, tus finanzas. El quiere hacerse cargo de TODO!! Deja que Dios se encargue de tu vida.

CONFIA EN EL. Dios quiere que le confiemos todo, que dependamos de él al 100%, Dios Quieres que le busquemos de corazón todos los días, tiene que ser algo genuino. No solamente cuando ocupamos un milagro. Cuando empecemos a creer en él por lo que es y no por lo que hace, nuestras vidas darán un cambio radical.

ÉL HARÁ. Es dejar que Dios se haga cargo de todo, cuando dejamos que Dios haga su parte, nosotros descansamos verdaderamente. Solo en él puede solucionar tus problemas, solo él puede cambiar tu vida, solo él puede darte paz, deja de buscar por tu cuenta!!.

DEJA QUE EL TOME EL CONTROL!!!

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¿Por qué siendo que ambos coincidieron en varias piezas y en una misma escena aunque undergound no desconocida Richard Kern vive bien del cuento que otorga cierto renombre y a Nick Zedd ni la clave del wifi le quieren ceder sus vecinos? ¿Qué clase de advanced skills en el bregar se negó Richard a enseñarle a Nick los años que anduvieron bien avenidos? ¿A cuál de todos los santos te encomiendas al ver lo que se le adeuda a Zedd, tras saber que siendo un fuera de serie tuvo que hacerse al margen para que otros tuercebotas viviesen de sus logros y valentía? ¿Cómo es que a un tío al que John Waters dedica los mayores parabienes cuando habla de él la gente no le haga caso y busque lo que sea que tenga filmado? Son muchas las cuestiones que plantea la nula visibilidad de la filmografía de Nick Zedd, la verdad. Un tío al que antes que la valía per sé de su obra – para nada desdeñable- estaría feo no hablar de su actitud: poca gente hay en la historia del cine que haya mostrado idéntico apego por las vanguardias (por lo general, salvo excepciones contadas, muy poco dadas al humor en el ámbito cinematográfico) que por la costraza. Un hombre capaz de apelar en un mismo plano a Kenneth Anger y a los formalismos de la franja nocturna de las cadenas de tv locales, alguien que no establece diferencias entre José Val Del Omar, Stan Brakhage o Nathaniel Dorsky y cualquier slasher o película pornográfica subgénero parafilias recién sacada al azar de la cubeta de saldos de un videoclub. Un grande que ni se molesta en derruir diferencias entre alta y baja cultura porque para él, de base, esa separación carece de todo sentido al no existir distinción alguna entre lo uno y lo otro en sus esquemas mentales. Un tío sin prejuicios, vaya.

En War Is Menstrual Envy el espectador se enfrenta a la obra más ambiciosa de todas las que hiciera Zedd hasta ahora. Se enfrenta literalmente, ya que no lo pone fácil: una secuencia de 20 minutos con Kembra –mujer rotunda por no decir rubenesca-  desnuda haciendo cucamonas sobre una croma que permite superponer su figura más de cetáceo que de sirena sobre metraje de archivo de las profundidades marinas. Todo esto con una abrasión musical francamente incómoda por banda sonora (similar al Metal Machine Music de Lou Reed) mientras le tiran pescaditos de espumillón por encima y tentáculos de cefalópodo por el coño, hacen granguiñol sobre ella. Nick te pone en la tesitura de verte 20 minutos de eso así, de toma de contacto; y lo mismo que fascina invita a dejarlo. Bueno, también existe el fast forward. El caso es que antes de los créditos del film un actor ejerce con cuchillas una mutilación de su cuerpo, en consonancia con esas actuaciones en su Cine de la Transgresión donde las enormes Lydia Lunch y Lung Leg aproximaban más la interpretación al ámbito de la performance mutilativa que a lo que habitualmente se da. Y eso suele evidenciar que se va a ver algo distinto. Sobre todo porque Nick posa una mirada ni reivindicativa de lo diferente ni explotadora, hay cierta pureza, cierta sensación de que él lo considera normal, que es difícil no contagiarse de ese tipo de forma de mirar. Algo exento de la cuasi mistificación de lo marginal, aberrante o deforme que posteriormente añadirá Harmony Korine a esa clase de seres diferentes por fuera y por dentro a todo cánon que maneje la sociedad como válido. En cierta manera una suerte de mezcla de la mirada no irónica de Werner Herzog sobre los enanos con la de Paul Morrissey con los marginados sin tara física pero sí que modo de vida y orientación sexual diferentes.

War Is Menstrual Envy inserta sus intertítulos de inicio de tal manera que en medio minuto ha construido la perfecta parodia del cine político de Godard; su título en sí, además, supone la inspiración clara para The Raspberry Reich: además de poder pasar por slogan del grupo terrorista LBTG re-enacter de las Baader Meinhof sucede que mejora con mucho cualquiera de los que se le ocurrirían años después a Buce LaBruce para el film, un tío el cual ha vivido, vive y vivirá muy bien a base de plagiar la faceta provocadora de Zedd y fusilar su Manifiesto del Cine de la Trangresión adaptándolo a una especie de decálogo chorra que carece de toda gracia. Luego, las secuencias en negativo literal y con virajes, aproximan este film al cine de otro famoso cineasta de vanguardias, Val del Omar; tanto es así que si éste tuvo su Tríptico Elemental de España Zedd construye este collage en forma de tríptico también, o al menos eso afirma en los créditos. No obstante, lo mejor de todo es precisamente lo que muchos podrán aducir en contra de la película que es gratuito y provocador en el sentido más infantil: la feminista Annie Sprinkle retira los vendajes del cuerpo de una momia para descubrir a un hombre con quemaduras de quincuagésimo grado y proceder a besarle lascivamente por todo el cuerpo mientras él mece sus inmensas tetazas. Sprinkle y el hombre a la parrilla eran pareja de aquellas y queda algo romántico de veras que sólo puede convertir en inmoral la mirada del que le ponga alguna pega a que un chamuscao y una gorda (dos seres muy lejos de los parámetros de belleza aceptables en público por los cánones occidentales) se magreen en un salón recargado hasta extremos churriguerescos mientras suenan canciones a lo Kenneth Anger, en la onda de los grupos de chicas de Phil Spector (The Crystals, Papá Levante, The Ronettes, etc).

Si se le quiere poner alguna pega a War Is Menstrual Envy que sea a lo fulas que fue Zedd al intentar argüir que la peli iba de una raza futuro que abrazaba el delfinismo para luchar contra las religiones y blablablao, porque por otro lado es difícil. Si os gusta Shuji Teriyama dadle a este tío, que se mea en Matthew Barney y no va con coartada cultural alguna de esas de trilero para que le financien Cremasters coleccionistas privados.


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