encerrarte

Estoy corriendo y no sé a qué brazos pretendo alcanzar. No tengo claro cuál es mi objetivo. El gol de mi vida. A veces quiero tener una llave para ese momento donde quiero encerrarme en un abrazo y no salir nunca de ese mundo que crean tus brazos haciendo hueco y eco de mis angustias. Y luego estás tú que quieres encerrarte en un corazón tan de piedra como el mío. No sé si te lo han contado, pero las piedras duelen muchísimo más que cualquier tormenta. Supongamos que mañana no estás y me toca que echarte de menos, buscarte por debajo de las pestañas más bonitas que no he encontrado jamás a partir de ti, sentir esa necesidad de llenar ese vacío que dejan las personas que calan fuerte y profundo. Bonito e irrepetible. Dicen que las personas te calan solamente una vez en la vida: de ellas depende dejar una huella o una herida.
 
Y, ojo, que algunos no recuerdan, en lugar de ello, escriben toda una vida.
 
Fuera está siendo un verano indestructible, mientras por dentro me hago hielo. Las manos frías son el efecto secundario de cuando han dejado de tocarlas. Y en las tuyas encontré un infinito tropiezo de torpeza y melancolía. Siempre que me tocabas, sentía una tristeza tan grande que con ella pude crear, de haberlo intentado, un cielo repleto de hermosos desastres.
 
Quiero que me hagas feliz,
no que me hagas caso.
 
Y nos volvimos irreparables, con nuestras locuras colapsando en cada beso, con la nostalgia que irradiaban nuestras pupilas y la devastación que nos devoraba las costillas. Tienes derecho de ser feliz sin mí, como yo sin ti. Pero cómo te digo que intentarlo me resulta imposible. Como imposible le puede resultar al masoquista tropezar repetidamente con la única piedra de las miles que se le atraviesan en el camino.
 
Está bien… no me ames, no me recuerdes, no me hagas caso. Lo único que te pido es que no me dejes ir cuando lo intente.
— 

“No me dejes ir”, Benjamín Griss

Nada de lo que hagas, incluyendo encerrarte en tu habitación y llorar hasta el final de la vida podrá traer muchas cosas de vuelta. Por eso: Puedes elegir sufrir, o aceptar  la vida por muy dura que sea e intentar hacerla un poco mejor de lo que es hoy, para que mañana sea un poco mejor.

“Yo aquí con ganas de encerrarte en mi inestable universo y tu allá afuera formando galaxias con tan sólo sonreír.”

-Mario Benedetti

¿Conoces ese sentimiento? Cuando sólo estas esperando; Esperando a llegar a tu casa y encerrarte en tu cuarto y quedarte dormido y dejar salir todo lo que contuviste a lo largo del día, el sentimiento de desesperación? Nada esta mal, pero nada esta bien tampoco, y estas cansado, cansado de todo, cansado de nada, y sólo quieres que alguien este ahí diciéndote que esta bien, pero nunca nadie va a estar ahí, y sabes que tienes que ser fuerte porque nadie te va a curar. Pero estas cansado de esperar, cansado de tener que curarte a tí mismo y a los demás, cansado de ser fuerte, y por primera vez, sólo quieres que sea fácil, que sea simple, ser ayudado, ser salvado, sabes que no lo serás, pero sigues ahí, teniendo fe y deseando y sigues siendo fuerte y luchando con lágrimas en tus ojos. Estas luchando.
Me atrapas contando las horas para verte,
supurando esperanza por todos los poros de mi piel.
Al mirarte he comprendido que el beso más largo del mundo
es ese que todavía no te he dado.

Que no hay lugar en el planeta que no tenga luz
sino que simplemente carecen de tus ojos.
Que con viajar entre tus brazos es posible ir más lejos
que cualquier avión surcando el cielo.

Y las nubes monumentales, en especial
las que tienen la forma de tus labios,
me recuerdan lo feliz que soy cuando me besas.

Qué me queda si te vas,
o si al volver mi vista no te encuentro.
Qué me queda.
Un puñado de flores marchitas,
y un invierno en forma de daga.
Varios «quizá» a medio camino
entre el vendaval mortal de tu silencio
y mi condición de astronauta perdido
en medio de constelaciones que no son tuyas.

Mi vida siempre ha sido un árbol sin hojas
hasta que llegaste, primavera en cuerpo de mujer.
Hiciste que me envolviera en un abrazo con la lluvia
y tú, que siempre has sabido despejar el cielo,
supiste demostrarme que la paz está en una caricia.

Tú, que haces y deshaces por voluntad y sueños propios;
tú, que maldices los límites y te entregas al riesgo;
tú, que procuras, das cara y superas.
Tú, chica poesía,
no te vayas nunca si no quieres.

Que sepas que soy un árbol y no una jaula,
así que en lugar de encerrarte
lo que haré será contemplarte.
A ti, tus alas y tu mirada
clavada en un horizonte lleno de metas.

Sólo no te olvides nunca de que
los árboles, si bien son lugares de paso,
se ven mejor cuando florecen.

Yo olvidé la tristeza un segundo antes de que aparecieras.

Y luego de tanto verte caminar sola,
sin agarrarte a la mano de nadie,
me entraron ganas de ser camino.

O destino.

Porque siempre supe que el día que tú llegaras
la felicidad iba a colarse por la puerta.

Luego me miraste y me pediste
que te acompañara en tu vuelo.

Y yo te dije que sí.

Que mil veces sí.
—  Heber Snc Nur
Los signos como frases de Melodrama [Lorde]

Aries: “Estos son los días del fin de semana, seguro deseas llegar a nuestro nivel”

Tauro: “Quizás nosotros sólo lo hacemos violentamente”

Géminis: “No te conozco súper bien, pero creo que podrías ser igual a mí, comportarte de forma anormal”

Cáncer: “Apuesto a que lamentas el día en que besaste a una escritora en la oscuridad, ahora ella va tocar, cantar y encerrarte en su corazón”

Leo: “Cuido de mí misma en la forma en la que solía cuidar de ti”

Virgo: “Pero tú no eres lo que creías que eras”

Libra: “Te mostraré mí mejor lado, te diré mis mejores mentiras, sí, increíble ¿Cierto?”

Escorpio: “Ellos me dicen; eres demasiado para mí, eres una responsabilidad, eres demasiado para mí”

Sagitario: “Odio los titulares y el clima, tengo 19 y estoy en llamas, pero cuando estamos bailando estoy bien”

Capricornio: “Las luces están encendidas y todos se han ido a casa, ¿pero quién soy yo?”

Acuario: “Pero somos geniales, nos colgarán en el Louvre, en la parte de atrás, pero a quién le importa — sigue siendo el Louvre”

Piscis: “Porque en mi cabeza hago todo bien, cuando llamas te perdono y no peleo, porque nuestros (son los momentos oscuros que reproduzco en la oscuridad)”

Originally posted by lordeella

Viviendo con ansiedad social

No se me da muy bien la gente, si tú no empiezas una conversación, no la tendremos. ¿Alguna vez has escuchado la idea de que, si dices una mentira suficientemente grande, y sigues repitiéndola, la gente eventualmente empezará a creer que es real? “Es solo tímido, lo superará” esta, era mi mentira. Así que estuve esperando el día en el que pudiera finalmente enseñar mis verdaderos colores sin el miedo de ser juzgado, pero ese día…nunca llegó.

¿Recuerdas aquél niño callado en tu clase, el que solía sentarse atrás y nunca levantaba la mano? Si, ese soy yo. Siempre demasiado asustado de hablar claro, luchando mis propias batallas dentro de mi cabeza y perdiendo todas y cada una de ellas. Unos años después, no mucho ha cambiado.

La ansiedad social no solo arruina tu vida, ella te hace dejar de vivir del todo. “Complejos de cantidad” esa es la perfecta descripción, mi vida parece bastante normal en la superficie así que no creo que nadie lo sepa, pero mi mundo está en blanco y negro.

Todo lo que hago tiene que ser perfecto, porque si cometo un error, la gente va a recordarlo, juzgarme y reírse hasta que me muera. Por lo menos, así es como yo lo veo.

Todas las pequeñas cosas que tú das por hecho me hacen sentir extremadamente nervioso, así que termino sudando, ruborizado, con una voz temblorosa y una mente en blanco. No tengo idea de cómo mantener una pequeña charla, así que práctico por una hora frente al espejo antes de pedir incluso un café.

Pero no puedes solamente encerrarte en ti mismo, eres un adulto ahora y la vida no va a hacerse sola, es difícil obtener y mantener un trabajo, porque siempre supone interacción humana, así que normalmente me rindo a medio camino, porque ni siquiera puedo entrar en una habitación llena de gente y mucho menos hablar con ellos, además hablar con figuras de autoridad es terrorífico, así que casi siempre quiero llegar tarde subconscientemente, para poder evitar la reunión conjunta.

Ahora, probablemente ya habrás adivinado que mi vida amorosa no es precisamente emocionante. Todas las veces que accedo a salir, me arrepiento instantáneamente, deseando estar de vuelta en mi cómoda cama, y antes de salir de la casa práctico todas las diferentes conversaciones que puedan ocurrir, la cita en sí es solamente un montón de silencios incómodos y algunas miradas serias a una pared, y finalmente acabo completamente borracho porque esto ayuda con la ansiedad. El problema es, que hablo sin sentido cuando estoy borracho. Así que, al día siguiente, despiertas aterrorizado, sobreanalizando tus actos e identificando defectos inexistentes y después de una hora de estar analizando todos y cada uno de los detalles que han ocurrido, decides que probablemente te odia, y entonces te llama, es una llamada que tú no contestarás y tratarás de evitar a esta persona como puedas, porque realmente te gusta… lo cual no tiene sentido, lo sé. La parte más frustrante es que sé que estoy siendo irracional.

Aunque tengo que admitir que no soy un completo marginado, pero no creo que mi familia o amigos entiendan mi ansiedad social muy bien. Supongo que parezco desinteresado o maleducado, pero en realidad estoy demasiado asustado como para hablar o salir. Intento hacer lo mejor que puedo. Así que me acuesto allí, todo arreglado, intentando recordar cómo los humanos funcionan antes de salir de casa, y todas y cada una de las veces, sé que no puedo quedarme, pero tampoco sé cómo salir.

Aumentas tus deseos, lo intentas lo mejor que puedes, y entonces tú… te desmoronas. Los días pasan antes de que finalmente consigues recoger las piezas y juntarlas torpemente, Cada vez una parte de ti se pierde y sabes que nunca más vas a volver. Pero dejo que lo que no es importante realmente se me resbale. Porque sé que con cada pieza que pierdo por el camino, una nueva y mejor llenará el hueco vacío. Y aunque no estoy ahí aún, sé qué llegará un día, en el que yo estaré al mando.


Extraído de: https://www.youtube.com/watch?v=6KkObSWyhYc

Cuando nos proponemos describir el suspiro que provoca una mirada, muchas veces nos limitamos por no encontrar las palabras exactas de lo que eso significa y eso nos hace sentir. Cuando queremos explicar con precisión un sentimiento puro, ni todas las palabras creadas hasta el momento, podrían auxiliarnos por completo. Cuando queremos definir lo hermoso que tenemos entre los brazos y al alcance de un beso, las escasas palabras que conocemos, no logran hacer justicia a lo que en realidad percibimos con los labios y la piel.


Y es por eso que te pido perdón, pues no puedo escribir con puntualidad lo que tú me haces sentir, puesto que eso es prácticamente imposible, un reto que no podría cumplir ni viviendo junto a ti un millón años; pues tú mujer de luna, musa de mi vida, tú eres más de lo que podría detallar en un libro, eres más de lo que podría escribir en cien mil versos y mucho más de lo que las palabras podrían explicar en toda la existencia humana.


Es por ello que suplico tu perdón, ya que cae en lo utópico el poder hacerlo, pues escribir sobre ti con total exactitud, es tratar de descifrar la existencia misma, el tiempo y cada misterio que rodea a este universo. Tendría que explicar sobre esa línea más que perfecta entre la belleza y tentación, sobre ese lugar entre lo irreal y lo perfecto y sobre cómo ya te conocía en sueños. Darle al mundo una cátedra inmejorable sobre lo desconocido, el cielo y cada una de las estrellas de este vasto firmamento.


Y lo lamento tanto, pero no puedo encerrarte en un solo poema, no puedo describirte por completo en un par de versos, pues eso para mí es limitarte, y tú, tú eres hermosamente inefable.

—  jorgema || Hermosamente inefable (El dilema de un poeta enamorado)
Ojalá doliera menos.
Ojalá sólo doliera,
ni menos ni más.

Te quise.
Y qué horrible es afirmarlo
como parte de un pasado.

Ojalá pudiera
no sé.
Regresar.
Cambiar las cosas.
Olvidar, siquiera.
Evitar derramar lágrimas,
volver a encender sonrisas.

Fue bonito.
Fue.

Cuando hablo de ti
o escucho tu nombre,
o lo leo,
o lo recuerdo,
en mi mente aparece
una importante,
maravillosa
e irrecuperable
parte de mi vida.

Recordarte
con tus gestos y tus ocurrencias,
con tu falta de tiempo y tus disculpas.
Recordarte así
en esencia
es reconocer que me haces falta
pero que no debo torcer el brazo.
Qué horrible,
qué impotencia,
qué asco
luchar contra uno mismo.

Si te quiero o no
supongo que hoy no importa.
Si lees esto
—porque tú solías leer lo que te escribía—,
si me descubres desempolvando las intenciones
sólo entiende.
No es mi objetivo olvidarte,
pero tampoco puedo evitar que duelas.
Que duelas tan adentro
por estar tan lejos.
Que duelas
como si hubiesen vuelto a mí de golpe
todos los planes a futuro
y la única promesa que te hice:
el darte un abrazo.
Una promesa que duele como otras
que siempre quise hacerte y que
—al igual que todas—
no podré cumplir nunca.

Ojalá doliera menos.
Ojalá sólo doliera.
Hablar de ti es confesar mi tristeza en público.
Es ir en contra de mi orgullo
y de mi silencio
y de todo este ser que parece de piedra
pero que se rompe a escondidas
para que nadie se entere nunca
de que hasta a las personas más duras
nos duele la ausencia de alguien.
A mí me duele la tuya.
Me duele la mía,
cuando era tuyo
sin que lo supieses.

Tampoco quiero negar
que si volviera a conocerte,
si esta fuera la primera vez que hablamos,
si mañana nos tocara dar otros pasos,
si comenzáramos de cero en la vida
y en la memoria,
no descansaría nunca
por lograr encerrarte conmigo,
en mí.
Haría las cosas más fáciles,
dejaría mi orgullo de lado,
mataría a golpes mi indiferencia,
construiría puentes entre tanta distancia.
Y te querría.
Te desearía.
Te amaría.
Incluso más que antes
porque esta vez me daría más libertad,
dejaría de tener miedo.
Me arriesgaría.

Pero hoy duele.
Ojalá no.
Pero es así.
La única palabra que le faltaba a este crucigrama
no era «amor», era «adiós».
En este y otros juegos,
y aunque no me arrepienta,
ni, de momento, quisiera cambiar nada,
los dos perdimos.
Los dos por igual.
Yo por quererte tanto,
tú por apagar la ilusión.
Los dos por sufrir lejos.
Cada quien alimentando el orgullo.

No importa.
Hay cosas que son necesarias,
como, por ejemplo,
recordarte ahora,
mientras escribo
y mientras me miro a mí mismo
desde arriba, incapaz de levantarme
por mi gusto masoquista de revolcarme en el remordimiento.
Cosas necesarias como el que hayas llegado
y te haya abierto la puerta.
Cosas como terminar
sin haber comenzado nunca.
Como aceptar que hoy soy todo
lo que nunca pensé ser.
Que hoy sé tantas cosas bonitas
porque tú me las enseñaste.

No quiero despedirme.
Pero es que ya nos hemos ido hace tiempo.

Regresar
o querer hacerlo
no sería otra cosa que
un deseo frustrado.
Casi como el quererte.

Y te quiero.
Ya no como antes,
pero cuánto me hubiera gustado.
—  Cautiva libertad | Heber Snc Nur