encender

anonymous asked:

Es ahora cuando se apagan las luces, se vuelven a encender y te robaron el traje de winnie the pooh (La waifu no homo)

si hasta la idea de mi oficina la robaron XD

Me besó.
Lo besé.
Nos besamos.

Me besó, en la madrugada fría, acabando con mis demonios y llamando a otros tantos.

Lo besé, olvidando mis desastres, posponiendo las culpas, los miedos.

Nos besamos, como si no hubiera nadie más en la habitación, y como si pudiéramos apagar incendios y encender corazones enteros.

Me besó, como nadie me había besado antes, reconstruyendo mis ruinas y destrozando barreras.

Lo besé, como poeta hambriento con sed de poesía, poesía que eran sus labios, en un lento frenesí contra los míos.

Nos besamos, y creamos un poema que constaba de alcohol, fresas y un momento de valor.

Me besó.
Lo besé.
Nos besamos.

Que momento más poético, creando versos con sus besos, tan húmedos y tan hambrientos como con sed de venganza, venganza por mirarme con ese brillito en los ojos y tentarme en la mínima oportunidad.

Lo besé, me besó, nos besamos.
Ahí comprendí, que las cosas que se expresan con la boca, no siempre necesitan las palabras, a veces solo basta con el roce de tu boca y mi boca.
De esa manera con la que sabes volverme loca.

—  La sinfonía del alma.
Hoy veo en retrospectiva y me doy cuenta de lo mucho que me has cambiado desde que llegaste. Bastaron tan sólo unos días para comprender que algunas personas llegan a tu vida para desmoronarte la tristeza, para descoserte esas risas que pensabas que eran una herida si las sacabas a la luz del día, a descontrolarte los nervios, los sentimientos, las canciones. Y eres tú, eres tú quien me hace querer no morir y ser por siempre joven, y al mismo tiempo me haces querer envejecer a tu lado. Y veo cómo las horas se pasan como agua en mano siempre que estoy a tu lado. Antes de ti era una sombra en forma de nube que se paseaba por la vida tratando de contenerse la lluvia, pero que, un día, sin más pensar, apareciste como el arco iris al final de la tormenta, y me haces bailar a cada paso que voy. En cada tormenta en la que entro estás tú, que eres Sol, brillando, radiante, atravesando mi piel para llegar a colar tus rayos por mis grietas. Me amaste roto y por eso te amo con todos mis pedazos. No preguntaste el porqué de mis cicatrices, sino, más bien, también te desnudaste las tuyas y yo, que siempre le he temido al amor, las besé y las hice mías. Mías y de nadie más. ¡Y maldije las palabras que te las hicieron y bendecí la mano que las curó!

Me dices al oído que tienes miedo de perderme y te susurró al hombro que no hay mayor miedo que los principios, pero no temas, no lo hagas, no temas a ser feliz, no temas a ser feliz a alguien más.

Si supieras lo importante que son los besos que me das cuando nadie mira, cuando todo calla, incluso aquellas montañas que nos vieron darnos nuestro primer beso, fue un eclipse.

Dos pueden atraerse como el metal y el imán, pero luego estamos nosotros, que no importan las fuerzas que traten de separarnos, porque el universo nos unió para forjarnos a ser algo inmortal en alguno de sus rincones.

Quiéreme, M. Quiéreme, y no me sueltes jamás.

No dejes que pase frío, que me haga daño el invierno, que el viento traiga de nuevo aquella persona a la que maté y enterré en el pasado, no dejes que vuelva a ser lo que un día fui. Toma mi mano y haz de ella un universo aparte, distante, en donde podamos ser felices tú y yo.

Al final de la tormenta, uno encuentra a alguien con quien querer pasar todos los días, incluyendo los nublados y los soleados, los malos y los buenos, los grises y los de colores, a su lado.

Espera…

Tengo miedo, ahora soy yo quien tiene miedo de que me sueltes y me dejes ir como piedra en una corriente. Sé que soy duro de roer, pero también sabes que puedo llegar a quemar, tanto así como para encender una llama en el corazón más frío.

Te amo, M.

Sabes que llegaste a mi vida para salvarme del naufragio, mi mejor caída has sido tú, utilizas tu saliva para curar mis heridas.

Te prometo que tu corazón, que te lo han roto en mil pedazos antes, intentaré coser, al igual que tus alas, tus miradas tristes.

Arreglaré tus días, tu vida y tus noches.
—  “Carta a M.”, Benjamín Griss
Te quiero ver rebelde
también te quiero ver desnuda,
plena y sin temores,
realizada en todo lo que te propongas,
que no te resignes
a no verte crecer,
nuestra naturaleza es madurar
en el gozo de las estaciones
como cualquier árbol o fruto.
Te quiero ver relámpago,
fuerte, aterrizando en luz
para encender
el arbusto entre la niebla.
Que las palabras no se ahoguen en la garganta,
que tus abrazos vistan
de júbilo y esperanzas
y que mis hombros
sean tu camping.
—  Quetzal Noah
Estaba con la ilusión de que vendría, asi que decidió prender un cigarro, encender el celular y recordar esos audios que tocaban el alma, que aún encendían el amor intenso del que tanto hablaban los amantes de la poesía. En cada minuto que pasaba la soledad envolvía su alma y en ella recordaba lo triste que era el amor no correspondido. Sin embargo, la luna que alumbraba su silueta, le recordó lo maravilloso que era tener un poco de amor propio.
La verdad que se necesita muy poco
para que uno
seducido por el destino inestable
se dé cuenta
que se puede renunciar a todo
en cualquier época
y lugar,
como cuando los Beatles
renunciaron a la idea
que les dijo aquella disquera
de que las bandas de muchachos
estaban por desaparecer,
o cuando Belen
la chica de ojos azules argentina
inició su viaje hasta México
en moto con cincuenta dólares
y sin tarjetas de crédito,
como cuando Steve Jobs
fue despedido de su compañía
y regresó
con el iPod, luego el Iphone
y por último el Ipad que viene
a ser la misma chingadera
sólo que con especificaciones
distintas para vanidad
de la vanguardia.
Mi felicidad se enciende
con un impulso de la libre voluntad,
de tomar las cosas como vienen
porque si uno planea demasiado
es invitado al aburrimiento
y esto de la vida
es como darle un trago de fondo
a la cerveza
encender el estéreo
poner el playlist para la carretera
y pisar el acelerador
se recomienda
hacerlo más en las curvas
que en las rectas.
—  La alegría es un roadtrip. Quetzal Noah

Me gusta estar sola.
A veces me encuentro en días en los que me gustaría simplemente encerrarme en mi cuarto, tomar un libro o encender la música y ser mi propia compañía por lo que queden de las horas. Y es que si, el tiempo con uno mismo es importante. Estar en sintonía con los que sentís, encontrarte y conocerte aunque sólo sea por 24 horas.
El problema llega cuando el silencio se vuelve demasiado, cuando tus pensamientos se tornan oscuros y la soledad se siente más pesada. Ese momento en el que empezas a recordar las cosas malas y te das cuenta de que sos tu propia compañía, y que podrías llegar a serlo por mucho tiempo. Y ahí es cuando te das cuenta de que no te soportás. No soportas estar con vos mismo, todavía no confías, no tenes esa seguridad. Ya no estás solo, estas con lo que pensas, con todo lo que temes, y aunque sea demasiado te sentís más en soledad. Es una mierda, de verdad. No podes escapar de tu propia cabeza y la fuerza para salir de tu habitación desapareció, y no sabes a donde se fue. Asi que si, me gusta estar sola. Pero detesto sentirme en soledad.

El amor que siento por ti no es algo que se lave con agua y jabón, mucho menos algo que se haga cenizas con solo encender un cerillo, es algo aun más fuerte, es un amor indestructible, un amor único e incomparable.
—  Danna Yepez