encender

Ya la navidad no es como antes, ya no me alegra que llegue la navidad, al contrario, me pongo triste, por los recuerdos, las personas que se marcharon, ahora suelo encender yo las luces del arbol de navidad y llorar en completa soledad hasta quedarme dormido bajo el mismo, extraño ser niño, nunca hubiera querido crecer si no me hubieran prohibido nada, por eso fue que quise crecer, para hacer lo que quería sin que me dijeran “No puedes hacer eso”, ahora me siento libre, pero muy triste a la vez…
Estaba con la ilusión de que vendría, asi que decidió prender un cigarro, encender el celular y recordar esos audios que tocaban el alma, que aún encendían el amor intenso del que tanto hablaban los amantes de la poesía. En cada minuto que pasaba la soledad envolvía su alma y en ella recordaba lo triste que era el amor no correspondido. Sin embargo, la luna que alumbraba su silueta, le recordó lo maravilloso que era tener un poco de amor propio.
A mí me gustas así, sideral, misteriosa,
callada, franca y celosa.
Me he acostumbrado a tus silencios esporádicos
al devenir instantáneo de tus facetas
y no quiero cambiarte ni siquiera
el malhumor con el que te levantas.

Tengo planes a tu lado, aspiraciones de un aprendiz
que va descubriendo las líneas que dibujan
el contorno de tu caderas, tu talle ceñido a mis brazos
y aquella profundidad que cabe en un par de ojos
que miran y observan y que ven siempre
más allá de lo que uno es capaz de concebir.

Sé que me he tardado en decirlo, y lo siento.
La cobardía ralentiza con frecuencia mis planes;
pero hoy contigo sé que el arriesgarme
siempre será la decisión correcta.
Así que vamos a comernos el mundo,
a encender las farolas de día,
comer helados de noche;
jugar en el mar y armar castillos de arena;
iremos al campo y rodaremos por las laderas,
alzaremos los brazos al cielo
y todo lo que señalemos te juro que será nuestro.

Iremos adonde tú quieras
y haremos lo que tú quieras.
Conoceremos los centros turísticos
de esta y todas las ciudades que se nos antojen.

Cuando haga frío pasaríamos las tardes abrazados,
viendo las series que tanto te gustan,
o las películas que me traen loco;
prepararíamos nuestra comida favorita,
y al amparo de una taza de café caliente,
veríamos a la gente caminar a través de la ventana.

Te recitaré poemas al oído, cuando estés tan cansada
que tengas las ganas por el suelo y a mí me toque
ser quien te dé la dosis perfecta de arrullo,
entre susurros, a un par de centímetros de tu oreja.

Y cuando se haga de noche, en una de esas de verano,
te prometo que saldremos a caminar hasta tarde,
iremos hasta aquel rompeolas que tanto te gusta
donde nos miramos a los ojos una eternidad,
donde también nos dimos nuestro primer beso.

Le pediré varios deseos a las estrellas,
acumularé calor para el invierno,
materializaré tu mirada
y rescataré del fondo del baúl aquellas fotos
de nuestros primeros días tonteando
cuando no éramos nada más
que el plan espontáneo de Cupido.

Querida, sé que el futuro cabe en tus ojos.
Que si te miro me convierto en niño o en adulto.
Todo depende del precio que le pongas
a mi inocencia y me rescates del pudor
que más de una vez detuvo mis sueños contigo.

Soy consciente de que tienes nombre de tormenta,
pero lo cierto es que en ningún otro sitio
he encontrado una calma tan bonita
como la que tengo cada vez que estoy a tu lado.

Es cuando descubro que mi búsqueda termina
donde comienzas tú.

Y luego ya no quiero marcharme.
—  Heber Snc Nur
Como ve, todos tenemos en nuestro interior los elementos necesarios para producir fósforo. Es más, déjeme decirle algo que a nadie le he confiado. Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior, no los podemos encender solos, necesitamos, como en el experimento, oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo. Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre de energía el alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillos se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo, si eso llega a pasar el alama huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma, ignorante de que sólo el cuerpo que ha dejado inerme, lleno de frío, es el único que podría dárselo.
—  Como Agua Para Chocolate❤☕