en venda

Voces que atormentan a las personas en lo más profundo de sus pensamientos. Estas voces hacen que las personas caven sus propias tumbas. Están muriendo lentamente. Sueños muertos, tierra desierta, árboles secos, templo vacíos. Engañados están, ciegos, con vendas oscuras en sus ojos y sin saber lo que hacen, sólo guiados por esas voces. No hay vida, sólo muerte. En sus corazones sólo hay odio, tristeza, rencor, maldad, dolor, sufrimiento… están agonizando. Perdidos están. Podrías preguntar a alguno de ellos ¿qué estás haciendo con tu vida? ¿sabes de verdad lo que haces?, algunos te dirán que  “si ” y otros  “no, no lo se”, los que dicen si saberlo están equivocados, los que dicen que no tienen razón, no lo saben, porque si de verdad supieran lo que hacen dejarían de escuchar esas voces que susurran en sus pensamientos, dejarían de cavar sus tumbas, escucharían a la voz que da vida, esa palabra de aliento, caminarían hacia la luz.

“Es nuestro deber, ya que nosotros conocemos cual es la verdadera vida, llevar esa palabra de aliento a cada uno de ellos, arrancar esas palas con las que cavan sus tumbas y en su lugar darles la palabra. Vida más no muerte.”

anonymous asked:

Porque azul tiene vendas en las manos y brazos?

Azul: - Simplemente, Mi vida no fue como a las que llaman ‘’Color de rosa’’….

anonymous asked:

Hola rebe quería preguntarte es que hoy un compañero me dijo que Dios era también un mentiroso y yo le respondí que el no sabia nada porque tenía una gran venda en sus ojos, estuvo bien lo que le respondí?

Hola :)

Él fue el que dijo una mentira, no tú :)

Te mando un abrazo y que Dios te sorprenda.

Solo me queda aceptar que te vas, y lo haces sin ni siquiera despedirte, camuflas ese “Adiós” en un “No tengo tiempo”, lo que no entiendo es que sea posible no tener tiempo para quien se dice querer, se que no, pero coloco en mi corazón una venda que le impida ver que la realidad es que no quieres volver, pero no te preocupes que cada día esa venda se vuelve mas traslucida, y mi visión se agudiza, se que llegara el momento en que todo sea inevitable y tendré que pronunciar aquel Adiós yo, porque se que tu no seras capaz de hacerlo, y lo haré con valentía, coraje y determinación, porque hasta ese entonces esperare paciente, pero cuando llegue el momento solo arrancare la venda que de seguro ya no existirá y volteare la mirada hacia nuevos horizontes, en los cuales ya no exista ni el recuerdo de ti…
—  Elizabeth G.
Yo Robot

Llega un punto en donde ni la venda más gruesa, te impide ver el dolor y el tormento de la tierra, de los árboles, de otras especies, de millones de bocas abiertas implorando un trozo de pan, con las manos levantadas apuntando hacia el alto rascacielos, de los libros tirados y maltratados, de la historia olvidada, del conocimiento inservible, del poeta cruxificado, de las grandes fábricas destilando aromas de muerte y nublando el cielo. De las grandes bóvedas del apocalipsis, llenas de todo tipo de armamento destructivo, capaz de hacer callar a los grandes militares de eras pasadas. De las futuras madres, cuyo único fin será procrear  durante toda su vida los juguetes y marionetas de las naciones. Estamos en un siglo lleno de cambios, los grandes avanzes de la era me han enseñado que tan fácil es perderme para siempre en la matrix virtual, donde puedo soñar despierto sin tener que hacer nada y olvidarme de lo demás. De poder conectarme con todo el mundo para compartirnos nuestra vida irreverente y monótona pintada de nuestro color favorito. No me importa como funcione, es demasiado complicado para mi etendimiento. Ellos me entienden, por eso se han empeñado tanto en llenar nuestras pantallas de cosas fáciles y divertidas para mantenernos seguros y tranquilos, para que no podamos oir los gritos de esos jóvenes rebeldes y marginados que se empeñan tanto en una palabra llamada “libertad”. ¿Qué no lo ven? Libertad es poder cambiar a gusto con mi control los 400 canales que la televisión me ofrece, mientras que con la otra mano desayuno mi hamburguesa doble. ¿De qué sirve pensar cuando tengo el soma en HQ? Ni siquiera recuerdo qué estaba diciendo al principio, he olvidado que la historia no existe a tal puto que ni recuerdo quién soy ni quién fuí. Pero ¿quién tiene tiempo para esas cosas? Estoy ocupado tratando de mandar orgasmos por e-mail a todos los confines de la tierra o al menos, a lo que queda de ella. Pues ser una máquina no es tarea fácil.

-Un tal bachiller.

Las Acacias

El diálogo es de un tiempo lejano, algo borroso. Yo soy el de las preguntas, Romina la de las respuestas. Los dos mirando el campo abierto, justo antes de que todo empiece a ser recuerdo:

-¿Por qué se llama las acacias?

-Tata le puso así por los árboles que lo rodean, ¿no oles?

-¿Qué tengo que oler?

-El aroma a frambuesa, las acacias son famosas por eso. Es mi perfume preferido en el mundo.

Estoy en el medio de alguna parte, otra parte, más allá. Estoy semi desnudo, solo llevo calzoncillos y una venda ajustada en los ojos que no me deja ver nada. Estoy en la oscuridad más absoluta. Romina me hace dar muchas vueltas en círculos sobre mí mismo eje para que pierda ubicación. Tambaleo. Ella me da una rama para que sujete con mi mano derecha y me suelta. Dale, dale, ahora la tenes que encontrar me dice. No la veo pero la siento cerca, su voz grave me alienta. Frío, frío. Tiro ramazos al aire sin sentido. Congelado. Romina, no me hagas trampa, no vale que me mientas, le digo. Escucho su risa entre pícara y tierna. Yo sé que ella me aleja de la piñata pero le sigo el juego. Sigo blandiendo la rama, aunque ahora lo hago con sutileza, como si fuera un samurái ejercitando con la espada. Hago poses ridículas para que ella se divierta. De repente me dice: caliente, caliente. Pruebo una vez moviendo la rama por sobre mi hombro, otra vez golpeando de revés. Nada. Estamos lejos, gordo, escucho. Siento un pinchazo en la planta del pie, como si me hubiera cortado con algún vidrio ¿pise mal? Romina no me da indicaciones, no habla. Me bajo la venda. No la veo. El sol entra puntual por la rendija de la persiana y da a la cama. Abro los ojos.

Romina no es, Romina fue. Se conjuga en pasado desde que murió en un accidente de auto en la ruta 8, saliendo del campo. Su hermana, que manejaba, también murió. Yo me enteré a las horas del accidente por un llamado de Manuel, un amigo en común con Romina. Me dijo que el camión las agarró cuando estaba haciendo una vuelta en u con el Volkswagen Gol de la madre, no lo vieron. Repitió varias veces que era una tragedia, que era una tragedia. Y así fue.

Cinco años estuvimos de novios, dos más si contamos las idas y venidas, las peleas y las reconciliaciones. Fuimos jóvenes veinteañeros viviendo en un mundo paralelo, en donde estaba el aire, el agua, el fuego, la tierra y nosotros. Solo nosotros. En esos años de bonanza sojera debo haber ido unas diez veces al campo de Romina, nuestro lugar favorito en ese mundo paralelo. Fines de semana largo, semana santa, vacaciones, algún año nuevo, alguna navidad.

El campo de Romina está en las afueras de Areco, a unos pocos kilómetros del centro. Su abuelo le puso de nombre las acacias en homenaje a los árboles que rodean el camino hasta la casa. Árboles altos con hojas verdes y amarillas que se lucen especialmente en primavera. Son arboles preciosos, impregnados por una colonia de frambuesa que los hace únicos. Los árboles dan a la entrada de la casona vieja con techo de chapa, amplia y maciza, como detenida en el tiempo. Adelante todo campo. Pasando el alambrado hay unos pastizales elevados donde nos tirábamos con Romina a ver el atardecer, la naturaleza consumiéndonos, abrazándonos. Su cabeza sobre mi pecho y sobre nosotros el sol ocultándose. Sentados en los pastizales tomábamos mate con azúcar porque a ella le gustaba así, dulce y vivo, que si no es un embole. Yo le decía que el mate es amargo, que con azúcar no se siente el gusto que le da la yerba. Ella se reía y me decía que era un sommelier de la amargura. Me acuerdo haberle dicho que ese sabor amargo en la boca es el gusto que tiene la realidad.

Una de esas veces que la puesta del sol pinta el cielo como si fuera una acuarela de monet, con los juegos de luz haciéndolo insondable, la agarré a Romina por la cintura y la levanté como si fuera un trofeo. Simba, algún día todo esto será tuyo, le dije. Bájame, que antes que yo hay un ejército de familiares, contestó. La bajé, me señale y le dije que se conforme con esto que ya era suyo.

Yo tenía mi rincón en el campo: era debajo del último árbol del camino que estaba en diagonal al molino de viento. Me acostaba contra la corteza y el tronco me sostenía mientras yo leía sentado en posición de yoga. Ahí era donde pasaba mis momentos de autismo, como me decía Romina. Ella leía poco, me pedía que le recomendara libros cultos, como los que lees vos, me decía inocente. Había consumido todos los del jóven mago inglés y algunos salteados de Danielle Steel. El primer libro que le regalé, nuestro libro según ella, fue los Lemmings. Tenía esa costumbre de asociarle objetos a la pareja, como si fuéramos un uno indivisible, entonces el libro de Casas era nuestro, no en un cincuenta y cincuenta, cien por ciento nuestro, individualizando al dúo dinámico. Como si Andres y Patricia finalmente se hubieran encontrado y crecido en nosotros. Cuando no tengamos más ganas de aguantar, vamos y hacemos como las nutrias chiquititas que saltan cual kamikazes al acantilado, pero nosotros lo hacemos de la mano, gordo.

Cuando pasó lo del accidente, ya hacía casi dos años que no estábamos juntos. Terminamos porque nos desgastamos, ya no podíamos estar cerca sin maltrarnos, yo era el que se enojaba y ella la que despistaba con las palabras, como hacían los teros de su campo, que gritan en una parte y ponen los huevos en otra. Romina se puso de novia con Pablo, un pibe que había conocido en la facultad, al año y medio de nuestra ruptura. Ahí fue cuando dejamos de mandarnos mails contándonos de nuestras vidas, acariciándonos por el teclado. En su último mail me comentaba que se había puesto de novia con un buen chico, que era difícil estar con otro pero que sentía que era el momento de arriesgarse. También me dijo que me quería, lo hizo en la última oración: Te quiero, Ro. Yo creí que ese era un buen cierre, un cierre que se había dado en pequeñas dosis hasta ese mail, como esos jarabes que tomamos cuando estamos enfermos, cada ocho horas. No le respondí.

La última vez que la vi fue desde el Café Martinez que está en la esquina de Rodriguez Peña y Arenales. Yo estaba sentado con la compu en una mesa junto al ventanal que da a la calle. Ella venía caminando apurada, llevaba su pelo castaño corto, a la altura de los hombros. Le quedaba hermoso, como cualquier corte que acompañara a esa cara de rasgos delicados, con la nariz recta y los ojos achinados. Me quedé mirándola fijo y, como si mi mente la hubiera llamado, ella me devolvió la mirada mientras cruzaba la calle. Sonrío y puso cara de sorpresa. Hizo el gesto de abanico con su mano derecha para que saliera a saludarla. Me levanté de la mesa y salí. El diálogo fue algo así:

-¿no ibas a venir a saludarme?- me dijo

-es que te vi apurada y me dio cosa frenarte- le respondí

-ya estas poniendo excusas, te estaba cargando, bobo, ¿qué haces por acá?

-estoy haciendo tiempo porque tengo medico clínico en media hora por el tema del sueño y es acá a una cuadra.

-veo que seguís con tus mambos para dormir, hay un viejito metido en tu cuerpo. Sos como Benjamin Button eh.

-ja, si es así, en unos años voy a estar como Brad Pitt, creo que firmo el insomnio. ¿Vos qué haces por la zona?

-buena, Brad. Yo vine para lo de mis viejos porque tengo que buscar unos sobres que siguen llegando a Montevideo. Mamá me va matar porque estoy llegando tarde y se tenía que ir a no sé dónde.

-vaya, vaya, no quiero interrumpir. Saludos a Marianita de mi parte.

-vos no me interrumpís, bobo.

-la conozco a tu vieja y te va a matar. Anda, Ro- le dije y le besé la mejilla.

-Lindo verte, Fran, suerte en el doc, ¡que duermas bien!- se despidió.

¿ Mirando al cielo? La Ascensión del Señor
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Hechos de los Apóstoles 1, 1-11: “Se fue elevando a la vista de sus apóstoles”
Salmo 46: “Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya”.
Hebreos 9, 24-28; 10, 19-23: “Cristo entró en el cielo mismo”.

Tiene la tristeza metida entre sus ojos, miedo de vivir, angustia por el futuro, incertidumbre en el presente. Sus 22 años no logran borrar su cara de niña y sus palabras se arrastran como si salieran a fuerzas. Las vendas en las muñecas de sus manos no logran ocultar su deseo de muerte. “¿Para qué vivir cuando una no quiere? No tiene sentido estar sufriendo. No me dejaron morir pero no me dan esperanzas para vivir”. Es cierto su mamá y su hermano lograron rescatarla cuando se estaba desangrando en búsqueda de escapar de esta vida. ¿Cómo dar esperanza a quien ya no quiere vivir? ¿Cómo fortalecer un corazón vacío? Cada día es más frecuente el suicidio entre nosotros, principalmente entre los adolescentes pero no sólo. Nos falta darle sentido a nuestra vida y hoy la fiesta de la Ascensión puede ayudarnos a descubrir nuestro camino.

Hoy tenemos una celebración muy especial en nuestro tiempo litúrgico: la Ascensión del Señor a los cielos. ¿Qué tiene que ver la Ascensión del Señor con el sentido de la vida, con la pérdida de la esperanza, con el vacío del corazón? Para quienes tienen fe, todo. Trato de explicarme. Con la Ascensión de Cristo, recordamos el triunfo de Jesús sobre la muerte, sobre la injusticia y sobre todo pecado. Pero este triunfo de Jesús también nos implica a nosotros. En la medida que Él se encarnó, participó de nuestras miserias, vivió nuestros riesgos, ahora con su triunfo nos da la esperanza de también triunfar nosotros. Cristo entra en la vida nueva que supone su Resurrección, no solamente como Dios e Hijo de Dios, sino también como hombre e Hijo del hombre que es. Pues Cristo no asciende Él solo, sino que lleva consigo la condición humana que asumió por la Encarnación. Hoy es un día luminoso por la victoria de Jesús; por lo tanto despierta en nosotros gozo y alabanza, esperanza y optimismo; ¡Vale la pena esta vida humana! Tenemos razones para vivir y amar, sufrir y esperar, contagiar entusiasmo y testimoniar que hemos sido liberados por Cristo y que vale la pena ponerse a trabajar por un mundo mejor.

Atención, en ningún momento esta fiesta es una invitación a olvidarnos de nuestros compromisos y sumirnos a vivir en un mundo de ilusiones. Cuando Jesús se despide de sus discípulos, les recuerda que ellos son testigos de que solamente por medio de la cruz, del sufrimiento y de la conversión se llega a la resurrección. Para llegar al triunfo, necesitamos vivir el misterio de un Jesús plenamente humano y plenamente Dios, siguiendo sus pasos, viviendo en la cercanía con los pobres, participando en sus gozos y sufrimientos. Jesús nos revela a un Dios providente, cercano y misericordioso, profundamente comprometido con los humildes. A veces se ha utilizado el cielo como señuelo que apacigua y adormece. Como las promesas de los políticos en campaña, que prometen y prometen y nunca se alcanzan sus ideales y sirven sólo para engañar y adormecer al pueblo en sus justas reivindicaciones. Nunca el cielo debe ser escape hacia un cristianismo individualista y conservador que puede convivir con la injusticia y la opresión. No es la invitación a quedarnos mirando al cielo, sino es la urgencia de trabajar en la tierra teniendo bien fijos y seguros nuestros ideales. “Trabajar en la tierra mirando al cielo”.

El cielo es la auténtica esperanza cristiana que nos impulsa a construir desde la tierra el Reino de Dios del que hablaba Jesús a sus discípulos, mediante el amor, el trabajo y el servicio a los hermanos. Claramente les dice Jesús que este Reino lo deben construir conforme a su Espíritu. “Aguarden aquí, a que se cumpla la promesa de mi Padre… ustedes serán bautizados en el Espíritu”. No se vale construir el Reino a nuestro estilo, o al estilo del “mundo”, que se base en el egoísmo, en la ley del más fuerte y en el bienestar de los poderosos. Debemos mantenernos en fidelidad al Espíritu que nos empuja a la vida y a conseguir condiciones de una vida humana digna para todos, que alienta al decaído, que no deja que se rompa la caña resquebrajada, que infunde valor y anima a levantarse de la postración.

¿Podremos construir un mundo como nos lo propone Jesús? Ciertamente fácilmente caemos en los extremos: a veces nos olvidamos de que trabajamos con Jesús conforme a la voluntad del Padre y solamente miramos hacia el suelo, perdemos el rumbo. Y otras, en cambio, mirando solamente al cielo, perdemos “piso” y divorciamos nuestra fe de nuestra realidad. Olvidamos la relación indivisible que hay entre la vida espiritual y la vida misma. Y somos capaces de encerrarnos en la concha de nuestro egoísmo sin mirar la realidad, sin sentir la fraternidad y sin construir al estilo de Jesús.

Cuando leemos con atención los textos que hoy nos propone la liturgia descubrimos que la comunidad no puede realizar “su tiempo” en una actitud de mera contemplación; tiene que emprender su camino, el mismo del Maestro. Es evidente que Jesús ya no estará presente en términos físicos, materiales. Con gran sentido pedagógico, Lucas ilustra esta “separación” con el relato de la Ascensión. Jesús ha llevado a término su parte en el plan de Dios, y vuelve al Padre; “asciende”. Los discípulos no pueden quedarse mirando al cielo, como esperando en forma pasiva o contemplativa a ver cuándo ellos también serán llevados al cielo. Ellos “ascenderán” también, pero sólo cuando hayan realizado la parte de la misión que el Señor les tiene señalada. Esa parte de la misión que deben realizar queda muy bien definida en el Evangelio: Ir por todo el mundo a anunciar la Buena Noticia, con un solo objetivo: despertar la conciencia y la fe de los oyentes, quienes han de ser bautizados, es decir, incorporados a la familia de los hijos de Dios.

Ciertamente, en esta época, podemos caer en los miedos, en el inmovilismo y la duda y la frustración. Pero hoy, la Ascensión de Jesús nos lanza a abrirnos a la esperanza. Con los pies bien firmes en la realidad, queremos construir un mundo capaz de abrir sus horizontes a todos los hombres, que superen los límites egoístas de tiempos y razas. Llenemos, pues, nuestros corazones de sano optimismo. Miremos a Cristo glorificado y comprometámonos en la construcción del Reino a nosotros encomendado.

Dios, Padre Bueno, que nos llenas de júbilo con la glorificación de Cristo Jesús, descúbrenos que más allá de nuestros límites egoístas hay un Cielo posible que construiremos con tu presencia y nuestros esfuerzos. Amén.

Cruz Roja Española a confiado un año más en mi para que sea colaborador del Sorteo del Oro.
Es un grandisimo placer que con este sean 3 años, en los que Cruz Roja Española confia en mi para que venda el sorteo, y es un gran placer poder ayudar, además de intentar repartir suerte, no solo al que le pueda tocar el sorteo, sino a todas las personas que necesitan la ayuda que se les da gracia a este sorteo.
#Cruz #Roja #Española #España #Sorteo #del #Oro #SorteodelOro #CruzRoja #CruzRojaeEpañola #CruzRojaEspaña

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Me fue arrebatado un sentimiento.
Me fue interrumpido.
Me fue callado y cegado.
Lo enterraron en una caja blindada.

Me fue secuestrado un sentimiento.
Está en coma,
gritando fuego y vibrando tormentas.
Está en una camilla,
la eutanasia recorre sus venas.

Le han cortado las piernas para andar
y los brazos para sujetar.
Su rostro fue desollado para impedirle
el habla
y la capacidad de besar.

Su cuerpo es irreconocible,
ha perdido todo rastro de identidad,
toda morfología.
Sin embargo, y más allá de la sangre,
sigue latiendo
respira hiriente
lastimoso
le duele.

Su corazón no tarda en detenerse,
se ha cansado
de ponerse vendas
en las cascadas
chorros punzantes;
se ha cansado de inhalar
cada partícula corrompe
células.

Decide exiliarse de sí mismo,
decide dejarse
llevar por el secuestro
por la irrupción
por el arrebato.
Decide yacer inerte
en la tierra
sobre el mar
sobre el fuego
sobre el aire.

Me han matado un sentimiento.

HELADO DE PAPA

Así como lo escuchas, puede que no se venda en las tiendas, pero si que se comercializa!… es decir, se utiliza en los comerciales, si usan un verdadero helado, se derretiría muy rápido en la sesión fotográfica, así que como sustituto usan puré de papa

¿Por qué no porque sí?

Hay que dejar de buscar el ojo que nada lo ve
con una venda puesta en los propios.

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Ya sé que de un momento a otro podrá cambiar el clima, 
el sol será más luminoso a la mañana que al mediodía,
(siempre quemando la piel
o congelando los cuerpos
en su ausencia).

Inclusive la lluvia podrá ser el antídoto para
un desierto ya calcinado
y mientras tanto,
tras su espalda,
ahogar en llanto y barro
cadáveres que no saben nadar.

No hay puntos medios
pero la piedra siempre es la misma:
la causa del tropiezo
y también
de la caída  por el cogote de un vórtice sin fin.

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Hay que dejar de buscar el motivo por el que 
el compositor regala una sinfonía a su padre que está sordo.

Hay que dejar de creerle al padre que escuchó una sinfonía.

Lo único que se puede oír es el ritmo de nuestros pasos
al rebotar contra el mármol frío de un salón vacío
al que llaman mundo.