en su cama

Skam - Temporada 4 - Clip 26 - La única

Clip 26 - 25/5

Sana está sentada en su cama con libros enfrente de ella. Esta mirando a la nada, como pensando en algo. Toma su teléfono y ve entre sus mensajes, una conversación con Jamilla de hace mucho tiempo (2015). Recibe una notificación del grupo de facebook del russ. “Sara ha subido una nueva foto de perfil”, con la siguiente descripcion: “SARA - la unica jefa de bus”.

“Comentarios debajo de la foto”

Sara: Jajaja, hola foto robada, yo no postee esto.

Vilde: Jijiji, fui yo, perdón.

Nina: ¡Cool! La reina está de vuelta.

Sigrid: Jefa Por Siempre.

Cathrine: Todavía no puedo entender porque Sana no quiso juntarse.

Vilde: Ella nos dijo que fue por los valores que están relacionados con russ… pero es extraño porque ella nunca se había molestado por esos valores.

Sara: Probablemente sus padres… ella parecía muy estresada por si ellos llegaban cuando estábamos ahí en la pre-fiesta. Probablemente no es fácil ser russ cuando eres musulmán. Pero bueno, igual es triste que no se quisiera unir.

Kjersti: ¿No es todavía miembro del grupo?

*Sana empieza a escribir una respuesta*

Sana: No es porque soy musulmán, es porque ustedes son unas falsas…

*No manda el mensaje, deja su teléfono en la cama* *Empieza a caminar alrededor de su habitación, parece realmente molesta, después de un momento toma su teléfono*

Sana a Isak: ¿Quieres ayuda con el examen?

Isak: ¿En serio? ¿Qué pasa?

Sana: Siento que te debo eso… viendo como mi hermano y esos estúpidos de sus amigos te golpearon.

Isak: Ellos no me golpearon.

Sana: ¿Quieres mi ayuda o no?

Isak: Si, por supuesto.

Sana: ¿Mañana después de la escuela? ¿O vas a ir a beber??

Isak: Mañana después de la escuela suena bien. Estoy listo a las 2:00 ¿y tú?

Sana: 4.00 pm, espérame en la cafetería. ¿Ok?

Isak: ¿No puedes venir a mi casa después de que termines?

Sana: Si.


gracias a ISAKxEVEN

Nunca comprendí a mis padres, siempre fui la chica inteligente, juiciosa, que no salía de fiesta, que prefería quedarse en su cama viendo una película, que ir con sus amigos a consumir drogas, ir de fiestas, fumar, alcoholizarse, etc. Pero aún así nunca fue suficiente, porque ellos siempre esperaban un poco más, y me decian “porque no puedes ser como el resto de hijos”,  yo anhelaba que ellos se sintieran orgullosos de mí, y por eso me esforzaba aún más. Ahora me doy cuenta que de nada me vale el orgullo de mis padres, si ni siquiera yo estoy orgullosa de mí misma, me limité de cosas que me gustaban, de cosas me hacían sentir bien, solo para que ellos pudiesen sentir "orgullosos" de mi, mientras yo, ni siquiera me sentía bien de quién era, después entendí, que tener el orgullo de los padres es algo superficial y estar cómodo contigo mismo es lo mejor que puede pasar, por eso, siempre piensa en ti primero, al final de todo tú eres el dueño de tu vida.
los signos del zodiaco que creyeron que su adolescencia iba a hacer llena de fiestas y novios pero terminaron encerrados en su habitación junto a una computadora, tumbados en su cama shippeando parejas gays que no salen del puto closet de mierda mientras que se ríen de memes y se desvelan mirando blogs en tumblr.
—  ARIES,PISCIS,CANCER,ACUARIO,VIRGO,SAGITARIO,CAPRICORNIO,ESCORPIO,LEO,LIBRA,GEMINIS,TAURO.
Primero, quiero pedirle disculpas a todos los que están leyendo esto. De verdad lo lamento. Estoy viniendo a ustedes en un momento de necesidad. Lo único que pido de ustedes es que lean la historia completa, eso es lo único que necesito. Mi nombre es Andrea, soy una madre soltera. No les digo esto con el propósito de recibir una medalla o de que me feliciten como muchas otras del círculo social al que pertenezco. Ellas sólo quieren palmaditas en la espalda y que les den reconocimiento; sólo quiero algo de tu tiempo. Veo a la maternidad como un fastidio. Es algo necesario, sí, pero es algo fastidioso también. Mi hijo se llama Jesse. Tiene once años. Jesse comenzó el quinto grado como cualquier otro niño. Él era un chico muy alegre, lleno de vida y con mucha energía. Todo eso cambió cuando conoció a Stan este martes. Stan era un estudiante que había acabado de ingresar al colegio. Se sentaba al lado de Jesse. Cuando fui a recoger a Jesse de la escuela él no paraba de decirme que Stan era su nuevo mejor amigo. No parecía actuar como él mismo. Estaba muy pálido y sudoroso. Le tomé la temperatura, pero no tenía fiebre. Le pregunté cómo le había ido en el colegio, pero lo único que decía era que Stan era su mejor amigo. “Stan es mi nuevo mejor amigo” Decía Jesse. “Lo sé, quisiera conocerlo alguna vez” Le respondía yo. “Mamá, Stan es genial. Debería presentártelo alguna vez. Es mi mejor amigo. El mejor amigo de todo el mundo entero.” Tuvimos esa misma conversación unas cien veces ese mismo día. Cuando acosté a Jesse en su cama, él me miro con lágrimas en los ojos. Puso su mano enfrente de su cara y me señaló con el dedo para que me acercara un poco. Volteé mi cabeza y él me dijo algo en la oreja que me dio un pequeño escalofrío. En ese momento no sabía porque me dio un escalofrío, pero lo hizo. “Tú me crees. ¿Verdad?” Me susurró. Me levanté de la cama para poder verlo de frente. “¿Qué si te creo qué, cariño?” “Stan,” Respondió. “Stan es mi mejor amigo.” Asentí con la cabeza y le volví a tomar la temperatura. No parecía tener fiebre, de nuevo. Me fui a mi cama, pero en realidad no pude dormir bien esa noche. El miércoles, cuando iba en camino de llevar a Jesse al colegio, se le veía muy extraño, me dijo que no quería ir a la escuela hoy. “¿Te sientes mal?” Le pregunté. “No” me contestó. Se estaba mordiendo el labio inferior de manera muy extraña. Nunca lo había visto tan nervioso. “No. Tengo que ir a clases.” Abrió la puerta del auto y se fue directo a la entrada de la escuela. Sin decirme te quiero. Ni siquiera un adiós. Nada. Caminó hacia la entrada del colegio con la cabeza baja. Presioné los frenos y di media vuelta para dirigirme al trabajo. Un niño estaba parado enfrente de mi carro. Dos segundos más y lo hubiera arrollado. El chico era pálido, con un cabello de color amarillo casi blanco y ojos de azul claro. Dio unos golpes en la parte delantera del auto como si fuera una puerta dos veces, me saludó, y subió las escaleras camino a la escuela. Cuando recogí a Jesse de la escuela ese día, se le veía más animado. Estaba solamente un poco más pálido de lo normal, pero de resto se le veía alegre. Me dijo todo lo que había hecho en la escuela. Me habló sobre dinosaurios, música, matemáticas, y luego me dijo sobre lo que hizo en el receso. “Y después de matemáticas tuvimos receso. Mamá, no creerás lo que hice hoy en el receso” “Dime” Le dije, sonriéndome a mí misma mientras conducía. Estaba pensando en las cosas que jugaba yo con mis compañeros cuando tenía su edad. Algo clásico, algo normal. “Me uní a una iglesia” Estaba un poco confundida. “¿Te uniste a una iglesia?... ¿En el receso?” Jesse asintió. “La iglesia de Stan.” Creí que era alguna cosa que se habían inventado los chicos para entretenerse. “¿Qué es la iglesia de Stan?” Le pregunté. “Es la iglesia de Stan, Mamá.” Jesse se rio como si hubiera hecho una pregunta obvia. “¿Y qué es lo que hacen ahí? Ya sabes, como miembros de esa iglesia” Le pregunté. “Muchas cosas. Hoy solamente hicimos la iniciación y escuchamos a Stan. Estaba hablando en palabras raras y divertidas, luego todos nos sentíamos cansados y nos acostamos un rato.” Estacioné el auto junto a la casa. “¿Eso fue todo?” Le pregunté. Eso sonaba raro, pero los chicos no parecían estar haciendo nada malo. “Stan nos dio volantes también” Jesse sacó un pedazo de papel arrugado de su bolsillo. Tenía tres palabras escritas en marcador negro. Iglesia de Stan. Al día siguiente, cuando fui a recoger a Jesse de la escuela, estaba convencida de que algo de verdad malo le estaba pasando a mi hijo. Estaba muy asustado y nervioso. “¿Qué te ocurre, cariño?” Pregunté, tocando su frente para sentir su temperatura. No tenía fiebre. “Jugamos al juego de las almas hoy” Dijo. Su cabeza estaba de lado. No se quedaba quieto en su asiento. Miraba a todos lados en el camino a casa. “¿El juego de las almas?” Le pregunté. Él sólo asintió con la cabeza, mirando a todos lados como si buscara algo. Una enorme cantidad de sudor corría por su cara. “¿Qué es el juego de las almas?” Pregunté. “Le dije que no quería hacerlo, pero él me dijo que dejaría de ser mi amigo si no jugaba con él.” “¿Cuándo fue eso? ¿Dónde estaban los profesores?” “Todo ocurrió en la iglesia,” contestó. Luego dijo casi susurrando, “Los adultos no pueden entrar a la iglesia.” “¿La iglesia de Stan?” Jesse asintió, con una lágrima deslizándose por su mejilla. “¿Qué es el juego de las almas, Jesse? Soy tu madre. Si tienes algún problema sólo dímelo.” “No puedo decirte, mamá. No puedo. Las reglas son malas. Son muy malas” “¿Y si le pregunto a Stan?” Pregunté “¿Él me dirá las reglas?” “¡NO!” Gritó Jesse, dándome un verdadero susto. “NO LE PREGUNTES A STAN LAS REGLAS. POR FAVOR, NO LO HAGAS, MAMÁ. POR FAVOR.” Estacioné el auto, asustada y confundida. “Promételo, mamá promételopromételopromételopromételopromételopromételoporfavor.” Jesse estaba balbuceando, estaba muy asustado. Lo agarré y comencé a sacudirlo, tratando de calmarlo. Se quedó dormido en mis brazos, así que lo llevé a su cama y lo acosté para dormirlo. Sólo necesita dormir. Me decía a mí misma. Lo único que necesita es dormir. Lo dejé en su cama y cené sola. Fui a verlo a su cuarto alrededor de las nueve antes de acostarme. Parecía estar profundamente dormido. Me desperté inmediatamente al oírlo gritando 18 minutos pasadas las 12 de la noche. Corrí hacia su cuarto, pero no estaba en su cama. Encendí la luz y Jesse salió del closet en el que se escondía, corriendo, como si algo lo persiguiera. Se abrazó a mi pierna, seguía llorando. Traté de calmarlo e intenté preguntarle qué pasaba. Nada de esto tenía sentido. Seguía gritando sobre el juego de las almas. Intenté volverlo a acostar pero no hacía caso. Finalmente, decidí llevarlo a la cama conmigo. Jesse se durmió inmediatamente. Yo me quedé acostada en mi lado de la cama mirándolo, acariciando su cabello, cuando de repente sus ojos se abrieron y me miró fijamente. “Le contaré las reglas del juego mañana después de clases, señora.” Me dijo. Luego volvió a cerrar los ojos. ¿Qué le estaba pasando a mi hijo? En la oscuridad, no podía hacer nada más que mirar el techo, moverme de lado a lado y mirar el baño. No pude dormir esa noche. ¿Sabes cuando estás apunto de dormirte pero a veces algo te despierta? A veces imaginas que te tropiezas y caes, y te obliga a despertarte. Eso me pasó por toda la noche, sólo que lo que me despertaba era una silueta que aparecía en la puerta del baño cada vez que se me cerraban los ojos. Pero cada vez que miraba atentamente no lograba ver nada. Cada vez que cerraba los ojos, la figura aparecía de nuevo, obligándome a despertar, sólo que cada vez aparecía más cerca de mí. Esto siguió pasando toda la noche, hasta que se hizo la hora de llevar a Jesse al colegio. Esta mañana Jesse se veía muy distante, como adormecido. Yo estaba igual, pero más exhausta. Pensé en preguntarle a Jesse sobre lo que ocurrió ayer. Pero temía que volviera a pasar lo mismo de ayer. Lo lleve de camino a la escuela. Él no decía nada, parecía un robot; sin vida ni emociones. Tiempo después de haberlo dejado en la escuela recibí una llamada, para que regresara a recogerlo. Había vomitado en clase. Cuando fui a recogerlo. Se le veía igual. Le pregunté varias cosas, pero sólo me rugía como respuesta. Iba a llevarlo al doctor después de que se cambiara de ropa. No dijo nada hasta que llegamos al estacionamiento. “¿Puede Stan venir hoy a casa?” me preguntó. “No te sientes bien, cariño. ¿De verdad quieres que venga hoy?” Le pregunté. Ya quería conocer a este chico, pero no parecía que Jesse quisiera tenerlo en casa. “Sí” Me respondió. “Okay, ¿Tienes el número de sus padres?” “Él ya le preguntó a sus padres, ellos dijeron que podía venir.” “Pues todavía tenemos que esperar a que salga de clases. Y aún así quiero hablar con sus padres.” “Okay.” Jesse bajó del auto y caminamos a la entrada de la casa. “¿Tienes su número?” Le pregunté, cerrando la puerta. “No” Me contestó. Le preguntaba cómo se suponía que hablaría con sus padres si no tengo su número y si no sé donde viven, pero alguien tocó la puerta. Yo estaba parada justo al lado de ella. Abrí la puerta, y parado en frente de ella estaba el chico pálido de ojos azules que casi atropello el otro día. Una chica muy parecida a él estaba a su lado. “¿Sí?” Les pregunté. “Hola Driz, ¿Está Jesse en casa?” Dijo el chico. No sé como sabía ese apodo. No me llamaban así desde la universidad, cuando mis amigas me lo habían puesto en una noche de ebriedad, era corto para Drizzy. “No” Le respondí. “Está bien” Dijo la niña que lo acompañaba. “Mi nombre es Devin, y creo que ya conoces a mi hermano Stan.” Stan sonrió y comenzó a hablar. “Las reglas del juego son muy simples. Regla uno: No pasar frente a espejos por la noche. Regla dos: No dejar ninguna puerta abierta cuando te vayas a acostar esta noche. Pregúntale a Jesse sobre la regla tres, y recuerda esto, un rechinido significa que estás haciendo algo mal, un crujido significa que estás a punto de perder. Cuando las luces se apaguen de repente, con suerte no verás la silueta oscura observándote en una esquina de la habitación. Con suerte no sentirás su respiración en tu cuello mientras caes al suelo. Y si escuchas un golpeteo. Bueno, con suerte nunca escucharás un golpeteo.” Stan se dio media vuelta y se fue con su hermana. Me les quedé viendo mientras se iban y agité mi cabeza. No iba a ser parte de su estúpido juego. Caminé a la cocina y me encontré con Jesse sentado en una silla a un lado de la mesa, llorando. “¿Qué ocurre, cariño?” Le pregunté. “Escuché un golpeteo” Me dijo entre sollozos. Mi boca estaba seca. “¿Cuándo termina el juego?” Le pregunté. “Nunca,” Me susurró. “El juego nunca termina” Mi corazón estaba latiendo muy rápidamente. “Cuál es la regla número tres, Jesse?” Su cara perdió toda expresión y trató de reunir aliento para decirme la última regla “Regla tres. Una vez que sepas todas las reglas, ya eres un jugador.” Mi corazón se detenía. “¿Qué ocurre cuando pierdes?” “Cuando sea de noche, los oirás llegar. Les gusta hacerte saber que están cerca.” “¿Quiénes?” “Stan y Devin” Dijo Jesse. “Vendrán de cualquier espejo o puerta abierta y te arrastrarán con ellos.” “¿Cómo ganas?” “Ganas si le cuentas a más personas las reglas del juego que la persona que te las contó a ti.” Como dije al principio, lo lamento. Pero gracias por ayudarme. Lo digo sinceramente. Ahora puedo disfrutar mi libertad de nuevo. Espero que disfruten su noche. Y saluden a Stan y Devin de mi parte.
Me enamoré.

Me enamoré. Me enamoré de ella, de su sonrisa. Porque me importaba muy poco lo que pasara si ella estaba sonriendo. Y me enamoré de su boca, de su labio finito y de su labio grueso, de cada palabra que decía. Me gustaba incluso cuando se enojaba y hacia pucheros deseando que fuera por detrás y la abrazara para no soltarla, aunque me decía “salí”, y ojalá no la hubiera soltado nunca. Me enamoré, pero ya no me cuesta decirlo, aunque fue muy difícil aceptarlo. Porque me enamoré de sus ojos, ¿y qué me importa que no sean de un color especial? Eran marrones, grandes y brillantes. Me enamoré de sus ataques de éxtasis, de cuando cantaba bajito porque estaba feliz, pero no quería que la escuchara, de sus bailes y de la manera en que movia la cabeza cuando la canción le gustaba. De cuando me abrazaba fuerte porque decía que tenía miedo de perderme, cuando me decía “no me dejes nunca”, cuando me apretaba porque solo yo sabía que era entonces cuando tenía que quererla más que nunca. Me enamoré de su inteligencia, de lo perceptiva que era cuando algo le apasionaba y de lo tonta que se ponía a veces, incluso de cuando fingía serlo. De lo mucho que le costaba hacer cosas que no le gustan. De cuando me insultaba porque era así como ella disfrazaba las palabras lindas, y eso solo lo sabía yo. De los apodos de animales y comida. De sus abrazos y a veces me hacen falta algunos, bueno todos. De sus pies helados en la cama, de sus abrazos dormida. De cómo se tapaba la boca cuando la veía comer, de los gestos disfrutando la comida que yo le preparaba, de cuando se tapaba la cara porque decía que estaba fea y yo no podía dejar de mirarla, quizás porque para mí, fuera como fuera, siempre estaba preciosa, y ella me desacreditaba diciendo que yo siempre la veía linda, es que siempre lo estaba. De eso me enamoré, de lo bueno y de lo malo. De sus ganas de estar conmigo, pero también de su orgullo, porque cuando creía que iba a perderme del todo, se lo tragaba, me fui tantas veces queriendo que me diga quédate y sé que ella quería decirlo. Qué inocente, si yo era la que perdía la cabeza por ella, siempre la perdí y la perderé por ella. Dios, me gustaba tanto. Me gustaba cuando rodeaba mi cuello y jugaba a estar a dos centímetros de mi boca sin besarme, solo para ver quién aguantaba más sin hacerlo. Me enamoré de la manera en que venía abrazarme por atrás cuando estaba cocinando, de la manera en que me miraba cuando yo fastidiosa estaba concentrada en algo. De sus prisas, de lo colgada que era después de bañarse y siempre, de sus ganas de tenerlo todo siempre controlado pero sin querer encargarse de nada, y de la voz que ponía cuando le desmontaba todos sus planes, como si de repente volviese a tener cinco años. De como arrugaba la frente cuando se enojaba o algo le fastidiaba. De su vergüenza y de lo nerviosa que se ponía a la mínima. De su amor por los animales. De cómo temblaba, de cómo era capaz de calmarme, de la paz de dormir a su lado, de cuidarla, de que me cuide. Me enamoré. Me enamoré de su risa, por muy fea que dijera que estaba cuando lo hacía, de su dentadura perfecta. Por eso y sus “Te amo” que tanto le costaba decir pero que logre enseñarle a decirlo seguido. ¿Es que no entendes? Me enamoré de cómo era, de cómo hacía lo mismo que todo el mundo y a la vez conseguía ser diferente, no sé. De sus manos. De la manera en que picaba las verduras. De su forma de quererme. Que ella creía que no me daba cuenta, pero sé que me quería. La amaba, con sus más y con sus menos. Con sus idas y venidas, con su mal humor, con su facilidad intermitente de sus mensajes en los que decía que me extrañaba. De todas las conversaciones, incluso de las que borraré si acaba todo. De los tantos años de apoyarnos en todo. De sus intentos de ponerme celosa y de lo celosa que se ponía cuando tenía amigas nuevas. Sabía que era única para mi pero creyó que me cansaría, como me cansaba de todo, pero no de ella. De todas las canciones, de su voz y de su olor, que siempre aparece cada cierto tiempo para recordarme que estoy sin ella. De su piel, como amaba la suavidad de su piel. De su forma de ser. De sus enojos, cuando le daba por recordarme lo importante que era para ella y de sus “callate” cuando la imitaba con voz ridícula. De cómo se burlaba de todas esas cosas cursis, incluso de su nombre escrito en mis cuadernos, o cuando usaba la palabra “contigo”. De la cara que ponía cuando me metía con ella y le daba el triple de importancia solo para que le pidiera perdón un par de veces. Me gustaba su intento de cuidarme aunque, sinceramente, me gustaba mucho más cuando era ella la que se sentía protegida a mi lado. De nuestros mil momentos y bueno, de ellos sigo enamorada. Es que por gustar, me gustaban hasta sus ojeras que le aparecían cuando se quedaba hablando conmigo hasta las tantas, de su cara de cansada cuando nos desvelábamos antes de sus exámenes. De su flequillo cuando llovía, de su voz en formato susurro cuando hablábamos por teléfono desde la cama y no quería que sus padres la escucharan, de cómo corría cada vez que llegaba tarde por mi culpa, o por su propia culpa. De sus besos, aunque siempre quisiera más, esos besos chiquitos, los grandes, los largos, los cortos, los besitos de esquimal, los que tenían pasión y los que tenían prisa. Ella era la pieza perfecta de mi rompecabezas. Cuánto daría por romper sus esquemas y convencerla de que quizás a mi lado no se está tan mal.

Esto es un texto que encontré, sin autor por eso no lo cito, y que yo modifique para que sea más “personalizado”.

Los signos que..... :v (parte 2)

Los signos que al ver gente en la acera se pasan al frente para que no los saluden, miren o toquen  :v… ARIES, LEO, CAPRICORNIO, ESCORPIO

signos que al ver a esa persona especial tienes ganas de morir… pero morir en sus brazos :3…..PISCIS, CANCER, LIBRA, VIRGO

Los signos que en ves de dormir en su cama duermen en el suelo :vvv: SAGITARIO, TAURO, GEMINIS, ACUARIO

Imagina esto: Llegas un día de la escuela. Otra vez tuviste un día horrible. Tú estás lista para darte por vencida. Entonces vas a tu habitación, cierras la puerta, y sacas esa nota suicida que escribiste y escribiste y volviste a escribir. Sacas esas navajas para rasurarse, y te cortas una última vez. Tomas la pequeña botella de pastillas y te las tomas todas. Acostándote, apretando la nota contra tu pecho, cierras tus ojos para siempre. Unas horas más tarde, tu hermano pequeño toca tu puerta para decirte que la cena esta lista. Tú no respondes, entonces él decide entrar. Todo lo que ve es a ti acostada en tu cama, así que él piensa que estas dormida. Le dice a tu mamá esto. Tu mamá va a tu cuarto para despertarte. Ella nota que algo está mal. Ella toma el papel que está en tu mano y lo lee. Sollozando, ella intenta despertarte. Ella grita tu nombre. Tu hermano pequeño, muy confundido, corre a decirle a tu papá "Mami, está llorando y ______ no despierta." Tu papá corre a tu habitación. El ve a tu mamá, llorando, apretando esa nota contra su pecho, sentada junto a tu cuerpo sin vida. Él se da cuenta de lo que está pasando y grita. El grita y comienza a lanzar cosas a la pared. Y después, tirado de rodillas, el comienza a llorar. Tu mamá se arrastra para estar junto a él, y se sienta ahí, abrazados, llorando. El día siguiente en tu colegio, hay un anuncio. El director les dice a todos sobre tu suicidio. Tarda unos segundos para que todos capten, y cuando lo hacen, todos están en silencio. Todos están culpándose a sí mismos. Tus profesores piensan que fueron demasiado duros contigo. Esas "malas" chicas populares, se ponen a pensar en todo lo que te decían. El chico que solía molestarte y ponerte sobrenombres, él no sabe qué hacer más que odiarse a sí mismo, por nunca haberte dicho lo hermosa que eras en realidad. Tu ex novio, el que también te dijo todo eso, ese que rompió contigo... No lo puede controlar. Se derrumba, comienza a llorar y se va corriendo de la escuela. ¿Tus amigos? Ellos también están sollozando, pensando en cómo no se pudieron dar cuenta de que algo estaba mal, deseando haber podido ayudarte antes de que fuera muy tarde. ¿Y tú mejor amiga? Ella está en shock. No lo puede creer. Ella sabía por lo que estabas pasando, pero nunca pensó que fuera tan mal... Que fuera tan mal para ti como para acabarlo. Ella no puede llorar, no puede sentir nada. Ella se para y sale del salón de clases y se tira al piso. Temblando, gritando, pero las lágrimas siguen sin salir. Ya pasaron unos días, ya es tu funeral. Todo el pueblo asistió. Todos te conocían, esa chica de la gran sonrisa con esa hermosa personalidad. La que siempre estaba ahí para todos, el hombro en el que podías llorar. Muchas personas hablan de los buenos recuerdos que tenían contigo. Todos están llorando, tu hermano pequeño sigue sin saber que te suicidaste, todavía es muy joven. Tus padres le dijeron que habías muerto. Le duele. Eras su hermana mayor, se suponía que ibas a estar ahí para él. Tu mejor amiga sigue siendo fuerte durante todo el funeral, pero a la hora de ver como bajan el ataúd al suelo, se descontrola. Ella llora y llora por días y no puede parar. Ya pasaron dos años. Todo el colegio habla con un psicólogo mínimo una vez a la semana. Esas chicas que solían molestarte, ahora tienen problemas alimenticios. Ese chico que solía molestarte, se corta. Tu ex novio ya no sabe lo que es amar y solo se acuesta con chicas. Todos tus amigos cayeron en la depresión. ¿Tú mejor amiga? Intento suicidarse. No pudo pero lo intento... ¿Tu hermano? Ya sabe toda la verdad sobre tu muerte. Él se lástima, llora todas las noches, hace exactamente lo mismo que tu hacías hace unos años. ¿Tus papás? Su matrimonio se destruyó. Tu papá se volvió alcohólico para distraerse de tu muerte. A tu mamá le diagnosticaron depresión y se la vive acostada en su cama todo el día. A la gente le importa. Tal vez no pienses eso, pero les importa. Tus decisiones no solo te afectan a ti. Les afectan a todos. No acabes con tu vida, tienes mucho por vivir. Las cosas no pueden mejorar si te rindes. Estoy aquí para lo que necesites, no importa si no nos conocemos o nunca hemos hablado. Aquí estoy para ti.

Lo encontre por ahí.

*La ventana en el hospital*

Esta es una historia muy hermosa que me encantaría compartirla con todos ustedes:

Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba.

Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, dónde habían estado de vacaciones.

Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosa que podía ver desde la ventana. El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior.

La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad.

Según el hombre de la ventana describía todo esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.

Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.

Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarlos, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía. Se llenó de pesar y llamó a los ayudantes del hospital, para llevarse el cuerpo.

Tan pronto como lo consideró apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambió encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación.

Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo él mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama… y se encontró con una pared blanca.

El hombre preguntó a la enfermera qué podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana. La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y le indicó: “Quizás sólo quería animarlo a usted”. 

El corazón delator. (Cuento completo) de Edgar Allan Poe.

¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen… y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.

Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre… Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre. Y así, poco a poco, muy gradualmente, me fui decidiendo a matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.

Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio… ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado… con qué previsión… con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puerta y la abría… ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ninguna luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente… muy, muy lentamente, a fin de no perturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la abertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente… ¡oh, tan cautelosamente! Sí, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras), la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches… cada noche, a las doce… pero siempre encontré el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo. Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.

Al llegar la octava noche, procedí con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez de lo que se movía mi mano. Jamás, antes de aquella noche, había sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresión de triunfo. ¡Pensar que estaba ahí, abriendo poco a poco la puerta, y que él ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reí entre dientes ante esta idea, y quizá me oyó, porque lo sentí moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensarán que me eché hacia atrás… pero no. Su cuarto estaba tan negro como la pez, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabía que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguí empujando suavemente, suavemente.

Había ya pasado la cabeza y me disponía a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbaló en el cierre metálico y el viejo se enderezó en el lecho, gritando:

-¿Quién está ahí?

Permanecí inmóvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no moví un solo músculo, y en todo ese tiempo no oí que volviera a tenderse en la cama. Seguía sentado, escuchando… tal como yo lo había hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.

Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena… ¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido, cuando se movió en la cama. Había tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba: “No es más que el viento en la chimenea… o un grillo que chirrió una sola vez”. Sí, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano, porque la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.

Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.

Así lo hice -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.

Estaba abierto, abierto de par en par… y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo vi con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.

¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es sólo una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.

Pero, incluso entonces, me contuve y seguí callado. Apenas si respiraba. Sostenía la linterna de modo que no se moviera, tratando de mantener con toda la firmeza posible el haz de luz sobre el ojo. Entretanto, el infernal latir del corazón iba en aumento. Se hacía cada vez más rápido, cada vez más fuerte, momento a momento. El espanto del viejo tenía que ser terrible. ¡Cada vez más fuerte, más fuerte! ¿Me siguen ustedes con atención? Les he dicho que soy nervioso. Sí, lo soy. Y ahora, a medianoche, en el terrible silencio de aquella antigua casa, un resonar tan extraño como aquél me llenó de un horror incontrolable. Sin embargo, me contuve todavía algunos minutos y permanecí inmóvil. ¡Pero el latido crecía cada vez más fuerte, más fuerte! Me pareció que aquel corazón iba a estallar. Y una nueva ansiedad se apoderó de mí… ¡Algún vecino podía escuchar aquel sonido! ¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez… nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo. Pero, durante varios minutos, el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Claro que no me preocupaba, pues nadie podría escucharlo a través de las paredes. Cesó, por fin, de latir. El viejo había muerto. Levanté el colchón y examiné el cadáver. Sí, estaba muerto, completamente muerto. Apoyé la mano sobre el corazón y la mantuve así largo tiempo. No se sentía el menor latido. El viejo estaba bien muerto. Su ojo no volvería a molestarme.

Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas.

Levanté luego tres planchas del piso de la habitación y escondí los restos en el hueco. Volví a colocar los tablones con tanta habilidad que ningún ojo humano -ni siquiera el suyo- hubiera podido advertir la menor diferencia. No había nada que lavar… ninguna mancha… ningún rastro de sangre. Yo era demasiado precavido para eso. Una cuba había recogido todo… ¡ja, ja!

Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora?

Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Durante la noche, un vecino había escuchado un alarido, por lo cual se sospechaba la posibilidad de algún atentado. Al recibir este informe en el puesto de policía, habían comisionado a los tres agentes para que registraran el lugar.

Sonreí, pues… ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla. Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran, a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Les mostré sus caudales intactos y cómo cada cosa se hallaba en su lugar. En el entusiasmo de mis confidencias traje sillas a la habitación y pedí a los tres caballeros que descansaran allí de su fatiga, mientras yo mismo, con la audacia de mi perfecto triunfo, colocaba mi silla en el exacto punto bajo el cual reposaba el cadáver de mi víctima.

Los oficiales se sentían satisfechos. Mis modales los habían convencido. Por mi parte, me hallaba perfectamente cómodo. Sentáronse y hablaron de cosas comunes, mientras yo les contestaba con animación. Mas, al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. El zumbido se hizo más intenso; seguía resonando y era cada vez más intenso. Hablé en voz muy alta para librarme de esa sensación, pero continuaba lo mismo y se iba haciendo cada vez más clara… hasta que, al fin, me di cuenta de que aquel sonido no se producía dentro de mis oídos.

Sin duda, debí de ponerme muy pálido, pero seguí hablando con creciente soltura y levantando mucho la voz. Empero, el sonido aumentaba… ¿y que podía hacer yo? Era un resonar apagado y presuroso…, un sonido como el que podría hacer un reloj envuelto en algodón. Yo jadeaba, tratando de recobrar el aliento, y, sin embargo, los policías no habían oído nada. Hablé con mayor rapidez, con vehemencia, pero el sonido crecía continuamente. Me puse en pie y discutí sobre insignificancias en voz muy alta y con violentas gesticulaciones; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Anduve de un lado a otro, a grandes pasos, como si las observaciones de aquellos hombres me enfurecieran; pero el sonido crecía continuamente. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Lancé espumarajos de rabia… maldije… juré… Balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del piso, pero el sonido sobrepujaba todos los otros y crecía sin cesar. ¡Más alto… más alto… más alto! Y entretanto los hombres seguían charlando plácidamente y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían… y se estaban burlando de mi horror! ¡Sí, así lo pensé y así lo pienso hoy! ¡Pero cualquier cosa era preferible a aquella agonía! ¡Cualquier cosa sería más tolerable que aquel escarnio! ¡No podía soportar más tiempo sus sonrisas hipócritas! ¡Sentí que tenía que gritar o morir, y entonces… otra vez… escuchen… más fuerte… más fuerte… más fuerte… más fuerte!

-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí… ahí!¡Donde está latiendo su horrible corazón!

FIN

¿Qué pasaría si Sucrette fuese a dormir a casa de los chicos?

Hablando del episodio 35 con una amiga, hemos estado charlando sobre la escena en la que estás o con tu chico y Armin, o con Armin solo, donde tenemos que ir al instituto por la noche y escaparnos por primera vez en la noche en el instituto. Y ella me pidió que narrase lo que creo que hubiese sucedido si hubieras ido a su casa y lo hubiesen propuesto más tarde.

Si queréis que haga facts reales con diálogos, dadme notes o reblogs y los haré de este tema.

También quiero recordar que haré los facts que queráis, pedirlo. Estaré encantada de escribirlos para vosotros. (Eldarya y Corazón de Melón)

Lysandro.

1.    Probablemente Leigh estaría bastante sorprendido y hablaría de ello con Lysandro y Rosalya, ya que probablemente Leigh está al tanto a medias de la relación que tiene Sucrette con Lysandro.

2.    Lysandro sería un completo caballero, probablemente él no haría nada subido de tono, solo la besaría y estaría todo tímido por su presencia en su casa. Después de todo aún es temprano para que ellos hagan esas cosas.

3.    Lysandro cedería su cama a Sucrette, incluso si hace falta, en vez de dormir con Leigh iría al sofá o, si tienen una habitación de invitados, iría él, para que Sucrette esté lo más cómoda posible.

4.    Intentaría hablar un rato con ella, en el salón, dándole una taza de té para disfrutar de la vista de la luna del ventanal del salón. Mientras charlaban o incluso Lysandro recitaría algún poema para Sucrette.

5.    Una vez que acabasen de charlar, Lysandro acompañaría a Sucrette a su cuarto y se despedirían con un “buenas noches” con un beso suave y dulce. Un poco tímidos ambos por la situación en la que se encontraban.

6.    Lysandro tardaría un poco en dormir, pensando que el aroma de Sucrette está en su cama ahora, deseando que el día siguiente continuase en sus mantas y sábanas, además de ello, probablemente escribiría en su libreta apuntes sobre ella y crearía alguna canción para tocar con Castiel.

7.    Cuando fuese de mañana, iría a despertarla con suavidad, bastante temprano para tener tiempo de pasar más con ella, solos, ya que Leigh estaría ya trabajando.

8.    Estaría muy feliz de que ella estuviese en su casa, aunque estuviese tímido por la situación en la que se encontraba con su novia, Lysandro tocaría su rostro y quitaría los cabellos de Sucrette, mirándola mucho y sonriendo, eso probablemente lo inspiraría otra vez, y se pondría a escribir mirándola.

9.    Probablemente Sucrette se despertaría sola y lo encontraría escribiendo en su habitación mirándola, eso la pondría nerviosa, pero Lysandro continuaría concentrado en lo que escribía hasta el final.

10.  Una vez estuviesen despiertos, Lysandro habría hecho un desayuno en condiciones para Sucrette. Haría probablemente un café  o un té y unas tostadas con diferentes tipos de mermelada y también mantequilla. Incluso cogería pan para ella por si no quería unas tostadas.

11.  Saldrían de la casa tranquilamente y cogidos de la mano, sonrientes, yendo al instituto y hablando un poco, más tranquilos pero angustiados por no poder estar juntos.

Nathaniel.

1.    Nathaniel estará feliz y al mismo tiempo increíblemente nervioso cuando llegaran a su casa.

2.    Probablemente él estaría diciéndote todo el tiempo que se sienta lo más cómoda posible y que puede coger lo que quiera, cuando quiera y de dónde quiera, con las mejillas rojas y un poco nervioso.

3.    Sucrette y Nathaniel probablemente se mirarían nerviosos y acabarían sentándose en el sofá sin saber que decir y se reirían tímidos. Incluso puedo decir que, cuando se acercasen un poco, como tomarse de las manos o abrazarse, incluso besarse, serían interrumpidos por Blanca.

4.    Cuando tocase la hora de ir a dormir, probablemente Nathaniel estaría tan nervioso por su presencia que no sería capaz de dormir.

5.    Me imagino que la casa de Nathaniel tendrá dos habitaciones y probablemente Nathaniel la llevaría también a su cuarto, completamente considerando que se sentiría más cómoda en su habitación en vez de cederle una fría habitación de invitados sin gran cosa.

6.    Cuando Sucrette se fuese a la cama, por petición de Nathaniel ya que deberían ir al instituto mañana, Nathaniel no podría dormir muy bien pensando que Sucrette está por primera vez en su casa. Así que estaría constantemente mirando al techo hasta que el sueño le pudiese.

7.    En el momento que Nathaniel tuviese que levantarse, se daría una buena ducha, una larga en la que pudiese pensar, ya que él seguro que es de las personas que madrugan un montón, pensando en que parecían casados o algo así, y eso lo pondría aún más tímido. Sus pensamientos derivarían en la vez que Sucrette lo abrazó y terminaría por ponerse completamente rojo en la ducha.  

8.    Prepararía café e iría a mirar si Sucrette está despierta, luego de preparar las tazas para servir el café.

9.    Tocaría a la puerta y entraría al no recibir respuesta, entraría vacilante avisando de nuevo que va a entrar. Encontrando a una Sucrette dormida y despreocupada. Se sentiría increíblemente feliz y se acercaría a despertarla, arrodillándose para mirar su cara dormida pacíficamente. Extendería su mano para tocar su cara y cuando ella se despertase ante su tacto, él se caería hacia atrás, sonrojado, por la sorpresa. Sucrette sonreiría y también estaría avergonzada y él abandonaría la habitación para que se vistiera diciendo que había preparado el desayuno, no sin antes besarla con una gran sonrisa.

10.  Darían de comer a Blanca y estarían observándola suavemente un rato mientras jugueteaban brevemente con ella y tomaban el café.

11.  Se irían cogidos de la mano y avergonzados, pero felices, deseando que esto volviese a pasar otra vez pero que esta vez… pudiesen dormir juntos.

Armin

1.    Cuando Sucrette llegase a casa de Armin, él estaría todo despreocupado y feliz, probablemente Alexy estaría más que sorprendido, como sus padres, que estarían toda la noche en el rato que están todos juntos, picando. Pero Armin estaría divertido con la situación por las caras y rubores que tendría Sucrette, incluso aunque él también estaba un poco nervioso.  

2.    En el momento que tuviesen que irse a dormir, Armin se pondría nervioso y acordaría algo con Alexy como que le cediese su habitación, ya que la suya probablemente estaría toda desordenada. Así que, en este momento, estarían durmiendo juntos y Sucrette en la habitación de su hermano.

3.    Cuando los padres se fuesen a dormir, Armin iría a la habitación de su hermano, donde su novia estaría intentando conciliar el sueño. En este momento se quedaría sentado junto a ella en la cama, diciendo cosas para relajar el ambiente.

4.    Puede que trajese su consola y la rodearía desde atrás, con sus brazos, y jugando con ella para que se tranquilizase. Una vez que las partidas terminasen, la besaría y le desearía dulces sueños, dejándola allí más tranquila y ruborizada.

5.    Probablemente Armin estaría durmiendo tranquilamente y a pierna suelta, ya que es despreocupado y atrevido.

6.    Iría a despertar a Sucrette, haciendo cosquillas por su cuerpo o incluso soplando en su oído y besando su cuello o labios, sí, seguramente él haría algo como eso.

7.    Cuando se despertasen, desayunarían todos juntos, mientras que Armin, estaría sujetando la mano de Sucrette por debajo de la mesa y bebiendo cola cao con sus galletas de dinosaurios.

8.    Probablemente cuando los padres se fueran a trabajar y ellos se preparasen para ir al instituto, Armin haría un montón de bromas con que si la ayuda a vestirse y se dedicaría a corretear haciéndole perder el tiempo para vestirse, en la habitación de su hermano.

9.    Armin cogería sus cosas y ayudaría a Sucrette a llevar su mochila donde tiene su muda y la ropa que ha usado ayer, probablemente diría algún comentario friki declarándose como un héroe y besaría su mejilla haciendo que su novia se sonrojase y echaría a andar hasta la puerta diciendo que es adorable mientras duerme.

10.  Los tres saldrían de casa, la pareja agarrada de la mano y charlando con Alexy, cogidos de la mano.

11.  En medio de la marcha al instituto, o incluso nada más salir, Armin probablemente susurraría que la próxima vez deberían dormir juntos.

Kentin.

1.    Tras llegar a casa de Kentin, el padre estaría esperando por verla, con la madre, haciendo que Kentin estuviese más avergonzado que nunca. Probablemente se sentarían a charlar sobre los motivos por los que ella iba a quedarse en su casa. Haciendo sentir un poco incómodos a ambos.

2.    La madre de Kentin y Kentin prepararían un poco el cuarto de invitados, mientras que el padre hablaría con Sucrette, haciendo que Kentin estuviese un poco preocupado y más nervioso que antes.

3.    Una vez que todo estuviese listo para que Sucrette durmiese en el cuarto, los padres de Kentin irían al cuarto, porque probablemente la madre de Kentin hubiera insistido y el padre ya aceptaría a Sucrette, quien siempre fue amable y bondadosa con su hijo, nada parecida a Amber.

4.    Kentin estaría un poco tímido cuando ellos se quedasen juntos en el salón, solos antes de dormir. Se sentarían en el sofá a charlar y se mirarían suavemente, estarían hablando levemente sobre todo un poco. Pero Kentin acabaría recortando la distancia, tomando su mano y ruborizándose intensamente.

5.    Se despedirían en la puerta de la habitación de invitados y se mirarían levemente, sonreirían un poco tímidos y se besarían un par de veces, probablemente Kentin se sentiría un poco triste por tener que separarse ahora cuando estaban tan juntos ahora. Pero accedería lentamente.

6.    Se iría a su cuarto y se tumbaría en la cama, reflexionando sobre ella, pensando la suerte que tiene y ruborizándose, deseando que ella estuviese incluso ahora con él.

7.    Dormiría poco por los nervios y las ansias de que ella estuviese en su casa.

8.    Cuando se despertará, probablemente iría corriendo a comprobar si Sucrette está en el cuarto de invitados, porque para él es como un sueño que ella estuviese en su casa.

9.    Iría a ver a su madre, quien ya tenía el desayuno listo y hablarían sobre Sucrette un rato, avergonzándolo más antes de ir a despertarla.

10.  Cuando fuese a despertarla, se quedaría embelesado con ella, sonriendo constantemente y queriendo quedarse así durante mucho tiempo. Tocaría su cara dulcemente, y seguiría observándola, hasta que su madre gritase que llegarían tarde. Así que, se sobresaltaría y la despertaría sacudiendo suavemente su hombro mientras continúa acariciándole el rostro.

11.  Luego de desayunar, irían a caminar antes del instituto, en vez de que él saliese a correr como de costumbre, aprovechando el tiempo para pasar con ella, abrazándola y sonriendo. Estaría feliz por todo un mes solo con esto.

Castiel.

1.    Castiel estaría un poco ansioso, porque, por mucho que se haga el atrevido, ahora la cosa está un poco más seria y tiene que ser cuidadoso.

2.    Tras guiarla a su casa, probablemente la invitaría adentro diciéndole que se relajase, incluso aunque él estaría también un poco nervioso porque debería controlarse un poco.

3.    Demonio iría a recibirlos feliz, y mientras ella acaricia a su fiel compañero, probablemente Castiel le traería una bebida tras preguntar, una vez que se la entregase, probablemente se sentaría en el sofá junto a ella.

4.    Charlarían un poco, hasta que Castiel decidiese juguetear un poco como cuando estuvo en su piso, acercarse a ella y comenzar a besarla con un comentario como “necesitas que te relaje… ¿otra vez como en tu casa?”. Y comenzaría a besarla intensamente. Estoy segura de que se detendría porque, con la suerte que tienen, seguro que Demonio interrumpe. Tras esa situación, probablemente le diría que se fuera a la cama, diciéndole la puerta que lleva a su habitación.

5.    Iría a darse una ducha porque, la sesión de besos, había sido bastante excitante para él por tenerla tan indefensa en su sofá, recibiendo sus ardientes besos y suspirando ante ellos.

6.    Entraría en la habitación en boxers encontrándola en la cama, totalmente estática y avergonzada. Él explicaría que, amablemente va a cederle su cama pero que no va a renunciar a ella.

7.    Seguramente dejaría que ella secara su cabello y se acostaría a su lado, diciéndole que se acercase a él que no la iba a comer… o sí. Probablemente diría que la prefiere con su camiseta y sus bragas, pero que se alegra de descubrir que pijama lleva.

8.    Quedaría dormido abrazándola, tras besarla una vez para evitar tentaciones.

9.    Se despertaría después de su novia, probablemente, y nada más ser despertado por ella, la besaría y le diría que no fueran a clase ese día.

10.  Desayunarían luego de vestirse, y él desde luego no haría el desayuno, se tomaría lo que hiciera y bromearía con que no está bueno. Se meterían el uno con el otro, mientras desayunaban y finalmente Castiel la besaría, mientras le decía que había estado riquísimo.

11.  Cuando fuesen al instituto, Castiel la tomaría de la mano mientras comentaba que la próxima vez que se quedase lo del sofá no se quedaría ahí. En el fondo estaría algo nervioso porque ella ha estado en su casa, pero nunca lo demostrará.  

Sign of the Times - One Shot Wigetta

Leerlo mientras escuchan la canción para que lloren mas :v

Las notificaciones de Twitter empezaron a llegar, hermosos Tweets de edits, felicitaciones y más cosas sobre su cumpleaños, no es que fuera un malagradecido pero de verdad no tenía ganas de dar me gusta o dar Rt. Apenas había empezado su cumpleaños y ya estaba llorando.

Tuvo que detener su llano un poco antes de contestar la llamada de sus padres, intento sonar lo más calmado posible agradeciendo a sus padres y prometiéndoles que pronto los visitaría.

Tan pronto colgó la llamada sus lágrimas volvieron a salir, observaba Instagram desde su móvil, se veía feliz con ella, aunque no fuera una foto juntos sabía que lo estaban.

Tenía la esperanza de que pasaría su cumpleaños junto al él, pero dos días antes se había ido, no de la casa, de viaje y le había dejado solo. Prefirió irse con ella antes que estar con su mejor amigo. Eso dolía.

Muchas graciaaaas por las felicidades :P

Intento no preocupar a sus seguidores posteando ese insignificante tweet.

Deseaba tenerlo junto a él, que lo abrazara como anteriores noches lo había hecho, antes de que ella llegara, extrañaba esos momentos donde solo eran ellos dos, sin personas de por medio, sin miedos, cuando el todavía no la había cagado, porque sí, él había echado a perder todo lo bonito que tenían por sus temores.

Just stop your crying.

It’s a sign of the times.

Welcome to the final show.

Hope you’re wearing your best clothes.

You can’t bribe the door on your way to the sky.

You look pretty good down here.

But you ain’t really good.

[…]

Despertó solo en su cama, como las últimas noches, extrañaba que Guillermo le despertara con besos en su cara, con mimos y susurros cariñosos bajo las sabanas de la cama, el calor de su piel y esa voz diciendo “Buenos días cariño”.

Se levantó de la cama sin ánimos, preparando un desayuno sencillo, últimamente no estaba comiendo bien pero no importaba. Escucho como la puerta era tocada así que decidió atender encontrándose con unas chicas que bien conocía, las editoras de sus libros.

Entre felicitaciones y regalos estuvieron un buen rato platicando, al menos se le había olvidado el hecho de que el pelinegro no llegaría ese día para estar junto a él. Debía hacerse a la idea de que hoy la iba a pasar solo.

If we never learn, we been here before.

Why are we always stuck and running from,

The bullets?

The bullets.

We never learn, we been here before.

Why are we always stuck and running from,

The bullets?

The bullets.

Todo el día se había entretenido grabando y preparando las cosas para el directo que haría en un rato junto a sus compañeros, al menos con ellos podría pasarla mejor.

Parecía que hoy estaba todo en contra de él, le habían estado tirando el directo y había tenido que ir a casa de Frank y Abel para poder continuar, estos le habían convencido de que la pasara con ellos, sabían bien todo lo que pasaba entre él y Guillermo y lo que menos querían es que este se deprimiera más.

Tragos, música y amigos era lo que necesitaba para animarle un poco, ya eran las 4 de la mañana y aún seguían festejando, si estaban un pelín borrachos pero todo valía la pena. Había dejado la tristeza atrás y olvidado el hecho que le pelinegro estaba muy lejos de él y quizás no volvería ese día.

Ojala todo volviera a ser como antes.

Just stop your crying.

It’s a sign of the times.

We gotta get away from here.

We gotta get away from here.

Just stop your crying.

Baby it will be alright.

They told me that the end is near.

We gotta get away from here.

Eran ya las 7:00 am cuando ya estaba de regreso en casa, se había dado una ducha para quitarse un poco lo ebrio, no lo estaba mucho pero aun así olía a alcohol. Salió de la ducha dispuesto a dormir un poco cuando la puerta principal era abierta.

Se extrañó un poco pero todo tuvo sentido, la única persona que tenía llaves de la casa era Guillermo. Sus se empañaron y las lágrimas volvieron a salir.

-¿Samuel? –Se escuchó como el pelinegro le llamaba desde la sala. -¿Dónde estás? –El llanto del mayor se hizo más fuerte y un jadeo salió de su boca.

En el marco de la puerta estaba Guillermo, parecía haber corrido por su frente perlada de sudor y su respiración agitada. Observo como el mayor lloraba en silencio y pronto su corazón se oprimió.

-Guille… -Murmuro entre el llanto.

Rápidamente esos pequeños brazos lo rodearon abrazándolo con fuerza, se dio cuenta que Guillermo también estaba llorando. Dos corazones rotos se volvían a encontrar para ver si formaban uno solo.

Se separaron poco a poco observando sus rostros, Guillermo limpio con sus pulgares las lágrimas del mayor y beso castamente los labios.

-Lo siento mucho Samu –Susurro.

-No digas nada y solo abrázame –Suplico Samuel siendo inmediatamente abrazado por el menor.

Se dejaron caer en la cama abrazados, suspirando, oliendo el aroma de los dos y sintiendo sus corazones latir con fuerza. No había nada más que decir, solo dejar que el tiempo hiciera lo suyo.

We don’t talk enough.

We should open up.

Before it’s all too much.

Will we ever learn?

We’ve been here before.

It’s just what we know.

Stop your crying baby.

It’s a sign of the times.

We gotta get away.


#Wigetta

"Nota de suicidio de un chico."

Una vez en un pedazo de papel amarillo con líneas verdes él escribió un poema
Y lo llamó “Chops”, ya que era el nombre de su perro
Y de eso se trataba todo
Y su maestro le dió una A y una estrella de oro
Y su madre la colgó en la puerta de la cocina y lo leyó a sus tías.
Ese fue el año en el que el Padre Tracy llevó a todos los niños al zoológico
Y los dejó cantar en el autobús
Y su hermanita nació con los pies pequeños y sin pelo
Y su madre y su padre se besaron mucho
Y la niña de la esquina le envió para San Valentín una firma con una fila de X   y tuvo que preguntarle a su padre que significaban
Y su padre siempre lo había metido en la cama por la noche
Y estaba siempre dispuesto a hacerlo.

Una vez más en un pedazo de papel blanco con líneas azules escribió un poema
Y lo llamó “Otoño”, porque ese era el nombre de la temporada
Y de eso se trataba todo
Y su maestro le dió una A y le pidió que escribiera más claramente
Y su madre nunca la colgó en la puerta de la cocina por la nueva pintura
Y los niños le dijeron que el Padre Tracy fumaba puros
Y que dejaba las colillas en los bancos de la iglesia
Y algunas veces quemaba los bancos dejando agujeros
Ese fue el año que su hermana usó gafas gruesas y marcos de color negro
Y la chica de la esquina se echó a reír cuando él le pidió ir a ver a Santa Claus
Y los niños le dijeron porqué su madre y su padre se besaban tanto
Y su padre nunca lo metió en la cama por la noche
Y su padre se enojó cuando él lloró para que lo hiciera.

Una vez más en un papel arrancado de su cuaderno de notas escribió un poema
Y lo llamó “Inocencia: Una Pregunta” porque esa era la pregunta acerca de su chica
Y su maestro le dió una A y una extraña mirada fija
Y su madre no la colgó en la puerta de la cocina, porque nunca se la mostró
Ese fue el año en que murió el Padre Tracy
Y él se olvidó de cómo era el final del Credo de los Apóstoles
Y atrapó a su hermana haciéndolo en el porche trasero
Y su madre y su padre nunca se besaron o hablaron incluso
Y la chica de la esquina llevaba demasiado maquillaje
Que lo hizo toser cuando la besó, pero él la besó de todos modos porque eso era lo que debía hacer
Y a las 3 a.m. se metió en la cama mientas su padre roncaba porfundamente.

Es por eso que en la parte posterior de una bolsa de papel marrón trató con otro poema
Y lo llamó “Absolutamente nada” porque eso es lo que realmente era todo.
Y él mismo se dió una A y un corte en cada maldita muñeca
Y lo colgó en la puerta del baño porque esta vez no creía poder alcanzar llegar a la cocina.