en su cama

Nunca comprendí a mis padres, siempre fui la chica inteligente, juiciosa, que no salía de fiesta, que prefería quedarse en su cama viendo una película, que ir con sus amigos a consumir drogas, ir de fiestas, fumar, alcoholizarse, etc. Pero aún así nunca fue suficiente, porque ellos siempre esperaban un poco más, y me decian “porque no puedes ser como el resto de hijos”,  yo anhelaba que ellos se sintieran orgullosos de mí, y por eso me esforzaba aún más. Ahora me doy cuenta que de nada me vale el orgullo de mis padres, si ni siquiera yo estoy orgullosa de mí misma, me limité de cosas que me gustaban, de cosas me hacían sentir bien, solo para que ellos pudiesen sentir "orgullosos" de mi, mientras yo, ni siquiera me sentía bien de quién era, después entendí, que tener el orgullo de los padres es algo superficial y estar cómodo contigo mismo es lo mejor que puede pasar, por eso, siempre piensa en ti primero, al final de todo tú eres el dueño de tu vida.
Primero, quiero pedirle disculpas a todos los que están leyendo esto. De verdad lo lamento. Estoy viniendo a ustedes en un momento de necesidad. Lo único que pido de ustedes es que lean la historia completa, eso es lo único que necesito. Mi nombre es Andrea, soy una madre soltera. No les digo esto con el propósito de recibir una medalla o de que me feliciten como muchas otras del círculo social al que pertenezco. Ellas sólo quieren palmaditas en la espalda y que les den reconocimiento; sólo quiero algo de tu tiempo. Veo a la maternidad como un fastidio. Es algo necesario, sí, pero es algo fastidioso también. Mi hijo se llama Jesse. Tiene once años. Jesse comenzó el quinto grado como cualquier otro niño. Él era un chico muy alegre, lleno de vida y con mucha energía. Todo eso cambió cuando conoció a Stan este martes. Stan era un estudiante que había acabado de ingresar al colegio. Se sentaba al lado de Jesse. Cuando fui a recoger a Jesse de la escuela él no paraba de decirme que Stan era su nuevo mejor amigo. No parecía actuar como él mismo. Estaba muy pálido y sudoroso. Le tomé la temperatura, pero no tenía fiebre. Le pregunté cómo le había ido en el colegio, pero lo único que decía era que Stan era su mejor amigo. “Stan es mi nuevo mejor amigo” Decía Jesse. “Lo sé, quisiera conocerlo alguna vez” Le respondía yo. “Mamá, Stan es genial. Debería presentártelo alguna vez. Es mi mejor amigo. El mejor amigo de todo el mundo entero.” Tuvimos esa misma conversación unas cien veces ese mismo día. Cuando acosté a Jesse en su cama, él me miro con lágrimas en los ojos. Puso su mano enfrente de su cara y me señaló con el dedo para que me acercara un poco. Volteé mi cabeza y él me dijo algo en la oreja que me dio un pequeño escalofrío. En ese momento no sabía porque me dio un escalofrío, pero lo hizo. “Tú me crees. ¿Verdad?” Me susurró. Me levanté de la cama para poder verlo de frente. “¿Qué si te creo qué, cariño?” “Stan,” Respondió. “Stan es mi mejor amigo.” Asentí con la cabeza y le volví a tomar la temperatura. No parecía tener fiebre, de nuevo. Me fui a mi cama, pero en realidad no pude dormir bien esa noche. El miércoles, cuando iba en camino de llevar a Jesse al colegio, se le veía muy extraño, me dijo que no quería ir a la escuela hoy. “¿Te sientes mal?” Le pregunté. “No” me contestó. Se estaba mordiendo el labio inferior de manera muy extraña. Nunca lo había visto tan nervioso. “No. Tengo que ir a clases.” Abrió la puerta del auto y se fue directo a la entrada de la escuela. Sin decirme te quiero. Ni siquiera un adiós. Nada. Caminó hacia la entrada del colegio con la cabeza baja. Presioné los frenos y di media vuelta para dirigirme al trabajo. Un niño estaba parado enfrente de mi carro. Dos segundos más y lo hubiera arrollado. El chico era pálido, con un cabello de color amarillo casi blanco y ojos de azul claro. Dio unos golpes en la parte delantera del auto como si fuera una puerta dos veces, me saludó, y subió las escaleras camino a la escuela. Cuando recogí a Jesse de la escuela ese día, se le veía más animado. Estaba solamente un poco más pálido de lo normal, pero de resto se le veía alegre. Me dijo todo lo que había hecho en la escuela. Me habló sobre dinosaurios, música, matemáticas, y luego me dijo sobre lo que hizo en el receso. “Y después de matemáticas tuvimos receso. Mamá, no creerás lo que hice hoy en el receso” “Dime” Le dije, sonriéndome a mí misma mientras conducía. Estaba pensando en las cosas que jugaba yo con mis compañeros cuando tenía su edad. Algo clásico, algo normal. “Me uní a una iglesia” Estaba un poco confundida. “¿Te uniste a una iglesia?... ¿En el receso?” Jesse asintió. “La iglesia de Stan.” Creí que era alguna cosa que se habían inventado los chicos para entretenerse. “¿Qué es la iglesia de Stan?” Le pregunté. “Es la iglesia de Stan, Mamá.” Jesse se rio como si hubiera hecho una pregunta obvia. “¿Y qué es lo que hacen ahí? Ya sabes, como miembros de esa iglesia” Le pregunté. “Muchas cosas. Hoy solamente hicimos la iniciación y escuchamos a Stan. Estaba hablando en palabras raras y divertidas, luego todos nos sentíamos cansados y nos acostamos un rato.” Estacioné el auto junto a la casa. “¿Eso fue todo?” Le pregunté. Eso sonaba raro, pero los chicos no parecían estar haciendo nada malo. “Stan nos dio volantes también” Jesse sacó un pedazo de papel arrugado de su bolsillo. Tenía tres palabras escritas en marcador negro. Iglesia de Stan. Al día siguiente, cuando fui a recoger a Jesse de la escuela, estaba convencida de que algo de verdad malo le estaba pasando a mi hijo. Estaba muy asustado y nervioso. “¿Qué te ocurre, cariño?” Pregunté, tocando su frente para sentir su temperatura. No tenía fiebre. “Jugamos al juego de las almas hoy” Dijo. Su cabeza estaba de lado. No se quedaba quieto en su asiento. Miraba a todos lados en el camino a casa. “¿El juego de las almas?” Le pregunté. Él sólo asintió con la cabeza, mirando a todos lados como si buscara algo. Una enorme cantidad de sudor corría por su cara. “¿Qué es el juego de las almas?” Pregunté. “Le dije que no quería hacerlo, pero él me dijo que dejaría de ser mi amigo si no jugaba con él.” “¿Cuándo fue eso? ¿Dónde estaban los profesores?” “Todo ocurrió en la iglesia,” contestó. Luego dijo casi susurrando, “Los adultos no pueden entrar a la iglesia.” “¿La iglesia de Stan?” Jesse asintió, con una lágrima deslizándose por su mejilla. “¿Qué es el juego de las almas, Jesse? Soy tu madre. Si tienes algún problema sólo dímelo.” “No puedo decirte, mamá. No puedo. Las reglas son malas. Son muy malas” “¿Y si le pregunto a Stan?” Pregunté “¿Él me dirá las reglas?” “¡NO!” Gritó Jesse, dándome un verdadero susto. “NO LE PREGUNTES A STAN LAS REGLAS. POR FAVOR, NO LO HAGAS, MAMÁ. POR FAVOR.” Estacioné el auto, asustada y confundida. “Promételo, mamá promételopromételopromételopromételopromételopromételoporfavor.” Jesse estaba balbuceando, estaba muy asustado. Lo agarré y comencé a sacudirlo, tratando de calmarlo. Se quedó dormido en mis brazos, así que lo llevé a su cama y lo acosté para dormirlo. Sólo necesita dormir. Me decía a mí misma. Lo único que necesita es dormir. Lo dejé en su cama y cené sola. Fui a verlo a su cuarto alrededor de las nueve antes de acostarme. Parecía estar profundamente dormido. Me desperté inmediatamente al oírlo gritando 18 minutos pasadas las 12 de la noche. Corrí hacia su cuarto, pero no estaba en su cama. Encendí la luz y Jesse salió del closet en el que se escondía, corriendo, como si algo lo persiguiera. Se abrazó a mi pierna, seguía llorando. Traté de calmarlo e intenté preguntarle qué pasaba. Nada de esto tenía sentido. Seguía gritando sobre el juego de las almas. Intenté volverlo a acostar pero no hacía caso. Finalmente, decidí llevarlo a la cama conmigo. Jesse se durmió inmediatamente. Yo me quedé acostada en mi lado de la cama mirándolo, acariciando su cabello, cuando de repente sus ojos se abrieron y me miró fijamente. “Le contaré las reglas del juego mañana después de clases, señora.” Me dijo. Luego volvió a cerrar los ojos. ¿Qué le estaba pasando a mi hijo? En la oscuridad, no podía hacer nada más que mirar el techo, moverme de lado a lado y mirar el baño. No pude dormir esa noche. ¿Sabes cuando estás apunto de dormirte pero a veces algo te despierta? A veces imaginas que te tropiezas y caes, y te obliga a despertarte. Eso me pasó por toda la noche, sólo que lo que me despertaba era una silueta que aparecía en la puerta del baño cada vez que se me cerraban los ojos. Pero cada vez que miraba atentamente no lograba ver nada. Cada vez que cerraba los ojos, la figura aparecía de nuevo, obligándome a despertar, sólo que cada vez aparecía más cerca de mí. Esto siguió pasando toda la noche, hasta que se hizo la hora de llevar a Jesse al colegio. Esta mañana Jesse se veía muy distante, como adormecido. Yo estaba igual, pero más exhausta. Pensé en preguntarle a Jesse sobre lo que ocurrió ayer. Pero temía que volviera a pasar lo mismo de ayer. Lo lleve de camino a la escuela. Él no decía nada, parecía un robot; sin vida ni emociones. Tiempo después de haberlo dejado en la escuela recibí una llamada, para que regresara a recogerlo. Había vomitado en clase. Cuando fui a recogerlo. Se le veía igual. Le pregunté varias cosas, pero sólo me rugía como respuesta. Iba a llevarlo al doctor después de que se cambiara de ropa. No dijo nada hasta que llegamos al estacionamiento. “¿Puede Stan venir hoy a casa?” me preguntó. “No te sientes bien, cariño. ¿De verdad quieres que venga hoy?” Le pregunté. Ya quería conocer a este chico, pero no parecía que Jesse quisiera tenerlo en casa. “Sí” Me respondió. “Okay, ¿Tienes el número de sus padres?” “Él ya le preguntó a sus padres, ellos dijeron que podía venir.” “Pues todavía tenemos que esperar a que salga de clases. Y aún así quiero hablar con sus padres.” “Okay.” Jesse bajó del auto y caminamos a la entrada de la casa. “¿Tienes su número?” Le pregunté, cerrando la puerta. “No” Me contestó. Le preguntaba cómo se suponía que hablaría con sus padres si no tengo su número y si no sé donde viven, pero alguien tocó la puerta. Yo estaba parada justo al lado de ella. Abrí la puerta, y parado en frente de ella estaba el chico pálido de ojos azules que casi atropello el otro día. Una chica muy parecida a él estaba a su lado. “¿Sí?” Les pregunté. “Hola Driz, ¿Está Jesse en casa?” Dijo el chico. No sé como sabía ese apodo. No me llamaban así desde la universidad, cuando mis amigas me lo habían puesto en una noche de ebriedad, era corto para Drizzy. “No” Le respondí. “Está bien” Dijo la niña que lo acompañaba. “Mi nombre es Devin, y creo que ya conoces a mi hermano Stan.” Stan sonrió y comenzó a hablar. “Las reglas del juego son muy simples. Regla uno: No pasar frente a espejos por la noche. Regla dos: No dejar ninguna puerta abierta cuando te vayas a acostar esta noche. Pregúntale a Jesse sobre la regla tres, y recuerda esto, un rechinido significa que estás haciendo algo mal, un crujido significa que estás a punto de perder. Cuando las luces se apaguen de repente, con suerte no verás la silueta oscura observándote en una esquina de la habitación. Con suerte no sentirás su respiración en tu cuello mientras caes al suelo. Y si escuchas un golpeteo. Bueno, con suerte nunca escucharás un golpeteo.” Stan se dio media vuelta y se fue con su hermana. Me les quedé viendo mientras se iban y agité mi cabeza. No iba a ser parte de su estúpido juego. Caminé a la cocina y me encontré con Jesse sentado en una silla a un lado de la mesa, llorando. “¿Qué ocurre, cariño?” Le pregunté. “Escuché un golpeteo” Me dijo entre sollozos. Mi boca estaba seca. “¿Cuándo termina el juego?” Le pregunté. “Nunca,” Me susurró. “El juego nunca termina” Mi corazón estaba latiendo muy rápidamente. “Cuál es la regla número tres, Jesse?” Su cara perdió toda expresión y trató de reunir aliento para decirme la última regla “Regla tres. Una vez que sepas todas las reglas, ya eres un jugador.” Mi corazón se detenía. “¿Qué ocurre cuando pierdes?” “Cuando sea de noche, los oirás llegar. Les gusta hacerte saber que están cerca.” “¿Quiénes?” “Stan y Devin” Dijo Jesse. “Vendrán de cualquier espejo o puerta abierta y te arrastrarán con ellos.” “¿Cómo ganas?” “Ganas si le cuentas a más personas las reglas del juego que la persona que te las contó a ti.” Como dije al principio, lo lamento. Pero gracias por ayudarme. Lo digo sinceramente. Ahora puedo disfrutar mi libertad de nuevo. Espero que disfruten su noche. Y saluden a Stan y Devin de mi parte.

Vas a tener 16 solo por 365 días. y puedes morir a los 17. Cuando tu mamá te pregunte si quieres dormir en su cama, di que si. Un día ella va a estar en una cama de hospital y no habrá suficiente espacio para hacerlo. Deja de cancelar planes; sal y usa tus piernas mientras funcionan. No tienes nada garantizado. Deja de negar el afecto. No vas a poder amar a alguien como adolescente a los 35 años. Alguien, muchos alguien, te van a decir que te aman. No te quedes quieta por que te lo dijeron muy pronto. Si los amas, díselos. Se brutalmente honesta. Ve afuera y cambia el mundo. Pelea por paz, igualdad y un cambio. Cuando tengas 70 y solo puedas ver las noticias todo el día no querrás ver los mismos problemas cuando tu tuviste la oportunidad de pelear. Deja de utilizar el ‘’No necesito a nadie’’ ‘’No tengo sentimientos’’ como actitud. Es fácil hacer amigos en la secundaria que en un hogar para ancianos. Abraza los sentimientos y la intimidad. No te disculpes por preocuparte y no dejes que nadie te haga sentir culpable por preocuparte incluso si es por ellos. Solo eres un adolescente 2,555 días y luego cumples La vida nunca avanza mas lento. Los huesos se vuelven frágiles y se rompen, la gente muere, y el corazón se hace débil. Vive con cada átomo de tu cuerpo, Ahora.

Mi amor,
él me hace sentir como nadie más.
Pero mi amor,
él no me ama, así que me digo a mí misma:


Uno, no contestes el teléfono,
sabes que solo llama porque está ebrio y solo.
Dos, no lo dejes entrar,
tendrás que echarlo de nuevo.
Tres, no seas su amiga,
sabes que despertarás en su cama por la mañana
y si estás debajo de él, no lo vas a superar

—  New Rules  // Dua Lipa 
Me enamoré.

Me enamoré. Me enamoré de ella, de su sonrisa. Porque me importaba muy poco lo que pasara si ella estaba sonriendo. Y me enamoré de su boca, de su labio finito y de su labio grueso, de cada palabra que decía. Me gustaba incluso cuando se enojaba y hacia pucheros deseando que fuera por detrás y la abrazara para no soltarla, aunque me decía “salí”, y ojalá no la hubiera soltado nunca. Me enamoré, pero ya no me cuesta decirlo, aunque fue muy difícil aceptarlo. Porque me enamoré de sus ojos, ¿y qué me importa que no sean de un color especial? Eran marrones, grandes y brillantes. Me enamoré de sus ataques de éxtasis, de cuando cantaba bajito porque estaba feliz, pero no quería que la escuchara, de sus bailes y de la manera en que movia la cabeza cuando la canción le gustaba. De cuando me abrazaba fuerte porque decía que tenía miedo de perderme, cuando me decía “no me dejes nunca”, cuando me apretaba porque solo yo sabía que era entonces cuando tenía que quererla más que nunca. Me enamoré de su inteligencia, de lo perceptiva que era cuando algo le apasionaba y de lo tonta que se ponía a veces, incluso de cuando fingía serlo. De lo mucho que le costaba hacer cosas que no le gustan. De cuando me insultaba porque era así como ella disfrazaba las palabras lindas, y eso solo lo sabía yo. De los apodos de animales y comida. De sus abrazos y a veces me hacen falta algunos, bueno todos. De sus pies helados en la cama, de sus abrazos dormida. De cómo se tapaba la boca cuando la veía comer, de los gestos disfrutando la comida que yo le preparaba, de cuando se tapaba la cara porque decía que estaba fea y yo no podía dejar de mirarla, quizás porque para mí, fuera como fuera, siempre estaba preciosa, y ella me desacreditaba diciendo que yo siempre la veía linda, es que siempre lo estaba. De eso me enamoré, de lo bueno y de lo malo. De sus ganas de estar conmigo, pero también de su orgullo, porque cuando creía que iba a perderme del todo, se lo tragaba, me fui tantas veces queriendo que me diga quédate y sé que ella quería decirlo. Qué inocente, si yo era la que perdía la cabeza por ella, siempre la perdí y la perderé por ella. Dios, me gustaba tanto. Me gustaba cuando rodeaba mi cuello y jugaba a estar a dos centímetros de mi boca sin besarme, solo para ver quién aguantaba más sin hacerlo. Me enamoré de la manera en que venía abrazarme por atrás cuando estaba cocinando, de la manera en que me miraba cuando yo fastidiosa estaba concentrada en algo. De sus prisas, de lo colgada que era después de bañarse y siempre, de sus ganas de tenerlo todo siempre controlado pero sin querer encargarse de nada, y de la voz que ponía cuando le desmontaba todos sus planes, como si de repente volviese a tener cinco años. De como arrugaba la frente cuando se enojaba o algo le fastidiaba. De su vergüenza y de lo nerviosa que se ponía a la mínima. De su amor por los animales. De cómo temblaba, de cómo era capaz de calmarme, de la paz de dormir a su lado, de cuidarla, de que me cuide. Me enamoré. Me enamoré de su risa, por muy fea que dijera que estaba cuando lo hacía, de su dentadura perfecta. Por eso y sus “Te amo” que tanto le costaba decir pero que logre enseñarle a decirlo seguido. ¿Es que no entendes? Me enamoré de cómo era, de cómo hacía lo mismo que todo el mundo y a la vez conseguía ser diferente, no sé. De sus manos. De la manera en que picaba las verduras. De su forma de quererme. Que ella creía que no me daba cuenta, pero sé que me quería. La amaba, con sus más y con sus menos. Con sus idas y venidas, con su mal humor, con su facilidad intermitente de sus mensajes en los que decía que me extrañaba. De todas las conversaciones, incluso de las que borraré si acaba todo. De los tantos años de apoyarnos en todo. De sus intentos de ponerme celosa y de lo celosa que se ponía cuando tenía amigas nuevas. Sabía que era única para mi pero creyó que me cansaría, como me cansaba de todo, pero no de ella. De todas las canciones, de su voz y de su olor, que siempre aparece cada cierto tiempo para recordarme que estoy sin ella. De su piel, como amaba la suavidad de su piel. De su forma de ser. De sus enojos, cuando le daba por recordarme lo importante que era para ella y de sus “callate” cuando la imitaba con voz ridícula. De cómo se burlaba de todas esas cosas cursis, incluso de su nombre escrito en mis cuadernos, o cuando usaba la palabra “contigo”. De la cara que ponía cuando me metía con ella y le daba el triple de importancia solo para que le pidiera perdón un par de veces. Me gustaba su intento de cuidarme aunque, sinceramente, me gustaba mucho más cuando era ella la que se sentía protegida a mi lado. De nuestros mil momentos y bueno, de ellos sigo enamorada. Es que por gustar, me gustaban hasta sus ojeras que le aparecían cuando se quedaba hablando conmigo hasta las tantas, de su cara de cansada cuando nos desvelábamos antes de sus exámenes. De su flequillo cuando llovía, de su voz en formato susurro cuando hablábamos por teléfono desde la cama y no quería que sus padres la escucharan, de cómo corría cada vez que llegaba tarde por mi culpa, o por su propia culpa. De sus besos, aunque siempre quisiera más, esos besos chiquitos, los grandes, los largos, los cortos, los besitos de esquimal, los que tenían pasión y los que tenían prisa. Ella era la pieza perfecta de mi rompecabezas. Cuánto daría por romper sus esquemas y convencerla de que quizás a mi lado no se está tan mal.

Esto es un texto que encontré, sin autor por eso no lo cito, y que yo modifique para que sea más “personalizado”.

Sere puta
sere fácil 
sere de la clase que se entrega en la primera salida
sere la que te la chupa en la parte de atrás del auto
sere la que tiene sexo en un baño
o en la cama de tus papás
sere a la que le miras el culo y le gritas pelotudeces
sere la que se emborracha y besa a cualquiera
sere la que vomita en el baño del boliche
o en su propia cama cuando llega a casa
sere pecadora porque disfruto que me la metan
y chuparsela a quien se me de la gana
sere todo eso que escuchaste
todo lo que te imaginaste
todo lo que con tu mente chiquita y retrograda pensaste
puedo ser un monton de esas cosas
pero ¿sabes algo? 
nunca voy a ser tuya
y de ahi nace mi bronca
a mi no me importa que crean todo eso de mi
porque al final del día la única que se conoce soy yo misma
me molesta que penses que me podes tener 
después de usar como insulto todo lo que dije al principio
re puta sere si se me da la regalada gana
pero jamas tuya, ni un gramo, ni un suspiro, ni una mirada
porque chabones como vos son los que hacen sentir a todas las minas chiquitas, sucias, feas, malas y sin un futuro prometedor solo por disfrutar y descubrirse ellas mismas. 

Para mí un amigo no es un grupo de personas que hacen bulto a tu lado y ya.  Para mí un amigo es algo serio, algo real, algo de verdad, alguien que me invita a su casa y tengo la confianza de acostarme en su cama, de abrir su nevera, de usar su baño, y que hace lo mismo cuando viene a la mía, ese que puedo abrazar todo el tiempo, que conoce todo lo bueno, pero sobre todo todo lo malo de mí, ese que me ayuda, me aconseja, me da besos y abrazos, ese con quien hasta hacer nada es divertido, ese a que es el único que le cuentas todos tus secretos, aquel con quien no existen temas incómodos, aquel con quien puedes desnudar tu alma, desnudar tu mente, desnudar tu cuerpo si quieres y nada malo pasa, alguien con quien te ríes de todo, alguien con quien puedes llorar, alguien que te hace sorpresas, alguien con quien compartes series, películas, memes, nudes, conversaciones. Eso para mí es un amigo.
los signos del zodiaco que creyeron que su adolescencia iba a hacer llena de fiestas y novios pero terminaron encerrados en su habitación junto a una computadora, tumbados en su cama shippeando parejas gays que no salen del puto closet de mierda mientras que se ríen de memes y se desvelan mirando blogs en tumblr.
—  ARIES,PISCIS,CANCER,ACUARIO,VIRGO,SAGITARIO,CAPRICORNIO,ESCORPIO,LEO,LIBRA,GEMINIS,TAURO.
Imagina esto: Llegas un día de la escuela. Otra vez tuviste un día horrible. Tú estás lista para darte por vencida. Entonces vas a tu habitación, cierras la puerta, y sacas esa nota suicida que escribiste y escribiste y volviste a escribir. Sacas esas navajas para rasurarse, y te cortas una última vez. Tomas la pequeña botella de pastillas y te las tomas todas. Acostándote, apretando la nota contra tu pecho, cierras tus ojos para siempre. Unas horas más tarde, tu hermano pequeño toca tu puerta para decirte que la cena esta lista. Tú no respondes, entonces él decide entrar. Todo lo que ve es a ti acostada en tu cama, así que él piensa que estas dormida. Le dice a tu mamá esto. Tu mamá va a tu cuarto para despertarte. Ella nota que algo está mal. Ella toma el papel que está en tu mano y lo lee. Sollozando, ella intenta despertarte. Ella grita tu nombre. Tu hermano pequeño, muy confundido, corre a decirle a tu papá "Mami, está llorando y ______ no despierta." Tu papá corre a tu habitación. El ve a tu mamá, llorando, apretando esa nota contra su pecho, sentada junto a tu cuerpo sin vida. Él se da cuenta de lo que está pasando y grita. El grita y comienza a lanzar cosas a la pared. Y después, tirado de rodillas, el comienza a llorar. Tu mamá se arrastra para estar junto a él, y se sienta ahí, abrazados, llorando. El día siguiente en tu colegio, hay un anuncio. El director les dice a todos sobre tu suicidio. Tarda unos segundos para que todos capten, y cuando lo hacen, todos están en silencio. Todos están culpándose a sí mismos. Tus profesores piensan que fueron demasiado duros contigo. Esas "malas" chicas populares, se ponen a pensar en todo lo que te decían. El chico que solía molestarte y ponerte sobrenombres, él no sabe qué hacer más que odiarse a sí mismo, por nunca haberte dicho lo hermosa que eras en realidad. Tu ex novio, el que también te dijo todo eso, ese que rompió contigo... No lo puede controlar. Se derrumba, comienza a llorar y se va corriendo de la escuela. ¿Tus amigos? Ellos también están sollozando, pensando en cómo no se pudieron dar cuenta de que algo estaba mal, deseando haber podido ayudarte antes de que fuera muy tarde. ¿Y tú mejor amiga? Ella está en shock. No lo puede creer. Ella sabía por lo que estabas pasando, pero nunca pensó que fuera tan mal... Que fuera tan mal para ti como para acabarlo. Ella no puede llorar, no puede sentir nada. Ella se para y sale del salón de clases y se tira al piso. Temblando, gritando, pero las lágrimas siguen sin salir. Ya pasaron unos días, ya es tu funeral. Todo el pueblo asistió. Todos te conocían, esa chica de la gran sonrisa con esa hermosa personalidad. La que siempre estaba ahí para todos, el hombro en el que podías llorar. Muchas personas hablan de los buenos recuerdos que tenían contigo. Todos están llorando, tu hermano pequeño sigue sin saber que te suicidaste, todavía es muy joven. Tus padres le dijeron que habías muerto. Le duele. Eras su hermana mayor, se suponía que ibas a estar ahí para él. Tu mejor amiga sigue siendo fuerte durante todo el funeral, pero a la hora de ver como bajan el ataúd al suelo, se descontrola. Ella llora y llora por días y no puede parar. Ya pasaron dos años. Todo el colegio habla con un psicólogo mínimo una vez a la semana. Esas chicas que solían molestarte, ahora tienen problemas alimenticios. Ese chico que solía molestarte, se corta. Tu ex novio ya no sabe lo que es amar y solo se acuesta con chicas. Todos tus amigos cayeron en la depresión. ¿Tú mejor amiga? Intento suicidarse. No pudo pero lo intento... ¿Tu hermano? Ya sabe toda la verdad sobre tu muerte. Él se lástima, llora todas las noches, hace exactamente lo mismo que tu hacías hace unos años. ¿Tus papás? Su matrimonio se destruyó. Tu papá se volvió alcohólico para distraerse de tu muerte. A tu mamá le diagnosticaron depresión y se la vive acostada en su cama todo el día. A la gente le importa. Tal vez no pienses eso, pero les importa. Tus decisiones no solo te afectan a ti. Les afectan a todos. No acabes con tu vida, tienes mucho por vivir. Las cosas no pueden mejorar si te rindes. Estoy aquí para lo que necesites, no importa si no nos conocemos o nunca hemos hablado. Aquí estoy para ti.

Lo encontre por ahí.

*La ventana en el hospital*

Esta es una historia muy hermosa que me encantaría compartirla con todos ustedes:

Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba.

Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, dónde habían estado de vacaciones.

Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosa que podía ver desde la ventana. El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior.

La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad.

Según el hombre de la ventana describía todo esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.

Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.

Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarlos, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía. Se llenó de pesar y llamó a los ayudantes del hospital, para llevarse el cuerpo.

Tan pronto como lo consideró apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambió encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación.

Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo él mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama… y se encontró con una pared blanca.

El hombre preguntó a la enfermera qué podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana. La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y le indicó: “Quizás sólo quería animarlo a usted”. 

Los signos que..... :v (parte 2)

Los signos que al ver gente en la acera se pasan al frente para que no los saluden, miren o toquen  :v… ARIES, LEO, CAPRICORNIO, ESCORPIO

signos que al ver a esa persona especial tienes ganas de morir… pero morir en sus brazos :3…..PISCIS, CANCER, LIBRA, VIRGO

Los signos que en ves de dormir en su cama duermen en el suelo :vvv: SAGITARIO, TAURO, GEMINIS, ACUARIO

Se suele tender en su cama,
se pone sus auriculares con el volumen a tope,
y recuerda que alguna vez fue cielo,
y ahora el techo es su límite,
que, alguna vez fue una sonrisa eterna,
y ahora es una persona efímera,
que alguna vez la amaron,
pero ella no amó,
y pensó que eso “del amor” es una locura,
y que ahora es ella,
quien ama sola,
mientras piensa que está jodidamente loca.

Ya está cansada de escuchar los para siempre pasajeros,
ya está cansada de que la acusen de amapola,
ya está cansada de recibir desaires cuando lo único que necesita es un suspiro,
ya está cansada de huir de lo que siempre la alcanza,
ya está cansada, y quiere a alguien que este para ella,
aun sabiendo desde el principio el caos de chica que es,
aun sabiendo que antes de ella no amaba con el corazón,
y qué, después de ella, quedaste sin corazón.


Nadie se detiene a leerla,
quizá, porque su poesía es complicada.
Nadie tiene la valentía de abrazarla fuertemente,
porque se le pueden incrustar partes de ella en el pecho.
Nadie mira a sus abismos,
porque le da vértigo con tal solo asomarse.
Nadie se detiene a escucharla,
porque es una melodía triste,
Nadie se atreve a bailar con ella bajo la lluvia,
porque prefieren días soleados.


Siempre se suele decir que volvemos al lugar donde fuimos felices,
y ella intenta volver a los brazos de alguien,
pero cuando está en mitad del camino,
se da cuenta de qué su felicidad ya es feliz abrazando a otra persona,
y no queda más que aceptarlo,
mientras que se devuelve con una sonrisa en la cara,
porque tiene que respetar el trato de sol que tiene ella y la luna:
cada vez que ella sonría,
en algún lugar del mundo amanece.
Y finge estar bien y que todo está en orden,
aunque sus ojitos achinados demanden tristeza.

—  “Chica triste”, Steveen.
Sí, los signos lloran...

Aries: No llora, ¡GRITA! Y mira que no quería soltarlo, pero insiste. 

Tauro: Trata de contener el llanto, no puede, le salen unas lágrimas, alguien lo abraza y le moja la camisa. 

Géminis: Llanto y sufrimiento, pero solos. Intenta hacer que no pasa nada.

Cáncer: Se acurruca en su cama, bajo sus sabanas, para nada, porque sus gritos se escuchan por todo el vecindario. 

 Leo: Lloran y dan miedo, nadie se imagina que los fuertes también sufren. 

Virgo: Intenta controlarse, pero se le salen algunas lágrimas, pero si vas a consolarlo, se endurece. 

Libra: Ojos rojos y de rabia, lloran con rabia y mientras gritan parece que van a matar a alguien. 

Escorpio: No llora, y si lo hacen, lo hacen solos, en silencio, y se aseguran de que nadie los vea, pueden tener los ojos llenos de lágrima y aguantar. 

Sagitario: Comienza a explicar porque está mal y en el proceso queda empapado de lágrimas. 

Capricornio: Llora, pero casi nunca en público, se escapa a solas y se desahoga. 

Acuario: Se ríe y hace bromas, mientras los ojos se le llenan de lágrimas, por más que lo intente disimular todo el mundo sabe que quiere llorar. 

Piscis: Trata te explicarse mientras llora desconsoladamente y no se le entiende nada porque se queda sin aire. 

La noche perfecta de los signos:
  • Aries: Alcohol por montón, sexo desenfrenado y dos horas para descansar.
  • Tauro: Una noche a solas con gomitas, cigarros y un cielo estrellado.
  • Géminis: Una cena normal y divertida con sus mejores amigos en McDonald’s y atascarse de hamburguesas y papas fritas.
  • Cáncer: Acostados tranquilamente abrazando a su pareja susurrándose cursilerías al oído sólo con la luz de la luna golpeando en sus rostros.
  • Leo: Una velada elegante con su conquista en un restaurante lujoso.
  • Virgo: Simplemente la comida necesaria para desvelarse viendo series y películas en netflix en la comodidad de su cama.
  • Libra: Noche de películas abrazado a su pareja bajo una manta entre besos y caricias.
  • Escorpio: Maratón de sexo salvaje desde la medianoche a inicio de la madrugada.
  • Sagitario: Cigarrillos, vodka y una fiesta con alberca y música fuerte hasta hacer que la policía llegue a su casa.
  • Capricornio: Soledad, escuchar su música favorita frente a la chimenea junto a un café hasta quedarse profundamente dormido.
  • Acuario: Reunión casual con sus amigos cercanos bebiendo y riendo hasta embriagarse y contando historias de terror.
  • Piscis: Un reencuentro con su ex en el parque entre besos y abrazos para terminar en la cama haciendo el amor.

Duraznito-.