en mis brazos

Mi chica está triste
la veo preocupada
con ansiedad
me destroza lentamente
no poder darle certeza
no saber convencerla
de que todo está bien
mi chica está triste
no es que no me quiera
pero no quiere hablarme
no trae ganas de nada
como si en su cuerpo
hubiese sido arrebatada
su alma
y la esperanza
viera el lejano a una distancia
casi inconcebible 
mi chica está triste
y sin embargo
sigo con el corazón 
lleno de ventura por estremecerla
en mis brazos
y darle esa pauta
que fugará su desespero
mi chica está triste
quiero correr hacia ella
estar a su lado
y procurar
que encuentre en sí misma
una razón novedosa
para sonreír otra vez
—  La alegría es un roadtrip, Quetzal Noah
Primero, quiero pedirle disculpas a todos los que están leyendo esto. De verdad lo lamento. Estoy viniendo a ustedes en un momento de necesidad. Lo único que pido de ustedes es que lean la historia completa, eso es lo único que necesito. Mi nombre es Andrea, soy una madre soltera. No les digo esto con el propósito de recibir una medalla o de que me feliciten como muchas otras del círculo social al que pertenezco. Ellas sólo quieren palmaditas en la espalda y que les den reconocimiento; sólo quiero algo de tu tiempo. Veo a la maternidad como un fastidio. Es algo necesario, sí, pero es algo fastidioso también. Mi hijo se llama Jesse. Tiene once años. Jesse comenzó el quinto grado como cualquier otro niño. Él era un chico muy alegre, lleno de vida y con mucha energía. Todo eso cambió cuando conoció a Stan este martes. Stan era un estudiante que había acabado de ingresar al colegio. Se sentaba al lado de Jesse. Cuando fui a recoger a Jesse de la escuela él no paraba de decirme que Stan era su nuevo mejor amigo. No parecía actuar como él mismo. Estaba muy pálido y sudoroso. Le tomé la temperatura, pero no tenía fiebre. Le pregunté cómo le había ido en el colegio, pero lo único que decía era que Stan era su mejor amigo. “Stan es mi nuevo mejor amigo” Decía Jesse. “Lo sé, quisiera conocerlo alguna vez” Le respondía yo. “Mamá, Stan es genial. Debería presentártelo alguna vez. Es mi mejor amigo. El mejor amigo de todo el mundo entero.” Tuvimos esa misma conversación unas cien veces ese mismo día. Cuando acosté a Jesse en su cama, él me miro con lágrimas en los ojos. Puso su mano enfrente de su cara y me señaló con el dedo para que me acercara un poco. Volteé mi cabeza y él me dijo algo en la oreja que me dio un pequeño escalofrío. En ese momento no sabía porque me dio un escalofrío, pero lo hizo. “Tú me crees. ¿Verdad?” Me susurró. Me levanté de la cama para poder verlo de frente. “¿Qué si te creo qué, cariño?” “Stan,” Respondió. “Stan es mi mejor amigo.” Asentí con la cabeza y le volví a tomar la temperatura. No parecía tener fiebre, de nuevo. Me fui a mi cama, pero en realidad no pude dormir bien esa noche. El miércoles, cuando iba en camino de llevar a Jesse al colegio, se le veía muy extraño, me dijo que no quería ir a la escuela hoy. “¿Te sientes mal?” Le pregunté. “No” me contestó. Se estaba mordiendo el labio inferior de manera muy extraña. Nunca lo había visto tan nervioso. “No. Tengo que ir a clases.” Abrió la puerta del auto y se fue directo a la entrada de la escuela. Sin decirme te quiero. Ni siquiera un adiós. Nada. Caminó hacia la entrada del colegio con la cabeza baja. Presioné los frenos y di media vuelta para dirigirme al trabajo. Un niño estaba parado enfrente de mi carro. Dos segundos más y lo hubiera arrollado. El chico era pálido, con un cabello de color amarillo casi blanco y ojos de azul claro. Dio unos golpes en la parte delantera del auto como si fuera una puerta dos veces, me saludó, y subió las escaleras camino a la escuela. Cuando recogí a Jesse de la escuela ese día, se le veía más animado. Estaba solamente un poco más pálido de lo normal, pero de resto se le veía alegre. Me dijo todo lo que había hecho en la escuela. Me habló sobre dinosaurios, música, matemáticas, y luego me dijo sobre lo que hizo en el receso. “Y después de matemáticas tuvimos receso. Mamá, no creerás lo que hice hoy en el receso” “Dime” Le dije, sonriéndome a mí misma mientras conducía. Estaba pensando en las cosas que jugaba yo con mis compañeros cuando tenía su edad. Algo clásico, algo normal. “Me uní a una iglesia” Estaba un poco confundida. “¿Te uniste a una iglesia?... ¿En el receso?” Jesse asintió. “La iglesia de Stan.” Creí que era alguna cosa que se habían inventado los chicos para entretenerse. “¿Qué es la iglesia de Stan?” Le pregunté. “Es la iglesia de Stan, Mamá.” Jesse se rio como si hubiera hecho una pregunta obvia. “¿Y qué es lo que hacen ahí? Ya sabes, como miembros de esa iglesia” Le pregunté. “Muchas cosas. Hoy solamente hicimos la iniciación y escuchamos a Stan. Estaba hablando en palabras raras y divertidas, luego todos nos sentíamos cansados y nos acostamos un rato.” Estacioné el auto junto a la casa. “¿Eso fue todo?” Le pregunté. Eso sonaba raro, pero los chicos no parecían estar haciendo nada malo. “Stan nos dio volantes también” Jesse sacó un pedazo de papel arrugado de su bolsillo. Tenía tres palabras escritas en marcador negro. Iglesia de Stan. Al día siguiente, cuando fui a recoger a Jesse de la escuela, estaba convencida de que algo de verdad malo le estaba pasando a mi hijo. Estaba muy asustado y nervioso. “¿Qué te ocurre, cariño?” Pregunté, tocando su frente para sentir su temperatura. No tenía fiebre. “Jugamos al juego de las almas hoy” Dijo. Su cabeza estaba de lado. No se quedaba quieto en su asiento. Miraba a todos lados en el camino a casa. “¿El juego de las almas?” Le pregunté. Él sólo asintió con la cabeza, mirando a todos lados como si buscara algo. Una enorme cantidad de sudor corría por su cara. “¿Qué es el juego de las almas?” Pregunté. “Le dije que no quería hacerlo, pero él me dijo que dejaría de ser mi amigo si no jugaba con él.” “¿Cuándo fue eso? ¿Dónde estaban los profesores?” “Todo ocurrió en la iglesia,” contestó. Luego dijo casi susurrando, “Los adultos no pueden entrar a la iglesia.” “¿La iglesia de Stan?” Jesse asintió, con una lágrima deslizándose por su mejilla. “¿Qué es el juego de las almas, Jesse? Soy tu madre. Si tienes algún problema sólo dímelo.” “No puedo decirte, mamá. No puedo. Las reglas son malas. Son muy malas” “¿Y si le pregunto a Stan?” Pregunté “¿Él me dirá las reglas?” “¡NO!” Gritó Jesse, dándome un verdadero susto. “NO LE PREGUNTES A STAN LAS REGLAS. POR FAVOR, NO LO HAGAS, MAMÁ. POR FAVOR.” Estacioné el auto, asustada y confundida. “Promételo, mamá promételopromételopromételopromételopromételopromételoporfavor.” Jesse estaba balbuceando, estaba muy asustado. Lo agarré y comencé a sacudirlo, tratando de calmarlo. Se quedó dormido en mis brazos, así que lo llevé a su cama y lo acosté para dormirlo. Sólo necesita dormir. Me decía a mí misma. Lo único que necesita es dormir. Lo dejé en su cama y cené sola. Fui a verlo a su cuarto alrededor de las nueve antes de acostarme. Parecía estar profundamente dormido. Me desperté inmediatamente al oírlo gritando 18 minutos pasadas las 12 de la noche. Corrí hacia su cuarto, pero no estaba en su cama. Encendí la luz y Jesse salió del closet en el que se escondía, corriendo, como si algo lo persiguiera. Se abrazó a mi pierna, seguía llorando. Traté de calmarlo e intenté preguntarle qué pasaba. Nada de esto tenía sentido. Seguía gritando sobre el juego de las almas. Intenté volverlo a acostar pero no hacía caso. Finalmente, decidí llevarlo a la cama conmigo. Jesse se durmió inmediatamente. Yo me quedé acostada en mi lado de la cama mirándolo, acariciando su cabello, cuando de repente sus ojos se abrieron y me miró fijamente. “Le contaré las reglas del juego mañana después de clases, señora.” Me dijo. Luego volvió a cerrar los ojos. ¿Qué le estaba pasando a mi hijo? En la oscuridad, no podía hacer nada más que mirar el techo, moverme de lado a lado y mirar el baño. No pude dormir esa noche. ¿Sabes cuando estás apunto de dormirte pero a veces algo te despierta? A veces imaginas que te tropiezas y caes, y te obliga a despertarte. Eso me pasó por toda la noche, sólo que lo que me despertaba era una silueta que aparecía en la puerta del baño cada vez que se me cerraban los ojos. Pero cada vez que miraba atentamente no lograba ver nada. Cada vez que cerraba los ojos, la figura aparecía de nuevo, obligándome a despertar, sólo que cada vez aparecía más cerca de mí. Esto siguió pasando toda la noche, hasta que se hizo la hora de llevar a Jesse al colegio. Esta mañana Jesse se veía muy distante, como adormecido. Yo estaba igual, pero más exhausta. Pensé en preguntarle a Jesse sobre lo que ocurrió ayer. Pero temía que volviera a pasar lo mismo de ayer. Lo lleve de camino a la escuela. Él no decía nada, parecía un robot; sin vida ni emociones. Tiempo después de haberlo dejado en la escuela recibí una llamada, para que regresara a recogerlo. Había vomitado en clase. Cuando fui a recogerlo. Se le veía igual. Le pregunté varias cosas, pero sólo me rugía como respuesta. Iba a llevarlo al doctor después de que se cambiara de ropa. No dijo nada hasta que llegamos al estacionamiento. “¿Puede Stan venir hoy a casa?” me preguntó. “No te sientes bien, cariño. ¿De verdad quieres que venga hoy?” Le pregunté. Ya quería conocer a este chico, pero no parecía que Jesse quisiera tenerlo en casa. “Sí” Me respondió. “Okay, ¿Tienes el número de sus padres?” “Él ya le preguntó a sus padres, ellos dijeron que podía venir.” “Pues todavía tenemos que esperar a que salga de clases. Y aún así quiero hablar con sus padres.” “Okay.” Jesse bajó del auto y caminamos a la entrada de la casa. “¿Tienes su número?” Le pregunté, cerrando la puerta. “No” Me contestó. Le preguntaba cómo se suponía que hablaría con sus padres si no tengo su número y si no sé donde viven, pero alguien tocó la puerta. Yo estaba parada justo al lado de ella. Abrí la puerta, y parado en frente de ella estaba el chico pálido de ojos azules que casi atropello el otro día. Una chica muy parecida a él estaba a su lado. “¿Sí?” Les pregunté. “Hola Driz, ¿Está Jesse en casa?” Dijo el chico. No sé como sabía ese apodo. No me llamaban así desde la universidad, cuando mis amigas me lo habían puesto en una noche de ebriedad, era corto para Drizzy. “No” Le respondí. “Está bien” Dijo la niña que lo acompañaba. “Mi nombre es Devin, y creo que ya conoces a mi hermano Stan.” Stan sonrió y comenzó a hablar. “Las reglas del juego son muy simples. Regla uno: No pasar frente a espejos por la noche. Regla dos: No dejar ninguna puerta abierta cuando te vayas a acostar esta noche. Pregúntale a Jesse sobre la regla tres, y recuerda esto, un rechinido significa que estás haciendo algo mal, un crujido significa que estás a punto de perder. Cuando las luces se apaguen de repente, con suerte no verás la silueta oscura observándote en una esquina de la habitación. Con suerte no sentirás su respiración en tu cuello mientras caes al suelo. Y si escuchas un golpeteo. Bueno, con suerte nunca escucharás un golpeteo.” Stan se dio media vuelta y se fue con su hermana. Me les quedé viendo mientras se iban y agité mi cabeza. No iba a ser parte de su estúpido juego. Caminé a la cocina y me encontré con Jesse sentado en una silla a un lado de la mesa, llorando. “¿Qué ocurre, cariño?” Le pregunté. “Escuché un golpeteo” Me dijo entre sollozos. Mi boca estaba seca. “¿Cuándo termina el juego?” Le pregunté. “Nunca,” Me susurró. “El juego nunca termina” Mi corazón estaba latiendo muy rápidamente. “Cuál es la regla número tres, Jesse?” Su cara perdió toda expresión y trató de reunir aliento para decirme la última regla “Regla tres. Una vez que sepas todas las reglas, ya eres un jugador.” Mi corazón se detenía. “¿Qué ocurre cuando pierdes?” “Cuando sea de noche, los oirás llegar. Les gusta hacerte saber que están cerca.” “¿Quiénes?” “Stan y Devin” Dijo Jesse. “Vendrán de cualquier espejo o puerta abierta y te arrastrarán con ellos.” “¿Cómo ganas?” “Ganas si le cuentas a más personas las reglas del juego que la persona que te las contó a ti.” Como dije al principio, lo lamento. Pero gracias por ayudarme. Lo digo sinceramente. Ahora puedo disfrutar mi libertad de nuevo. Espero que disfruten su noche. Y saluden a Stan y Devin de mi parte.
carta al amor de mi vida.

Realmente no sé si no estaba lista para escribir sobre esto o simplemente lo estaba evitando, pero creo que es el momento, no a pasado ni un mes y siento que ya van meses, muchas personas creen que tel vez solo debería dejar de pensarte y hacer otras cosas para ya no tenerte constantemente en mi mente, pero dos años no se olvidan así y mucho menos si intentó reemplazar tu vivo recuerdo con cosas inútiles.
Empezaré por decir que en todas esas malditas latas solamente veía tu nombre, y que cada hombre con gafas me hacía pensar en tus ojos. En cada cabello largo, al verlo pensaba en el tuyo, y las risas sarcásticas me parecían falsas en otros hombres. Los labios rojos no eran lo mismo en otra boca, porque para mí sólo en tu boca lucen. Así, con detalle te digo que en verdad todo me recodaba a ti. No es necesaria alguna metáfora rosa para compararte, porque sólo con describirte un poco, basta para plasmar lo maravilloso que eres.
Y pensar que ahora podríamos estar en tu cama o en la mía, viendo una película, comiendo pizza, tomando café, comiendo galletas, besándonos, tocándonos o siquiera mirándonos. Con sólo sentir los latidos de tu corazón me conformaría; con mirarte fijamente y ver como tus ojos brillan; con tomarte la mano, saber y sentir que eres mío; con tus abrazos sentirme única, protegida y amada por ti. Tantas cosas podríamos estar haciendo, de las cuales no hacemos ninguna.
Siempre, en estos dos años yo era quien se desesperaba y mandaba todo al carajo, quien te gritaba y te pedía no volver a hablarle, pero justo en ese momento en el que me rompía en llanto y sentía que no podía más con la presión, llegabas tú para hacerme sentir bien y recordarme que siempre había esperanza, que nunca está mal llorar y aceptar que todo está mal para residir un nuevo y mejor comienzo, y era ahí cuando yo sabía que tú eras lo mejor para mí y con quién quería pasar el resto de mi vida, era ahí cuando recordaba más que nunca lo mucho que Te amo. Y…hace una semana, todo esto que construimos durante dos años, se acabó y se quebró en mil pedazos, en mil pedazos que ya no podríamos unir, porque cada que peleábamos se rompía más y más, porque cada que terminábamos una pedacito de esto se perdía y cada fragmento era indispensable. Siempre fui yo quien se rendía, pero tú estabas ahí para repararlo y ahora…ahora lo terminaste tú, en otro plano lo entendería, pero no ahora, no con tantos planes, no con todo lo que quería que hiciéramos juntos, nuestro fin de año juntos con el cliché del beso justo al término de las 12 campanadas. Quiero dormir contigo. No quiero decir tener relaciones sexuales. Me refiero a dormir juntos. Bajo mis sábanas. En mi cama, con tu mano en mi pecho y tu brazo a mi alrededor. Con la ventana rota, así sentiremos frío y tendremos que juntarnos más cerca. Sin hablar, solamente dormir, siendo felices en silencio. Los videos como estas típicas y estupidas parejas donde se besan y se abrazan, donde se cargan y cosas que todos creen lindas. Ser esa pareja que cuando los demás se enteran de cuánto tiempos llevamos juntos se sorprenden. Ser esa persona que nuestras madres quieran para nosotros. Ser a quien invites a las fiestas familiares. Ser quien siempre este para ti, que siempre estés para mí.
Sinceramente creo que necesitamos vernos una vez más y no para hablar y disculparnos y mucho menos para fingir que nunca nos enamoramos, si no. Para nunca soltarnos, para volver a perderme en tu mirada, que nunca nos extrañamos, para decirte cuánto te amo, más bien…para abrazarte una última vez.
En lo que llevamos sin hablar no he llorado como me gustaría y cuando me llamaste para terminarme no sentí absolutamente nada, no sentía tristeza, ni desilusión, no sentía nada. Es más, incluso creo que sentí algo de alegría al saber que ya no estábamos juntos y no porque ya no quisiera estar contigo, no, para nada. Más bien porque yo sabía que ya no eras feliz y que no te sentías a gustó conmigo y el que tomaras el valor de decírmelo me alegro. #1 Hace un par de semanas te marque simplemente para preguntarte si habías hablado con aquella chica que alguna vez había despertado algo por ti, que tú nunca quisiste aceptar pero yo como chica sabía que le atraías, pero yo solo quería saber si habías hablado con ella durante esos días en los que nosotros no hablábamos mucho, quería saber si en esas semanas difícil había estado otra chica para consolarte y más que nada quería saber si ella había hecho tan bien trabajo como para que no necesitarás de mí y sorprendentemente a mí ni siquiera me dijiste que estabas mal hasta que yo te lo pregunte, no habías necesitado de mi para nada porque la tenías a ella. No son celos… solo siento que se detiene mi corazón al pensar que te puedes enamorar de esa chica como lo hiciste conmigo, que aquella amistad pueda tener un paso mas a algo mas que amistad, como la mía, y es que no son celos, solo es miedo a perderte, solo es miedo a que ella descubra el porque me enamore de ti, de que vea todas las cosas hermosas que tienes, de que entienda porque te amo tanto, de que te vea con la misma mirada enamorada con la que yo te veo, de que escuche tu voz y se le paralice el corazón como lo hace el mío, y es que no son celos, no lo entiendes, esto es algo mas, es algo que no puedo explicar… es algo como decirte que eres todo para mi. #2 Cuando te despediste de mí me sentía algo vacía con cada palabra que decías porque te escuchabas tan seguro, tan decidido de terminar esto que no lo podía ni creer, pero la peor parte fue cuando me dijiste que querías que me fuera bien y qué esperabas que terminara mi carrera, me dijiste todas las carreras que por dos años te mencione…pero no me dijiste la que yo ya estaba estudiando, tal vez suene estupido he insignificante, pero eso me dio a entender que no me prestabas atención cuando te decía algo importante para mí cuando yo recuerdo hasta tus días en el mes y año favoritos, cuando yo sabias hasta la flor que más te gustabas y esos gustos por los bombones de chocolate. Me dolió que te despidieras de mí sin antes darte cuenta de todo. #3 Terminaste conmigo por error que yo había cometido, me dijiste que no podías estar ni un día más sabiendo que yo podría hacer lo que te hice alguna vez, tuvimos una gran pelea sobre eso, cada que podías me decías y me recordabas todo lo malo sin descartar nada de lo que yo había hecho cuando yo solo te decía lo que me habías hecho tú cuando realmente sobre pasabas los límites. #4 Ya nos demostramos cuanto nos amamos, oh al menos yo lo he echo. Error tras error son los que he cometido, pero vamos, para lo que tu me has echo la palabra “error” se queda corta. Ya te lo e dicho muchas veces, te admiro el que estés conmigo y me aceptes tal y como soy, con mis muchos problemas y complejidades. Tu me enseñaste muchas cosas, entre ellas a querer con la misma sinceridad que tu. Quiero recordarte que tu siempre has sido un pilar importante en mi vida, un apoyo, una persona que siempre me dio el animo sin decir nada, el que simplemente por tener la idea que mientras menos tuviera que hacer crecía la posibilidad de vernos. Dentro de mi sabia que no era mas que una idea tonta y que no pasaría, pero siempre tuve una esperanza.
Muy bien ahora, te recalco el que eres una gran persona, el mejor novio de todos, con un único defecto, el único que hasta tu te reconocías….jamás estuviste (oh estas) fisicamente para mi.
No quiero hacerte sentir mal, pero tu tienes tus problemas y lo entiendo, el ser mas grande que yo, conlleva mas trabajos en la escuelas y menos tiempo para mi, por ello me molestaba, por que yo siempre intente hacerme un espacio para ti y tú ni lo intentabas. Muchas veces te necesite pero para no molestar jamás dije nada. #5 Cuando paso lo de tu espalda, no paso ni un día sin que te preguntara como te sentías hasta que me dijiste que ya estabas mucho mejor. Intente que se notara mi interés por ti, y lo hice por más de un día. Tengo problemas, demasiado para una sola personas, por un momento creí que tu eras la única persona a la que le podía contar todo sin necesidad de recibir una crítica, sino un consejo, eso hacías por mi. Incluso cuando mas confianza tenía, hacia algo o provocaba algo que te hacia serme indiferente, grosero, obstinado, y de mas…eso realmente dolía y el día que intente darte un escarmiento lo entendiste, pero repito ¡Solo fue ese día! Yo no esperaba mas de ti que el aun que fuera un hora, un minuto, un segundo tuvieras para venir y abrazarme, decirme que todo estaría bien, que todo se resolvería…solo eso, un mínimo detalle de apoyo moral de tu parte, no pedía mas… #6 Cada que te terminaba no entendías que no deje o dejare de amarte, simplemente que ya me había cansado de dar todo de mi, de dar 24-7 por alguien que no lo daba. Terminaba contigo, no por celos, no por desamor, no por odio, no por distancia, no por los problemas. Mas bien por tu falta de presencia ante mi miedo, mi coraje, mis celos, mi amor, mi felicidad y sonara estupido, pero por tu falta de presencia ante mis problemas, nuestros problemas. #7 Sé que estando lejos no te acuerdas de mi, ni me extrañas. Perdí totalmente la cabeza por ti, te busque y te busque y tú más te alejabas, 1000 consejos escuche y seguí haciendo lo mismo, te llore, te ame, te espere, te extrañe, te volví a llorar, me volvías a hacer mal, y yo seguía en lo mismo. No es fácil olvidar así de la nada cuando amas, tampoco es fácil fijarse en otra persona cuando tienes a alguien en la cabeza. Tú nunca entendiste lo que sentí por ti, nunca fuiste capaz de ver que te amaba de verdad, que siempre pensaba en ti, y que nunca estuve tan pendiente de alguien como de ti, de como me preocupaba cuando estabas mal, pero todo se supera, todo pasa, a principio duele, obvio, cuesta, y hasta arañe las paredes para evitar buscarte. Pero sé bien una cosa, puedes estar con quien se te cruce, pero si hay algo que doy por segura, es que jamas nadie te va amar, ni llorar de la manera en que lo hice yo, JAMÁS.
Desde que te conocí te lo entregue todo; mi vida, mis deseos, mis virtudes y mis defectos. Ni a mi misma me había entregado tanto alguna vez. Pero tú decidiste dejarme de un día para otro, y olvidaste todo lo bueno, olvidaste todo lo que entregué, ni siquiera un poco de cariño sentí de tu parte, como si en verdad te importara nada.
 Todo este tiempo he luchado por esto, no darme por vencida siempre ha sido mi más grande objetivo, tratar de lograr que las cosas siguieran igual era lo que más quería, pero dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver.
 Fuiste el hombre que amé y he decidido dejar ir, no por egoísmo, sino por amor propio.
Que hacer cuando no querés olvidar el amor que sientes por una persona a la que le diste todo, pero que el tiempo indefectiblemente así desapercibido, invisible; te va arrancando todo lo que no quieres soltar?… 
A veces amamos el tiempo cuando nos regala las mejores horas, o minutos con ese alguien que amamos, pero nos quejamos de que pasa rápido, también lo odiamos cuando no nos devuelve ese amor que por alguna razón ya no está…Convivimos con el tiempo a lo largo de nuestra vida, casi es nuestro Dios al que le pedimos constantemente que nos dé lo que deseamos…Yo no sé si amarlo u odiarlo… lo único que sé, es que ahora necesito más que nada que se lleve nuestro amor porque dicen que el tiempo cura todo pero eso no es verdad, lo que el tiempo hace es algo más cruel, el tiempo mancha los recuerdos, hasta que son tan confusos que no recordamos la realidad sino nuestros pensamientos sobre ella.
Y así perdemos momentos, partes de nosotros mismos, lugares, sentimientos. El tiempo no nos cura, el tiempo hace desaparecer lo que fuimos, hace morir el pasado. Sí así es, doloroso pero cierto, el tiempo no nos sana, nos hace desaparecer
¿Sabes cuando te das cuenta que estás al límite…?
Cuando un día por una estupidez te vienen lágrimas a los ojos, cuando una palabra insignificante té afecta profundamente. Pero eso no significa que seas frágil o débil, significa haber soportado muchas cosas durante mucho tiempo. Y ya no aguantar más…
Te rogué, 
porque valías la pena,
 no por falta de dignidad. Te extrañé,
 porque fue hermoso el tiempo compartido,
 no porque vivir sin ti no pueda. Te pedí perdón
, porque reconocí mi error,
 no porque sea débil mi corazón .
Voy a decirte lo que nunca te dije, a destiempo. Perdona, de antemano, si ya no te importa o si estás con alguien más cuando leas esto. Pero como sabes muy bien: siempre fui la chica de los demasiado tarde.
 Quiero empezar diciéndote que la primera vez que te hablé, supe exactamente lo que por años había buscado, pero que por cobarde no quise abrir los ojos porque al principio te idealicé: supuse cómo era tu voz cuando estás roto o tu mirada cuando el mundo se te cae en mil pedazos.
 Pensaba en ti el mismo tiempo que tú no pensabas en mí. Gastaba la mayor parte de mis horas en escribirte algún que otro escrito y luego lo abrazaba como si de verdad se tratase de tu alma, de tu piel. Quizás ni siquiera te lo imaginabas, pero tu sonrisa me hacía imaginarla como una estrella inalcanzable, como una verdadera e irreal utopía. Y las utopías, siempre, siempre terminan doliendo.
 Me doliste tanto como llegué a quererte. Porque el amor al igual que las heridas, ya sabes aquello de que hay que tener fuerzas para enamorarte y que quizás no sea correspondido tu amor de la forma en que tú mereces. Porque es terrible la idea de aceptar un amor que no está a la altura del nuestro. Como iba escribiendo, el tuyo sí lo fue. Y cómo no serlo, si los latidos del corazón nunca mienten. Y ellos hablaron por nosotros todas las veces que tuvimos la oportunidad de llamarnos y sentir que éramos una sola y muy herida piel.
 Cuando me acariciaba las heridas pensaba en lo bonito que sería que fueras tú quien lo hiciera y que al sonreír vieras lo rota que estaba. Y te mantenías a pie del cañón, porque jamás fuiste de los que se rinden fácilmente, pero que, a veces, hay que saber rendirse en un abrazo y que eso también sabe a victoria. Y jamás me pasó por la cabeza que la gloria a la que te referías, podía curar tanto un corazón roto. Un abrazo hace eso.
 Lo segundo que quiero decirte, independientemente si has llegado hasta este punto —y espero que sí—, es que lo siento. Siento mucho haberte arruinado las mejores vistas que te prometía del paisaje. ¿Y sabes? Fueron caminos distintos los que nos deparó el destino en ese preciso instante en el que el horizonte se dividió en dos. Siento tanto haberte destrozado más de lo que ya estabas antes de mí, perdón por haber sido esa tormenta que no para, pero duele. 
La vida se torna oscura —más oscura en mi caso— cuando eres el protagonista de una herida más en la piel del otro. Y tienes que seguir latiendo a través del dolor. Cómo olvidar las veces en las que te llamaba y me soltaba en llanto al otro lado del móvil. Y yo no podía hacer absolutamente nada, excepto querer salir a buscarte. Y abrazarte fuerte y poner una de esas canciones favorita en el coche, mientras conducías a un lugar alejado de la ciudad, donde podíamos gritar a todo pulmón sin que nadie nos preguntara que qué nos pasaba. Porque odiabas las explicaciones, mucho más si se trataba sobre tu estado de ánimo, detestabas compartir con el resto lo que te consumía, pero siempre fuiste de ir arreglando los problemas sólo, pero debiste saber que hay veces en el camino en las que tienes que detenerte, tomar un respiro, llorar si es necesario y seguir andando como lo has venido haciendo todo este tiempo. Porque no todo tiempo es tiempo de andar, hay tiempo para descansar y respirar. Hay momentos para ser guerrero y momentos para ser refugio.
Y lo último que quiero decirte es que, si un día encuentras a alguien más, por favor, dale una oportunidad. Jamás pases del amor, porque él es quien nos hace sentir cosas bonitas, incluso cuando nosotros somos un desastre sin causa ni efecto. Y que, ojalá, pienses en mí cuando, andando y buscando, escuches nuestra canción en la radio. Ojalá pienses en mí cuando alguien lleve puesta la misma colonia que uso yo; cuando alguien más diga alguna tontería sin sentido como cuando trataba de hacerte reír porque ya estábamos cansados de tanta tristeza; cuando en algún atardecer pienses en todas las locuras y caídas que sufrimos por haber sido valientes. Valientes, eso fuimos. Y, al final, acertamos en aquello del amor que merecemos.
Recuérdame como la chica de los demasiado tarde, pero que perdía las horas de sueño sabiendo que al día siguiente había escuela por quedarse un rato más contigo.
 La verdad es que ame a distancia, llore a kilómetros, espere por años y me rompiste a centímetros.
Posdata: Nunca me olvides, nunca nos olvides.

Luisa, lo que traigo en el estómago
no son mariposas, mejor dicho,
son hadas fosforescentes
que pronuncian tu nombre
y se queda en mis venas
se evapora en mis átomos
luego suben al cielo, llueven,
caen en la tierra
en forma de palabras
que alguien que encuentra
la sintonía de un amor
también puede saborearlas,
como yo saboreo tu aroma
y extiendo en mis sueños
mi brazo para acariciar tu rostro
como una ola que baila
un tango con la arena
Luisa, aquella vez
que nos tomamos de la mano
sentí que amarnos
iba a ser el mejor regalo
que la vida podría darnos
yo puedo ir por ti al trabajo
para que no regreses sola
y si no
puedo esperarte aquí
en estos labios
que son tus labios
—  El color de los tallos, Quetzal Noah