el-azul-es-el-mejor-color

#Día 4 {Amado Adiós. - MiniFic Wigetta}

hecho de que me despierto con hambre, pocas veces suele suceder pero aún así ahogo la sensación bebiendo un vaso de agua y azúcar. Eso ayudará a mantenerme algunas horas sin marearme.

Retengo el impulso de despedirme en voz alta por que mamá llevó a Karol al colegio y al parecer Elizabeth se ha marchado antes de que despertara. Y no me sorprende, dice que andar por el día le deprime y no quiere que la vea así. Tonterías suyas que como amigo debo respetar.

Así que simplemente recojo mis llaves y me voy decidido a reencontrarme con Samuel para aplicar los consejos de Elizabeth.

Camino apresurado pero sin llegar a perder el aliento, realmente estoy nervioso, tenía una lista ordenada en mi mente sobre preguntas que le haría para conocernos mejor.

¿Cual es tu color favorito, Samuel? repaso en mi mente imaginando que respondería, ¿Será el azul como el mío?

De pronto puedo sentir como me tropiezo contra alguien perdiendo el equilibrio y maldigo mil veces el hecho de no perder la estúpida costumbre de mirar mis pies al caminar.

Mientras intento ponerme de pie observo que la persona contra la que me choqué es una chica, es bonita, pero parece realmente enfadada conmigo pues su cara se tiñó de un color carmesí y su ceño se encuentra fruncido. Intento no reír y me apresuro a disculparme pero las palabras se atoran en mi garganta al escucharle gritar.

- ¡Diablos! ¡Maldito animal! ¿Acaso no ves por donde vas?- corrección, es bonita pero una completa zorra.

- No te vi, sucede que prefiero observar el piso antes que tu cara de imbécil, estúpida perra- las palabras simplemente salen de mi boca. Mi cabeza solo repite “sé hiriente” una y otra vez como modo de defensa.

- Pedazo de marica, me das asco- le oigo balbucear mientras se aleja. Sonrío divertido ante las personas que se quedaron apreciando el espectáculo aunque por dentro solo retengo mis ganas de estallar dela rabia.

Pedazo de marica
Me das asco

Mientras en mi cabeza solo puedo oír aquello logrando hacerme recordar lo despreciable que soy me encuentro de pie ante la habitación donde suelo ver a Samuel y todos esos pensamientos se borran de mi mente de un segundo a otro.

¿Debería entrar? Me pregunto unas tres veces antes de voltear sobre mis talones e intentar huir de allí, por que acabo de recordar que soy patético, que una chica me llamó marica y que toda mi vida se basa en eso.

- ¿Guille? ¿Qué haces?- puedo escuchar a mis espaldas y estoy completamente seguro de que se trata de Samuel. Mi cuerpo se paraliza y me prohíbe voltear a verle así que simplemente me quedo ahí parado.

Otra vez me siento estúpido.

- ¿Quieres pasar?- pregunta nuevamente pero un tono más calmado y dulce. Puedo oír unos pasos, sé que ahora se encuentra justo detrás de mi pero aún así no me muevo.

¿Qué sucede conmigo?

- No.- respondo inconscientemente, tensandome al sentir su mano sobre mi hombro.

- Está bien. ¿Quieres salir a caminar un rato por ahí?-

¿Acaso me está invitando a salir? ¿Eso cuenta como cita?

- De acuerdo.- respondo y finalmente puedo volver a moverme.

Quizás no era una cita como tal, pero me gustaba pensar que así era. Caminamos en silencio durante unos minutos, sin prisa y con calma después de todo no teníamos rumbo alguno.

Observe con disimulo su perfil, mientras este miraba todo a su alrededor sin interés. De pronto noté lo hermoso que estaba el día y lo bien que se veían sus ojos bajo el brillo del sol, en realidad todo a su alrededor se veía hermoso ¿O solo era él?

Aparte mi mirada en cuanto este notó que lo observaba como un psicópata, quizás por eso soltó una pequeña risa, aunque no se molestó, no reaccionó como todos esos muchachos que me quedaba viendo cuando me gustaban, no me golpeó, tampoco me insultó y mucho menos me miró con asco. Realmente me aliviaba aquello.

- Sabes Guille, me gusta caminar por aquí cuando necesito despejar mi mente- dijo en una sonrisa tomando entre sus manos una flor- Me alegra poder compartirlo con alguien como tú- repitió colocando la pequeña flor sobre mi oreja.

No pude evitar sonrojarme, así como tampoco pude evitar que mis pulsaciones se aceleraran.

- ¿Cómo es alguien como yo?- pregunté curioso intentando evitar su mirada constante.

- ¿Alguien como tú? Pues, alguien lindo, alguien que aprecia las pequeñas cosas como el brillo del sol iluminando mi cara- respondió divertido, me sorprendió el hecho de que supiera que lo estuve observando todo el tiempo y no dijo nada.

¡Espera! ¿Acaba de llamarme lindo?
Una escandalosa risa se escapo de mi boca logrando que Samuel se sobresaltara un poco haciendo que riera aún más por eso.

- ¿Qué es tan gracioso?- preguntó acompañandome entre risas.

- No lo sé, tú me llamaste lindo. ¿Entiendes? Me llamaste lindo, a mi- dije entre risas comenzando a derramar lagrimas, aunque ya no era tan gracioso.

- ¿Qué dices? Para mi eres lindo

Miente

- ¡Basta, para de decir eso!- exclame abrumado por mis emociones que comenzaban a mezclarse.

- Hey tranquilo, no tienes que ponerte así- podía sentir su preocupación en su tono de voz.

- Entonces deja de mentirme- murmuré molesto haciendo lo posible por ahogar las voces en mi cabeza que solo me pedían huir de Samuel lo más lejos posible.

- ¿Qué te hace pensar que miento?

- ¿Es broma? Mírame, solo doy asco..- esa chica tenía razón.

- No seas tan duro contigo mismo.- murmuró tomando con ambas manos de mis mejillas, sus manos son realmente grandes por un momento sentí el impulso de cerrar mis ojos y frotar mi cara contra su mano cual gatito pero lo reprimí a toda costa. Simplemente cerré mis ojos con fuerza.
- ¿Sabes que veo cuando te miro? Veo a una persona realmente hermosa que merece mucho amor porque tiene miedo de todo, veo a una persona con una sonrisa preciosa que tiene que ser reparada porque la rompieron, veo a una persona que siento el impulso de proteger a toda costa, hasta de si mismo.

Inevitablemente derrame todas esas lagrimas que mantenía todo este tiempo retenidas, Samuel enseguida me envolvió entre sus brazos juntando algunas de mis piezas rotas logrando calmar mi llanto antes que comenzara a hipar.

- Gracias- hice un pausa dedicandome a simplemente abrazarlo y oler su camisa- Creo que ya debo irme.

- ¿Vas a estar bien Chiqui?

Chiqui. Sonaba tan bien. Podría acostumbrarme a eso.

- No te preocupes- sonreí dispuesto a irme.

- ¿Puedo verte mañana?- preguntó titubeante- Es decir, en una ¿Cita?

- ¿Una cita? ¿Qué propones?-

¿De verdad estaba invitandome a una cita? ¿Estoy despierto?

- Cena en un restaurante, ¿Te parece?- propuso con un ligero rubor en sus mejillas, ¿Existía alguna forma de negarse a eso? No, definitivamente no.

- Mañana a las diez será entonces.- confirmé al verlo asentir así que simplemente voltee en dirección contraría y regrese a casa.

¡El Gold Mono Pack es una Belleza!

Esta colección tiene un detalle que los haga muy atractivos a la vista y es el hecho de tener una estética increíble con colores profundos y monocromáticos hasta la suela. 

Además es claro que los  modelos Era, son una re interpretación de los Authentic pero con mejoras para patinar en todos sentidos. Una perfecta combinación entre un modelo altamente estético pero, con la resistencia necesaria para el trajín diario, y para darle duro a la tabla.

Este sin duda será uno de los modelos favoritos del año, ya que cuenta con modelos en color azul, rojo y verde obscuro, para satisfacer todos los gustos.

A continuación les compartimos algunas fotos de los diferentes colores y modelos para que elijas tú mismo el que te va mejor, y recuerda que éstos ya se encuentran disponibles en Vans Stores y distribuidores habituales.

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Levantamiento de pesas olímpico: una fiesta colombiana

RIO DE JANEIRO (AP) — Corean el nombre de Colombia vestidos con las camisetas amarillas de su selección de fútbol. Ondean banderas con el amarillo, azul y rojo de los colores nacionales. Lloran, gritan y ríen. Parece que sólo les faltara gritar el gol.

Pero aquí no hay pelota. Sólo una barra con mucho peso.

Colombia es mejor conocida por los goles espectaculares de James Rodríguez que le valieron el botín de oro en la última Copa del Mundo. O por ciclistas como Nairo Quintana, el ganador del Giro de Italia, o Mariana Pajón, medalla de oro en BMX en 2012 en los Juegos Olímpicos de Londres. Pero desde la gradería, los hinchas colombianos han convertido en una fiesta el levantamiento de pesas en Río de Janeiro donde el lunes celebraron el primer oro de su país en Río, gracias al triunfo de Oscar Figueroa.

“Colombia tiene una hinchada y una pasión alrededor del deporte muy grande”, comentó Santiago Salinas, un ingeniero colombiano de 31 años que viajó a Río para animar al equipo con su familia. “La razón para estar acá es precisamente para apoyar al deportista colombiano, no sólo en los deportes principales como el fútbol y el ciclismo, sino en la multidisciplinar porque todos los deportistas, independientemente del deporte, necesitan mucho apoyo”.

Tras conquistar el lunes el oro en la categoría de 62 kilos de la halterofilia, Figueroa se quitó las zapatillas, se arrodilló y se tiró hacia atrás, sin poder contener las lágrimas. En las gradas, los hinchas colombianos coreaban su nombre. Muchos también sin poder contener el llanto.

“Los hinchas colombianos somos muy llorones. Lloramos mucho”, dijo Salinas entre risas. “Somos muy emocionales. Y eso habla muy bien de los colombianos, de la forma en que sentimos y vivimos el deporte. Es pura alegría de poder tener deportistas en el top mundial”.

En preparación para la competencia de los 63 kilos femenina el martes, Salinas, su padre y sus hermanos colgaron una bandera de Colombia y coloridas mochilas típicas de la tribu Wayuu hechas a mano. Algunos usaban turbantes con los colores nacionales, mientras que otros usaban el tradicional sombrero volteado de la costa colombiana.

“El levantamiento de pesas ha venido fortaleciéndose. Creo que es uno de los pocos deportes que nos ha dado medallas. Es un deporte que nuestra mente no es muy fuerte en Colombia, pero que es muy representativo a nivel de resultados”, dijo Carlos Orlando Salinas, el padre de Santiago, quien también había viajado con su familia para apoyar a los atletas colombianos en el Tour de Francia, el Giro de Italia y otros escenarios mundiales.

Colombia tiene apenas tres medallas olímpicas de oro, y dos son gracias a la halterofilia: Figueroa y María Isabel Urrutia en Sydney 2000. La otra la consiguió Pajón hace cuatro años en Londres.

“Asistimos al Mundial de fútbol aquí en Brasil y el apoyo era inmenso. Estuvimos en Brasilia y había 70,000 colombianos. Era como estar en casa”, dijo Carlos Salinas. “Así es el hincha colombiano”.