el romano

Signos en la mitología griega

Aries: Ares; en la mitología griega, dios de la guerra e hijo de Zeus, rey de los dioses, y de su esposa Hera. Ares es representado con coraza, casco, escudo y tina espada manchada de sangre. Tiene un cuerpo enorme y suele ir acompañado de sus hijos Deimos (Temor) y Fobo (Terror). Agresivo y sanguinario, Ares personificaba la brutal naturaleza de la guerra, y era impopular tanto para los dioses como para los seres humanos.

Tauro: Eros; era el dios primordial responsable de la atracción sexual, el amor y el sexo, venerado también como un dios de la fertilidad. En algunos mitos era hijo de Afrodita y Ares, pero según El banquete de Platón fue concebido por Poros (la abundancia) y Penia (la pobreza) en el cumpleaños de Afrodita. Esto explicaba los diferentes aspectos del amor.

Géminis: Hermes; en la mitología griega, mensajero de los dioses,guiaba a las almas de los muertos hacia el submundo y se creía que poseía poderes mágicos sobre el sueño. Hermes era también el dios del comercio, protector de comerciantes y pastores. Como divinidad de los atletas, protegía los gimnasios y los estadios, y se lo consideraba responsable tanto de la buena suerte como de la abundancia.

Cáncer: Hestia; es la diosa de la cocina, la arquitectura, el hogar, o, más apropiadamente, del fuego que da calor y vida a los hogares. Es una diosa pacífica. Su culto se asemejaba a la escita Tabiti, y su equivalente romana sería la diosa Vesta, aunque el culto romano a ésta difería bastante del de los griegos.

Leo: Dionisio; Es el dios patrón de la agricultura y el teatro. También es conocido como el ‘Libertador’ (Eleuterio), liberando a uno de su ser normal, mediante la locura, el éxtasis o el vino. Era bueno y amable con quienes lo honraban, pero llevaba la locura y la destrucción a quienes lo despreciaban a él o a los rituales de su culto.

Virgo: Atenea; se la conoce como la diosa guerrera armada con una lanza y la égida —coraza de piel de cabra—, sin embargo no le agradan las batallas como a su hermano Ares, porque siempre valoró muchísimo más la inteligencia y la prudencia que la violencia. Por lo tanto es promotora de la conciliación de los pleitos a través de medios pacíficos.

Libra: Afrodita; La diosa que se dio a conocer emergiendo a través dé las olas del mar, era tan hermosa que todos los habitantes del mar se reunieron para admirarla. Cuando, la diosa vio la luz del sol por primera vez, montada en un carro hecho con una concha de mar, todos los seres comenzaron a disfrutar de la belleza, la alegría y el amor con verdadera plenitud. 

Escorpio: Hades; Cuando los tres hermanos se repartieron el universo después de haber derrocado a su padre, Cronos, a Hades le fue concedido el mundo subterráneo. Allí, con su reina, Perséfone, a quien había raptado en el mundo superior, rigió el reino de los muertos. Aunque era un dios feroz y despiadado, al que no aplacaba ni plegaria ni sacrificio, no era maligno. En la mitología romana, se le conocía también como Plutón, señor de los ricos, porque se creía que tanto las cosechas como los metales preciosos provenían de su reino bajo la tierra.

Sagitario: Artemisa; tradicionalmente amiga y protectora de la juventud, especialmente de las muchachas. Artemis impidió que los griegos zarparan de Troya durante la guerra de Troya mientras no le ofrecieran sacrificio de una doncella. Artemis iba armada con arco y flechas, armas con las que a menudo castigaba a los mortales que la ofendían.

Capricornio: Zeus; es el dios del cielo, en la mitología griega, es el dios máximo del Olimpo. Gobierna estableciendo orden, la justicia y el destino del Universo.

Acuario: Apolo; era un músico dotado, que deleitaba a los dioses tocando la lira. Era también un arquero diestro y un atleta veloz, acreditado por haber sido el primer vencedor en los juegos olímpicos. Su hermana gemela, Ártemis, era la guardiana de las muchachas, mientras que Apolo protegía de modo especial a los muchachos. 

Piscis: Poseidón; tuvo numerosos amores, especialmente con ninfas de los manantiales y las fuentes, y fue padre de varios hijos famosos por su salvajismo y crueldad, entre ellos el gigante Orión y el cíclope Polifemo. Poseidón y la gorgona Medusa fueron los padres de Pegaso, el famoso caballo alado.

- Airastrology  y Artemisvierge

Ó profundidade das riquezas, tanto da sabedoria, como da ciência de Deus! Quão insondáveis são os seus juízos, e quão inescrutáveis os seus caminhos! Por que quem compreendeu a mente do Senhor? Ou quem foi seu conselheiro? Ou quem lhe deu primeiro a ele, para que lhe seja recompensado? Porque Dele e por Ele, e para Ele, são todas as coisas; glória, pois, a Ele eternamente. Amém.
—  Romanos 11:33-36.
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ENTREVISTA A TERENCE MCKENNA 

- Dime, ¿Cuál es tu sentimiento cuando digo la palabra “drogas”?

Bueno, “drogas” es una palabra que ha contaminado a el lenguaje, una de las razones por la cuales tenemos un problema de “drogas” es porque no tenemos un lenguaje inteligente para hablar de substancias, plantas, estados mentales psicodélicos, estados sedados, estados de exaltación por anfetaminas.


No podemos darle sentido a los problemas y a las oportunidades ofrecidas por substancias a menos que limpiemos nuestro lenguaje. “Drogas” es una palabra que ha sido usada por gobiernos para hacer imposible una opinión critica y creativa acerca del problema de substancias y medicamentos, su abuso y su disponibilidad.


- Para las personas cuyo significado no es “droga” sino “medicamentos”, son aquellas personas cuyas compañías tienen control para crear, no se, Tylenol, que al parecer es muy legítimo.

Es una total paradoja, ¿cierto? “Drogas” significa aquello que nos sana y ayuda a curar los mas grandes problemas del desgaste degenerativo. Y siempre están presentes. Aun así, hay esquizofrenia cuando se habla sobre drogas.

La gente cree que hay drogas “buenas” que son usadas por ciencia y farmacias, y drogas “malas” usadas por gente indígena en ritos bizarros que crecen en plantas extrañas en lugares distantes del mundo. Este tipo de pensamiento ingenuo, por supuesto que nos lleva a problemas sociales y políticos.


- Tu decisión siempre ha sido buscar aquello que llamamos “plantas y substancias extrañas en lugares extraños”
Tu carrera fue Etnobotánica y la sigues ejerciendo.

Así es, y desde que yo era muy joven, siempre me fascino la idea de cambios extremadamente fuertes en la conciencia, de los cuales nos recuperamos en unas cuantas horas, estos inducidos por plantas.

Y descubrí a través de los libros de Aldous Huxley y otros autores que este era un fenómeno mundial casi cultural y religioso que mi pobre crianza católica y de clase media había totalmente subestimado y negado. Y desde entonces me ha encantado.

Es algo así como la sexualidad, algo que el intelecto postcalvinista hubiera preferido que no existiera. Pero de hecho, el fenómeno de ser humanos en cuerpos de animales relacionados con La Naturaleza, hace que sea importante para nosotros el tema de alteración de conciencia y la substancias , las plantas y la contracultura que se relaciona con estas cosas.


- Tu tesis en muchos libros ha sido que estas substancias han tenido un impacto mucho mas grande en la influencia de las culturas del que la mayoría de las personas quisieran ver o reconocer.

Pero claro, para mí la historia de la humanidad es la historia de una substancia tras otra cambiando y transformando los valores y la sociedad. Un ejemplo perfecto sería el azúcar. La mayoría ni siquiera ve al azúcar como una droga!

Y aun así, podemos creer que la cocaína cambió y transformó la moral y los valores políticos en América Latina, PERO al azúcar revivió la esclavitud! La esclavitud había muerto con el imperio Romano. Ya nadie trabajaba las tierras y sus productos con mano de obra esclavizada en la época medieval cuando los portugueses empezaron a producir azúcar con prisioneros y siguieron comprando seres humanos de traficantes Africanos y Árabes.

Y el papa estaba en el negocio y todos estaban en el negocio. Es decir, esto es corrupción de drogas proveniente de las instituciones centrales de la sociedad en escalas masivas

Ó profundidade das riquezas, tanto da sabedoria, como da ciência de Deus! Quão insondáveis são os seus juízos, e quão inescrutáveis os seus caminhos!
Pois, quem jamais conheceu a mente do Senhor? Ou quem se fez seu conselheiro? Ou quem lhe deu primeiro a ele, para que lhe seja recompensado?
Porque dele, e por ele, e para ele, são todas as coisas; glória, pois, a ele eternamente. Amém.
—  Romanos 11:33-36 (via imperfecct-princess)

La crisis de refugiados que destruyó al Imperio Romano

Hace aproximadamente 1600 años, el continente europeo atravesaba una seria crisis de refugiados. Justo como sucede en la actualidad, un pueblo empleaba la ruta de los Balcanes para huir de las atrocidades en busca de una nueva vida en tierras extranjeras. En el año 367, no eran los sirios los que se trasladaban en masa, sino los godos, pueblo que los romanos consideraban profundamente bárbaros.

Migraron hacia el sur y solicitaron la protección del imperio más poderoso de Occidente. De origen germano, este pueblo habitaba el este de Europa y se subdividía en los ostrogodos y visigodos.

Ese año, el historiador y militar romano Amiano Marcelino apuntó que los godos estaban siendo desterrados por una “raza salvaje sin comparación que descendía en turbas de las montañas, como si brotaran de un rincón oculto en la tierra, destruyendo todo lo que se atravesaba en su camino”. Se trataba de los hunos, pueblo nómada que se desplegó a Europa Central en busca de tierras y pastizales. A medida que avanzaban, expandían sus dominios a través de alianzas y conquistas.

La travesía de los godos

Los godos se atravesaron en el camino de los hunos y migraron a Tracia, una región que actualmente pertenece a los territorios de Bulgaria, Grecia y Turquía y que en aquella época era una provincia romana. Si lograban establecerse, estarían en una tierra fértil, al otro lado del río Danubio y más protegidos de la furia de los hunos. Pero faltaba que Roma estuviera de acuerdo. Tracia formaba parte de una porción Oriental del imperio, gobernada por Valente. Así fue que Fritigerno, el líder de los godos, propuso que su pueblo fuera recibido como súbdito de Roma, ofreciendo una ocupación tranquila y, a cambio, tropas auxiliares en caso de que el ejército Imperial requiriera de fuerza extra. Era una propuesta excelente para ambas partes. Tracia era una tierra muy poco habitada, necesitaba de manos trabajadoras y algunos miles de hombres para eventuales batallas, por lo que era una oferta inmejorable. Además, como una muestra de su buena fe Fritigerno se convirtió al cristianismo, religión que hacía décadas había dejado las catacumbas para convertirse en la religión preferida de los emperadores. Es decir, Valente no podría rechazar tal propuesta.

De hecho, el emperador aceptó y los refugiados pudieron establecerse en el territorio. Con esto, los godos se encaminaban a ser uno de los muchos pueblos asimilados por el Imperio Romano. Los extranjeros se convirtieron en ciudadanos y sus descendientes tendrían la posibilidad de conseguir cargos en la administración pública o en el ejército. Era una receta a largo plazo que protegía a Roma: haz que los otros sean romanos. De hecho, el Imperio era relativamente diverso para esa época. A través de su historia tuvo emperadores que nacieron en provincias distantes de la capital, incluso de la Península Italiana. Hombres que provenían de regiones que actualmente corresponden a España, Croacia, Francia, Hungría, Bulgaria, Serbia e incluso de Turquía, Marruecos, Libia y Siria se convertían en emperadores. Evidentemente, asimilar multitudes y permitir el ascenso social era una medida mucho más inteligente que, por ejemplo, construir un muro.

Todo funcionaba en perfecta paz hasta que los militares corruptos, encargados de administrar las provisiones que eran enviadas a los inmigrantes con la finalidad de ayudarlos a instalarse en sus nuevas tierras, empezaron a llenarse los bolsos. Los godos empezaron a pasar hambre, y sólo les quedaba adquirir carne de perro de los militares.

La rebelión de los godos contra Roma

Hambrientos y con un profundo sentimiento de traición, los godos empezaron a rebelarse. En el año 378 sitiaron Andrinópolis, actual Turquía. Se trataba de una ciudad ancestral, citada en la mitología griega de Orestia y rebautizada en homenaje al emperador Adriano. El propio Valente decidió marchar para enfrentar a los bárbaros. Subestimó las fuerzas ostrogodas y visigodas y no esperó los refuerzos de Occidente. Con apenas 40 mil hombres disponibles para la batalla, cayó frente a los 100 mil bajo el mando de Fritigerno.

Fue una masacre, un episodio que San Ambrosio, que vivió en esa época, describió como “el fin de la humanidad, el fin del mundo”. Los romanos fueron traicionados. Valente no sólo murió en batalla, sino que su cuerpo jamás fue recuperado. El emperador se convirtió en una carcasa indigente abandonada en Tracia, junto a miles de otros cuerpos de militares anónimos que, de un día a otro, se convirtieron en recuerdos y alimento para buitres.

El fin del Imperio

Valente fue sucedido por Teodosio, que hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio de una vez por todas. Este personaje también entendió la clara superioridad de los godos sobre las debilitadas legiones romanas en los campos de batalla y empezó a reclutarlos para las fuerzas imperiales. Esto calmó los ánimos durante algún tiempo. Cuando murió, en 395, el Imperio quedó oficialmente dividido en Occidente y en Oriente. La porción oeste estaba cada vez más frágil, y los godos arribaron a Italia en 402. Otros bárbaros también se aprovecharon de la situación. Los vándalos destrozaron la Galia, y los propios godos arribaron a Roma en 409.

Fue entonces que el pueblo que había expulsado a los godos décadas antes obtuvo un rey inolvidable. Atila el huno simbolizó el fin de Roma, pese a que jamás conquistó la capital. Esa hazaña la logró Genserico, rey de los vándalos, en 455. Por eso, la batalla de Andrinópolis se considera el inicio del fin del imperio más poderoso de la antigüedad. Lo mejor hubiera sido tratar con dignidad a los refugiados, o jamás recibirlos desde un inicio.

Somos esclavos

Los filósofos estoicos me fascinan. Ellos mostraron al mundo griego de entonces (y siguen mostrando al mundo de hoy) que prácticamente todo en la naturaleza escapa a nuestro control; de tal modo, es un absurdo anclarnos emocionalmente a ello, mostró Epicteto, en tanto sólo depende de nosotros el deseo, pero no el cuerpo; la opinión, pero no la reputación; el impulso, pero no la función. ¿Qué lecciones podría darnos la filosofía estoica en esta época llena de angustia por el futuro y una necesidad casi patológica por ser aceptado?

Al respecto, pienso que una de las máximas expresiones de caos en la era posmoderna es el consumo. Los seres humanos en la mayoría del globo estamos expuestos al marketing, mediante el cual se nos pretenden crear necesidades que desaten una compulsión a comprar. El plan es sencillo: primer paso, crear la necesidad; segundo paso, ofrecerte la solución. Y al cabo del tiempo, miramos los estantes de nuestras casas llenos de cosas que no hemos ocupado en meses ¿Qué nos ha convertido en esta especie de esclavos del usufructo?

Feuerbach explico que la naturaleza es materia, y nada en ella escapa a tal concepto. No obstante, la abstracción del materialismo ha sido corrompida por el magisterio cristiano en definiciones que nada tienen qué ver con lo que el filósofo alemán que inspiró el pensamiento de Karl Marx, dijo. Una persona materialista no es quien atiende la fenomenología del mundo no-ideal, sino quien abreva a su existencia sólo elementos “materiales”, en tanto objetos, descuidado –se piensa–, la sustancia o espíritu.

Pero ni siquiera tal concepción cristiana alcanza para definir lo que un materialista hace en esta época, ya que no se compra por el fin material de las cosas, es decir, su utilidad, sino por su valor social. Es por tal razón que alguien posee más de un reloj: su motivación no se encuentra en un fanatismo exacerbado por la medición del tiempo, sino por lo que para éste significa tener relojes de tales marcas de tantos modelos. Existe en ello un importe simbólico que trasciende totalmente a la utilidad del objeto en sí. Se paga por el estatus. Así se justifica la compra de un auto, por ejemplo. Casi todos los coches hacen lo mismo, pero no todos me hacen lucir igual. Al comprar un Porsche en vez de un sedán, estoy adquiriendo una posición dentro de lo que percibo como sociedad. Sublimo mediante la idea de posesión emociones que justifican mi falta de responsabilidad existencial.

El filósofo estoico y al mismo tiempo rey Roma, Marco Aurelio, bien podría sonreír satisfecho por descubrir cuánta razón tienen sus elucubraciones al observar las conductas consumistas de la época contemporánea. A pesar de ser el emperador romano que venció a las hordas bávaras y aplastó las insurrecciones Avidio Casio en las provincias occidentales, el llamado “rey filósofo” consideraba que es un error suponer que nuestra posición social está bajo nuestro control. En sus Meditaciones, dijo que la infelicidad proviene de ese equívoco pues, quien busca elevar su estatus (mediante posesiones, por ejemplo), sufrirá a causa de quienes ignoran sus ascensos o, por el contrario, quienes sólo le buscan para eso, descubriéndose solo y dañado en el fracaso.

De tal modo que, poseer, es una ilusión, al mismo tiempo que el control. Somos como un perro atado a una carreta. Las fuerzas de la naturaleza y el caos intrínseco de la humanidad nos arrastran. Podemos ir en dirección opuesta y morir ahorcados, o caminar en su misma dirección. Somos esclavos del consumo. ¿Cómo liberarnos? ¿Quién nos amarró?, hay que preguntarse primero. Al filósofo cínico Diógenes le causaba risa el apego de la gente a cosas que él no necesitaba. Para él, el mercado era un centro de ambición, de ambición de poder, lo cual finalmente es el propósito del consumo. Compro lo que me coloca por encima de los demás; es decir, lo que me arroga poder. ¿Y si dejáramos de consumir y le diéramos a las cosas una verdadera utilidad? Nuestros roperos quedarían a la mitad, pero al perder cosas, nos ganamos a nosotros mismos.

- L. Alberto Rodríguez