el rector

Seth, 12 años



Tengo dos mamás. También está mi hermana Ebony, mi hermano pequeño Ash y mi hermano más pequeño Makaya. Descubrí que mi familia era diferente cuando tenía 6 o 7 años. En mi colegio teníamos un curso de Escrituras Sagradas, y la única forma de no ir era enviándole un correo al rector. Mis mamás no lo sabían, así que acabé yendo. Al cabo de un par de semanas, empezaron a decir: “Si tienes padres del mismo sexo o si eres gay, es pecado”. Eso fue un shock para mí y me sentí un poco confundido. Así que fui a casa, mi mamá tuvo una larga conversación con el rector y Ang me dio una taza llena de helado. Así fue cómo descubrí que mi familia era diferente. Pero nunca me ha importado demasiado, porque mi familia es increíble. Prefiero que mi familia sea diferente y feliz que “normal” e infeliz.

El 12 de octubre de 1936 se celebraba el Día de la Raza con un acto en la Universidad de Salamanca, la primera capital de los nacionalistas. Estaban presentes el rector, el obispo de Salamanca, Enrique Plá y Deniel, el general Millán-Astray [amigo y uno de los valedores de Franco] y la esposa del Generalísimo. El acto ha sido relatado por historiadores como Hugh Thomas, en La guerra civil española.

Recuerda Thomas que Unamuno había mostrado cierta simpatía por los falangistas, tras desilusionarse con la República, y puesto incluso dinero para el Alzamiento. Pero en octubre, tras los sangrientos avances del Ejército de África y las primeras ejecuciones, Unamuno juzgaba todo aquello como “una enfermedad mental”. A los falangistas, el filósofo ya no les admiraría nunca más. A uno de sus ex alumnos que le saludó enfundado en una camisa azul le dijo: “¿Qué hace usted, Tovar, vestido de mamarracho?”, como relata el periodista Eugenio Suárez en Caso cerrado.

El acto del paraninfo se inició con los encendidos discursos del dominico Vicente Beltrán de Heredia y del escritor José María Pemán. Le siguió el profesor Francisco Maldonado, quien atacó a los nacionalismos catalán y vasco, los definió como “cánceres en el cuerpo de la nación” y exaltó el fascismo como el “cirujano resuelto” que los extirpará". Es en ese momento cuando sonó en la sala un “¡Viva la muerte!”, el grito de la Legión Extranjera, que Millán-Astray siguió con tres “¡España!”, contestados por el auditorio con las expresiones de rigor: “¡Una! ¡Grande! ¡Libre!”.

Unamuno dio, a continuación, répllica a Maldonado: “Me conocéis bien y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir. Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia […] Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao. El obispo [Plá y Deniel, a su lado], lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona”.
Pero lo más grave estaba por llegar, la contestación a Millán, por el que sentía una profunda animadversión. “Acabo de oír el necrófilo e insensato grito: ´¡Viva la muerte!´[…] Esta ridícula paradoja me parece repelente. Millán-Astray es un inválido […] de guerra. También lo fue Cervantes. Pero, desgraciadamente, en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pueda dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor”, espetó.

La reacción del general fue furibunda. Se dice que se llevó la mano a la cartuchera, mientras gritaba: “¡Mueran los intelectuales! ¡Viva la muerte!” [según otras versiones, en realidad gritó “¡Muera la intelectualidad traidora!”]. Pemán terció con un “¡Abajo los falsos intelectuales!”. Y don Miguel, erre que erre: “Éste es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha”.

4

“La censura es la hija del miedo y la madre de la ignorancia.” - Laurie Halse Anderson


Pregúntale a Alicia de Anónimo

  • Género literario: Clásico - YA - Ficción Realista
  • Motivos p/c: drogas.

Publicado por primera vez con gran éxito en 1973, es el diario real de una adolescente de 15 años que se introduce en el mundo de las drogas. Sin culpables ni moralinas hipócritas, nos narra el abismo de degradación al que llega la protagonista. Una historia auténtica y conmovedora, que sigue siendo actual. (Goodreads)

La guerra del Chocolate de Robert Cormier

  • Género literario: Clásico - YA - Ficción Realista
  • Motivos p/c: lenguaje ofensivo, sexualmente explícito, violencia, inapropiado para la franja etaria.

¿Cómo se atreve Jerry Renault a perturbar el tranquilo y ordenado universo del Trinity? Hasta entonces jamás ningún alumno se había negado a participar en uno de los acontecimientos más esperados del Trinity. La venta de chocolatinas era, sin duda, una buena fuente de ingresos tanto para el colegio como para el hermano León, el actual ayudante (lacayo) del rector…(Goodreads)

El color púrpura de Alice Walker

  • Género literario: Clásico - YA - Ficción Realista
  • Motivos p/c: lenguaje ofensivo, sexualmente explícito, inapropiado para la franja etaria.

El color púrpura cuenta, a lo largo de distintas décadas, la intensa vida de Celie, una mujer de la América rural del Sur. Forzada a casarse con un hombre brutal. Celie se retrae y comparte su desgracia sólo con Dios. Celie sufrirá una transformación gracias a la amistad que comparte con dos extraordinarias mujeres, adquiriendo la autoestima y la fuerza que necesita para perdonar. (Goodreads)

Este proyecto busca dar a conocer libros que han sido prohibidos o cuestionados y promover la libertad en la lectura. Más información [X]

Bendecidos y maldecidos por el universo - Historia

I Capitulo – La bienvenida

*H para hombre y M para mujer*

Piscis m

Estaba observando a Capricornio h una vez más almorzando desde mi mesa, como es costumbre, sin acercarme más de un metro a él por la sensación que me da cada vez que me mira con sus profundos ojos avellanas, cuando llego Acuario h de sorpresa.

- Deja de mirarlo como acosadora y mejor vamos a recibir a los nuevos.           - Ya! Por lo menos yo solo acoso a uno, tú lo haces con todos.

Se rio sin muchas ganas y comenzamos a caminar hacia la sala donde estaban los nuevos, mientras caminaba iba maldiciendo el momento en el que decidí unirme al concejo de estudiantes, fue para hacer amigos y honestamente, ahora que lo pienso estar sola es mejor que tener que caminar toda la escuela  y estar tan involucrada con las actividades escolares

 - Oye! Arréglate el cabello que pareces que no te hubieras bañado.                  - Pero, no lo hice…                                                                                              - ¿Eh? Por eso estas tan sola…                                                                          - Jajaja es broma.

Entramos a la sala del director, donde se sentía un fuerte olor a cigarrillo y a alcohol, ese olor era lo peor de todo el proceso de recibimiento. El rector comenzó a presentarnos a los cuatro chicos nuevos:

Libra h, el más hablador y amigable, aprecia que saltaba por toda la sala, aun cuando estaba quieto y Acuario h parecía ya encantado con el chico.

Sagitario m, una chica rubia, se veía amable, aunque un poco torpe, se distrajo mucho durante el recorrido, pero fue con la que más hable durante el recorrido.

Capricornio m, tenía unos ojos muy lindos, pero parecía desinteresado, como si solo quisiera que ese día acabara.

Aries h, me intimido desde el principio, parecía que nos quería tirar a un abismo.

Los llevamos a sus habitaciones y con eso termino la tortuosa bienvenida, pero vino algo más tortuoso: tener que escuchar la risas de mis compañeras de habitación, Libra m y Géminis m, no me dejaron dormir sino hasta la una, cuando por fin a una de las cotorras cayo rendida, tal vez fue por el golpe en la cabeza con una botella que le di a Géminis m mentalmente luego de decir lo lindo que Capricornio h se veía con su nuevo corte de cabello, aunque tenía mucha razón.

Acuario h

El primer día de clases, y ya tenía a un seguidor más: Libra h, como es mi nuevo compañero de cuarto es mi deber guiarlo por toda la escuela antes de que Géminis h se adueñe de el con sus chistes malos y sus medias oliendo a popo de caballo. Llegamos al salón de clases, y le mostré las divisiones del salón o los grupos que hay, en la cumbre de la pirámide, lindos, calificaciones dentro de lo normal, con padres millonarios y una actitud intimidante pero atrayente,  están Libra m, Géminis m, Leo m, Leo h, Tauro h, y me sorprendió ver su nueva adquisición a Aries h, seguro Leo h lo había unido al clan, extraño ya que Aries h parece que ha matado en el pasado. Luego están los que no sabes cómo han pasado el año y que parece que van a terminar en una cárcel apenas salgan de aquí: Aries m, Escorpio h, Piscis h, Acuario m, Sagitario h. Después están los de perfecto comportamiento y calificaciones, zorras en la cama pero damas en calle: Virgo m, Cáncer m, ah y ahí un zorro/damo: Virgo h, ellos también tienen una adquisición: Capricornio m; Ahora están los que no salen de la sala de sistemas y de televisión: Capricornio h, Cáncer h, Piscis m, y ahora estaban con ellos Sagitario m, lo cual no me extraña porque a Piscis le gustó mucho ella; pero claro ahora viene los mejores, los que no tienen lugar, pero todo es su lugar al mismo tiempo, no la llevamos con todos y con nadie también: Géminis h, Tauro m, Escorpio m, yo,  y ahora con nosotros Libra h.

Luego de una aburrida charla dada por la profesora de castellano, que parece que tiene 100 gatos por su ropa que me da alergia y su dermatitis, nos dirigimos al comedor donde fui directamente a la mesa de Leo m, para organizar la fiesta de bienvenida, pero solo estaban Géminis m, Libra m y Tauro h.

 - Oye! Los nuevos llegaron de calidad, no?- dijo Géminis m con una mirada morbosa en su cara. Vi a tauro h poniéndose incómodo y escribiendo fuertemente en su laptop.                                                                                    - Jaaaa cállate, que tu solo hablas pero nada de acción o ¿no te acuerdas de la pasada fiesta? - Le dije recordándole la fiesta en la que coqueteamos toda la noche y cuando le di un beso salió corriendo como niña en kínder.

Oí la fuerte risa de Libra m, acompañado por un golpe de Géminis m a Libra m como castigo.

- Entonces, ¿Qué quieres?                                                                                   - Ush que hosca, ¿un beso es mucho pedir?- Géminis m rodó los ojos.             - Géminis m, deja de ser tan maleducada- dijo Libra m, y siguió - Acuario h, necesitamos organizar la fiesta, ya tenemos el lugar: la casa de Leo m! solo necesitamos que convenzas de ir a los nuevos, a esos nerds de por allá, a los monos de pandilla, también a las puritanas y claro a los tuyos!                          - Claro! A eso venia solo que esperaba  a Leo m. Allá viene.- Mientras se acercaba Leo m, con ella venían, Leo h y Aries h. Y por detrás venían Libra h y Géminis h.                                                                                                         - Tarado!! ¿Ya Libra m te dijo lo que hay que hacer?                                         - Sí, mira te presento a Libra h.                                                                           - Así que elegiste al más lindo!- Dijo Leo m riéndose, mientras su novio Leo h, parecía ponerse en fuego de los celos, a lo que Leo m le tomo la mano con ternura y parece que la calma volvió al lugar, todo en cuestión de segundos. Mientras Libra m y Géminis h estaban besándose en un rincón apartado.         - Oye! Tauro m, ¿Por qué tan apartado?- Dijo Leo m. Con eso Géminis m que parece que hoy ha sido el día en el que se ha despertado con el diablo adentro, respondió:                                                                                             - Hasta ahora te enteras de que los retrasados no hablan? – Todos se rieron, menos Leo m que parecía preocupada, y Tauro h parecía mata a Géminis con la mirada. Aunque es lo típico entre ellos parece que se quisieran arrancar las cabezas el uno al otro. Luego de las risas Tauro se levantó lentamente de su silla, mientras decía:                                                                                            - Al menos lo retrasados saben ponerse bien la ropa, tienes la camisa al revés - Mas risas y Tauro se dirigió hacia su cuarto.

- Mal día Géminis m, hasta un retrasado te mata. – Géminis m se dirigió a la mesa donde Capricornio estaba y pude oír a Piscis m gritando en la distancia.

Chihuahua no es Ayotzinapa

La indignación por el “crimen de Estado” contra los normalistas de Ayotzinapa no disminuye. Estudiantes, maestros e incluso rectores volvieron a paralizar prácticamente la actividad académica para demandar la presentación con vida de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, Guerrero. Exigen además castigo a los responsables del ataque contra los normalistas la noche del 26 de septiembre, que también dejaron seis personas asesinadas.

El caso ha llegado más allá de las fronteras, la percepción de México ante el mundo cambió derivado de la inseguridad tras la desaparición de los 43 estudiantes normalistas. Mientras que en la Ciudad de México miles de personas marchan, en otro países han mostrado su solidaridad mediante diversas protesta. Estados Unidos, Holanda, Australia, Chile, Holanda, España, Suiza, Bolivia, Franca y Brasil han exigido justicia para los estudiantes. 

Un vídeo realizado por 136 jóvenes de 43 países que estudian en las universidades más importantes de Estados Unidos (MIT, Berklee, Tufts, MIT y Harvard) titulado The World is Watching, señala que la desaparición de los normalistas no es un hecho aislado y que se suma a las más de 20 mil personas desaparecidas en los últimos 8 años en México.

De vuelta en nuestro país, son más de 115 Universidades que se han proclamado en paro, que se han pronunciado en plena indignación y/o que han realizado foros u otro tipo de manifestación como acto de repudio contra el Estado. Los rectores de la Universidad de Zacatecas,  de la Universidad de Guanajuato, de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, de la Universidad IBERO, entre otros, se han pronunciado a sus alumnos, a la comunidad y a las autoridades. Estudiantes y maestros de la Universidad Nacional Autónoma de México, de la Universidad Autónoma Metropolitana y del Instituto Politécnico Nacional ha creado asambleas para tomar acción y apoyar activamente la causa.

El país entero y el mundo tiene los ojos en el caso Ayoyzinapa, sin embargo el Estado grande parece tener los ojos puestos en otro evento. Más de 115 Universidades del País se han pronunciado, sorprende que dentro de esta cifra no quepa ninguna de las universidades del Estado de Chihuahua. Los rectores y líderes de la Universidad Autónoma de Chihuahua y la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez se mantienen en silencio, no hay solidaridad, no hay reclamo, no hay angustia, tan sólo indiferencia. Estudiantes de la Escuela Normal del Estado a realizado pequeñas manifestaciones, a esta causa se sumó una pequeña manifestación en la Facultad de Derecho de la UACH y el apoyo de la Universidad Pedagógica Nacional en Chihuahua. Las instituciones de educación se han quedado en pleno silencio, no hay un llamado a la conciliación, ni un llamado de atención a las autoridades. ¿Será que no están enteradas?.

Preocupa, de manera alarmante, que no se realice una postura pública de las autoridades respecto al tema, más cuando nuestro Estado ha sido azotado con anterioridad por tantos casos de violencia e impunidad. Preocupa que los estudiantes no se pronuncien por un Estado que los convierte en mártires. Preocupa que los maestros no reclamen la seguridad de sus alumnos. Preocupa que los padres de familia no exijan la protección de sus hijos. Preocupa que en Chihuahua se tenga miedo a la manifestación, a expresar su opinión y unirse a las causas sociales.

Los actos de crimen de Estado han puesto los ojos del mundo en Ayotzinapa, el país es Ayotzinapa. En el norte del país el silencio habla, Chihuahua no es Ayotzinapa. Pero que no nos sorprenda que Chihuahua no es Ayotzinapa porque Chihuahua no fue Marisela Escobedo (Mujer activista asesinada frente palacio municipal), Chihuahua no ha sido la suma de feminicidios y asesinatos de mujeres en el Estado, Chihuahua no ha sido las más de 1’800 niñas desaparecidas en Ciudad Juárez, Chihuahua no son los periodistas asesinados en nuestras entidades, Chihuahua no es Francisco Velázquez (el chofer de la camioneta y único preso del caso “monster truck), Chihuahua no son todos los asesinatos y casos de impunidad en la sierra, Chihuahua no es, en todo caso, un Estado de libertad. Chihuahua simplemente no es ningún caso de justicia social. Debido a que Chihuahua no ha sido, tal vez por eso, ni el mundo, ni el país, han sido, ni serán Chihuahua.

Habían pasado ya muchos días después de aquella civil war, notaba como la ciudad estaba normal, igual el animo de las personas ¿tanto se había perdido? bueno daba igual, debía ir hablar con el rector  y explicarle todo pues seguramente él ya sabía las noticias, entro a la universidad, notaba como muchas personas se le quedaban viendo, quizás por que sabían era el chico muerto, se detuvo mirando un póster de una obra musical, ladeo su cabeza. -¿Crees que me acepten?.- le pregunto a la persona que tenía a un lado sin haberse fijado quien era. -No sé si canto, pero bailo bien.- soltó divertido, por alguna razón tenía ganas de hacer muchas cosas.

50 SOMBRAS DE LUQUE ~ ADAPTACIÓN

CAPÍTULO 14

Samuel está frente a mí con una fusta de cuero trenzado. Solo lleva puestos unos Levi’s viejos, gastados y rotos. Golpea despacio la fusta contra la palma de su mano sin dejar de mirarme. Esboza una sonrisa triunfante. No puedo moverme. Estoy desnudo y atado con grilletes, despatarrado en una enorme cama de cuatro postes. Se acerca a mí y me desliza la punta de la fusta desde la frente hasta la nariz, de manera que percibo el olor del cuero, y luego sigue hasta mis labios entreabiertos, que jadean. Me mete la punta en la boca y siento el sabor intenso del cuero.

—Chupa —me ordena en voz baja.

Obedezco y cierro los labios alrededor de la punta.

—Basta —me dice bruscamente.

Vuelvo a jadear mientras me saca la fusta de la boca y me la desliza desde la barbilla hasta el final del cuello. Le da vueltas despacio y sigue arrastrando la punta de la fusta por mi cuerpo, por el esternón, por el pecho y por el torso, hasta el ombligo. Jadeo, me retuerzo y tiro de los grilletes, que me destrozan las muñecas y los tobillos. Me rodea el ombligo con la punta de cuero y sigue deslizándola por mi cuerpo. Sacude la fusta y me golpea con fuerza en un muslo, se mete mi miembro en la boca y me corro gloriosamente gritando que me desate.

De pronto me despierto jadeando, bañado en sudor y sintiendo los espasmos posteriores al orgasmo. Dios mío. Estoy totalmente desorientado. ¿Qué demonios ha pasado? Estoy en mi cama solo. ¿Cómo? ¿Por qué? Me incorporo de un salto, conmocionado…

Wow. Es de día. Miro el despertador: las ocho. Me cubro la cara con las manos. No sabía que pudiera tener sueños sexuales. ¿Ha sido por algo que comí? Quizá las ostras y la investigación, que han acabado manifestándose en mi primer sueño erótico. Es desconcertante. No tenía ni idea de que pudiera correrme en sueños.

Voy al baño para limpiarme.

Frank se acerca a mí confundido cuando entro tambaleándome en la cocina.

—Willy, ¿estás bien? Te veo raro. ¿Llevas puesta la americana de Samuel?

—Estoy bien.

Maldita sea. Debería haberme mirado en el espejo. Evito sus ojos negros, que me atraviesan. Todavía no me he recuperado del sueño.

—Sí, es la americana de Samuel.

Frunce el ceño.

—¿Has dormido?

—No muy bien.

Cojo la tetera. Necesito un té.

—¿Qué tal la cena?

Ya empieza…

—Comimos ostras. Y luego bacalao, así que diría que hubo bastante pescado.

—Uf… Odio las ostras, pero no estoy preguntándote por la comida. ¿Qué tal con Samuel? ¿De qué hablasteis?

—Se mostró muy atento.

Me callo. ¿Qué puedo decirle? No tiene VIH, le interesa la interpretación, quiere que obedezca todas sus órdenes, hizo daño a una mujer a la que colgó del techo de su cuarto de juegos y quería follarme en el comedor privado. ¿Sería un buen resumen? Intento desesperadamente recordar algo de mi cita con Samuel que pueda comentar con Frank.

—No le gusta Luzo.

—¿A quién le gusta, Guille? No es nada nuevo. A nadie le gusta tu coche. ¿Por qué estás tan evasivo? Suéltalo, compañero.

—Frank, hablamos de un montón de cosas. Ya sabes… de lo quisquilloso que es con la comida. Por cierto, le gustó mucho el traje.

La tetera ya está hirviendo, así que me preparo una taza.

—¿Te apetece un té? ¿Quieres leerme tu discurso de hoy?

—Sí, por favor. Anoche estuve preparándolo en el Becca’s. Voy a buscarlo. Y sí, me apetece mucho un té.

Frank sale corriendo de la cocina.

Uf, he conseguido darle esquinazo a Frank Garnes. Abro un panecillo y lo meto en la tostadora. Me ruborizo pensando en mi intenso sueño. ¿Qué demonios ha pasado?

Anoche me costó dormirme. Estuve dando vueltas a diversas opciones. Estoy muy confundido. La idea que tiene Samuel de una relación se parece mucho a una oferta de empleo, con sus horarios, la descripción del trabajo y un procedimiento de resolución de conflictos bastante riguroso. No imaginaba así mi primera historia de amor… pero, claro, a Samuel no le interesan las historias de amor. Si le dijera que quiero algo más, seguramente me diría que no… y me arriesgaría a perder lo que me ha ofrecido. Es lo que más me preocupa, porque no quiero perderlo. Pero no estoy seguro de tener estómago para ser su sumiso… En el fondo, lo que me tira para atrás son las varas y los látigos. Como soy débil físicamente, haría lo que fuera por evitar el dolor. Pienso en mi sueño… ¿Sería así? El dios que llevo dentro da saltos con gritándome que sí.

Frank vuelve a la cocina con su portátil. Me concentro en mi panecillo. Empieza a leer su discurso, y yo lo escucho pacientemente.


Estoy vestido y listo cuando llega Mark. Abro la puerta de la calle y lo veo en el porche con un traje que no le queda nada bien. Siento una cálida oleada de gratitud y de amor hacia este hombre sencillo y me lanzo a sus brazos, una muestra de cariño poco habitual en mí.

Se queda desconcertado, perplejo.

—Hola, Guille, yo también me alegro de verte —murmura abrazándome.

Me aparta un poco, y con las manos en mis hombros me mira de arriba abajo con el ceño fruncido.

—¿Estás bien, hijo?

—Claro, papá. ¿No puedo alegrarme de ver a mi padre?

Sonríe arrugando las comisuras de sus ojos oscuros y me sigue hasta el comedor.

—Estás muy guapo —me dice.

—Lo ha escogido Frank —le digo bajando la mirada hacia el traje gris que llevo puesto.

Frunce el ceño.

—¿Dónde está Frank?

—Ha ido al campus. Va a pronunciar un discurso, así que tiene que estar allí antes.

—¿Vamos tirando?

—Papá, tenemos media hora. ¿Quieres un té? Cuéntame cómo está todo el mundo en Montesano. ¿Cómo te ha ido el viaje?


Mark deja el coche en el aparcamiento del campus y seguimos a la multitud con birretes negros y rojos hasta el gimnasio.

—Suerte, Guille. Pareces muy nervioso. ¿Tienes que hacer algo?

Dios mío… ¿Por qué le ha dado hoy a Mark por ser observador?

—No, papá. Es un gran día.

Y voy a ver a Samuel De Luque.

—Sí, mi niño se ha graduado. Estoy orgulloso de ti, Guille.

—Gracias, papá.

Cuánto quiero a este hombre…

El gimnasio está lleno de gente. Mark va a sentarse a las gradas con los demás padres y asistentes, y yo me dirijo a mi asiento. Llevo mi toga negra y mi birrete, y siento que me protegen, que me permiten ser anónimo. Todavía no hay nadie en el estrado, pero parece que no consigo calmarme. Me late el corazón a toda prisa y me cuesta respirar. Está por aquí, en algún sitio. Me pregunto si Frank está hablando con él, quizá interrogándolo. Me dirijo hacia mi asiento entre compañeros cuyos apellidos también empiezan por D. Estoy en la segunda fila, lo que me ofrece cierto anonimato. Miro hacia atrás y veo a Mark en las gradas, arriba del todo. Lo saludo con un gesto. Me contesta agitando tímidamente la mano. Me siento y espero.

El auditorio no tarda en llenarse y el rumor de voces nerviosas aumenta progresivamente. La primera fila de asientos ya está ocupada. Yo estoy sentado entre dos chicas de otro departamento a las que no conozco. Es evidente que son muy amigas, y hablan muy nerviosas conmigo en medio.

A las once en punto aparece el rector desde detrás del estrado, seguido por los tres vicerrectores y los profesores, todos ataviados en negro y rojo. Nos levantamos y aplaudimos a nuestro personal docente. Algunos profesores asienten y saludan con la mano, y otros parecen aburridos. El profesor Collins, mi tutor y mi profesor preferido, tiene pinta de acabar de levantarse, como siempre. Al fondo del escenario están Frank y Samuel. Samuel lleva un traje gris a medida, y las luces del auditorio brillan en su pelo oscuro. Parece muy serio y autosuficiente. Al sentarse, se desabrocha la americana y veo su corbata. Oh, Dios… ¡esa corbata! Me froto las muñecas en un gesto reflejo. No puedo apartar los ojos de él. Sin duda se ha puesto esa corbata a propósito. Aprieto los labios. El público se sienta y cesan los aplausos.

—¡Mira a aquel tipo! —cuchichea entusiasmada una de las chicas sentadas a mi lado.

—¡Está buenísimo! —le contesta la otra.

Me pongo tenso. Estoy seguro de que no hablan del profesor Collins.

—Tiene que ser Samuel De Luque.

—¿Está libre?

Se me ponen los pelos de punta.

—Creo que no —murmuro.

—Oh —exclaman las chicas mirándome sorprendidas.

—Creo que es gay —mascullo.

—Qué lástima —se lamenta una de las chicas.

Mientras el rector se levanta y da comienzo al acto con su discurso, veo que Samuel recorre disimuladamente la sala con la mirada. Me hundo en mi asiento y encojo los hombros para que no me vea. Fracaso estrepitosamente, porque un segundo después sus ojos encuentran los míos. Me mira con rostro impasible, totalmente inescrutable. Me remuevo incómodo en mi asiento, hipnotizado por su mirada, y me ruborizo ligeramente. De pronto recuerdo mi sueño de esta mañana y se me contraen los músculos del vientre. Respiro hondo. Sus labios esbozan una leve y efímera sonrisa. Cierra un instante los ojos y al abrirlos recupera su expresión indiferente. Lanza una rápida mirada al rector y luego fija la vista al frente, en el emblema de la universidad colgado en la entrada. No vuelve a dirigir sus ojos hacia mí. El rector continúa con su monótono discurso, y Samuel sigue sin mirarme. Mira fijamente hacia delante.

¿Por qué no me mira? ¿Habrá cambiado de idea? Me inunda una oleada de inquietud. Quizá el hecho de que me marchara anoche fue el final también para él. Se ha aburrido de esperar a que me decida. Oh, no, quizá lo he fastidiado todo. Recuerdo su e-mail de anoche. Quizá esté enfadado porque no le he contestado.

De pronto el señor Frank Garnes avanza por el estrado y la sala irrumpe en aplausos. El rector se sienta y Frank peina con los dedos el tupé y coloca sus papeles en el atril. Se toma su tiempo y no se siente intimidado por el millar de personas que están mirándolo. Cuando está listo, sonríe, levanta la mirada hacia la multitud fascinada y empieza su discurso con elocuencia. Está tranquilo y se muestra divertido. Las chicas sentadas a mi lado se ríen a carcajadas con su primera broma. Oh, Frank Garnes, tú sí que sabes pronunciar un discurso. En esos momentos estoy tan orgulloso de él que mis dispersos pensamientos sobre Samuel quedan a un lado. Aunque ya he oído su discurso, lo escucho atentamente. Domina la sala y se mete al público en el bolsillo.

Su tema es «¿Qué esperar después de la facultad?». Sí, ¿qué esperar? Samuel mira a Frank alzando las cejas, creo que sorprendido. Podría haber ido a entrevistarlo Frank, y ahora podría estar haciéndole proposiciones indecentes a él. El guapo Frank y el guapo Samuel juntos. Y yo podría estar como las dos chicas sentadas a mi lado, admirándolo desde la distancia. Pero sé que Frank no le habría dado ni la hora. ¿Cómo lo llamó el otro día? Repulsivo. La idea de que Frank y Samuel se enfrenten me incomoda. Tengo que decir que no sé por quién de los dos apostaría.

Frank termina su discurso con una floritura, y espontáneamente todo el mundo se levanta, la aplaude y lo vitorea. Su primera ovación con el público en pie. Le sonrío y le aclamo, y él me devuelve una sonrisa. Buen trabajo, Frank. Se sienta, el público también, y el rector se levanta y presenta a Samuel… Oh, Dios, Samuel va a dar un discurso. El rector hace un breve resumen de los logros de Samuel: presidente de su extraordinariamente próspera empresa, un hombre que ha llegado donde está por sus propios méritos…

—… y también un importante benefactor de nuestra universidad. Por favor, demos la bienvenida al señor Samuel De Luque.

El rector estrecha la mano a Samuel, y la gente empieza a aplaudir. Se me hace un nudo en la garganta. Se acerca al atril y recorre la sala con la mirada. Parece tan seguro de sí mismo frente a nosotros como Frank hace un momento. Las dos chicas sentadas a mi lado se inclinan hacia delante embelesadas. De hecho, creo que la mayoría de las mujeres del público, y algunos hombres, se inclinan un poco en sus asientos. Samuel empieza a hablar en tono suave, mesurado y cautivador.

—Estoy profundamente agradecido y emocionado por el gran honor que me han concedido hoy las autoridades de la Universidad Estatal de Washington, honor que me ofrece la excepcional posibilidad de hablar del impresionante trabajo que lleva a cabo el departamento de ciencias medioambientales de la universidad. Nuestro propósito es desarrollar métodos de cultivo viables y ecológicamente sostenibles para países del tercer mundo. Nuestro objetivo último es ayudar a erradicar el hambre y la pobreza en el mundo. Más de mil millones de personas, principalmente en el África subsahariana, el sur de Asia y Latinoamérica, viven en la más absoluta miseria. El mal funcionamiento de la agricultura es generalizado en estas zonas, y el resultado es la destrucción ecológica y social. Sé lo que es pasar hambre. Para mí, se trata de una travesía muy personal…

Se me desencaja la mandíbula. ¿Qué? Samuel ha pasado hambre. Maldita sea. Bueno, eso explica muchas cosas. Y recuerdo la entrevista. De verdad quiere alimentar al mundo. Me devano los sesos desesperadamente intentando recordar el artículo de Frank. Fue adoptado a los cuatro años, creo. No me imagino que Victoria lo matara de hambre, así que debió de ser antes, cuando era muy pequeño. Trago saliva y se me encoge el corazón pensando en un niñito de ojos café hambriento. Oh, no. ¿Qué vida tuvo antes de que los De Luque lo adoptaran y lo rescataran?

Me invade una indignación salvaje. El filantrópico Samuel pobre, jodido y pervertido. Aunque estoy seguro de que él no se vería así a sí mismo y rechazaría todo sentimiento de lástima o piedad. De repente estalla un aplauso general y todo el mundo se levanta. Yo hago lo mismo, aunque no he escuchado la mitad de su discurso. Se dedica a esa gran labor, a dirigir una empresa enorme y al mismo tiempo a perseguirme. Resulta abrumador. Recuerdo los breves retazos de las conversaciones que le he oído sobre Darfur… Ahora encaja todo. Comida.

Sonríe brevemente ante el cálido aplauso —incluso Frank está aplaudiendo— y vuelve a su asiento. No mira en dirección a mí, y yo estoy descentrado intentando asimilar toda esta nueva información sobre él.

Un vicerrector se levanta y empieza el largo y tedioso proceso de entrega de títulos. Hay que repartir más de cuatrocientos, así que pasa más de una hora hasta que oigo mi nombre. Avanzo hacia el estrado entre las dos chicas, que se ríen tontamente. Samuel me lanza una mirada cálida, aunque comedida.

—Felicidades, señor Díaz —me dice estrechándome la mano. Siento la descarga de su carne en la mía—. ¿Tienes problemas con el ordenador?

Frunzo el ceño mientras me entrega el título.

—No.

—Entonces, ¿no haces caso de mis e-mails?

—Solo vi el de las fusiones y adquisiciones.

Me mira con curiosidad.

—Luego —me dice.

Y tengo que avanzar, porque estoy obstruyendo la cola. Vuelvo a mi asiento. ¿E-mails? Debe de haber mandado otro. ¿Qué decía?

La ceremonia concluye una hora después. Es interminable. Al final, el rector conduce a los miembros del cuerpo docente fuera del estrado, precedidos por Samuel y Frank, y todo el mundo vuelve a aplaudir calurosamente. Samuel no me mira, aunque me gustaría que lo hiciera. El dios que llevo dentro no está nada contento.

Mientras espero de pie para poder salir de nuestra fila de asientos, Frank me llama. Se acerca hacia mí desde detrás del estrado.

—Samuel quiere hablar contigo —me grita.

Las dos chicas, que ahora están de pie a mi lado, se giran y me miran.

—Me ha mandado a que te lo diga —sigue diciendo.

Oh…

—Tu discurso ha sido genial, Frank.

—Sí, ¿verdad? —Sonríe—. ¿Vienes? Puede ser muy insistente.

Pone los ojos en blanco y me río.

—Ni te lo imaginas. Pero no puedo dejar a Mark solo mucho rato.

Levanto la mirada hacia Mark y le indico abriendo la palma que me espere cinco minutos. Asiente, me hace un gesto con la mano y sigo a Frank hasta el pasillo de detrás del estrado. Samuel está hablando con el rector y con dos profesores. Levanta los ojos al verme.

—Discúlpenme, señores —le oigo murmurar.

Viene hacia mí y sonríe brevemente a Frank.

—Gracias —le dice.

Y antes de que Frank pueda responder, me coge del brazo y me lleva hacia lo que parece un vestuario de hombres. Comprueba que está vacío y cierra la puerta con pestillo.

Maldita sea, ¿qué se propone? Parpadeo cuando se gira hacia mí.

—¿Por qué no me has mandado un e-mail? ¿O un mensaje al móvil?

Me mira furioso. Yo estoy desconcertado.

—Hoy no he mirado ni el ordenador ni el teléfono.

Mierda, ¿ha estado llamándome? Pruebo con la técnica de distracción que tan bien me funciona con Frank.

—Tu discurso ha estado muy bien.

—Gracias.

—Ahora entiendo tus problemas con la comida.

Se pasa una mano por el pelo, muy nervioso.

—Guillermo, no quiero hablar de eso ahora. —Cierra los ojos y parece afligido—. Estaba preocupado por ti.

—¿Preocupado? ¿Por qué?

—Porque volviste a casa en esa trampa mortal a la que tú llamas coche.

—¿Qué? No es ninguna trampa mortal. Está perfectamente. Alex suele hacerle la revisión.

—¿Alex, el fotógrafo?

Samuel arruga la frente y se le hiela la expresión. Mierda.

—Sí, el Escarabajo era de su madre.

—Sí, y seguramente también de su abuela y de su bisabuela. No es un coche seguro.

—Lo tengo desde hace más de tres años. Siento que te hayas preocupado. ¿Por qué no me has llamado?

Está exagerando demasiado.

Respira hondo.

—Guillermo, necesito una respuesta. La espera está volviéndome loco.

—Samuel… Mira, he dejado a mi padrastro solo.

—Mañana. Quiero una respuesta mañana.

—De acuerdo, mañana. Ya te diré algo.

Retrocede y me mira más calmado, con los hombros relajados.

—¿Te quedas a tomar algo? —me pregunta.

—No sé lo que quiere hacer Mark.

—¿Tu padrastro? Me gustaría conocerlo.

Oh, no… ¿por qué?

—Creo que no es buena idea.

Samuel abre el pestillo de la puerta muy serio.

—¿Te avergüenzas de mí?

—¡No! —Ahora me toca a mí desesperarme—. ¿Y cómo te presento a mi padre? ¿«Este es el hombre que me ha desvirgado y que quiere mantener conmigo una relación sadomasoquista»? No llevas puestas las zapatillas de deporte.

Samuel me mira y sus labios esbozan una sonrisa. Y aunque estoy enfadado con él, involuntariamente mi cara se la devuelve.

—Para que lo sepas, corro muy deprisa. Dile que soy un amigo, Guillermo.

Abre la puerta y sale. La cabeza me da vueltas. El rector, los tres vicerrectores, cuatro profesores y Frank se me quedan mirando cuando paso a toda prisa por delante de ellos. Mierda. Dejo a Samuel con los profesores y voy a buscar a Mark.

«Dile que soy un amigo.»

Amigo con derecho a roce, me dice mi subconsciente con mala cara. Lo sé, lo sé. Me quito de encima el desagradable pensamiento. ¿Cómo voy a presentárselo a Mark? La sala sigue todavía medio llena, y Mark no se ha movido de su sitio. Me ve, me hace un gesto con la mano y empieza a bajar.

—Guille, felicidades —me dice pasándome el brazo por los hombros.

—¿Te apetece venir a tomar algo al entoldado?

—Claro. Hoy es tu día. Vamos.

—No tenemos que ir si no quieres.

Por favor, di que no…

—Guille, he estado dos horas y media sentado, escuchando todo tipo de parloteos. Necesito una copa.

Le cojo del brazo y avanzamos entre la multitud a través de la cálida tarde. Pasamos junto a la cola del fotógrafo oficial.

—Ah, lo olvidaba… —Mark se saca una cámara digital del bolsillo—. Una foto para el álbum, Guille.

Pongo los ojos en blanco mientras me saca una foto.

—¿Puedo quitarme ya la toga y el birrete? Me siento medio tonto.

Eres medio tonto… Mi subconsciente está de lo más sarcástico. Así que vas a presentar a Mark al hombre con el que follas… Estará muy orgulloso. Mi subconsciente me observa por encima de sus gafas de pasta. A veces le odio.

El entoldado es inmenso y está lleno de gente: alumnos, padres, profesores y amigos, todos charlando alegremente. Mark me pasa una copa de champán, o de vino espumoso barato, me temo. No está frío y es dulzón. Pienso en Samuel… No va a gustarle.

—¡Guille!

Al girarme, Rubén Doblas me estrecha de improviso entre sus brazos. 

—¡Felicidades! —exclama sonriéndome, con sus ojos azules brillantes.

Qué sorpresa. Su pelo castaño está alborotado y sexy. Es tan guapo como Frank.  


—¡Wow, Rubén! Qué alegría verte. Papá, este es Rubén, el hermanastro de Frank. Rubén, te presento a mi padre, Mark Díaz.

Se dan la mano. Mi padre evalúa fríamente al señor Doblas.

—¿Cuándo has llegado de Europa? —le pregunto.

—Hace una semana, pero quería darle una sorpresa a mi hermanito —me dice en tono de complicidad.

—Qué detalle —le digo sonriendo.

—Era la que iba a pronunciar el discurso de graduación. No podía perdérmelo.

Parece inmensamente orgulloso de su hermanastro.

—Su discurso ha sido genial.

—Es verdad —confirma Mark.

Rubén me tiene cogido por los hombros cuando levanto la mirada y me encuentro con los gélidos ojos café de Samuel De Luque. Frank está a su lado.

—Hola, Mark. — Frank le da la mano a mi padre—. ¿Conoces al novio de Guille? Samuel De Luque.

Maldita sea… ¡Frank! ¡Mierda! Me arden las mejillas.

—Señor Díaz, encantado de conocerlo —dice Samuel tranquilamente, con calidez, sin que le haya alterado la presentación de Frank.

Tiende la mano a Mark, que se la estrecha sin dar la menor muestra de sorprenderse por lo que acaba de enterarse.

Muchas gracias, Frank Garnes, pienso echando chispas. Creo que mi subconsciente se ha desmayado.

—Señor De Luque —murmura Mark.

Su expresión es indescifrable. Solo abre un poco sus grandes ojos, que se giran hacia mí como preguntándome cuándo pensaba darle la noticia. Me muerdo el labio.

—Y este es mi hermano, Rubén Doblas —dice Frank a Samuel.

Este dirige su gélida mirada a Rubén, que sigue cogiéndome por los hombros.

—Señor Doblas.

Se saludan. Samuel me tiende la mano.

—Guille, cariño —murmura.

Casi me muero al oírlo.

Me aparto de Rubén, al que Samuel dedica una sonrisa glacial, y me coloco a su lado. Frank me sonríe. El muy hijo de puta sabe perfectamente lo que está haciendo.

—Rubén, mamá y papá quieren hablar con nosotros —dice Frank llevándose a su hermanastro.

—¿Desde cuándo os conocéis, chicos? —pregunta Mark mirando impasible primero a Samuel y luego a mí.

He perdido la capacidad de hablar. Quiero que me trague la tierra. Samuel me roza el cuello desnudo con el pulgar y luego deja la mano apoyada en mi hombro.

—Unas dos semanas —dice en tono tranquilo—. Nos conocimos cuando Guillermo vino a entrevistarme para la revista de la facultad.

—No sabía que trabajabas para la revista de la facultad, Guille.

El tono de Mark es de ligero reproche. Es evidente que está molesto. Mierda.

— Frank estaba enfermo —murmuro.

No logro decir nada más.

—Su discurso ha estado muy bien, señor De Luque.

—Gracias. Tengo entendido que es usted un entusiasta de la pesca.

Mark alza las cejas y esboza una sonrisa poco habitual, auténtica. Y de pronto se ponen a hablar de pesca. De hecho, enseguida siento que sobro. Se ha metido a mi padre en el bolsillo… Como hizo contigo, me reprocha mi subconsciente. Su poder no tiene límites. Me disculpo y voy a buscar a Frank.

Frank está hablando con su padre y con la madre de Rubén, que están encantados de verme, como siempre, y me saludan cariñosamente. Intercambiamos varias frases de cortesía, sobre todo acerca de sus próximas vacaciones a Barbados y nuestro traslado.

— Frank, ¿cómo has podido soltar eso delante de Mark? —le pregunto entre dientes en la primera ocasión en que nadie puede oírnos.

—Porque sabía que tú no lo harías, y quiero echar una mano con los problemas de compromiso de Samuel —me contesta soltando una de sus típicas carcajadas.

Frunzo el ceño. ¡Soy yo el que no va a comprometerse con él, estúpido!

—Y el tío se ha quedado tan tranquilo, Guille. No te preocupes. Míralo… Samuel no aparta la mirada de ti.

Me giro y veo que Mark y Samuel están mirándome.

—No te ha quitado los ojos de encima.

—Será mejor que vaya a rescatar a Mark, o a Samuel. No sé a cuál de los dos. Esto no va a quedar así, Frank Garnes.

—Guille, te he hecho un favor —me dice cuando ya me he dado la vuelta.

—Hola —les saludo a los dos con una sonrisa.

Parece que todo va bien. Samuel está sonriendo por alguna broma entre ellos, y mi padre parece increíblemente relajado, teniendo en cuenta que se trata de socializar. ¿De qué han hablado, aparte de pesca?

—Guille, ¿dónde está el cuarto de baño? —me pregunta Mark.

—Al fondo a la izquierda.

—Vuelvo enseguida. Divertíos, chicos.

Mark se aleja. Miro nervioso a Samuel. Nos quedamos un momento quietos mientras un fotógrafo nos hace una foto.

—Gracias, señor De Luque.

El fotógrafo se escabulle a toda prisa. El flash me ha dejado parpadeando.

—Así que también has cautivado a mi padre…

—¿También?

Le arden los ojos y alza una ceja interrogante. Me ruborizo. Levanta una mano y desliza los dedos por mi mejilla.

—Ojalá supiera lo que estás pensando, Guillermo —susurra en tono turbador.

Me coloca la mano en la barbilla y me levanta la cara. Nos miramos fijamente a los ojos.

Se me dispara el corazón. ¿Cómo puede tener este efecto sobre mí, incluso en este entoldado lleno de gente?

—Ahora mismo estoy pensando: Bonita corbata —le digo.

Se ríe.

—Últimamente es mi favorita.

Me arden las mejillas.

—Estás muy guapo, Guillermo. Este traje te sienta muy bien. Me apetece acariciarte la espalda y sentir tu hermosa piel.

De pronto es como si estuviéramos solos. Solos él y yo. Se me altera todo el cuerpo, me hormiguean todas las terminaciones nerviosas, y la electricidad que se crea entre nosotros me empuja hacia él.

—Sabes que irá bien, ¿verdad, cariño? —me susurra.

Cierro los ojos y me derrito por dentro.

—Pero quiero más —le contesto en voz baja.

—¿Más?

Me mira desconcertado y sus ojos se vuelven impenetrables.

Asiento y trago saliva. Ahora ya lo sabe.

—Más —repite en voz baja, como si estuviera sopesando la palabra, una palabra corta y sencilla, pero demasiado cargada de promesas. Me pasa el pulgar por el labio inferior—. Quieres flores y corazones.

Vuelvo a asentir. Pestañea y observo en sus ojos su lucha interna.

—Guillermo —me dice en tono dulce—, no sé mucho de ese tema.

—Yo tampoco.

Sonríe ligeramente.

—Tú no sabes mucho de nada —murmura.

—Tú sabes todo lo malo.

—¿Lo malo? Para mí no lo es —me contesta moviendo la cabeza, y parece sincero—. Pruébalo —me susurra.

Me desafía. Ladea la cabeza y esboza su deslumbrante sonrisa de medio lado.

Respiro hondo. No puedo resistirme.

—De acuerdo —susurro.

—¿Qué?

Me observa muy atento. Trago saliva.

—De acuerdo. Lo intentaré.

—¿Estás de acuerdo?

Es evidente que no termina de creérselo.

—Dentro de los límites tolerables, sí. Lo intentaré.

Hablo en voz muy baja. Samuel cierra los ojos y me abraza.

—Guille, eres imprevisible. Me dejas sin aliento.

Da un paso atrás y de pronto Mark ya está de vuelta. El ruido en el interior del entoldado aumenta progresivamente y me invade los oídos. No estamos solos. Dios mío, acabo de aceptar ser su sumiso. Samuel sonríe a Mark con la alegría danzando en sus ojos.

—Guille, ¿vamos a comer algo?

—Vamos.

Guiño un ojo a Mark intentando recuperar la serenidad. ¿QUÉ HAS HECHO?, me grita mi subconsciente. El dios que llevo dentro da volteretas dignas de un gimnasta olímpico ruso.

—Samuel, ¿quieres venir con nosotros? —le pregunta Mark.

¡Samuel! Lo miro suplicándole que no venga. Necesito espacio para pensar… ¿Qué demonios he hecho?

—Gracias, señor Díaz, pero tengo planes. Encantado de conocerlo.

—Lo mismo digo —le contesta Mark—. Cuídame a mi niño.

—Esa es mi intención.

Se estrechan la mano. Estoy mareado. Mark no tiene ni idea de cómo va a cuidarme Samuel. Este me coge de la mano, se la lleva a los labios y me besa los nudillos con ternura sin apartar sus abrasadores ojos de los míos.

—Nos vemos luego, Guille —me dice en un tono lleno de promesas.

Se me encoge el estómago al pensarlo. ¿Podré esperar?

Mark me coge del brazo y nos dirigimos a la salida del entoldado.

—Parece un chico muy formal. Y adinerado. No lo has hecho tan mal, Guille. Aunque no entiendo por qué he tenido que enterarme por Frank… —me reprende.

Me encojo de hombros a modo de disculpa.

—Bueno —dice—, cualquier hombre al que le guste pescar a mí me parece bien.

Vaya, a Mark le parece bien. Si él supiera…


Al anochecer Mark me lleva a casa.

—Llama a tu madre —me dice.

—Lo haré. Gracias por venir, papá.

—No me lo habría perdido por nada del mundo, Guille. Estoy muy orgulloso de ti.

Oh, no. No voy a emocionarme ahora… Se me hace un nudo en la garganta y lo abrazo muy fuerte. Me rodea con sus brazos, perplejo, y entonces no puedo evitarlo. Se me saltan las lágrimas.

—Hey, Guille, cariño —me dice Mark—. Ha sido un gran día, ¿verdad? ¿Quieres que entre y te prepare un té?

Aunque tengo los ojos llenos de lágrimas, me río. Para Mark, el té siempre es la solución. Recuerdo a mi madre quejándose de él, diciendo que cuando se trataba de consolar a alguien con un té, el té siempre se le daba muy bien, pero el consuelo no tanto.

—No, papá, estoy bien. Me he alegrado mucho de verte. En cuanto me instale en Seattle, iré a verte.

—Suerte con las entrevistas. Ya me contarás cómo te van.

—Claro, papá.

—Te quiero, Guille.

—Yo también te quiero, papá.

Me sonríe con ojos cálidos y brillantes, y se mete en el coche. Le digo adiós con la mano mientras se adentra en la oscuridad, y luego entro lánguidamente en casa.

Lo primero que hago es mirar el móvil. No tiene batería, así que tengo que ir a buscar el cargador y enchufarlo antes de ver los mensajes. Cuatro llamadas perdidas, dos mensajes en el contestador y dos mensajes de texto. Tres llamadas perdidas de Samuel… sin mensajes en el contestador. Una llamada perdida de Alex, y su voz deseándome lo mejor en la ceremonia de graduación.

Abro los mensajes de texto.

*Has llegado bien?*

*Llámame*

Los dos son de Samuel. ¿Por qué no me llamó a casa? Voy a mi habitación y enciendo el cacharro infernal.

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De: Samuel De Luque
Fecha: 25 de mayo de 2013 23:58
Para: Guillermo Díaz
Asunto: Esta noche

Espero que hayas llegado bien a casa en ese coche tuyo.
Dime si estás bien.

Samuel De Luque
Presidente de De Luque Enterprises Holdings, Inc.
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Dios… ¿Por qué le preocupa tanto mi Escarabajo? Me ha servido lealmente durante tres años, y Alex siempre me ha ayudado a ponerlo a punto. El siguiente e-mail de Samuel es de hoy.

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De: Samuel De Luque
Fecha: 26 de mayo de 2013 17:22
Para: Guillermo Díaz
Asunto: Límites tolerables

¿Qué puedo decir que no haya dicho ya?
Encantado de comentarlo contigo cuando quieras.
Hoy estabas muy guapo.

Samuel De Luque
Presidente de De Luque Enterprises Holdings, Inc.
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Quiero verlo, así que pulso «Responder».

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De: Guillermo Díaz
Fecha: 26 de mayo de 2013 19:23
Para: Samuel De Luque
Asunto: Límites tolerables

Si quieres, puedo ir a verte esta noche y lo comentamos.

Guille.
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De: Samuel De Luque
Fecha: 26 de mayo de 2013 19:27
Para: Guillermo Díaz
Asunto: Límites tolerables

Voy yo a tu casa. Cuando te dije que no me gustaba que llevaras ese coche, lo decía en serio.
Nos vemos enseguida.

Samuel De Luque
Presidente de De Luque Enterprises Holdings, Inc.
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Maldita sea… Viene hacia aquí. Tengo que prepararle una cosa. Las primeras ediciones de los libros de Thomas Hardy siguen en las estanterías del comedor. No puedo aceptarlas. Envuelvo los libros en papel de embalar y escribo una cita de Tess: ‘Acepto las condiciones, Ángel, porque tú sabes mejor cuál tiene que ser mi castigo. Lo único que te pido es… que no sea más duro de lo que pueda soportar’.

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Hola, mi nombre es Ale y hoy les traigo… UN NUEVO CAP. DE 50DSL!!! e.e

(Lo último escrito por Willy fue con doble sentido, creo creo xDD)

Me da risa el subconsciente de Willy y su mini Dios interno jajaja, pero dejarle hacer sus cosas en paz! Que se tenía que concentrar en su graduación… pobre Samu D’: pasó hambre de peque T-T, pero OKAY, veámosle el lado positivo…

GUILLE ACEPTÓ SER EL SUMISO DE DE LUQUEEE ASKFJDKLNVFKADJFAKSALJ ya le podrá dar duro contra el muro cuando se le plazca xD

Daaamn… pensé que este día jamás llegaría :’v –llora de felicidad (?– AH, ALEGRENSE, SAMU LE DIJO QUE tal vez TRATARÍA DE SER UN CHICO DE FLORES Y CORAZONES!!! KNBVFCDKRJWOEKJDJFASLMVNKDJFEIQWOJFNASNVBNHLSAJDLAS vale, ya.

Gracias por seguir la adaptación, nos encantan sus asks y comentarios en Wattpad, nos hacen el día xDD

Creo que ya no tengo nada más de que fangirlear :P… ehm… que tengan buena tarde y un buen fin de semana (aunque no sea viernes xD) (? Y hasta el lunes!! :33

“Amor a la primera Sonrisa” Relato 1

Relato por Willy:



-Y recuerda hijo, sé amable con todos tus profesores y compañeros, no olvides tus cuadernos en el salón, no te agites mucho, has los ejercicios que te diga el profesor…- Hablaba y hablaba mi madre como si no hubiese un mañana.

-Ya, mamá. Tranquila,  ¿sí? Estaré bien, no te preocupes demasiado que no soy un niño.- Dije para relajarla y callarla, que me estaba mareando. Suspiró algo intranquila y me miró, arreglándome el cabello un poco y sonriéndome levemente.

-Cuídate. Estate atento al móvil por si te llamo.- Me dio un beso en la mejilla y me estiró un poco la camiseta por la altura del pecho.

-Claro, no te preocupes de más. Bueno, me voy, que se me hará tarde.- Le devolví el beso y salí por la puerta principal, caminando hacia la parada de autobús y esperar a que uno pasara. Me coloqué los audífonos y puse un poco de música en el móvil, tratando de reprimir los nervios del típico chico nuevo del curso, en una escuela desconocida y entrando a la secundaria. Noté que habían chicos y chicas de mi edad en la misma parada, con sus labios articulándose como si hablaran de algo. Yo, en cambio, me puse a un lado, algo nervioso pensando que podrían ser mis posibles compañeros de curso, moviendo un pie al son de la música y girando la mirada al otro lado de la calle. Pareció una eternidad hasta que pasó un transporte, al fin, y subiéndome en él. Sólo algunos subieron, como si los demás esperaran otro distinto. Caminé hasta un asiento vacío completamente y me senté al lado de la ventana, solo y mirando por ella, tratando de calmar los nervios. “Vamos, no te pongas así. No es primera vez que eres el nuevo de una escuela y lo sabes. Sólo… Relájate”, me decía a mi mismo internamente sabiendo que, al fin y al cabo, no serviría de nada.

 El trayecto fue bastante normal: parada tras parada, insultos entre conductores, un poco de tráfico… Típico cuando estás en una gran ciudad. Al llegar a la escuela, se vio el cómo hubo problemas para parar el autobús, puesto que estaban los padres de algunos estudiantes parados ahí, en sus coches, sin moverse en absoluto. Por fin, luego de un par de minutos parados ahí, estacionamos y bajamos, yendo a la entrada de la secundaria.

-Wow…- Me dije en voz baja al ver lo enorme que se veía el edificio principal de la escuela. Poco más y parecía escuela privada para niños y niñas hijitos de papá y mamá. Tenía un antejardín bastante amplio donde se adornaban bien cuidadas muchas flores de varios colores y una placa de concreto y piedras donde aparecía en enormes letras el nombre de la escuela: “Union Fort High School”, justo al lado de un camino de adoquines simples que formaban un pequeño sendero hasta la entrada del lugar, pasando por unas escaleras.

-Bien, me dijeron que este lugar era enorme… Espero que sólo sea este edificio…- Me dije nervioso, emprendiendo camino hacia lo que era mi nuevo segundo hogar.

 La cantidad de alumnos que seguían entrando era impresionante. Más y más caras que jamás en mi vida había visto y que posiblemente no volveré a ver dentro de mucho tiempo. Noté que todos salían por el otro extremo del edificio. “¿Acaso acá no están las aulas?” me dije internamente algo confundido. Me saqué los audífonos y me acerqué a un chico al azar. Era más alto que yo, delgado y con el cabello castaño medio claro.

-D-Disculpa.- Le toqué el hombro suavemente, a lo que se detuvo y se giró a verme. Era de piel clara y de ojos un poco verdes.

-¿Sí? ¿Sucede algo?- Me preguntó con una sonrisa ladeada, lo que me quitó los nervios. Qué amable se veía.

-Amm… Me preguntaba el porqué nadie va a las aulas…

-Bueno, porque este edificio no es el de los salones de clase, sino donde se hace todo lo administrativo de esta escuela y donde descansan los profesores. Eres nuevo, ¿no?- Asentí algo torpe.

-S-Sí, por eso estoy algo perdido.

-Mira, no te preocupes. En el patio central harán una pequeña asamblea, dando formación para que los nuevos no se pierdan. Ehh, ¿sabes cuál es tu clase? Digo, para guiarte hasta tu curso.

-Bueno…- Saqué un papel doblado delicadamente desde mi bolsillo. Lo abrí y leí rápidamente.

-Curso 1-A.

-¿1-A? Bueno, creo que es tu día de suerte. Es la misma clase donde voy yo. Pero, no te vi en la asamblea de la semana pasada, donde nos instruían.

-Es que recién llegué a la ciudad hace tres días.- Me encogí de hombros. La mudanza había tardado y recién ayer vinimos a buscar los papeles y la información básica de mi nuevo curso.

-Oh, en ese caso no debes preocuparte. Soy Rubén, Rubén Doblas, pero me llaman Rubius. Un gusto.- Me estiró la mano amablemente, a lo que la estreché sin problemas.

-Guillermo Díaz, el placer es mío.

-¿No tienes apodo?- Dijo algo sorprendido. Negué algo apenado.

-Jamás he sido mucho de sobrenombres o apodos la verdad…- En realidad, he sido de pocos amigos siempre.

-Bueno, otra vez la suerte está de tu lado. Dicen que soy bueno para poner apodos, pero no bueno en el sentido de que sean geniales, sino de que a cada persona que conozco le pongo uno. Bien, ¿cómo podría llamarte? ¡Ya sé! A todos los que se llaman “Guillermo” les llaman “Willy”. ¿Qué te parece, amigo “Willy”? Es sencillo, lo sé, pero para que empieces en el mundo de los apodos.- Este chico lo decía todo con una naturalidad como si de amigos de toda la vida nos tratásemos. Daba una sensación de confianza enorme, y agradecía haberme encontrado con alguien así en el primer día.

-Me gusta Willy. Pues bien, Rubius, guíame hasta la gloria.- Este rió y caminamos mientras él me explicaba unas cosas básicas de la escuela de momento. Lo que no me advirtió fue de la enormidad de esta escuela en su totalidad. A salir del edificio administrativo, lo primero que me cautivó la mirada fue que al medio del patio central había un enorme edificio, algo y ancho, de 4 pisos específicamente. Chicos y chicas formándose al frente de aquella imponente estructura, hablando y hablando, mirando a un escenario improvisado donde estaba el posible rector del establecimiento.

-Oye, no te quedes ahí parado. Ya tendrás tiempo para admirar el lugar, ahora debemos ir con el curso.- Rubius me tomó del hombro, haciendo que saliera de mi trance ante la impresión del lugar y me llevó por entre una masa enorme de gente hasta una fila que estaba al extremo derecho de donde estábamos. Nos colocamos al final para hablar un poco más tranquilos hasta que se puso a hablar el rector, quien se presentó formalmente como tal, y empezó la típica charla del primer día. Nada fuera de lo común.

 No sé exactamente cuánto tiempo pasó, pero nos empezó a dar el paso libre para irnos a las aulas. Agradezco que la nuestra estaba en el primer piso del edificio, porque ni idea si esa cosa tendrá ascensor o no… Y no quiero averiguarlo aún… Caminamos al salón 107, que en la puerta decía: “Cecilia Álvarez – Matemáticas”, por lo que supuse que esa sería nuestra profesora a cargo, y que se especializaba en las matemáticas. “Vaya suerte”, me dije a mi mismo, ya que cabe la coincidencia de que me encantan las matemáticas como la mayoría de las ciencias con números. Todos empezaron a acomodarse en sus puestos, con amigos y en grupos. Con Rubius fuimos a una de las filas de la pared y nos sentamos juntos, como en el tercer lugar de distancia del pizarrón. Enseguida entró una señora, o señorita por cómo lucía, con un vestido floreado bastante alegre, unos tacones a juego, cabello rubio ceniza y gafas rectangulares y de marco delgado. Caminó hasta el asiento del profesor, dejó su bolso y unos libros, sacó un marcador para pizarrón y empezó a escribir. Todos estaban en silencio, quizás pensando en lo joven que se veía la mujer que estaba frente a nosotros. Se giró, tapando el marcador, mirándonos a cada uno con ojos color miel y sonriendo ampliamente.

-Buenos días, soy Cecilia Álvarez y seré vuestra profesora a cargo, y también la que hará la asignatura de Matemáticas. Un placer y espero que este año todos nos llevemos bien.- Tenía una voz bastante amigable, algo que a varios les hizo sentir seguridad. O por lo menos a mi.

-¡Hala, chaval! Qué mona se ve la maestra.- Dijo Rubius, algo baboso por ella. Le golpeé suavemente el hombro y reímos a lo bajo. La profesora se movió de dónde estaba, dejando escrito su nombre en el pizarrón, yendo nuevamente a la mesa grande y sacando de un gran libro o cuaderno una hoja con algo impreso.

-Bien, ahora pasaré lista. Cuando diga vuestro nombre, se pondrán adelante, dirán algo sobre vosotros y les haré entrega de un pequeño recuerdo. Espero que no tengáis pena, recordad que este es un nuevo año y una nueva etapa, podéis ser quienes queráis, pero os quiero participativos, si no, sanción y tendrá 20 ejercicios extra de tarea en matemáticas.- Dijo nuevamente sonriendo, haciendo que varios se quejaran en medio de risas. Esta profe es muy maja. Sacó una lapicera y empezó a llamar uno por uno, en órden alfabético, claramente. Habían varios que les gustaba la música, otros se veían algo canis, unas eran algo tímidas y otros se hacían el chistoso, algo que causaba gracia.

-¿Samuel De Luque?- Dijo la profesora, a lo que un chico sentado al final y sólo levantó la mano mostrando unos brazos bastante en forma. Se levantó con cara de mala leche y caminó hasta el frente, cruzándose de brazos y apoyándose en el pizarrón, mirándonos con desgana.

-Soy Samuel, y eso es lo único que deberíais saber.- Se le veía que no le gustaba estar acá, y menos ahí delante. Se iba a ir cuando ella lo detuvo con la mano en su hombro.

-Vamos, no seas así. Di algo, aunque sea pequeño. ¿O te quieres ir con tarea extra a casa cuando toque matemáticas?- Le dio justo en el clavo. Bufó, rodando los ojos y volvió a su posición  anterior.

-Me gusta hacer ejercicio, es lo que generalmente hago en mi tiempo libre. ¿Ahora puedo ir a sentarme?- La miró, a lo que ella le entregó uno de los recuerdos, le sonrió a Samuel y asintió. Él ni se inmutó, le dio las gracias fríamente y se fue a sentar rápidamente. No noté cuando ella seguía con la lista hasta que…

-¿Guillermo Díaz?- Me empecé a poner nervioso.

-P-Presente…- Dije torpemente, a lo que varios rieron. Soy un desastre.

-Bien Guillermo, adelante.- Oh no… Yo estaba seguro que si salía, algo malo me iba a pasar: o me iba a cae frente a todos, o me iba a poner el blanco, o me iba a desmayar antes de decir nada.

-Vamos, tú puedes. Si te pasa algo, estaré ayudándote antes que incluso la profesora.- Dijo Rubén en susurro. Agradecí y me lenvanté aún nervioso. Caminé temeroso hasta llegar al pizarrón y viéndoles a todos. Mi corazón lo sentía a mil. Mieda.

-H-Hola, soy Guillermo… B-Bueno… E-Ehh… Yo… ¡M-Me gusta las matemáticas y las ciencias en general!- Dije en un golpe de nervios excesivo. Todos me quedaron mirando y empezaron a reír. Sentí mi cara colocarse roja de la vergüenza. “Bien Guillermo, ahora eres el chico que le gusta estudiar y aparentemente no tiene vida social… Bueno, ya lo eres” decía esa vocecita interior.

-¡Tranquilo Willy!- Escuché desde el puesto donde estaba Rubén.

-Relájate. Todo estará bien, sólo sé tú mismo.- Me dijo una chica que estaba sentada de las primeras, sonriéndome, a lo que varios asentían. Me empecé a sentir más tranquilo por fin.

-También me gusta jugar videojuegos y ayudar a los que necesiten reforzar alguno de mis fuertes. Así que si tenéis problemas en entender algo, no dudéis en preguntarme.- Dije más en confianza. Agradecieron en voz alta y aplaudieron, como al terminar cada presentación. La maestra se acercó a mi y me entregó el recuerdo que consistía en una bolsita de tela con caramelos dentro y un pequeño papel con algo escrito: “Una nueva etapa implica nuevas sensaciones. No dejes que nada esté en tu contra. 1-A. C.A.”. Le agradecí y me devolví a mi puesto. Fue cuestión de sentarme y empezó con el siguiente.

-¿Rubén Doblas?- Lo miré, pero no fue necesario que dijera presente, pues sólo se levantó y caminó confiado.

-Buenas, mi nombre es Rubén. Me llaman Rubius porque es una combinación entre mi nombre y de cuando yo fui rubio. Soy medio noruego, por eso esta piel que parece de medio muerto.- Dijo riéndo, a lo que todos empezamos a reír igualmente.

-¿Algo que te guste hacer, “Rubius”?- Dijo un chico de alguna parte del salón.

-Jugar videojuegos tratando de engordar, que parezco un maldito palo que se puede romper si elongo. También me gusta hacer animaciones en 3D y salir con mis amigos. ¡Espero que nos llevemos bien, compañeros!- Todos empezaron a aplaudir. Me sorprendió la confianza que tenía para hacer esas cosas. Vaya envidia me daba, pero me caía bastante bien el chaval. Se sentó a mi lado, mientras veíamos las otras presentaciones.

-Vaya personalidad, Rubius. Creo que jamás podré ser así ni en mis propios sueños.- Dije riendo a lo bajo y susurrando.

-Tranquilo, quizás te ayude en eso. Nos quedan unos uandos años para mejorar eso, así que déjamelo en mis manos.- Dijo también susurrando a lo que ambos sonreímos.

-¡Vosotros dos! Doblas y Díaz. Castigados con tarea extra por hablar en medio de las presentaciones de los demás. 15 ejercicios extra en matemáticas.

-¡¿Qué?!- Exclamamos ambos. Ok, esa fue una linda bienvenida a la secundaria. ¡Tarea!

Joder, vaya lío.

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¡HOLA! Un poco largo, pero es que ese día estaba taaan inspirada xD

Espero que les guste el 1er fic Wigetta que hago e.e

SIGO AMANDO EL RUBELANGEL Y EL WILLEXBY, NO ME IMPORTA NADA VIEJA.

Los amo<3