el precio de la libertad

No importa que aquí no vengan automóviles en muchos años; no importa, incluso, que muchos objetos de lujo no vengan a Cuba en muchos años. ¡No importa, si ese es el precio de la libertad; no importa, si ese es el precio de la dignidad; no importa, si ese es el precio que nos exige la patria! 
Al fin y al cabo, el pueblo nunca tuvo lujos; al fin y al cabo, el pueblo nunca tuvo más que la explotación, la humillación, la discriminación, la servidumbre, el desempleo y el hambre; al fin al cabo, los lujos fueron para las minorías, para el pueblo fueron los sacrificios.
¿Y qué logra el imperialismo, qué va a lograr, con que el pueblo se vea privado durante unos cuantos años de aquellas cosas de las que se vio privado siempre? Pero el pueblo, que tiene hoy lo que no tuvo nunca, que tiene igualdad, que tiene dignidad, que tiene justicia, que es dueño de la patria, que es dueño de sus fábricas y de su riquezas, que es dueño de su destino, que es libre; el pueblo, el verdadero pueblo, el pueblo sufrido de siempre, ese pueblo cambia gustosamente lo que no tuvo nunca porque tendrá mañana, por todo lo que tendrá para siempre.

Segunda Declaración de la Habana, Fidel Castro Ruz.