el osario

En la tumba que es mi memoria la veo ahora enterrada a ella, a la que amé más que a nadie, más que al mundo, más que mis propias carne y sangre. La veo pudrirse en ella, en esa sanguinolenta herida de amor, tan próxima a mí que no la podría distinguir de la propia tumba. La veo luchar para liberarse, para limpiarse del dolor del amor, y sumergirse más con cada forcejeo en la herida, atascada, ahogada, retorciéndose en la sangre. Veo la horrible expresión de sus ojos, la lastimosa agonía muda, la mirada del animal atrapado. La veo abrir las piernas para liberarse y cada orgasmo es un gemido de angustia. Oigo las paredes caer, derrumbarse sobre nosotros y la casa deshacerse en llamas. Oigo que nos llaman desde la calle, las órdenes de trabajar, las llamadas a las armas, pero estamos clavados al suelo y las ratas nos están devorando. La tumba y la matriz del amor nos sepultan, la noche nos llena las entrañas y las estrellas brillan sobre el negro lago sin fondo.

Pierdo el recuerdo de las palabras, incluso de su nombre que pronuncié como un monomaníaco. Olvidé qué aspecto tenía, qué sensación producía, cómo olía, mientras penetraba cada vez más profundamente en la noche de la caverna insondable. La seguía hasta el agujero más profundo de su ser, hasta el osario de su alma, hasta el aliento que todavía no había expirado de sus labios. Busqué incansablemente aquella cuyo nombre no estaba escrito en ninguna parte, penetré hasta el altar mismo y encontré… nada.


Extraído de “Trópico de Capricornio” (1938)
Henry Miller

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Una de las obras maestras olvidadas producidas durante la carrera temprana de Švankmajer es Kostnice (El Osario), un “documental de Terror” filmado en uno de los monumentos más singulares y sombríos de su país: el Osario de Sedlec que contiene huesos de unas 40 a 70 mil personas enterradas allí desde la Edad Media.

Švankmajer filmó esta exposición extraordinaria en blanco y negro, poco después de que Checoslovaquia fuera invadida por Varsovia, encabezada por soviéticos en agosto de 1968. El régimen post-invasión, instalado en el otoño de 1969, llegó a ser conocido sobre todo por su represión de la cultura. Los cineastas, en especial los de la “nueva ola Checa”, se encontraban entre los más perseguidos. El hecho de que un no-conformista, como Švankmajer se le permitió rodar en este ambiente, en todo, se debió en parte al hecho de que él estaba trabajando en un campo relativamente oscuro y de bajo presupuesto en cortometrajes, lo que pudo haberle salvado de la represión que golpeó a sus colegas más expuestos en los estudios cinematográficos durante los 70’s.

El Osario, 1970, Jan Švankmajer