el mundo sin nosotros

Van Houten:
Soy una buena persona, pero una mierda de escritor. Usted es una mierda de persona, pero un buen escritor. Formaríamos un buen equipo. No quiero pedirle ningún favor, pero si tiene tiempo —y, por lo que sé, tiene mucho—, me preguntaba si podría escribir un discurso fúnebre para Hazel. He tomado notas, pero quizá usted podría darles forma coherente o algo así. O simplemente decirme qué debería decir de otra manera.

Lo más importante sobre Hazel: a casi todo el mundo le obsesiona dejar huella en el mundo. Dejar un legado. Sobrevivir a la muerte. Todos queremos que nos recuerden. Yo también. Lo que más me preocupa es ser una olvidada víctima más de la antigua y poca gloriosa guerra contra la enfermedad.

Quiero dejar huella.

Pero Van Houten: las huellas que dejamos los hombres suelen ser cicatrices. Construyes un espantoso centro comercial, das un golpe o intentas llegar a ser una estrella del rock, y piensas: «Ahora me recordarán», pero: a) no te recuerdan, y b) lo único que dejas tras de ti son más cicatrices. Tu golpe se convierte en una dictadura. Tu centro comercial se convierte en una herida. (De acuerdo, quizá no soy tan mierda como escritor. Pero no puedo enlazar mis ideas, Van Houten. Mis pensamientos son estrellas con las que no puedo formar constelaciones.)
Somos como una manada de perros meando en bocas de incendio. Envenenamos las aguas subterráneas con nuestras meadas, nos apoderamos de todo en un ridículo intento de sobrevivir a la muerte. Yo no puedo dejar de mear en bocas de incendios. Sé que es idiota e inútil —en mi actual estado, épicamente inútil—, pero soy un animal como cualquier otro.

Hazel es diferente. Camina ligera, Van Houten. Camina ligera sin tocar el suelo. Hazel sabe la verdad: es tan probable que hagamos daño al universo como que lo ayudemos, y seguramente no haremos ninguna de las dos cosas.
La gente dirá que es triste que deje una cicatriz menor, que menos personas la recordarán, que la querían mucho, pero no muchos. Pero no es triste, Van Houten. Es un triunfo. Es heroico. ¿No es eso el verdadero heroísmo? Como dicen los médicos: «Ante todo, no hagas daño». En cualquier caso, los verdaderos héroes no son los que hacen cosas. Los verdaderos héroes son los que OBSERVAN las cosas, los que les prestan atención. El tipo que inventó la vacuna de la viruela en realidad no inventó nada. Simplemente observó que las personas que tenían viruela bovina no cogían la viruela.

Después de recoger los resultados de mi escáner, me colé en la UCI cuando ella estaba inconsciente. Entré detrás de una enfermera que llevaba una placa y conseguí estar a su lado unos diez minutos, hasta que me pillaron. De verdad creía que iba a morirse antes de que pudiera decirle que también yo iba a morirme. La incesante arenga mecanizada de los cuidados intensivos era atroz. Le sacaban del pecho, gota a gota, aquel líquido oscuro. Los ojos cerrados. Intubada. Pero su mano seguía siendo su mano, todavía tibia, las uñas pintadas de un azul oscuro casi negro, y yo la cogía de la mano e intentaba imaginar el mundo sin nosotros, y por un segundo fui lo bastante buena persona para esperar que se muriera y así nunca llegara a enterarse de que yo me moría también. Pero después quise más tiempo para que pudiéramos enamorarnos. He conseguido mi deseo, supongo, y he dejado mi cicatriz.
Llegó un enfermero y me dijo que tenía que marcharme, que sólo podía entrar la familia. Le pregunté si iba bien, y el tipo me contestó: «Sigue entrándole líquido». Bendito sea el desierto, y maldito sea el mar.

¿Qué más? Es preciosa. No te cansas de mirarla. No tienes que preocuparte de si es más inteligente que tú, porque sabes que lo es. Es divertida sin pretenderlo siquiera. La quiero. Tengo la inmensa suerte de quererla, Van Houten.
No puedes elegir si van a hacerte daño en este mundo, pero sí eliges quién te lo hace. Me gustan mis elecciones. Y espero que a ella le gusten las suyas.

—  Carta de Augustus Waters, Bajo la misma estrella, John Green.
Que yo no quiero rosas rojas sino flores amarillas, moradas o blancas…
No pido peluches o un regalo cada mes, prefiero una carta de vez en vez,
No quiero salir a restaurantes lujosos me conformo con caminar de tu mano,
No quiero que todo el tiempo me digas cosas lindas, prefiero debates profundos para terminar peleando y con un beso reconciliarnos
No demando todo tu tiempo pero si un rato en el que sólo seamos nosotros, sin el mundo mirándonos.
Pero si prefieres amarme diferente también lo aceptaré.
Que yo no soy igual a las demás, ni me gustan los clichés, a mi ámame sinceramente y con eso me conformaré.
—  No tan ordinaria (Diana García)

Van Houten:
Soy una buena persona, pero una mierda de escritor. Usted es una mierda de persona, pero un buen escritor. Formaríamos un buen equipo. No quiero pedirle ningún favor, pero si tiene tiempo —y, por lo que sé, tiene mucho—, me preguntaba si podría escribir un discurso fúnebre para Hazel. He tomado notas, pero quizá usted podría darles forma coherente o algo así. O simplemente decirme qué debería decir de otra manera.

Lo más importante sobre Hazel: a casi todo el mundo le obsesiona dejar huella en el mundo. Dejar un legado. Sobrevivir a la muerte. Todos queremos que nos recuerden. Yo también. Lo que más me preocupa es ser una olvidada víctima más de la antigua y poca gloriosa guerra contra la enfermedad.

Quiero dejar huella.

Pero Van Houten: las huellas que dejamos los hombres suelen ser cicatrices. Construyes un espantoso centro comercial, das un golpe o intentas llegar a ser una estrella del rock, y piensas: «Ahora me recordarán», pero: a) no te recuerdan, y b) lo único que dejas tras de ti son más cicatrices. Tu golpe se convierte en una dictadura. Tu centro comercial se convierte en una herida. (De acuerdo, quizá no soy tan mierda como escritor. Pero no puedo enlazar mis ideas, Van Houten. Mis pensamientos son estrellas con las que no puedo formar constelaciones.)
Somos como una manada de perros meando en bocas de incendio. Envenenamos las aguas subterráneas con nuestras meadas, nos apoderamos de todo en un ridículo intento de sobrevivir a la muerte. Yo no puedo dejar de mear en bocas de incendios. Sé que es idiota e inútil —en mi actual estado, épicamente inútil—, pero soy un animal como cualquier otro.

Hazel es diferente. Camina ligera, Van Houten. Camina ligera sin tocar el suelo. Hazel sabe la verdad: es tan probable que hagamos daño al universo como que lo ayudemos, y seguramente no haremos ninguna de las dos cosas.
La gente dirá que es triste que deje una cicatriz menor, que menos personas la recordarán, que la querían mucho, pero no muchos. Pero no es triste, Van Houten. Es un triunfo. Es heroico. ¿No es eso el verdadero heroísmo? Como dicen los médicos: «Ante todo, no hagas daño». En cualquier caso, los verdaderos héroes no son los que hacen cosas. Los verdaderos héroes son los que OBSERVAN las cosas, los que les prestan atención. El tipo que inventó la vacuna de la viruela en realidad no inventó nada. Simplemente observó que las personas que tenían viruela bovina no cogían la viruela.

Después de recoger los resultados de mi escáner, me colé en la UCI cuando ella estaba inconsciente. Entré detrás de una enfermera que llevaba una placa y conseguí estar a su lado unos diez minutos, hasta que me pillaron. De verdad creía que iba a morirse antes de que pudiera decirle que también yo iba a morirme. La incesante arenga mecanizada de los cuidados intensivos era atroz. Le sacaban del pecho, gota a gota, aquel líquido oscuro. Los ojos cerrados. Intubada. Pero su mano seguía siendo su mano, todavía tibia, las uñas pintadas de un azul oscuro casi negro, y yo la cogía de la mano e intentaba imaginar el mundo sin nosotros, y por un segundo fui lo bastante buena persona para esperar que se muriera y así nunca llegara a enterarse de que yo me moría también. Pero después quise más tiempo para que pudiéramos enamorarnos. He conseguido mi deseo, supongo, y he dejado mi cicatriz.
Llegó un enfermero y me dijo que tenía que marcharme, que sólo podía entrar la familia. Le pregunté si iba bien, y el tipo me contestó: «Sigue entrándole líquido». Bendito sea el desierto, y maldito sea el mar.

¿Qué más? Es preciosa. No te cansas de mirarla. No tienes que preocuparte de si es más inteligente que tú, porque sabes que lo es. Es divertida sin pretenderlo siquiera. La quiero. Tengo la inmensa suerte de quererla, Van Houten.
No puedes elegir si van a hacerte daño en este mundo, pero sí eliges quién te lo hace. Me gustan mis elecciones. Y espero que a ella le gusten las suyas.

” — Carta de Augustus Waters, Bajo la misma estrella, John Green.
Cuando stalkear a tu expareja se convierte en una obsesión

Stalkear a la expareja es una forma de espiarle, de saber qué hace y con quién se relaciona, pero de forma tecnológica. Puede iniciar como simple merodeo digital, una curiosidad espontánea de saber si de alguna manera permanecemos en su vida, si nos nombra en su muro o si estamos presentes en la actualización de su estado. Buscamos en sus redes sociales una imagen, una frase o algo que nos aliente.

Queremos saber todo del otro, enterarnos de qué hace, con quién interactúa, cómo se siente, si nos nombra, qué respuesta recibe. Qué fotos cuelga, si actualiza su estado, si tiene nuevos amigos, a quién sigue, quién lo sigue. Qué postea. Queremos saberlo todo y en todo momento.

Stalkear es una manera premórbida de mantener el vínculo con nuestra expareja, de saber si aún estamos presente así sea en sus redes. Buscamos conocer cómo interactúa con el mundo sin nosotros. ¡Cuidado! Esta curiosidad puede transformarse en obsesión y hacerte daño. Aprende cómo evitar el stalkeo a tu expareja.

¿Es algo normal?

El término stalkear puede calificarse de “normal” en los días posteriores a la ruptura. Estamos en ese proceso de elaboración del duelo, de separación afectiva de quien fue nuestra pareja. Resulta favorable, dependiendo del grado de madurez de la persona, enterarse que el otro sigue con su vida. De esta manera quien se siente aún dolido y vinculado afectivamente, debería animarse a continuar con la suya.

Lo esperado es que este stalkeo se haga menos frecuente. Cada vez nos importará menos lo que hace nuestra expareja. Lo lógico es que la curiosidad disminuya a medida que transcurren los días. Así debe ser. Retomamos nuestra vida y nos incorporamos a nuestro mundo.

¿Qué sucede si lejos de disminuir el stalkeo lo incrementamos?

¿Qué pasa si ya no solo husmeamos sino que nos convertimos en los propios acosadores(as)? ¿Si nos volvemos exigentes y demandantes cada vez más con nuestra  expareja?

Si le reclamamos por una vida social que a nosotros no nos cabe en el pastillero del desamor, donde guardamos las píldoras de las desdichas, los malos recuerdos, las  amarguras y los sacrificios que hicimos por la relación. ¡Cuidado! Podemos estar abriendo la puerta que nos lleva a la habitación de la obsesión.

Es más frecuente de lo que piensas, la curiosidad puede generar una obsesión. Una obsesión por seguir conectados al ex, de saber el más mínimo detalle de su vida a través de la consulta compulsiva de sus redes sociales. Empiezas y sientes que no puedes detenerte. Si te bloquea abres una nueva cuenta, creas otros perfiles, compras una nueva línea de teléfono. ¡No puedes parar!

Si la pareja fue tóxica, la obsesión es tóxica

Es probable que una relación que fue disfuncional continúe siendo tóxica después de rota. Uno de los dos se ha obsesionado con la ahora expareja. Emocionalmente continúa aferrado al otro, de una manera morbosa. Quiere saber de él o ella, necesita conocer los detalles de su vida, le acosa con su dependencia. Es un náufrago emocional y las redes se convierten en su salvavidas.

Cuando somos dependientes y la relación finaliza ahogada en su propia disfuncionalidad, nos quedamos pegados emocionalmente al otro. Esa disfunción no permite que haya un cierre adecuado de lo que fue la relación de pareja, una elaboración del duelo y la sanación de las heridas.

Por lo general quien se siente la víctima, al que dejaron, inicia con aproximaciones modestas, husmeando, fisgoneando en la vida social del otro a través de sus redes, hasta que el pensamiento recurrente y obsesivo termina por imponerse y se adueña de su voluntad.

Esta conducta obsesiva puede acentuarse en la medida que la persona se aísla y su cotidianidad se vea afectada. Es probable que amistades y la misma expareja traten de hacerle entrar en razón de lo inconveniente e insano de su proceder.

Llegado a este punto, es importante darte cuenta, cuánto de tu paz interior estás entregando por  una relación que ya se acabó. Revisa tu emocionalidad. ¿Cómo te sientes? ¿Encuentras reales beneficios espiando a tu ex? ¿Te hace sentir mejor? ¿Vale la pena seguir humillándote? Sabes muy bien que NO. ¡Basta! Es hora de que vuelvas a la realidad, a vivir el presente.

Recomendaciones básicas para dejar de Stalkear

         Practica el autocontrol

Igual que un músculo la fuerza de voluntad puede entrenarse y fortalecerse. Hazte un favor elimina todo rastro tecnológico de tu ex. ¡Échalo de tu casa virtual! Así requerirás menos energía para cumplir tu meta. Identifica en qué momento del día puede fallar tu voluntad y ten un plan alternativo.

●          Proponte metas diarias

¡Hoy no stalkearé! Cumple tu palabra. Elige una o varias personas aliadas a quien recurrir si flaqueas.

●          Mantente como un observador del pensamiento obsesivo de espiarlo

No luches ni busques eliminarlo, relájate. Concéntrate en la respiración, evita divagar en el pasado para lamentarte o pensar en el futuro para angustiarte. Respira conscientemente.

●          Distráete, ten hobbies

Retoma o elabora una nueva rutina de vida. Haz tus actividades favoritas: leer, hacer ejercicio, tomar un curso, ir al cine, salir a bailar, hablar con tus amigos o ir de compras.

Asume con madurez y equilibrio que se terminó. Despídete de ese mundo virtual. Si de algo puede servirte haber espiado a tu expareja, es para reafirmarte que ¡la vida sigue! Te corresponde valorar y disfrutar la tuya, nadie lo hará por ti.

Anímate a rehacer tu perfil de forma creativa, actualiza tus redes. Dile al mundo que inicias una nueva vida.

Leía sobre los hábitos de un escritor. Uno debe escribir todos los días, imponerse un horario de trabajo y, lo principal, escribir sobre lo que sea. Mi idea es mantener un diario, éste, y escribir sobre lo que vea, lea y escuche así como historias de mi vida e invenciones, así como las endebles reflexiones que se escurren de mi mente.

Nos gusta pensar que hay quienes nos necesitan, pero, si lo pensamos con frialdad, todos estarían bien sin nosotros, seguirían sus vidas y el mundo no se detendría.

Nos gusta sentir, o hacernos la idea, que le hacemos falta a alguien, que somos esenciales e indispensables en su vida. Le tememos al momento en el que nos demos cuenta que realmente no lo somos, no le hacemos falta a esa persona, no nos necesita, no somos indispensables; porque podría seguir respirando y existiendo sin nosotros, podría seguir amando y sonriendo, podría seguir a pesar de nuestra ausencia y eso va en contra de lo que necesitamos sentir o creer.

La necesidad nunca superará a la decisión. Por necesidad haríamos lo que fuera, no hay mayor motivación, pero no hay forma de superar el vínculo creado por la decisión. Decidir estar con alguien es mejor, más fuerte, que necesitar estar con alguien. Decidir eso sabiendo que no nos necesita y que no somos esenciales en su vida, decidir sin miedo a lo que pueda ocurrir y decidir entendiendo que tampoco necesitamos a esa persona, tampoco es esencial ni indispensable. Decidir a pesar del dolor que el fracaso de la empresa podría ocasionarnos. Decidir sin esperar, sin chantajes, sin forzarlo. 

Quererte no es un error, ha sido una decisión sencilla, costosa, dolorosa y, sobre todo, placentera. Un mes, dos veces más y no quedará nada. Te vas, me voy (¿a dónde? No sé, de vuelta a nuestras vidas, al futuro, a nuestros caminos) y no quedará nada de tanto que alguna vez hubo.

La diferencia entre necesitar estar con alguien y querer estar con alguien es un mundo, es su viabilidad. 

Quiero estar contigo porque eres mi persona favorita.

—  El diario vacío, Ave Literaria.
En el desigual combate contra el miedo, en ese combate que cada uno libra cada día, ¿Qué seria de nosotros sin la memoria de la dignidad?
El mundo esta sufriendo un alarmante desprestigio de la dignidad. Los indignos, que son los que en el mundo mandan, dicen que lo indignados somos prehistóricos, nostálgicos, románticos, negadores de la realidad.
¿Pero acaso no son reales las mujeres y los hombres que han luchado y luchan por cambiar la realidad, los que han creído y creen que la realidad no exige obediencia?
Hemos venido a deciros que valió la pena. La realidad es real porque nos invita a cambiarla y no porque nos obliga a aceptarla. Ella abre espacios de libertad y no necesariamente nos encierra en las jaulas de la fatalidad. La realidad es un desafío, no estamos condenados a elegir entre lo mismo y lo mismo.
Tenemos las manos vacías, pero las manos son nuestras.
—  Eduardo Galeano

My son Ivan Camilo. He is the oldest son but the little one of the family; the most helpless but also the bravest, does not know much of this world yet and probably is the wisest among us. I just hope to understand what brought us , what teaches us , I hope we see his great love.

He has TSC (Tuberous Sclerosis Complex). TSC is a genetic disorder that causes non-malignant tumors to form in many different organs, primarily in the brain, eyes, heart, kidney, skin and lungs. The aspects of TSC that most strongly impact quality of life are generally associated with the brain: seizures, developmental delay, intellectual disability and autism.

Ivan Camilo es el mayor de mis hijos pero el mas niño, el más indefenso pero también el más valiente, no conoce mucho de este mundo y sin embargo y seguramente es el mas sabio entre nosotros. Solo espero entender lo que nos trajo, lo que nos enseña, espero que veamos su gran amor.

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Esto es por si me lees; Sé que todo esto es en vano, que nos fuimos más que a la mierda, pero te extraño mucho. Siento que tengo tantas cosas buenas y a la vez me sobran, hay tanto, hay tanto espacio que llega a ser vacío, se siente tu ausencia a cada minuto del día cuando un buen recuerdo se me pasa por la mente, me has hecho tanta falta, anhelo tenerte entre mis brazos una vez más, extraño el calor de tu cuerpo presionado con el mío, lo cálido de tus besos. Es verdad que uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde, y yo dejé que te fueras. ¿Por qué no fui detrás de tí el día del adiós? Sabíamos que no queríamos hacerlo, entonces ¿por qué lo hicimos? Más daño nos hicimos así. Cometimos tantos errores, fuimos tan torpes, cuando la respuesta a todo era querernos, simplemente eso. Sé que ya no existimos, que ya hemos muerto, que al fin y al cabo estas son sólo palabras no dichas. Te extraño muchísimo, yo te amaba por sobretodas las cosas, pero no supe cómo hacer muchas otras. Vives en mi mente, intento encontrarte en otros lados, en otros cuerpos, otros besos sabiendo que será imposible. Quizá nunca fuiste para mí ¿y eso qué? El mundo está lleno de combinaciones incorrectas que sin embargo sirven y nosotros fuimos una más. Voy a extrañar perderme en tus ojos, el roce de la punta de tus dedos en mi nuca y las cosquillas de tus pestañas. Y aunque mañana despierte y sea un día normal, lo único que voy a querer estar haciendo es tenerte entre mis ahora vacíos brazos una vez más.

Van Houten:
Soy una buena persona, pero una mierda de escritor. Usted es una mierda de persona, pero un buen escritor. Formaríamos un buen equipo. No quiero pedirle ningún favor, pero si tiene tiempo —y, por lo que sé, tiene mucho—, me preguntaba si podría escribir un discurso fúnebre para Hazel. He tomado notas, pero quizá usted podría darles forma coherente o algo así. O simplemente decirme qué debería decir de otra manera.

Lo más importante sobre Hazel: a casi todo el mundo le obsesiona dejar huella en el mundo. Dejar un legado. Sobrevivir a la muerte. Todos queremos que nos recuerden. Yo también. Lo que más me preocupa es ser una olvidada víctima más de la antigua y poca gloriosa guerra contra la enfermedad.

Quiero dejar huella.

Pero Van Houten: las huellas que dejamos los hombres suelen ser cicatrices. Construyes un espantoso centro comercial, das un golpe o intentas llegar a ser una estrella del rock, y piensas: «Ahora me recordarán», pero: a) no te recuerdan, y b) lo único que dejas tras de ti son más cicatrices. Tu golpe se convierte en una dictadura. Tu centro comercial se convierte en una herida. (De acuerdo, quizá no soy tan mierda como escritor. Pero no puedo enlazar mis ideas, Van Houten. Mis pensamientos son estrellas con las que no puedo formar constelaciones.)
Somos como una manada de perros meando en bocas de incendio. Envenenamos las aguas subterráneas con nuestras meadas, nos apoderamos de todo en un ridículo intento de sobrevivir a la muerte. Yo no puedo dejar de mear en bocas de incendios. Sé que es idiota e inútil —en mi actual estado, épicamente inútil—, pero soy un animal como cualquier otro.

Hazel es diferente. Camina ligera, Van Houten. Camina ligera sin tocar el suelo. Hazel sabe la verdad: es tan probable que hagamos daño al universo como que lo ayudemos, y seguramente no haremos ninguna de las dos cosas.
La gente dirá que es triste que deje una cicatriz menor, que menos personas la recordarán, que la querían mucho, pero no muchos. Pero no es triste, Van Houten. Es un triunfo. Es heroico. ¿No es eso el verdadero heroísmo? Como dicen los médicos: «Ante todo, no hagas daño». En cualquier caso, los verdaderos héroes no son los que hacen cosas. Los verdaderos héroes son los que OBSERVAN las cosas, los que les prestan atención. El tipo que inventó la vacuna de la viruela en realidad no inventó nada. Simplemente observó que las personas que tenían viruela bovina no cogían la viruela.

Después de recoger los resultados de mi escáner, me colé en la UCI cuando ella estaba inconsciente. Entré detrás de una enfermera que llevaba una placa y conseguí estar a su lado unos diez minutos, hasta que me pillaron. De verdad creía que iba a morirse antes de que pudiera decirle que también yo iba a morirme. La incesante arenga mecanizada de los cuidados intensivos era atroz. Le sacaban del pecho, gota a gota, aquel líquido oscuro. Los ojos cerrados. Intubada. Pero su mano seguía siendo su mano, todavía tibia, las uñas pintadas de un azul oscuro casi negro, y yo la cogía de la mano e intentaba imaginar el mundo sin nosotros, y por un segundo fui lo bastante buena persona para esperar que se muriera y así nunca llegara a enterarse de que yo me moría también. Pero después quise más tiempo para que pudiéramos enamorarnos. He conseguido mi deseo, supongo, y he dejado mi cicatriz.
Llegó un enfermero y me dijo que tenía que marcharme, que sólo podía entrar la familia. Le pregunté si iba bien, y el tipo me contestó: «Sigue entrándole líquido». Bendito sea el desierto, y maldito sea el mar.

¿Qué más? Es preciosa. No te cansas de mirarla. No tienes que preocuparte de si es más inteligente que tú, porque sabes que lo es. Es divertida sin pretenderlo siquiera. La quiero. Tengo la inmensa suerte de quererla, Van Houten.
No puedes elegir si van a hacerte daño en este mundo, pero sí eliges quién te lo hace. Me gustan mis elecciones. Y espero que a ella le gusten las suyas.

—  Carta de Augustus Waters, Bajo la misma estrella, John Green.
¿Alguna vez se han puesto a pensar lo que es el cielo y el infierno? Para mí, no son más que dos sencillas palabras en el mundo, más sin embargo cada uno de nosotros las llevamos dentro de si mismo en nuestro diario caminar por la vida y las vivimos a cada instante dependiendo de que tan fácil o difícil sintamos nuestra existencia.
—  Thoughts & feelings
Onew

081217

UFO RADIO MESSAGE

“Onew Ache. Onew… ache? When I first heard this, I wondered what it meant. “I’m not sick… Why do people say I am aching?” was what I was thinking. But when I found out, Onew Ache meant loving me [Onew] so much that it aches. Wow. I was really touched. It’s really touching. Where else could I receive so much love? Right? When I was a student, I always imagined my debut, and as I debuted, I imagined myself being loved by all of you… How all this became closer to reality, I can’t yet believe. I can’t believe it to the point that sometimes I think that I’m having this really long dream. But… you didn’t know that just as much as you have Onew Aches, we [Shinee] have aches for you all? Although we can’t reply back to each of the kind hearts that always cheer for us and love us without limits, we are truly thankful. Everyone, thank you so much! You’re the best!” — Onew 

CREDIT: heartamplifier/SHINee Over Flowers

“Dolor Onew. Dolor… Onew? Cuando lo leí por primera vez, me pregunté qué significaba. "No estoy enfermo… por qué las personas dicen que me duele?” Eso era lo que pensaba. Pero cuando lo descubrí, Dolor Onew significaba amarme (Onew) tanto que dolía. Wow. Estaba realmente conmovido. Esto es realmente conmovedor. ¿Dónde más podría recibir tanto amor? ¿No? Cuando era un estudiante, siempre imaginaba mi debut, y cuando debuté, me imaginé siendo amado por todos ustedes… Cómo todo esto se convirtió cercano a la realidad, aún no lo puedo creer. No puedo creerlo hasta el punto que a veces pienso que estoy teniendo un sueño realmente largo. Pero… ustedes no sabían que así como ustedes tienen Dolor Onew, nosotros (SHINee) tenemos dolores por todos ustedes? Aunque no podemos responder a cada uno de los corazones amables que siempre nos animan y aman sin límites, nosotros estamos verdaderamente agradecidos. Todo el mundo, muchas gracias! Ustedes son los mejores!“ - Onew

Spanish translation by: sugarcubesandmilk.tumblr

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