el malcriado

Se consideraba un alma curiosa y estar dentro de un palacio que no era el suyo, se asimilaba mas a un pequeño pajarillo encerrado en una gran jaula. La azotea se convirtió en una zona agradable para Gabriel, pues disfrutaba su lectura. Sin embargo, el viento quiso ser malcriado elevándole el marcalibros de su página. De inmediato, se levantó a zancadas alcanzando el cartón antes que interceptara con la vista de aquélla persona. —Casi pierdes un ojo, ¿eh? —Arqueó su divertida ceja, guardando su objeto dentro de las páginas.