el gremio

No soy pro-muerte

¿Cual es la propuesta frente al aborto de sus opositores? 

Valorar la vida. Esa es la consigna que levantan permanentemente sin mediar mucho en el contexto de la mujer, a la cual generalmente ven como un repositorio. No importa la mujer violada, no importa el feto que pone en peligro a la madre.

Hay algunos a los que no les importa: creen que la vida humana está primero y desde el siguiente punto de vista puede ser respetable.

Hay una generación de personas que no hizo ese ejercicio durante la sistemática violación de derechos humanos que se levantó en los 70 en toda América Latina y la verdad es una buena noticia que consideren la palabra vida como una bandera a levantar. Por desgracia a veces es demasiado tarde.

Ahora, si valoraste la vida del que viene, ¿qué pasa con esa persona afuera? ¿Vas a adoptarla? ¿Le darías un espacio en tu casa?

Si dudas, es porque no lo vas a hacer. Las cosas así nacen, no se dudan.

Conozco gente de enorme corazón que toma esa hermosa decisión y para mí son héroes. Pero ojo: jamás dudaron. Se pusieron en ese lugar y criaron hijos suyos, porque finalmente son iguales a nosotros mas allá del lugar, y esa decisión es hermosa y valorable.

Ok. Dudaste. No lo has hecho. No te has acercado a ninguna institución para siquiera investigar cuál sería el trámite. Te aseguro que menos del 10% de los lectores de esta nota sabe cómo ejecutar ese acto de amor a la humanidad.

Ahora, doblemos la apuesta: ¿estarías dispuesto a que ese niño o niña sea adoptado por una pareja de homosexuales?

Si todas tus respuestas fueron no, frente a todos los planteamientos anteriores, estamos frente a algo más profundo que este debate: estamos frente a un estilo de vida que se ha prodigado en nuestro país, que es la negación constante del otro para reafirmar tu rincón de mundo.

Esa manera de plantearse a la sociedad tiene cosas perversas que por lo menos debemos discutir.

Entiendo que los preceptos adquiridos y experiencias te cambian: que tal vez tener un bebé te vuelva fanático de ellos, o que una experiencia traumática cambia tu manera de ver las cosas. Pero ojo con pensar que todos somos una manga de irresponsables.

Eso me pasa: me quieren hacer sentir irresponsable a mí y a los míos. Y la verdad pago impuestos, voy de la casa al trabajo y viceversa, le sonrío a la gente y les doy las gracias a los que me otorgan algún servicio y creo en el aborto, en el matrimonio gay (sí, matrimonio, el diccionario es de todos, no sólo de los que creen en una religión) y en la legalización de la marihuana.

No soy una mala persona por eso. No soy “pro-muerte” como me quieren hacer creer los que se definen “pro-vida” y tratan de construir discurso frente a las palabras. Honestamente me cuesta hasta matar zancudos.

Algunos nos quieren hacer creer que si existiese el aborto legalizado correrían ríos de sangre por las cañerías de nuestras ciudades.

Que si la marihuana fuese legal los jardines infantiles estarían llenos de fumetas. Y no, la verdad no es así: yo nunca he fumado yerba y honestamente me carga su olor. Pero no me siento capaz de decirle a alguien que no lo haga. No me siento tampoco capaz de decirle a ninguna mujer del mundo qué hacer con su cuerpo.

No creo ser la voz moral ni siquiera de mi público y cuando digo mis cosas en Twitter no me enojo si no están de acuerdo: sólo me molesta cuando quieren tergiversarme y dirigir mi discurso hacia donde no quiero.

Yo no quiero negar a nadie. No quiero que el otro se sienta negado. No quiero ser un señor que diga “no a todo” para tratar de sentirme bien en la lógica de que “si a mí no me gusta, está mal”.

Yo quiero realmente que nuestros políticos sean adultos de una vez en ese sentido y escuchen a las personas que saben de los temas por un lado y por el otro a sus votantes involucrados: no al hombre blanco heterosexual (gremio en el que estoy metido) que tanto daño y prejuicio le ha soltado al mundo.

Eso es un poco torpe: hay voces autorizadas. Y en el tema, las mujeres lo son. Las que han sufrido, las que han amado, las que tienen sus razones para tomar las decisiones que consideren. Ellas son la vida real, la que está acá. 

No los que se preocupan de la vida del que está por nacer, pero después de que nace nunca más se preocupan. Ese es el problema.

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