el dolor de colombia

A el amor de mi vida...

Ha pasado 1 año y 8 meses desde el día que comenzamos a hablar… ¿Recuerdas lo bonito que fue? ¿Recuerdas el primer mensaje? ¿La foto que comentaste?, dejame decirte que yo si. Aun recuerdo todas esas cosas, recuerdo cada “para siempre”, recuerdo cada canción que me dedicaste, recuerdo cuando hablábamos por horas, recuerdos las bromas que me hiciste, pero lo que más recuerdo es cuando prometiste que nos conoceríamos, ¿Donde estas ahora?
Me duele, me duele ver que ahora estas con ella, me duele pensar que ahora le dices las mismas cosas bonitas que me decías a mi.
Aveces, simplemente me dan ganas de llorar y llorar, todo el día…
Te extraño, ¡Mierda! Necesito saber de ti, necesito escuchar tu voz, necesito verte aún que sea detrás de una pantalla, necesitó escucharte diciendo que me amas o que me cantes…

Yo tuve al amor de mi vida, conmigo. A países de distancia, pero conmigo…
Y tal vez nunca lo bese, y lo abraze, pero el a sido lo mejor que hay en mi vida, y no tienen idea de como lo extraño y de como lo necesito, pero, fui una tonta, literalmente…

Cariño, si llegas a ver esto, quiero que sepas que siento mucho el daño que te hice, y que te extraño… 💔

Me parecía increíble que los profesores y estudiantes no entendieran que el caso de ese adolescente era competencia de todos, que cada uno de nosotros teníamos la obligación de ayudarlo, de protegerlo, de adoptarlo.  Él no estaba enfermo de drogadicción, sino de indiferencia y crueldad. Viendo la situación con justicia, los enfermos eran otros, es decir nosotros, que no sentíamos ni un asomo de solidaridad frente a la orfandad y el dolor ajenos.

-Relato de un asesino  Mario Mendoza.