dudu tsuda

Dudu Tsuda: 10 estrellas

Si más o menos acompañas la música independiente de Brasil, muy probable que hayas cruzado nombres como Cérebro Eletrônico, Jumbo Elektro o Trash Pour 4. Si aún no lo has hecho, descubrir el primer disco solista de Dudu Tsuda, un día miembro de estos tres grupos, puede ser el pretexto perfecto.


Leemos siempre que grandes cambios económicos, culturales y sociales suponen la transición de sistemas técnicos. Lo decimos porque, a pesar de la sofisticación que alcanzaron los medios de producción de la música independiente, y de la revolución en las maneras de promover un trabajo en Internet, muchos de los artistas que hacen la nueva música de Brasil – y la hacen de una manera muy bonita, reconocemos – poco experimentan con respecto a lo que hicieron los tropicalistas, el Clube da Esquina, en los 60 y 70, Tim Maia también en los 70, o la Vanguardia Paulista en los 80. O sea: cambiaron las herramientas, las plataformas, el lenguaje, pero no siempre se han renovado la curiosidad, las referencias o las balizas estéticas para una propuesta creativa distinta.

Dudu Tsuda es una excepción.  

Porque hubo inmigración japonesa a fines del siglo XIX en São Paulo, porque hubo Kazu Theremin o Roberto Moog, porque hubo el kraut alemán y Kraftwerk, o, mucho antes, Les Six y la violenta urbanización de París, Pierry Henry y la música concreta; porque hubo una canción mezzo cutre como “Shy moon”, de Caetano, o Gainsbourg, Beatles y “Let’em in”; porque hubo Deodato, Gismonti y Dusek, Stereolab o Jarrett, más los temas de Changeman y de Jaspion, justo porque hubo todo eso - gracias! -, hay una música como la de Tsuda. Y sobre todo porque habrá una docena de cosas que aún están por venir, existe un álbum fabuloso como este Les son par lui même.

Entre sus 14 temas, sobresale el verdadero espíritu “la música de por sí”. El sonido como experiencia total, el encantamiento ante la música misma, sea de que género sea, es lo que Dudu pone en escena.

El álbum arranca con “Life” y “Blue morning”, herederas de gente como Neu, Eno o Lou Reed, cruza el territorio de la erudición anarquizada, con cuatro movimientos de “Sinfonía para espaços abertos – Opus nº8”; incorpora tintes chanson en “Le son par lui même” y “La Grande Ville”, e incluso cuestiona la necesidad de tomarse mucho en serio cuando trae a un Tsuda jugando el “videogame brasileiro” con Lulina. Por cierto, el disco tiene también participaciones de Thalma de Freitas, Iara Rennó, Juliana R. y Tiê en las voces (aparte de Liliana Morais, que canta con Dudu casi todas las canciones).

El riesgo es el motor. La felicidad en hacer música, el puerto de llegada.

10 estrellas.