donalds-sons

British racing driver Malcolm Campbell with his son Donald standing by the Campbell-Napier-Railton Blue Bird, the car in which Malcolm Campbell set the land speed record of 396 km/h (246 mph) on February 5, 1931. 

gizmodo.com/the-blazing-fast-evolution-of-land-speed-record-cars-1604716513

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sort of vent-art sort of not

i sometimes wonder if don would be the one to have frequent burnouts (or something similar). i mean the dude gets his feathered ass kicked at least once a day, that must be really tiring after a while

bet he’d still try to suppress it all cause he’s a stubborn little duck and he’ll never give up maybe

Reasons my Nonno is the actual best:

1. Will not go out of the house without a hat, and thus always has amazing hat hair

2. Grandma has a tiny black cat which he pretends to be indifferent to. Badly. He’s a wee bit deaf and we’ve all heard him chirping baby talk at her when he doesn’t realize we’re in the room 

3. Has a habit of proclaiming that IN MY DAY…mental health care sucked and it’s great that we’ve come so far

4. Rarely cooks, but when he does makes a ridiculous four-course pour-grandma-a-glass-of-wine-and-ban-her-from-the-kitchen flour-on-every-surface-including-the-ceiling production of it

5. Refers to Donald Trump as “that son of a bitch”

The Clinton Foundation will stop taking donations from foreign entities and corporations if Hillary Clinton is elected president. The Clinton Global Initiative will shut down in November regardless of the election’s outcome.
Former President Bill Clinton reportedly made both announcements to the foundation’s staff on Thursday, according to the Wall Street Journal. He added that fundraising and other operations will also be turned over to “outside parties” should the Clintons return to the White House.
In any event, the Clinton Global Initiative will wind down after one last gathering in September, the former president said.
Critics greeted the announcement as admission of wrongdoing. If the foundation were to become a conflict of interest if Hillary Clinton becomes president, how was it not when she was secretary of state, asked the Republican nominee’s son, Donald Trump Jr.
The Republican National Committee called the move “too little too late,” echoing Trump Jr’s concerns.
“After all, if everything was above board while Hillary Clinton ran the State Department as the Clintons have said, then why change a thing?” said RNC Chairman Reince Priebus.
“Follow the money with these people,” Trump’s new campaign manager Kellyanne Conway said Thursday, appearing on Fox News’ Hannity show. “They’re low-class grifters and gifters at every turn.” 

The Clinton Foundation has been source of headaches for the power couple for years, with Republicans accusing Hillary Clinton of engaging in “pay to play,” alleging that she sold access and favors to foreign donors while at the helm of the State Department between 2009 and 2013. Critics have pointed to the US approval of weapons deals to Middle Eastern countries following their donations to the foundation.

On Tuesday, an editorial in the Boston Globe called for shutting down the foundation, because it represented a “political – and actual – distraction” to Clinton’s campaign. “If the foundation’s donors are truly motivated by altruism, and not by the lure of access to the Clintons, then surely they can find other ways to support the foundation’s goals,” the paper argued. “Even if they’ve done nothing illegal, the foundation will always look too much like a conflict of interest for comfort.” The Internal Revenue Service is now reportedly looking into the foundation’s records. There have also been reports that the Clintons have hired a cybersecurity firm, amid fears that the foundation’s computers may have been hacked.

No announcement was made about the Clinton Family Foundation, a separate entity. That nonprofit received 96 percent of the Clinton’s charitable contributions claimed on the power couple’s 2015 tax returns.

Un vistazo a las complejas e inesperadas entrañas de los seguidores de Donald Trump

La candidatura presidencial, la campaña y los seguidores de Donald Trump han sido uno de los mayores fenómenos políticos de la historia contemporánea de Estados Unidos. Pero, también, han sido poco comprendidos hasta la fecha –para bien o para mal– y presentados con muchos lugares comunes, mitos, prejuicios y distorsiones, algunas creadas por el propio Trump y su equipo, otros por sus rivales, por los medios de comunicación y, quizá, incluso por los mismos simpatizantes del magnate.

Pero poco a poco comienza a perfilarse con más detalle cuál es el perfil de los seguidores y votantes de Trump a partir de datos estadísticos y no solo del discurso propagandístico, una circunstancia que es clave porque, gane o pierda el magnate en las elecciones del 8 de noviembre, sus seguidores continuarán siendo una fuerza de enorme importancia en el panorama político y social estadounidense.

Los seguidores de Donald Trump son numerosos y activos, con tendencia muy conservadora y rechazo a la inmigración y la globalización. (Reuters)

Una de las peculiaridades que se han dado por sentadas es que las personas que apoyan a Trump y votaron por él en  el proceso primario republicano enfrentan dificultades económicas y falta de oportunidades y se ha hablado, como comenta el portal FiveThirtyEight, de una insurgencia de la clase trabajadora en contra del liderazgo republicano.

Pero eso es solo parcialmente cierto si se compara con el general de la población estadounidense. Así, de acuerdo a FiveThirtyEight, que retoma datos del Censo y de encuestas de salida tras la emisión del voto, el valor de la mediana del ingreso de los hogares de los seguidores de Trump en la primaria sería de 72,000 dólares al año, bastante más que la mediana del ingreso de los hogares a escala nacional, que es de 56,000 dólares al año, y de quienes votaron por Hillary Clinton y Bernie Sanders durante la primaria demócrata, que estaría en torno al los 61,000 dólares al año.

Y en algunos estados las diferencias son mayores, siendo la mediana del ingreso familiar de los seguidores de Trump sustancialmente más alta que los de Clinton. En Florida, por ejemplo, la mediana del ingreso familiar de quienes votantes por el magnate fue de 70,000 dólares al año, y 51,000 en el caso de quienes votaron por Clinton.

Ciertamente, quienes votan en un proceso primario son solo un segmento de los que lo hacen en la elección general pero los datos anteriores mostrarían que, al menos los millones de votantes que le dieron a Trump un triunfo histórico en la primaria republicana tienen en general un ingreso familiar superior a los que votaron por los aspirantes demócratas.

Es decir, no serían, en términos generales, los más pobres entre los estadounidenses y, por el contrario, su situación es mejor, al menos en el rubro del ingreso, que la mayoría de los que votaron por Clinton o por Sanders.  Eso no quiere decir que no se inquieten por su futuro económico ni que encuentren su situación presente como deseable, pero al menos de esos datos se indicaría que los votantes de Trump no son los que están en la cola de la economía.

Aunque no son los más pobres (y muchos incluso ganan bastante más que la media nacional) entre los seguidores de Trump existe un malestar por la desigualdad económica, una alta mortalidad y poca movilidad social. (Reuters)

Un perfil complejo

Para ir más a fondo, un estudio reciente, elaborado por Gallup con datos de 87,000 entrevistados, da datos adicionales sobre el perfil de los seguidores del magnate. Las revelaciones de ese estudio, como comenta The Washington Post, son singulares, pues en cierto modo van a contracorriente de varias de las premisas centrales de la campaña de Trump.

El estudio citado, indica que los seguidores de Trump tienden a estar ideológicamente más a la derecha que otros republicanos, una amplia mayoría de ellos considerándose conservadores o muy conservadores, y también tienden a oponerse más que otros republicanos a los tratados de libre comercio y a la inmigración.

Además, el estudio indica que quienes apoyan a Trump tienden, en comparación con el general de la población, a ser mayormente varones de raza blanca, con menor nivel educativo, empleados en trabajos manuales o industriales, con mayor índice de mortalidad que otras personas de raza blanca y con una mediana de ingreso familiar prácticamente igual al del general de la población (57,958 dólares al año frente a 58,091).

De estos datos, comenta el estudio, no podría desprenderse de modo definitivo que un malestar económico sea la causa único o mayor del atractivo de Trump entre ellos. Las razones serían más complejas y variadas.

Dos son, claramente, que aunque a quienes apoyan al magnate no estarían económicamente en una condición peor que el resto, si a su situación económica se añaden los datos de su mayor grado de mortalidad y una limitada posibilidad de movilidad económica (tanto para sí como para sus hijos) originada en una creciente desigualdad se cerraría el cuadro de personas que sienten que están siendo olvidadas, abandonadas. No lo estarían necesariamente más que grupos sociales más marginados (como los afroamericanos o hispanos), pero su percepción de que las cosas no les van bien tiene base.

Las explicaciones o los chivos expiatorios de ello, con todo, resultan contrastantes. Trump ha achacado a acuerdos comerciales desfavorables y a la inmigración muchos de los problemas de los estadounidenses, y ciertamente muchos de sus seguidores concuerdan con ello. Pero, de acuerdo al estudio de Gallup, su sintonía en esos temas con el discurso de Trump no necesariamente está explicada de modo amplio por las peculiaridades de esas personas.

Por ejemplo, la mayor parte de los seguidores de Trump viven por lo general en vecindarios poco diversos (donde una muy amplia mayoría son de raza blanca) y más lejos de la frontera con México que el general de la población, lo que sugiere que en realidad el contacto directo de esas personas con los inmigrantes es muy reducido. 

Se sugiere, así, que la falta de contacto con comunidades diferentes tendría un efecto en la valoración que se tiene de ellas (estudios han mostrado que los estadounidenses que viven en áreas con gran cantidad de inmigrantes tienden a apreciarlos más) y por ello los simpatizantes de Trump serían más receptivos a las estigmatizaciones  que el magnate ha hecho contra, por ejemplo, los mexicanos, los musulmanes, los afroamericanos.

Además, el análisis revela que si bien es cierto que muchas comunidades han sido seriamente afectadas por los efectos adversos de los tratados de libre comercio, como es el caso de la pérdida de empleos en la industria manufacturera, quienes viven en los lugares que más han sido afectados por este fenómeno de 1990 a la fecha no serían más favorables a Trump.

Incluso, comenta el Post, el estudio en cuestión halló que las personas que han sido más afectadas por la competencia de China (país que es otro de los blancos preferidos de la crítica del magnate) tenderían a ver a Trump de modo desfavorable.

Aunque la mayoría son blancos y varones, entre los seguidores de Trump hay cierta diversidad, menor que entre quienes apoyan a Hillary Clinton. (Reuters)

Un malestar real

Nada de esto es prueba en sí que las ideas y valoraciones de los simpatizantes de Trump no sean genuinas, pues otros factores adicionales pueden incidir en sus opiniones. Pero, como comentó al Post Jonathan Rothwell,  autor de la investigación de Gallup, Trump estaría alimentando a sus seguidores con un diagnóstico equívoco pues en su estudio no halló evidencia que muestre que sus penurias sean causadas por la globalización y la inmigración de modo sustantivo. Por ende, propuestas de Trump como levantar un muro fronterizo o establecer políticas comerciales proteccionistas tampoco serían la solución directa a los problemas de sus votantes.

Pero, como se sugiere en The Atlantic, los simpatizantes de Trump verdaderamente creen que carecen de una voz en el ámbito político (que el magnate les daría) y que necesitan ponerle un alto a los diferentes y los foráneos (una base para tendencias racistas, xenófobas y autoritarias).

En todo caso, hay un componente real de malestar socioeconómico y de desesperanza que ha impulsado a millones de personas a rechazar a los aparatos políticos tradicionales (para ellos personificados en los políticos de Washington, sin importar el partido al que pertenezcan) y a hacer eco de visiones que, en su perspectiva, su opinión o su prejuicio, están en los orígenes de sus problemas y de sus soluciones.

Pero, al menos hasta el momento, por lo que indican las encuestas electorales y estudios como el de Gallup, y a contracorriente del discurso de Trump, todas esas explicaciones y posiciones no han  redundado en una intención de voto mayoritaria a favor del magnate.

Ciertamente aún es pronto para dar un veredicto, y los votos aún deben ser emitidos. Pero lo cierto es que el fenómeno de los seguidores de Trump es mucho más profundo y complejo que lo que el propio Trump logra explicar, y a veces resulta distinto a lo que pintan sus afirmaciones más ácidas y ofensivas. Comprender y atender a esos muchos millones de estadounidenses es, sea como sea, un imperativo para quien sea que ocupe la Casa Blanca.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro

Valores de familia Trump: ladrillos, cemento y política

WASHINGTON (AP) — Las excavadoras y los cascos de seguridad tienen algo en común: unen a la familia.

Así sucedió con Donald Trump y su padre. Así sucede con Donald Trump y sus hijos.

Mucho antes de ser candidato presidencial, magnate de la construcción y astro de la televisión reality, Donald Trump era el hijo de Fred Trump y jugaba a armar casitas mientras su padre construía viviendas y edificios de apartamentos en el Brooklyn y Queens de la posguerra.

Seis décadas después, los tres hijos treintañeros de Donald Trump son vicepresidentes de su imperio inmobiliario y a la vez los principales impulsores de la campaña presidencial de su padre.

A través de las generaciones se ha transmitido un conjunto de valores familiares: trabaja mucho, habla fuerte, vende lujo y deja tu impronta.

Tal como su papá, Don hijo, Ivanka y Eric Trump eran los hijos del patrón antes de convertirse en directivos de empresa y de campaña. Lo seguían en sus visitas a las obras en construcción y construían rascacielos con Lego en el piso de su oficina.

“Esta es la tercera generación de constructores”, dijo una vez Don. “Creo que hemos sido programados genéticamente con demasiada ambición para quedarnos apoltronados y vivir de rentas por el resto de nuestras vidas”.

La característica familiar no se reduce al amor al ladrillo y la mezcla.

Fred Trump construyó su negocio inmobiliario vendiendo sueños de lujo a la clase media y mostrando “bellezas en bikini” bebiendo champagne en la pala de una excavadora, según el comentario de un viejo noticiario cinematográfico.

Un aviso de la inmobiliaria Trump de 1949 describe a Fred como “un individualista libre y vigoroso que satisface la necesidad básica de refugio”. Muchos de sus avisos finalizan con la frase “un nuevo y lujoso logro de Fred C. Trump”. Aparece en viejos artículos noticiosos ensalzando los impresionantes vestíbulos de sus edificios y la popularidad de las nuevas unidades que saben aprovechar el espacio.

Detrás de la apariencia de glamour había un modelo empresario agresivo que sabía aprovecharse del sistema. Fred Trump usaba exenciones impositivas y subsidios para dar rentabilidad a sus proyectos, y su hijo llevó adelante esa estrategia.

Los tres hijos mayores de Donald Trump —tiene otros dos de su segundo y tercer matrimonios— evidentemente heredaron la afición a los negocios de su padre y su abuelo. Los tres son vicepresidentes ejecutivos de la organización Trump y prevén ocuparse de todo el negocio si su padre se va a la Casa Blanca.