dolieron

Enredadera.

Debería olvidarte.
Debería sacarte de aquí.
De aquí, de aquí del corazón, de mis ganas.
Me usaste, solo jugaste, y me deje.
Contigo perdí una y otra vez.
Siempre fue alguien más, nunca yo.
Tus intenciones no eran buenas, me dañaste, me ensuciaste, me manchaste.
Dijiste muchas cosas que dolieron, y aún así me quede. Me quede con las ganas, el amor y el interés.
El amor no existe, solo eras tú enredándote en mi mente para meterte en mi cama.
Tu “amor” no se acabo, solo cambio de cama.
Jamás quisiste quedarte.
Jamás quisiste tenerme.
Jamás quisiste algo serio.

¿Qué me dices de los recuerdos?
Quiero decir, de esas personas que pasas a considerarlas recuerdos, que nunca más vuelves a ver. Personas Recuerdo. Porque decidieron irse, porque tú escapaste o porque la vida decidió que ninguno de los dos debía estar en la vida del otro. 
Esas personas que dolieron, tanto, que un día te cruzas y lo único con lo que puedes responder a su presencia es con un mal gesto, porque las únicas memorias que su estadía te refrescan, son las últimas que pasastéis, o que indirectamente te hizo pasar. Las que te asfixiaron tanto que creíste ahogarte por un momento.
Creo que estas personas nunca podrán ser recuerdos positivos, al menos presencialmente.
En cambio, solo de vez en cuando, a tu corazón le da por prender un mechero y derretirse tan solo una pizca proyectando a tu mente, cuánto te gustaba su sonrisa, la forma en que te miraba, y sus manías que aprendiste a encontrar encantadoras.
¿Por qué?
Imbécil, iluso y frío corazón que nunca aprende… y que permite que otro corazón helado comience a quemarlo, aún y sabiendo que volverá a ser roto. Maldita sea.
Yo no quiero, ni necesito personas recuerdos en mi vida. Si has decidido ir en mi contra, y en la tuya propia, no vuelvas, NUNCA. Permanece como persona recuerdo, permanece en el lugar que escogiste que era mejor.
Y aunque no tengas intenciones de regresar de la misma forma que fuímos, lárgate, ya no eres de fiar.

¡Mamá!
PERDÓN POR DECEPCIONARTE
PERDON POR NO SER EL MEJOR HIJO
EL MAS FELIZ
EL MAS COLORIDO
EL MAS SONRIENTE
PERO Y YA ME ¡ARTE ! DE FINJIR TODAS ESAS ¡MIERDAS!
SOY UN SUICIDA
TU Y TUS CRITICAS QUE SON LAS QUE MAS ME DOLIERON
LOS COMPAÑEROS DE CLASE
LOS INSULTOS DE MAESTROS
LA TRAICIÓN DE LOS “AMIGOS”
EL “AMOR”
ESO ME HIZO SER COMO SOY

Hay versos que ni arrancándote los pinches ojos te dolerían como me dolieron a mi, cuando los escribí.
Sé, con certeza, que me amaste. Nuestro amor fue único, y estoy segura que no lo comparas con algún otro que hayas tenido o vas a tener. Sé, tcambien.que todos los buenos momentos los disfrutaste tanto como yo; las desveladas, las salidas, los besos, los abrazos, las pláticas nocturnas, las novelas que odiabas pero que por mi las veías, y ni que decir las noches que pasábamos haciendo el amor (es lo que más hecho de menos). También como los buenos momentos, sé que te dolieron como ami, todos los malos; las peleas, los tropiezos, nuestros errores, las palabras tan fuertes que nos llegamos a decir, se sentían peor que un golpe. En tus ojos veía amor, cuando me mirabas lo podía notar, y en tu sonrisa más. ¡Carajo!, de verdad que serás muy difícil de olvidar.
Ahora que estás con otra persona, siento dolor por mi, por los dos, aún no siento felicidad por ti, pero se que con el tiempo terminaré por aceptarlo, aceptar que ya finalizó nuestra historia, ya pasó nuestro momento. Y aunque me quedé con tantas cosas por darte, me las guardo, las guardaré para otra persona que me haga sentir, lo que sentí por ti, mi amor.
—  Una noche sin café.
Sé, con certeza, que me amaste. Nuestro amor fue único, y estoy segura que no lo comparas con algún otro que hayas tenido o vas a tener. Sé, también que todos los buenos momentos los disfrutaste tanto como yo; las desveladas, las salidas, los besos, los abrazos, las pláticas nocturnas, las novelas que odiabas pero que por mi las veías, y ni que decir las noches que pasábamos haciendo el amor (es lo que más hecho de menos). También como los buenos momentos, sé que te dolieron como ami, todos los malos; las peleas, los tropiezos, nuestros errores, las palabras tan fuertes que nos llegamos a decir, se sentían peor que un golpe. En tus ojos veía amor, cuando me mirabas lo podía notar, y en tu sonrisa más. ¡Carajo!, de verdad que serás muy difícil de olvidar.
Ahora que estás con otra persona, siento dolor por mi, por los dos, aún no siento felicidad por ti, pero se que con el tiempo terminaré por aceptarlo, aceptar que ya finalizó nuestra historia,y que ya pasó nuestro momento. Y aunque me quedé con tantas cosas por darte, me las guardo, las guardaré para otra persona que me haga sentir, lo que sentí por ti, mi amor.
—  Una noche sin café.
Carta a los Reyes Magos para la gente que me despreció y juzgó, sin conocerme

Siempre hablo del acoso y maltrato al que me sometieron durante mi infancia y adolescencia en el colegio. Del bullying, de la amiga que me traicionó, de los que me marginaban… Pero ha habido más gente que me ha hecho daño, sin razón alguna, simplemente me vieron y/o me conocieron y decidieron que hacerme sufrir era, no sé, ¿divertido?

Así que hago mi carta para los reyes magos, para que le traigan cosas a esa gente mala que me hirió sin saber hasta que punto me dolieron sus palabras.

  1. - Para la profesora que me humilló y marginó cuando yo tenía 9 años, justo cuando el bullying empezaba a crecer. Aquella mujer que ridiculizaba delante del resto de la clase por mis tics y porque yo lloraba o me defendía de mis acosadores, que me castigaba sin motivo, simplemente porque yo era “esa niña a la que nadie quiere”: Una maldición druidica desde Sai Mina.
  2. - Para la abogada a la que fuí en enero de 2016 para que me ayudara a conseguir ayuda para mi certificado de discapacidad, que se burló de mi, de mi enfermedad, hasta hacerme llorar, a la que grité y que encima no me ayudó: Un billete para pasar una semana leyendo libros con Jorge de Burgos en el monasterio de Umberto Eco.
  3. - Para esa compañera de clase de mi últimos estudios, que me ignoraba cuando la hablaba, aún cuando trabajábamos en el mismo grupo de trabajo, que no me dejaba tocar ni hacer nada, sin saber que yo estaba en su grupo porque nadie más quería estarlo y yo ofrecí voluntaria porque me daba pena: Una excursión a  Menzoberranzan, sin el Ojo de Gato, ni cimitarras ni flechas.
  4. - Para aquella taquillera de la estación de tren que me hizo llorar cuando tenía 11 años, porque no se creía que yo tuviera esas edad, que me preguntó y se rió en mi cara, y que no me creyó cuando le dije que sí, que yo era una niña de menos de 14 años: Una maldición troll al estilo de Herr Mannelig pero sin encontrar ni siquiera un caballero hijo de puta.
  5. - Para aquellos chicos que se burlaban de mi en la parada de autobús, hace 4 años. Yo tenía puestos los auriculares con música, pero ellos no paraban de señalarme y reírse, con tan poca discreción, que me hizo recordar y renacer ese miedo, tristeza e impotencia vividas años atrás durante mi etapa de bullying: Una sesión de castigo en el despacho de la Profesora Dolores Umbridge, con todo lujo de detalles.
  6. - Para aquellas dos chicas que me insultaron por la calle, con tanto descaro que me gritaban cuando yo andaba cada vez más rápido para esquivarlas. Fueron muy crueles, a gritos, llamándome de una manera muy desagradable en lugar de por mi nombre: Un paseo por Mordor, con sustos y humos venenosos incluidos.
  7. - Para aquella dependienta de la tienda de ropa que me ridiculizó cuando entré en su tienda junto con unas chicas de mi clase y me dijo “No, aquí no tenemos ropa para gordas” sin saber que yo no iba allí a comprar nada, yo iba a acompañar a mis compañeras: Un fin de semana en Azkhaban, con dementores y oscuridad incluidos. 
  8. - Para la amiga de mi supuesta mejor amiga que me traicionó. Solo la vi una vez, durante una fiesta de cumpleaños. Y no sé que es peor, si que ella me llamara “subnormal” por mis tics nerviosos o que mi supuesta mejor amiga, se riera cuando esta niñata dijo aquello: Un saco de mierda de goblin. Si sigue siendo amiga de esa tiparraca, ya habrá recibido alguna que otra puñalada trapera…
Cap. 2016 pág. 247 de 366

El orgullo era tan grande que ya no cabía ni un te quiero.
Fácilmente nos podíamos olvidar en dos segundos,
decir adiós sin remordimientos
y arrugar la historia hasta desconocernos.

Ni lágrimas, ni dudas, ni dolor.
Era tan grande el rencor que fue como una anestesia.
Nos hicimos daño, rompimos lo que éramos y ni lo sentimos.
En un momento nos habíamos ido,  y sin darnos cuenta estábamos tan lejos el uno del otro.

Hasta que llegó el invierno, hasta que en plena madrugada nos nombramos.
Y no estábamos, y comenzó a doler el silencios.
Nos convertimos en mar en quietud, nos dolieron los huesos y la voz.
Las miradas se perdieron, se abrazaron y preguntaron si era tarde,
si la puerta seguiría cerrada, si de verdad lo nuestro se había acabado.
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M. Sierra Villanueva