disecado

Extra, extra, se revelo la naturaleza.
Animales tienen a cazadores de presas.
Osos, cocodrilos y otras especies violentas matan gente para usar su piel en una cruel empresa lo dicen los medios y la gente lo comenta. Osos con alfombras de humanos para sus cuevas, cráneos de hombres disecados los venados pegan en paredes de bares que solo animales frecuentan, animales escapan del zoológico hartos
encerrando en jaulas a políticos nefastos, el señor lagarto viste un sombrero muy alto echo con piel de humano cazado en las junglas de asfalto.
—  Canserbero y Apache.
Norman Bates: una visión psicoanalítica


“No sé. La gente nunca huye de nada. La lluvia no ha durado mucho. ¿Sabes lo que creo? Creo que todos estamos en nuestra propia trampa, inmovilizados, y ninguno de nosotros puede liberarse. Arañamos y damos zarpazos, pero tan sólo al aire o entre nosotros. Y después de todo, seguimos exactamente donde estábamos. A veces entramos en la trampa por nuestro propio pie. Yo nací en la mía. Y ya no me importa.” (Norman Bates)



“El mejor amigo de un chico es su madre.” (Norman Bates)

Psicosis se forja en torno al mismo universo familiar, endogámico y edípico, que ha definido la filmografía de Alfred Hitchcock. Iniciemos comentando sobre la psicosis. ¿Qué es la psicosis? La palabra psicosis se utiliza en general para designar locura y nace en el ámbito de la psiquiatría no del psicoanálisis.

Freud diferencia claramente la psicosis de la neurosis. Freud se interesaba en curar lo curable y siempre consideró la psicosis incurable. Freud trata por primera vez el tema de la psicosis en 1894 en un texto llamado neuropsicosis de defensa. Luego a la luz de la primera tópica también lo trata pero el análisis de esta película es el que realiza a la luz de la segunda tópica que realiza posteriormente a la aparición de El yo y el ello.

Solo para recapitular un poco, en la primera tópica Freud divide el aparato psíquico en consciente, preconsciente e inconsciente. En la segunda tópica esto se convierte en una parte del yo. Es decir, en El yo y el ello el aparato psíquico se convierte en un superyó, en un yo, y un ello. A la luz de esta teoría la primera tópica se convierte en un contenido del yo. El yo es ahora quien tiene un consciente, pre consciente y un inconsciente. (Recordemos también que aquí es donde Freud expande el concepto de inconsciente a no únicamente lo reprimido).

Veamos entonces la diferencia de la psicosis y la neurosis según Freud. En el texto de 1923, publicado en 1924 Freud establece claramente la diferencia: “la neurosis sería el resultado de un conflicto entre el yo y su ello, y en cambio, la psicosis, el desenlace análogo de tal perturbación entre el yo y el mundo exterior”.  Veamos el caso de Norman Bates. El conflicto en la neurosis es un conflicto interno en el aparato psíquico al estar enterado de  la sociedad, de sus reglas y del mundo. El asunto en la psicosis tiene su origen en una negación de la realidad. Es decir, el principio de placer, la pulsión conducida en el ello hacía el yo no acepta la cruel imposición de la realidad y genera de cierta forma una realidad paralela en la cual se establece esa fantasía de realización de deseo. La realidad puede ser muy cruel y no dejar capacidad al yo para adaptarse. Si la neurosis es un triunfo de la realidad sobre el deseo, la psicosis es un triunfo del deseo sobre la realidad. El ello es incapaz de adaptarse a un nuevo mundo. Es muy típico que esto suceda cuando hay un momento de desprendimiento. La muerte es probablemente el episodio más duro para muchas personas que pueden ser desencadenante en brotes psicóticos. Aquí hay otro punto importante: el trabajo de duelo. El trabajo de duelo es simplemente el desprendimiento de la libido de un objeto, puede ser una amante, una esposa, un ideal, etc. El trabajo de duelo tiene un tiempo, y paulatinamente la libido se va recogiendo para luego situarse en otros objetos diferentes, pero existentes. El duelo acontece cuando el objeto al cual la libido estaba apegada ya no existe. Existe un problema cuando la libido se mantiene apegada al objeto no existente: la melancolía acontece en el sujeto. La melancolía puede tener un vínculo importante con los brotes psicóticos, ambas situaciones son provocadas por una falta de aceptación de la realidad. Un proceso melancólico puede suscitarse fácilmente en un brote psicótico. ¿Cuál es el caso de Norman Bates? Es un caso más complicado de lo que parece. Norman Bates es un psicótico con un complejo de Edipo no disuelto.

Sabemos que Norman quedo huérfano de padre a los 5 años, sabemos también que a partir de ese momento Norman quedo a la merced de su madre. Por los poco que se sabe de la madre podemos intuir bastante bien que la madre es una madre fálica. Para Norman no hay más mundo que su madre. Su libido, digámoslo de esta manera nunca se desprendió de su madre. Su padre probablemente murió antes de ejercer una efectiva amenaza de castración sobre él como para separarlo de la madre. Cuando muere el padre la madre voltea todo su deseo sobre el pequeño Norman. La relación entre Norman y su madre era absoluta y total, nadie más allá de dicha relación. ¿Cuándo usualmente se disuelve el complejo de Edipo en un varón? Puede acontecer en varios momentos, por ejemplo, en el nacimiento de un hermano pequeño (tiene que compartirla), cuando empieza a reconocer que el padre es el dueño de la madre y que él debe buscar una sustituta. En casos normales si la figura del padre aparece sostenida por el deseo de la madre (no importa que sea o no el padre, sino que alguien quien ejerza esa amenaza). Norman nunca tuvo a nadie con quien compartir a su madre (no tenía hermanos), y su padre no existía. La amenaza de castración nunca aconteció por medio del padre. Cuando finalmente (10 años atrás a lo acontecido) la madre encuentra a alguien con quien compartir y desplaza a Norman es muy tarde para aceptarlo. Norman no lo resiste y no soporta un desplazamiento por el nuevo compañero sentimental de la madre. Lo inevitable para la situación insostenible de Norma es el asesinato.

El proceso psicótico inicia desde que Norman no es capaz de aceptar que la madre tiene un compañero distinto de él. El asesinato responde a la misma estructura: el yo no acepta el rompimiento con la madre (la realidad). Necesita recrear la escena original. Para recrearla asesina al amante y a la madre. Al amante porque robo el lugar deseado, y a la madre por venganza, por rencor, por despecho. El no soportar el haber tenido que matar a la madre para estar con ella entonces lo lleva a recrear la realidad. Esa recreación de la realidad está brillantemente explicada por el psiquiatra al final de la película:

– Simon: Ya he dicho que fue la madre. Ahora bien, para comprender cómo puede haber confesado la madre, es decir, la mitad mental que domina a Norman, habrá que retroceder diez años. A cuando mató a su madre y al hombre que vivía con ella. Entonces estaba ya bastante perturbado. Lo estaba desde que murió su padre. Su madre era autoritaria, una mujer absorbente. Durante años vivieron como si nadie más existiera. Ella conoció a un hombre. A Norman le pareció que aquella amistad lo postergaba. Y en un arrebato de celos mató a los dos. El matricidio es probablemente el crimen más monstruoso que existe. Y quien lo comete se hace despreciable. De modo que él intentó borrar aquel crimen, al menos de su mente. Y robó el cadáver. Se enterró un ataúd lastrado. Escondió el cadáver en su casa. Y trató de conservarlo tan bien como pudo. Pero eso no le bastaba. Aunque ella estaba allí no era más que un cadáver. Y entonces empezó a sentir y hablar por ella. Le dio la mitad de su vida, por así decirlo. Algunas veces sostenía ambas personalidades y sostenía conversaciones y otras veces le dominaba la mitad materna. Nunca fue del todo Norman. Pero a menudo era enteramente su madre. Siempre estuvo patológicamente celoso de ella y pensaba que ella lo estaba de él de tal modo que en cuanto sentía una fuerte atracción hacia una mujer se alborotaba su lado materno. Cuando conoció a su hermana, se sintió atraído por ella, excitado, la deseó. Eso despertó los celos maternos. Y la madre la asesinó. Después de matarla para Norman fue como si despertara de un sueño. Y con la sumisión de un niño hizo desaparecer las huellas de aquel crimen que él estaba convencido que había cometido su madre.

– Sam: ¿Y por qué iba vestido de aquel modo?

– Fiscal del Distrito: Es un travestido.

– Simon: No, no es eso. Travestido es la persona que pretende distraer o conseguir golpes de efecto vistiendo ropas diferentes. Por lo tanto, Norman no lo es. Él se vestía de aquel modo porque así contribuía a conservar la ilusión de que su madre seguía viva. Y cuando la realidad estaba próxima, cuando un peligro o un deseo iban a destruir su ilusión, se disfrazaba, se ponía incluso una peluca, paseaba, usaba el sillón de ella, imitaba su voz, quería ser su madre ¿comprende? Y ahora, ahora lo es. Por eso al empezar dije que su madre me contó la historia. En cualquier caso que la mente albergue dos personalidades, surge un conflicto, una batalla. En Norman, señores, la batalla terminó. Ha triunfado la personalidad dominante.

– Chambers: Los cuarenta mil dólares. ¿Dónde están?

– Simon: En el pantano. Fueron crímenes pasionales no lucrativos.

– Policía: Dice que tiene frío ¿le llevo esta manta?

– Simon: Está bien.

– Norman: Gracias.

– Madre de Norman. (Voz en off). Es muy triste que una madre tenga que declarar contra su propio hijo. No podía permitir que creyeran que el crimen lo cometí yo. Ahora lo encerrarán. Debí hacerlo yo misma hace años. Siempre fue un malvado. Intentar hacerles creer que yo misma había asesinado a aquellas muchachas y aquel hombre. Como si pudiera hacer algo excepto estar sentada y observar igual que sus pájaros disecados. Ellos saben que no puedo ni mover un dedo. Ni quiero. Me quedaré aquí sentada. No haré un solo movimiento. Sospecharían de mí. Probablemente me vigilan. Que vigilen. Así se darán cuenta de la clase de persona que soy. No voy a matarte (mirando a una mosca posada en su mano). Tranquilízate. Seguro que me están vigilando. Mejor. Así dirán, “pero si no fue capaz ni de matar una mosca…”

Como es natural, los disturbios mentales del protagonista se encuentran explicados con una mayor amplitud en la novela que en la película, a pesar de lo cual el filme no pierde un ápice del trasfondo freudiano hábilmente tratado por medio de la imagen en blanco y negro, y el enfoque de las escenas (muchas de las cuales no requieren de una sola palabra para proyectar toda su fuerza). La explicación final del psiquiatra sólo confirma lo que ya sabemos: que Norman Bates está alienado y por ello ha cometido un número de asesinatos que no se puede fijar. ¿Pero cómo ha llegado a ese terrible estado? ¿Puede una madre odiar tanto a su hijo que destruya de tal modo su vida?

El análisis psicoanalítico es fundamental para poder captar lo terrible de la situación en forma cabal. Tratando de reconstruir la vida de Norman Bates antes de que se convirtiera en un sanguinario asesino, tenemos como punto de partida a una mujer que fue abandonada por su marido con un hijo pequeño, al cual tuvo que sacar adelante sola; este complejo de abandono se manifiesta por un sentimiento de distanciamiento o agresividad contra los demás para ponerlos a prueba (para confirmar que no se le abandone de nuevo), e intenta justificar la propia angustia traspasando la culpa a los otros. Así, Norma Bates (que se proyecta en el nombre de su hijo, Norma-Norman) concibe un odio irracional hacia los hombres, transmitiendo sus neurosis a su hijo al someterlo a una relación de dominación total. De hecho, impide su crecimiento mental al martirizarlo con sentimientos de culpa, pues para lograr esta sumisión, lo ha educado con la creencia de que si algún día llega a abandonarla, al igual que lo hizo su padre, por otra mujer, algo terrible sucederá. La escena de la cena de Norman con Marion, cuando ésta insinúa que tal vez debería encerrar a su madre en un manicomio, deja traslucir estas ideas de codependencia, pues si bien en un primer término Norman se queja de la dominación, ante la posibilidad de romper esos lazos su mente se desboca, pues no puede ya concebir la vida sin la relación con su madre.

Esta relación de dominación tiene un lazo muy estrecho con lo sexual, que en la novela es mucho más explícito que en película, ya que Hitchcock, no obstante su adecuada adaptación, omitió un factor fundamental: la religión. La madre de Norman es una mujer frustrada sexualmente, que se refugia en la religión como una forma de evasión a sus pulsiones y transmite a su hijo la idea de que todo lo funesto de esta vida es consecuencia de excesos en el sexo, lo cual es un gran pecado. Sin embargo, esta visión enfermiza de lo sexual conlleva una realidad mucho más depravada que la que se acusa: el incesto. La madre, al volcar todo su afecto en el hijo, ha propiciado un desarrollo torcido del complejo de Edipo, término psicoanalítico desarrollado por Freud para explicar la temprana atracción del niño hacia sus padres, el cual en la mayoría de los casos se supera con facilidad. En Psicosis, este sentimiento ha sido exacerbado para lograr el total apego del niño a su madre, y de esta forma, satisfacer las exigencias afectivas de la misma. Sin embargo, permanece en un nivel superficial; es decir, la madre excita al hijo, pero cuando éste responde, se trata de pecaminosos sus impulsos y se le rechaza, en un estire y afloje que tiene por fuerza que desquiciar a la mente más firme. El trastorno psíquico de Norman Bates probablemente se debe a un descontrol pulsional.

Este aspecto ha sido tratado en la novela por medio de una descripción de la biblioteca de Norman, donde confluyen volúmenes tan disímiles como tratados antropológicos sobre sacrificios humanos, obras freudianas y textos de marcada índole pornográfica. En una de las mejores secuencias de la película, esta situación se manifiesta de una forma mucho más velada: Lila Crane entra a la casa Bates en busca de la madre de Norman para interrogarla sobre el paradero de su hermana y, sin palabras, la cámara se convierte en nuestra mirada al recorrer las vetustas habitaciones: una recargada escalera que siempre se enfoca en contrapicada para enfatizar la sensación de vértigo; un cuarto de baño que parece salido de una estampa del siglo XIX; la habitación de la anciana madre donde se respira una atmósfera fuera del tiempo; la propia recámara de Norman Bates, llena aún de juguetes, con la cama de niño donde todavía duerme el hombre, con los libros que nunca se sabe sus títulos (pero que por la novela sabemos qué contienen), sino que se insinúa su naturaleza con la azorada mirada de Lila al abrir uno que jamás se muestra en pantalla. La cámara, en su recorrido, ha reflejado en mejor forma las tres personalidades que se encierran en la mente de Norman, más de lo que lo hicieron las numerosas páginas de la obra de Bloch.

Una vez creada esta relación de codependencia enfermiza, todo marcha relativamente de forma serena hasta que llega el elemento que lleva a su crisis aquel complejo de Edipo nunca reprimido en Norman: su madre consigue un amante, el tío Joe Casidy. Es entonces cuando todas las enseñanzas torcidas de su madre repercuten en su propio perjuicio. Ha enseñado a Norman que todas las mujeres son unas perras (excepto ella misma) y que por ello debe alejarse para que no lo mancillen, y de pronto, ella es la que se convierte en la perra al buscarse un hombre que le haga todas esas cosas sucias de las que renegaba. La situación funciona aparentemente durante un tiempo, pero la crisis deviene cuando Norman descubre a su madre y a Joe Casidy haciendo el amor. En un niño, por lo general la visión de sus padres teniendo relaciones sexuales rompe bruscamente los sueños que se había forjado de ser él quien pasara por dicha experiencia, y sufre por lo tanto un momentáneo odio hacia el progenitor que le arrebata su objeto de deseo. Norman Bates jamás había enfrentado dicha situación; tenía a su madre para él solo, y cuando descubre esta escena, todo su odio hacia las mujeres se centra en ella. Esto lo lleva a asesinar a los amantes a sangre fría (los envenena con estricnina), pero cuando está escribiendo la nota dirigida a él mismo explicando el supuesto suicidio, se opera una transformación en su mente: el dolor de la pérdida es tan grande que su serenidad se convierte en histeria, por lo que tiene que ser recluido en una casa de salud.

Al no poder soportar el dolor y su carga de remordimientos, se opera en Norman el desdoble de su personalidad; si bien desde antes ya se prefiguraba la existencia de dos personalidades, una la del adulto con motivaciones sexuales y otra la del niño que reprime esos impulsos, ante la muerte de Norma surge una tercera personalidad, la de la propia madre; es decir, Norman se convierte en su madre, a la cual desea conservar viva por medio de sus sentimientos de culpa. A partir de este punto, la mente de Norman Bates se desquicia por completo, aunándose a sus diversas perversiones la necrofilia, el voyeurismo, el alcoholismo (este último elemento sólo tratado en la novela). Norman no puede destruir las relaciones de dependencia con su madre, por lo cual la mantiene viva en un espeluznante acto fetichista: tras haber convencido a los médicos de que se encontraba mentalmente sano, sale del hospital dos meses después de la muerte de la madre y se dirige de inmediato a desenterrar el cadáver (evitemos imaginar cómo será un cuerpo a los dos meses de descomposición) para conservarlo disecado durante diez años (veinte en la novela) como si aún estuviera vivo, siguiendo sometido todo ese tiempo a la imagen de una madre posesiva que ya no existe pero que continúa atormentando su vida.

De esta manera, toda la caterva de manías de Norman Bates sigue creciendo durante esos largos años en que vive solo con el cadáver disecado de su madre. Su sexualidad reprimida sólo se permite ser satisfecha por medio de la observación, del voyeurismo. Para esto, tiene un agujero en la pared de su oficina que va a dar a la habitación contigua. Gusta de mirar a las escasas jóvenes bellas que paran en su motel, a las que deliberadamente les proporciona ese cuarto con el objeto de espiarlas. Cuando Marion Crane llega al parador, Norman titubea ante el manojo de llaves para decidirse por fin a entregarle la correspondiente al número 1. Tras la cena con la muchacha, que ha exacerbado sus deseos, la observa mientras se desnuda para tomar un baño; y es entonces cuando convergen las múltiples personalidades de Norman: el hombre se siente excitado ante el cuerpo desnudo de la muchacha, pero el niño sabe que eso es pecado, que la mujer es mala porque lo ha tentado con su cuerpo y debe ser destruida. Pero ese ser infantilizado es demasiado débil como para llevar a cabo una empresa de esa magnitud, y debe ser por consiguiente la madre la que lo libre de esos terribles males, la que mate a la mujer que lo ha perturbado.

Tras esta crisis, los débiles lazos que unían a Norman con la realidad se rompen definitivamente; el psiquiatra que da su diagnóstico ante los atónitos concurrentes no logra captar en su totalidad la horrorizante situación en que ha quedado el protagonista. En su primera declaración, menciona que su madre es la que siempre ha matado a las mujeres que lo trataban de pervertir o a quien trataba de hacerle algún daño; esta es la explicación que tiene el psiquiatra. Pero su realidad última es aun más escalofriante: las tres personalidades de Norman se han fundido en una sola, en la de la madre. Pero es una madre buena e inocente, que ha sido víctima de un niño malo que mató a su amante y desenterró el cadáver, y de un hombre malo que la tenía encerrada y que, dominado por sus sucios deseos, mataba a las mujeres. Ella, la madre, es inocente, y decide permanecer así, inmóvil, disecada; “sabía que si permanecía sin moverse, los demás creerían que estaba cuerda”. Sus últimas palabras revelan ese punto álgido de locura: sabía que la vigilaban, y si no mataba a la mosca que subía por su mano, probaría qué clase de persona era, “incapaz de matar una mosca”.

En la serie Bates Motel, el espectador se sumerge en la adolescencia del histórico personaje del film Psicosis, Norman Bates (Freddie Highmore), y la edípica relación que mantiene con su madre, Norma Bates (Vera Farmiga). Lo importante de Bates Motel es ver cómo comenzó toda esta psicosis. El pre-adolescente Norman Bates llega con su madre, personaje clave, a vivir en esta casona que tiene un motel para explotar. Desde el inicio vamos a notar la peculiar relación de Norma Bates con Norman Bates (gran jugada la de los nombres). Norma es la madre de Norman, y los dos tendrán una conexión especial aunque enfermiza, sin duda. La madre estará siempre decidiendo por su hijo o influyendo en su vida de manera insana. Bien marcada tenía que ser esta relación y así fue. En toda la temporada se ve cómo Norma manipula a Norman siempre que puede y en todo ámbito.

La familia Bates está rodeada de problemas, y quizás esto no sea sólo mala suerte: hay gente que la atrae y vive de los problemas, y yo creo que los Bates aplican a ese caso. Lo primero será el ex dueño del motel a quien el Estado le sacó la vivienda y la remató. Este señor los va a acosar y la defensa va a tener sus consecuencias. La primera es Norma conociendo a un policía de la zona, y la segunda será la trata de personas.

Norman tiene otras relaciones bastante especiales: primero con dos chicas de su edad, una hará el papel de amiga y compañera de aventuras, mientras que la otra es la linda que obtendrá el amor del muchachito. La otra relación será con el hermanastro que llega para quedarse a vivir con los Bates, algo que claramente traerá más problemas con este personaje. Todos los que vayan apareciendo serán una complicación en la relación madre/hijo.

Norma y Norman son el corazón y motor que hace funcionar el engranaje de Psicosis y, sobre todo, de Bates Motel. Madre e hijo forman un equipo de dos, un núcleo familiar indisoluble (literal y figuradamente), y su protagonismo en la ficción televisiva está tan repartido como disociada está la personalidad del joven Bates. Como precuela, la serie nos abre la puerta a explorar la semilla que ha ido germinando en Norman hasta convertirlo en el depredador que es. Gran parte de este trauma deriva de Norma como figura omnipresente y dominante en la vida de su hijo. La serie ha dibujado como trasfondo complementario a la obra original una relación que juega en todo momento con los límites maternofiliales. Tanto la idolatría que profesa el protagonista hacia su madre (llegando incluso a fantasear con ella) como la sobreprotección de esta hacia él son de lo más perturbadoras. Es una especie de complejo de Edipo extensible a Norma, que si bien es la que primero frena actitudes que sabe moralmente reprochables, incentiva (de forma ya sea consciente o inconsciente) la confusión de su hijo. La mujer se pone especialmente arisca cada vez que Norman sale o se fija en alguna chica. En esos momentos se deja ver a la Norma más oscura, esa que transmite la misma sensación de opresión que experimentaba el siempre sumiso Norman en Psicosis. La quinta temporada de Bates Motel está resultando bastante interesante porque, al aparecer Norma como proyección mental de Norman, se acerca mucho más a esa agresividad, maldad y descontrol característicos de la original. Ella simboliza las garras de las que Norman no puede escapar. La detesta por hacer de él un títere, pero al mismo tiempo jamás se alejaría de su lado.

Todo empieza cuando esta pareja se instala en mitad de un pueblo de mala muerte para abrir ahí un nuevo negocio: un motel. La feliz familia está ilusionada por su nueva vida y su proyecto, hasta que de pronto aparece la oveja negra: un hijo perdido de Norma que regresa buscando a su madre, Dylan. Con su llegada, los días ideales de Norman y Norma se trastocan. Dylan es el intruso, el tercero en discordia en medio de esa relación materno-filial tan especial. Sin embargo, Norman tiene otras preocupaciones en mente, como las chicas. Al empezar el curso, conoce a Emma Decody, una joven con una enfermedad respiratoria que la obliga a llevar siempre un tercer pulmón en forma de tanque sobre ruedas. Pero también conoce a Bradley Martin, otra joven muy independiente que tiene la mala fortuna de perder a su padre en un accidente.

El tratamiento psicológico de ambos personajes que hace ‘Bates Motel’ es fascinante. En los escasos 50 minutos que dura el primer capítulo el espectador se mete de lleno en la mente del joven, sintiendo ese deseo por conocer el mundo silenciado por el amor opresivo e irracional hacia su madre. Norman tiene otro hermano, Dylan, y aunque aún no le ponemos cara sabemos en el primer capítulo que logró cortar esos lazos de la condena psicológica con su madre. Norma ha perdido a su marido y prácticamente a uno de sus dos hijos, lo que le ha llevado a demandar de Norman todo el afecto y la atención que necesita.

‘Bates Motel’ es la narración de la evolución psicológica de una madre y un hijo que acaban destruyéndose a sí mismos.



anonymous asked:

Acua pudo haberse quitado la caja sin contar su historia?

Cree que el niño alien, que trabaja con desechos toxicos, que estaba en su habitacion, solamente con Piscis y un alien disecado ¿No habria podido quitarsela? XD

Puede dominar el mundo con un clip XD!

Mi opinión de estereotipos de los signos en historias

*ADVERTENCIA: este texto contiene exceso de humor y no se hizo con intenciones de ofender.

Aries: Casi siempre es un hombre, generalmente calenturiento el desgraciado y lo friendzonan muuuy seguido y si es mujer hay dos opciones: o no la toman mucho en cuenta o la hacen una machorra, enojona o estupida y además calenturienta. Ozea reatzionen

Tauro: Dos palabras: Come como si fuera ballena y NUNCA engorda, ya sea hombre o mujer traga como si el mundo se fuera a acabar, solo la meten a la historia para comer y si no es para eso es para declararle el amor repentino de cualquier tipo. Piensen en los sentimientos de los Tauro. °-°

Géminis: Este es uno de los que más odio. Casi siempre es hombre y el mejor amigo de la pareja principal, o nunca lo ponen, solo para una broma ocasional y esas cosas. Si es mujer es la típica niña mimada con cerebro de aceituna y bipolar a mas no poder. Si son gemelos no aparecen, solo cuando la autora siente la discriminación que sufren los pone y son egocéntricos como si se tragaran a Narciso

Cáncer: Este signo en las historias me frustra. A ver, primero generalmente es mujer y es todo amor dulzura e inocencia, nunca hace nada y si es hombre es afeminado rozando lo gay. Como les explico esto….los cáncer son los jodidos demonios y pervertidos como si fueran actores playboy o solo son los que yo conozco. Ah y se quedan con Capricornio.

Leo: Típica perra o Típico playboy ( no pienso hablar mas porque todos sabemos que la ponen como abre piernas portátil)

Virgo: La mamá del grupo, siempre esta enojada y limpiando todos le dejan la limpieza por su implacable prudencia. En la vida real no conozco a ningún Virgo de estos, sin más fiesteros que los personajes de la Rosa de Guadalupe. Pinshes Virgo son todo un desastre

Libra: Hueca y rubia nunca hace nada y no la agarran a chanclazos. Es casi como la copia de Leo pero mas sentimental y si es hombre es lo mismo muy afeminados, no tanto como Cáncer pero si un poco. Es el/la buena onda y solo piensa en sexo o fiestas. Ofrecidos como si fuera su trabajo.

Escorpio: El chico malo, solo puede ser chico el maldito y esta jodidamente sexi, se da a cualquiera y todas dicen que es genial como si tuviera pene de oro, es misterioso y no se que. Si es mujer es lo mismo pero no se ve muy seguido. Las peleas son lo suyo como si fuera Chino el hijo de fruta.

Sagitario: Es el aventurero, el intrépido nunca le tiene miedo a nada y se mete unos porrazos que ni su santa madre le metería y siempre esta bien. Si es mujer es callada o no sale muy seguido lo cual todos sabemos que no es realista estas Sagitarios de la vida real son Divergentes y perversas como ningún otro

Capricornio: Generalmente hombre, es el amargado, nunca sale le gusta Cáncer y lo niega ( generalmente ) y al final termina siendo un romántico obsesionado rozando lo unicornio. Si es mujer siempre pone las reglas y es regañona, tiene un lado fiestero que nadie ve hasta que casi la meten a alcohólicos anónimos.

Acuario: El/La rarit@, siempre habla de extraterrestres como si tuviera uno abajo de su cama disecado, no se cree cool pero termina siendo más genial que Beyonce. O es muy hablador o muy callado. La autora no lo toma en cuenta hasta el momento de las parejas.

Piscis:La niña sufrida, llora hasta por los codos, siempre es la inocente indefensa que no se puede defender, más buena que el pan y se queda con Escorpio, son la pareja generalmente principal todos sabemos su vida de memoria y da lastima. Solo dire que es una mentira la hacen ver como santa cuando saben bien que puede defenderse sola y manipular a quien quiera con sus ojitos. Satán disfrazado de panque extra azucarado.

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Rosa Suave  *Guillermo es como el color rosa: suave, inalcanzable, delicado. Soft es la casa de citas donde él trabaja, una organización dirigida por Lluvia, la persona que lo cobijó cuando lo necesitaba. Samuel De Luque es uno de los clientes más adinerados y particulares de Soft, Guillermo tendrá que saciar las fantasías del hombre, y se dará cuenta de lo placentero que puede ser recorrer un camino lleno de sexo y chocolate. Contiene escenas +18

Me  sirvo un poco de champaña en una copa de vidrio, me deleito con el sonido de  los burbujeos antes de probar la bebida. Le doy pequeños tragos y hago como  si no fuera consciente de la atención que algunos me están dando, siento unas  cuantas miradas puestas en mí. Esa es mi actuación, soy la inalcanzable, al  menos eso es lo que dice Lluvia, nuestra jefa. No llevo mucho tiempo formando  parte del grupo, llegue huyendo de mi pasado, ella fue muy buena al darme  alojo y adoptarme como si fuera una de sus muchachos, también asegura que la  mejor parte la obtendré; Soft porque soy una estrella sin pulir.

Soy  miembro de la agencia de citas con mayor fama de Atlanta, Georgia. La  organización se ha ganado el prestigio, entre los hombres y mujeres con alto  nivel económico, debido la discreción con la que se maneja; a ninguno de esos  empresarios, funcionarios públicos y demás, le agradaría que el mundo se  enterara que es lo que hacen en la intimidad o de donde salen esos atractivos  hombres que los rodean, no les conviene.

Ser  parte de Soft es un verdadero trabajo, aunque la expresión ‘’chico de compañía’’  solo es un término para no decir lo que somos en realidad. Debemos  levantarnos muy temprano por la mañana los que nos quedamos, o llegar al  amanecer a la casona si no duermes aquí —una mansión lujosa al estilo  victoriano, con decenas de habitaciones, cada habitación está perfectamente  decorada— para esperar a que nos llamen. Algunos días no hay que hacer, otras  veces nos faltan horas para llegar a todos los sitios. Cada semana Soft gasta  un montón de dinero en mantener a sus Softies así es como nos llama Lluvia en  tratamientos de belleza, depilaciones, bronceados, nueva ropa, nuevos  peinados, etcétera. También hay mujeres de compañía, pero esos solos son  requeridos cuando los clientes las solicitan.

Una vez  al mes Lluvia hace una fiesta invitando a los mejores clientes de Soft, la  mansión es decorada con tafetanes de colores pasteles colgando de candelabro  a candelabro, como si el techo estuviera hecho de una red de listones y  telas. Somos veinte    Softies nuestro  papel es salir, caminar, tener algunas conversaciones por ahí siguiendo nuestro  rol y hacer que los hombres quieran gastar mucho dinero para llevarnos a la  cama al final de la noche. Sé que no suena como lo más decente del mundo,  pero es lo mejor, prefiero mil veces la casa de citas que vagar por las  calles cuando la delincuencia actualmente está fuera de control… y cuando  me están buscando.

Así que  empiezo a caminar, no es la primera vez que vengo, pero sí es la primera  fiesta abarrotada a la que asisto. Las otras Softies hacen lo que pueden,  algunas son tímidos, otras seductores, yo tengo que ser dulce e indiferente;  aunque de dulce no tengo ni un cabello.

Camino  en mis tacones de aguja alta de color perla, me detengo frente a la mesa de  bocadillos disecados para hacer volar la imaginación, cojo un palillo de  madera y pincho una fresa roja y apetitosa, la coloco en el último nivel de  la fuente de chocolate para cubrirla. Posteriormente la llevo a mis labios y  la muerdo, la saboreo con los ojos cerrados, sintiendo la acidez y la dulzura  en mi lengua.

Cuando  abro los parpados, mi vista cae en una mirada castaña caramelo, me quedo  pasmado porque me sorprende la intensidad de sus gestos. Observo con  curiosidad como mira mi boca, está estudiando como muerdo la fresa, como  mastico. Esta tan abstraído que no se ha dado cuenta de que estoy mirándolo  hasta que sus pupilas suben de pronto y se clavan en las mías. Un escalofrió  recorre mi columna vertebral cuando sus comisuras ascienden simultáneamente,  esbozando una sonrisita que me eriza los poros. Justo en ese instante, mi  mente hace conexión, sé quién es.

Conozco  a Samuel De Luque pues es uno de los clientes más adinerados de Soft, es el  nieto primogénito del dueño de una compañía de telefonía móvil, Cliff  Mobility; es el principal heredero, un refinado caucásico de pies a cabeza.  Atractivo, soltero, joven y elegante, con el porte más cautivador que he  tenido la fortuna de ver, se convirtió rápidamente en el sueño de mis compañeros  y compañeras desde que puso un pie en la entrada la primera vez, al menos eso  cuenta la leyenda. Pero ¿por qué un hombre que puede conseguir a un chico o  mujer que se le antoje siente la necesidad de optar por una agencia de citas?  Sigue siendo un misterio que ninguna entiende.

Viene con regularidad, otras veces solo llama por teléfono y pide a él muchacho para llevarlo a una cena o a una junta de negocios. Tiene a sus chicos preferidos, Alex es unos de ellos, un blanco de ojos marrones y curvas pronunciadas a él que le gusta vociferar lo mucho que lo consciente cada vez que la lleva a alguna parte. Y lo he visto, él ha sacado un montón de dinero gracias a él.

Mueve su mirada de la mía a la fuente de chocolate y luego de regreso, creo que me está pidiendo que vuelva a hacer el movimiento. No debería hacerlo, pero sus ojos me inquietan, me incitan a realizar la tarea que solicita, así que me giro para tomar otra frutilla de la mesa; repito los movimientos, me llevo la fresa con chocolate a la boca y la muerdo. Cuando abro los ojos, lo busco, está de pie con su copa, sin nadie alrededor y mirándome como si quisiera prenderme fuego.

Le doy un trago a mi bebida espumosa y compruebo que nadie haya visto lo que hice ya que no está permitido y no quiero recibir una amonestación. Al parecer todos están entretenidos, decido que lo mejor es terminar con el jugueteo antes de que alguien se percate del intercambio de miradas, lo último que necesito es a Lluvia enojada por coquetear descaradamente con un cliente sin que este haya pagado.

Todo se me facilita cuando Alex se acerca al hombre bamboleando sus caderas pronunciadas, él si tiene derecho a acercarse porque ya lo ha tratado con anterioridad, es una falta de respeto hacia todos intentar seducir a alguien que nunca te ha solicitado. Tenemos decenas de reglas, y una de ellas dice que no podemos arrebatarle el cliente a otro Softie, a menos que el asiduo lo deseé.

Me alejo de la multitud, sonriendo con cortesía a los hombres que me ofrecen sonrisas. Tengo algunos clientes, sin embargo, no he visto ninguno a lo largo de la velada, y eso quiere decir que puede que no obtenga nada el día de hoy. Hay veces en las que me disgusta tener que hacer esto para obtener dinero ya que no puedo andar por las calles pidiendo empleo, sobre todo porque algunos sujetos hacen que me acuerde de mi padre: un hombre de negocios con una familia, amigos y una doble vida.  No obstante, hay otras ocasiones en las que disfruto muchísimo, hay tipos que de verdad saben cómo hacer que un chico disfrute, hay otros que son egoístas, pero ese ya es otro cuento

Voy a girar en la esquina para ir al baño a revisar mi maquillaje cuando alguien toma mi brazo con brusquedad. Me giro, desconcertado, y me encuentro con Lluvia. Su inmaculado cabello rubio esta peinado en un moño alto que le llega a la cintura, su altura y su figura bien podrían ser las de una modelo profesional. Es cuidadosa con su apariencia, tanto que parece una joven cuando es una mujer madura que cumplirá los cincuenta, el maquillaje le ayuda un montón y ni hablar de su vestuario que se amolda a su cuerpo. Su piel es brillante y pálida, el único signo de vejez son las arruguitas que se forman en las esquinas de sus ojos.

Al principio creo que me ha descubierto, que Alex averiguo lo que ocurrió y le fue con el chisme a Lluvia, porque ese chico es un enorme problema cuando quiere serlo, siempre metiendo las narices donde nadie la ha llamado; pero luego me doy cuenta del brillo en los ojos marrones de mi jefa.

Luce amenazante, podría amedrentar a cualquiera la mayor parte del tiempo, sin embargo, los que la conocemos sabemos que puede ser la persona más cálida y humana del mundo. Y lo fue al permitirme quedarme con ella, ofrecerme un salario sin una carta de recomendación. Un día llegue sucio, hambriento, desesperado, le conté mi caso y me abrió las puertas. Fue como un respiro, Soft es una familia, y es lo mejor que tengo.

—No me lo puedo creer, Guille! Necesito que subas ahora mismo a tu cuarto y esperes ahí los chicos subirán el material necesario, no tienes que hacer nada, solo ser amable… —Ella habla muy rápido, no puedo procesar todo lo que dice.

—Espera. —Lanzo una risita divertida, alzando mis manos en señal de alto. — No entiendo qué pasa, ¿por qué subiré a mi cuarto? Todavía no han hecho las ofertas.

El evento es a media noche, los que ofrecen más se quedan, los otros se marchan.

—Porque está desesperado. —Suelta una carcajada que me hace fruncir el ceño—. Escucha, no vayas a asustarte, él te va a explicar todo, puede ser un poco desconcertante al principio, pero te aseguro que no es nada malo.

— ¿Qué? — pregunto, alarmada—. No es nada de sadomasoquismo, ¿verdad? Sabes que esa no es mi liga y no quiero experimentar con eso.

—No —dice, luego lanza un bufido al tiempo que gira los ojos, divertida. Ella está feliz, me pregunto cuánto va a pagar el tipo, no me atrevo a preguntar porque la cantidad se nos informa hasta el final; Lluvia nos da una gran parte, la otra es para mantener la mansión y todos los gastos que se requieren.

—Menos mal, este misterio me pone de los nervios. —Relajo los hombros, lanzando un suspiro—.Dijiste algo acerca de un material, ¿a qué te refieres?

Esboza una sonrisa de lado, entonces sé que no me dirá nada, es su forma de decir «deja de hacer preguntas si no quieres que te mande al carajo». Me agarra el antebrazo y me obliga a caminar hacia el otro polo de la enorme sala.

—No comas ansias, no es como si no fueras a saberlo —dice al llegar al comienzo de las escaleras. Me da un empujoncito para instarme a subir los escalones.— Ve a tu habitación, no te quites nada de lo que llevas puesto.

Le doy una mirada de pocos amigos antes de subir los escalones, escucho el traqueteo de mis tacones al contactar con el piso mientras subo agarrado del barandal garigoleado. Me dirijo hacia el lado izquierdo al llegar al descanso y subo el resto de los estribos.

Camino por el pasillo hasta llegar a la quinta puerta, giro la perilla y enciendo el foco. Alfombra rosa cubre todo el suelo, la cual combina con algunas particularidades del sitio. Los muebles de madera blanca con detalles dorados hacen que parezca un cuarto de la edad antigua. La cama es mi parte favorita, un detalle que yo elegí pues siempre quise una que tuviera dosel, tela rosa cuelga de las esquinas formando cortinas hasta el suelo. Enorme con sábanas blancas y un montaña de cojines de diferentes formas y texturas que combinan.

Somos libres de ponerle nuestro propio toque, así que la he decorado con arte hecho con productos reciclados que hago en mis horas libres.

Me doy una rápida mirada en el espejo de cuerpo completo que esta lado del tocador y me siento en el borde del colchón después de confirmar que no hay nada malo en mi apariencia. Minutos después, los cocineros entran arrastrando un carrito metálico. Mi mandíbula se abre al ver la cantidad de cosas ahí ¿para qué trajeron todo eso?

—¿Para qué es? —les pregunto, Oscar y Ben se encogen de hombros.

—No sabemos más que tú solo somos los ayudantes del cocinero— dice Oscar, un latino amigable que siempre lleva un trapo colgando en el hombro. Los dos levantan sus pulgares a modo de despedida y salen por la puerta, dejándome solo con un montón de comida.

Mis ojos caen en algo en particular, cientos de hormigueos me recorren, me muerdo el labio tan fuerte que empieza a dolerme. Hay un tazón lleno de fresas y chocolate líquido. Me pongo de pie para inspeccionar el carrito, veo vino, copas, frutillas… No entiendo qué está pasando.

Estiro la mano y sumerjo mi dedo en el tazón con chocolate, después me lo llevo a la boca, lamo mi índice con deleite sintiendo como endulza mi lengua.

—El mejor saludo que me han dado, sin duda alguna. —Una ronca voz masculina me hace saltar del susto.

Me doy la vuelta lo más de prisa que puedo y lo encuentro ahí recargado en el umbral observándome con una sonrisa de lado que me hace estremecer. Samuel De Luque es el hombre que ha pagado por tener una noche conmigo.

Cabello castaño oscuro y ojos caramelos me saludan, tiene un adorable hundimiento en la punta de su mandíbula y la nariz un poco chueca; pero eso solo lo hace ver más masculino, sus facciones son bruscas y varoniles, es precioso. No tiene más de treinta, creo que se ve más viejo de lo que en realidad es. La habitación es inundada por su presencia, invade cada parte de ella, él sabe a la perfección lo que provoca.

Respiro profundo, guardando silencio, la verdad no sé qué decir, no sé si debo saludarlo, si debo esperar a que diga algo o si debo solo desnudarme sin musitar sonido alguno. Él se adentra a mi cuarto y cierra la puerta con seguro, el click me pone más ansioso de lo que estoy. Lo veo acercarse, así que llevo mi mirada a otro lado pues empieza a ponerme nervioso.

—Me cautivaste abajo con esa boquita, ¿ahora eres tímido? —Elevo la vista, quiero decir muchas cosas, sin embargo, nada sale, estoy en blanco. Su personalidad es demasiado fuerte, él es demasiado. Samuel se aproxima dando pasos largos, no dejo de mirarlo hasta que se detiene a mi costado y tengo que mirar al frente para que mis rodillas dejen de temblar—. ¿Me tienes miedo o es que soy tan feo que ni siquiera quieres hablarme?

Me dan ganas de lanzar una risotada por lo ridículo que suena su tono infantil, como un niño pequeño haciendo un mohín pero me lo guardo porque me han enseñado que no debo ser descortés.

—No, señor, solo que no lo conozco —digo, aplanando mis labios para no sonreír.

—¡Pero que grosero soy! ¡Por supuesto! Me llamo Samuel De Luque, Guillermo.— Mi nombre completo en su boca suena como un poema excitante, melodioso y cautivador; hace algo con su lengua al pronunciarlo.

—Mucho gusto —murmuro. Lo siento sonreír a mi lado, me gustaría girar la cabeza para contemplar como sus comisuras suben, no obstante, no puedo hacerlo porque se mueve y se coloca detrás de mí.

Me enderezo al sentir su pecho pegado a mi espalda, creo que es porque quiero abarcar mi espacio, su pelvis topa con mi trasero. Me estremezco cuando sus palmas se colocan en mis caderas y me empuja hacia atrás para pegarme más a su cuerpo. Permanezco inmóvil porque él está yendo tan despacio que estoy disfrutando un montón algo que ni siquiera ha empezado.

Una de sus manos me suelta, hace hacia un lado mi cabello, dejando libre el extremo derecho. Su aroma masculino llega a mis fosas nasales, me transporta a otra dimensión.

—El gusto es mío —susurra, la punta de su nariz recorre la curvatura de mi hombro desnudo, el costado de mi cuello hasta llegar a la base de mi oreja. Trago saliva, al tiempo que inclino la cabeza hacia el lado contrario para disfrutar más el contacto—.Hueles increíble.

—Tú igual —murmuro, haciéndolo sonreír.

—Me harías un favor? —Asiento—. ¿Puedes comer otra fresa con chocolate? Justo como lo hiciste en la sala.

—¿Ahora? —La pregunta sale antes de que pueda retenerla, temo que vaya a molestarse, pero solamente afirma con un sonido nasal. Un tanto confundido, me estiro para agarrar un palillo de madera y hacer lo que pide. Cuando muerdo la fruta su respiración se hace pesada, sus dedos en mis caderas se aprietan. Sigo masticando hasta que me la acabo.

—Otra, por favor —pide en un susurro enronquecido que me hace retorcer. Presto más atención a su comportamiento esta vez, es desconcertante pues parece disfrutar. Él estudia todos los movimientos que hago, se estira para poder observar como saboreo el fruto cubierto de dulce. Luego me doy cuenta de que su miembro empieza a hincharse, se pone duro contra mis nalgas; siento la necesidad de bambolear las caderas para crear fricción y menguar un poco la deliciosa presión que empieza a punzar entre mis muslos, pero él está tan entretenido que temo reventar la burbuja. Estoy disfrutando mucho de su escrutinio.

Empecé en este medio siendo prostituto, tuve que hacerlo cuando me di cuenta de que no podría conseguir otro trabajo, tenía que comer y mantenerme, la idea de recurrir a mis ahorros en el banco me asqueaba, tampoco quería que me rastrearan y me encontraran; fue una salida fácil, un tanto precipitada, sin embargo. No podía ir por ahí dando mi nombre completo como si fuera normal, mi rostro está pegado en muchos lugares, la gente busca a un lindo pelinegro de ojos oscuros, ahora soy castaño escuro y uso pupilentes de color café. Después me di cuenta de que los chicos de compañía ganan mucho más, encontré una casa, el dueño me dejó trabajar ahí y me arruinó por completo. Al final llegué a Soft, y ha sido como estar en un palacio.

El punto es que he visto muchas cosas extrañas, yo soy el tipo de chico que disfruta de un buen sexo donde las dos partes cooperan y se dan placer; pero hay personalidades que tienen fantasías peculiares, otros se excitan con actos desagradables —como aquel tipo que solo quería que lo masturbara con mis pies o al que le gustaba masturbarse al tiempo que lamía la suela de mis tacones—, no estoy hablando de sadomasoquismo o voyerismo, hablo de parafilias.

Me relamo los labios antes de obtener otra fresa, esta vez sin que me lo pida, la lleno de líquido marrón y me la llevo a la boca. No obstante, antes de morderla la hago hacia atrás, colocándola frente a mi rostro para provocarlo. Apoya su nariz en mi mejilla, le doy una mirada de soslayo, Samuel tiene las pupilas fijas en mi boca, en mis dientes apretando mi labio inferior. Jadea cuando muerdo el fruto y empiezo a comerlo con lentitud, su erección es como una piedra, empuja sus caderas cavando con su miembro el centro de mis glúteos, ahogo un suspiro en mi boca. Eso se sintió bien.

Una vez que termino, voy a obtener más, pero me detiene. Una de sus manos sube por mi tronco hasta agarrar mi mandíbula, la afianza y gira mi cabeza obligándome a enfrentarlo. Me quedo embelesado por el tono oscuro de sus pupilas dilatadas. Su nariz acaricia la mía, el tiempo parece detenerse mientras espero que baje la cabeza para besarme.

—¿Puedo besarte? —pregunta, sacándome de la nube de pensamientos, su cuestión me toma por sorpresa

—¿M-me estás preguntando? —cuestiono, confundido, nunca nadie me había preguntado algo después de pagar, ellos solo lo hacen. Samuel sonríe sin dejar de acariciar mi nariz, asiente—. ¿Por qué?

—Porque quiero que disfrutes conmigo —susurra—, y porque a algunas chicos no les agrada recibir besos.

—¿Cómo es posible que exista alguien que no quiera besarte? —Es normal halagar a los clientes, pero esta vez lo digo muy en serio, hasta me siento un tanto asombrado. Suelta una risita, me hundo más en su abrazo, cerrando los espacios que hay entre los dos. Él me rodea y me aferra anclando mis caderas a las suyas—. Puedes hacerlo.

No tengo que decirlo dos veces, antes de darme cuenta me besa de forma salvaje y desesperada, su lengua se introduce entre mis labios entreabiertos, al tiempo que toma mi nuca y la hace hacia atrás para poseerme con mayor profundidad. Entonces nuestras lenguas se acarician, se prueban sin miramientos, él sabe a buen vino. Siento su respiración pesada soplando en mi rostro, así como el ascenso y descenso de su pecho detrás de mí. Sus yemas masajean mi cuero cabelludo, las caricias me hacen respirar tembloroso. Todos mis nervios están disparados, mis hormonas me ruegan que lo lleve a la cama y lo haga mío, sin embargo, Samuel se echa hacia atrás casi como si pudiera escuchar mis pensamientos.

Veo sus hermosos ojos caramelo tan oscuros que parecen un pantano, sin quitarme la vista de encima extiende una mano para tomar algo del carrito metálico. Lo próximo que sé es que está untándome chocolate en los labios con su dedo medio; toma más del recipiente y lo embarra en mi boca acariciándome. Siento algunas gotitas resbalando por mi barbilla, quiero limpiarlas, pero él acerca su rostro cincelado y las quita con su lengua, dejando un camino de humedad que me enloquece.

Me encorvo, logrando que mi trasero provoque ese miembro erecto tan tentador, parece que le gusta el ligero bamboleo pues suelta un gruñido.

Su lengua toca mi labio inferior, lo recorre con paciencia y lentitud, también lame el superior de la misma manera. Atrapa uno de ellos y lo succiona, hace lo mismo con el otro. Quita absolutamente todo el dulce que había untado en mi boca

—¿Tienes algo con la comida? —Sonríe, no responde mi pregunta, se limita a seguir chupando—. ¿El chocolate?

—Qué preguntón eres —susurra, no está molesto, luce divertido—. Sí, chico listo, tengo algo con la comida. ¿Quieres que te muestre qué es lo que me excita?

Su tono se ha vuelto más rasposo y bajo, su pelvis choca contra mis nalgas haciéndome suspirar, se balancea unas cuantas veces, siento que mis tobillos y rodillas comienzan a fallar.

—No vas a comerme, ¿verdad? —pregunto, hago una mueca cuando deja escapar una risotada que me parece adorable

—Créeme que luces tan delicioso como un algodón de azúcar, pero no es lo que tengo en mente. —Me suelta, se encamina hacia el montón de bocadillos, empuja el coche hasta que este topa en el borde de la cama. Samuel me da una sonrisa que promete travesuras antes de sentarse en el colchón—. Ven aquí

Tomo un respiro profundo, doy pasos cortos hasta que me detengo frente a él, quien tiene que elevar la barbilla para poder mirarme a los ojos.

—Quítate el vestido por favor —pide

Hago lo que me pide sin poner objeciones, deslizo hacia abajo el cierre en mi costado derecho, quito los tirantes sacando mis brazos y dejo que la tela de color rosa pastel caiga. Sus pupilas barren codiciosamente mi anatomía, demorándose más de la cuenta en mis tetillas y mi vientre, llevo lencería elegante de encaje rosa que hace que mi piel bronceada brille

—Me encanta ese color en ti, te hace ver suave, tierno, como un lindo angelito. —Mis mejillas se encienden al escucharlo, lo cual me deja pasmado ya que no soy mucho de sonrojarme, mucho menos por un cumplido tan simple e inocente—. ¡Mira ese sonrojo! Muy lindo

Y justo ahora quisiera esconderme debajo de una piedra pues me siento expuesta, me limito a enfocar la alfombra. He lidiado con un montón de hombres, cada uno es distinto: algunos son rudos al tener sexo, otros son suaves, y hay los que solamente buscan compañía; una charla amena o una cena informal en un lindo restaurante para platicar de la vida. Sé cómo comportarme con todos ellos, sé mis límites de dolor, sé fingir cuando no llego al orgasmo, sé cómo hacer que alguien pase un buen rato; pero no tengo idea de qué tengo que hacer ahora. Samuel De Luque se ve tan elegante y frío con ese aire de europeo, sin embargo, está siendo cálido y cercano. ¿Se comportará así siempre? Quizá ahora entienda un poco a Alex, algo me dice que quedaré fascinado al final.

—No quise incomodarte, creo que Lluvia acertó bastante al seleccionar tu color —susurra, lo miro de reojo, está indagando, revisando el contenido del carrito. Empiezo a ponerme nervioso una vez más, me pregunto para qué quiere todo eso. Sus manos se cierran alrededor de mi cintura—. Siéntate arriba de mí, delicia.

Un cosquilleo me invade, la adrenalina empieza a correr por mis venas. Me monto en el regazo de Samuel, sentándome a horcajadas, con el corazón latiendo demasiado rápido. Anticipación, deseo y lujuria es lo que me embarga cuando me aprieta contra él

Quiero que me acaricie, que sus manos gruesas recorran mi piel, que esos labios duros besen las partes sensibles que empiezan a punzar. Lo deseo tanto que no sé cuánto pueda esperar.

Me dan unas ganas terribles de rodear su cuello y besarlo, quiero quitarle el saco y la camisa, pero debo esperar, siempre debo aguardar a que ellos me lo pidan. Sus yemas acarician mi columna de arriba abajo. Su erección se clava en mi entrada, tengo que cerrar los ojos para no suspirar como un adolescente enamorado.

—Quiero que seas sincero conmigo. Si no te agrada que haga algo, me lo dices para que me detenga. Si quieres suspirar, suspira; si quieres besarme, bésame; si quieres moverte encima de mí, lo haces. Pagué para estar contigo, así que quiero justamente eso, que me embriagues de ti. Quiero probar el color rosa, delicia.  

Me derrite, me convierte en agua, sus palabras funden mis sentidos. Samuel De Luque es un respiro fresco después de vivir la misma rutina por años.  

Entonces hago lo que me apetece, abrazo su cuello, enredo mis brazos a su alrededor, haciendo que mis pechos se aplasten contra el suyo, y me aferro a él como si temiera caerme, quizá sí tenga un poco de miedo porque en su mirada puedo ver un montón de promesas carnales.  

—¿Siempre eres así? —pregunto, hipnotizado por esos ojos tan castaños que no paran de observarme, Samuel me estudia, recorre con sus pupilas los callejones de mi rostro, se demora, pero ni siquiera me doy cuenta de cuánto tiempo ha transcurrido pues estoy perdido en su presencia.  

—Eres privilegiado, no todos los días me encuentro con un angelito.  

—Me gusta más el infierno —murmuro.  

—Me alegra escucharlo, porque quiero arrastrarte ahí. -—Sonríe con malicia—. Vamos a enseñarle al diablo a pecar.  

Sus manos suben por mis muslos de forma lenta, se detienen en el borde de mis medias para delinear el elástico, y continúan todo el camino hacia arriba hasta acunar mi trasero. Sus palmas calientes amasan mis glúteos, me empujan hacia su longitud hinchada y dura, mis pliegues rozan la elevación; el toque es exquisito. Me muerdo el labio inferior con fuerza pues los cosquilleos placenteros que me recorren están acabando conmigo, descargas eléctricas se apoderan de mis células.  

Calor me inunda, el fuego quema mi cuerpo, mi entrada comienza a punzar, aprieto mi entrada pues un delicioso dolor se ha instalado en la zona, esperando que eso apacigüe un poco lo que la fricción ocasiona, pero solo logro engrandecer el deseo que siento por tenerlo en mi interior.  

Yo repito el movimiento, muevo mis caderas para que nuestros miembros se rocen, para que nuestras pelvis encajen y más calor se concentre en mi vientre. Samuel cierra los ojos y entreabre los párpados. Un gemidito sale de mis labios, estoy tan resbaloso ya y ni siquiera me ha tocado.

Un tanto desesperado, me deshago del saco resbalándolo fuera de sus hombros. Con los dedos temblorosos desabrocho el primer botón de su camisa blanca, hago lo mismo con los otros. La prenda se abre, revelando un pecho amplio, mis palmas pican por tocarlo, por lo que las coloco sobre sus pezones marrones que se fruncen al sentirme.  

Antes de que pueda acariciarlo, mi top es desabrochado, con cautela quita la prenda, rozando mis brazos al resbalar los tirantes, creando un camino de poros levantados detrás del recorrido de sus yemas. Mis pequeñas tetillas de chico son liberados, se vuelven pesados, mis botones pálidos se fruncen debido a su escrutinio, intento tragar saliva, pero mi boca está seca.  

Samuel se inclina hacia el carrito metálico, busca algo con la mirada y chasquea la lengua. Lo próximo que sé es que me pide que sostenga un tarrito repleto de chocolate derretido, mientras revuelve el dulce con un palo de madera.  

—¿Qué vas a hacer? —pregunto con curiosidad, observando el movimiento de sus dedos.  

—Investigar qué tan dulce sabe en ti —murmura.  

Con la madera acaricia mi cuello, embarrando chocolate en mi piel, el camino continúa delineando mis clavículas, pasa por la unión de mis pechos y termina antes de llegar a mi ombligo. Coloco mis manos en sus rodillas y me inclino hacia atrás, el movimiento parece gustarle pues sus comisuras tiemblan.  

Respiro con la boca apenas siento la caricia de su lengua recorriendo mi torso, miro hacia abajo y observo cómo recorre el centro de mis dos tetillas. La tensión se hace insoportable, suelto un jadeo, la sensación de la frescura de su saliva es increíble.  

Pierdo la noción del tiempo y el espacio, no me doy cuenta de cuándo me endereza, solo sé que de un momento a otro mis tetillas desnudos están aplastados contra el suyo. Perezosa, abro los párpados para enfocar esas pupilas brillosas.  

—Te gusta. —No está preguntándolo, lo está afirmando, pero de igual forma asiento—. Cuela tu mano en tus bragas y dame un poco de lo que escondes ahí.  

Su petición me quita el aliento, hago lo que me pide como si fuera un esclavo siguiendo las órdenes de su amo. Interno mis dedos entre mis pliegues y rozo mi bola de nervios, la caricia a mi miembro me hace retorcer y gemir en voz alta. Pese a que quiero terminar con la necesidad, saco mi dedo mojado. Samuel toma mi muñeca y guía mi índice hasta su boca con urgencia, engulle mi carne, lame, saborea y gruñe; sus acciones me están llevando al límite, nunca nadie me había excitado de esta manera.  

—Acuéstate en la cama —pide con el timbre enronquecido.  

Presuroso, me bajo de su regazo y le doy la vuelta a la cama para acostarme en ella. El arrastra el carrito siguiendo mis pasos, espera a que me acomode para sentarse en el borde.  

—Voy a demorar un poco, ¿de acuerdo? Pero prometo que cada segundo va a valer la pena. —No necesita decirlo, sé que lo hará.  

—De acuerdo —susurro.  

No me pierdo nada, más alerta que nunca me dedico a prestar atención a todo lo que hace. Sus palmas abiertas bajan por mi vientre hasta llegar al elástico de mi bragas, las saca, al igual que mis medias y mis tacones. Me deja desnudo y a la deriva en el colchón.  

—No puedes moverte, delicia, porque mancharemos las caras sábanas y Lluvia aumentará la cuenta.

—Intentaré no hacerlo —respondo.  

Entonces él empieza a llenar mi cuerpo de chocolate derretido, creando caminos, carreteras de dulce placer que me hacen cosquillas, las suaves caricias repercuten en mi intimidad. No importa cuánto apriete, nada alivia la tensión, nada me calma.  

—¿Vas a comer en mí? —pregunto, mirando  embelesado cómo cubre mis tetillas con el líquido.  

—Lo haré. —Detiene sus movimientos para darme una mirada traviesa y una sonrisa coqueta—. He comido en un montón de platos, pero nunca en una obra de arte.  

Samuel hace círculos del tamaño de una pelota de tennis a lo largo de mi torso, separados quizá por un par de centímetros. Llena mi ombligo de dulce, traza una última circunferencia en la cima de mi pelvis.  

—Alex habla mucho de ti —digo. Suelto un suspiro cuando uno de sus dedos acaricia mis pliegues, intento apretar mi trasero, pero luego recuerdo que no debo moverme, así que solo disfruto de los escalofríos que recorren mi columna debido a sus caricias superficiales que enardecen mis sentidos y alteran mi respiración.  

— Alex no ha llegado demasiado lejos —responde sin perder la concentración—. Sé que es comunicativo y le gusta presumir, es una buena compañía si lo que quiero es entretener a los socios, sin embargo, no puedo hacer esto con todas las personas.

—A mí no me conoces. —Esboza una sonrisa, mientras traza dos líneas a lo largo de mis muslos, es como si estuviera pintando, excepto que el pincel es una madera y el lienzo soy yo.  

—No me pude resistir, verte comer de esa forma tan sensual me calentó las venas, soy un hombre débil, delicia. —Mis pies los deja libres, ni siquiera los toca, lo agradezco porque me desagrada muchísimo que los toquen. Deja el tarro en el carrito metálico, creo que va a limpiarme, pero él toma un bote que no había visto antes. Agita la crema batida con una sonrisita jugando en sus bonitos labios—. De todas formas, espero que esto quede entre los dos.  

—No me gusta hablar demasiado —respondo.  

Decido que es momento de parar el parloteo cuando Samuel hace bultos de crema en el centro de los círculos que había dibujado antes. Me concentro en las sensaciones, en lo que me produce la espera. Me relamo los labios al pensar en él lamiendo y besando cada esquina de mi cuerpo, imagino que sus brazos me envuelven, que me hace gemir y suspirar al hundirse en mi interior. Deseo apretar los muslos, sin embargo, no lo hago, me limito a jadear.  

De pronto, dejo de sentirlo moviéndose a mí alrededor, así que abro los párpados y me encuentro con su rostro muy cerca del mío. La seriedad con la que me observa me deja muda y quieta. Creo que va a pedirme que deje que tener ese tipo de pensamientos, pero ¿cómo sabe que los tengo? No obstante, se inclina hasta que su nariz acaricia la mía. Me besa con ternura, tan solo amasa mis labios con lentitud y paciencia, me envuelve en una nube de lujuria y expectación; me está hechizando, me agrada caer en su embrujo.  

Samuel se echa hacia atrás, vuelve a asomarse en el contenido del carrito, pero no demora más que unos segundos, toma un recipiente lleno de fresas y empieza a colocarlas en mi cuerpo, no soy capaz de ver dónde las pone exactamente, sin embargo, sí sé que hay un montón de ellas en mí. Termina minutos después, deja todo en su lugar y me estudia desde arriba, recorriendo mi cuerpo con lentitud.  

De soslayo observo que se quita el cinturón y se baja el pantalón, sus calzoncillos azules ocultan un miembro erecto que me muero por descubrir. El señor De Luque rodea la cama y se sube, se arrastra hasta quedar a mi costado.

—Esto es lo más excitante que he hecho —murmuro para acabar con el silencio, la mudez me inquieta, no me gusta pues hace que recuerde todas esas veces en las que nos sentábamos en la mesa enmudecidos pues a mi padre no le gustaba el ruido.  

Una de sus comisuras se eleva, un hoyuelo se forma en su mejilla, si no tuviera el cuerpo lleno de chocolate me levantaría para lamer ese pozo que reluce como un foquito de Navidad.  

—Cierra los ojos, Guillermo —susurra. No quiero hacerlo, me apetece mirarlo mientras come—. Puedo perder el control y no me gustaría que lo vieras.  

Hago lo que pide, mis sentidos cobran vida, puedo escuchar y sentir más de la cuenta. Siento su respiración en mi oído, mis venas se calientan cuando pesca mi lóbulo con sus dientes y lo succiona, su respiración hace estragos en mi calma, el deseo hierve en mi sangre como el agua en una olla, los burbujeos de mi ansiedad son tan grandes que tengo que suspirar para no lloriquear y rogarle que me posea.  

Deja besos a lo largo de mi cuello, desciende, al llegar a mis clavículas saca la lengua y comienza a lamer. Mi respiración falla, se hace pesada y rápida, no puedo agarrar aire suficiente para llenar mis pulmones.  

Samuel limpia el dulce de esa zona, me asombra la paciencia, el control y la concentración con la que se endulza al comer. Ni siquiera se ha dado cuenta de que estoy mirándolo, yo tampoco sé cuándo abrí los párpados, pero no me arrepiento porque él es un hermoso paisaje. Observo su mata de cabello castaño, mis dedos pican porque quieren sumergirse en ese matorral color arena, me contengo pues siento que es importante para él.  

No obstante, cuando llega a mi tetilla derecho no puedo controlarme más, mis dedos se sumergen en su cabello, hecho el cuello hacia atrás pues es lo único que puedo mover. Samuel lame hasta limpiar mi botón, creo que proseguirá con el otro, sin embargo, se entretiene succionando, estirándolo, haciéndome perder el sentido.

Escalofríos me recorren, muevo las piernas pues mis caderas buscan fricción, él se detiene y suelta una risita.

—Eso fue porque abriste los ojos. —Acaricia con la punta de su nariz mi pezón hinchado—. Es delicioso, incluso sin chocolate.  

—Me gustó lo que hiciste —susurro.  

Tan pronto lo digo, él vuelve a atraparlo y a darle atención, veo estrellas de colores pues sus dientes se sienten bien al contactar con la piel sensible. Suspiro, jadeo, incluso cuando intento retener los sonidos apretando mi labio con fuerza, apretando los músculos de mi húmeda calidez.  

Lleno de su saliva lo deja libre, pasa al otro botón para quitar el chocolate que lo cubre, hace el mismo procedimiento que me hace delirar. Su lengua recorre la aureola, atrapa mi tetilla contra su paladar y lo succiona. Cuando creo que nada podría ponerse mejor, sus manos tientan el peso de mi pecho libre, su palma cubre mi seno y lo amasa; sus dedos golpetean el montículo rosado. Me roba un gemido ahogado, aprieto las puntas de mis pies.  

Desciende por mi esternón hasta llegar al primer círculo con crema batida, ahora puedo ver que hay una fresa coronándolo. En cuanto empieza a comer me doy cuenta de que tenía razón, pierde el control, su cara se mancha como si fuera un bebé, sin embargo, no se detiene. Samuel come, de verdad lo hace, como una persona insaciable y hambrienta. Devora las fresas sin sensualidad, se deshace de todo con tanta rapidez que solo puedo pensar en que le gusta la glotonería. Hace sonidos extraños al tragar, gime como si eso fuera lo más excitante del mundo, y yo estoy fascinado admirándolo. Se entrega por completo a la labor, se pierde en esto, por algún motivo me alegra que me haya seleccionado para hacerlo.  

Cuando llega a la última fresa —la cual está colocada sobre la crema en el círculo dibujado en mi pelvis—, apoyo mis codos en el colchón y me elevo para poder ver cómo acaba con el postre improvisado. Al final, se queda quieto, el único movimiento que alcanzo a presenciar es el de su mandíbula al apretarse. Eleva la cara, sus ojos caen en los míos, me asombra muchísimo ver vergüenza en su mirada.

Se endereza, busca algo en la habitación, creo que busca sus pantalones para irse y no quiero que se vaya, no todavía.  

—Lo siento, no quise asustarte —dice sin mirarme, saca una pierna fuera del colchón, se levanta tan de prisa que apenas me doy cuenta de lo que está pasando, se está yendo—. No te preocupes, le diré a Lluvia que todo salió bien.  

Se dirige hacia su pantalón tirado en el suelo, así que salto. Me pongo de pie como un rayo y me apresuro para alcanzarlo, agarro su antebrazo antes de que pueda llegar a la prenda. Su espalda está tensa, tiene tanto pánico que se ablanda mi pecho, me pregunto cuántas mujeres presenciaron lo que yo, y cuántas de ellas salieron corriendo.  

—No estoy asustado, señor De Luque, tal vez asombrado porque nunca había visto a alguien que disfrutara tanto de la comida, pero no atemorizado. —Mis palabras alivian un poco la tensión, pero no hacen que se gire y regrese a la cama, tampoco vuelve la chispa de su humor.  

Lo rodeo, me detengo frente a él y me pongo de puntitas para alcanzar su rostro cincelado. Entonces quito la crema batida que quedó alrededor de sus labios, sabe bien y más porque estoy tocando su piel con mi lengua. Sus manos rodean mi cintura, Samuel me afianza y me pega a su cuerpo.  

—Quita el chocolate de mis piernas —murmuro frente a sus labios.  

—Suave y dulce rosa —susurra.  

Sin soltarme, camina apretándome hacia la cama, me ayuda a acostarme. Se ha manchado las piernas, sin embargo, parece no importarle porque se sube al colchón sin limpiarse, manchando las caras sábanas.  

—¡Ups! Tendrán que comprarte otras.  

Con una mirada llena de travesuras, baja por todo mi cuerpo hasta llegar a mis tobillos, abre mis piernas y se interna en ellas. Quita el dulce café elevando mis extremidades a la altura de sus hombros, se detiene al llegar a mis rodillas. Primero limpia la parte superior de mi muslo derecho, hace lo mismo con el izquierdo después.  

Samuel se sumerge entre mis piernas, cierro los ojos cuando siento su respiración frente a mis pliegues, su nariz recorre la línea de unión de los mismos, causándome un escalofrío que me hace retorcer y jadear.  

—Ahora mi parte favorita —susurra. Su voz frente a mi entrada me pone de los nervios, mis poros se levantan como si fuera la primera vez que alguien tiene intimidad conmigo. Nadie ha sido tan dulce, tan cautivador como él.  

Sus dedos dan golpecitos en la piel sensible antes de separar y adentrarse al lugar correcto. Su lengua recorre mi carne de abajo hacia arriba, hace círculos siguiendo las manecillas del reloj en mi bola de nervios. Mi respiración falla cuando aumenta el ritmo de los lengüetazos, mi lívido se dispara al escuchar los gruñidos de satisfacción que lanza. Aprieto los glúteos, en un vano intento por calmarme, pero cuando sumerge un dedo en mi hendidura sé que estoy perdido.  

No puedo ver ni escuchar nada, solo percibir las caricias que imparte en mi cuerpo. Mis músculos anales lo atrapan y lo succionan como un anillo, lo retienen para que no se vaya. Luego interna otro y me dejo llevar pues es lo único que puedo hacer.  

Siento las succiones de su boca en mi punto G, sus dedos penetrando mi cavidad, tensión creciendo en mi vientre como si fuera un globo lleno de agua. Cosquilleos suben por mi espina dorsal, se apropian de mis pensamientos, los mantienen presos en alguna parte de mi cerebro.  

Oh, eso se siente bien, es un paraíso. Sus dientes contactan con mi botón sensible, me encorvo clavando la cabeza en la almohada. Aprieto las sábanas con los dedos hasta que creo que las articulaciones van a tronarme. Mis caderas se mueven, siguiendo el ritmo hipnotizante de su lengua. Samuel me ancla al colchón con su mano libre, haciendo que las sensaciones se vuelvan más intensas.  

Sus dedos entran y salen con rapidez, su lengua siguiendo los mismos pasos, juntos creando un delicioso compás. No reconozco a al hombre que gime en voz alta, no sé por qué no puedo controlar los gritos que salen desde el fondo de mi garganta. Escucho en la lejanía que me dice lo delicioso que soy, cuánto le gusto, lo apetitoso que luzco. El señor De Luque dice cosas soeces que me llevan a otra dimensión.

Aprieto para detener el orgasmo, para alargar la tortura deliciosa porque no quiero que acabe,

pero en cuanto él mueve sus dedos haciendo un medio círculo, exploto. Me convulsiono, veo nubes, incluso creo que brinco en el cielo.  

Las oleadas de mi clímax se extienden pues él no deja de atenderme, mis piernas quedan lánguidas, un tanto temblorosas. Al final suelto un suspiro y agarro aire, pues temo ahogarme.  

Me desperezo cuando me doy cuenta de que se está vistiendo, el sonido de un cierre me saca del letargo en el que me sumergí.  

Me siento, presuroso, y observo cómo el señor De Luque se calza los zapatos.  

—¿Te vas? —pregunto, asombrado. Puedo ver una gran erección que intenta esconder—. ¿No quieres que te ayude con eso?  

Su cabello está despeinado, su frente arrugada y sus gestos me dan la impresión de que está nervioso. No debo empujar a los clientes, no obstante, me gustaría arrancarle los pantalones y obligarlo a quedarse.  

—Lo siento, delicia, nunca tengo sexo con Softies o con cualquier chico por la que haya tenido que pagar —dice, mientras se abotona la camisa, nunca vi a un hombre escapando de mí, por lo que tardo en reaccionar. Estoy acostumbrado a recibir halagos, también a que me insulten, pero nunca alguien me había menospreciado de esa forma, como si no fuera suficiente. El acto y sus palabras llegan a lo más profundo de mi corazón, nunca he bastado. De pronto, me siento tímido, necesito subir las barreras para que nadie pueda llegar a lastimarme otra vez. Agarro una almohada y cubro mi desnudez con ella, como si eso fuera a esconderme de sus ojos caramelos que se concentran en mí—. Me gustó mucho estar contigo.  

Asiento.  

Una de las reglas de Lluvia es no involucrar los sentimientos, no sé por qué me duele el rechazo, tal vez porque es la primera vez que alguien me observa como si no fuera la gran cosa. En el pasado, hubo un montón de hombres peleándose por caminar a mi costado en las fiestas de gala; cuando empecé a prostituirme, pagaban cualquier cantidad por estar una noche en la misma cama que yo; en Soft no es diferente, muchos pelean por tener un lugar en mi agenda. Samuel

De Luque fue tierno, amable y cariñoso; ahora es frío y cortante. No sé si quiero verlo de nuevo.  

—Supongo que nos veremos después —dice, amarrando la corbata alrededor de su cuello.  

Me pongo de pie, me dirijo a mi armario sin musitar palabra alguna, sintiendo su mirada clavada en mi nuca. Agarro mi albornoz y me cubro con el, al menos así no me siento tan desprotegido.  

De nuevo en mi alcoba, me dirijo hacia la puerta, abro escuchando cómo el botón del seguro salta. Me quedo de pie ahí, sabiendo que debo despedirlo aunque lo único que quiero hacer es arrojarle la secadora. Estanco la vista en la alfombra rosada, esperando que salga. Él camina, observo cómo sus zapatos elegantes salen de mi habitación. Se detiene en el umbral, donde gira para enfrentarme.  

—Voy a preguntarle a Lluvia qué día tienes disponible en la semana. —Lo miro con las cejas entornadas, abre sus labios con asombro al ver el enojo en mis ojos. Y a pesar de que sé que esto puede costarme mi trabajo, no me detengo.  

—No te molestes, no hay días libres para ti —digo. Le cierro la puerta en la cara, azotándola, el estruendo resuena.  

Cuento hasta diez y me meto al baño para tomar una ducha, escuchando las voces de las chicos preguntándole al hombre si está bien.

22 tipos de resaca ilustradas por animales disecados.

1. La resaca “no recuerdo nada desde que salimos de casa”.

2. La resaca “¡¿Que hice qué?!”.


3. La resaca “Estoy demasiado mayor para esta mierda”.


4. La resaca “No vuelvo a beber más”.


5. La resaca “Yo no merezco esto”.


6. La resaca “si me muevo, vomito”.


7. La resaca “me muero, este es mi fin”.

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anonymous asked:

#ASKSIGNOS bueno, la tia A-aya ya me debe odiar por todas las notificaciones diarias que le llegan por stalkearla hohoho (?) ok ya, mis preguntas son, para los chinos ¿con quien del occidental se llevan mejor?, para orion ¿que tanto miedo a escorpio tiene? (??), y acuario ¿tiene otra mascota ademas del alien ese disecado? eso~ (★・ω・)/

A-ya: Yo no puedo odiar a nadie que me de corazones~ eso deberia ser ilegal.*mira a los chinos en sus divagaciones para escoger*

Rata: Shi-shi-shi Cáncer es tierno, es facil hablar con el y envia comida ¡Gratis! 
Buey: Creo que me quedaria con Capricornio, tiene buen jucio al menos.
Tigre: ¡Aries tiene la energia! ¡Y tiene unos golpes bestiales! ¡Wah!
Conejo: Iug, escojo a Libra, es el mas respetable de todos.
Dragon: Escorpio parece tener mejor control sobre todo ellos~
Serpiente: Virgo. Solo por si.
Caballo: *con brillos en los ojos* ¡Sagi por siempre y para siempre!
Cabra: ¡Piscis dibuja tan lindoooooooo!
Mono: Mi vida se basa en hacerle miserable el dia a Acuario ¡AHAHAHAHA!
Gallina: Leo, me parece bastante pasable.
Perro:  ¡GEM SABE MUCHOOOOOOOO!
Cerdo: Tauro, me siento mal por el, pero se que su paciencia es legendaria.


A-ya: Orioncito te toca~ 

Orion: Ehhhhh~ Pero no quiero~

A-ya: ¡debes hacerlo, para eso esta el ask!

Orion: Tu no respondes la mayor parte de las teorias y nadie te dice nada.

A-ya: …

Orion: *sonrie*

A-ya: Siguiente pregunta…


A-ya: Acua, tu turno…*se va como fantasma*

Acuario: ¡Tenia una mascota linda! era algo grande y Libra no me dejo quedármelo, así que tuve que dejarla en un lago algo alejado de nuestra ubicacion. Esta en Escocia, yo lo llamo Nessie~ 

Hay libros que inspiran miedo. Miedo de verdad. Más que libros parecen bombas de relojería o animales falsamente disecados dispuestos a saltarte al cuello en cuanto te descuides.
—  Roberto Bolaño.
Y la verdad es que odio a la gente que me da la espalda, que por diversión y entusiasmos banales huyen de todo sentido real de amistad. Detesto a la gente vive como las estrellas, de apariencias. Pero más detesto al que conozco, y que se, que detrás de esa amable y despreocupada careta social esconde en su interior cosas que demostrar, más allá de el dinero y la “felicidad” que lo acompaña, que por agradar callan, retienen y oprimen eso que todos alguna vez debemos entregar, amor. La verdad es que no me sorprende, porque todos sabemos que estos valores ya están disecados y muertos bajo la sombra de los edificios.

anonymous asked:

#AskSignos Acuario,¿como conseguiste un Alien disecado? yo quiero uno

Acuario: Me lo dieron en el Area 51~

Mono: Mocoso mentiroso, te lo robaste. *se rie en su cara*

Acuario: Callate pedazo de mier-

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¿Pensabas que era un oso? NO, Chuck Testa.

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Taxidermied mouse flash drive by zackaholic on Flickr.

A mí me gustaría tener esto…