disco rayado

Todo Pasa

Un tiempo lejos de aquí, entre historias de papel y ni un triste porvenir. Fui mambeando al sol y bajones sin luna, buscando algún fin. No quise esperar, pero tan lento fui que perdí el tiempo si de nada sirvió buscarte, ya había rayado ese disco que nos cruzó. Cintas de casete, vinilos y algún libro garabateado de tus silencios que dejaste por ahí.

Una mujer así, no se encuentra porque nunca tiene un fin. Lo que es infinito es más raro que lo profundo, pero más difícil que un siempre. Fue su testarudez, su enojo y su piel algo con lo que me envicie. Fueron sus ojos negros, su abrazo y su fernet lo que pasa solo una vez. 

No había después aquí, si sonreí fue un final y así me quise ir. No te miento más, pero que lindo que fue. Nunca una pieza que falta te hace sentir incompleto si destaca todo lo que hay y lo que no hay lo convierte en futuro. Algo llegará aunque no sea para encajar, tan solo para volver a empezar.



“Y ves, que esa tristeza no puede ser, que algo mejor tiene que haber

Me duelen las manos de tanto no tocarte
me arden los labios de tanto no nombrarte
me duele la cabeza de tanto dibujarte
verte corriendo en mis pensamientos
y salir por mis ojos como una lágrima
que baja como un grito a mi pecho
para meterse en mis entrañas y verle
andar por mi sangre como ola de mar
para verte navegar mis locuras
como un barquito que se filtra
en la cueva de mis sentires
para descubrir que eres eso
un lugarcito escondido
en lo hondo de mi ser.
El amor es algo
que no duerme,
que no descansa,
que no cansa,
que no se rinde,
vive en desvelo.
Abro la boca y
es como un grifo
que no para jamás
de decir una verdad
como un disco rayado
que a ti te gusta escuchar
aunque diga lo mismo
siempre lo sientes diferente:
Te quiero.
—  Me duele de tanto pensarte, Joseph Kapone