dios maligno

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Anatomia di una notte in città.
Sette foto e una canzone.

https://www.youtube.com/watch?v=eJU8EuktCUw

Milano vicino all'Europa
Milano che banche che cambi
Milano gambe aperte
Milano che ride e si diverte
Milano a teatro
un ole’ da torero
Milano che quando piange
piange davvero
Milano Carabinieri Polizia
che guardano sereni
chiudi gli occhi e voli via
Milano a portata di mano
ti fa una domanda in tedesco
e ti risponde in siciliano
poi Milan e Benfica
Milano che fatica
Milano sempre pronta al Natale
che quando passa piange
e ci rimane male
Milano sguardo maligno di Dio
zucchero e catrame
Milano ogni volta
che mi tocca di venire
mi prendi allo stomaco
mi fai morire
Milano senza fortuna
mi porti con te
sotto terra o sulla luna
Milano tre milioni
respiro di un polmone solo
Milano che come un uccello
gli sparano
ma anche riprende il volo
Milano piovuta dal cielo
tra la vita e la morte
continua il tuo mistero
Milano tre milioni
respiro di un polmone solo
che come un uccello
gli sparano
ma anche riprende il volo
Milano lontana dal cielo
tra la vita e la morte
continua il tuo mistero

Cronache d’amore - 4/10 - La città

Bienvenido a la realidad. }Epílogo; Bienvenido a mi mundo{

Dedicado a @bulmagetta


} Narra Guillermo {

Unos meses habían pasado desde que nos habíamos mudado, el maldito calor de aquella ciudad me estaba tocando lo que viene siendo los pies.

A Zeus parecía gustarle la ciudad, debido a que yo no tenía trabajo aun y Samuel salía siempre a buscar uno nuevo, pasábamos el tiempo juntos. El pequeño era toda una cajita de sorpresas, extraño a su edad, cuando los niños dejan de jugar y comienzan a actuar como “hombres”.

Según tenía entendido a él le habían dicho que todo aquello que habíamos pasado, era un show, que terminando no lo iban a arrebatar y a mandar de nuevo a él orfanato al que pertenecía, cosa que yo no permitiría, le había tomado mucho cariño.

Era un niño muy preguntón, eso sí. Y Samuel, pues Samuel era Samuel, el hombre más necio que existía en el planeta. Creo que la ansiedad sacaba su lado ninfómano, pero olvida un pequeño y curioso detalle.
A quien vamos a engañar, yo igual lo olvidaba en ocasiones. Pero era la única manera en la que lograba que Samuel durmiera aunque fuera unas horas. Vivía con miedo, vivíamos con miedo. Silvia estaba por ahí, molesta, a saber Dios planeando algún plan maligno. Samuel me había contado que ella tenía carita de ángel pero su corazón era el del mismo demonio. Más de una vez trato de salir con Samuel, pero este la rechazaba en muchas ocasiones. ¿Qué hizo la inocente mujer? Comenzó a grabarle mientras se duchaba, cosa que no estaba, en un principio, en el contrato. Era original, si cabía decirlo.
Hubiera pagado lo que fuera por ver la cara de Samuel cuando se enteró de aquello.

Por otra parte, las cosas entre él y yo habían mejorado bastante, decir que estábamos bien, era decir poco. Estábamos perfectos. Si, habíamos tenido un comienzo algo extraño, y un final para esa etapa aún más extraña, pero agradecía de sobremanera que aquello hubiera pasado de tal forma. Todos los días era una nueva aventura, ya fuera contada por Samuel o por Zeus, cada día era especial para mí. Esperaba mucho que aquello no terminara.

Aún no me acostumbraba a la nueva casa, llamarle casa le quedaba mal a ese lugar donde vivíamos, era un pequeño apartamento con dos habitaciones, una cocina, una sala y un baño. 25 metros cuadrados para nosotros. En comparación con la anterior casa, esta me parecía una cárcel. Y de hecho lo era.
La casa no podía quedar sola en ningún momento, debíamos ser precavidos, demasiado. Y sonábamos paranoicos, pero seguimos sintiendo que alguien grababa todos nuestros movimientos.

Y era normal todo aquello, habíamos escapado de alguien, era increíble. Fue fácil al principio, Samuel tenía el suficiente dinero para mantenernos por unos días. Esos días se redujeron en 24 horas, Silvia había cortado el crédito de las tarjetas de Samuel y sólo quedábamos con mi dinero, que aunque no era poco, tampoco era mucho. ¿A dónde iríamos? Estábamos en un hotel de paso, escondiéndolos como fugitivos. No teníamos a nadie.

¿Cómo habíamos conseguido tan rápido una casa?

Bueno, eso fue más fácil de lo que parece. A Zeus se le ocurrió la brillante idea de llamar a nuestro vecino, Rubén. La casa donde ahora vivíamos era de su amigo. Pero él no la necesitaría por unos días. Así que nos la había prestado.

Y pues aquí estábamos, temiendo lo peor, buscando que comer, pero éramos felices. Aunque no todo el tiempo.


Nunca había sido de aquellos que deseaba que las cosas no hubieran pasado. Las cosas pasan y es por algo, para que la vida tome su curso y te deje donde estás. No soy exigente, pero si quisiera cambiar algo de mi vida, sería que Samuel no hubiera trabajado en ese show. Si él no hubiera trabajado en eso, nada de esto hubiera pasado, pero también tenía razón, si no hubiera sido por esto, no nos hubiéramos hablado jamás. Si, ambos terminamos la escuela y tal, pero no era la manera de comenzar. Siempre me preguntaba… ¿qué pasaría si todo esto fuera un cutre sueño?

— ¿Qué es lo que piensas que te tiene tan distraído? —Samuel me miraba con sus hermoso ojos marrones, mientras me dedicaba media sonrisa —Seguro es más importante que mi historia en el supermercado.


Sonriente negué e hice un ademán con la mano para que continuará la historia de la ancianita que le había golpeado la rodilla por tratar de ayudarla alcanzar los cereales. Luego dice el chaval que no le prestó atención.

[…]

—Debo irme, prometo llegar antes de que te despiertes —. Suspire — ¡Hey! Anímate. El tiempo pasará rápido. Cuando menos lo imagines ya estaré aquí dándote mimos.

— ¿Por qué aceptaste trabajar de noche? —Pregunte, probablemente con un puchero en mi rostro. Samuel sonrió y besó mi mejilla para luego envolverme en sus brazos en un cálido abrazo. No pude evitar esconder mi cabeza en su cuello e inhalar su perfume.

— ¿Te he dicho que te quiero? —. Asentí repetidas veces, sintiendo como un escalofrío recorrió mi espalda al haberlo susurrado en mi oído. —Pues jamás lo olvides.

Se separó de mí, sólo un poquito, para unir sus labios con los míos es un tierno beso de despedida.

-Yo también te quiero —. Susurré al separarme de él, y lo decía de corazón, realmente lo quería.

Y sí. Mi vida había cambiado mucho en estos 10 meses que habíamos escapado de Silvia, ella no nos había buscado, o nosotros no tuvimos la fortuna de tomarnos con ella en nuestro camino. Samuel llevaba 5 meses trabajando de noche, y me sorprendía su resistencia, según había oído, trabajar de noche era lo más duro para una persona. Pero a Samuel no parecía preocuparle, y eso me preocupaba a mí.

De nuevo comenzaron las sospechas, de nuevo comenzaron las mentiras, Samuel ya no dormía en casa. Seguía diciendo que tenía mucho trabajo, pero yo sabía que mentía, él mentía.


Y yo había encontrado una cámara en casa.
 (click para escuchar canción)

Ese viernes decidí ir a buscarle, seguirle hasta su “trabajo” y saber que tramaba. Le seguí a mitad de la noche, esa fría noche, tenía miedo. Por una parte no sabía a qué me enfrentaría, o tal vez si, sólo que mi corazón negaba la idea. Por otra parte, había dejado a Zeus sólo en casa, cosa que era muy de mucho riesgo tomando en cuenta de que el pequeño no era nuestro hijo.

Samuel seguía caminando, mientras a unos 5 metros, o quizá menos, yo le iba siguiendo el paso. Mi corazón latía a mil palpitaciones por segundo, ese horrible presentimiento estaba ahí, y no sé iba. Algo dentro de mi gritaba “Detente, no sabes el daño que te harás si sigues” pero otra parte me gritaba que continuará, que ignorar a esa parte que quería detenerme, mi corazón.

Samuel giro en la próxima calle, perdiéndole de vista unos segundos, dejando de escuchar sus pasos en la mojada acera. ¿Cuándo había comenzado a llover? Ni yo lo sabía, no lo había sentido, estaba tan concentrado en seguir a Samuel que no me importó empaparme esta los huesos.

Cada vez me acercaba más al final de la calle, debía ser precavido, si Samuel estaba al girar la calle, y me veía, me haría preguntas las cuales no tenía respuesta.

Finalmente gire.

Un letrero brillante con las letras en color rosa fue lo primero que me topé, HOTEL.

¿Un hotel? ¿Pero que hacía Samuel en un hotel? Porque debo suponer que él había entrado, no le vi ir a otra parte. Un momento… ¿Silvia? ¿Por qué se están abrazando? ¿Por qué le está susurrando cosas al oído y ella sonríe y se sonroja? Esto no podía ser real, tanto tiempo escondiéndonos de ella, tantas noches sin poder dormir, tanto miedo, ¿Todo fue falso? Todo. Siempre. Y hasta hoy me di cuenta, hasta hoy cayo esa venda que estaba en mis ojos impidiéndome ver la realidad de las cosas, por tercera vez, él me había engañado.

Y esta vez no se iba a quedar así; pero no sabía qué hacer.

Me quede simplemente me quede observando como la recepcionista les entregaba algo, seguramente las llaves de su habitación, agradecían y se iban juntos hacia el elevador, entraban en el y cuando giraron y las puertas estaban por cerrarse, me vieron. Juraría que la quijada de Samuel cayó hasta el piso. Detuvo las puertas, pero antes de que lograra ver qué pasaba, hui de allí. Corrí, corrí como nunca había corrido en mi vida, era de noche, estaba lloviendo, así que no había “peligro alguno” que pasara y me arrollara, pero aun así no me importaba, quería morir en ese instante, quería morir. ¿Por qué simplemente no me moría ya?

Y como si mi cuerpo me hubiera respondido, me detuve a mitad de la calle, Samuel había insistido muchas veces es comprar esa cosa que odiaba tener en casa, esa arma que nos serviría en caso de que ella apareciera. Esa misma que estaba sobre mis manos ahora, apuntándome a la cabeza.

Cerré los ojos.

Un sonido.

Todo se volvió oscuro.

El sonido de la voz de Samuel llamándome, era lo único que escuchaba una y otra vez, oh dios, ¿Por qué me tuve que enamorar de él? Sabía que él me haría daño desde el momento que nos casamos, desde esa vez sabía que mi vida cambiaría para mal. ¿Por qué fui tan tonto? Me mintió una vez al decirme que me amaba en aquel hotel, haciéndome parte de su repugnante mundo, siento como si me hubiera dado la bienvenida a ese horrible mundo. Me mintió por segunda vez al decir que me amaba y no contarme la verdad sobre su mundo, sintiendo yo la necesidad de incluirlo en mi mundo, ese mundo de dolor donde tu propio amor te puede destruir. Y me mintió por tercera vez al decirme que al tener a Zeus en nuestro mundo las cosas cambiarían. Donde esto sería diferente, donde seriamos felices los tres, pero él siempre tuvo otros planes. Siempre tuvo otros planes.

Guillermo abre los ojos.

Ojala…

Guillermo despierta.

Todo…

Vamos cariño, es hora de desayunar.

Hubiera sido un sueño.

—No me obligues a despertarte a besos.

Y los abrí.

Me costó un poco acostumbrarme a la luz del día que entraba a la habitación, anoche olvidamos cerrarla.

Samuel me miraba con su hermosa sonrisa, se veía visiblemente rejuvenecido, como si estos últimos 3 años no hubieran pasado en él, como si aún estuviéramos en ese hotel el día que nos casamos. Como aquel día que nos habíamos entregado al otro. Como si todo hubiera sido un sueño.

— ¿Cómo dormiste? —Preguntó sonriendo, se le veía relajado.

—¿Samuel? —Alce mi mano, acariciando su rostro, era él.

—¿Te sientes bien? Te ves algo pálido. Si quieres puedo llamar a recepción y nos traigan el desayuno a la habitación, por mí no hay problema.

—¿Habitación? —Quite a Samuel, apartándolo a un lado y me senté, paredes cafés, una gran cama y nuestra ropa por todo el suelo. Estábamos en la habitación del hotel, el hotel donde fue nuestra boda.

—Me estas preocupando, ¿Tuviste un mal sueño?

—¡Samuel! —No puede evitar lanzarme a él después de ese grito, eso había sido, un mal sueño, todo había sido un sueño. —Por favor, dime que no eres parte de un retorcido show de internet donde nos grabaran todo el día, por favor dilo.

—¿De eso iba tu sueño? Claro que no Guillermo, no soy parte de ningún show. —Su tono de voz sonaba divertido, pero sobre todo sincero. —Sentí sus brazos rodeándome más fuerte, no fui consiente cuando comencé a llorar y él me acariciaba la espalda para calmarme, todo había sido un sueño.

—¿Te sientes mejor? — Asentí, limpiándome las lágrimas — Entonces vamos a desayunar.

[…]

Samuel charlaba con el guardia de seguridad del hotel de manera animada mientras yo encendía mi portátil, sentía que esto era un sueño, que este si era realmente un sueño, aún estaba en shock por todo lo que había sentido, era todo tan real.

El ordenador se encendió y cuando logre que se conectara al WiFi, entre a Google y teclee “Bienvenido a mi mundo, Guillermo”, el resultado me sorprendió.

“No hay resultados de búsqueda para “Bienvenido a mi mundo, Guillermo".