diciembre

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Capaz que mi mente haya creado la imagen de que soy alguna clase de horrible monstruo que, siendo olvidable y prescindible, no sabe ni quiere saber sobre querer y ser querido. Que si sale de la vida de alguien, su huida no dejará marcas, ni huellas, ni polvo.
Lo que pasa es que tengo bastante asumido que las cosas son temporales. Los compañeros, las amistades, las relaciones. Todas tienen fin, justamente porque nada es eterno.
Por eso mismo quiero intentar disfrutar lo que tengo.
Aprovechar el tiempo. 
Obligarme a salir de la comfort-zone.
Dejar de esperar el momento indicado ~que escrito sea de paso, no existe~.
De obligarme a atravesar mis malditos miedos, que me gritan que no merezco ser feliz.
A poder hacerme creer, aunque de a ratos sea, que sí soy suficiente.
Que puedo contar conmigo misma.
Que puedo confiar en mis alas cuando las ramas estén por quebrarse. Que a pesar de todo,
tal vez sí deje huella al marcharme.
—  Vigésima vuelta al sol ~ Juego de palabras