diarios argentina

Ayer estuve viajando en subte, y esta chica maquillada como payaso y con un particular vestido rojo y blanco, comenzó un monólogo muy lindo.
Primero empezó a decirle ‘chau’ a todos los pasajeros porque ella se iba a un lugar distinto. Algunos la miraban mal, y otros le sonreían de vuelta. Yo le sonrei, porque fue imposible no hacerlo.
Su monólogo fue sobre irse, dejarlo todo y viajar (o salir del lugar en donde estamos) para hacer lo que de verdad amamos. Para hacer todo lo que nos hace felices.
Después tocó una canción, que no recuerdo mucho, pero también era sobre animarse a hacer lo que nos hace felices. Cuando terminó, nos deseó un feliz viaje a todos (se refería al viaje en subte, y al viaje que tendríamos que hacer para ser felices) y siguió sonriéndonos a todos.
Con esto me dí cuenta de que mucha gente está centrada en su mundo, y sus problemas, y a veces no sabe apreciar las pequeñas cosas buenas que todavía existen. Son escasas, pero existen todavía. Como esta chica, su sonrisa llena de calidez humana, y su monólogo sobre ser libres.
Todos deberíamos dejar de preocuparnos tanto por nuestros problemas y apreciar un poco las pequeñas cosas buenas, porque, si no lo hacemos, algún día se van a terminar. Si no les prestamos atención, las buenas acciones, pierden su esencia.

«Es evidente que se aman. Lo que me enerva es cuando defienden el concepto de amor a los gritos. Me dan ganas de gritar obscenidades. ¿Y si yo, en el fondo, fuera una moralista? Me gustaría mucho. La gran imbécil, siempre quiere ser algo. Conocí a un chico encantador. Esta noche, seguramente, pensará en mí. Prueba de mi autodestrucción. Deseo que me torturen. ¿Y por qué me torturan? Porque me tratan con naturalidad, como a un simple ser humano, un poco fastidioso, con cierta bondad, pero al que es preferible ver lo menos posible. La dulce niña, la hija de puta. Tiene miedo. Tengo miedo.» 

 — Alejandra Pizarnik, Diarios

nunca vas a saber,
mi amor,
cuanto amor me costó dejarte ir.
nunca vas a saber,
cuanto costó dejar ir
todas las historias,
todos nuestros sueños
que hoy solo siento míos.
no sabes
todo lo que me costó
mirar para otro lado
mientras me daba cuenta que te perdía
y que en eso
ya no había nada por hacer.
sonreír
mientras por dentro
me dolía todo.
triste corazón
aquel que siente,
la partida de alguien que amó.

4 de abril de 2017

La cita organizada por mí fue completamente diferente. Inicialmente pensé en llevarla al Salón Pueyrredón porque tocaba una banda que quería ver, pero me pareció que iba a ser un impacto muy fuerte llevarla ahí, teniendo en cuenta su status social. Sí, estoy prejuzgando. Estoy segura de que cualquiera en mi posición lo haría.

Decidí llevarla al Matienzo que es un club cultural bastante digno, con gente que tiene una buena obra social, pero que le gusta mostrar que toman cerveza barata. Sí, de nuevo estoy prejuzgando. 

Fui en bondi hasta la casa y toqué timbre. Cuando bajó estaba despampanante. Tenía un vestido negro, corto y ajustado. Unos zapatos con taco que no me cerraba cómo podía caminar con eso. Yo, por mi parte, estaba con unas zapatillas, una remera arreglada y un jean. De nuevo, no nos vi ni un poco compatibles.

Cuando la vi así tuve mis dudas de llevarla al Matienzo porque sentí que iba a desentonar y se iba a sentir incómoda. Decidí ir igual para que conozca más “mi entorno”. Pagué yo la entrada de las dos y casi me quedé sin guita. No se lo dije, pero me empezó a subir un calor a la cara de la vergüenza bastante grande. 

Nadie la miraba mucho. Claramente desentonaba, pero nadie se percataba en ella. El lugar estaba lleno de chicos con bigotes, bermudas y camisas de muchos colores. Las mujeres eramos más heterogéneas. 

- ¿Qué es un eco vaso?- me preguntó
- Es así: vos comprás tu bebida y pagás por el eco-vaso. Cuando te vas, lo devolvés y te dan la plata de nuevo
- Ah

Subimos a la terraza y comimos algo. La conversación iba genial. Teníamos química. Pagamos a medias y ya me estaba quedando sin plata. Recorrimos un poco el lugar, ella decía que le gustaba y después nos metimos en esa especie de galpón del fondo a ver a la banda. Ya ni recuerdo cuál era. Me pidió si le compraba un Fernet. Ahí me di cuenta que no me alcanzaba para uno. Me dio su eco-vaso, me abrí entre la gente y me fui a la barra. Le pedí por favor al barman que me regale lo que me faltaba para pagar el vaso completo y le conté la situación con La Médica. Me dijo que no podía, que lo comprometía. Me apoyé contra una pared y me quedé pensando en qué le iba a decir. Mirándome las zapatillas me di cuenta de algo: había muchos eco-vasos tirados en el piso. Cada uno de ellos representaba $20. Me agaché y los empecé a juntar. Con todos esos vasos me alcanzaba para su Fernet y casi uno para mí. Así que empecé a caminar mirando el piso hasta que encontré dos vasos más. Fui a una barra, los canjeé y después me fui a otra a comprar los dos Fernet.

Volví a ella con una sonrisa y dos vasos repletos de Fernet. ¿Cómo no se me había ocurrido antes?

- ¿Por qué tardaste tanto? 
- Porque había mucha fila
- Te extrañé- dijo y me dio un beso

Besaba bien. Tenía todo. Me encantaba. Volvimos a mirar por el escenario con nuestros brazos rozándose. Cada tanto, la miraba, le agarraba la cara y nos dábamos un beso largo. Me pidió otro Fernet. Debe estar acostumbrada a salir con gente con buenos sueldos, pero a mí me estaba partiendo al medio. Le dije que ya volvía y me fui en busca de más vasos. 

Ya había juntado la mitad cuando escucho su voz atrás mío
- ¿Qué estás haciendo?

Me di vuelta y la vi con cara de confusión. 
- Emmm…nada
- ¿Estás juntando los vasos?
- No…
- Jimena
- Bueno, sí. La verdad es que no tengo tanta plata como vos y me quedé sin hace un rato largo. Entonces me pongo a juntar vasos para poder pagarte la bebida. Perdón, me da vergüenza, pero no tengo más guita

Se me quedó mirando en silencio. 
- ¡Mirá, ahí en la barra hay uno!- señaló y lo fue a buscar. - Listo, acá tenemos uno más. ¿Cuánto nos faltan?

Me quedé mirándola sin entender y me dijo que no se había dado cuenta, que perdón y que lo iba a tener en cuenta para la próxima. Nos pusimos a buscar vasos juntas. Tomábamos, nos besábamos y buscábamos más vasos. Estuvimos así toda la noche. Después nos fuimos a su casa.

¿puedo acostarme
al lado tuyo?
no hace falta que nos queramos,
no hace falta hablar de amor
yo solo quiero quedarme ahí,
al lado tuyo,
o mejor,
entre tus brazos,
sintiéndome protegida,
cómo aquella primera vez
en que realmente te amaba
con todo mi corazón,
aunque sea solo por un ratito.
¿puedo acostarme
a tu lado?
y pretender,
que nada de lo que pasó fue real,
ni las heridas
ni el dolor.
¿podemos fingir
que todavía nos queremos
y nos sentimos completos?
¿podemos fingir que el mundo
no es un lugar tan horrible?
si querés,
yo te abrazo,
así se te va el dolor.
y si querés,
te preparo un café,
con dos de azúcar y
sólo un poco de leche,
justo como te gusta,
o te gustaba,
cuando aún te amaba.
si me dejás,
me acuesto al lado tuyo
y te miro tus pequitas,
chiquitas,
las de tu nariz
mientras por dentro pienso
en lo lindo que sos
y en cómo
algo tan lindo puede lastimar tanto.
dale, no seas tímido
y dame un beso (o mil),
tírate encima mío,
no hace falta estar enamorados para hacer el amor
y yo,
justo ahora,
te quiero tener así.
entonces,
¿puedo acostarme a tu lado?
te perdono todo,
solo quiero eso.
a decir verdad,
nunca pedí mucho más
solo quería que me quieras bien,
cómo lo necesitaba.
no fue tu culpa,
ni la mía,
cada uno quiere como puede.
ya fue,
acostate,
charlemos por hoy
mirando el techo.
hagamoslo ahora,
que el dolor pareció ceder,
antes que sea muy tarde.
porque mañana
seguramente
te vuelvo a odiar.
pero a pesar de todo,
si querés,
si todavía me querés,
podés quedarte a dormir.

24 de abril de 2017

La Médica es divertida, simpática y definitivamente hermosa. Pero no puedo imaginarme con ella. Si me siento medio sarpada en llevarla a un centro cultural es porque no vamos juntas.

Es algo que lo tuve siempre presente, pero que me di cuenta con claridad el mes pasado, cuando me llevó a una fiesta con sus amigos. Le pregunté si era formal y me dijo que no. Así que me calcé unos borcegos, unas calzas, una pollera y una remera normal. 

Nos encontramos en una esquina de Belgrano y me saludó con un beso en la boca (raro, teniendo en cuenta que es muy reservada. Y con reservada, me refiero a que no hace demostraciones de cariño en la vía pública porque sólo saben de su sexualidad algunos amigos, es decir, pseudo enclosetada). Yo había ido en bondi y ella ya había estacionado el auto. Aclaro que no estoy diciendo que dos personas de diferentes situaciones económicas no puedan estar juntas; sólo marco muchas diferencias que a la larga se hacen algo grande.

Fuimos caminando hasta la casa de su mejor amiga. Ella estaba radiante. Tenía ganas de darle la mano y que se sienta segura conmigo, pero me contuve. Le dije que me gustaba mucho. Eso no me lo contuve. Caminaba rozándole la mano. Un poco me divertía, pero también me molestaba estar con alguien que no se quiere mostrar conmigo (por el motivo que fuera).

Llegamos a la casa de Natalia, su amiga, y estaban todos muy arreglados. No sé cómo explicarlo. No era una previa con amigos como las que estoy acostumbrada. Era un cocktail con gente bien. Parecía un evento empresarial. Y ahí estaba yo, con mis borcegos y mi remera, sintiéndome pequeñita. Ella se dio cuenta y me preguntó si estaba bien, pero como no quería hacerla sentir mal, sonreí y dije que todo bien.

Toda la noche sentí un nudo en el estómago. Quizás tomé un poco de más. Quizás no fue el mejor ambiente para sacar un porro y un poco me miraron mal. Quizás ella también se sentía incómoda y no lo quiso decir. Quizás ella también se estaba dando cuenta que no somos compatibles. No lo sé. Lo único que sé es que esa noche me sentí como la mierda.