diarios argentina

Todavía tengo los labios pintados

Soñé que dormíamos juntos en el colchón de una plaza de una pensión a falta de lugar. También era invierno. Desiderativo, ¿no? El carnaval estuvo bien, a mis tíos les pasó la pija por la cara un amigo que va en bombacha y corpiño todos los años. Siempre va cambiando el conjunto y se pone una vincha a tono. Se mueve como un timbal, tira besos y es pura fibra, tan hermosa. En el pueblo se sabe que fuera del corsódromo también, pero mis tíos y los amigos no dicen nada y se ríen de “lo bien que le sale hacerse el puto”. Yo me di cuenta allá por 1998, de que a mis tíos les gusta la pija en la cara todos los veranos, digo. A veces lo veo frotar la tanga contra el vallado y quiero decirle que yo también estoy esperando una ocasión para ser libre. Que todas las madrugadas me despierto transpirada de imposibilidad, anaranjada y latiendo. Pero no quiero ponerme emo y arruinar esto también.

03 de julio de 2016

Escribí sobre la masacre de Orlando y no lo publiqué. Escribí sobre el Día del Orgullo y no lo publiqué. Las dos veces porque me sentía un poco cara dura escribiendo sobre algo tan serio siendo tan chica y supongo, tan poco curtida en la vida.

Estuve reflexionando mucho sobre esas dos fechas. La masacre de Orlando me dejó muy mal. Iba a viajar a mi pueblo el fin de semana siguiente, pero la verdad que recordar la conversación que tuve con mi abuela cuando le dije que era torta, sumado al dolor que me provocó que entraran unos hijos de puta a disparar en un boliche gay era demasiado para mí.

Se burlaron de mí, me discriminaron, mi abuela me rechazó, mis papás y algunos amigos me abrazaron. Todo por ser como soy. Porque me gustan las mujeres y decidí decirlo, no ocultarlo. Pero, ¿qué pasa cuando la contención que tuve no la tiene una persona que también la necesita? ¿qué le pasa por la cabeza a un chico o chica de 14 años a los que les dicen que ser homosexual es pecado y que está mal? ¿cómo sanás ese dolor? ¿cómo le explicás que si sigue adelante, el dolor va a pasar y que todo va a estar bien? Porque si vos estás leyendo esto, en el lugar del mundo que estés, quiero que sepas que todo va a mejorar. Que toda la violencia que te hicieron sentir y que sentís, va a pasar. Por cuando crecés las cosas mejoran. El mundo sigue siendo una mierda, eso es verdad. Pero cuando crecés, salís a la vida, conocés gente con la mente abierta y te das cuenta que no es tan malo como cuando eras chico.

Cuando somos chiquitos creemos que a nadie más le pasa lo que nos pasa a nosotros y que nadie nunca nos va a entender. A todos los que estén pasando por esa situación quiero decirles que somos muchos los que los entendemos y que estamos ahí para bancar.

Ayer me estaba dando un beso con una chica en una esquina y desde un auto nos gritaron “tortas de mierda”. No me importó porque ya estoy acostumbrada. Lo que me esperanzó es que los que estaban parados al lado nuestro para cruzar la calle, les empezaron a gritar de todo y después giraron para ver si estabamos bien. 

Cada vez hay más personas que nos defienden, cada vez tenemos más aliados. No tenemos nada malo y cada vez más personas lo entienden. Me fui a dormir con una sonrisa por eso. La lucha continúa.

Ayer estuve viajando en subte, y esta chica maquillada como payaso y con un particular vestido rojo y blanco, comenzó un monólogo muy lindo.
Primero empezó a decirle ‘chau’ a todos los pasajeros porque ella se iba a un lugar distinto. Algunos la miraban mal, y otros le sonreían de vuelta. Yo le sonrei, porque fue imposible no hacerlo.
Su monólogo fue sobre irse, dejarlo todo y viajar (o salir del lugar en donde estamos) para hacer lo que de verdad amamos. Para hacer todo lo que nos hace felices.
Después tocó una canción, que no recuerdo mucho, pero también era sobre animarse a hacer lo que nos hace felices. Cuando terminó, nos deseó un feliz viaje a todos (se refería al viaje en subte, y al viaje que tendríamos que hacer para ser felices) y siguió sonriéndonos a todos.
Con esto me dí cuenta de que mucha gente está centrada en su mundo, y sus problemas, y a veces no sabe apreciar las pequeñas cosas buenas que todavía existen. Son escasas, pero existen todavía. Como esta chica, su sonrisa llena de calidez humana, y su monólogo sobre ser libres.
Todos deberíamos dejar de preocuparnos tanto por nuestros problemas y apreciar un poco las pequeñas cosas buenas, porque, si no lo hacemos, algún día se van a terminar. Si no les prestamos atención, las buenas acciones, pierden su esencia.