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La razón por la que nos duele tanto separarnos es porque nuestras almas están enlazadas. Quizá siempre lo han estado y siempre lo estarán, quizás hemos vivido cientos de vidas antes que esta, y en cada una de ellas nos hemos encontrado.
—  El diario de Noah.

- ¿Te quedarías conmigo?

- ¿Quedarme contigo? ¿Para qué? Míranos, ya estamos peleando.

- Pues, eso es lo que hacemos. Pelear. Tú me dices cuando soy un arrogante y yo te digo cuando eres una pesada insoportable. Lo cual eres, 99% del tiempo. No me importa lastimarte. Me lo devuelves al instante y regresas a hacer la misma fregada.

- Entonces ¿qué?

- Así que no será fácil, será difícil. Y tendremos que echarle ganas cada día, pero quiero hacerlo porque te quiero. Quiero todo de ti, para siempre, tú y yo. Cada día. ¿Harías algo por mí? Por favor imagina tu vida. 30 años desde hoy. 40 años desde hoy. ¿Cómo se ve? Si es ese tipo pues vete, ¡vete! Te perdí una vez, creo que podría hacerlo de nuevo, si supiera que es lo que realmente quieres. Pero no tomes el camino más fácil.

- ¿Cuál? No hay manera fácil, no importa lo que haga, alguien se lastima.

- Deja de pensar en lo que quiere todo el mundo. Deja de pensar en lo que quiero yo. En lo que quiere él o en lo que quieren tus padres. ¿Qué quieres tú?

Pero si no volvemos a vernos y ésta es una verdadera despedida, sé que nos reencontraremos en otra vida. Volveremos a encontrarnos, y aunque las estrellas hayan cambiado, no nos amaremos sólo por esa vez, sino por todas las veces anteriores…
—  El diario de Noah.
En ese momento me di cuenta de que el anochecer es solo una ilusión, porque el sol sigue estando presente, ya sea por encima o por debajo de la línea del horizonte. Y eso significa que el día y la noche están unidos como muy pocas cosas lo están; no pueden estar el uno sin el otro, pero tampoco pueden existir a la vez. Recuerdo que pensé: “¿Cómo debe de ser estar siempre juntos pero al mismo tiempo separados?”
—  Diario de una pasión.