diario de un genio

Como no consigo compartir ninguna de sus “fingidas” estupefacciones, les digo que nada de lo que se produce en el universo me sorprende, lo cual, por otra parte, es la pura verdad. Entonces, uno de los barceloneses, un relojero muy conocido, no ha podido aguantar más y me ha dicho:
- ¿Que nada de todo eso le extraña? Bueno. Pero imagínese sólo por un instante una cosa: es medianoche y se insinúa en el horizonte un resplandor anunciando la aurora. Usted, lleno de curiosidad, fija la vista en este fenómenos y, de pronto, ve aparecer el sol. ¡A medianoche! ¿No le extrañaría eso?
- No -respondo-, no me extrañaría en lo más mínimo.
El relojero barcelonés exclama:
- ¡Pues a mí me extrañaría muchísimo! Hasta el punto de creer que me he vuelto loco.
Ha sido en este momento cuando Salvador Dalí ha dejado caer una de esas respuesta lapidarias de las que únicamente él conoce el secreto:
- ¡Pues a mí me sucedería todo lo contrario! Creería que es el sol el que se ha vuelto loco.
—  Salvador Dalí. Diario de un genio. (1956. Septiembre. El 2).