destendida

Mejor la cama destendida
que tu ausencia a mi lado,
mejor sus besos
que tu nombre en mi boca.
Y yo primavero y otoño
en menos de una hora.
Mientras la conozco se va uniendo a mi olvido.
Esto es un tornillo, una espiral, un ciclo;
esto de no tenerte y buscarte en pechos desconocidos,
en un nombre que no recuerdo,
en un vientre al que no vuelvo.
Es un punto más a la lista de fracasos
que guardo en el cajón,
junto a tu recuerdo.
—  Edel Juárez.
Dreams.

Subí las escaleras, llegué a su habitación del segundo piso y la vi sentada en su cama, tenía medias veladas hasta un poco más arriba de la rodilla, un sweater azul el doble de ancho que su cuerpo y su hermosa pañoleta vino tinto adornando su cabello, todo estaba desorganizado y las cobijas destendidas, entré, cerré la puerta y me senté en el suelo apoyándome en la pared al frente de ella para poder contemplarla mejor, siempre creí que era arte hecho persona y como bien saben todos, el arte era lo que me cautivaba desde pequeño. Fumamos narguile con poca luz y música de fondo, agarré su mano blanca, la puse de pie, quité su pañoleta y tapé sus ojos –¿Qué haces? Dijo riéndose. –Nada que no quieras, contesté con voz baja. Le di media vuelta y pegué sus muslos a mi cuerpo para bailar despacio mientras besaba su oreja, luego su cuello, después la nuca, se soltó de mí y ahora fue ella quien agarró mi mano para llevarme a su cama, se acostó y yo desde arriba le quité el sweater notando que no llevaba ropa interior, pasé saliva, sus piernas eran abultonadas y con piel tersa, sus caderas anchas, su abdomen plano con un ombligo cerrado, sus pechos eran redondos y tenían el tamaño indicado, no podía creer que estuviera en frente de semejante escultura tan perfecta, me acerqué a su boca y la besé, en ese momento sentí un cosquilleo en mis labios que no sabría cómo describírselos, sólo puedo decir que jamás lo había sentido, que grandioso cielo el que había probado en ese momento, me abrazó y susurró -Quédate aquí, conmigo- Vi sus ojos tornarse de marrón claro a negros, Y desperté.

 Eran las dos dela madruga, llegue como siempre llego; con más alcohol del que debería,un par decigarrillos arrugados en mi bolsillo derecho, un encendedor en el izquierdo,llegue con elcansancio tatuado en los parpados y con ojeras que decoran el borde de mis ojos,Llego a la puerta, las manos me tiemblan por el alcohol o por lo fría que resulta la madrugada, meto la llave en la cerradura, le doy un par de vueltas la abro,paso, pero los bombillos están todos apagados, yo no los deje así, camino por el pasillo,las puertas de las habitaciones están abiertas, mi cama desarreglada, la sábado por un lado, las almohadas por el otro, el vaso viejo estaba lleno de whisky ya no lo está, estaba en la mesa de mi cuarto, ahora está en el baño, me regreso al pasillo, pero me detengo, me quedo quieto y entre la oscuridad veo como sale su silueta de las pares, camina delante de mí, yo la sigo, la sigo hasta a la sala, desaparece, tomo una silla, me siento, el un cigarro de mi bolsillo derecho, el encendedor del izquierdo, meto el cigarro en mi boca, lo prendo, escucho su grito a lo lejos, pero me hago sordo, no podrá conmigo, escucho pasos por el pasillo, se acerca, siento un beso en el cuello el carmín el adorna la posición de mi yugular, me acaricia la espalda, siento como sus dedos fantasmales, recorren mis espalda, repentinamente para,  en la oscuridad de la casa veo como una silueta, del suelo se alza, justo frente a mis ojos,  la silueta sube, coge forma, estructura, aspecto. Baila frente a mí, quiere que la vea, le doy la ultima calada al cigarro, me paro, la dejo bailo, y grita, no quiero que siga, pero todas las noches la pesadilla es la misma, su ausencia toma vida, camino a mi cuarto, ya estoy cansando y hediondo a cigarro, ella me sigue no se cansa, me llama, pronuncia mi nombre, rompe el silencio yo sigo caminando,  se desvanece, llego a mi cuarto, me encierro, me acuesto con la cama destendida, ella sale de las paredes, se desnuda, se tira a la cama con lujuria, me acaricia la espalda, yo la ignoro, intento conciliar el sueño, pero en eso, justo en ese momento, amanece, el sol penetra las ventadas, invade la casa y ella desaparece.  

Accidentally In Love | One Shot

Sumario: Louis despierta con una resaca para morirse y un certificado de matrimonio de un chico que jamás había conocido.

Notas: Esta historia fue originalmente escrita por Star55, puedes consultar el post original aquí.

Este one shot fue traducido por una de las chicas que se unió al blog, lamentablemente Annalisse tuvo un problema con su computadora y le será imposible estar colaborando por un buen tiempo. Sin embargo decidió compartir la traducción que envió para unirse al blog. Todo el crédito de traducción a ella, la corrección de estilo corrió por mi cuenta. Apreciamos mucho sus likes, reblogs y comentarios :) -Mery

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Que él se amarre los zapatos mientras está cambiado, listo para irse y yo… yo le observo desde la cama destendida, semi desnuda, con una sonrisa en los labios y la pereza más dulce que jamás pude haber sentido antes. “Lindo día amor, hoy a mí me toca descansar. Nos vemos a la noche. Te amo mucho” susurro y él sonríe, se agacha y me da un beso en los labios. No son necesarias las palabras. Es el cuadro perfecto.  DDC

Poema numero tanto

Llueve.
No tengo mas que decir.

(la verdad que si)

Quiero tus brazos
alrededor de mi cuerpo
tu cama debe estar calentita
la mía solo esta destendida. 

CAPÍTULO I

Mis parpados se abrieron de golpe al escuchar la ruidosa alarma de mi despertador situado en la mesa de noche junto mi cama. Estiré mi brazo izquierdo para desactivar el reloj digital, enfoqué mi vista hacia los números en la pantalla, marcaban las 7:00 am. Mi cara aplastada contra la almohada, mis ojos ardían debido a mis pocas horas de sueño, mi estómago se sentía vacío por no cenar la noche anterior, mi cabeza palpitaba por el dolor como nunca lo había hecho, tal vez, porque bebí como nunca lo había hecho.

        No pienses mal, a mis dieciocho años, no soy una de esas chicas que siempre tienen que ser sacadas de las fiestas a rastras por sus amigas al no poder caminar debido a las copas de más, pero el festejar, me era inevitable. Había terminado la preparatoria, y en unas semanas estaría en la universidad.

        La celebración fue en casa de mi amiga Sussana. Sussy, como le gusta que la llamen. Sus padres estaban con su abuela en San Diego, así que su casa era un mar de chicos y chicas recién graduados (la mayoría ebrios) bailando arriba de las mesas, arrojándose a la piscina disfrutando el inicio del verano, su último verano en casa. Jugando competencias donde el que bebiera más cerveza, ganaría, —adivinen— más cerveza.

        Después de la media noche, todo es algo borroso. Recuerdo a Amanda, con su pelirrojo novio desde la secundaria, Teddy, besándose en un rincón sin pudor alguno; Elías, derrumbado en un sofá con su cara llena de garabatos y dibujos obscenos con un plumón permanente negro; Sussy, la dueña de la casa, yendo de un lado a otro repartiendo tragos de tequila; y yo, moviéndome al ritmo de la música bebiendo de una botella de no sé qué, con Sam. Samuel, mi mejor amigo, y el culpable de que terminara en la piscina arruinando mi maquillaje, y perdiendo un pendiente en forma de pequeña perla color dorado, los cuales eran mis favoritos.

         Todos los invitados comenzaron a irse poco a poco, hasta quedar solo Sussy, Sam, Elías, (quien ya había tratado de limpiar su cara), Amanda, Teddy, y unos cuantos más, todavía con ánimos de seguir, y aquellos que no se podían ni levantar del suelo. Recuerdo vagamente estar recostada en la orilla de la piscina con mis pies masajeándose dentro del agua fría, escuchar música y personas conversando a lo lejos, y Sam a mi lado, tal vez contándome la historia de su vida, no es que ya no la conozca completa. Tal vez relatándome alguna anécdota de una de sus tantas ex-novias. Como sea, lo que me haya estado relatando, no se encuentra ahora en mi memoria.

        Eran casi las 4:00 am cuando Zac, hermano de Sam, estacionaba en la acera frente a mi casa, me imagino que la borrachera ya había pasado un poco, ya que lo recuerdo. Cuando Sam y yo bebemos un poco de más, él no puede conducir, y yo no tengo auto, así que Zac es el encargado de llegar en su brillante y nuevo Jetta color gris —que cuida con su vida— para dejarme en casa sana —en lo que cabe— y salva.

        Solo han sido un par de ocasiones. Zac conduce a la velocidad de las tortugas y da algunas vueltas antes de llegar a mi casa, cree que no me doy cuenta. Me imagino que lo hace esperando que me recupere un poco y no caiga en mi casa quebrando algún jarrón y despertando a mis padres. Sam estaba en el asiento del copiloto, adormilado y riéndose de mí por culpa de su tonto hermano mayor. Unas cuadras antes Zac frenó el auto para contestar un mensaje en su celular — ¿quién llama a esa hora?—, e hizo que mi cara golpeara el asiento. Juraría que sus carcajadas despertaron a mis vecinos.

        —Deja de reírte —grité —, y abre mi puerta.

        —Espera —contestó Sam empujando la puerta son su hombro —. Esta puerta no sirve, no puedo abrirla.

        —Tal vez si le quitaras el seguro, pudieras —dijo Zac. Me hizo reír aún más fuerte que ver mi maquillaje embarrado en el respaldo del asiento de su auto.

        Sam salió, abrió mi puerta mientras se dejaba caer en el suelo. Me bajé del auto y pisé el frío pavimento, el suave viento provocándome escalofríos por mi cabello húmedo pegado a mi espalda, mis zapatos altos en una mano y mi bolso en la otra, cerré la puerta con mis caderas.

        —Adiós, Zac —dije asomando mi cabeza por la puerta abierta del copiloto.

        —Adiós, Katty —me contestó con una sonrisa, sabe que no me gusta que me llame así.

        Zac tiene 24 años, supongo que siempre me ha visto como a una hermana menor, cuidando de mí, y no recuerdo una sola vez que no me llame Katty. Antes no era problema el que me nombrara así, pero ahora siento un vacío cada vez que menciona ese nombre.

        —No me digas Katty, soy Kate. Katty es de niñas —dije fingiendo molestia.

        Solo se rió y me dio un saludo de despedida con la mano. Me di media vuelta para dirigirme hacia la puerta de entrada cuando casi me tropiezo con Sam, estaba sentado en la acera con sus piernas flexionadas, sus brazos sobre sus rodillas y la cabeza baja. Su pantalón de mezclilla oscuro y camisa de botones color azul marino algo empadados, de lo que espero, haya sido agua. Pensé por un momento que iba a vomitar, pero no tenía esa expresión de asco que hace cuando va a volver su estómago —si lo sabré yo—, más bien era una mirada pensativa. Sus ojos color miel fijos en el suelo.

        —Vete de aquí vagabundo, apestas a alcohol —le dije dándole una pequeña patada juguetona en su muslo.

        —No apesto peor que tú —me contestó sin humor. Parecía molesto. Lo que es inusual en él. Es la persona que más me hace sonreír. Se levantó y subió con su hermano de regreso al Jetta cerrando la puerta detrás de él.

        —Entra —me dijo por la ventana. Algo mandón.

¿Qué diablos le pasaba?

        Caminé hasta los escalones de enfrente, los subí a paso lento, y saqué las llaves de mi bolso. Introduje en la manija la llave incorrecta haciendo que esta se atorara. Después de unos jalones puede sacarla e intenté otra llave, y otra, hasta que la manija giró y la puerta de madera se abrió con un pequeño chirrido. Voltee hacia la calle, Sam me miraba fijamente, le dije adiós con mi mano  derecha y me sumergí en la oscuridad de mi hogar.

        Mi vista estaba en negro, saqué mi celular del bolso y lo encendí para poder guiarme hacia mi habitación. Atravesé por la sala de estar y la cocina hasta las escaleras, las subí tratando de no hacer ruido y no despertar a mis padres. Pasé por la habitación de ellos, después una vacía, hasta llegar a la mía, que está al final del pasillo. Abrí la puerta con mucho cuidado, entré y la cerré del mismo modo. Dejé mi celular y mis llaves en la mesa de noche, aventé mi bolso y zapatos al piso y caí sobre la cama, cerrando mis ojos para perderme en los sueños que me esperaban son ansias.

        Regresando a esta mañana de domingo, no desearía más que dormir hasta tarde y recuperarme de mi resaca, pero no. El deber me llamaba. Mi padre es dueño de una ferretería llamada “Nolan’s” (mi apellido) a unas cuantas calles de mi casa. Cada mes hace inventario de toda la mercancía, y mi mamá y yo vamos a ayudarle, no sé por qué, si él y sus dos trabajadores, (unos chicos de mi escuela un año menor), bien podrían hacer todo el trabajo sin problema. Pero bueno, tenía que ir.

        Utilicé todas mis fuerzas para levantar mi cuerpo de la cama y ponerme de pie. Me dirigí hacia el cuarto de baño, vi mi cara en el espejo encima del lavabo, la cual no podía estar más horrenda, hinchada y con el maquillaje de ojos corrido. Olvidé desmaquillarme la noche anterior, aún tenía puesto el vestido de tela ligera color blanco, manga corta y falda suelta, que me llevé a casa de Sussy.

        Lavé mis dientes, me deshice de mis ropas, arrojándolas al cesto de ropa sucia en la esquina de la pared y entré a la ducha. El agua fría se sintió a gloria recorriendo todo mi cuerpo. Retiré todo el maquillaje de mi rostro con jabón, y masajeé mi cabello con champú. Terminé, puse una toalla en mi cabello, sequé mi cuerpo con otra y puse mi ropa interior. Fui hasta mi armario. Saqué unos pantalones de mezclilla, viejos y desgastados, una camiseta rosa pálido que usualmente uso como pijama y unos calcetines con círculos de colores.

        Puse crema en toda mi pálida piel, saqué la toalla de mi cabello y lo cepillé. Me terminé de vestir, tome mis converse blancos de debajo de mi cama destendida, me los puse y después me apliqué un poco de perfume. Sin maquillaje. Tomé una liga para el cabello de mi tocador blanco y mi celular de la mesa de noche, lo revisé y tenía un mensaje de texto de Sam,  recibido a las 4:42 am. Lo abrí, decía: “Buenas noches. ‘‘

        Sonreí y fruncí el ceño. ¿Buenas noches? ¿Así? Nunca me había mandado nada tan… serio. Usualmente le agregaría caras sonrientes o alguna tontería,  preguntando si nos veríamos al día siguiente, ese tipo de cosas. Decidí ignorarlo. No era la primera vez que me mandaba un buenas noches, después de todo, los mejores amigos hacen eso.

        Salí de mi cuarto y bajé las escaleras hasta llegar a la cocina. Me serví un vaso de agua, busque una pastilla efervescente para calmar las agruras en el cajón de los medicamentos al lado de la estufa. Esas eran mis resacas, dolor de cabeza y agruras. Tomé una pasatilla, la abrí dejándola caer en el agua y esperé que se disolviera para después tomarla hasta el fondo. Mi cuerpo se estremeció.

        Escuché que alguien bajaba por las escaleras. Abrí la nevera y saqué jugo de naranja, tomé otro vaso de la alacena y me serví un poco mientras mi mamá entraba en la cocina terminando de hacerse una trenza en su abundante cabello color chocolate. Sus pantalones a la rodilla, converse y una camiseta  blanca que dice: ’‘Feliz Día de las Madres”, me indicaban que estaba lista para trabajar. Tiene muchas de esas camisas, siempre las usa cuando hará limpieza o algo por el estilo, se las regala mi tía Maggie (su hermana) en, obvio, día de las madres.

        —Hola —me dijo con una sonrisita.

        —Hola.

        — ¿A qué hora llegaste anoche?

        —Temprano —contesté. Mi mamá sonrió y me miró con sus pequeños ojos verde olivo. Ella sabe que el temprano significa tarde.

        —Gracias a Dios que tu papá tiene el sueño pesado —me dijo tratando de hacer una broma. La cual no hizo gracia.

        — ¿Dónde está? —pregunté. Eran las 7:46 am en la pantalla de mi celular, se supone que nos iríamos a las 8:00 para comenzar y terminar por la tarde.

        —Dormido —contestó mi mamá —. Está un poco cansado, irá con nosotras cuando se despierte.

        Típico, pensé.

        —Puedes quedarte si quieres, y dormir un poco más —dijo con voz seria.  

        —No —contesté —. Ya ve levanté y me duché.

        No contestó nada. Notó mi molestia, no era raro que mi papa hiciera eso, pedir nuestra ayuda y él se presentara  horas después. Mi mamá comió un desayuno rápido, cereal de avena, yogurt de fresa y lo que quedaba de mi jugo, mientras le comentaba cómo estuvo la noche anterior en casa de Sussy. Muchas personas tienen el problema de contarle las cosas a su madre, qué hacen, con quién salen, no es mi caso, puede conversar con ella de cualquier cosa. Bueno, casi de cualquier cosa. Me es preferible de esa manera, sin tantos secretos, y pueda tenerme confianza. Además, conoce a todos mis amigos.

        Salimos de casa a las 8:04 am. Abrí el garaje donde estaba la camioneta, subimos y nos dirigimos a la ferretería, con los ánimos de trabajar que cualquier persona tendría un domingo, y a eso le agregamos la resaca. Encendí la radio. Mientras cambiaba de estación, me vino a la mente Sam, no sé por qué.  ¿Qué le pasaba? Solo actuaba de esa manera cuando algo le sucedía. Trataba de olvidarlo, pero no podía.

        Así estuvo, danzando en mi mente durante todo el camino. 

La cama estaba destendida y las sábanas sucias, mi cabello hecho un asco, mi ropa apestaba a tabaco, alcohol y sentimiento de culpa. Yo lloraba, lloraba por haber perdido algo, algo que jamás podría recuperar. No era mi virginidad, eso era lo que menos me importaba. Me acosté con quien juré que no lo haría. Perdí mi dignidad.
—  Noches de soledad, alcohol y otras puterías, Ricardo G.

Recuerdo la penúltima vez que nos vimos, yo iba con una playera negra que dejaba al descubierto mi hombro derecho. Te sentaste junto a mi, me tocaste el hombro delicadamente, marcaste los dos lunares que tengo y me diste pequeños besos, así hasta subir al cuello. Fueron los segundos más eternos de mi vida. Después de esa eternidad, me besaste la frente, las mejillas y me quitaste los lentes. Me dijiste —Ya no llores, todo va estar bien. Secaste mis lágrimas, me pusiste los lentes y me diste un besito en los labios, me abrazaste y compartimos el silencio durante veinte minutos. Me entregaste un suspiro, una carta y mi corazón. Otra vez dijiste todo con tu mirada, sentí lástima por mí, por tu forma de verme. Después de esos veinte minutos limpié mis lágrimas —otra vez—, te vi a los ojos y me sonreíste, no dijiste nada, el silencio se tornaba incómodo, nuestras miradas se esquivaban y el tiempo se agotaba. Me dijiste: —Te veo en cinco días. Yo te respondí: —Mejor mañana a las cuatro, igual aquí. Afirmaste moviendo la cabeza de arriba hacia abajo, —Hasta mañana— dijiste, te dije adiós con mi mano. Caminé con la cara hacia abajo, me di pena en el transcurso hacia mi casa, todos me veían con lástima y preocupación. Fue un alivio llegar, saqué las llaves, abrí la puerta y saludé a mi perro, le di de comer y me di cuenta que no había nadie, ya eran las seis y media y nadie sentía mi ausencia. Subí las escaleras y entré a mi habitación, había ropa por doquier, libros aquí y allá, la cama destendida fue mi guarida para esconderme entre lágrimas y recuerdos, entre tareas y decepciones.

Rubelangel : El acantilado / Capitulo 1

Rubén se encontraba parado en el borde de un acantilado. Era un día nublado y gris, el viento soplaba levemente moviendo sus cabellos, su mirada sin vida se asomaba hacia abajo observando como aquellas olas chocaban fuertemente contra las rocas, cualquiera que lo viera pensaría que trataría de saltar, pero no pensaba en eso, el en realidad no pensaba en nada, solo era como un cuerpo sin vida parado en aquel lugar que frecuentaba ir.

- Haa… - Suelta un profundo suspiro.

El iba a aquel lugar y miraba hacia abajo, pero no para admirar el paisaje, nunca se tomo la molestia de hacer algo como eso. Y como llegó allí minutos atrás, se dio la vuelta para volver de vuelta al camino.

Su caminata era lenta y despreocupada, sin pensar en nada. Caminando por calles poco transitadas pero que poseían sus sonidos, personas hablando, autos pasando, bocinas sonando, perros ladrando. El aun asi todo eso era como si no se escucharan, porque poco le daba importancia, estaba como en su propio mundo, un mundo desde hace varios años se fue acostumbrando a el.

Llega a su casa e ingresa dirigiéndose hacia la cocina, allí había una pequeña nota arriba de la mesa.

“Llegaré tarde, en la heladera hay para cenar, cocínate algo y no te quedes hasta muy tarde despierto”.

Arruga aquella nota y la arroja al cesto de basura. Abre la puerta de la heladera agarrando un refresco y unasfrituras y se dirige a su habitación encendiendo su ordenador y prácticamente allí pasar toda la noche jugando videojuegos.

Bostezaba de sueño y aburrimiento pero le daba igual, el seguía jugando. Su habitación estaba completamente oscura, su cama estaba toda destendida, había objetos tirados en cualquier lado, estantes con libros y videojuegos. Ya siendo tarde, apaga el ordenador y se levanta para alistarse a dormir. Abre uno de los cajones de su escritorio tomando unas pastillas de dormir, allí se encontraba un portarretrato dado vuelta. Lo mira unos segundos sin levantarlo, abre el frasco tomando una pastilla y lo vuelve a colocar en el cajón cerrándolo. Y solo se duerme…

Esa era su rutina, levantarse tarde, ducharse, comer, jugar videojuegos, salir a caminar un rato, volver a casa, jugar videojuegos, dormir… No tenia necesidad de hacer otras cosas, nada le motivaba ni siquiera trabajar a sus veintiún años. Su tia, de la cual se ha hecho cargo de el desde niño, poseía un importante puesto en una agencia de moda y viajaba seguido a varias partes del mundo, por lo que nunca estaba en casa y a Rubén no le faltaba nada.

Al despertar, mira la hora, eran las 2 pm por lo que se levanta y se dirige a la cocina, donde encuentra otra nota.

“Perdón por no despedirme, pero te dejé dinero para que te arregles por estos días, tengo un vuelo a Francia, cuidate y trata de hacer otras cosas, diviértete” .

Esto le daba igual, ya que estaba acostumbrado a estar solo, desde que su tia tomó cargo de el pocas veces la había visto, pero mientras no le faltara el dinero estaba bien por el.

Esa tarde decidió salir a caminar un rato, era raro porque había sol, pero aun así todo era gris para el, intentaba siempre ir por el lado de la sombra, usando un buzo con capucha y caminando con una mirada baja. Pasando sin importancia a todo, su atención se desviaba solo cuando tenía que cruzar la calle.

Y llego a aquel acantilado de nuevo. Al levantar su mirada ve a alguien sentado en el borde del mismo, se quedó unos segundo pensando si darse la vuelta y seguir caminando o aun asi dirigirse allí y pasar por alto a esa persona. Y decidió tomar la segunda opción, ignorar a las personas era una de sus más resaltables cualidades.

Aquel joven que allí se encontraba escucha unos pasos acercándose por lo que no pudo evitar mirar hacia atrás y ver como aquel otro muchacho se paraba a pocos metros de el mirando las olas.

Le pareció un poco curioso pero aun asi este hombre siguió con lo suyo, en sus manos poseía una libreta de dibujos y con un lápiz daba finos trazos dibujando a lo que lo lejos se veía un barco de pesca. El viento soplaba, era una linda tarde y al mismo tiempo silenciosa. Rubén solo se quedaba allí parado mirando y de vez en cuando asomándose más para ver las olas chocar con las rocas.

Aquel extraño le echa una mirada y decide romper el silencio.

- No estaráh pensando en saltah ¿verdá? –Le mira un poco extrañado.

Rubén no contesta nada y solo se queda allí, ignorándole por completo.

- Oye… - se levanta acercándose a el. – Oye!! – levanta la voz de golpe.

Rubén lo mira un poco sorprendido pero vuelve a su mirada fría.

- ¿Qué… qué quieres? – Le contesta con una voz baja y tartamudeante.

- Pareceh que piensas en saltah, ¿estás bien? – aquel extraño le mira ahora un poco más preocupado haciendo que Rubén ahora le mire un poco enojado.

- ¿Por qué haría eso? Solo miro las olas… -

El extraño se siente un poco mas aliviado pero aun asi no deja de pensar que ese chico era un poco raro.

- Pueh etah bien, perdón po molestarte – Este le sonríe, se da la vuelta y se vuelve a sentar siguiendo con su dibujo.

Rubén se queda unos minutos allí y se da la vuelta para volver a su casa. El extraño da una ultima mirada hacia aquel joven mientras se alejaba.

¿Pero quien se cree ese tipo?

Pensaba Rubén mientras miraba al techo ahora recostado en su cama, su momento de perderse de la realidad se esfumó en un instante desde que ese extraño se le dio por preguntar esa tontería.

Pero igual no podía culparle, es normal que alguien llegase a pensar que quisiera saltar, aunque por ahora eso no estaba en sus planes, pero ¿si lo llego a pensar alguna vez?, claro que se le paso por la cabeza alguna vez hacerlo. Pero nunca se lo planteó seriamente hacerlo, algo en el aun se aferraba a seguir viviendo, como un muerto viviente pero viviendo al fin y al cabo.

A el no le gustaba ser asi, pero ya lo había aceptado. Siempre pensaba que si el mismo se permitiera ser feliz, seria algo injusto para ciertas personas que ya no estaban.

¿Entonces se pasaría toda su vida de esa manera?. No lo sabia y no se tomaba el trabajo de pensar en su futuro, era algo que no le importaba.

((( https://www.youtube.com/watch?v=zqSzB_xBmtM )))

Se dirige hacia la ducha, despojándose de sus ropas y dejando que el agua caiga sobre el. Apoya su frente contra la pared y allí se queda como dejando que el agua limpie y se lleve sus angustias, su mano derecha se poza sobre su brazo izquierdo frotando suavemente varias cicatrices de cortes una más profundas que otras. Y saliendo de ese instante de tranquilidad, termina y se dirige a dormir.

- Ya es tarde… - El extraño que allí se encontraba sentado en el acantilado, guarda su libreta y su lápiz en su mochila y se levanta para volver a casa, no sin antes echar una ultima mirada a aquel paisaje.

Su mirada se desvía hacia las olas que chocaban fuerte contra las rocas, pasándosele por la cabeza la imagen del muchacho de hace unas horas atrás.

Dá la vuelta y se marcha del lugar.

- Mira hijo… mira aquel cangrejo – Un hombre iba de la mano con un niño, caminando por una playa.

- Camina de costado! – Dice el niño alegre observándolo con curiosidad.

- Vamos a asustar a mami! – El hombre sostiene divertido aquel animalito y tanto el como el niño se unen en una mirada traviesa.

- ¿Dónde se metieron? – Se acerca una bella mujer sosteniendo su sombrero para que no se lo lleve el viento.

- Bu!! – Gritan los dos acercándole el cangrejo a pocos centímetros de sus ojos.

- Aaahh! – Grita alejándose unos metros – ustedes dos! No se los puede dejar solos que ya andan con sus juegos!

Los dos se rien volviendo a dejar al cangrejo en la arena, a los pocos segundos aquella mujer se une en sus risas.

- No puedo con ustedes en serio. – La mujer mira al brazo del niño – Rubén, mira. – Agarra una pulsera que estaba tirada en la arena – la dejaste caer… - la sostiene colocándosela de nuevo en la muñeca -  ten cuidado, la puedes llegar a perder.

- Ah! Perdón mamá! –

Ella sostiene la mano de Rubén y el hombre sostiene la otra, los tres poseían las mismas pulseras.

Rubén se despierta agitado y transpirado.

- Un sueño… - Coloca sus manos en su rostro, tratando de calmarse.

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Pueh asi empieza el nuevo mini fanfic :B , el anterior fue wigetta ahora le toca a rubelangel *-* . espero les guste ;3

Hoy no.

Hoy no sabes de mí. Desaparecí de tu vida. La cama ya no está destendida. Ya no me encontraras en esta madrugada. La casa ya no olerá a lavanda. Hoy no sabes de mí. Ya no encontraras letras dedicadas a nuestros días. Hoy todo se ha guardado en una caja, una mudanza pequeña. Hoy sólo me llevare mi lápiz y unas cuantas hojas. Hoy ya no sabes de mí. De mis arrebatos, de mis locuras. Hoy me he escondido, en un corazón que no es el tuyo, en unos ojos que ya no me miran. Hoy me encerré, ya no quiero que sepas de mí.