destendida

Que él se amarre los zapatos mientras está cambiado, listo para irse y yo… yo le observo desde la cama destendida, semi desnuda, con una sonrisa en los labios y la pereza más dulce que jamás pude haber sentido antes. “Lindo día amor, hoy a mí me toca descansar. Nos vemos a la noche. Te amo mucho” susurro y él sonríe, se agacha y me da un beso en los labios. No son necesarias las palabras. Es el cuadro perfecto.  DDC

Hoy no.

Hoy no sabes de mí. Desaparecí de tu vida. La cama ya no está destendida. Ya no me encontraras en esta madrugada. La casa ya no olerá a lavanda. Hoy no sabes de mí. Ya no encontraras letras dedicadas a nuestros días. Hoy todo se ha guardado en una caja, una mudanza pequeña. Hoy sólo me llevare mi lápiz y unas cuantas hojas. Hoy ya no sabes de mí. De mis arrebatos, de mis locuras. Hoy me he escondido, en un corazón que no es el tuyo, en unos ojos que ya no me miran. Hoy me encerré, ya no quiero que sepas de mí.

❝ CERRADO → ups...

Una prenda por aquí, otra penda por allá. Yves estaba totalmente recuperado después de su lesión por lo que al recibir aquella visita tan inesperada algunas horas atrás no había evitado que las cosas dieran un giro inadecuado, de modo que se encontraba en su cama, entre sábanas destendidas y las piernas de nadie más y nada menos que la madre de su mejor amigo. Muchas veces se había dicho que dejaría de meterse con la dama pero le era imposible, ya que de alguna u otra manera los dos saciaban sus deseos y fantasías al estar juntos. Tal vez fuera enfermo e incluso indebido, pero ahora no tenía ninguna preocupación pues después de todo la única que sabía sobre el asunto era Janeth, quien  se encontraba tres metros bajo tierra, donde debía de estar. Así que ahí estaba, enderezándose para sacarse los pantalones cuando la puerta de su habitación se abrió de improvisto, haciéndolo girarse de golpe para encontrarse con el intruso. Una blasfemia brotó por entre sus dientes y se quedó donde estaba, con los ojos abiertos de par en par y los labios en una evidente mueca de sorpresa. Los colores se le subieron pasando del morado por contener la respiración a  un rojo de vergüenza y de enfado. La mujer bajo su cuerpo soltó un gritillo y se cubrió enseguida provocando una reacción en el programador que se salió de entre sus piernas, mirando fijamente a la rubia en el marco de la puerta. “Phee…” Comenzó, aunque realmente no sabía que decir. @phoebexrp