destendida

Incendiaría ciudades y podría poner pueblos en guerra.

Llegó alrededor de las 3 am, Rubiik lo sintió sentarse a su lado en la cama era el sonido de sus pasos y visualizó su silueta en el espejo frente a ella, él estaba ahí y de eso estaba segura. 

La casa era un desastre, a pesar de que Rubiik había dejado entrar a Rae unas horas después de su pequeño ataque de pánico después de  entrar y asegurarse de que no se había hecho daño Rubiik se marchó dentro de su habitación y se encerró ahí, llevaba aproximadamente dos semanas sin salir de casa y no sale de su habitación cuando Rae está en casa. 

Estaba acostada en pijama y con el cabello suelto en la cama destendida, las cortinas y la ventanas estaban cerradas pese al calor que hacía en casa. Se dio la vuelta en la cama para poder mirarlo y se le llenaron los ojos de lágrimas el se recostó junto a ella y la abrazó mientras ella lloraba en sus brazos sus largos rizos le cubrían la frente.

-Cada día ha sido peor, ya no puedo más, ni si quiera Rae me ha podido ayudar, incluso ella me ha dejado sola.

-Calma nena, no seas una chica berrinchuda

-¿Por que nadie me ayuda?, ven que soy débil y no me dan ni una sola palabra de fortaleza

-¿Es que no te has dado cuenta a quien recurren cuando se sienten mal? de verdad no entiendes que ayudarte sería aceptar que eres débil y eso implicaría que ellos no tienen en quien apoyarse para poder andar, tal vez su tristeza sea mas momentánea que la tuya pero para ellos es agobiante, el verte mal los hace pensar que si tu no has podido ellos no podrán.

Rubiik busca acomodarse más cerca y lo abraza de tal forma que es un abrazo suplicante para que no se vaya de su lado nunca, de algún modo tenerlo cerca siempre la hizo sentir invencible, la hizo sentir que valía algo y que podía luchar contra cualquier cosa, y como si leyera su mente le dice:

-Siempre has podido contra cualquier cosa y no necesitas de nadie, todos te hemos visto plantarte ahí en medio de todo el asunto sin escudo ni espada y darle lucha al contrincante, te he visto caerte y aunque estés llena de moretones, con heridas graves y los puños repletos de sangre levantarte y tratar de golpearle, el simple hecho de pensar que tu eres débil asustaría a cualquiera, tu sonrisa destruye problemas nena, tu sonrisa incendiaría ciudades y podría poner pueblos en guerra.

-Estoy muy cansada de salvar a los demás y que nadie me salve a mí, no me quiero levantar no quiero salir de aquí, aquí las cosas me duelen menos.

-Si dejaras de sentir dolor dejarías de estar viva, y muchísimas personas no podrían soportar la perdida de tu existencia.

-Como yo no he podido soportar la perdida de la tuya…

Se ha quedado abrazándolo gran parte de la noche, llorando pacíficamente a su lado mientras el le acaricia la cabeza y le dice que todo va a salir bien que no hay lucha que ella no aguante.

Cuando Rubiik se ha levantado la ventana y las cortinas están abiertas ondeando con el aire el color de la habitación e sun naranja fuerte eso implica que ha comenzado a salir el sol, su olor permanece en su almohada y la puerta ha permanecido con llave toda la noche, cuando abre los ojos lo busca y no lo encuentra solo ve la ventana abierta.

-Como siempre te has escapado mientras duermo…

Mejor la cama destendida

Mejor la cama desatendida

que tu ausencia a mi lado

mejor sus besos que tu nombre en mi boca.


Y yo primavero y otoño
en menos de una hora

mientras la conozco se va uniendo  mi olvido.


Esto es un tornillo

una espiral, un ciclo

esto de no tenerte y buscarte en pechos desconocidos.


En un nombre que no recuerdo

en un viento el que no vuelo

es un punto mas a la lista de fracasos que guardo en e cajón

junto a tu recuerdo


-Edel Juarez

Sueño Opus 005 Am#. Taza con jugo de mango

Abres el refri, casi vacío porque no acostumbras llenarlo, miras las botellas de agua mineral que delatan noches de wisky y recuerdas el camino del alcohol: cerveza, tequila, vodka, ron, brandy, vino tinto, mezcal, cerveza artesanal, wisky, ginebra. Ahora mismo sólo tienes mezcal, vino blanco y ginebra. Todos parecen agua. Sirves un vaso de cada uno y los formas en la ventana para que miren pasar los aviones y sientan la ciudad iluminada. Tomas el cuchillo, rebanas lentamente un limón ¿o era tu muñeca? Piensas en la transparencia, en las plantas secas, en la cama destendida, en tus venas abiertas. Apresuras el mezcal, la ginebra, el vino blanco, el agua, abres la ventana y te avientas. Luego, despiertas. Estás sentado ante la mesa, quitas ramas y semillas de una yerba, lías, enciendes, aspiras el humo, soplas hacia la ventana: no hay vasos, no hay vino, mezcal o ginebra. Enciendes la computadora, entras a una estación de radio, un comercial te dice que rentes un auto y huyas. Sientes sed, vas al refri, encuentras un jugo de mango, miras la fecha de caducidad, abres el empaque, sirves sangre de mango en una taza, recuerdas los camiones cargados de mangos que viajan por carretera para que alguien los coma, te subes a uno, viajas.  En la plantación, muy en el fondo, unos buitres circulan el aire. Te acercas. Ese olor, ese olor. Tus pasos crujen, tus huellas pesadas se hunden, calculas la distancia, corres para llegar antes de ser tragado, miras un cuerpo tirado, unas moscas, un machete enterrado y a ti, o tu cuerpo vacío mirando el cielo, esperando a los buitres, sonriendo. La tierra te traga, abres los ojos y miras la taza, la sangre amarilla, el humo y el agua. Respiras. Exhalas. Tocan a tu puerta, abres, eres tú. El miedo te abraza, te preocupa ser alguno o ser nada. Intentas tocarte pero no te alcanzas. Abres los ojos, hay cuatro vasos en la ventana y un  charco de sangre caliente en el que nadas. Sonríes. El jugo de mango nunca estuvo en la taza.