destella

Tal vez tú no seas
de andar regando besos
y con justa razón lo creo
porque sospechas
que en el encanto
de las rosadas colinas
por dónde se desliza tu néctar
despiertas una incomprensible calma
e incitas a los latidos
a convertirse en cometas
que fantasean
con no volverse fugaces,
si el vino
es fuente de alegría de los sabios,
entonces tus besos
son la ciencia
acariciando el origen de la divinidad,
por eso cuidas tus besos
porque la poesía que los habita
destella tragos de luna en el alma del ser
que por momentos piensa
que ha perdido la inspiración,
que tus labios embonan su perfecta textura
en el muelle de mi lengua
tus besos se merecen
un amante
que con la alquimia de tu aroma
los transforme en estrellas
—  Una regia ni tan regia, Quetzal Noah

★ TIPOS DE BELLEZA ★

            GÉMINIS/LEO/LIBRA/SAGITARIO - ESTILOSA/ATRACTIVA

La belleza que se roba la atención por su cuidado facial, la que sigue las tendencias de cada temporada y las hace populares a donde vayan. Una que destella ego y vanguardia; esa belleza segura y muchas veces, intimidante. Sus rostros son cuadrados, de mandíbula firme, miradas traviesas, labios hipnotizantes.

Costera

Su cabello, olas que hipnotizan.

Sus ojos, reflejo que deslumbra.

Su boca, mar que canta.

Su lengua, brisa que moja.

Sus manos, viento que despeina.

Sus pechos, médanos que cobijan.

Sus piernas, acantilado que devora.

Su piel, arena que destella.

Su cuerpo, playa que me cautiva.

-Transeúnte

El problema es que vivimos la vida muy rápido, nunca paramos a disfrutar el momento; demasiados ocupados para que todo sea mas rápido, para seguir con lo que deberíamos estar haciendo con nuestras vidas. Hay días en los que tengo destellos, destellas de claridad brillante y pienso espera... esta es mi vida tengo que ir mas lento porque un día nuestro tiempo se va agotar.

-evitando el amor

Soliloquio

Otra vez estamos aquí, tú y yo
Frente a frente
Cara a cara
Ceja a ceja
Mentón a mentón
Esperando una respuesta,
Como si se tratase de un juego
Como si realmente nos fueran a responder
Sólo queremos oírla
mas nadie nos contesta
En la espera moriremos juntos,
cayendo sin prisa dentro del vertedero de los olvidados, de los sin gloria ni patria.
Otra vez estamos aquí, tú y yo
Frente a frente, 
Y pienso en los deseos que tengo de ahogarte en alcohol, de producirte delirios y emborrachar tu preciada memoria, 
que lo olvidaras todo, 
Que quedaras más despojado de lo que estás
Que despertaras con una fuerte resaca y amnesia.
Otra vez estamos aquí, tú y yo
Frente a frente
Y te noto distante, solitario, algo tenso y frío
La fugacidad destella en tus pupilas y con sabor amargo te comunicas en el mundo, has cambiado pero ahora me gustas más.
Otra vez estamos aquí, tú y yo
Y me doy cuenta que ya no volveremos a ser lo que fuimos, ni tú, ni yo, ni ambos.

Eventualmente llegarás a donde tengas que llegar. Tal vez ahora no lo entiendas del todo y la ansiedad por aterrizar a un momento en el que todo sea mejor podrá nublar tu panorama. No te digo que te calmes, no te digo que te calles, no te digo que te quedes quieto, no te digo que no estés triste, te digo esto: vive plenamente el momento. Consciente de ello sabrás que todo alrededor destella ese aire incierto y la angustia es tan grande como la pensemos.  Todos hemos creído alguna vez que nada bueno nos pasa, que la grandeza está a kilómetros de nosotros, que quizás nunca alcanzaremos el talento y cavamos una tumba. En cambio si te levantas sin reprochar tus errores, aceptando sin recelo la esencia que te hace ser único, si te buscases tanto las virtudes como los defectos, si reflexionaras las pequeñas cosas que has dejado de observar, si dejas el ego y la vanidad para ir a lo simple, nada ni nadie podrá humillarte ni pasar sobre ti porque finalmente te encontrarás a la altura de tus pensamientos.


                Quetzal Noah presenta su libro

¿Le hablo?

Desde una pequeña habitación ubicada en un PH de la calle Santos Dumont, Ariel toca con su pulgar derecho el botón enviar en la pantalla táctil y antes que termines de leer esta oración, le suena y vibra el celular a Jimena, que está en un bar en Monserrat (No sé cuándo le adjudicamos el mismo nombre a una pieza plástica para unir trozos de telas que a un dibujo con bordes redondeados en una pantalla). Ella lo saca de la cartera y desde la pantalla de bloqueo lee el mensaje: “todo bien??”. Decide responder más tarde, porque la interesante conversación con sus amigas lo amerita. Ariel busca varias veces la respuesta en la ventana de notificaciones; exactamente seis veces en intervalos de tres minutos. Nada. Son las diez y media de la noche y casi sin quererlo, se queda dormido.

Jimena llega a departamento ubicado en un séptimo piso al frente, en la zona de Coghlan, e igual que hace siempre, se baña, se encrema con un cosmético con aroma a vainilla y se acuesta en la cama, celular en mano. Ahora más tranquila decide responderle. “todo bien! vos? disculpá que no te pude responder, estaba con amigas en un bar”— y presiona enviar. Es la una y media de la mañana y obviamente, Ariel no responde. Utilizando mecanismos de razonamiento bastante enroscados y atravesada unilateralmente por cuatro pintas de cerveza, le escribe a su amiga, Carla: “el tarado de Ariel no me responde, es obvio que le mandó mensajes a varias minas para ver si alguna picaba y alguna picó, no puede ser que no agarre el celular desde las diez y media de la noche, se está cogiendo a otra”.

Con sigilo ninja, ella revisa cuanta plataforma social se encuentra disponible para cotejar la veracidad de su hipótesis. Busca y repasa. Lo que le dijeron. Lo que dijo. A qué hora le puso me gusta a quién y en dónde. Examina sus interacciones y elige azarosamente candidatas que podrían estar en la cama de Ariel. Son las tres y treinta de la mañana. Lucha con la somnolencia hasta que desiste y se recuesta.

Suena el despertador. La pista de audio le corroería el oído medio a cualquier ser vivo, pero Ariel desarrolló un tímpano blindado que apenas lo inmuta. De un manotazo apaga la alarma y se sienta unos segundos en el borde de la cama. Apoya los pies en el suelo frío de porcelanato beige y se queda así hasta que las extremidades le responden. Agarra el celular porque una luz titilante roja destella en el extremo superior izquierdo de la pantalla. Lee el mensaje de Jimena y junto con algunos cálculos matemáticos, elabora un discurso dirigido a una platea vacía, con su superyó en el medio: “Le mando un mensaje a las diez y me lo responde a la una y media. Es obvio que salió a tomar algo con un tipo, ¿por qué me aclararía que estaba con amigas sino? Encima se quedó hasta las tres y media de la mañana hablando con alguien. Seguro que con él, o con algún otro, que no soy yo. Qué afuera que estoy”. Un llamado de su jefe lo interrumpe y sale disparado hacia el taller de chapa y pintura donde trabaja. 

Son las once de la mañana. Jimena se despierta en su día de franco. Se lava los dientes mientras las dos rodajas de pan integral se tuestan. Tiene calculado el tiempo preciso para que ambas acciones concluyan en simultáneo, y disfruta de esta coincidencia temporal con una extraña sensación que si me apuran, la describiría como un orgásmo del lóbulo frontal. Agarra su celular y cree comprobar su hipótesis. Esta vez la llama a Carla.

— Vio mi mensaje y no me respondió, es obvio que la otra se quedó en su casa a dormir y como la tenía al lado no me pudo responder, pero ya son las once de la mañana. ¿Se habrá olvidado? Le tendría que haber respondido ayer al toque, soy una estúpida. Ahora ni loca pienso hablarle, se va a pensar que estoy entregada. Aparte el último mensaje es mío y si mando otro, en algún punto estoy perdiendo parte de mi dignidad

— Me parece que estás exagerando Jime

— No, te juro que es así, creeme, soy muy perceptiva con estas cosas

— Bueno ya te va a responder

— ¿Vos decís?

— Sí. Es obvio que le gustás

Jimena no sabía que mientras duraba su diálogo, Ariel había estado intentando llamarla. De hecho nunca se va a enterar, ya que tiene desactivado el contestador y los mensajes de llamadas perdidas únicamente son emitidos si este servicio está en vigencia.

Ariel corta el teléfono y se prende un cigarrillo. El sol le pega en la cara y el calor que siente es en sus pómulos, lo ayudan a disfrutar un poco de esta derrota autoimpuesta. Su jefe le grita “¡Ariel! ¡Dejá eso y vení a laburar! Dale que hay que terminar el Vento para el fin de semana”. Ariel tira el cigarrillo en el borde de la calle y entra al galpón.

Hay impuesto y acatamos un protocolo de comunicación que no se amolda por completo a la realidad de nuestras interrelaciones. Por el momento y hasta que la evolución lo dictamine, la especulación va a seguir viva. Así fue como los humanos lograron la coexistencia con otros humanos en un mismo medio. Somos desprendimientos de lo que algunos alguna vez fueron.  

¿Dónde habrá más alimento? ¿Por dónde vamos para que nuestra vida no corra riesgo? ¿Cómo vuelvo hasta donde están todos? ¿Qué trabajo me conviene? ¿Dónde voy a ganar más plata para poder darme y darle de comer a mis hijos? ¿Dónde estará Jimena un jueves a las diez de la noche? ¿Estará con un tipo tomando algo? ¿Por qué Ariel no me responde? ¿Estará con otra en su cama?

¿Le hablo?

No. 

I bought this candle from Liber deStella on Etsy, and seriously, SoC fans, it smells SO GOOD and just like Ketterdam. It’s hard to explain, but it’s not too fruity or fresh, it has a little bit of an edge that isn’t unpleasant but that reminds you of a city.

Otoño sin alas

No sé de qué hablarte hoy…

Si del durísimo verano que acabó;
si de las nubes que comienzan a toser enfermas
al llegar el frío;
si de la sensación
de que esta puta y amada ciudad
sube con garras de cemento por mi estómago;
si de la niebla que pega mis pies al suelo,
o de la soledad que destella en mis zapatos
mojados por la lluvia.

Pero no me siento mal,
pues la Belleza existe;
y la Música rebota deliciosa
entre los auriculares y mi alma…
aunque siempre acaba manchada de sangre
tras pasar por mi corazón.

Me siento bien,
pues sé que, tras una de esas Canciones,
asoma el templado rostro de aquella mujer
que me enamoró por la mañana en el mercado;
me siento bien porque, tras ese violín o esa guitarra,
tararea la voz que nunca he oído
de esa chica que va por el gimnasio…

Me siento bien
porque al escuchar ese estribillo,
reparto de manera ingenua
unas cuantas alas de ángel
entre aquellas conocidas
con quien me gustaría probar a volar.

Pero en fín…
ya estoy acostumbrado a que las canciones se acaben.

Ya estoy acostumbrado
a que casi todas acaben siendo como Ella.

Eros Ignem

http://erosignem.tumblr.com/

Otoño sin alas

No sé de qué hablarte hoy…

Si del durísimo verano que acabó;
si de las nubes que comienzan a toser enfermas
al llegar el frío;
si de la sensación
de que esta puta y amada ciudad
sube con garras de cemento por mi estómago;
si de la niebla que pega mis pies al suelo,
o de la soledad que destella en mis zapatos
mojados por la lluvia.

Pero no me siento mal,
pues la Belleza existe;
y la Música rebota deliciosa
entre los auriculares y mi alma…
aunque siempre acaba manchada de sangre
tras pasar por mi corazón.

Me siento bien,
pues sé que, tras una de esas Canciones,
asoma el templado rostro de aquella mujer
que me enamoró por la mañana en el mercado;
me siento bien porque, tras ese violín o esa guitarra,
tararea la voz que nunca he oído
de esa chica que va por el gimnasio…

Me siento bien
porque al escuchar ese estribillo,
reparto de manera ingenua
unas cuantas alas de ángel
entre aquellas conocidas
con quien me gustaría probar a volar.

Pero en fín…
ya estoy acostumbrado a que las canciones se acaben.

Ya estoy acostumbrado
a que casi todas acaben siendo como Ella.


Eros Ignem


https://www.tumblr.com/blog/erosignem

Quitar

No pienses mal de mi, cariño
que si pienso en ti, pienso en puras cosas bonitas, como:
quitarte el sueño
las penas
el cansancio
el mal humor
la ropa
las ganas
el dolor
Quitartelo(melo) todo
pero no tus (mis) sueños
ni alegrías
ni el color
que albergan tus (mis) mejillas
ni el brillo que destella de tus (mis) ojos
ni la calidez de tu (mi) piel que me (te) arruya
ni la cordura, ni la calma, ni la razón
O parece que para lo último ya no hay tiempo…
Es demasiado tarde, mi amor.