destartalados

La extraña dama vagabunda

Entró en el negocio una tarde. Era difícil comprender de quién se trataba. Arrastraba un changuito destartalado lleno de objetos no identificables,  llevaba un negro  paraguas colgado del brazo aunque había un sol radiante, rosarios y, lo más extraño,  era que vestía un especie de traje de enfermera con la insignia de la Cruz Roja. Me explicó, ante mi obligada pregunta al respecto, que efectivamente fue enfermera de La Cruz Roja debidamente matriculada, ahora jubilada. Me dejó un montón de estampitas de San Expedito, la Virgen María y El Sagrado Corazón para  que se las llevase alguien que necesitara una ayuda divina. Yo me guardé varias, la situación requiere la ayuda celestial. Como  la traté con la mayor educación y hasta con cariño, cosa que según me dijo no todos hacían, comenzamos una extraña amistad, con una frecuencia intermitente.

Su aspecto era extravagante, su higiene tal vez dudosa, pero era muy culta y estaba bien informada de la actualidad y, debo reconocerlo,  era bastante autoritaria con su voz fuerte y frases cortantes. No pude ubicar el extraño asilo de la zona de Constitución donde decía vivir.  Lo describía como un lugar fantasmagórico, semiderruido, regenteado por unas pocas monjas, habitado por unas cuatro o cinco mujeres desequilibradas.  En el piso superior me contó que vivía la hermana de la superiora del convento, que al fallecer la monja, ésta se encerró con un Cristo de tamaño natural   en un dormitorio,  sin atención ahora por parte de las otras religiosas, permaneciendo la pobre mujer en un completo estado   de desequilibrio y abandono.  Google Map no me ayudó para rastrear el lugar   del Convento que ella me describía, en una de las calles de la zona de Constitución.

 Juraba que se había casado con un ingeniero tucumano que la familia había encerrado en el Hospital Borda para disponer de sus importantes bienes y que ella, al haberlo asistido como enfermera de ese hospital donde había trabajado varios años,  se había  casado con él, pero que nunca había podido hacer valer sus derechos como esposa por la oposición a ese matrimonio por parte  de la familia del ingeniero. En fin, una historia más que extraña. Algo debería haber sucedido en su vida  que yo no conocía, porque visitaba periódicamente a un estudio de abogados y algún módico dinero seguramente le  entregaban periódicamente. Para completar mis dudas, me explicó que sus padres fueron pudientes, que no la dejaron ingresar en un convento de clausura y que murieron en el incendio de su casa…

Si bien su historia me pareció  siempre delirante, conociendo personalmente las derivaciones a  geriátricos de más de una persona mayor para administrarle y disponer sus bienes por parte de sus familias, no me pareció una historia tan disparatada como podría pensarse.

Tejía admirablemente bien al crochet y me regaló una pequeña bolsa de hilo blanca y azul que tejió en mi negocio, que es el recuerdo de ella que he conservado junto con algunas estampas que siempre dejaba en mi negocio para que iluminasen a alguien necesitado de consuelo.

De invierno se cubría con un grueso sacón negro y con el tiempo frio se quedaba hasta el atardecer en mi negocio. Era un personaje extraño, y  puedo dar fe   de algo  que yo vi. Una clienta que sufría de grandes dolores de espalda  le contó a ella  sus penurias. Mi enfermera la miró con sus ojos implacables y fue asistida con una imposición de manos y con unas oraciones ininteligibles. Varios días después mi clienta volvió encantada para que le diera la dirección de mi extraña dama para agradecerle la mejoría que había tenido. Confieso que yo también había  rezado durante la imposición de manos para que no entrara nadie al negocio mientras se desarrollaba la ceremonia  que fue compleja, porque tuve miedo que me acusaran  de permitir prácticas esotéricas. La imagen de ella con su traje de enfermera,  su gran cruz roja y las medallas y escapularios, tenía algún lejano parentesco con las imágenes de los templarios.

Pero no regresó a mi negocio.  Así como llegó un día, dejó de visitarme sin una palabra, sin ningún aviso, simplemente me dejó. Me pregunté si habrían cerrado el convento, si se habría ido enfurecida contra las monjas de las que hablaba pestes. Si… había muchos si posibles.  Nadie en el barrio sabía nada, solo recordaban su imagen y la gran cruz roja. Siempre la recuerdo, siempre creo verla cuando entra alguna señora arrastrando un changuito. Pero solo tengo de ella su pequeña bolsa tejida para que no la olvide. Y no la olvido. Voy a tratar de encontrar el convento, si es que existe. ¿Habrá existido?

 Inés María Cabrera

Brujería para principiantes.

Antes que nada, no soy una bruja experta así que si hay errores lo siento mucho. Dicho esto, empecemos.

También uso muchas palabras en inglés dado que todas mis fuentes están en este idioma y hay ciertas palabras que no estoy segura de cómo traducir.

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¿Qué es una bruja?

A través de los siglos las brujas han sido pintadas como viejas y feas mujeres con aguileñas narices, largos cabellos, destartalados ropajes y un gorro puntiagudo (quizás, sea esta la característica más representativa de ellas), sin embargo a lo largo de tiempo su imagen ha cambiado, ahora son descritas como bellas mujeres, un giro en los acontecimientos que nos desvela que al final, las brujas nunca fueron tan malas como nos las pintaron.

Pero, ¿todas las personas pueden convertirse en brujas?

Sí, aquí no importa tu género, ni etnia, ni ninguna otra etiqueta, cualquiera puede convertirse en bruja, tan solo tienes que poner empeño y disposición. Busca en Internet o en libros, estamos rodeados de información, la falta de información no será un gran problema.

¿Y por dónde empiezo?

Primero deberás entender qué es la brujería.

La brujería es el arte de aquellas mujeres las cuales vivían cerca de la naturaleza y usaban su sabiduría (por algo es también llamada la magia de los sabios) para curar los males que asolaban a la gente. Más tarde esta fue considerada malvada y quienes la practicaban eran condenadas a morir.

No hay que confundir brujería con Wicca, la brujería es un arte y NO tiene nada que ver con la religión, si es bien cierto que hay algunas brujas que creen en deidades pero no está relacionado en cierta manera, y la Wicca es una religión fundada por Gerald Gardner, la cual es una amalgama de otras religiones y cultos paganos. Yo personalmente no soy demasiado fan de la wicca.

Hay dos formas de iniciarte en la brujería; por tu cuenta o en una coven. Ambas tienen ventajas y desventajas. Si lo haces por tu cuenta no tendrás que esperar a la iniciación y si vas por una coven la energía mágica será mayor, a parte de que podrás contar con una guía.

Cada persona tiene su propia interpretación de la misma, no hay ninguna más cierta que otra, la brujería es algo que sientes en tu interior, nadie más que tú puede explicar lo que es brujería y lo que no.

Para finalizar dejaré aquí la regla básica de la brujería.

“Todo lo que hagas te será devuelto multiplicado por tres”

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De momento esto es todo, continuaré haciendo post sobre lo que considero brujería básica. El siguiente será sobre diferentes tipos de brujas y usos de la brujería.

Soo long and goodbye 

                                             Bellä Lugösi

Anamorfosis

Un montón de escupidas, chicles pegados, humo y olor a mierda. Lunes a las 15.30 en 18 de julio y Ejido. A dos cuadras se asoma el 522, verde y destartalado, como siempre.

Ciento ochenta grados hacia arriba, invertiste la imagen, capo. Pierde el bondi por correr lento. Corre lento porque iba a perder el bondi.

Ciento sesenta grados hacia atrás, volvamos a donde empezamos pero no tanto. Mientras espera en la parada ve una cara que le suena, capaz de cuando era niña. Se va. Error 404.

Veinte grados más, lento pero seguro. Diez minutos más tarde pasa otro bondi. Se acerca unos pasos; aunque uno erróneo, baldosa floja, pie empapado. Pero primer escalón y escucha un ritmo que bien conoce. Esa mañana había escuchado esa canción.

Sesenta grados más, tenete confianza, imbécil. El tráfico se trancó, qué paja cuando no saben manejar. Un vendedor que se sube le interrumpe el ruido de la panza.

Diez grados hacia abajo, cuestión de enfoque nomás. Tres viejas estornudando al lado, un pendejo rompiendo las bolas. Se libera un asiento. 

Tres grados hacia adeltante, ya casi. Al lado suyo se sienta uno con una remera de la banda que estaba escuchando. Se miran. Ven por la ventana cómo una pareja se da el último beso.

No necesitó paraguas cuando bajó. 

En las últimas noticias, catastrófico choque de ómnibus 522 a las 15.35.

A un grado de ser un grado imperfecto.