desprecia

No puedo ni escribir. No sé ni qué tipeo. No sé ni para qué. Fumo. Lloro. Vuelvo a escribir. Borro. Ando sola por la calle y tengo miedo. Y me da una bronca… A mí que toda la vida hice lo que quise. Que anduve por todos lados… La reputa madre que lo parió.
Se llevaron otra. Se cargaron una más. 21 años tirados literalmente como basura a un descampado sólo porque un hijo de puta sintió ganas de ponerla y eso hizo. Salió a cazar. SIEMPRE. Una, dos, tres veces. ¿Por qué iba a ser diferente la noche del sábado? Si estos forros saben que podés violar tranquilamente cuanta mujer se te cruce y seguir libre. Lo sabemos todos. Así funciona.
Volver caminando a tu casa para no llegar jamás. No pasa nada.
Para que te suban a un auto y hagan desastres con tu cuerpo. Para que te caguen a trompadas mientras te la van metiendo y te la van metiendo y te la van metiendo hasta que dejás de respirar. Y te vas yendo. Te vas apagando. Y a lo mejor ves la cara de tu vieja ese último segundo y sonreís porque ya no estás acá. Ya está. Ya se termina. Te nos fuiste carajo. Desfigurada. Indefensa. Llena de semen. Llena de barro. Desnuda.
“Me pegó mucho y me violó, todo en veinte minutos” dijo una de las chicas que agarró este tipo. La primera. Año 2010. Después siguieron dos más.
Siete años después, el juez Juan Carlos Rossi, decidió que estaba bien dejarlo libre. NO PASA NADA.
Mirá Juan Carlos: Mirá lo que hiciste. MIRALO BIEN. Porque está muerta por tu culpa también. Sos tan asesino como él. Igualito. A lo mejor vos crees que no te violaste a nadie. Yo creo que nos cogiste a todas. Se te cantó la chota decidir que este señor no era un peligro. Con una soberbia descomunal ignoraste los informes negativos del Servicio Penitenciario que explicaban bien clarito que este tipo NO ESTABA APTO PARA SER PUESTO EN LIBERTAD.
¿Y ahora? ¿Qué le decimos a la madre? ¿Señora calmese? ¿Está todo en manos de la justicia?
¿Qué justicia? ¿Qué jueces? ¿De que mierda están hablando?
Tengan la dignidad de no decirle nada. De no hablar pelotudeces. De respetar su dolor ya que no tienen los huevos de protegernos cuando todavía estamos vivas.
Cierren el orto cuando nos vean en la calle como nos van a ver hoy.Cuando pintemos paredes y lloremos gritando su nombre. Cuando pasemos por la puerta de la Catedral maldiciendo esa iglesia que poderosa y calladita protege violadores en nombre de no sé qué Señor. Ni qué leyes divinas. Ni qué mierda. Que amasa guita y nos desprecia. Que rezará por Micaela, seguramente, para que descanse en paz, pobrecita, Dios la tenga en su gloria. No me pinten la pared. VAYANSE A LA CONCHA DE SU MADRE.
“Los padres reconocieron el cuerpo” rezan los medios. Cómo reconocer a tu hija en esos restos. En ese cuerpo que se fue pudriendo a la intemperie. Con qué cara mirás a esa mamá, pregunto, al destapar la sábana blanca de la morgue y preguntar si esa es su hija.
Esa no es Micaela. Esa no. Esa no es. Esos son los restos. Eso es lo que dejó la bestia que dejaron libre después de comersela.
Micaela es la de la sonrisa con la remera de Ni una menos.
La de la militancia.
La de la risa y la libertad.
La ingenua que se creyó con derecho a caminar sola a casa.
La que estaba viva y hoy no está.


-NO ME CALMO NADA.

Mi vida hubiese sido muy distinta si algún extranjero en el camino me hubiese advertido: “No pretendas sembrar en donde ni siquiera hay tierra; no busques amores valientes en los mares de un corazón cobarde; no escribas a quien no sabe leer; no esperes respuesta de quien no sabe escribir; no esperes amor de quien no sabe amar; no pongas tu vida en manos de quien desprecia tu vivir”.

-Kevin F. Uribe Celis. 

Estaba furioso, era tarde
En el mundo que mis demonios cultivan
Sentí la emoción mas extraña pero no era odio, por primera vez
Si, estoy cambiando, si, me he ido
Si, soy más viejo, si, estoy siguiendo adelante
Y si no piensas que es un crimen puedes venir, conmigo
La vida sigue, no te das cuenta?
No hay un futuro para ti y para mí
Estaba esperando y buscando sin cesar
Pero nena, ahora no hay nada que yo pueda hacer
Así que no te pongas triste
Existe otro futuro esperando ahí por ti
Lo ví diferente, debo admitir
Alcancé a ver, voy tras el
Ellos dicen que la gente nunca cambia, pero eso es mierda, lo hacen
Si, estoy cambiando, no puedo evitarlo
E incluso si lo quisiera no sabría como hacerlo
Otra versión de mi mismo creo que encontré, por lo menos
Y no puedo esconderme siempre
Maldice la indulgencia y desprecia la fama
Hay un mundo ahí afuera y esta llamando mi nombre
Y está llamando por el tuyo, chica, está llamando por el tuyo también.
—  Géminis, Sagitario, Cáncer. (Yes, I’m changing - Tame Impala) 
Vivimos en una época en la que se da importancia a la belleza física que es pasajera y se marchita y se desprecia a la belleza de la mente, que es lo que realmente hace grandiosa e interesante a una persona.
—  Recovecos de mi alma
Vivimos en un mundo donde el funeral importa más que el muerto, la boda más que el amor y el físico más que el intelecto.
Vivimos en la cultura del envase, que desprecia el contenido.

Cuando nadie te quiera, cuando todos te olviden,
volverás al camino donde yo me quedé;
volverás como todos con el alma en pedazos
a buscar en mis brazos un poquito de fe.

Cuando ya de tu orgullo, no te quede ni gota
y la luz de tus ojos se comience a apagar;
hablaremos entonces del amor de nosotros
y sabrás que mis besos, los que tanto desprecias
van a hacerte llorar.

—  Cuando nadie te quiera
Para los amantes del Principito: La Rosa fue una mujer que existió.

Para todos los amantes del Principito, ¿a que no sabían que la Rosa no era solo un personaje cualquiera? Pues noooo!!! Este personaje resulta ser la salvadoreña Consuelo Suncín, esposa de Antoine de Saint Exupery, mujer controversial considerara por algunos una mujer adelantada a su época y para otros una mujer con vocación puteril, así dicen los libros, no me regañen a mi.

Consuelo nació en Armenia, El Salvador, hija de un general, dueño de fincas cafetaleras, tuvo una infancia y adolescencia muy holgada, a los 18 años consigue una beca y se va a Estados Unidos a estudiar inglés, esto ya dice mucho de ella, ya que salir de su casa en esa época era algo mal visto. Se casa con un militar mexicano, aunque después se supo que solo era un vendedor de pinturas caseras. Consuelo decide divorciarse meses antes de que su esposo muriera en un accidente de ferrocarril. Así que viuda y con ganas de comerse al mundo, llega a México con una carta de recomendación y solicita entrevistarse con José Vasconcelos, si, ese mismo que dijo “por mi raza hablará el espíritu”, la hace esperar por dos horas y la desprecia diciendo “una mujer bonita, joven y viuda no necesita trabajar, puede ganarse la vida con sus encantos”. ¡Ay Vasconcelos, no sabes la que te espera por misógino!!!.

Consuelo insiste en una segunda entrevista y Vasconcelos por andar de hablador, se traga sus palabras, no le da el empleo, pero le ayuda a estudiar Derecho, pero se enamora de ella y tienen un romance de esos con notas de mil colores. La lleva a París y conoce al prosista guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, quien en su tiempo era considerado el más exitoso escritor latinoamericano, error de Vasconcelos de haberla llevado, pues Consuelo lo abandona y se casa con Gómez Carrillo. Vivilla la muchachilla!! De hecho Vasconcelos le dedica varias páginas en sus memorias y dice que ese romance con el príncipe de los cronistas es debido a la vocación puteril de su amada, nótese que no andaba ardido.

Ooootra vez vuelve a quedar viuda, pero ahora con mucho dinero, así que bonita, joven, viuda y con mucho dinero (¡in your face Vasconcelos!!!), viaja a Buenos Aires a liquidar las propiedades de su difunto marido y ahí conoce a Antoine de Saint Exupery, quien trabajaba como piloto comercial de servicios de mensajería. Y al año, en 1931, Consuelo se casó con el escritor, aviador y aristócrata y se convirtió en la condesa Consuelo de Saint-Exupéry. Consuelo era una seductora. No sólo era una mujer bonita y menuda que encantaba a los hombres; también podía hablar con ellos, Lo de ellos fue amor a primera vista, la invita a volar y ahí suceden una serie de incidentes pero Consuelo siempre manteniendo a raya al huilo de Antoine (“creo que ella me ha domesticado” ¿les suena?). Se casan en contra de la voluntad de la familia del escritor, era odiada por la sociedad francesa por el hecho de ser extranjera venida de “quien sabe dónde”, no le perdonaban que una mujer viuda y de origen indígena se ganara el corazón del escritor más famoso de Francia. La familia Saint Exupery era terriblemente antisemita y para ellos ese matrimonio era peor que casarse con una judía. La única defensora de Consuelo fue su suegra, y según sus propias palabras: “si su hijo la amaba, ella la amaba”, lean bien suegras y futuras suegras.

Consuelo y Antoine vivieron 13 años de matrimonio intenso, él con sus frecuentes viajes, el gusto por la vida bohemia y sus múltiples infidelidades (“Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo”, ¿les vuelve a sonar?). Según palabras de ella, ser la esposa de un piloto fue un suplicio, ser la de un escritor un verdadero martirio. A pesar de sus peleas siempre estaban al pendiente uno del otro, ella era asmática así como la rosa que tocia y el principito la tenía en un biombo para que no le pasara nada.

La sociedad francesa trató de no relacionar su nombre con el escritor y le propinaron tremendos desaires, y fue hasta hace pocos años que reconocieron que sin su influencia “El Principito” no se habría escrito. El famoso libro es más que una fábula filosófica, como muchos lo han hecho creer, “El Principito” es una alegoría de la propia vida de Saint-Exupéry, de sus incertidumbres y su búsqueda de paz interior. Pero también es una alusión a la atormentada relación con Consuelo. Y Consuelo fue la musa que inspiró a la rosa de “El Principito”.

La rosa es Consuelo, Los tres volcanes son los volcanes de El Salvador, los baobabs son las ceibas a la entrada del pueblo de Armenia, en El Salvador. La rosa que tose es Consuelo, que sufre de asma, que es frágil y por eso está protegida bajo una campana de cristal. Las otras cinco mil rosas pueden ser las otras mujeres de Saint-Exupéry, pero para El Principito esas rosas no valen nada, la única que vale es su rosa. Se ha querido presentar a este libro como un cuento para niños. Pero no lo es de ningún modo. Es un libro que escribió para pedir perdón a Consuelo, es un acto de contrición. Antoine de Saint-Exupéry fue dado por muerto en 1944, cuando el avión que volaba desapareció sobre el Mediterráneo.