desperare

Nunca pienses que no vales nada, porque déjame recordarte que hay alguien, ahí, fuera, esperando por ti. Que sonríe al recordar tu sonrisa y que se le hace trizas el corazón para tú lo armes de nuevo. Para tener una excusa, un motivo, una razón para acercarse a ti. No trates de alejarlo, trata de mantenerlo a tu lado, porque es de esos chicos que, a pesar de tener una mirada triste, intentarán hacerte feliz, aunque eso implicase que todo su mundo se les viniese encima.
 
Nunca pienses que no eres bonita, porque déjame decirte que hay alguien, ahí, fuera, que sigue pensando que eres la chica más preciosa que ha conocido jamás. Que sueña con dormir en tus pestañas y desperar al otro lado de la cama. Tiene la certeza de querer despertar contigo como el primer día del resto de su vida. Date una oportunidad para que te enseñe a verte a través de sus ojos y compruebes la belleza que radica en ti. Es el mismo chico que te enseñará una tarde cualquiera de abril a sonar como una canción triste que te hace sentir bien.
 
La primavera de la que tanto habló Neruda, es la misma que nace todos los días en el sol de tu mirada, haces floreces donde mires, porque eres magia, poesía y una herida que aprendió a sonreír con el tiempo. Créeme, eres bonita, pero aún más, eres valiente. Valiente, bonita. Valiente.
 
Eres una chica con la que no se puede competir, porque siempre terminarás perdiendo y cayendo a sus pies, y amarás, créeme, la amarás por encima de todas tus imposibilidades.
 
—¿Me quieres?
—Pensé que eras imposible, hasta que me besaste. Y fue donde comprobé que había encontrado al amor indestructible de mi vida.
—  Benjamín Griss
No es miedo a enamorarme, ni a equivocarme, mucho menos a hacernos el amor.
Mi miedo es a encarnar en tu piel, habitar tu cuerpo, respirar tu aliento.
Miedo a ansiarnos, de esperar, miedo a desesperar, a quererte y no tenerte cerca, a celar tu ausencia, a odiar la distancia.
Tengo miedo a perder mi paz en tus pestañas cortas, a enredar mi calma en tus cabellos castaños, miedo a perder el aliento, al probar tus teamo.
—  El reloj del charro!
Vai, me liga e confessa tudo. Bate aqui na porta, grita na minha cara o quanto você me ama e o quanto sente a minha falta. Manda mil mensagens, liga mil e uma vezes. Vai, digita o quanto você precisa de mim e aperta o enter. Liga pra minha mãe, e fala o quanto se arrepende de ter me magoado. Vai lá, vem aqui, me bate, ajoelha e implora pelo meu perdão. Chora, mas chora uma cachoeira inteira. Grita até ficar rouca, grita o quanto eu sou importante pra você. Escreva milhões de cartas que eu não vou ler. Faça isso, faça. Não seja covarde, assume teu erro, assume tua ignorância, assume o quanto você precisa de mim e o quanto você me ama. Eu to aqui esperando você gritar o quanto me quer, só pra eu ter o prazer de dizer baixinho no seu ouvido “Agora, quem não quer sou eu” E você se desperar e ficar louca por ter perdido a pessoa que mais te amava. O mundo da voltas, os papéis se invertem. Agora você está chorando tudo que eu chorei, enquanto eu estou sorrindo tudo que você sorriu.
—  Andrew Xavier