—La última vez que te vi, no puse atención a lo que decías; me enfoqué en tus ojos, en tu boca, en tus facciones.
—¿Por qué?
—Porque sabía que jamás iba a volver a verte.
—  Dayara Irazoqui Tapia.
https://www.instagram.com/dayarairazoqui/

Ella me hizo creer.

Me hizo creer que el azul del océano no era igual al azul de nuestros deseos, que de labios carmesí a veces el sabor no es a fresa, que las tortugas pueden ser muy rápidas si así lo desean y que el cielo que mirábamos, era el mismo y nos unía.

Me hizo creer que el amor tenía estaciones, que estaba en ámbar mi camino y que ella era mi carril de suerte.

Me hizo creer que las pestañas que se nos caen no son mas que un anhelo deseando ser pedido y que un suspiro es un grito del alma.

Me hizo creer que la distancia no importaba cuando dos corazones se sentían cerca, que no era necesario ver un rostro todos los días para estar enamorado.

Me hizo creer que no estaba rota, solo mal encajada, que no llevaba lluvia en mi alma sino glaciares desconjelandose, que podía amar.

Me hizo creer que todo el dolor que había sentido antes había valido la pena por solo conocerla, que era diferente.

Ella, me hizo creer que sí podía, que funcionaría, que entrelazaríamos las manos un dia de otoño, que iría al aeropuerto, correría hacia mi y se cumpliría…

Me hizo creer que el tiempo era ahora y era ella.

Pero igual nos fuimos.
Y jamás…
Nos conocimos.

—  Brenda Ramírez.
Superarte, costó. Costó mil lágrimas, costó cien noches sin dormir, y cien días sin ver la luz del sol. Superarte costó lunas y soles. Costó silencios y gritos. Costó besos ajenos de bocas desconocidas y abrazos fríos de personas que jamás amé. Superarte costó letras y poesía amarga. Superarte costó café cada día y alcohol cada fin de semana. Costó horas de distracción barata haciendo cosas que una persona con el corazón sano no haría. Superarte costó lectura y escritura. Superarte costó sufrir profundamente cada vez que algo me hacía recordarte. Superarte me costó media vida.