desoladora

“Tive um vizinho que gritava com a namorada ao telefone, sem se importar que o prédio inteiro ouvisse: “Não sei o que fazer! Fico mal contigo e fico mal sentigo!”. Sempre achei essa situação desoladora, e nem estou falando do português do sujeito. É duro ter apenas duas alternativas (ficar ou ir embora) e ambas serem terríveis.”
— Martha Medeiros.

demanda muita coragem pra sair do armário.

porque a gente se acostuma com a escuridão e quando saímos a luz da intolerância, do desrespeito, dos padrões de lixo sustentados até hoje pela sociedade, nos cegam. e ninguém se coloca em nosso lugar. nunca. passamos a vida inteira tentado nos entender e quando finalmente aceitamos que não temos nada de errado, vem um turbilhão de pessoas nos apedrejando com palavras desoladoras. como se fosse culpa nossa. como se nós escolhemos o que sentir e por quem sentir. você escolhe sentir raiva? você escolhe sentir remorso? você escolhe sentir nojo de algo/alguém? é natural. da mesma forma como é natural sentir atração por uma pessoa. do mesmo sexo ou não. e não é feio. feio é matar, roubar, traficar. amar não é feio. se descobrir não é feio. viver a sua sexualidade da maneira que te conforta não é feio. não é constrangedor. constrangedor mesmo é oprimir uma pessoa com conceitos sem base nenhuma. só porque “foi criado de forma diferente”. mas a questão não é a criação. o que importa é a tolerância. respeitar. entender. saber se colocar. ninguém escolhe passar por isso. se fosse escolha, ninguém optaria por dar a cara à tapa.

o que me indigna é que muitas vezes, as pessoas que deveriam me entender, me consolar, me apoiar, são as que mais me tiram lágrimas/angústias/dores. é um impasse ao qual rezo todos os dias para que acabe. eu preciso viver ao mesmo tempo em que me certifico que estou rodeado pelas pessoas que amo. e que estas mesmas pessoas me aceitam, da forma que eu sou. afinal,

também sou humano. também amo. também sinto. também estou sujeito às sujeiras da vida. também mereço sorrir. sorrir honestamente. 

sinto saudades de dar um sorriso sincero. 

A espécie humana é de uma desoladora uniformidade; a sua maioria trabalha durante a maior parte do tempo para ganhar a vida, e, se algumas horas lhe ficam, horas tão preciosas, são-lhe de tal forma pesadas que busca todos os meios para as ver passar. Triste destino o da humanidade!
—  Os Sofrimentos do Jovem Werther.
Tan relativo es el tiempo, que una vida se vuelve breve y pasajera cuando se está con esa persona que se ama, pero es eterna, lenta, y desoladora, cuando no estas con esa persona.

;;{ @xuperbia }

De forma repentina, antes de que se diera cuenta, comenzó una fuerte y desoladora lluvia, era lo normal, después de todo había comenzado la época de lluvias en su hogar… no le molestaba mucho, algunas veces le gustaba danzar bajo la lluvia sin que nadie lo viese, disfrutando de lo que la madre naturaleza le daba.

Aunque no comprendía el por qué la repentina lluvia, esta no le causaba felicidad como todas las otras, si no que sentía como algo le presionaba el pecho, como si la madre tierra en vez de llorar de la felicidad, llorase de tristeza ¿Acaso algo malo había sucedido? ¿Acaso… algo malo le había sucedido a él? .— Ah… Rai ¿Te encuentras bien… donde quiera que estés?  .— Estaba asustado y algo preocupado, quería saber… sin él se encontraba bien.

La dura realidad es una desoladora confusión de hermosos ideales y torpes realizaciones, pero siempre habrá algunos empecinados, héroes, santos y artistas, que en sus vidas y en sus obras alcanzan pedazos del Absoluto, que nos ayudan a soportar las repugnantes relatividades.
—  Ernesto Sabato
[AU] Cautivo de amor

Corrían los años 30, Japón pasaba por cambios importantes en todo aspecto, nada se veía excluido, incluso aquellos que vivían al margen de la ley.

Ser parte de un clan Yakuza no era una ocupación muy honorable, ni ahora ni nunca. Sin embargo muchos en Japón se veían envueltos en este mundo por varias circunstancias. Podría ser por necesidad, ya que la pobreza era desoladora. Otra causa era el hecho de ser descendiente de un gran clan, por supuesto que había la opción de deslindarse, pero no se vería bien que el hijo de un gran Oyabun le diera la espalda a su padre. Luego estaban los que buscaban las emociones fuertes, el dinero aparentemente fácil y la idea de pertenencia a un grupo que acogía como si fuera la propia familia de sangre.

La entrada de Rei al clan se dio por acto divino, al menos así lo veía él y así lo recordaba ahora que acababa de regresar de un trabajo. Tenía unos 10 años, poco más de 1 mes viviendo en la calle, y a punto de morir de inanición, una de los más allegados al Oyabun, lo encontró y por alguna razón, que nunca se atrevió a preguntar, lo había llevado consigo para hacerse cargo de él.  Lo alimentó, visitó, educó en todo aspecto y sobre todo le lleno de afecto. Pensaba que tal vez, el viejo Utagawa, quería pasarle todas sus enseñanzas a alguien, ya que él era incapaz de tener hijos, sin embargo nunca estuvo seguro, ya que Utagawa-san nunca sugirió que tomara su apellido, así que siempre permaneció como Ryugazaki Rei. Cuando estaba a punto de cumplir los 15 años, se dio cuenta del gran privilegio de estar vivo y de pertenecer a una familia tan leal, no solamente su protector lo apreciaba, sino que el Oyabun, también lo apreciaba y tenía ciertas consideraciones, así que para darle un regalo de cumpleaños, le confiaron su primer trabajo.  No era mucho, pero eso le hizo sentir importante. Tenía que ir a cobrar la deuda de un pequeño empresario que se negaba a pagar, por supuesto no fue solo, los que lo acompañaron dieron constancia de que el joven Rei se había mostrado con un temple de acero, que jamás dudó  en levantar la voz y hacer valer su autoridad. Claro, regresó sano y salvo, con el dinero y con los intereses, que él mismo había calculado. Ahí obtuvo su primer tatuaje y se ganó su lugar oficialmente dentro del clan.

Ese tipo de trabajos le fueron confiados en un principio, luego conforme se hacía más diestro se le asignaban más con otro grado de responsabilidad y dificultad. Ya a sus 22 años, era uno de los principales cobradores de deudas, había controlado un negocio de distribución de drogas, y se había encargado de aniquilar a un par de tipos. Esa era su vida, le gustaba. No podía pedir más, pues prefería eso a vagar por las calle siendo un donnadie.

Los amores a distancia en estas nuevas generaciones han traído consigo la duda más desoladora y desesperante que se pueda presentar en un ser humano: ‘¿Y si no soy lo que esperas?’
—  Serotonina

respondo infindáveis questões que ninguém faz. elas sempre são sobre quem se foi, ou alguém de quem me fui. a informação é sempre sobre efemeridade. não sou para ficar. diria que sou um furacão, tsunami, qualquer força da natureza que ninguém pode deter. mas não, não sou tão importante. a frase morre no início do primeiro parágrafo. tenho vontade de dizer sobre a tristeza que sinto de mim, mas não há quem possa me ouvir. vezenquando eu só queria alguém capaz de escutar sem fazer comparativos consigo, ou quem sentisse, só sentisse, como quem nunca havia feito isso antes. a verdade é que nem em dois mil anos aprenderei sobre o sentir. permito que se permitam comigo, e desfaleço, meses depois, de pura exaustão. pensei que aguentaria, digo para ninguém. pensei que iria naquele show do caetano, que não tropeçaria na rua principal, que você me veria no verão. as coisas são tão belas dentro de mim, tão absurdamente trágicas no roteiro da minha mente e tão desoladoras no mundo material. todas essas palavras sem jeito dispostas assim me causam inquietação, então eu calo.

G.

Un reloj me ha parecido siempre algo ridículo, algo esencialmente falaz, quizá porque, por un impulso interior que nunca he comprendido, me he opuesto siempre al poder del tiempo, con la esperanza de que el tiempo no pasara, no haya pasado, de forma que podría correr tras él, de que todo fuera como antes o, mejor dicho, de que todos los momentos de tiempo coexistieran simultáneamente, o más bien de que nada de lo que la historia cuenta fuera cierto, lo sucedido no hubiera sucedido aún, sino que sucederá sólo en el momento en que pensemos en ello, lo que, naturalmente, abre por otra parte la desoladora perspectiva de una miseria continua y un dolor que nunca cese.
—  Austerlitz, W. G. Sebald