desde el ayuntamiento

Sobre polémicas y contextos

En las últimas horas se ha generado una polémica en torno a una serie de mensajes aparecidos en mi cuenta de Twitter en 2011: hace ya cuatro años. No voy a negar la existencia de esos mensajes y lamento profundamente que puedan herir la sensibilidad de personas y comunidades. En especial me apena que aquellas personas que hayan sufrido los efectos del odio puedan sentir desconsideración hacia su dolor. A todas esas personas y colectivos quiero ofrecerles una explicación desde la templanza y la responsabilidad, con toda la información que sirva para contextualizar el asunto y que supera con creces los 140 caracteres de un tuit.

Ayer, poco después de que comenzara la polémica, expliqué a través de las redes sociales la posición que siempre he mantenido: condeno tajantemente cualquier tipo de racismo y, por supuesto, también el antisemitismo. Considero que del Holocausto judío se desprende una lección que la humanidad nunca debe olvidar, para que nunca vuelva a repetirse. Del mismo modo, me solidarizo con todas las personas inocentes que han sido víctimas de la violencia y sufren desde entonces los efectos de esos ataques.

Soy un usuario apasionado de las redes sociales, especialmente de Twitter, en la medida que me permite una interacción ágil y constante con decenas de miles de personas. El saber colectivo, el intercambio de información de manera directa y sin intermediarios y la posibilidad de mantener contactos a distancia siempre me han parecido una oportunidad para aprender, debatir y compartir.

Pero también soy consciente, y hoy más que nunca, de que ese medio es propicio a las descontextualizaciones, los ataques desproporcionados, y la generación de polémicas que corren como la pólvora. La brevedad de los mensajes, la rapidez con la que se generan, potencia que esto ocurra.

El escritor israelí Amos Oz escribía en Una historia de amor y oscuridad que «a menudo los hechos amenazan la verdad». Recupero esta frase para pensar en lo que ha ocurrido en las últimas horas.

Los mensajes que más relevancia han tomado en esta polémica aparecen entrecomillados porque se sitúan en el contexto de una conversación sobre “los límites del humor” y aquello que se puede y no se puede decir en las redes sociales y fuera de ellas. Esta conversación deriva del hecho sucedido en enero de 2011 cuando el director de cine Nacho Vigalondo fue despedido del diario El País por escribir varios tuits con un supuesto contenido negacionista del Holocausto, cuando se trataba tan solo de una broma. En esos días se hablaba mucho en las redes sociales sobre los límites del humor y lo que puede o no ser objeto de broma. Aquellos tuits míos tenían por objeto señalar algunos chistes que fueron de uso común (este es el motivo de que estén entrecomillados) durante un periodo de tiempo en ciertos ámbitos, en concreto el de Twitter, y que son profundamente incorrectos por su crueldad. Obviamente, esto es algo que se pierde si desdibujamos el contexto.

Ahora, algunos de aquellos tuits, escritos en ese contexto, el de una conversación sobre el humor negro, han sido recuperados con objeto de ser presentados como ideas que fueran mías, pero que en absoluto defiendo. La descontextualización provoca que se pierda el sentido original. Los hechos, la publicación de esos mensajes, amenazan en este caso la verdad. Los mensajes, extraídos de aquella y otras conversaciones colectivas, aparecen cuatro años después y precisamente en el día en el que entro a formar parte del Ayuntamiento de Madrid como concejal de Ahora Madrid, por lo que la descontextualización de los hechos parece tener una intencionalidad política clara.
Sin embargo, la dimensión de los ataques y la necesidad de reaccionar con la templanza necesaria me han llevado a decidir cerrar temporalmente la cuenta de Twitter en torno a la que giraba la polémica y explicarme en un formato más pausado.

Reitero mi condena al terrorismo de ETA y al antisemitismo y a cualquier otra forma de represión y violencia. Y considero que no es incompatible con el humor negro, siempre y cuando éste sea reconocible como humor.

Ayer adquirí una enorme responsabilidad, la de trabajar por las personas que viven en Madrid desde el Ayuntamiento y como concejal de Cultura y Deportes. Prometí mi cargo con la expresión omnia sunt communia para subrayar mi compromiso con la comunidad. A ella me debo, ahora más que nunca, porque fui votado para defender intereses colectivos, tanto de quien está de acuerdo conmigo como de quien discrepa. A la comunidad doy y daré todas las explicaciones que me pida, en el ejercicio de transparencia que me exijo a mi mismo. En adelante trataré de hacerlo consciente de que, como cargo público, he adquirido también el compromiso de cuidar, respetar y defender las sensibilidades de todas las personas, también aquellas que han podido sentirse heridas.

No quiero hacer una política de redes sociales, de hipervelocidad y ansiedad.  La política que he aprendido con Manuela Carmena estos meses es la de la pausa y la escucha y es la que creo que necesitamos ahora todos los madrileños y las madrileñas.

Reitero mis disculpas a todas aquellas personas que se hayan podido sentir ofendidas por estos tuits.