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La abadía benedictina que salvó las campanas de Notre Dame

Luis Miguel Pascual
París, 5 feb (EFE).- Durante dos siglos, las viejas campanas de Notre Dame de París repicaron alegres por eventos felices, como la liberación de la ciudad del yugo nazi en 1944, y doblaron, tristes, cuando la capital lloró dramas.
Cuando en 2012 fueron reemplazadas por otras nuevas para celebrar el 850 aniversario de la catedral, el obispado de París las envió a la fundición normanda en la que fueron modeladas en el siglo XIX.
La intervención de una pequeña abadía benedictina de Riaumont, en el norte del país, impidió que esas piezas, consideradas patrimonio histórico, desaparecieran.
Interpusieron una denuncia y la justicia ordenó que fueran paralizadas hasta que se resolviera su destino. Notre Dame renunció a fundirlas y desde hace varios meses las expone, a ras de suelo, en el jardín adyacente a la catedral.
Ahora, los monjes las reclaman para el campanario del templo que están construyendo con ayuda de jóvenes en situación de exclusión social.
“Nos parecía aberrante que las campanas fueran destruidas. Tienen una historia y, además, nosotros les ofrecemos un futuro”, asegura a Efe el monje Alain Hocquemiller, que hace un alto en las obras para atender el teléfono.
Una segunda vida para Angélique-Françoise, de 1.915 kilos, Antoinette-Charlotte (1.335), Hyacinthe-Jeanne (925) y Denise-David (767), descolgadas de la torre norte de la catedral porque según los expertos no tenían un sonido acorde al de la campana mayor, Emmanuel, fundida en tiempos de Luis XIV y de más de doce toneladas de peso.
“A nosotros nos sonarían a gloria”, bromea Hocquemiller, que asegura que los planos de su iglesia han sido modificados para acoger las viejas campanas.
Pero su destino no es tan sencillo. Las campanas son, como todo bien patrimonial francés, propiedad del Estado, que por el momento no ha decidido su futuro.
Los monjes de la comunidad tradicionalista de Riaumont aseguran que un conservador del Ministerio de Cultura prometió en julio de 2012 donar las campanas a su comunidad religiosa.
Pero de esa reunión no hay constancia escrita, solo testimonios, prueba suficiente para el abogado de los monjes, Philippe Bodereau, que está convencido de que la justicia les dará la propiedad de las campanas.
Tras haber quitado razón a los monjes benedictinos en primera instancia, el Tribunal de Apelación de París tomó una decisión salomónica: obligó a todas las partes (la catedral, la abadía benedictina y el Estado) a presentarse con una postura conciliada el 6 de abril próximo.
La única condición que imponen los jueces es que “dado que las campanas han sonado en numerosos eventos históricos de París y de Francia y pese a que su sonoridad sea considerada mediocre” su destino debe corresponder “a su papel cultural e histórico”.
Bodereau considera que situarlas en el templo benedictino cumple todas las condiciones impuestas por los jueces, mientras que para Hocquemiller “es mejor que tenerlas en el suelo” porque “las campanas están hechas para sonar, no para ser vistas”.
El fraile, que acaba de acoger a un grupo de jóvenes cristianos procedentes de Irak, asegura que hubiera preferido que la donación se hiciera “por las buenas”.
“He pedido mil veces reunirme con el obispo de París, pero se ve que no soy lo suficientemente importante. No nos dejó más remedio que ir a los tribunales”, asegura.
Notre Dame, por su parte, se desentiende. El abogado de la catedral, Laurent Delvolvé, afirma a Efe que “las campanas son del Estado y su destino lo decidirá Cultura”.
Pero está convencido de que Riaumont no tiene legitimidad para reclamarlas. “¿Quiénes son ellos para asegurar que son suyas? Que un conservador les dijera en una reunión que era favorable a donárselas no significa que les pertenezcan. Hace falta un acuerdo formal”, señala.
El letrado asegura que los monjes benedictinos del norte de Francia no son los únicos que han llamado a la puerta de Notre Dame para pedir las campanas.
“Riaumont no tiene nada que ver con Notre Dame. Otros, quizá sí”, agrega el abogado, que no da nombres de otras instituciones que las hayan podido reclamar.
Delvolvé niega incluso que la catedral tuviera decidido destruir las campanas: “Era un proyecto entre otros muchos. La idea de fundirlas para crear pequeñas campanillas que sirvieran de premio a los peregrinos que llegan hasta Notre Dame nos parecía una salida aceptable”. EFE
lmpg/er/ig

Oviedo se queda sin terrazas

Una nueva normativa  municipal podría hacer que desaparecieran hasta el 70% de las terrazas de bares y restaurantes de Oviedo, según denuncian los hosteleros. La norma obliga, entre otras cosas, a separar las terrazas de las fachadas, pero algunas calles las aceras no son lo suficientemente grandes como para que sigan manteniéndose.Muchos han optado por retirar las mesas confiando en que haya un cambio que les permita volver a colocarlas.
¿Expuestas o volteando? Catedral, Estado y monjes disputan por las antiguas campanas de Notre Dame
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Durante dos siglos, las viejas campanas de Notre Dame de París repicaron alegres por eventos felices, como la liberación de la ciudad del yugo nazi en 1944, y doblaron, tristes, cuando la capital lloró dramas. Cuando en 2012 fueron reemplazadas por otras nuevas para celebrar el 850º aniversario de la catedral, el obispado de París las envió a la fundición normanda en la que fueron modeladas en el siglo XIX.

La intervención de una pequeña abadía benedictina de Riaumont, en el norte del país, impidió que esas piezas, consideradas patrimonio histórico, desaparecieran. Interpusieron una denuncia y la justicia ordenó que fueran paralizadas hasta que se resolviera su destino. Notre Dame renunció a fundirlas y desde hace varios meses las expone, a ras de suelo, en el jardín adyacente a la catedral.

Ahora, los monjes las reclaman para el campanario del templo que están construyendo con ayuda de jóvenes en situación de exclusión social. «Nos parecía aberrante que las campanas fueran destruidas. Tienen una historia y, además, nosotros les ofrecemos un futuro», asegura a Efe el monje Alain Hocquemiller, que hace un alto en las obras para atender el teléfono.

Una segunda vida para Angélique-Françoise, de 1.915 kilos, Antoinette-Charlotte (1.335), Hyacinthe-Jeanne (925) y Denise-David (767), descolgadas de la torre norte de la catedral porque según los expertos no tenían un sonido acorde al de la campana mayor, Emmanuel, fundida en tiempos de Luis XIV y de más de doce toneladas de peso.

«A nosotros nos sonarían a gloria», bromea Hocquemiller, que asegura que los planos de su iglesia han sido modificados para acoger las viejas campanas.

Decisión salomónica
Pero su destino no es tan sencillo. Las campanas son, como todo bien patrimonial francés, propiedad del Estado, que por el momento no ha decidido su futuro.

Los monjes de la comunidad tradicionalista de Riaumont aseguran que un conservador del Ministerio de Cultura prometió en julio de 2012 donar las campanas a su comunidad religiosa. Pero de esa reunión no hay constancia escrita, solo testimonios, prueba suficiente para el abogado de los monjes, Philippe Bodereau, que está convencido de que la justicia les dará la propiedad de las campanas.

Tras haber quitado razón a los monjes benedictinos en primera instancia, el Tribunal de Apelación de París tomó una decisión salomónica: obligó a todas las partes (la catedral, la abadía benedictina y el Estado) a presentarse con una postura conciliada el 6 de abril próximo.

La única condición que imponen los jueces es que «dado que las campanas han sonado en numerosos eventos históricos de París y de Francia y pese a que su sonoridad sea considerada mediocre» su destino debe corresponder «a su papel cultural e histórico».

Bodereau considera que situarlas en el templo benedictino cumple todas las condiciones impuestas por los jueces, mientras que para Hocquemiller «es mejor que tenerlas en el suelo» porque «las campanas están hechas para sonar, no para ser vistas».

El fraile, que acaba de acoger a un grupo de jóvenes cristianos procedentes de Irak, asegura que hubiera preferido que la donación se hiciera «por las buenas».

«He pedido mil veces reunirme con el obispo de París, pero se ve que no soy lo suficientemente importante. No nos dejó más remedio que ir a los tribunales», asegura.

Notre Dame, por su parte, se desentiende. El abogado de la catedral, Laurent Delvolvé, afirma a Efe que «las campanas son del Estado y su destino lo decidirá Cultura». Pero está convencido de que Riaumont no tiene legitimidad para reclamarlas. «¿Quiénes son ellos para asegurar que son suyas? Que un conservador les dijera en una reunión que era favorable a donárselas no significa que les pertenezcan. Hace falta un acuerdo formal», señala.

El letrado asegura que los monjes benedictinos del norte de Francia no son los únicos que han llamado a la puerta de Notre Dame para pedir las campanas. «Riaumont no tiene nada que ver con Notre Dame. Otros, quizá sí», agrega el abogado, que no da nombres de otras instituciones que las hayan podido reclamar.

Delvolvé niega incluso que la catedral tuviera decidido destruir las campanas: «Era un proyecto entre otros muchos. La idea de fundirlas para crear pequeñas campanillas que sirvieran de premio a los peregrinos que llegan hasta Notre Dame nos parecía una salida aceptable».

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ALERTA!!!

10 REGLAS A CUMPLIR EN LA CAMA !! 

Vivimos en un mundo lleno de reglas que, escritas y no, regulan nuestro comportamiento. Algunas son absurdas y nos gustaría que desaparecieran pero otras más, aceptémoslo, nos ayudan a convivir unos con los otros. Y, ¿qué hay con el sexo? Pregunté a varios amigos cuáles creen que deberían ser las reglas en la cama y conjuntando sus respuestas armé un decálogo sexual. ¿Quieres conocerlo? 

1. Darás la importancia debida a los juegos preeliminares. 

2. Honrarás a tu cuerpo y al de tu pareja recordando que debes tratarlos como templos sagrados.

3. Te protegerás de principio a fin para no contraer una infección de transmisión sexual y evitar embarazos no deseados.

4. Te relajarás y divertirás durante el encuentro, olvidando complejos y temores irracionales. 

5. No responsabilizarás al otro de tu propio placer. Trabajarás para conseguirlo. 

6. Comunicarás tus deseos a tu pareja y prestarás atención a sus mensajes verbales y no verbales. 

7. No harás cosas que no quieras hacer con tal de complacer a tu pareja, ni le presionarás para que ceda a tus deseos.

8. Disfrutarás durante el camino sin querer apresurar la llegada a la meta; no darás al orgasmo un valor exagerado. 

9. No llevarás a un tercero a la cama (a menos que estés en un trío), a través de comparaciones ni recuerdos. 

10. No olvidarás que el sexo no solo es la unión de dos cuerpos, sino de dos personas y que es necesario estar en el aquí y el ahora para disfrutarlo plenamente y buscar esa comunión.

twistedparty asked:

🚼-- para Beatrice! (?)

Send 🚼 for a thread with my muse as a child!

— “¡Estoy muy agradecida de que hayas aceptado jugar conmigo!” 

La infante exclamó con alegría mientras alzaba sus pequeñas manos a la altura de su pecho para acompañar el hecho. Ahora quien aceptó seguramente tendría que aguantar que ciertas cosas desaparecieran como motivo de ser parte del juego por parte de ella. Pobre criatura.

Nadie cuenta la historia

Una pareja sale a pasear como siempre con su perro y no sabe que está a punto de desencadenarse una historia. Todo el misterio queda en el aire cuando la historia que daba comienzo, de repente, se disuelve y se va como ha venido: sin aviso. Como si tras los compases de una obertura que suena en el teatro, los músicos recogieran sus bártulos y desaparecieran tras el escenario. De esta forma, la pareja vuelve a casa y la mujer, todavía con la angustia del momento, de la “intuición del drama”, llama al hijo para contarle la anécdota, pero una vez que la cuenta, se queda en nada. El hijo por su parte apenas la escucha, ya que tiene su propio panorama en casa, su matrimonio probablemente se está disolviendo en el aire, pero no lo sabe todavía, tan solo lo intuye sin palabras, como un olor o como un dolor de estómago. Las historias de El fin comienzan y se desvanecen antes de llegar al nudo. Son como un pequeño remolino, unas nubes negras en el horizonte en verano: anuncian tormenta y, al final, la tormenta pasa en otra parte.

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Act. Cronológica 5 (Parte 3): The starry sky.

Antes que los gruesos dedos del atardecer desaparecieran por el horizonte, la voz de Teresa rasgó la burbuja de sus pensamientos sugiriendo parar a descansar. Inmediatamente, las rodillas de Jeanne cedieron y se hundieron en la espesa tierra; el suave tejido del pantalón no impidió que el calor de los tórridos granos de arena le traspasara y las rodillas de la castaña le escocieran un poco, mas no le importó. Después de horas y horas –había perdido la cuenta de cuánto tiempo había transcurrido exactamente– caminando por aquella vasta extensión, agradeció tomar un tiempo para recuperar las fuerzas perdidas.

«Después de todo, acampar en el aire libre no estará tan mal.» Incluso descansar en la cima de un volcán le hubiera parecido la más genial de las ideas de lo cansada que se estaba. Podía notar como la temperatura abrasante había bajado considerablemente hasta el punto en que su piel podía estar descubierta sin necesidad de ser achicharrada pero, obviamente, no hizo tal insensatez por precaución. Ahora mismo su única tarea era la de tomar grandes bocanadas de aire para saciar sus pulmones del oxígeno que tanto había necesitado en el trayecto.

A pesar de que habían recorrido durante horas aquel interminable desierto, el simple hecho de respirar era una ardua tarea; parecía que su cuerpo aún no se había acostumbrado a aquel ambiente. No obstante, en sus pensamientos no aparecía otra cosa que no fueran los rostros y los cadáveres de las astillas perdidas. En el momento de la huida de las bolas metálicas come-cabezas Annie había reprimido cualquier sentimiento que no fuera el único y fiero deseo de salir de aquella pesadilla; lo que no iba a pensar era que en la superficie tampoco era la gloria.

Las había conocido muy bien a algunas de las que habían perdido su vida en el túnel: una de ellas había sido jardinera y, por ende, una de sus compañeras de trabajo. ¿Así acababa todo? Confusión, miedo… toda su vida –de la que recordaba– se había sentido como una marioneta manejada por los Operarios, o como un simple ratón. ¿Cómo les llamó Janson? Ah, sí, sujetos. Eso eran: juguetes de WICKED.

El ardor de sus piernas se suavizó justo en el momento en que un manto púrpura cubrió el cielo. ¿Sería una noche estrellada? En el firmamento empezaron a brillar unas estrellas, dando la bienvenida a una tranquila noche, o eso esperaba. ¿Cómo un espectáculo tan bello podía seguir existiendo en aquel infierno? El mismo cielo le dio la esperanza que ahora mismo necesitaba y tenía la creencia de que en algún lugar del planeta, aún quedaba un atisbo de vida.  Tal vez sí que tenía un motivo para seguir avanzando.

De inmediato, la joven castaña se incorporó y, con manos hábiles, comenzó a recolectar arena para apilarla en pequeños montones. En pocos minutos acabó su tarea: once pequeñas montañas de arena en las que había una letra capital en cada una de ellas.

—¿Qué estás haciendo, Annie? —una voz conocida hizo que Jeanne alzara el rostro; Diana estaba detrás de la castaña, contemplando los montones de arena.

Después de todo, Diana había decidido adentrarse por la Trans-Plana y seguir luchando por conseguir la cura. Jeanne estaba muy feliz pues ella era mucho más que una compañera, la rubia era como lo más parecido a una hermana que jamás había tenido.

—Recordatorios a las astillas caídas —la respuesta de Anne fue en apenas un susurro; no podían tener los cuerpos para hacer un homenaje pero sí las recordaría de otro modo.

Once pequeñas montañas, equivalente a las once astillas que habían perdido hasta ahora, y las once estrellas que habían aparecido allá en lo alto. Cada una de sus compañeras permanecería en su corazón, recordándole –e incentivándole– el verdadero lado de WICKED. WICKED no era bueno, por mucho que quisieran insistir en lo contrario. No estaba bien sacrificar a unos adolescentes para hallar lo que tanto ansiaba el mundo… mas ahora estaba infectada y probablemente en unas semanas sentiría los primeros síntomas del virus. ¿El precio era necesario? Por más que quisiera asimilar aquella posibilidad, no podía aceptarlo. No quería. Los odiaba a todos y cada uno de los miembros de la organización, a todas las personas que tuvieran algo que ver con aquella entidad.

Jeanne se tumbó en la arena, tratando de olvidarse de todos aquellos problemas por un momento. Tal vez acabaría durmiéndose unas horas y, si tenía suerte, ésta vez sería un sueño sin pesadillas.

ARTEFACTOS INDISPENSABLES

¿Qué pasaría si un día desaparecieran todos los artefactos los cuales su uso no es 100 por ciento necesario y nos quedáramos con aquellos que su función es meramente necesaria? La pregunta más allá de que pasaría es ¿Con qué tipo de artefactos nos quedaríamos? ¿Cuáles serían esos privilegiados que lograrían pasar la prueba de utilidad? ¿serían los mismos artefactos igual de útiles en todos lados? El primer método  que se podría usar para descartar todos aquellos artefactos que no son necesarios sería el de sacar de la lista aquellos que no cumplieran con tareas de necesidades básicas, diciéndolo de otra forma descartar todo aquello que no cumple con las necesidades fisiológicas y biológicas básicas de un ser humano; como una chamarra, y es que si nos ponemos a pensar un poco no es lo mismo una chamarra de forro polar en México que en el Norte de Canadá, en México es un accesorio más que tal vez en todo el año no uses a menos que salgas de viaje y en el norte de Canadá es una necesidad básica. 

En una ocasión en mi clase de metodología del diseño la profesora dijo:“Las personas no compran los artefactos que en verdad satisfacen sus necesidades. A la hora de comprar o decidirse por algún producto las personas no solo ven la utilidad de este, también y gran parte de su decisión se basa en la estética del producto, en si cumple con sus expectativas y en sus deseos (lo que ellos han imaginado o soñado)”. Esto me llevo a pensar que tal vez los deseos y sueños de una persona son necesidades a la hora de crear un artefacto. Si pudiéramos viajar en el tiempo nos daríamos cuenta que no siempre existieron los celulares, las medicinas o incluso las chamarras. Tal vez existió una versión rudimentaria de estas como la curación a base de platas o pieles de animales que te ayudaban a cubrirte del frío pero esto no quiere decir que entonces las chamarras o la medicina farmacéutica ya no sea necesaria. Creo que a medida que hemos ido evolucionando nuestras necesidades se han combinado con nuestros sueños y hemos llegado a crear artefactos que cumplen con ambas.

V centenario de la muerte de Fernando el Católico: 10 curiosidades sobre su vida

Fernando II de Aragón fue Rey de la Corona de Aragón (1479-1516) y también de Castilla (1475-1504) junto a Isabel y juntos eran conocidos como los Reyes Católicos. Su reinado se caracterizó por finalizar la Reconquista en 1492 con la Toma de Granada, que hizo que los reinos musulmanes desaparecieran en la Península Ibérica.
El descubrimiento de América gra