De algún modo, ella no quería confesarle que estaba harta de todas esa gente que parecería querer preocuparse por ella. Él acarició su mejilla suavemente. Su corazón latía tan fuerte que seguramente él podría oírlo. ¡Brazos arriba! Jugó delicadamente con su pelo. El toque de sus dedos enviándole oleadas de sensaciones. Iba a besarla. Eso quería ella, ¿o no? Entonces, ¿por qué se sentía como si estuviera tambaleándose al borde un precipicio lista para suicidarse en un instante? Luego, sus labios se encontraron y ella dejó de pensar. Solo un sentimiento: la ternura de su beso... la fuerza de sus brazos a su alrededor... el latido regular de su corazón bajo su mano... mientras ella se entregaba a los brazos de él. Había un precipicio y ella caía perdidamente enamorada. Enamorándose de él.

No te olvidé.

No te olvidé, aún recuerdo todas esas manías que me enloquecían, tus defectos encantadores y virtudes dignas de admirar. Recuerdo tu agitada respiración al estar a un lado de mi, tus dulces y suaves labios, tus tiernos besos. Tus consejos y tus regaños, inclusive tus sermones y también tu sarcasmo. Imposible olvidar aquel chico que decía: “no fumes, es malo para tu salud”.. mientras sostenía un cigarro en su mano derecha. Ese chico duro por fuera y tan sensible por dentro. Olvidarte? Te vi llorar, te vi reir, también cantar… te vi feliz, te hice feliz, me hiciste feliz.

No te olvidé, ¿cómo podría hacerlo? Sólo tuve que aprender a seguir sin ti…

—  Continuará..
Después de todo; lamentablemente me di cuenta que los amigos son solo lecciones que te da la vida, y no personas que estarán contigo hasta el final..
—  Dayara Irazoqui