deportes de riesgo

Las casas astrológicas: CASA 1 y el Ascendente. El YO y lo que  el mundo espera de mi.

 La casa uno en la carta natal comienza con nuestro ascendente en un determinado signo (cúspide de la casa 1) y termina en la cúspide de la casa 2 que puede encontrarse en el mismo signo o en otro. Esta casa representa el YO y todo lo que tiene que ver con la personalidad que proyectamos hacia afuera, nos demos cuenta o no. Si tenemos planetas en esta casa, éstos agregarán cualidades y defectos a nuestra forma de ser. Veámos:

Sol en casa 1: mucha necesidad de expresión personal en cualquier forma. Poseés  brillo y autenticidad, probablemente cuentes con un grupo de admiradores que festeja cada cosa que decís o hacés. También tenés mucho ego y los demás puede que te perciban como alguien egoísta y melodramático sin necesidad. Tu necesidad de protagonismo puede ser abrumadora, por eso tenés que estar seguro de llamar la atención por las razones correctas.

Luna en casa 1: lunático absoluto! Tus cambios de humor son demasiado notorios y sos percibido como alguien muy emocional y sensible. Tenés mucha empatía pero te encerrás en vos mismo. En el peor de los casos  eso te vuelve intratable a veces y en vez de expresarte preferís callarte. Te da miedo lo desconocido, sos muy apegado a aquello que te sea familiar. La figura materna tiene mucha importancia en tu vida y decisiones personales.

Mercurio en casa 1: discurso y gestos muy personales. Sos  muy locuaz y conversador. Tenés excelentes habilidades para negociar con otras personas y probablemente te interesen las profesiones en las que necesites exponer tu impronta como vendedor, escritor, maestro,periodista, etcétera. Te perdés en detalles sin sentido y te cuesta hacer una síntesis de cada experiencia que te sucede. Vas detrás de la variedad pero la dispersión es tu enemiga número uno. Te perciben como alguien sociable pero neurótico que no sabe lo que quiere.

Venus en casa 1: te gusta la vida fácil y cómoda, con muchos eventos sociales en donde puedas desenvolver tu encanto personal. Tener cosas caras es algo que te atrae mucho, y también tenés un gusto muy refinado en cuanto a las artes y cualquier cosa que te cause algún tipo de placer físico o mental. Sos percibido como alguien atractivo, seductor, creativo y a veces frívolo y hueco. Los excesos de todo tipo son tu peor enemigo. 

Marte en casa 1: los deportes de riesgo, una buena pelea callejera, las discusiones acaloradas o los romances intensos forman parte de tus intereses. Sos aguerrido, intrépido y tus pasiones te ciegan. Tenés el empuje necesario para ir por tus metas, y sos muy asertivo, quien se meta con vos lo va a averiguar. Esta forma de ser impulsiva te mete en más de un problema, haciendo que los demás te vean como alguien imposible y agresivo.

Júpiter en casa 1: te perciben como el optimista, exagerado y aventurero del grupo siempre. Probablemente seas un experto en el tema que te apasione y te considerás un eterno aprendiz al respecto. Tu problema es la negación y la credulidad. Tu intuición te dice que te están mintiendo y vos elegís deliberadamente ignorarla. Vos seguro tengas buenas intenciones pero eso no significa que el resto sea igual. También sos un sincericida y eso puede meterte en más de un problema.

Saturno en casa 1: tenés una personalidad que impone respeto y autoridad. La opinión y/o sucesos vinculados a la relación con tu figura paterna tienen mucha relevancia en tu vida. Sos ambicioso, muchas veces solitario y sentís límites a la hora de expresarte emocionalmente. Odiás los gestos exagerados y preferís adoptar una postura solemne. Te perciben como alguien frío, contenido emocionalmente y demasiado exigente pero confiable debido a la solidez que proyectás. Tus miedos te paralizan, no permitas que dominen tu vida. 

Urano en casa 1: los cambios de todo tipo abundan en tu vida y juntarte con iguales es lo más importante para sentirte bien. Tenés una actitud rebelde pero no sin causa como muchos puedan percibir, sino que realmente no podés comulgar con ciertos ideales o acciones y expresás tu disgusto abiertamente. Esto de llevar la contra te otorga mucha singularidad, y hasta probablemente te consideren un excéntrico. Te ven como alguien muy original e idealista, pero inestable y errático. Te atrae lo marginal, las revoluciones  y los proyectos que incluyan a muchos.

Neptuno en casa 1: sos el más soñador y creativo de todos. Sentís el dolor, la alegría, el llanto,el enojo, etcétera del prójimo como nadie. Sos híper-sensible y debido a tu condición de esponja psíquica preferís recluirte de los demás y pasar tiempo a solas. Te acompaña un halo de amparo y por eso muchos van a buscar consuelo/redención en vos esperando que disuelvas sus problemas. Justamente esto es lo que más te abruma y por eso preferís hacerte humo conectando con tu interior a través de alguna actividad. Te perciben como alguien misterioso, elusivo, difícil de comprender, y probablemente proyecten sobre vos características que no son ciertas. Tu problema es que prometés más de lo que podés cumplir. 

Plutón en casa 1: o te juntás con gente que vive en constante crisis o vos vivís de esa manera. Probablemente experimentes muchos cambios radicales e irreversibles a lo largo de tu vida como por ejemplo la muerte de seres queridos. Tenés la cualidad de percibir la fibra íntima de los demás y comprenderlos, por lo que no hay nada que se te escape. Sos intenso, radical y cargás con un dolor propio o con el de otros. Buscás transformarte y trasformar lo que te rodea para ser más fuerte. Exponer tu vulnerabilidad te espanta pero creeme que allí reside la cura. Te perciben como alguien magnético, poderoso e intimidante. No pretendas controlar a nadie, sólo podés ser dueño de tu propia vida. 

Crecí llena de besos y abrazos, y decidida a devolverlos. Si no te toco, no te quiero. Te abrazo, apoyo la cabeza en tu hombro, te tomo la mano para caminar. No significa nada. Lo hago porque te quiero.

Creciste llena de besos y abrazos, y creciste, y te pusieron incómoda. Los abrazos te paralizan, no sabés qué hacer. Te alejás cuando se te acercan demasiado. Querés, pero de lejos.

Excepto conmigo.

No te di opción; te acostumbraste a la fuerza. Te di la mano para no perderte, había mucha gente. Te abracé porque vivís lejos, y hacía mucho que no nos veíamos. Te usé de almohada, porque la otra cama quedaba muy lejos para hablar antes de dormir, porque sos cómoda, porque no puedo compartir cama sin abrazar a la otra persona. Mambos míos. Te abracé por la cintura, desde atrás, mientras lavabas los platos que no me dejaste lavar a mí, y te puse flores en el pelo. Nadie entendía. Yo no me daba cuenta. Era normal. Lo hacía porque te quería, y no significaba nada.

Al tiempo, te pudo. No podías más, me dijiste, te estaba comiendo el alma hacía bocha. Era lo peor que te había pasado. No porque yo fuese una chica y vos también lo fueras, sino porque yo era yo. Me reí. “Bueno, gracias,” te dije. “Me siento muy halagada.” Te pregunté cómo actuar. ¿Te tenía que saludar con la mano? ¿Iba a necesitar una razón válida para abrazarte? ¿Iba a ponerte incómoda cada vez que lo hiciera? No sabías, me dijiste. Y lo entendí. Lo entendí aunque no me entraba en la cabeza, y tuve cuidado en general, siempre, a veces. Cuando podía. A veces me olvidaba.

Lo discutimos mucho. A veces abríamos debates cuasi profesionales. Se te iba a pasar, te decía yo. Claro que no, si no se te había pasado en un año, insistías. Estás confundida, no estás segura. Estabas más segura que nadie. Tuviste todo el coraje que yo no había tenido para mencionar la tensión que yo ya había notado. Tuviste el coraje para aguantarme a mí, a mis once meses de franeleos casi insorteables, a mi casi, pero no del todo. Tuviste el coraje para llorar en mis brazos, las lágrimas más bizarras y hermosas, y para secártelas con el dorso de la mano y ya está, estoy bien, de verdad, vamos a dormir. No te creo. De verdad. En serio. Estoy bien.

Tuviste el coraje para robarme un primer beso que casi ni existió, aunque todavía no estoy segura de que la culpa no haya sido compartida. Creo que ambas sabíamos a dónde estábamos llegando. Y cuando me reí, sorprendida, sobresaltada, tuviste miedo. De verdad. En serio. Está bien. Esa vez no lloraste, aunque casi. Esa vez tuviste el coraje para hacerle frente al delito y sacarme el segundo casi con tirabuzón, porque te quería tanto que me daba miedo arriesgarlo. Y fue chiquito y hermoso, igual que vos. Y entonces eras vos la que se reía, y yo nunca había escuchado algo así.

Ninguna entendía muy bien que pasaba, pero tampoco importaba. Te daba igual el título; solo querías que fuera claro y ahora lo era. Chiquito y hermoso, nos puso en un piso común.

No era un secreto, pero al mismo tiempo lo era. Si las chicas se enteran, nos matan por no decirles. Capaz deberíamos. Ya lo haremos. Besarte de noche y ocultarlo al día siguiente era casi un deporte de riesgo, y ni en ese destacamos. Al borde, siempre al borde. Desde el principio, siempre al borde.

Hicimos todo al revés. No hay un orden correcto, me dijiste. El pasto, el verde, las mochilas llenas de libros, mi espalda contra tu pecho, mi cabeza en tu hombro, tu mano en mi cintura, y paz. Las luces de la noche porteña colándose por la persiana que no sabemos cerrar del todo, tu respiración contra mi cuello, mi mano deslizándose a lo largo de tu antebrazo, despacio, despacio. Nuestros dedos entrelazándose, y paz. Y también hipersensibilidad, y caricias suaves, y energía eléctrica, y respiraciones aceleradas, y la intimidad más inocente, y el momento antes del beso que a veces es mejor que el beso mismo. Un puñado de purpurina en el aire, dice Pink, y vos con mi café de la mañana en la mano. The thunder before the lightning and the breath before the phrase ‘have you ever felt this way?’

Te regalo ironía en una novela, y una página entera de cosas que me daba miedo decir. No hace falta que digas nada. Me das la mano, y tenés la piel fría por el viento, y terminamos ambas guardadas en tu bolsillo. Y lo que antes no significaba nada, ahora lo significa todo.

Nunca estuve rota ni necesité que me reparen, pero con vos me siento más entera que nunca. No sabía lo que quería, pero siempre supe que lo quería con vos. Y ahora sé que lo quiero todo. 

“Sentada en un pupitre se corren pocos riesgos, por eso no te gusta. A mí tampoco me gustaba. Me encantaba aprender, pero la escuela no. Los maestros sí, los profesores no. La universidad menos. Me olió a libertad apenas un instante. Rápido comprendí que libertad no es irse de casa y de los tuyos, libertad es poder elegir y para eso, por suerte o por desgracia, hace falta dinero.

Eres mayor de edad cuando ganas tu sueldo. Eres adulto cuando pagas el detergente y el recibo del gas. Eres libre cuando puedes elegir alquiler o hipoteca porque podrías permitirte ambos. ¡Qué prosaico! ¿Verdad que no pensabas que yo iba a escribir estas cosas? ¡Y en viernes! Pero son la verdad social, aunque siempre he creído que el dinero tiene por principal utilidad el poder olvidarte del dinero. Y, en consecuencia, lo mejor de la vida: ser libre.

Ser libre es elegir. Y elegir es equivocarse (si es pronto, rápido y barato, mejor), y tener más preguntas que respuestas y seguir fabricando preguntas. Elegir es crecer todos los días, o mejor, crecer todos los días es poder elegir. Y eso tienes que hacerlo sola, la decisión es tuya, los errores también. Los aciertos, cuando lleguen, no debes preocuparte, que enseguida tendrás quien se te "arrime” a compartirlos. Son atractivos.

Por eso, si me lo permites, esto va de DESEOS.

Te deseo que te caigas, que empieces enseguida y te caigas mil veces, pero que te levantes una más. Si me dejas puedo contarte en qué postura suele doler menos. Soy experta. A levantarte no. A eso prefiero que aprendas sola. Porque en eso consiste tener estilo, en levantarse como nadie.

Te deseo que aprendas a encajar los golpes, porque en este deporte de riesgo que llamamos vida, algunos pensarán que si te golpean lo bastante fuerte, en el lugar oportuno, lograrán romperte. No tienen ni idea de lo dura que eres si te lo propones. Que los golpes no te rompen, te pulen y eso te hará brillar.

Te deseo que aprendas a mirar a la vida a los ojos para seguirle el juego. Espero que la disfrutes cada día. Que ser feliz no es acabar el cole, que ser feliz no es acabar la universidad, que ser feliz no es encontrar al hombre de tu vida, que ser feliz no es tener el trabajo perfecto. Porque ser feliz no es esperar a que las cosas lleguen. Ser feliz es ahora, cuando te ríes, cuando disfrutas lo que haces, cuando te dedicas a todas esas cosas que te hacen sentir bien y que nunca llamarás trabajo aunque ocupen tus horas y te dejen agotada. Que vivir es jugar. ¡Juega!

Te deseo que saltes sin miedo desde esa planta tan elevada llamada 2pánico a reconocer lo que deseas hacer”, lo que te gusta. Que nunca dejes que te paralice. Que aprendas a ir de farol si te lo ponen complicado. Que les cambies las cartas. Que ganes la jugada. Que juntes muchas fichas y las cambies por amaneceres que merezca la pena contar, aunque los calles, que lo mejor de la vida no hace falta contarlo.

Te deseo que te enamores y que sea de una de esas personas que te hacen perder los papeles y el miedo, y te cambian el vértigo por el placer de contemplar las vistas. De esos que te hacen cambiar de opinión, de principios, de lemas, que te ponen esa cara de tonta feliz con la que te encanta levantarte porque sabes que estarán allí para acolchar tu mundo, para hacer magia con la rutina. Espero que lo busques cada noche y él a ti, que no pueda conciliar el sueño sin tenerte a su lado y que sueñe contigo cuando esté más despierto.

Te deseo que te pierdas en medio de la gente, de esa gente a la que ya sabes que no quieres ni querrás nunca conocer. Espero que aprendas a dirigirte a ellos, a hablarles con soltura y hasta amabilidad. Espero que encuentres fácilmente la salida, y que sea por la puerta que te abren los amigos de verdad. Porque espero que encuentres al menos dos o tres. Y no te deseo que los conserves sino que vengan vacunados contra la mala suerte y el azar. Porque los amigos de verdad no se van salvo si la vida se los lleva. ¡Y que no se los lleve!

Te deseo que te cierren las puertas para que descubras que tienes miles de ventanas para abrir. Para que compruebes que también las puedes construir tú y que se puede sobrevivir en la oscuridad cuando se tiene luz propia. Y que por las puertas que tú abres pueden pasar otros y lo harán. Espero que cuando las abras te encuentres mucha luz porque te habrán dicho que vivir en la oscuridad no ciega ni deslumbra pero te aseguro que tampoco aporta nada.

Te deseo que te acorralen contra las cuerdas de la vida y que sea un instante y que la duración la decidas tú y que tengas argumentos y estrategias para salir del agujero. Espero que siempre sigas teniendo ganas de luchar, de seguir peleando con los inconvenientes, de cambiar el mundo a tu paso, de volverte mejor y no mayor.

Te deseo que te vuelvas loca de pasión por algo, que te quite el sueño, que no puedas dormir bien hasta que no lo acabes. Que lo termines. Que lo mires con el enorme placer de saber que lo has hecho tú, que es tuyo. Que lo compartas con los que sepan apreciarlo. Y, sobre todo, te deseo que no olvides lo que sentiste cuando lo empezabas, cuando era un proyecto. Y que mires arriba, creas en lo que creas, mira arriba siempre y nunca te canses de dar las gracias a la vida. Gracias por lo logrado. Gracias por los tuyos. Gracias por ti, por cómo eres.

Te deseo que tengas siempre algo que contar, algo que te ilusione compartir y que les fascine escuchar. Que ni un día te falte un motivo por el que brindar. Que pienses con una sonrisa en lo que te han dejado los que se han ido. Pero que no olvides lo importantes que son los motivos que tienen para estar contigo los que se han quedado.
Te deseo que te digan la verdad aunque te duela y que aprendas a encajarlo sin dejar de ser quien eres. Que siempre acabes la jornada con un poco más de sabiduría, con un poco más de experiencia de la buena, pero sobre todo con muchas más preguntas para seguir viajando y creciendo.

Te deseo que te equivoques y que digas adiós. Y que aprendas a pedir perdón. Y que te perdonen. Y que te quedes o te despidas sin dejar de ser feliz. Espero que aunque te hayan roto el corazón en mil pedacitos seas capaz de recogerlos, de reconstruir el puzle, de encajar cada pieza en su lugar porque así es como descubres dentro de ti lugares que ni siquiera sabías que existían. Y espero que te levantes, que mires muy lejos y que seas capaz de hacer eso que nos vuelve tan humanos y nos hace tan felices: Volver a confiar a pesar de todo.

Ya sé que sobrevives a lo que te disgusta, a la media luz y a los intentos, pero hoy yo quería desearte otra cosa:
Te deseo que vivas.“

—  Marián Fraile Basanta

Espero que te caigas.

Que te caigas mil veces y te levantes siempre una más.

Que te partas todos y cada uno de los huesos de tu cuerpo derrapando en este deporte de riesgo que llamamos vida. Y que merezca la pena. Espero que lo hagas y que quede claro que somos piedras que se pulen a golpes bajo la atenta mirada de quienes creen que en una de estas se romperán. Pero no se rompen. Espero que nada consiga partirte en dos.

Espero que recuperes tus pulsaciones y ganes el pulso otra vez. Que aprietes los dientes y le digas al mundo de reojo que sólo sabes caminar hacia delante y que si caminas hacia atrás es solo para recordarte que en peores plazas has toreado. Que aquí hemos venido a jugar. Que juegues. Que las cosas más fuertes son las que nacen en la adversidad.

Espero que saltes. Sí, que saltes desde la decimotercera planta de ese edificio llamado pánico a reconocer que te gusta. Que te den la vuelta a las cartas, que pierdas la partida, que ganes la jugada. Que te pillen el farol. Que te cambien las fichas por amaneceres que algún día contarás. Que merezca la pena.

Espero que te enamores. Y que duela. Que te enamores de esa clase de personas con complejo de lanzadera. De las que te hacen perder el vértigo a cambio de las vistas. Espero que le preguntes a las noches donde está ella y que no te sepan responder. Que no puedas dormir. Que salgas a buscarla. Que la encuentres. Que merezca la pena.

Espero que te pierdas. Que te pierdas en medio de un montón de personas a las que ni por casualidad hubieses imaginado conocer. Espero que dirigirles la palabra sea la única manera que tengas de salir de allí. Espero que salgas. Espero que encuentres a un amigo de verdad. Que lo conserves. Que merezca la pena.

Espero que llores. Que llores hasta salirte de ti mismo y los ejes de la tierra se den la vuelta. Espero que tu mundo se vuelque y que, una vez patas arriba, seas capaz de aprender a vivir boca abajo. Que boca abajo de repente signifique del derecho otra vez.

Espero que se te cierren las puertas. Todas y cada una de las que un día estuvieron abiertas en forma de probabilidad. Que tengas que elegir. Que encuentres la manera de abrir las ventanas y comprendas que la luz que entra en nuestras vidas no es sino aquella que nosotros dejamos que entre. Que vivir en la oscuridad nunca ciega, pero tampoco deja ver.

Espero que mires hacia arriba. Creyendo o sin creer. Que mires hacia arriba y des las gracias. Gracias por ti. Gracias por ellos. Gracias por todo. Gracias. Siempre gracias.

Espero que te vuelvas loco. Que encuentres eso que te mantenga despierto, que no te deje dormir hasta que no esté terminado. Que lo termines. Que sea tuyo. Que lo compartas. Que merezca la pena.

Espero que tires la toalla. Que te acorralen contra las cuerdas y por un momento pienses que nada puede ir peor. Espero que ese momento sea eso, un momento. Que seas tú y solo tú quien decida cuanto dura. Que te gires, que des la cara, que sigas peleando. Siempre peleando. Que siempre tengas un motivo por el que pelear. Que merezca la pena.

Espero que sigas yendo a ese bar. Que siempre tengas algo que contar. Que tengas algo por lo que brindar y que no te falte quien te recuerde que los que se han ido ya no están pero que los que se quedan, se quedan por algo. Espero que siempre tengas a alguien que te diga la verdad. Aunque duela.

Espero que te digan adiós. Y que lo digas tú también, queriendo y sin querer.

Espero que te equivoques tantas veces como puedas. Que puedas pedir perdón por ello otras tantas. Que te perdonen. Que siempre vuelvas a casa con una lección aprendida y la paz de quien sabe que el orgullo destruye más que crea y aleja más que acerca. Que te acerques. Que merezca la pena.
Espero que te rompan el corazón. En trozos muy pequeños. Tan pequeños que ni siquiera parezcan trozos. Tan pequeños que se confundan con el polvo. Espero que te agaches. Que los recojas. Que los vuelvas a encajar en lugares que jamás imaginaste que existirían dentro de ti. Espero que te sacudas las telarañas y los tengas donde hay que tenerlos para volver a hacer eso que todos necesitamos hacer tarde o temprano, confiar.

Espero que vivas.
Que sobrevivas.
Y que merezca la pena.

—  El cajón de Gatsby

~ Signing off for 2014 with some extreme sports! Wishing you all a very happy 2015!!
~ Despido el año practicando deportes de riesgo! :)
Les deseo un muy feliz 2015 a todos!!!
Shak 

Que merezca la pena.

Espero que te caigas.

Que te caigas mil veces y te levantes siempre una más.

Que te partas todos y cada uno de los huesos de tu cuerpo derrapando en este deporte de riesgo que llamamos vida. Y que merezca la pena. Espero que lo hagas y que quede claro que somos piedras que se pulen a golpes bajo la atenta mirada de quienes creen que en una de estas se romperán. Pero no se rompen. Espero que nada consiga partirte en dos.

Espero que recuperes tus pulsaciones y ganes el pulso otra vez. Que aprietes los dientes y le digas al mundo de reojo que sólo sabes caminar hacia delante y que si caminas hacia atrás es solo para recordarte que en peores plazas has toreado. Que aquí hemos venido a jugar. Que juegues. Que las cosas más fuertes son las que nacen en la adversidad.

Espero que saltes. Sí, que saltes desde la decimotercera planta de ese edificio llamado pánico a reconocer que te gusta. Que te den la vuelta a las cartas, que pierdas la partida, que ganes la jugada. Que te pillen el farol. Que te cambien las fichas por amaneceres que algún día contarás. Que merezca la pena.

Espero que te enamores. Y que duela. Que te enamores de esa clase de personas con complejo de lanzadera. De las que te hacen perder el vértigo a cambio de las vistas. Espero que le preguntes a las noches donde está ella y que no te sepan responder. Que no puedas dormir. Que salgas a buscarla. Que la encuentres. Que merezca la pena.

Espero que te pierdas. Que te pierdas en medio de un montón de personas a las que ni por casualidad hubieses imaginado conocer. Espero que dirigirles la palabra sea la única manera que tengas de salir de allí. Espero que salgas. Espero que encuentres a un amigo de verdad. Que lo conserves. Que merezca la pena.

Espero que llores. Que llores hasta salirte de ti mismo y los ejes de la tierra se den la vuelta. Espero que tu mundo se vuelque y que, una vez patas arriba, seas capaz de aprender a vivir boca abajo. Que boca abajo de repente signifique del derecho otra vez.

Espero que se te cierren las puertas. Todas y cada una de las que un día estuvieron abiertas en forma de probabilidad. Que tengas que elegir. Que encuentres la manera de abrir las ventanas y comprendas que la luz que entra en nuestras vidas no es sino aquella que nosotros dejamos que entre. Que vivir en la oscuridad nunca ciega, pero tampoco deja ver.

Espero que mires hacia arriba. Creyendo o sin creer. Que mires hacia arriba y des las gracias. Gracias por ti. Gracias por ellos. Gracias por todo. Gracias. Siempre gracias.

Espero que te vuelvas loco. Que encuentres eso que te mantenga despierto, que no te deje dormir hasta que no esté terminado. Que lo termines. Que sea tuyo. Que lo compartas. Que merezca la pena.

Espero que tires la toalla. Que te acorralen contra las cuerdas y por un momento pienses que nada puede ir peor. Espero que ese momento sea eso, un momento. Que seas tú y solo tú quien decida cuanto dura. Que te gires, que des la cara, que sigas peleando. Siempre peleando. Que siempre tengas un motivo por el que pelear. Que merezca la pena.

Espero que sigas yendo a ese bar. Que siempre tengas algo que contar. Que tengas algo por lo que brindar y que no te falte quien te recuerde que los que se han ido ya no están pero que los que se quedan, se quedan por algo. Espero que siempre tengas a alguien que te diga la verdad. Aunque duela.

Espero que te digan adiós. Y que lo digas tú también, queriendo y sin querer.

Espero que te equivoques tantas veces como puedas. Que puedas pedir perdón por ello otras tantas. Que te perdonen. Que siempre vuelvas a casa con una lección aprendida y la paz de quien sabe que el orgullo destruye más que crea y aleja más que acerca. Que te acerques. Que merezca la pena.

Espero que te rompan el corazón. En trozos muy pequeños. Tan pequeños que ni siquiera parezcan trozos. Tan pequeños que se confundan con el polvo. Espero que te agaches. Que los recojas. Que los vuelvas a encajar en lugares que jamás imaginaste que existirían dentro de ti. Espero que te sacudas las telarañas y los tengas donde hay que tenerlos para volver a hacer eso que todos necesitamos hacer tarde o temprano, confiar.

Espero que vivas.

Que sobrevivas.

Y que merezca la pena.

Amar a quien no te ama es el deporte de riesgo más difícil que existe, si lo practicas tu corazón terminará irremediablemente roto.
—  Alma de Colibrí
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La cámara todoterreno

GoPro se ha convertido casi en el estándar a la hora de filmar deportes de riesgo o aventura. Es una cámara relativamente económica, muy ligera (93 gramos) y con una amplia variedad de accesorios para engancharla a diferentes monturas -desde manillares a cascos-.

La tercera versión es una de las pocas cámaras capaces de grabar en alta definición a una velocidad de 120 cuadros por segundo (al pasar el vídeo a unos 30 cuadros por segundo, una velocidad normal, se consiguen esas imágenes a cámara lenta tan fluidas que quedan tan bien en los vídeos con mucha acción). Tiene WiFi integrado -antes sólo estaba disponible mediante accesorio- y por supuesto puede utilizarse también para sacar fotografías.

GoPro Hero3 viene en tres modelos diferentes. Uno de ellos, llamado Black Edition, capaz incluso de grabar vídeos en formato 4K -el doble de resolución que Full HD- aunque a sólo 12 cuadros por segundo. La resolución del sensor es de 12 megapíxeles y mediante un control remoto WiFi incluido se pueden controlar hasta 50 cámaras.