del corte fino

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Me podría detener un momento para hablarte de todo lo que veo, que desde la terraza se observan casas encimadas, de colores diversos, de perros en la calle, de gente cantando. Hablarte de bailes improvisados, de tunos danzarines, de callejones estrechos, de colinas aceitunadas. Podría también contarte de lo que puedo oler, de aroma a tabaco que se difumina mientras desciendes por las escaleras principales, del olor a madera vieja, de los cortes finos, del amargo y suave olor a muerte y a historia entre mezclada. Pero de seguro me perdería a media crónica, porque recordaría el calor infernal de mi ciudad que, por increíble que parezca, ya anhelo. Así que mejor me detendría largas horas para hablarte de mis amigos, del desayuno en la cama, contarte chascarrillos y de las alabanzas que mi madre pone en la radio por las mañanas, de los lugares que frecuento, del café que siempre pido aunque no me guste, de la tranquilidad innata que te provoca el sentimiento de pertenencia y de origen de toda aquella tierra que conoces en cada uno de sus puntos a la perfección, del lugar donde te permites ser realmente tú mismo, donde no te da miedo abrirte, darle paso libre a tu alma y con ello el posible desgarro, que no es otra cosa que dolor dulce, deseado.

Ya se extraña la comida, las personas y esa maldita característica propia de la ciudad que no es otra cosa que el hecho de que pareciera que todos se conocen ya, como si nacieran predestinados a saberse uno del otro. Donde tus enemigos son los amigos más íntimos de los tuyos, donde terminas sentado a la mesa de los esperados e inesperados y donde la definición de comunión nos obliga a vernos a los ojos. Ya extraño a los conocidos tanto como a los ajenos que bien parecen propios. Ya extraño todo, y me gusta, me gusta saber que hay una pequeña parte de mí que he dejado para que me espere, motivo suficiente para un reencuentro, para plantearme regresar y definitivamente comenzar a contarte la historia que desde un principio he dejado a medias.

—  Manuel de Noviembre