debilucho

Cuando me enojo digo/escribo cosas que no son muy bonitas y de ahí estoy con la consciencia gritándome “¡Anda a disculparte!” y termino haciéndolo.

Soy celosa. De cualquier bobería puedo estar enojándome o haciendo puchero y medio, pero no hago ruido hasta ver que es necesario. ¿Para qué estallar si no lo amerita? Sé controlarlo, pero ello no quita que sea indiferente.

Cuando siento que me hacen daño, me alejo sin pelear, y no porque sea un ángel o quiera postular a la santidad, porque no sé hacerlo. Fui hija única hasta los 11 y papás me criaron a la antigua. Dicen que peco de ingenua al pensar que las personas regresarán, y vendrán con el pan bajo el brazo, porque no lo hacen, y a pesar de todo eso sigo pensando en que algún día, alguna persona hará la diferencia.

Esto parecerá mentira pero puedo decirte que muchas personas se encariñan conmigo, otras todo lo contrario y es que puedo ser muy dulce y maternal, pero digo las cosas con demasiada severidad en casos en donde la situación me parece intransigente por lo que suelo chocar con bastantes. Me gusta ir subiendo hasta ubicarme arribita, a la cabeza y un líder –que intento serlo- siempre consigue apoyo y… digamos que mitad de los que conozco buscan cuidarme y la otra mitad se encarga de querer tumbarme o bien ¡gracias al cielo! les soy indiferente.

Me gusta hacer muchas cosas, no suelo encasillarme y, no sé si es un error o no, pero callo mis triunfos. Me gusta presentarme como una joven que no tiene muchos logros para probar quién se acerca a mí por lo que ve en mí y quien viene después cuando ve mi esfuerzo y lo que se puede obtener de él. Digamos que me gusta que me subestimen para ¡pum! ¡Sorprender! He comprobado que es una de las formas más eficaces de medir a las personas y ver quiénes están contigo desde el inicio, desde que eras un gusanito feo, debilucho y no la mariposa multicolor.

¡Y en caso de chicos! Me dicen que tengo algo que llama la atención porque soy coqueta por naturaleza (eso dicen los rumores), pero no me doy cuenta, ¡si todos supiesen! ¡Soy muy tímida! Y me ilusiono con las personas que creo tienen un buen corazón…

Lo que me lleva a decir que soy un libro abierto en cuanto a mis sentimientos. No me puedo callar qué pienso y mucho menos qué siento. En cuanto a secretos: he aprendido que un ser humano es el peor cofre del mundo para guardarlos.

He querido mentir muchas veces, lo he hecho y ¡en todas! Me he ido contra el piso de manera ¡vergonzosa! En todas he fallado. Digamos que en cada oportunidad el destino ha obrado y me ha gritado “¡Tú no sirves para esto, so idiota! ¡Tú sólo escribe lo que sientes a pesar de lo que estés viviendo!” Y ¡como diga general! Ya aprendí.

Me he enamorado un par de veces aunque todos piensen que tengo mil y un conquistas. Sí, se acercan a mí y me buscan mucho, pero mi cabezonería y mi corazón son los más tercos del universo: nunca los comprendo, hablan chino.

Tengo un karma curioso, llama a las cosas ilógicas y no me quejo, lo digo con gracia porque es esto lo que me permite contar tantas experiencias propias y de los demás. Sí, me hace ver tormentas llenas de lluvia, truenos y relámpagos, pero siempre me recompensa. Sé que en momentos oscuros sólo debo hacer lo que pienso es correcto y no obro con mal para que el arcoíris que salga sea uno multicolor. Aunque obviamente, me he equivocado también.

Soy un bicho raro que anda suelto por el mundo. Mamá y papá, a pesar de mi edad, siempre se preocupan por mí al igual que mis amigos. Yo afirmo y perjuro que estoy adulta y que puedo con todo, pero también me canso, también me entristezco y aún así: vuelvo a brillar.

¿Si necesito a alguien? Todos dicen que mi “víctima” tiene que ser un súper héroe o bien una persona con una suerte tan especial como la mía. Pienso que el tiempo lo pondrá en mi camino, si es que ya no lo ha puesto, o en alguno de mis tantos pasos que doy por aquí y allá. Eso ya se verá… para el amor no hay edad. Por mientras el mundo necesita más de mí (buena excusa ¿verdad?).

Y lo mejor de todo esto es que sé que como yo, también hay muchos más, sé que tampoco los hay y sé que hay muchos mejores. Considero que lo importante es que ahí voy. Soy una comunicadora… una escritora… una estudiante… una hija… una amiga… un caos con bracitos, pies y mente propia. Y no, nunca he tenido un plan trazado a cada mínimo paso, sólo sé a dónde quiero llegar, cada sueño es un objetivo y el camino… ¡Caminante, no hay camino! ¡Se hace camino, al caminar!

DDC 

Interés

Hay días como hoy

Donde pierdo el interés

Por todo y todos

Solo sonrió en un débil intento por no dejarme absorber por la esfera de realidad

De mí se asoman dientes

Como obsesionados a no perderse

A dejar ir lo poco que he ganado

Me siento y los escucho hablar

Por momentos regresa mi grisáceo pasado

Cansado y desgastado

Sin ningún motivo que vaya más allá de lo obvio

Esperando algo

El interés me abandono esta mañana, esta tarde, esta noche

De a poco se fue alejando de mi

No sé si busco sabiduría o busco amor

No conozco ninguno de esos caminos

Necesito palabras o emociones que se apoderen de mí

Quizá por tan solo un momento me enseñen a vivir

Ni siquiera la vida entera, sino un solo momento

Uno que me recuerde por lo que estoy peleando

Voy caminando con un rostro vacío

Lleno de facciones ambiguas que ni siquiera siento

Dentro de la constante lucha conmigo mismo

Soy débil y fuerte al mismo tiempo

Veo a los jóvenes hablar tan seguros de si

A los elegidos escribiendo poemas magníficos

A otros cantando canciones alegres acerca de sus emociones

Y a los afortunados tendidos de la mano con su destino

Siento un poco de envidia

Y el vacío se apodera de mi alma entera

Como si mi naturaleza buscara un desapego total

Anclado por mi vana resistencia hacia lo que no puedo entender

Justifico todo de manera burda y arrogante

No se ser humilde y ni siquiera sé si quiere serlo

Ando simplemente por ahí, hablando de lo ajeno y banal

Pensando en drogas duras y alcohol barato

Pienso en lo infantiles que son los revolucionarios

En la facilidad con la que alcanzan la felicidad los idiotas

En todo eso que no puedo entender ni conseguir

Encerrado en mí mismo, aferrado a la jaula de mi espíritu.

Vacío, oscuro, sin sentido, sin vida

Sin chistes, sin un verdadero rostro

Soy el hombre que no le puede ganar a su falta de interés

Cobarde, ayunando de amor

Retorciéndose en su soledad

Acabado, recién nacido

Con el pelo conectado al cielo

Con filosofía barata

Rodeado de personas de primera

Simplemente duermo y espero para ver que pasara mañana.

Se que es lo debe suceder al día siguiente

Estaré parado en medio del mundo

Luchando por lo que sé que puedo conseguir

Por esa sonrisa que me ha abandonado

Por mantener y engrandecer ese poder que con tanto dolor he conseguido

Sin derrotarme como en este vago intento de poema

Por fin dejar ir al enclenque debilucho que deje en el pasado

Crecer y alcanzar la plenitud, la sabiduría, el amor y el conocimiento. 

por @manuelfagrises

MANUAL PARA SER MEJOR PERSONA #1

¿Quién nunca estuvo harto de uno mismo y pensó “¡cómo me gustaría ser otra persona!”?

Yo levanto la mano y lo admito. Antes solía pensarlo 7 veces a la semana o 7 veces al día. Muchas veces me sentí frustrada, decepcionada. Me miraba al espejo y encontraba un enemigo. Deseaba ser alguien más a toda costa.

Pero con el tiempo aprendí un par de cosas, que quiero dejar asentadas acá (por falta de diario íntimo, claro) para volver a leerlas cuando las necesite.

Cada vez que pueda, seguiré agregando “items” (cuando los recuerde, tenga tiempo y ganas).

♣ ACEPTARSE A UNO MISMO

Esto es lo más importante. Y a la vez es lo más irónico.

“Si no quiero seguir siendo yo, ¿por qué aceptarme?”. Porque si no aceptás quién sos, no admitís cómo sos, no va a haber forma de que te amés. Y si no te amás, ¿cómo es que vas a querer algo mejor para vos mismo, creer que te merecés algo mejor? ¿Querer cambiar para ser mejor persona?

Aceptarse a uno mismo es importante. Tenés debilidades como todos, y también tenés virtudes. Reconocer nuestros límites, lo que nos cuesta, lo que nos gusta. ¿Para? Para entender qué es lo que querés para vos.

Sin embargo, aceptarse no es lo mismo que abandonarse.

“Ahh, soy malhumorada. Bueno, no se le puede hacer nada”. No. No es este el punto. Se trata de reconocer que no somos perfectos, pero de que también podemos poner nuestro grano de arena para cambiar.

Aceptarse a uno mismo no es fácil. Aun así, miralo de esta manera: es como si empezaras a jugar un videojuego. Y tu personaje es un debilucho. Te decepciona un poco, claro. Pero te decís “ok, este es malo, pero igual quiero jugar”. A medida que avanzás en el juego, vas viendo como tu personaje adquiere habilidades, se va haciendo más fuerte, más poderoso, más interesante. Y terminás sorprendido. 

Con vos pasa igual. Si no te aceptás, no avanzás, y te estarías perdiendo de este horrorosamente hermoso juego que es la vida.

Entenderse con uno mismo es genial, porque te permite comprender que no sos perfecto, pero que podés potenciar tus virtudes y obvio, ¿por qué no?, minimizar tus defectos.

“Está bien. No seré la mejor persona del universo. Ni tampoco la peor. Soy lo que tengo, lo que las circunstancias han hecho de mí, lo que he aprendido y lo que me han enseñado”.

No te martiricés tanto por tus debilidades ni errores. Nadie vino a esta vida sabiendo cómo vivirla. Estamos todos improvisando. La estás viviendo de la mejor manera que te va saliendo.

Te aseguro que ganás más guerras estando de tu lado, que esas pocas batallas que perdés estando en tu contra.

“No podemos remar en contra de nosotros mismos.  Eso transforma la vida en un infierno.” - Walt Whitman

2

PARTE 9

Narrada por Christopher.

Los días fueron pasando y yo seguía donde mismo. La primera semana fue la más difícil porque extrañaba mucho a mi familia y también a Alex… la verdad era que extrañaba más a Alex que a nadie. Cuando menos esperaba me llegaban los recuerdos de los momentos que pasábamos juntos: la primera vez que me dirigió la palabra, nuestro primer abrazo, nuestro primer beso…

-¿Estás bien? –me preguntó Areli.

La tercera semana transcurría normalmente como las dos anteriores; estaba en medio de una “actividad de recreación” –como la llamaba Areli.

-Sí. De maravilla –era verdad. Los recuerdos me daban las fuerzas para salir adelante.

-Bien, continuemos.

Estaba sentado con las piernas flexionadas y ella estaba frente a mí. Puso en mis manos un poco de loción aromática.

-Cierra los ojos, todavía te quedan varias preguntas por responder –asentí y continuó-. ¿Qué es a lo que más temes?

-A las personas.

-¿Por qué?

-Nunca se sabe de qué manera te tratarán. Me he dado cuenta de que cuando mejor las tratas, más se aprovechan de ti.

-No todas las personas son así Chris, tal vez tuviste una mala experiencia con ciertas personas, pero no todas son malas.

Cada respuesta que me daba, la intentaba memorizar, así era como funcionaba está actividad.

-¿Por qué ocultaste tus verdaderos sentimientos? –hizo la siguiente pregunta.

-Eso es más que obvio. Esta porquería de sociedad en la que vivimos se siente con la libertad de decirnos a quien tenemos que amar… y cuando no haces lo que ellos dicen te destruyen.

Se quedó en silencio. ¿Por fin di una respuesta que ella no se esperaba? ¡Sí, por fin logré dejarla sin argumentos!

-En eso tienes razón –dijo finalmente-. Pero nunca, NUNCA –puntualizó-, debes tomar en serio las críticas de las personas. Como tú lo dijiste vivimos en una… sociedad difícil,  y te criticarán por todo. Así que no le des importancia a lo que digan, con que tú seas feliz es más que suficiente.

-¿Entonces debo quedarme callado y aguantar todo lo que me digan?

-No. No confundas lo que te dije. Tú puedes ponerles un alto cuando quieras, nunca debes dejar que se aprovechen de ti. Sólo que debes de hacerlo de una manera sutil.

Así pasaron unas cuantas horas, me gustaban mucho esta clase de actividades; siempre que terminaba una, salía con una nueva forma de pensar. Era como si las palabras de Areli lograran llegar hasta mi interior y quedarse ahí, en lo más profundo de mi mente, recordándome una y otra vez lo valioso que era.

 

 

Ya en la noche, estaba platicando con Leonardo. Él era totalmente diferente a Areli, muchas veces lograba convencerlo de que no tenía sentido luchar en esta vida, que lo único que hacía era restregarnos los errores en la cara.

-¿Sabes, Chris? Yo veo la vida como un largo camino.

Cada quien estaba en su cama y ambos mirábamos el techo. Todavía me ponía un poco nervioso su presencia; nunca antes estuve tanto tiempo a solas con una persona.

-¿Un largo camino? –pregunté sin entender.

-Así es. Es un largo camino que está lleno de paisajes. Muchos son hermosos y otros no tanto… pero, ¿porque detenernos en un paisaje que no nos gusta si podemos seguir adelante en busca de otros mejores?

<< ¿En busca de otros mejores? ¿A qué se refiere con eso?…>>

-No entiendo lo que quieres decirme –confesé un poco avergonzado, seguro pensará que soy un tonto.

 -Mmm… Mira, en la vida pasamos buenos y malos momentos y eso lo sabes. El punto de esto es: NO –dijo con fuerza-, debemos quedarnos estancados en los malos momentos, tenemos que salir adelante. Un claro ejemplo eres tú, lo que te pasó hace mucho tiempo. Todo este tiempo estuviste recordándolo y lamentándote, y sin darte cuenta te destruyó, te hizo alejar a cualquier persona que quisiera establecer un vínculo contigo.

Hizo una enorme pausa, dejándome reflexionar.

¡Era cierto! Por estar pensando en los malos momentos me alejé de todo. Creía que cualquiera que se me acercara me lastimaría como ellos…

-Yo no tenía la culpa… ellos me molestaban por ser gay, ¡pero yo no elegí ser así! –en mi voz se notaba la indignación.

-Esas personas que te molestaban por ser gay… no sé ni cómo describirlas. Son de mente cerrada, no entienden que ser gay no te hace diferente… -su tono era tranquilizador, como el de un padre que intenta tranquilizar a su hijo después de una pesadilla.

-Pues ellos lo creen… piensan que por ser gay soy diferente de ellos.

Se levantó y se sentó en la orilla de la cama.

-Y tienen razón, eres diferente de ellos.

Me senté de golpe y le sostuve la mirada. ¡¿CÓMO QUE SER GAY ME HACE DIFERENTE?!

-Te hace diferente y mucho mejor que ellos –explicó con una enorme sonrisa-. Eres una persona que sabe tolerar, que sabe amar, que sabe escuchar, eres una persona increíble, Chris. Y si me lo preguntas creo que tienes grandes ventajas al ser gay. Eres muy sensible, pero fuerte a la vez. Eres delicado, pero eso no te quita la rudeza de hombre…

No pude evitar soltar una carcajada el escuchar eso… era lo más bonito y alentador que alguien me habían dicho respecto a mi homosexualidad.

-Ahora entiendo porque Alex, está tan enamorado de ti, eres excepcional.

Aún entre risas, noté claramente como mis mejillas se sonrojaban.

-Quiero que me prometas algo –se inclinó hasta tomar mis manos entre las suyas. Subió las mangas de mi playera dejando al descubierto las cicatrices.

-¿Qué? –pregunté muy nervioso, tenerlo tan cerca hacía que mi corazón se acelerara como loco.

-Sólo quedan tres días… y te irás –comento un tanto triste-, pero por favor prométeme que jamás volverás a lastimarte de esta manera –pasó su dedo índice suavemente por las marcas que estaban en mis manos; haciendo que leves descargas eléctricas recorrieran todo mi cuerpo.

No sabía de qué manera reaccionar, nadie se me había acercado tanto, a acepción de Alex.

-Lo… lo prometo –dije tartamudeando.

-Y no dejes que nadie te haga sentir menos –añadió sin soltar mis manos.

Las palabras no lograron salir de mi boca… lo único que pude hacer fue asentir.

-Bien, ahora duerme, mañana tendrás un día muy pesado con Areli; recuerda que casi todo el día tienes Defensa Personal.

Se acercó tanto a mí, que no me quedó más opción que recostarme… con las mantas me cubrió hasta la barbilla.

-Que descanses, Chris.

-Gracias, tú también descansa, Leo.

Las clases de Defensa Personal habían empezado desde la segunda semana. Me avergüenza admitir que nunca he podido ganarle a Areli… pero es que ella era realmente fuerte, estoy seguro que podría vencer a cualquier hombre que se le atravesara.  Siempre me repetía al finalizar la clase “Nosotros te ayudaremos a defenderte mental y físicamente…”, y me gustaba mucho esa idea.

Me quedé profundamente dormido recordando las peleas que había tenido con ella, siempre me hacía quedar como un debilucho… pero era divertido.

 

-Chris, despierta.

Abrí los ojos y vi a Leo parado a un costado de mi cama. Traía puesto un cambio de ropa similar al que Areli usaba en las clases de Defensa personal; un pants muy holgado de color gris, y una playera blanca.

-Buenos días –saludé adormilado.

-Buenos días –mostró una amplia sonrisa-. Hoy tendrás una clase especial. Areli y yo,  te estaremos esperando en la sala de entrenamiento.

¿Clase especial? ¿A qué se refería con eso? Siempre que despertaba, Leonardo ya se había ido, ¿por qué seguía aquí?

Busqué la ropa más cómoda que tenia y me cambié. Corrí hacía la sala y los vi ahí… a los dos.

-¿A qué te referías con “clase especial”? –pregunté al entrar.

-Bueno, Areli solo te ha enseñado a defenderte, pero yo te enseñaré a atacar –dirigió una mirada burlona a la chica-. ¿Estás lista?

-¡Lista! –gritó emocionada.

-Observa cómo es que se debe golpear a una chica –bromeó.

-¡Jamás golpearía a una chica! –respondí sorprendido.

Areli y Leonardo, se posicionaron en el centro de la sala, uno frente al otro. Leonardo cerró ambas manos formando puños, y subió las manos a altura de su pecho. Areli hizo lo mismo, a diferencia que ella tenía los dedos desplegados. La chica pelirroja esquivó  ágilmente cada uno de los golpes que venían hacia ella, Leonardo reía,  pero entre más pasaba el tiempo más se notaba su impotencia al no lograr acertar ni un solo golpe. Finalmente Areli detuvo uno de los ataques y atrapo el brazo; lo hizo girar con tal fuerza que Leonardo quedó tendido en el suelo.

-¿Quién iba golpear a quién? –preguntó Areli muy agitada.

-¡Cállate, sólo tuviste suerte! –espetó entre risas.

 

Todo el día no la pasamos en esa actividad, fue uno de los días más divertidos que había pasado con ellos; nunca en mi vida reí durante tanto tiempo.

 

 

 

Por fin llegó el día. El mes terminó, al fin podré ver a mi familia, y a Alex, ¡Por fin podré ver a Alex, después de un largo mes!

-El tiempo se pasó volando, ¿no? –preguntó Areli, haciéndome recordar el primer día que llegué ahí.

Los tres estábamos parados al final de los tres pequeños escalones que estaban ante la puerta principal. A lo lejos pude ver el auto de mis padres, se acercaba a un ritmo lento pero seguro.

-Este no es un adiós, ¿verdad? Prométeme que nos veremos después.

Volteé a ver a Leonardo, ¿estaba triste? Su mirada me decía eso.

-Eso tenlo por seguro.

Entre los dos me abrazaron… sabía que no era una despedida y eso me ponia muy feliz.

Cuando mis padres llegaron me abrazaron de igual manera, como si hubiera pasado una eternidad sin vernos. Se despidieron de Areli y Leonardo y nos fuimos. Tenía le numero personal de ambos, y nos veríamos cada que quisiéramos.

Al llegar a mi casa una gran alegría me inundó al ver que Alex, me esperaba en la entrada de mi casa. Apenas se detuvo el auto y corrí hasta él, que me esperaba con los brazos abiertos.

<<No lo beses, no frente a tus padres>> me dije antes de llegar a él.

Cuando estuvo a mi alcance lo abrace con todas mis fuerzas, el con sus manos en mi cintura me levantó unos centímetros del piso y  giró varias veces. Sentir nuevamente su cercanía me hacía la persona más feliz de mundo, no me había dado cuenta de lo mucho que lo extrañaba.

-No sabes la falta que me hiciste –Alex, me ganó las palabras.

Sin decir nada más, obedecí a mis impulsos y lo besé. El dulce sabor de sus labios hizo que mi cuerpo se tensara y que grandes descargas eléctricas recorrieran mis extremidades.

-Te amo –dije al separar nuestro labios.

(Aquí esta la novena parte :D Espero y les guste).

Puro (+18)

Había una ligera sensación de malestar cada vez que la observaba. El alma de Red no brillaba como la de un monstruo debería, apenas era visible y tenue través de la pared de los huesos que formaban la caja torácica. No es como si Pap la hubiera visto realmente, solo podía espiarla través de sus costillas de vez en cuando.
La primera vez que se encontró con Red llegó a pensar que estaba enfermo, su luz era apenas visible y más bien gris, pero el esqueleto más pequeño rechazó cualquier tipo ayuda, prefiriendo mantener su núcleo seguro y lejos de miradas ajenas.
A Papyrus le tomó el tiempo entender que ese era el estado “normal” del alma de Red. Incluso cuando no la había visto directamente, podía adivinar que, cualquier condición que tuviera, ya no era curable. Y la idea era entristecedora.
“Red?”
“¿Sí?” Sans estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la cama mientras sostenía un libro abierto en la mano. Se veía muy bien en esas gafas de montura metálica del esqueleto más alto le había prestado.
Papyrus se movió en la cama, acercándose a él. “Yo …” Hizo una pausa reflexiva, ya que, no importaba lo mucho que había estado pensando en ello, pedirlo parecía grosero. Bueno, tal vez esta no había sido su mejor idea …
El esqueleto más bajo dejó el libro a un lado y miró a Pap, a la espera de una respuesta. “¿Qué?”
“Yo estaba pensando …” Se rascó la parte posterior del cráneo. No podía hacer dicha solicitud, no sabiendo cómo era el universo Sans y lo complejo que era él para abrirse. Para ser honesto, no estaba seguro sobre nada que tuviera que ver con almas en general, excepto por el hecho de que eran muy sensibles y los monstruos sólo las mostraban o compartían en ocasiones especiales.
Personalmente evitaba tocar la suya porque era muy incómodo. ¿Tal vez era lo mismo para Red? De alguna manera ahora sentía más curiosidad acerca de cómo se sentía en lugar de hacer sentir. ¿Era tal vez una mejor opción?
“¿Hola? ¿Infratierra llamando a Pap?”
Esto podría ser bueno para referencia futura, concluyó.
“Quiero mostrarle algo, ¿podrías venir aquí un momento?”
Red le dio una mirada desconfiada. “Sí, claro …  no estoy para eso en este momento Stretch” Agitó el libro en su mano.
“Oh, vamos Red. Es importante.”
“¿Importante?” Él arqueó las cejas con curiosidad. Papyrus había captado su interés muy rápido con el uso de esa palabra, haciéndole abandonar su libro y subir la cama. El esqueleto más alto lo rodeó con sus brazos y besó sus dientes con ternura, gesto que respondió con un gruñido cuando lo empujó. “¡Hey! ¿era esto tan importante?”
“No, pero es necesario.” Él rio ligeramente mientras retiraba de las gafas del puente de su nariz y los ponía a un lado.
“Necesario mi culo-Woah!”
Papyrus se había tirado y recostado en la cama, Red estaba sobre él, tratando de zafarse del abrazo sin muchas ganas. “¿Qué pasa contigo?” Se quejó, pero cualquier otro comentario que tuvo fue suprimido por la mirada seria de Papyrus. Pasó sus largos dedos por el cráneo de Red, trazando su cicatriz brevemente hasta llegar a su mejilla en un gesto cálido y calmante. Sans comenzó a preocuparse.
“O-oye … ¿Estás bien Stretch? ¿En qué pensabas exactamente?”
Él no respondió, sintiendo las palabras de sobra. En su lugar, levantó la tela de su camiseta sin mangas, causando que Red mirara, logrando estremecerlo. Pap tomó sus muñecas y las llevó a su pecho, moviéndose en un ritmo lento para no asustar al esqueleto bajo.
Una luz tenue luz se reflejó en la preocupación de su rostro cuando Papyrus convocó su núcleo sobre su esternón. Era blanco, puro, fuerte, todo lo que el de Red no era.
Sans se quedó sin aliento y su cuerpo se sacudió por el pánico. “¡¿Pero que-?!”
Papyrus estiró una de sus manos y apretó un dedo en sus dientes, recordándole el pequeño esqueleto de dormía en la habitación de al lado.
Tirando de la mano captiva, él hizo la palma de Red tocar la superficie de su alma. Se sonrojó en el contacto, su pulso aumentando. Hormigueaba como siempre.
“N-no, no, no …”
“Pero yo quiero” Pap era serio, su voz sonaba muy grave y aterciopelada. “¿Por favor?”
Red se estremeció ante su tono, tenía miedo de hacerle daño, pero algo en sus palabras y los latidos de su mano era realmente atractivo. Su rostro enrojeció, quería quejarse mucho más, pero no pudo encontrar ninguna palabra sin un tartamudeo.
“Yo … es demasiado… no puedo” Sans balbuceó nervioso.
Después de algunos segundos cortos mirándose el uno al otro, Papyrus le permitió retirar su mano. “Lo siento. No fue mi intención forzarlo” Bueno, lo había intentado. Debería haberlo sabido.
No fue su intención verse tan decepcionado cuando retiró su alma, pero Red pareció sentirse lo suficientemente culpable como para detenerlo con una mirada inquieta.
“E… espera!”
“¿Qué?”, Preguntó Pap arqueando una ceja.
“Yo … uh …” Tragó en seco tratando de aliviar el nudo en su garganta. “Si realmente quieres tal vez… quiero decir… ¿Esta r-realmente bien? ¿E-estás seguro?” El temblor nervioso en su voz sólo se hizo más fuerte a medida que pronunciaba cada palabra, con los ojos fijos en otro lugar de la habitación que no fueran Pap o su alma.
Era una oportunidad que el esqueleto más alto no podía dejar ir, y no tenía razones para rechazar la oferta. Tomó la mano Sans y enredó sus falanges de una manera cariñosa “Lo estoy. ¿Y tú?”
“Yo …” Red tragó nuevamente. “S-sí, quiero hacerlo”
Pap suspiró y tiró de su mano cerca de su alma pero sin tocarla, sus latidos aumentando de nuevo por la proximidad.
“S … solo dime si d-duele … o lo que sea …” Murmuró.
El esqueleto más alto sonrió y soltó su mano, dejándolo a tomar su propio ritmo.
Las falanges de Red se movieron lentamente, trazando uno de los bordes con delicadeza, escuchando a cualquier cambio que se produjera en la respiración Papyrus y el ritmo de su núcleo que estaba empezando a brillar aún más intenso en cada toque.
La sensación comenzó un poco incómoda, pero después de cada pasada de los dedos del otro percibió un estremecimiento extraño corriendo por su columna que le causó un momento difícil estabilizando sus pensamientos. Se preguntó qué era dulzura que provocaba ganas de morder algo mientras se retorcía.
Varios minutos después, el esqueleto mas bajo reunió el valor suficiente para tomar fuente luminosa en la palma de su mano.
No tomó mucho tiempo antes de que el esqueleto mas alto comenzara a jadear pesadamente mientras una mirada hambrienta en sus órbitas trataba de pedir más.
Pero Sans no parecía estar prestando atención, estaba ausente y enfocado en ser muy cuidadoso, lamiendo su diente falso por la concentración.
Pap tomó su muñeca, o lo intentó, encontrando su cuerpo entumecido y débil debido a que toda su sensibilidad estaba reunida en su alma. “¿R-Red?” Mierda. Ni siquiera podía hablar bien, su voz salió en un bajo y rasposo murmuro.
Sans detuvo y lo miró, entrando en pánico. “¡L-lo siento! ¿Duele-?”
“Mas fuerte por favor” Pronunció en un temboloroso y suplicante gemido.
Sans se sonrojó, el indicio de una sonrisa apareció en su rostro, creciendo más y más lentamente. No era un feliz o tierna sonrisa. Era más bien como… una sonrisa sádica y malvada que sustituyó cada pequeña parte de sus inseguridades con lujuria.
Mierda-
“¡Ngh!” Pap se cubrió la boca cuando sintió un pulgar presionando su alma y haciendo espirales en la superficie con la cantidad perfecta de presión para lograr estremecerlo fuertemente. Rompió en jadeos rápidos, su cabeza se halló imposibilitada para pensar en cualquier cosa que no era el placer o el bajo esqueleto sobre su cuerpo. “¿Así?”, preguntó Red en una voz burlona.
“Mierda.” Pap gruñó, presionando la corona de su cráneo en la almohada, con la boca abierta tragando grandes cantidades de aire, casi ahogándose.
“¿Se siente bien?”, Preguntó Red, tocando el centro de su alma, tentando el esqueleto más alto.
“Sí”, Respondió en un gemido entrecortado, arqueando su espalda. Papyrus podía sentir su magia comenzando a hincharse y perder la forma perfecta que tenía en mechones, brillantes y largos, estaba literalmente derritiéndose bajo el tacto del esqueleto más pequeño.
Sans estaba disfrutando demasiado, sus preocupaciones se convirtieron en apenas un ruido pequeño y debilucho cuando miraba a la increíble vista que tenía: Pap estaba totalmente desparramado debajo de él, con las manos se cerradas en cada lado del colchón mientras tiraba las sábanas, respirando con dificultad y gimendo ocasionalmente, incluso maldiciendo de la emoción de ser tocado directamente en su fuente de vida.
¿Lo mejor de todo? Él era el autor de esta maravillosa obra maestra. Y como tal, tenía que darle un gran final.
El sabía que Papyrus estaba cerca, podía sentircómo se disolvía en la palma de su mano, lo rápido que latía y el calor que emanaba. Cambió el ritmo de sus caricias, haciéndolas más suaves, sabiendo que era suficiente para hacer que el otro se retorciera en agonía .
“Hnh …” Él arqueó de nuevo en una queja muda y levantó sus caderas como si pudiera aliviar algo de su ardiente deseo. “R-Red… Nh …”
“¿Qué?” Su sonrisa se ensanchó.
“Ah … Por favor …” A Papyrus no parecía importarle suplicar si eso es lo que quería.
“Por favor, ¿qué?” Sans presionó su alma ligeramente y volvió al ritmo suave y lento. “Dime lo que quieres”
“Hm … Haz que me corra por favor …”
Mierda. Eso había sonado magnífico, incluso mejor que cualquier cosa que Red hubieraimaginado que Pap. “Como desees” Abrió la mano para detener sus caricias, el esqueleto más alto lo miró insatisfecho, necesitado, desesperado. Presionó su mano libre en la boca de Papyrus antes de que pudiera protestar y exprimió el núcleo de una manera que hubiera sido considerada como dolorosa si no fuerapor el increíble placer que causó.
Pap agradeció que Sans tuviera la delicadeza de cubrir su boca en el momento preciso, porque habría despertado su hermano. Su columna vertebral se arqueó dolorosamente cuando la sensación alcanzó su cuerpo, se vino en un descontrolado temblor que logró hacer sus huesos traquetear.
El corto esqueleto dejó escapar una risita, mirando maliciosamente al alma perdiendo  forma en la palma de su mano, deshaciéndose en espirales de magia descontrolada. “¿Estás bien?” Se preguntó después de un breve momento en el que el núcleo volvió a su respectivo lugar.
El esqueleto debajo de él jadeaba lentamente, reuniendo sus pensamientos y tratando de ponerlos juntos en algo coherente. Había sido la primera vez que sentía algo por el estilo. Nunca había dejado a Sans o cualquier otro monstruo hacer este tipo de cosas, para él cualquier tipo del contacto íntimo era todavía un poco nuevo. Estaba aprendiendo a lidiar con los sentimientos románticos y el creciente deseo que había desarrollado por Sans el último año y medio. El deseo, la posesividad, el placer, eran cosas que nunca creyó posibles.
“¿Stretch?”, Preguntó una voz preocupada.
Tomó la cara de Red para acercarlo y presionó sus dientes en un firme beso para ayudarse a volver de la estimulación. Su cabeza estaba confusa y desordenada, pero aun cuando su objetivo era diferente en el comienzo, de repenteestaba empezando a entender por qué el pequeño esqueleto protegía tanto su alma.
Abrumado, apretó a Red en un abrazo suave, repartiendo lentos besos en su rostro. Curiosamente, no pudo encontrar palabras para responder. Él quería tocarlo más, y se aferró a poco a la esperanza de que algún día, él sería capaz sentir el alma de Red también.

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“Fragmentos”

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Conversación entre una mujer feminista y la sociedad.
  • Feminista: Las mujeres y los hombres deben tener los mismos derechos y deben ser tratados de igual manera.
  • Sociedad: Ah, claro. Querés «igualdad» pero después querés que los hombres te abran la puerta y paguen la cena, ¿verdad? ¡Eso no es igualdad! ¡Es recibir un trato especial!
  • Feminista: Ehm, en realidad no. No tienen que abrir las puertas o pagar las cenas. Puedo hacer eso por mi cuenta.
  • Sociedad: ¡¿Qué?! ¿No querés que los hombres te abran la puerta? ¿Por qué odiás a la gente amable? ¡Ya veo por qué la caballerosidad murió! ¿Le gritás a un hombre solo por ser cortés y abrirte la puerta?
  • Feminista: ¡No! ¡Estoy diciendo que no tiene que hacer eso simplemente porque soy mujer!
  • Sociedad: Bueno, y ya que estamos, ¿sabías que los hombres también son víctimas de abuso y violaciones?
  • Feminista: Claro. De hecho me parece horrible que los hombres se vean forzados a quedarse callados sobre el abuso que sufren porque les preocupa que no se les tome en serio. La causa: el mito del macho alfa. A los hombres que son violados y abusados no se les ayuda porque son hombres, y se supone que tienen que ser capaces de lidiar con ello. Esto también tiene que ver con eso de que «los hombres no pueden expresar sus emociones».
  • Sociedad: O sea que querés que todos los hombres sean unos maricas, ¿eh? Les odiás a los hombres por ser duros como LA NATURALEZA QUISO QUE FUERAN. ¡Te vas a arrepentir cuando te cases con algún debilucho, tonto y maricón al que le guste hablar sobre sus «sentimientos»!
  • Sociedad: Ah, y no podés tener los mismos derechos que un hombre porque las mujeres no son lo suficientemente inteligentes como para tener el mismo salario y esas cosas.
  • Feminista: ¡¿POR QUÉ MEJOR NO TE VAS A LA PUTA?!
  • Sociedad: Dios mío, calmate. Dejá de ser tan agresiva.
DETRÁS DE UN UNIFORME - Fanfic (Wigetta)

Capítulo 5: ¿Es una broma?

A Willy le faltaba muchísimo para entender lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Historias; sentimientos y preocupaciones se tejían a su alrededor y él no tendría la oportunidad de darse cuenta de todo lo que sucedía. Ahí se encontraba, moribundo, escuchando voces a lo lejos… Un roce de su mano con otra, la cual no pudo identificar. Lo habría intentado evitar si hubiese sido por él, pero su cuerpo no reaccionaba, y su mente estaba conectada por un pequeño hilo que no lo dejaba ni sostener los ojos abiertos… Recordaba haber subido la cuerda, haber tocado la jodida campana y haber escuchado el estrepitoso sonido que emitía. Luego de eso, no recordaba absolutamente nada, sólo voces lejanas y ese roce desconocido.
-¿Díaz?- Sintió esa voz tocarle hasta lo más profundo. Le parecía conocida, pero no del todo familiar. No hubo respuesta de su parte, sólo se removió un poco, quejándose por el fuerte dolor que tenía en su pecho.
-Auch- Fue lo único que dijo, con una leve mueca. Camilo, quien no demoró ni un segundo en notar el estado de Guillermo lo movió por el hombro, obligándolo a despertar. Sabía que su paciente no podía estar inconsciente para este tipo de tratamientos, además le picaba demasiado el saber que cojones había ocurrido con Suarez.
-Vamos Guille, despierta- Primera vez, desde su casa, que alguien lo llamaba así. Willy abrió lentamente un ojo, encontrándose con la mirada penetrante de Camilo, quien lo examinaba de pies a cabeza.
-Despertaste cadete. Me tenías preocupado- Guillermo abrió con esfuerzo el otro ojo, parpadeando un par de veces para enfocar correctamente. Ya iban dos veces en las que se encontraba en la clínica sin saber cómo cojones había llegado hasta allí.
-¿Cómo llegué?- Fue lo primero que preguntó y es que claro, como no preguntar algo así cuando llevaba menos de una semana y ya había estado dos veces recostado en una camilla.
-Tienes ángeles volando a tu lado, Díaz; por poco y no la cuentas. Por cierto, te trajo De Luque- Guille lo recordó al instante. Por algún motivo estaba escuchando más veces de lo normal ese apellido. ¿Por qué ese chico estaba tan interesado en su bienestar? No tenía porqué buscarle tantas explicaciones, y lo tenía más que claro pero no entendía como un desconocido podía dar tanto por otro…
-Suarez me tiene manía. No sé qué cojones quiere de mi- Guillermo, quien ya se encontraba un poco más repuesto y podía, al menos, tener su cuerpo y mente en el mismo lugar.
-Tranquilo, no eres al único. Muchos cadetes han sufrido de sus abusos, pero… Te tengo una sorpresa- Camilo, quien sonrió como un niño pequeño se alejó un poco, sacando del bolsillo de su bata, la cual se había encontrado colgada en la silla por un rato, un papel.
-¿Y eso?- Willy intentó moverse, pero Camilo no se lo permitió. Le hizo un gesto con las manos que le dejaron más que claro que no era necesario movimiento alguno.
-Esto cadete, es una orden que te permite estar en reposo por el tiempo que yo estime conveniente. Está firmada por el teniente- Agitó la hoja con rapidez, ilusionado y feliz. Guillermo se quedó mirándolo sin saber que decir… Eso mismo que se había preguntado hace unos minutos atrás lo comenzó a torturar ¿Por qué tanta empatía? ¿Tantas preocupaciones? No encontraba la razón ni un calmante que lo dejara tranquilo…
-¿Eh?- Fue lo único que se le ocurrió decir, después de todo reír de seguro lo haría sangrar más, y no era como si estuviese en su mejor estado.
-Díaz, Suarez no puede luchar contra esto… Tienes la libertad de descansar, después de todo yo soy tu médico y yo decido sobre tú salud. No hay nada que él pueda hacer contra esto- La felicidad que irradiaba Camilo era hasta un poco aterradora. Guillermo no lo entendía, pero terminó por resignarse ¿Para qué hacerse tanto problema en pensar el porqué? Simplemente debía disfrutarlo y agradecerlo, claramente.
-No sé qué decir tío… Muchas gracias, en seri…
-No me des las gracias todavía. Te tengo otra sorpresa- ¿Acaso estábamos en navidad y él no lo había notado? Esto ya parecía un chiste de esos que acaban en tragedia o peor aún. Camilo tomó de su pequeño escritorio el cuaderno que anteriormente había visto Samuel y que tanto le había molestado.
-Ten, esto es para ti- Le estiró aquel cuaderno, con un lápiz metido entre los espirales. –Para que vomites todas las ideas que te vengan a la cabeza- Guille abrió los ojos como platos… No le parecía muy normal recibir tantos regalos, menos de un chico, pero no podía contenerse ante la grandiosa idea de estar descansando una semana, con cuaderno en mano, escribiendo todo lo que deseara, sin temor de que el hijo de puta de Suarez le hiciera daño.
-Tío… Joder, Camilo ¿Por qué? Digo… No era necesario- Se podría decir que Guillermo era bastante tímido al momento de estar en situaciones como esta, y es que la lengua se le trababa y las manos le comenzaban a sudar como si se tratara de un concurso… No podía evitarlo.
-Te dije que me vine a la milicia por algo. Aquí hay muchos de “los míos” que no lo pasan bien. Por cierto, a tu comentario… Yo también creo que Suarez te tiene manía, y más ahora- Camilo acercó la silla con rueditas que tenía siempre en su escritorio, a la camilla donde reposaba Guille, sin antes acercar una mesita blanca e impecable, con miles de artefactos que no había visto en su vida. –Pero bueno… Esta experiencia te servirá, te lo aseguro. Ahora necesito que seas valiente cadete- Villegas se puso sus guantes de latex, y mirando a Willy con cierto cariño, tomó una jeringa para enterrarla con “delicadeza” en el brazo de este… Todo se nubló para Guillermo, quién no supo del mundo en bastante tiempo.
—————————————————
-Joder, joder, joder- Samuel no podía conciliar el sueño. Se movía de un lado a otro en su litera, sin encontrar una posición que lo acomodara del todo… -Niño estúpido, déjame dormir- Suspiró, frustrado y preocupado. Willy no había llegado a dormir, y ya tenía miedo de que hubiese muerto o peor, Villegas se lo haya servido como quien come helado en un día caluroso. Y es que le costaba entender porqué le preocupaba tanto ese chico, le recordaba un montón a Ángel, eso era algo asegurado, pero jamás se preocupó tanto por un extraño. Un jodido extraño…

//// https://www.youtube.com/watch?v=gCFB-s2-Pkc ////

“Samu, vamos a resbalarnos en el lago. Está congelado, será entretenido”

    Ángel, aquel amigo de la infancia… Se conocían desde los 5 años y fueron amigos hasta los 15. Podría haber durado mucho más, podría haber sido una amistad que perduraría por años y años, pero así no lo quería el destino, o más bien Ángel.
-Si es que fuiste un gilipollas. Te lo dije muchísimas veces y no quisiste escucharme- Samuel, quien se encontraba acurrucado en posición fetal, en su cama, no dejaba de pensar en ese chico de ojos tiernos y sonrisa amplia… Un tío realmente estúpido, pero que le enseñó a valorar más lo que está a nuestro alrededor, aquello que se encuentra invisible. No solía recordarlo, porque sentía que no lo dejaba descansar. –Todo es culpa de Díaz. Si no fuera tan cabezotas tío… Si sólo pasara desapercibido, si sólo…- No pudo seguir, puesto que sintió algo en sus pies, una fuerte presión. Se sentó de golpe en la cama, golpeándose la cabeza con la que se encontraba arriba, la de Espinoza.
-Joder, que golpe- Miró al frente, notando la sonrisita socarrona de Santos, quien ya se había acomodado como podía, a los pies de la cama.
-¿Eh? Vete a dormir, si viene Suarez nos hará trotar tío- Samu le hizo un gesto con las manos para que emprendiera rumbo a su cuartel. Ni siquiera dormían en la misma habitación.
-¿Sabes? Me dejaste pensando en muchas cosas…- Vicente se encontraba mirando fijamente a Samu, como si intentara sacarle la verdad a jalones.
-Estas nos son horas para tener dudas Santos, vete a la cama que no quiero que te hagan nada- Había sonado tan dulce, tan maternal, que Vicente no pudo evitar sentirse levemente avergonzado. Samuel no le tomó mayor importancia, después de todo esa era su naturaleza, ser “amigable” con el otro… aunque habían excepciones, claramente.
-Cadete De Luque, no me hinche los cojones que no soy un niño pequeño- Santos comenzó a imitar a Suarez, logrando que Samuel se descojonara demasiado fuerte. Quizá Espinoza se hubiese reído, pero ya estaba en el quinto sueño.
-Es que eres tonto chaval- Y claro que lo era, un chaval torpe, debilucho pero con un corazón enorme. Sin duda este chico se había convertido en su más cercano compañero, y es que con Javier las cosas no andaban bien, con Espinoza la relación era buena, pero un tanto lejana y para qué hablar de Willy… Ese gilipollas sólo lograba sacar los sentimientos más complicados de su interior
-Lo soy, pero me alegra verte feliz. Tu madre Santos está feliz de eso… Ahora, lo importante- Vicente se aclaró la voz, preparándose para sacar la mayor información con la menor cantidad de palabras. -¿Qué fue lo que ocurrió en el baño? Disculpa si soy muy entrometido, pero nombraste a un tal “Andrés”, “An…” Algo así.
-Ángel- Su respuesta fue corta y precisa, aquella que lo dejó con un sabor amargo en la boca. ¿Por cuánto tiempo no había hablado de aquello? Era difícil recordarlo, y era aún peor el tener que contarlo… A la gente le gustan los detalles, y eso es lo peor que le pueden pedir a uno, cuando la herida todavía sigue abierta, pese a la cantidad de años que han pasado.
-Disculpa… puedo notar que no es algo de tu agrado. Es sólo que, joder, sé que tiene algo que ver con Willy… No es muy difícil predecirlo- Santos estaba dando en el clavo, pero no era algo que le gustase admitir a De Luque, quien intentaba desviar la mirada para no parecer muy obvio.
-Era un amigo. Me recuerda a Willy, es sólo eso- Suspiró bastante agobiado, recostándose nuevamente.
-¿Y recordar a un amigo es malo? Digo… No te veo muy entusiasmado con la id…
-Se murió. Se murió por gilipollas- Ese silencio que nos acompaña todos los días, y que intenta aflorar en los peores momentos, se hizo presente, dejando todo en un completo silencio sepulcral.
-Lo siento.
-No lo sientes… No seas condescendiente Santos. No necesito eso, sólo te pido que no me preguntes por él. Puedo decirte lo que sea, pero no de Ángel. No puedo revivirlo- Samuel sintió una fuerte punzada en el pecho… Esto no tenía que ser así. La milicia era para hacerlo más “hombre”, no para recordar amigos muertos. Le quería echar la culpa a Guillermo, quería golpearlo en cuanto lo viera, pero su actitud hacía revivir a Ángel, y no podía evitar sentir ganas de abrazarlo y decirle que no se fuera nunca, no a Willy, sino a su amigo…
-Vale, no diré nada más. Mejor duerme, te hará sentir mejor. Nos vemos mañana- Santos se levantó de golpe, corriendo a la salida lo más rápido posible, dejando a Samuel sólo con sus pensamientos, lo peor que podría haber hecho.
——————————————
-Levántate coño. Suarez nos está llamando- Samuel sintió una mano golpearle las rodillas. ¿Por qué las rodillas? Porque al gilipollas de Espinoza se le pasó por los cojones la idea de golpearlo allí.
-Vale, vale- Era temprano. Cinco treinta AM y un largo y fatídico día por delante.
-¡Vamos señoritas! ¡50 segundos para hacer sus camas!- Samuel se levantó de un brinco, estirando las mantas y dejando todo lo más perfecto posible. Agradecía haber tenido que hacer las camas toda su niñez; Era lo único que debía hacer, además de estudiar, y fue tal el grado que las llegó a hacer en menos de un minuto, siendo un crío de 10 años. –¡Los quiero afuera en menos de un minuto!- Suarez no estaba como todos los días, quizá fue el café, o el hecho de que Willy le había dejado la boca más que tapada el día anterior, pero todos los cadetes, incluyendo a Samuel, sentían que aquel hombre no estaba con las ganas de gritonear y pelear como solía ser todos los días.
-Cuando lo desafían y le ganan, se vuelve un indefenso gatito- Espinoza le murmuró esto con el mayor de los cuidados, dejando atrás a Samuel, quien se puso la típica vestimenta de militares, para salir cagando hostias del cuartel.

-Cadetes, les quiero presentar a la sargento Ortiz- Todos los cadetes, sin excepción, estaban con la boca abierta de ver a una chica por estos lados, y no es que nunca hubiesen visto una con un traje militar, pero saber que ella era una sargento los tenía por mucho sorprendidos.
-¡Buenos días cadetes! Como bien dijo el sargento Suarez, yo soy la sargento Ortiz y soy la encargada de supervivencia- Una chica morena, de pelo azabache, nariz recta y rostro serio, se mantenía quieta frente a los cadetes, algunos de los cuales comenzaron a formar pequeñas sonrisas socarronas en sus labios.
-Cadete, venga para acá- Ortiz, con el ceño fruncido, no dudó un segundo en llamar al cadete que se hacía el gracioso. No se movió de su posición.
-¿Crees que una tía me va a mandar? Que estemos en el siglo veintiuno no te da derecho a sentirte superior- Suarez abrió los ojos como platos, para apretar los dientes y decidirse a ir donde ese cadete y sacarle hasta el alma de puros golpes. Ortiz lo detuvo, siendo ella quien se acercó al cadete, para tomarlo por el cuello de su abrigo, arrastrarlo hasta la posición en la que se encontraba antes y dejarlo frente a ella y a Suarez.
-Cadete Verdugo ¿eh?- Samuel, quien estaba más que ansioso mirando lo que ocurría esperaba que ese hijo de puta recibiera lo que tanto anhelaba, una demostración de que esa tía no iba con rodeos.
-Así es señorita Ortiz- El chico, más que pedante, no supo cuando estuvo recostado en la tierra, con Ortiz encima de él, apretando los puños con fuerza.
-Mire cadete, para usted no soy señorita, ni dama, ni reina. Soy su sargento, y si no me quiere respetar, conozco más de 87 formas para hacer que se arrepienta de esa boca floja que tiene. Le concederé el deseo de conocer la número uno- Ortiz dejó de hablar y, doblando su brazo, lo ubicó en el cuello del cadete, para presionar con una fuerza bestial. Verdugo no tardó en ponerse rojo, para pasar a un leve tono violeta.
-Sargento, deténgase… Sargento, cuide su fuerza… ¡Sargento!- A Suarez le faltó pegar el grito en el cielo para que la sargento Ortiz le prestara atención. Soltó su agarre, parándose y pegándole una leve patada al cadete, quien se arrastraba a duras penas donde sus compañeros.
-La próxima vez no tendrá tanta suerte cadete. Lo primero que deben aprender  es que, quien manda aquí, soy yo. No subestimen a una persona por lo que tiene entre las piernas, porque se pueden llevar una de esas sorpresas bastante desagradables. En segundo lugar, no sean gilipollas. No cometan el mismo error que el cadete Verdugo ¿Para qué arriesgarse? No me van a ganar en fuerza, ni en agilidad… Llevo más de 10 años en esto, créanme, el señor aquí al lado sabe de lo que hablo- Suarez asintió sin vergüenza, sonriendo de lado mientras miraba a Ortiz de una manera cómplice. Samuel no pudo evitar sentir una corriente correr por toda su columna ¿Esa cosa sonreía? Vale, al menos ahora estaba tranquilo de que Suarez era un ser humano. Uno muy perturbado, pero ser humano al fin y al cabo.
-Señoritas, los dejo a cargo de la sargento Ortiz, quien les enseñará a ser más hombrecitos. Tomen todas las enseñanzas como algo valioso, más adelanto lo necesitarán muchísimo- Suarez se despidió de Ortiz poniendo su mano recta en la frente, para retirarse a paso ligero, hasta que no se pudo ver más.
-Bueno cadetes, como bien dijo el sargento, todo lo que les enseñaré es de vital importancia. La supervivencia es lo que nos diferencia de un trozo de carne podrida, perdida en el desierto. Y créanme, ustedes no quieren ser alimento de buitres…- A los ojos de Samuel, Ortiz era una chica bastante inteligente. Se notaba que sabía de lo que hablaba, y lo mejor era que, iba al grano sin más. No estaba con rodeos raros e insultos que no llevaban a nada… aunque no había que cantar victoria tan rápido.
-Lo primero que un militar debe saber es como aprovechar lo que la naturaleza le da, aunque a veces la muy hija de puta no te dé más que veneno. Esto se aprende usando todos los sentidos, el tacto y el olfato son primordiales, la visión sólo engaña, así que les recomiendo que no se guíen de ello o sufrirán severas consecuencias. Hoy aprenderán lo básico, mañana lo pondrán en práctica- Samuel se sentía entusiasmado, y de hecho le lanzó una mirada a Santos y Espinoza, afirmando lo que sentía. Sería un aprendizaje importante, y no habrían mierdas de trotes que, aunque le gustase hacer ejercicio, eran un martirio con la voz molesta de Suarez hinchando cada dos por tres. Ni siquiera pensó en Javier, después de todo el hijo de puta le caía mal, y lo siguiente.
-Vale cadetes, síganme- Ortiz hizo un gesto con la mano, y como buenos patitos siguiendo a su madre, los cadetes la siguieron por detrás, para caminar no muchos minutos, hasta llegar a unas zarzamoras que parecían plantadas adrede en ese lugar.

-Cadetes, en estas zarzamoras les enseñaré lo que les había comentado- Ortiz les pidió a todos que se sentaran en el pasto, como buenos alumnos. Se acercó a las distintas matas para ir sacando frutos de cada una de ellas, juntándolas todas en su mano.
-Cadete Verdugo, si estuviese en una misión de 20 días de sobrevivencia, ¿cuál de estos frutos comería?- La sargento estiró la mano frente a la nariz del cadete, sonriendo mientras esperaba una respuesta.
-Esta- Respondió tímido, un poco ahogado todavía, mientras apuntaba a uno de los frutos pequeños y rojos.
-Error cadete. En cinco minutos ya estaría con fuertes espasmos tirado en el piso, convulsionando de dolor. Su boca se llenaría de espuma y bueno… tendría que decir adiós por un inútil frutito- La sargento le lanzó con fuerza el fruto que había elegido, en la frente, levantándose con el ceño fruncido.
-Tú, cadete- Dijo apuntando a Samuel, quien se acojonó de pies a cabeza.
-Tienes más suerte, una posibilidad más de acertar. ¿Cuál comería?- Samuel los miró, tragando saliva. Los jodidos frutos eran todos iguales, tanto así que realmente con la vista no podía detectar absolutamente nada.
-Este- apuntó al azar, para mirarla a los ojos, un poco intimidado.
-Muy bien cadete, al parecer hubiese terminado su misión sin problemas- Dijo esto, entregándole el fruto que él mismo había escogido, en sus propias manos. Se alejó luego de eso, sin quitarle los ojos de encima. Unos ojos normales, pero muy potentes. No pudo evitar sentirse triunfante, y con una mirada rápida a Espinoza, encogió los hombros como diciendo “no sé como cojones lo logré”
-Sus ojos los engañan, se los dije. No esperaba que el cadete… ¿De Luque? Si, De Luque, lo lograra tan rápido; quizá fue suerte, pero dejémoslo en que él sabía. Aquí es donde se diferencian los gilipollas de los verdaderos militares. En este tipo de fruto, el tacto es lo mejor, ya que de aroma no tienen absolutamente nada. Unos son rugosos, otros más lisos… eso hace la diferencia y eso es lo que deben aprender. Mientras me cumplan, no habrá problema entre nosotros, pero si demuestran ser unos completos idiotas, créanme que lo que menos verán será mi sonrisa. Ahora pónganse esto- Samuel no pudo evitar mirarla una vez más, y por algún motivo ella también tuvo que mirar. Esa vergüenza que da el chocar miradas, especialmente cuando uno no lo desea, es lo que sintió Samuel. Recorrió todo su cuerpo, para alojarse en sus mejillas, optó por mirar al césped.

     Ortiz sacó de su mochila de campaña bastantes cintas, las cuales repartió por todos los cadetes.
-Se vendarán los ojos, y van a comenzar a usar los sentidos que necesitamos. Aprendan bien, porque mañana les tocará elegir y comer. Intenten no fallar porque, si bien los frutos que les pondré no son mortales, sí estarán jodidos por bastantes días- Samuel tomó la cinta y se la pasó por los ojos para quedar completamente ciego. De un instante a otro pudo sentir como una mano ajena abría la suya, para depositar allí esas mierditas de frutos redonditos e idénticos.
-Vale, cada uno tiene distintos tipos de frutos. Tóquenlos, noten las diferencias, aprendan a canalizar la concentración en las manos. Eso les puede salvar la vida, y no sólo con los alimentos- Samuel lo intentaba, pero no encontraba ni una puta diferencia en esos jodidos frutos.
-Me cago en todo tío- Dijo entre dientes, más que molesto. Los pasó una y otra vez por sus dedos, tocándolos con suavidad; y es que este tipo de actividades le costaban un montón, más por tener manos grandes y torpes.

     La mañana pasó bastante rápida, el entrenamiento estuvo más que tranquilo y eso había dejado felices a los cadetes, exceptuando Samuel, quien estaba cabreado por no haber podido palpar un jodido fruto.
-Tío, tranquilo. Podrás hacerlo en la tarde- Espinoza comentaba con la boca llena de comida, devorando hasta lo que no había.
-Me molesta no poder lograr algo tan sencillo. Puedo trotar, escalar, pero no tocar un puto fruto- Samuel estaba hirviendo de cabreo, y si no hubiese sido porque Espinoza y Santos intentaban aliviar el ambiente, de seguro ya hubiese golpeado a algún inocente que caminara cerca de él.
-Anda, come. Necesitas energía para la tarde.
-¿Qué energía voy a necesitar para tocar un fruto de los cojones, Santos?- Vicente y Espinoza no pudieron evitar descojonarse, lo que contagió a Samuel… Hasta que sus ojos percibieron algo.
-¡Joder!- Fue lo único que dijo, golpeando la mesa con los puños, para levantarse y caminar con pasos fuertes y marcados. No había sido por cualquier cosa esa actitud, sólo le había dolido la moral el ver a Javier, conversando felizmente con Guillermo, quien se encontraba con una cara de muerto que no se merecía.
-Gracias por avisar que estás vivo, gilipollas- Willy se quedó mirando a Samuel en plan “¿Este tío tiene problemas mentales?” Y como no Javier, quien sólo sonreía triunfante, complacido por la situación.
-Hola, gracias. También me encuentro bien- Una respuesta irónica no había sido la mejor idea de parte de Guillermo, quien vio como los ojos de Samuel se inyectaban con sangre.
-Vale. Al menos sigues vivo- Fueron sus palabras, aquellas tan vacías, que dejaron a Willy hasta preocupado. Samuel se dio media vuelta y se alejó sin más, saliendo del comedor con rapidez. El apetito se le había ido a la mierda, para que decir el ánimo.
-Hijo de puta mal agradecido- Refunfuñaba cada dos por tres, con los dientes apretados, molesto por la ingratitud de ese gilipollas… Molesto por la compañía de Ruiz, ese hijo de puta que no le daba buena espina.
—————————————————-
Que taaaaal??? Ufff ya me había demorado demasiado, pero aquí está el nuevo capítulo de DUU!!!!! ^^
    Nueva personaje, buena gente, media agresiva, pero no es una hija de puta como Suarez xDD Que quieren que les diga, me encanta! es una chica lista… demasiado quizá D:
   Nuestro Samu está enojado!!!! y triste… NO RECUERDES GILIPOLLAS!!!
    Les pido disculpas por el atraso, he estado super ocupada D: Espero que el capítulo lo haya compensado ^^ Ojalá les guste mucho y nada, nos vemos prontito!! Good night! <3

¿Sentiste algo más? #3

Hola! emh, al final del escrito hay una pregunta en torno al fic; necesito saber que piensan de algo :3 sin más les dejo la parte 3, ojalá les guste.

Pareja: Jainico

Palabras: 1.030 aprox

Advertencia: Ninguna

Estas son personas reales, por lo tanto no me pertenecen; este contenido no es para insultar a los integrantes, solo es por gusto personal.

–> Primera parte <– –> Segunda parte <– –> Cuarta parte <– –> Quinta parte <– –> Sexta parte <– –> Séptima parte <– –> Octava parte Final <–

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

-Perdón- dice le menor.

-¿Por qué te disculpas?- dice serio mirando aun al frente.

-Por lo que hice hace unas horas…, de verdad Nico sorry yo n- lo interrumpe el mayor.

-No me disgustó.

Jaime sorprendido mira a Nicolás- ¿Qué?- lo dice un tanto alto.

-Shh, cállate saco eh wea… y lo que escuchaste; no me disgustó.

-Perdón- se tranquiliza y sigue la conversación- ósea… no te disgustó…- por dentro Alfredo estaba que moría de ternura con Nicolás, ya ni sabía cuánto tiempo estuvo enamorado de él.

*Flash Back*

Alfredo-Jaime-Elmo o como le quieran decir, era un chico normal, o normal entre comillas como lo diría una que otra persona. Es bisexual, siempre ha sentido atracción por ambos sexos, pero casi la mayoría de las personas con las que salía eran hombres. Y así lo quería, los hombres tenían algo especial que lo prendía, y no específicamente hablaba de sexo; les tiene un afecto mayor a ellos que a las mujeres. Y más si con la persona que estaba era más sumiso que él.

–+–

En la escuela le iba más bien de lo que parecía. Nunca tuvo problemas como los tuvo Nicolás; y era entendible; es mucho más probable que molesten a gente que es homosexual que bisexual. El menor era un hombre de carácter fuerte, no por ser bisexual va a ser un debilucho que todos molestan.

–+–

Pasaba ya a la Universidad; iba a ser igual que siempre; no se permitiría ser pisoteado de ninguna manera, y si encontraba amistades les diría perfectamente de su sexualidad; no le daba vergüenza en lo absoluto.

Los demás al enterarse de la sexualidad de su amigo, primero se sorprendieron al ver que una persona tan masculina y de gran carácter podría fijarse en uno que otro hombre; segundo, nunca lo miraron de mala manera, como de asco o de repugnancia; lo trataban simplemente como trataban a cualquier otra persona.

–+–

Al comenzar con el tema del canal; lo habían preparado todo; no sabían si iban a triunfar como lo hicieron con su página. Cambiando el tema un poco; Nicolás siempre le tiraba una talla homosexual para molestarlo; le encantaba molestar al menor. Alfredo al principio le hizo mucha gracia; pero al pasar el tiempo se dio cuenta que ese viejo qlo que siempre le mariconeaba, lo puteaba o simplemente se enojaba por cosas simples… era su todo.

*Fin del Flash Back*

-Jaime- le dice al menor cerca de su oído para no hacer mucho ruido.

Pestañea un par de veces y se dirige al mayor- ¿Si?

-Yo, ¿yo te gusto?

Ríe bajo- Nico yo te amo.

BUM!

-No me digas eso- dice con mucha vergüenza abrazando una almohada.

-Es que es verdad… no sabes desde hace cuánto siento cosas por ti- se acerca despacio al mayor.

-Aléjate…

-Pero, Nico…

-No, me dañas.

-¡¿Qué?!- preguntó preocupado.

-Shhh, cállate wn- dice tapándole la boca.

-Ya me calmo; ¿Cómo es eso de que te hago daño?

-Es… algo mío Jaime.

-Me preocupas Nico- dice acercándose- yo te amo…

Nicolás pone sus manos en el pecho de menor es signo de que no se acercara más- No…

El menor no se daba por vencido; acorralaba cada vez más a Nicolás en la cabecera de la cama. Hace que se siente encima de él; no posicionando todo su peso obviamente, quería hacerle sentir al mayor que lo que sentía era verdad. Nicolás estaba que moría en ese momento; estaba sentado en la cabecera de su cama, arriba de su compañero, con las piernas posicionadas en la cadera del menor. Dígame quien no se muere de vergüenza en un momento así.

Con una mano intentaba detener el acto de Alfredo, y con la otra se tapaba el rostro de la vergüenza.

-Nico- dice rozando sus bocas- yo te puedo hacer sentir bien- dice un tanto excitado.

-Jaime…no…por favor…- dice intentando zafarse del menor.

En un momento de excitación, el menor empezó a tocar lentamente el cuerpo del mayor. Comenzando desde su ombligo, bajando lentamente hasta su parte baja. Nicolás agradecía que estuvieran con ropa; si no, no podría resistirse.

-No, para- dijo Nicolás firme, tomando la mano del contrario- No- le dijo mirando su rostro; estaba hablando enserio.

Jaime al ver su seriedad se sienta como estaba hace unos momentos; agacha la cabeza; no quería ver a Nicolás- Perdón.

Nicolás relaja su respiración; se sienta al lado de menor; suspira- Jaime, yo… estoy confundido eso es lo que pasa…hace tiempo que no me siento así por alguien…- Jaime dirige su mirada al Nico con confusión- Wn, es una wea mía que ya pasó… no quiero enamorarme por favor; me daña.

Agacha la cabeza una vez más y habla- Lo entiendo, pero no te dejaré- dirige su mirada al contrario- eri mi mejor amigo, me preocupo por ti, sabes que te amo; y aguantaré no tenerte… puedes confiar en mi cuando quieras compartir lo que te sucedió; y si no quieres compartirla pues está bien, te entenderé; estoy cuando me necesites- le sonríe con un poco de tristeza.

-Gracias- se acerca al menor y lo abraza.

El menor un poco sorprendido imita el gesto del mayor y lo abraza. Hunde su rostro al cuello del mayor, en gesto de que no se quiere separar.

Aunque Nicolás no lo quiera como él lo quiere; seguiría con él en las buenas y en las malas; para eso están los mejores amigos, y lo cuidaría como si fuera lo más preciado para él; lo cuidaría como se merece.

-Mejor durmamo; es tarde- dice Nicolás rompiendo el abrazo.

-Si… es mejor.

Ya que la cama de Nicolás era de una plaza, tuvieron que hacer “cucharita” por así decirlo.

 A Nicolás le dio un poco de vergüenza al darse cuenta del acto de menor. Lo tenía abrazado de la cintura en forma de protección hacia el mayor.

-Maraco- ríe bajo.

El menor ríe igualmente.

Pasan unos minutos y el mayor ya se queda dormido; Alfredo lo acerca más a él y musita bajo- ¿Por qué no puedo vivir sin ti?

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Buuueenoo ¿¿como están?? eeh, la pregunta men! quiero que la respondan por queee si >:3 *ejem* ¿Se han dado cuenta que yo siempre pongo como un pedasito al principio del cap. anterior? pues eso ¿les acomoda que siga así? ¿o quieren que no lo siga asiendo? Pues eso! corazoncito para ustedes <3 ah y digan que les pareció, si quieren que la siga, si no quieren que la siga, consejos, preguntas, todo es aceptado :3 besos para mis amores <3 <3

SUCIO 2: MACHOS ALFA

DECIMO CUARTA PARTE

¿En que momento las cosas habían terminado de aquella manera? Samuel no lo sabía, lo único que tenia claro es que sentía unas enormes ganas de destrozar al imbécil de René. Guillermo se había ido del lugar hacía un momento y aunque Samuel deseaba ir a ver como se encontraba, su cabreo era tal que no iba a detenerse hasta destrozarle la cara a ese cabrón.

Si se ponía a pensarlo, no tenía claro porque exactamente estaba tan molesto, eran un conjunto de cosas que aun lo tenían confundido. Por un lado estaba el hecho de que aquella tarde, el tal René no lo había mirado con muy buena cara, aunque aquella no era razón suficiente. El tío simplemente no le caía bien, desde la primera vez que lo había visto con Guillermo había sentido nauseas, no sabía si era porque simplemente el tío era odioso hasta decir basta, o porque odiaba mas allá de lo legal que se acercara a Guillermo. La segunda opción pesaba más que la primera.

Samuel seguía liado a los golpes con René, cuando sintió un fuerte jalón. Giró de pronto topándose con la mirada siempre preocupada de Santiago quien lo sujetaba fuertemente del brazo, mientras el otro mejor amigo de Guillermo ¿Cómo narices es que se llamaba? Jalaba a René hacia atrás de ambos brazos como si fuera un títere, lanzándolo a un lado con tanta fuerza, que una vez más había terminado en el piso. Por fin aparecía alguien que podía con la fuerza de ese hijo de puta.

–¡Joder Lino! Hemos venido aquí a detener esto, no a hacer el problema mas grande – Santiago soltó a Samuel del brazo y se puso entre Lino y René que aun continuaba tumbado en el piso.

–¿Intentas defender al hijo de puta que golpeo a tu nuestro amigo? ¡Tú viste como le dejó la cara! ¡Y yo se la voy a dejar peor a él!

–No lo estoy defendiendo ¡Joder! ¿Pero es que no ves como está ya?

–¡Quítate de en medio Santiago!

No es que Guillermo fuera un chaval debilucho que necesitara que alguien lo protegiera, pero si por alguien sentía Lino debilidad era por él. Se conocían desde niños, prácticamente habían crecido juntos, para Lino, Guillermo era como el hermanito que nunca había tenido y que necesitaba cuidar, por mas que a Guille le molestara, pues aseguraba poder defenderse solo, Lino se había liado a hostias por él mas veces de las que podía recordar. Lino podía ser violento a veces, pero era el mejor amigo que alguien pudiera desear tener. Y en este momento estaba a nada de cometer homicidio.

–¡He dicho que te calmes joder! ¡No vale la pena! – Santiago se plantó desafiante enfrente de Lino sin intenciones de moverse, después de aquel fuerte grito, logrando para sorpresa de los presentes, que Lino diera un par de pasos hacia atrás.

Santiago pocas veces gritaba, por lo general era el chaval mas calmado y pacifico que existía, pero cuando era necesario dejaba ver su carácter y claramente en este momento era necesario. Cuando Lino se enojaba se ponía muy bestia, pero por alguna razón Santiago era la única persona capaz de calmarlo, por las buenas o por las malas era la única persona a la que Lino hacía caso.

Lino se echó atrás con expresión molesta, pues odiaba mas allá de lo normal que le dijeran que hacer, pero aun no descubría la forma de poder decirle que no a Santiago, discutir con él no estaba entre sus cosas favoritas y peor aun cuando sabía que tenia razón. Al tal René golpes le habían sobrado, Samuel se había desquitado lo suficiente, no hacía falta hacer el problema más grande.

–¡Que se largue entonces a la mierda de aquí o lo reviento! – René se había levantado por fin del suelo y estaba sacudiendo su ropa cuando escuchó a Lino. No hizo falta que le repitieran aquello, salió rápidamente de aquel lugar sin decir una sola palabra, aunque claramente para él, las cosas no iban a terminar ahí, prueba de ello era aquella ultima y desafiante mirada que le dedico a los tres, especialmente a Samuel, antes de irse.

Samuel ya había dado un par de pasos alejándose con dificultad de donde Santiago y Lino aun discutían a saber Dios de que, hasta que escuchó que lo llamaban, se detuvo y giró casi por inercia.

–¿A dónde vas? – Santiago lo miraba con expresión compasiva, Samuel no se miraba nada bien, ni física ni anímicamente.

–Tengo que ir a… – Pasó saliva tragándose sus propias palabras, Samuel quería decir que necesitaba ir a ver como estaba Guillermo, pero no se sentía del todo cómodo hablando de eso enfrente de Lino, después de todo no lo conocía. Tanto Santiago como Samuel voltearon a ver al rubio violento que tenían enfrente prácticamente echándolo de ahí con la mirada.

–Quieres que me vaya entonces ¿no? – Lino hablo dirigiéndose a Santiago –  ¿Ahora mi mejor amigo no puede hablar enfrente de mi? ¿Es así? ¡Excelente! – Lino no pudo evitar el tono irónico y molesto en sus palabras, giró sobre sus talones dando un par de pasos para alejarse. Santiago lo alcanzó inmediatamente tomándolo del brazo.

–No es eso joder, tu sabes que yo…

–¡Olvídalo Santiago! – De un jalón se soltó del agarre de su amigo –  No te preocupes ¿vale? Cuando al señorito le sobre un poco de tiempo para mi, ya sabes donde encontrarme – Lino no dijo nada mas, se alejó de ahí sin voltear de nuevo.

Samuel y Santiago se quedaron en completo silencio después de eso, ninguno de los dos sabía exactamente que decir, aquel definitivamente no había sido uno de sus mejores días.

–Lo siento, no quería que tu amigo se enojara contigo – Samuel intentaba acomodarse la ropa, mientras hablaba mirando al piso, por alguna razón todo en su forma de actuar en las ultimas semanas lo avergonzaba. Sentía que Santiago iba a hacerle un montón de preguntas que el no iba a poder responder.

–No te preocupes por eso, así es Lino, el siempre está enojado conmigo, ya se le pasará. Lo importante aquí es como estas tu ¿Vas a ir a verlo? – La pregunta sorprendió a Samuel y mas que nada lo sorprendía la forma en que Santiago parecía siempre saberlo todo, aun así tontamente intentó negarlo.

–¿A verlo? ¿A quien? No se a que te refieres – la fuerte carcajada que se dejó escuchar por parte de Santiago, casi parecía muy fuera de lugar dadas las circunstancias. Samuel se esforzaba demasiado o muy poco por ocultar cosas evidentes

–Ustedes son muy parecidos ¿sabes? – Samuel lo miró arqueando una ceja, esta vez si que no entendía a que se refería – ¿Sabes que es lo que sucede Samuel? Que yo ya pase por esto una vez y fue precisamente con Guillermo, se exactamente como funcionan las cosas.

–No te entiendo – ¿Qué ya había pasado por eso una vez? Samuel de verdad no sabía de qué hablaba.

–No te esfuerces tanto por negar las cosas, al menos no lo hagas conmigo, se que no tenemos tanto tiempo de conocernos, pero deberías saber que puedes confiar en mi – Samuel escuchaba a Santiago con atención, sabía que tenia razón en cada palabra, no había necesitado decirle nada y el lo había concluido todo y de forma correcta además y Samuel de verdad deseaba poder negarlo, pero ya no podía, aun así no era algo que pudiera reconocer en voz alta, pues el mismo no terminaba de comprenderlo. Pasó su mano por el rostro, sintiendo que su piel ardía. Deseaba más que nada dejar de sentir vergüenza. A veces solo deseaba que las cosas hubiesen ocurrido de otra manera.

–No se como terminé enredado en esta situación ¿sabes? Él… él simplemente apareció en mi vida y yo… – Samuel casi sentía ganas de llorar y aquello según él era lo mas patético que pudiera estarle sucediendo – ¡Maldita sea! Es que esto no era nada de lo que yo esperaba.

–¿Enredado? – una ligera sonrisa pintó el rostro de Santiago – es gracioso que lo digas como si fuera algo malo ¿sabes? Porque déjame decirte que él es la mejor persona con la que te pudiste haber enredado y si lo digo es porque lo conozco. A veces la vida te da precisamente eso que no esperas, porque es exactamente lo que necesitas. Se lo dije a él hace mucho tiempo y ahora te lo digo a ti, jamás sientas vergüenza por querer.                   

Quizá Samuel jamás hubiese imaginado que terminaría hablando de aquello que tanto lo avergonzaba precisamente con Santiago, uno de los mejores amigos del chaval que se había robado su tranquilidad, pero la verdad es que Guillermo tenía suerte, tenía a dos excelentes amigos. Quizá a Lino lo conocía muchísimo menos, pero era evidente que sería incluso capaz de liarse a golpes por él. Era se seguro un buen amigo.

Samuel apreciaba la compañía de Santiago, pero de verdad necesitaba estar solo un momento, tenía demasiadas cosas en las cuales pensar. El nunca había sido una persona cobarde, pero también es verdad que jamás se había tenido que enfrentar a una situación como esta, en ningún momento se imagino que se tendría que cuestionar algo que creía tener claro desde siempre. A estas alturas, decir que no sentía nada por Guillermo era mentir, pero si alguien le pidiera definir lo que sentía tampoco hubiese sido capaz hacerlo.

Era claro que algo había cambiado en él y ni siquiera sabía si iba a poder lidiar con eso. Aun así el sentimiento ahí estaba y lo acojonaba como nada había logrado hacerlo antes. Aquello no era siquiera miedo, era un pánico indefinible por algo que desconocía en todas sus formas.

Camino sin pensarlo, pero con sus pasos seguros y en la dirección correcta, no sabía que iba a decirle, no había nada claro para él en ese momento, pero necesitaba verlo con urgencia.

Estaba frente a la puerta de Guillermo tratando de decidir si golpear en ella era una buena idea, cuando escuchó una voz que lo frenó cuando tenía la mano prácticamente en el aire.

–¿Tu que estas haciendo aquí? – la expresión de Lino no era muy amigable, recorrió a Samuel de arriba abajo con la mirada en espera de una respuesta.

–Yo solo necesito hablar con Guillermo – Samuel se giró de nuevo dispuesto a llamar a la puerta cuando de nuevo la voz de Lino lo interrumpió.

–¿Y que tendrías tu que hablar con él? Yo se que tu y Guillermo no se llevan bien, por algo es que te fuiste de esta habitación ¿correcto? – Lino ni siquiera esperaba que Samuel le respondiera, siguió hablando – No se que es lo que hay entre tu y él, pero si voy a advertirte que si tu te atreves a…

–¡No voy a hacerle ningún daño! Además no creo que él necesite que nadie lo proteja, bastante mal carácter tiene – Lino se acercó un poco a Samuel para decir una ultima cosa antes de irse.

–Pues solo quiero que sepas que mi mal carácter es muchísimo peor.

Contrario a lo que pudiera parecer, aun sin conocerlo, Lino le caía bien a Samuel, aun con su mala cara y expresión de asesino serial. Estaba defendiendo a un amigo y eso se agradecía, aunque el hubiese sido quien recibiera la advertencia.

Ya ni siquiera se detuvo a pensarlo mas, Samuel empezó a golpear la puerta como si la vida le fuera en ello. Escuchó ruidos en el interior de la habitación y como los pasos se acercaban a la puerta. Ni siquiera fue encendida la luz cuando la puerta se abrió y Samuel no pensó en nada al actuar de la manera en que lo hizo. Se abalanzó encima de Guillermo rodeándolo con los brazos.

¿Qué estaba haciendo y porque? No tenía una respuesta clara, pero una parte de él sabía que aquello le iba a pesar, que quizá se arrepentiría, porque él jamás actuaba por impulso. Había cometido un error muy grande, pensar que estar con Guillermo una sola vez iba a ser suficiente, que su ansiedad iba a desaparecer, que aquello iba a ser tan decepcionante que iba a olvidarlo rápidamente, que aquello solo había sido curiosidad, que aquella curiosidad ya había sido saciada. Era absurdo. Se había equivocado. Había pensado en Guillermo cada día de esa semana que no lo había visto después de lo que había sucedido entre ellos en las duchas, aun cuando se había prácticamente obligado a si mismo a no hacerlo. El sonido de sus pensamientos era más fuerte que cualquier cosa, y en sus pensamientos solo había una persona.

–No puedo… yo simplemente no puedo – su voz había salido tan temblorosa, que dudaba siquiera poder seguir hablando, aun así se obligó a hacerlo, porque había mucho que tenia que decir y no iba a ser un maldito cobarde mas tiempo, estaba cansado de eso – tu ganaste Guillermo y yo estoy completamente jodido, una sola vez… no va a ser suficiente para mi.

Se separó un poco aun sin soltar a Guillermo y pudo apreciar su rostro nuevamente de cerca. Había limpiado sus heridas, pero aun así las marcas de los golpes de René estaban ahí. Volvió a sentir como su sangre se arremolinaba en sus venas. Mataría a ese cabrón si volvía a acercarse a Guillermo.

Se acercó a él tanto como le fue posible, temiendo a cada segundo que lo mandara a la mierda en cuanto viera invadido su espacio personal. Aquello no sucedió. Unió sus labios temeroso y desesperado, con más ansia de la que hubiese sentido nunca. Aquel beso era mil veces mejor que como lo recordaba. Lo mejor de todo es que no había ni una pizca de rechazo en Guillermo, aun así el beso no duró mucho. Guillermo se separó inmediatamente mirándolo fijamente a los ojos.

–¿Y esto porque fue? – Samuel sentía que su corazón golpeaba de forma dolorosa en el pecho y aunque intentaba parecer calmado, el corazón de Guillermo estaba igual, golpeando fuertemente y sin control

–Lo siento yo… – Samuel ni siquiera pudo continuar con cualquiera que hubiese sido su escusa, pues fue interrumpido nuevamente por Guillermo.

–No hagas esto maldita sea – la expresión de frustración en el rostro de Guille era incomprensible, era evidente la lucha interna que estaba librando en ese momento.

–¿A que te refieres? – Samuel intentó acercarse nuevamente a él, viendo como este se alejaba un par de pasos hacia atrás. Aquello ya estaba preocupándolo y aunque no sabía exactamente a que se refería, creía tener una idea. Ciertas palabras que le había dicho un tiempo atrás empezaron a repetirse en su cabeza una y otra vez.

…”Porque si eso sucede Samuelito, ahora este maricón será quien te mande a la mierda a ti junto con toda tu soberbia”

–¿A que te refieres tu con eso de que una sola vez no fue suficiente? ¿Crees que me voy a dejar follar cada que se te antoje? Porque si es así Samuel, entérate de una vez que yo no soy la puta de nadie.

Cada una de las palabras de Guillermo estaba golpeando en Samuel peor que puñetazos. Si era completamente sincero, por supuesto que no le molestaría repetir lo de las duchas, pero si era mas sincero aun, no era eso lo que quería. Tampoco quería un novio ¡Joder! Que incluso el pensarlo le resultaba raro de cojones ¿Qué es lo que quería entonces? ¿Cómo iba a explicarlo si ni siquiera el mismo lo sabía?

–Es que yo no sé…

–Precisamente ese es el problema Samuel, que tu no sabes una mierda, no tienes idea de lo que quieres y yo no voy a ser parte de tu raro experimento para descubrirlo, esto es como un juego para ti, uno en el que solo quieres satisfacer tu curiosidad, pero yo si tengo muy claro lo que siento, lo que quiero, lo que me gusta y lo que prefiero. – Samuel se quedó un momento escuchando aquellas palabras. Lo entendía perfectamente, él tenía razón.

–Y entre eso que te gusta y que prefieres… ¿estoy yo?

Aquello tomó completamente por sorpresa a Guillermo, jamás se imaginó que Samuel iba a preguntarle aquello de forma tan directa ¿Debía mentirle o decirle la verdad?

–Eso a ti no te interesa – respiró profundamente intentando calmar el nerviosismo que le había causado aquella pregunta, no podía decirle que si y motivarlo a insistir, tampoco podía decirle que no porque estaría mintiendo – y si no te molesta, me gustaría dormir, así que… – Guillermo hizo un gesto con la mano, indicándole a Samuel que debía irse ya.

Antes de salir Samuel de frenó de golpe girándose nuevamente hacia Guillermo con ojos prácticamente suplicantes. No sabía que es lo que estaba pidiendo, no sabía que es lo que deseaba escuchar ni lo que esperaba decir, solo sabía que prácticamente le parecía imposible irse de aquella habitación dejando las cosas así, tan inconclusas. Y se odiaba a si mismo por no ser capaz de aclararse y odiaba a Guillermo por haberlo arrastrado a esa situación.

–¿Es todo entonces?

–Parece ser que si – aquellas palabras salieron apenas, titubeantes. Guillermo no estaba completamente seguro de lo que estaba diciendo, pero no iba a dar marcha atrás – De cualquier forma no hubiese funcionado.

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Samuel ni siquiera había tenido realmente la oportunidad de hablar y es que si realmente hubiera tenido tiempo de hacerlo se hubiese quedado callado de igual manera sin tener idea que decir. Era muy sencillo para alguien que no se encontraba en su situación pensar que era fácil lo que estaba ocurriéndole y no lo era ¡De ninguna manera lo era! Terminó molestándose incluso con Santiago, quien le reclamó por ser cobarde ¿Cobarde? Había sido Guillermo quien lo había mandado a la mierda. Y probablemente eso había sido lo mejor.

No podía decirse que Guillermo estuviese pasándolo muy bien tampoco. Se arrepentía de haberlo echado de su habitación, de haberlo alejado ¿Pero que hubiese sido lo correcto hacer? Samuel no sabía lo que hacía, fácilmente podía ser solo un chico severamente confundido, que se iba a largar en el momento exacto en el que se diera cuenta del error que estaba cometiendo y entonces sería él quien se estaba arriesgando mas. No le veía el sentido siquiera a intentar algo en lo que prácticamente ya había fallado. Ya estaba pasándolo lo suficientemente mal. Se sentía confundido y solo, con esa sensación de pérdida tan extraña. Guillermo nunca imaginó que eso le pasaría, Samuel le gustaba, eso era completamente cierto, pero creía saber que no había nada mas que eso ¿Y porque entonces aquella sensación dolorosa en el pecho no se iba? Samuel era como cualquier otro chico ¿no? No tendría porque ser diferente, no tendría porque sentirse tan mal, pero así era.

¿Cuántos días habían pasado ya? De seguro dos o tres ¿Quién lo sabía con exactitud? Samuel solo estaba seguro de que aquello había sido para él una eternidad. Desde el día que habían decidido que aquello había sido todo, Samuel había tratado de no verlo, no le gustaba la sensación en el pecho que le provocaba el verlo tan ajeno, tan malditamente cerca y a la vez tan lejano ¿estaba haciendo las cosas bien? ¿Si aquello era lo correcto porque se sentía tan hecho mierda?

Ese día Samuel había pasado prácticamente la mitad de la mañana metido en la biblioteca, intentando concentrarse en los estudios. Había evitado con éxito encontrarse con Guillermo desde hace una semana, pero probablemente ese día le esperaba algo diferente.

Lo escuchó hablar a lo lejos, y hacerlo fue sentir ese golpe doloroso en el estomago, ese que saca el aire e impide respirar normalmente, se tensó de inmediato, tanto así que fue evidente incluso para Santiago que se encontraba frente a él. Su pulso estaba tan acelerado y su corazón golpeaba tan fuerte que casi sentía que alguien iba a escucharlo. Aunque no quería, no pudo evitar levantar la mirada y buscarlo entre la multitud de estudiantes que se encontraban en ese momento en la biblioteca. La sensación que le dio darse cuenta que la mirada de Guillermo también estaba fija en él fue indescriptible. Dolía, porque no se veía capaz de tenerlo enfrente sin desear estar con él y a la vez aquello era algo que no podía reconocer.

Apartó rápidamente la mirada empezó a levantar sus cosas guardándolas en su mochila de forma apresurada. No pensaba quedarse ahí más tiempo.

–¿Qué narices estás haciendo? ¿Piensas que puedes evitarlo siempre? – Santiago había tomado la mochila por un extremo deteniéndolo – No puedes seguir huyendo como cobarde Samuel, si el de verdad no te interesa deber poder mirarlo como si fuera solo un chico mas y si quieres algo con él solo debes decirlo. Deja de buscar pretextos.

–No tienes vergüenza ¿sabias? Tu menos que nadie puede decirme a mi que soy cobarde.

–Si vas a empezar con la misma mierda te recuerdo que no estamos hablando de mí. Mi situación es completamente diferente a la tuya y…

Santiago ni siquiera terminó lo que estaba diciendo, Samuel no estaba prestándole ni la mas mínima atención. Sus ojos estaban clavados en Guillermo y mas que en Guillermo, en el chico que se encontraba con él abrazándolo de esa forma tan efusiva ¿Pero que narices estaba sucediendo? Primero ese tal René y ahora ¿este quien mierda era? Samuel volteó a mirar a Santiago esperando una respuesta a esa pregunta que aun no había hecho ¿Quién era ese chaval? Y lo peor de todo ¿Por qué esta vez Guillermo si se veía genuinamente interesado?

–Cristian – la voz de Santiago salió baja e incrédula, al parecer él también estaba sorprendido de ver  aquel chaval de nuevo en la Universidad.

–¿Cristian? ¿Pero quien narices es? – el corazón de Samuel estaba a nada de salir por su boca.

–Él fue su novio… se puede decir que es a la única persona que Guillermo ha querido de verdad.

La fuerte punzada de dolor que sintió Samuel en el pecho, casi era demasiado para ser real. Si por su estupidez y su indecisión perdía a Guillermo, era algo que no iba a dejar de lamentarse.

……………………………………..

SALSEOOOOOO!!! Por favor no odien a Cristian, él si que es buena personita…. A no seeeeeeer ¬¬ por cierto ¡Los amooooo! No me odien, vienen cositas lindas, confíen en mi, cuando les he quedado mal???

Un mal sueño | Wigetta

-Anda, cuéntame una historia para dormir – Me dijo mientras se recostaba sobre las mantas de mi cama – Por favor Sam – Suplicó con sus ojitos a los que nada puedo negar.

-Vale, está bien, te contaré una historia… Pero prométeme que escucharas hasta el final ¿Sí? – Tomé la silla de mi ordenador y me senté frente a él. Asintió con esa sonrisa que me volvía loco y luego de un suspiro comencé el relato.

-Había una vez un pequeño niño llamado Samuel. Él era solitario, no le gustaba compartir con nadie y a la gente tampoco le gustaba estar con él – me miró sorprendido, pero sonriente. De seguro reconocía la historia que iba a contarle – A pesar de que no le desagradaba el no tener amigos, a veces se sentía bastante solo y triste, no tenía a nadie, solo a él mismo. Un día normal como cualquier otro, salió camino al colegio notando que había gente extraña en la calle. Se quedó mirando por un momento viendo a un pequeño niño pelinegro y debilucho – Su ceño se frunció, y yo solo pude sonreír ante su infantil reacción – Tenia los ojitos achinados y las mejillas abultadas y sonrosadas, era un poco alto para lo pequeño que se veía y me causo curiosidad su rostro que reflejaba tal asombro como si ese barrio fuera lo mejor del mundo. El pequeño se notaba bastante distraído con las casas, los árboles y hasta los cachorros que corrían por ahí, por lo que no se dio cuenta que estaba en medio de la calle justo cuando un auto a toda velocidad se acercaba peligrosamente a él. Samuel se sobresaltó, era el único que estaba notando la escena y no dudó ni un segundo en correr y tomarlo del brazo acercándolo contra su pecho, abrazándolo para protegerlo. El automóvil siguió su camino mientras que los padres del pequeño corrían hacia ellos dándole infinitas gracias al mayor por salvar a su niño. Samuel respondía que no había sido nada y que lo importante era que el pequeño, que aún se mantenía el fuertemente agarrado a su cintura, estuviera bien, y así fue como desde aquel día ese pesado pelinegro no lo dejó tranquilo nunca más. Comenzaron a ir al mismo colegio y el mayor lo trataba de proteger de cualquier peligro en el que se pudiera ver envuelto, realmente le agradaba ese enano. No podía evitar esperarlo en las mañanas para que caminaran juntos y entre clases ir con él por si le faltaba algo, o solo para hacerle compañía, o verlo. Se convirtió en su mejor amigo a pesar de ser dos años mayor que él. Compartían, se ayudaban, jugaban, y se consolaban mutuamente y así fue por años y años en los que pasaron tantos momentos juntos que podía decirse que llegaron a conocerse a la perfección, incluso más que sus propios familiares – Hice una pausa pequeña para tomar un poco de agua, y aproveché de mirarlo. Estaba sonriendo y mirando a un punto fijo, supongo que perdido en sus recuerdos y yo sin darme cuenta me quedé perdido y embobado en sus labios, que definitivamente moría por besar. Me sonrojé cuando noté que él también me estaba mirando así que seguí hablando para no pasar más vergüenzas – Y bueno, sin notarlo, pasaron 11 años en los que su relación de amistad crecía día a día. Faltaba poco para que el guapo Samuel se fuera del país a estudiar a una universidad extranjera ya que gracias a sus buenas calificaciones le habían cedido una beca completa y cabe decir que al menor no le agradaba para nada separarse de su mejor amigo. Iban a ser dos años, y decía que era demasiado tiempo distanciados, así que constantemente le pedía que lo esperara para que se fueran juntos, aun sabiendo que eso era imposible. Llegó el día en el cual el mayor partiría, pero antes de irse el menor de los dos lo llevó de paseo a un lindo lago que tenían cerca de casa y al que, raramente, nunca habían ido. Estando allí compartieron, comieron, jugaron y rieron sin parar hasta que se hacía la hora de finamente separarse. El de ojos achinados, abrazó al futuro universitario despertando en él miles de sentimientos desconocidos que lo descolocaron en sobremanera, jamás se había sentido tan pleno y con tanto miedo después de un contacto así con su mejor amigo. Estaba confundido, no sabía que significaba pero no quería que ese momento pasara, deseaba quedarse así por siempre. Sin avisarle, el menor se separó de él sonriéndole con los ojos a punto de llorar, lo tomó de la mano y le puso una linda pulsera que simbolizaba lo que era su amistad; un tesoro y algo que tenía que recordar por siempre. Con lágrimas se despidieron prometiendo no romper lazos ni cortar la comunicación. Pasaron días, semanas, meses y a diario hablaban por mensajes, videollamadas e incluso el pequeño lo iba a visitar cada vez que podía y pasaban maravillosos momentos juntos. Después de muchos meses así, Samuel se dio cuenta que necesitaba estar al lado del pequeño, que sin él sus días no tenían sentido y que solo quería abrazarlo a diario aunque no hubiese ninguna razón aparte de sentir su calor cerca de él. Soñaba con él constantemente y no paraba de pensar en el momento en que se volvieran a encontrar. Se estaba volviendo loco, loco de amor. El mayor trató de buscar una amistad o a alguna persona que se pareciera al pelinegro pero no encontró a nadie que siquiera se asemejara a él, era único. Se estaba desesperando hasta que una sorpresa hermosa llegó a su puerta. Sin imaginarse a quien se encontraría al otro lado se levantó a abrirla de mala gana, para sorprenderse con un guapo pelinegro de ojos achinados y una gran maleta tras él. Su mejor amigo llegaba para quedarse. No cabía en su pecho tanta emoción así que solo se largó a llorar y apretar contra su pecho aquella persona que necesitaba con ansias a su lado. Desde aquel inolvidable día, dos años han pasado…- Suspiré sin atreverme a mirarlo. Lo que estaba a punto de hacer no era fácil y ver su cara, quizá con que expresión, no era lo que necesitaba en estos momentos, tenía que ser valiente y no equivocarme con las palabras- Dos años en los que me he dado cuenta que lo que siento por el pequeño Guillermo va más allá de una amistadDos años escondiendo este amor no correspondido, estas ganas de besarlo, abrazarlo y sentirlo mío. Dos años soñando con que algún día me diga que sientes lo mismo que yo. Dos años que he pasado como un cobarde que esconde todos los sentimientos que provoca él en mí, y ahora estoy aquí, frente a la persona que amo y no soy capaz de mirarlo porque temo al rechazo, porque temo perderle, temo que ya no confíe en mí y se vaya de mi lado y si eso pasa yo no podría sobrevivir. Sin él mi vida está vacía, ya no sé qué hacer con esto que siento… – terminé con mis ojos derramando pequeñas lágrimas, de seguro que no esperaba terminar llorando como una nena frente a sus ojos, pero las palabras fluyeron solas de mi boca y con eso todos los sentimientos de frustración que había guardado por años. Guillermo miraba a algún punto, tratando de asimilar lo que acababa de escuchar. Me miró con confusión y lo supe…

-Samu… Sa-samuel yo… lo siento, no lo sabía – y ahí estaba mi corazón partiéndose en dos – Yo… no sé qué decir, yo tengo novia, no te lo había dicho pero la quiero, y no creo sentir lo mismo que tú… En verdad no lo sé, te quiero mucho, te necesito, y me gusta pasar tiempo contigo pero no creo que se llame amor, esto me confunde, quizá tú también te co… - No lo dejé terminar y lo miré directamente a los ojos, sus palabras me dolían… Había sido rechazado.

Llevó sus manos hasta su rostro escondiéndolo de mí, escuchaba como me pedía perdón y no permitiría que siguiera diciéndolo, no tenía sentido, él no era el que tenía la culpa si yo fui el tonto que se enamoró de su mejor amigo así que rápidamente me paré de la silla caminando hasta él.  Pude notar como se tensó al sentir mi cuerpo cerca. Puse una rodilla en la cama y con mis brazos me apoye quedando frente a su rostro. Quitó sus manos dejando ver su hermosa carita sonrojada, sonreí y él mordió su labio inferior ¿Cómo me podría resistir a eso? Comencé a acercarme y él no me detuvo, cerré mis ojos hasta sentir su agitada respiración cerca de la mía. Me detuve a milímetros de él abriendo los ojos para llevarme la más hermosa imagen que jamás había visto: Sus ojos cerrados, sus labios semi-abiertos, sus cachetes colorados y su pelo totalmente alborotado. Seguí mi camino hasta encontrarme con sus labios, regalándonos un beso intenso de esos que te dejan con ganas de más, pero yo solo tenía esa oportunidad, algo en mi interior me lo decía y no sería tan tonto como para desaprovecharla. Nos quedamos sin aire y a pesar de ya no estar besándonos seguíamos tan juntos como nos era posible. Guillermo abrió lentamente sus ojos mostrándome una expresión que no sabría describir. Se notaba confundido, avergonzado, feliz quizá y triste, muy triste. Una mezcla de sentimientos que acompañaron las palabras “Lo siento, yo no puedo estar contigo…” que hicieron que mi corazón se detuviera en ese mismo instante. Oficialmente estaba perdido.

Me aparté de él, sentándome en la cama. Él seguía en la misma posición y sin atreverme a ver sus ojos, le dije que lo sentía y me paré saliendo de ahí rápidamente. ¿Ahora qué haría? Comprobé que no tenía oportunidad alguna, y las lágrimas descontroladas no tardaron en volver. No tenía a donde ir, él estaba en mi casa, en nuestra casa y no tenía intención de que se fuera así que caminé sin rumbo hasta donde las fuerzas me alcanzaran. Llegué a un bonito parque con árboles grandes, y flores por todos lados y decidí sentarme en algún banco de allí. Me quedé mirando el cielo tratando de asimilar lo que había sucedido.

No me di cuenta cuando mis ojos se empezaron a cerrar, estaba agotado de llorar y de pensar, quería dejar de recordar es maravilloso beso, la exquisita sensación de sus labios devorando los míos y finalmente sus palabras que lograron matar mi interior. Solo quería desaparecer.

Desperté de golpe sintiendo unas cálidas manos tomando mi rostro y acariciándolo. Ahí estaba él con una sonrisa.

-Buenos días, amor – Sus labios chocaron con los míos. Tenía su maravilloso torso descubierto, y en sus ojos un brillo especial. Podría jurar que era real. Me alejé un poco al notar que ambos estábamos desnudos en mi cama, me miró extrañado - ¿Pasa algo Sam? Has estado removiendote mucho, ¿Tuviste una pesadilla?

-¿Guille? ¿Esto es un sueño o realmente estás aquí? – Su cara se veía divertida, y yo no entendía nada. Se sentó arriba mío haciéndome sentir un cosquilleo en todo mi interior al sentir su piel contra la mía. Sonrió al ver como me estremecía con su contacto. Comenzó a tocar mi pecho, mis brazos, subió por mi cuello y llegó hasta mi cabellera. Acercó su rostro al mío rozando nuestros labios y quitándolos para llevarlos hasta mi cuello logrando que un suspiro saliera de mi boca. Mordió mi cuello seguramente dejando una marca en él y pasó su lengua sobre esta.

-¿Te parece esto irreal? –Dijo para subir a mis labios y besarlos con desesperación. Nos separamos y lo volví a besar pero esa vez de forma suave y disfrutando cada movimiento de su lengua, disfrutando cada segundo. Cuando nos separamos lo abracé fuertemente contra mí. Escondió su cara en mi cuello dejando pequeños besos sobre él.

-Nunca me dejes, mi vida sería horrible sin ti amor, sé siempre mío por favor – Mi voz se quebró en las últimas palabras que eran más que nada una súplica cargada de miedo por su posible abandono.

-Yo soy el que moriría sin ti. Tuve que recorrer miles de kilómetros para poder besar tus labios después de que te fueras de España. No sería tan estúpido para dejarte si eres lo que más amo desde que me abrazaste cuando ese coche estuvo a punto de chocarme, no sería capaz de pasar un día sin sentir tu aroma, tu voz, tu piel. Pringao’, eres dueño de mi corazón y de mis pensamientos, completamente. Solo tú – Respondió seguro, sonriéndome, para luego volver recostarse abrazándome con todas sus fuerzas, y me di cuenta que todo había sido un mal sueño. Recordé cuando llegó con esa gran maleta a la puerta de mi casa y se lanzó a mis brazos besándome, arriesgándose a que lo rechazara y lo dejara en la calle. Para su suerte y para la mía, el sentimiento era mutuo y aunque nos separamos físicamente por un tiempo el amor que sentíamos el uno por el otro traspasó las barreras de la distancia, creciendo día a día. Y aquí estábamos después de dos años, ambos en mi cama, abrazados y amándonos como nunca creí posible, juntos, esperando que eso no cambie nunca. Aquí estaba él aferrado a mi cintura como aquella vez en que lo conocí, pero ahora era yo él que no quería que se soltara jamás.

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Wattpad: HanJi_In

Esto fue lo que verdaderamente paso entre Wigetta antes de la foto de Frank y Samuel
  • - Llegamos!!! - grito Frank entrando a la habitación
  • Todos estábamos de buen humor, que sonreímos por lo que había dicho
  • - Que les parece sí vamos a comer algo, que mi pancita no aguanta más, les parece? - se escucho decir a Samuel
  • - Me parece que es una excelente idea - respondió Abel
  • No tardamos ni 5 minutos & ya estábamos en el comedor del hotel
  • - Tiempo después -
  • Estaba un poco cansado del viaje, así que tome el control remoto de la TV & la prendí
  • Noticias eso fue lo primero que apareció en la pantalla, no quería ver noticias, no ahora por lo menos, mi mirada se desvió por un segundo, ya que se escuchaba a alguien fuera de la habitación, apreté el botón de mute & al segundo se escucho unos pequeños golpes provenientes de aquella puerta
  • - Willy ábreme, soy yo compañero! - solté un suspiro, apague la TV & me levanté rápidamente para abrir la puerta
  • - Pasa - le dije cortésmente a Samuel
  • - No tengo nada que hacer así que, pensé que sí podríamos los 2, ya sabes salir a conocer un pocos los alrededores
  • - Estoy un poco cansado Samuel - en realidad lo estaba, de hecho tenía pensado tener una pequeña siesta de la menos 30 minutos
  • - No te preocupes, le diré a cualquiera de los chicos si va conmigo - me sonrió & se dirigió directamente a la puerta, le molesto un poco lo sabía, pero no había por que no salir, sí veníamos a divertirnos un poco, no teníamos el por que estar encerrados todo el día como siempre
  • - Espera - lo tomé de la mano sin querer, el me miro & yo quite mi mano rápidamente - Es sólo que - desvié mi mirada hacia la ventana
  • - Willy? - su voz sonaba extraña
  • - Necesito que... - mordió mi labio, no quería necesitarlo en este preciso momento, o al menos eso era lo que decía mi corazón, pero mi cuerpo decía que quería estar unos minutos más con el
  • Samuel no entendía nada, pero yo tampoco sabía lo que quería, esto era un lío tremendo
  • Sin pensarlo mis manos pasaron a su cuello, fue como un instinto hacerlo, el sonrió inmediatamente
  • - Mi guille - al momento que dijo mi nombre, mi corazón comenzó a acelerarse - solo tienes que pedírmelo - se acercó lentamente a mi, parecía como sí el había leído mi mente, sus manos tomaron mis caderas & nuestras respiraciones comenzaban a chocar, esto no era lo que teníamos pensado hacer... Pero era lo que realmente quería
  • Antes de acercarse más a mi dijo unas palabras
  • - Ven vamos - su mano tomó la mía y nos dirigimos a la gran cama, que al parecer estaba un poco desacomodada, sin decir nada me acosté, mi respiración comenzaba a entrecortarse, estaba nervioso, no sabía que es lo que estaba por venir...
  • El me miro, su ojos comenzaron a inspeccionarme, su sonrisa seguía ahí y negando con la cabeza subió a la cama para después subirse sobre mis caderas
  • - Estas loco - dijo en mi odio
  • - Loco por ti - respondí en mi defensa & el sonrió aún más y
  • Sin decir más, nuestros cuerpos pedían a gritos que comenzáramos a hacer lo que estábamos empezando, así que el se acerco a mi & comenzó a darme unos pequeños besos de la frente hacia la nariz, yo sólo cerré los ojos disfrutando de aquel momento, el se paró ahí por un segundo & siguió su camino hasta mis labios, eso era lo que quería desde que llegamos, eso era lo necesitaba & de eso no cabía duda, le seguí el juego, el beso comenzaba a subirse de tono, lo tomé bien del cuello & lo acerque más a mi, hasta que se escucho a Frank decir desde afuera de la habitación
  • - Vamos a por Samuel & Willy
  • "Oh no" esto no podía estar pasando, no ahora....
  • Nosotros sin más nos separamos rápidamente, nuestras respiraciones estaban alteradas, Frank, Abel, Luzu & más de nuestros amigos sabían que había algo entre nosotros 2, pero aún no queríamos "confirmarlo como tal"
  • Se escucho tocar a Frank la puerta & después abrirla
  • El seguía hablando con Abel pero en el momento en que voltearon a vernos, sus ojos se abrieron y se miraron, los 2 sonrieron al unísono, como sí esto fuera divertido
  • - Que pasa chavales - dijo Frank en tono burlón
  • - Al parecer vemos que vosotros se están divirtiendo - soltó Abel & Frank río alto
  • - No parece lo que pensáis - dije nervioso, mire a Samuel quien también estaba nervioso por como nos habían encontrado estos 2 parguelas
  • - No claro que no Willy - bufo
  • - Lo que pasa es que estábamos jugando a las luchas - dijo Samuel, al momento en que se estaba parando a un lado de la cama
  • - Si, sí claro - dijo Abel sarcástico
  • - Enserio, lo que pasa es que estábamos jugando & después Samuel me dijo que haber quien tenía más fuerzas, el como me dijo que yo era todo un debilucho, pues era obvio que no me iba a dejar - me senté en la cama
  • - Es más, en tono de broma por que no vemos quien tiene más fuerza Frank - sonrió Samuel malicioso, sin pensarlo 2 veces Frank dijo - Hecho - lo estaba desafiando era obvio que Frank no se iba a quedar atrás
  • Me pare de la cama enseguida & los 2 estaban frente a la cama, comenzaron a tomarse de los brazos el uno al otro, era obvio que nadie podía contra Samuel, su alimentación sana, sus ejercicios, sus brazos eran realmente grandes & fuertes quien podría ganarle?
  • En eso los 2 cayeron a mi cama, Samuel estaba sobre Frank como yo lo estaba hace unos minutos, cuando Frank ya no pudo, el comenzó a reírse
  • - Ya Samuel ya - decía entre risas
  • - Hagamos una cosa, Abel tomamos una foto para IG, toma mi celular - Abel se acercó a Samuel, agarro el celular y tomo al menos unas 3 fotos
  • - Bueno, bueno ya, hacemos que les creemos que estaban jugando a las luchas cracks, les parece sí mejor vamos a conocer un poco afuera? - señalo Frank la puerta
  • - Claro - asintió Samuel quitándose de donde estaba, siguiente que Frank se paró para luego acomodando se la ropa
  • - Pues vamos - hice un ademan para que todos salieran de la habitación antes de mi
  • Me dirigí a la puerta antes de cerrarla note que Samuel estaba detrás de mi, sentí su presencia, sentí a el
  • - Me la debes - dijo en un susurro & sonrió
  • - Es que eres un tonto macho - rodé los ojos & sonreí negando con la cabeza
  • Espero les haya gustado 💕
  • Lo hice en 1 hora 😂, lo malo es que ya me están quedando sí ideas, pero ahí esta listo & hecho