curara

Veo que me equivoqué...

¿No se supone que ibas a estar allí para mí, cuando más te necesitara? Cuando lo único que haces es dejarme ir y ya, como si esto se curara con un “Esta bien” “Descansa” “Adiós” 
Sabia que no debía confíar en las palabras, en las personas, en tí…
pero lo hice pensando que estaba mal pensar eso,en pensar que iba a encontrar refugio contigo y siempre iba a estar bien, ahora veo que no me equivoqué del todo al pensar eso.. 
Ahora veo que lo único que me queda es llorar mientras se me pasa el dolor, y escribo esto, para olvidar aunque sea un poco, esas falsas promesas que hiciste que te creyera, para después irte como si nada, ahora veo lo equivocada que estaba conmigo misma creyendo todas esas falsas palabras de aliento tuyas, que ahora en estos momentos me hacen derrumbarme un poco más.

_No había nadie quien secara sus mejillas, cuando lloraba hasta dormirse.
_No había nadie quien le dijera “Todo estará bien” en sus pesadillas.
_No había nadie quien abrigara su corazón y lo reparara que a medida que pasaban los días, semanas, meses y años se volvía mas enfermo y mas frío.
_No había nadie quien le dijera “Eres perfecta tal cual eres” mientras que los reflejos del espejo no le decían lo mismo.
_No había nadie quien curara sus heridas que ahora solo eran cicatrices.
_No había nadie quien estuviera a su lado, porque ella estaba sola.
—  E.D.M.R

Entonces mientras suena la canción que me parte el alma, mientras veo tu rostro en el celular, buscando el valor de quitarme la máscara que has conocido durante cinco años; mientras veo sus mensajes en la pantalla, pensando que esto valdrá la pena; mientras ves mi rostro cubierto por lágrimas, entiendes que la persona que creías conocer no existe, y te das cuenta que alejarte de mí me dolerá más que a ti, pero aún así, te das la vuelta, apagas el computador y decides olvidarme.

Siento que la respiración me falta, que el corazón dejará de latir, que mi confianza ha sido traicionada, pero más que nada me duele tu rechazo. Y lo único que quiero hacer es correr, salir de aquí, permanecer en donde no me juzguen, quedarme en las montañas y transformarme en parte de la vida.

Mi corazón dejo de sentirse como tal cuando me miraste así, mi vida dejo de importar en un segundo.

Quiero quedarme aquí, sobre la tierra húmeda, debajo de la lluvia que parece entender mi dolor al ser rechazada ella también. Contándole mis penas al cielo, escuchando consejos de las estrellas, recibiendo el consuelo de la luna.

Pero recuerdo el porque de la situación, y mi mente no deja de mandarme preguntas aún más dolorosas, ideas más desgarradoras que las anteriores, como si no tuviera ya suficiente.

La vida, es demasiado cruel para darnos tantas preocupaciones en un día. Mi cabeza duele, mis ojos arden, mi dignidad fue pisoteada, y mi único consuelo es un trozo de papel roto y mojado, aún no estoy segura si es por mis lágrimas o la lluvia.

Se supone que yo debo ser la guionista de mí libro, debería ser yo su narradora detrás del escritorio, ¿por qué deben elegir entonces la trama de mi vida?.

No quiero ser eso, no me gusta vestir aquello, esa música no me gusta, ese sabor no es mi favorito, no dejaré de ser mujer solo por vestir pantalones, no seré peor que tú por mis diferentes ideales. ¿Por qué no puedes entenderlo?.

Si me escucharás solo durante un segundo, solo un segundo, entenderías el porque de las lágrimas de sangre que ahora pisas con asco.

Dime, ¿qué se siente matar a la persona que decías querer?.

Vamos, sonríe sinicamente, anda, muéstrame que eres mejor persona que yo, ríete, insultame. ¡Vamos! ¡dilo! ¡te reto! ¡llamame escoria, dime estúpida, grita cuanto me odias, insulta mi pensamiento!.

¡Dilo! ¡Grita que eres mejor que yo! ¡Muestrale a todos que maltratando mis sentimientos curaras todo lo que está mal en mí! ¡Hablales a los imbéciles que dicen ser tus amigos como me dejaste en el piso llorando! Después de todo eres mucho más de lo que yo seré algún día ¿no es cierto? ¡¿no es cierto?!.

Quiero que grabes tu maldito rostro, quiero que lo recuerdes, que pienses siempre en tu estúpida sonrisa. Recuerdalo cuando me veas superando mis metas, recuerda cuanto me odias hoy, porque quiero que me sigas odiando durante toda tu puta vida, porque lo creas o no, eso me mantendrá fuerte, me levántare y permitiré que golpees mi otra mejilla.

¡Vamos, grita que eres una más del estupido montón! ¡Siéntete orgullosa por tus palabras!
¡Di que mataste todo lo que sentía por ti!
¡Presume que mataste a tu único amigo!

¡Vamos! ¡Gritalo!

—  wbR
"Después Del Puente: Historia Completa (Jem/Tessa)"

Esta es una historia que Cassie escribió y publicó en su tumblr. Es para quienes se preguntan que hicieron Jem y Tessa después de encontrarse en el puente Blackfriars, en el epilogo de Princesa Mecánica. 

El dibujo al final fue hecho por la talentosa dibujante, Cassandra Jean Piedra.

ADVERTENCIA:

  • Puede contener spoilers de City of Heavenly Fire (Ciudad de Fuego Celestial). 
  • Puede contener spoilers de The Infernal Devices (Cazadores de Sombras: Los orígenes)
  • Sino te gusta Jessa, no los shippeas o no te gustan las escenas a las que Cassie llama “sexy” no leas.
  • Tiene cierto nivel de smut, pero nada grave. Lee bajo tu propio riesgo. 

Después Del Puente

“Este es el momento de comodidad y abundancia.

estos son los días por los que trabajamos tanto.

Nada nos puede tocar y nada nos puede hacer daño.

Y ya nada pude salir mal.”

 Keane - Love Is The End 

A final resultó que Tessa tenía un departamento que le pertenecía en Londres. Era el segundo piso de una casa blanca en Kensington, y mientras ella los conducía a los dos hacia el interior, su mano temblaba solo muy ligeramente mientras giraba la llave, le explicó a Jem que Magnus le había enseñado como los brujos podían engañar para ser dueños de una casa durante muchos siglos disponiendo las propiedades para ellos mismos.

“Después de un tiempo me dediqué a escoger nombres tontos para mí,” dijo ella, cerrando la puerta detrás de ellos. “Creo que soy dueña de este lugar bajo el seudónimo de Bedelia Bacalao”.

Jem se rió, aunque su mente estaba sólo en parte de sus palabras. Miraba alrededor del departamento, las paredes estaban pintadas en colores brillantes: una sala de estar lila, salpicada de sofás blancos y una cocina verde aguacate. Se preguntó cuando Tessa había comprado el piso, y por qué. Ella había viajado tanto, ¿Por qué hacer una base de operaciones en Londres?

La pregunta se perdió en su garganta cuando se volvió y se dio cuenta de que a través de una puerta entreabierta, pudo vislumbrar las paredes azules de lo que probablemente era un dormitorio.

Ante eso tragó, su boca de repente se secó. Era la cama de Tessa. En la cual ella había dormido.

Ella entrecerró los ojos hacia él. “¿Estás bien?” Lo tomó de la muñeca; sintió que su pulso disminuyó bajo su toque. Hasta que él se había convertido en un Hermano Silencioso, siempre tuvo el pulso bajo. Se había preguntado durante su tiempo en Idris, después de que el fuego celestial lo curara, si seguiría siendo así entre ellos: si sus sentimientos humanos volverían a él. Había sido capaz de tocarla y estar cerca de ella como un Hermano Silencioso, sin quererla como lo había hecho cuando era un mortal. Todavía la amaba, pero había sido un amor del espíritu, no del cuerpo. Se había preguntado, temía, incluso, que las sensaciones físicas y las respuestas no volverían a ser como eran antes. Se había dicho a sí mismo que incluso si la Hermandad Silenciosa había matado a la capacidad de sus sentimientos de manifestarse físicamente, no se sentirá decepcionado. Se había dicho a sí mismo que debería esperarlo.

No debería haberse preocupado.

En el momento en que la había visto en el puente, viniendo a él a través de la multitud, en sus modernos pantalones vaqueros y bufanda de la Libertad, con el pelo volando detrás de ella, había sentido como retenía la respiración en su garganta.

Y cuando ella se estiró, el pendiente de jade que él le regaló se asomó al rededor de su cuello y tímidamente se ofreció a él, su sangre había rugido a la vida en sus venas como un río sin represas.

Y cuando ella había dicho: “Te amo. Siempre lo he hecho, y siempre lo haré”, necesitó todo lo que tenía para no besarla en ese momento. Para hacer algo más que besarla.

Pero si la Hermandad le había enseñado algo, era control. Él la miró ahora y forzó su voz con firmeza. “Estoy un poco cansado”, dijo. “Y tengo sed. A veces olvido que ahora tengo que comer y beber.”

Ella dejó caer las llaves en una pequeña mesa auxiliar de palisandro y se volvió para sonreírle. “Té​​”, dijo ella, dirigiéndose hacia la cocina verde aguacate. “No tengo mucha comida aquí, no suelo quedarme mucho tiempo, pero tengo té. Y galletas. Ve a al salón; Yo ya voy allí”.

Tuvo que sonreír ante eso; incluso él sabía que ya nadie decía la palabra “salón” Quizás ella estaba tan nerviosa como él ¿No? Sólo podía esperar.

Tessa maldijo en silencio por cuarta vez mientras se inclinaba para recuperar la caja de terrones de azúcar del piso. Ella ya había puesto la tetera a hervir sin agua, había mezclado las bolsas de té, volcó la leche, y ahora esto. Dejó caer un terrón de azúcar en cada taza de té y se dijo a si misma que contara hasta diez, viendo como los terrones se disolvían.

Sabía que sus manos temblaban. Su corazón se aceleró. James Carstairs estaba en su piso. En su sala de estar. Esperando el té. Parte de su mente le gritaba que era sólo Jem, mientras que la otra parte simplemente chillaba igual de fuerte que Jem era alguien que no había visto en ciento treinta y cinco años.

Él había sido el Hermano Zachariah durante tanto tiempo. Y, por supuesto, que siempre había sido Jem en el corazón, con su ingenio y su inagotable bondad. Él nunca había perdido su amor por ella o su amor por Will. Pero los Hermanos Silenciosos no sentían las cosas como la gente común lo hacía.

Era algo que había pensado, a veces, en los últimos años, muchas décadas después de la muerte de Will. Ella nunca había amado a nadie, nunca nadie más que a Will y Jem, y los dos se fueron de su lado, a pesar de que Jem todavía vivía. Se había preguntado a veces lo que ellos habrían hecho si solamente habría sido prohibido por
los Hermanos Silenciosos casarse o amar; pero era mucho más que eso: él no podía desearla. Él no tenía esos sentimientos. Ella se había sentido como Pigmalión, anhelando el tacto de una estatua de mármol. Los Hermanos Silenciosos no deseaban el tacto físico, más de lo que tenían una necesidad de alimento o agua.

Pero ahora…

“ A veces olvido que ahora tengo que comer y beber”

Levantó las tazas de té con las manos aún temblorosas y entró en la sala de estar. Ella había conseguido amueblar la casa por si sola a través de los años, desde los cojines del sofá hasta la pantalla japonesa desplegada y pintada con un diseño de ramas. Las cortinas que enmarcan el retrato de la ventana en el otro extremo de la
sala eran semi-pintadas, en la sala sólo se derramaba la luz suficiente como para tocar los pequeños pedazos de oro en el cabello oscuro de Jem y estuvo a punto de dejar caer las tazas de té.

Apenas se habían tocado en el taxi de regreso a la Puerta de la Reina, sólo se sostuvieron las manos firmemente en la parte posterior de la cabina. Él había deslizado sus dedos sobre el dorso de los de ella una y otra vez mientras comenzó a contarle la historia de todo lo que había sucedido desde la ultima vez que ella visitó Idris, cuando la Guerra Mortal, en la que ella había luchado, terminó. Cuando Magnus le había señalado a Jace Herondale a ella, y había mirado a un niño que tenía la cara hermosa de Will y los ojos como su hijo James.

Pero su pelo había sido esa maraña de rizos de oro rico de su padre, y recordando lo que había conocido de Stephen Herondale, ella se había alejado sin hablar.

Herondales, alguien le había dicho una vez que ellos eran todo lo que los Cazadores de Sombras tenían que ofrecer, todo en una sola familia: tanto lo mejor como lo peor.

Puso las tazas de té sobre la mesa de café - un viejo baúl, cubierto de sellos de viajes de las muchas veces que viajó - con un golpe audible. Jem se volvió hacia ella y vio lo que tenía en sus manos..

Uno de los estantes para libros contenía una exhibición de armas: cosas que ella recolectó alrededor del mundo. Un misericorde delgado, un cuchillo de trinchera, una espada corta, y docenas de otras. Pero la que Jem había agarrado y estaba observando era una cuchilla de plata delgada. Su mango estaba oscurecido por haber permanecido sepultada durante muchos años. Ella nunca la había limpiado porque la mancha en la hoja era la sangre de Will. La hoja de Jem, con la sangre de Will, enterrada junto a las raíces de un roble. Una especia de magia compasiva que Will había realizado cuando él pensó que había perdido a Jem para siempre. Tessa la había recuperado después de la muerte de Will y se la ofreció a Jem, él se negó a aceptarla.

Eso fue en 1937.

“Guárdala,” Dijo él ahora, con la voz entrecortada. “Puede que alguna vez llegue el día.”

“Eso es lo que me dijiste.” Ella se acercó a él, con sus zapatos golpeando el suelo de madera. “Cuando intenté que te la quedaras”

Él tragó saliva, deslizando sus dedos por toda la hoja. “Él simplemente murió” dijo. Ella ni siquiera tenía que preguntar quien era “él”. Solo había un “él” cuando ellos dos hablaban. “Estaba asustado. Vi lo que le pasó a los otros Hermanos Silenciosos. Vi como se endurecían con el tiempo, perdieron a la persona que una vez fueron. Como a medida que sus seres queridos morían, ellos se volvían menos humanos. Tenía miedo de perder mi habilidad de preocuparme. Miedo de perder lo que esta cuchilla significaba para Will y lo que Will significa para mi.”

Ella colocó su mano en el brazo de él. “Pero tú no olvidaste.”

“Yo no perdí todos mis seres queridos” Él la miró, y vio que sus ojos tenían oro en ellos también, preciosas escamas brillantes entre el marrón. “Yo te tuve a ti.”

Ella exhaló; el corazón le latía con tanta fuerza que su pecho dolió. Luego se dio cuenta de que él estaba agarrando la hoja del cuchillo, no sólo la empuñadura. Rápidamente se la arrancó de las manos. “Por favor, no”, dijo ella. “No puedo dibujar un iratze.”

“Y yo no tengo una estela”, dijo, mirando mientras dejaba el cuchillo en su plataforma. “Yo no soy un cazador de sombras ahora.” Él miró sus manos; había líneas rojas finas a través de sus manos, pero no habían cortado la piel. Impulsivamente, Tessa se ​​inclinó y besó sus manos, luego dobló los dedos cerrados, sus manos sobre las de él. Cuando ella levantó la vista, las pupilas de Jem se habían ampliado. Podía oír su respiración.

“Tessa,” dijo él. “No.”

“¿No qué?” Ella se apartó de él, pero, por instinto. Tal vez él no quería ser tocado, aunque en el puente, no le había parecido de esa manera …

“Los Hermanos me enseñaron el control,” dijo, con su voz tensa. “Tengo todo tipo de control, y los he aprendido a lo largo de décadas y décadas, y estoy usando todos ellos para no empujarte contra la estantería y besarte hasta que ninguno de nosotros pueda respirar.”

Ella levantó la barbilla. “¿Y qué hay de malo en eso?”

“Cuando yo era un Hermano Silencioso, no sentía como un hombre ordinario lo hace”, dijo. “No sentía el viento en la cara o el sol en mi piel, ni el toque de la mano de otro. Pero ahora lo siento todo. Siento… demasiado. El viento es como un trueno, el sol quema, y tu tacto me hace olvidar mi propio nombre ”.

Una punzada de calor la atravesó, un calor que comenzó bajo en el estómago y se extendió a través de cada parte de su cuerpo. Una especie de calor que no había sentido en muchas décadas. Casi un siglo. Toda su piel se erizó. “Te acostumbrarás al sol y al viento” dijo ella. “Pero tu tacto hace que me olvide de mi nombre también, y no tengo excusas. Sólo que te amo, y siempre lo he hecho y siempre lo haré. No te voy a tocar si no quieres, Jem. Pero si estamos a la espera de que la idea de estar juntos no nos asuste, podemos estar esperando por mucho tiempo ”.

El aliento se le escapó en un silbido. “Dilo de nuevo.”

Intrigada, comenzó: “Si estamos a la espera de… ”

“No,” dijo. “La primera parte.”

Ella inclinó su rostro hacia él. “Te amo,” dijo. “Siempre lo he hecho y siempre lo haré.”

Ella no supo quien se movió primero, pero él la agarró por la cintura y la besó antes de que pudiera tomar otro aliento. Esto no era como el beso en el puente. Esa había sido una comunicación silenciosa de labios a labios, el intercambio de una promesa y un consuelo. Había sido dulce y demoledor, una especie de trueno suave. Esta fue una tormenta. Jem estaba besando, duro y dejando moretones, y cuando ella abrió los labios de él con los suyos y probó el interior de su boca, él se quedó
sin aliento y tiró de ella con más fuerza contra él, sus manos se clavaban en sus caderas, apretándola más cerca de él mientras exploraba sus labios y lengua, con caricias, mordidas, luego con besos para calmar el escozor. En los viejos tiempos, cuando ella lo había besado, había sabido a azúcar amarga: ahora él sabía a té y… ¿Pasta dental?

¿Por qué no? Incluso los cazadores de sombras centenarios tenían que lavarse los dientes. Una pequeña risita nerviosa se ​​le escapó y Jem se retiró, mirando aturdido y deliciosamente desaliñado. Tenía el pelo en todas direcciones debido a que ella había pasado sus manos a través de él.

“Por favor, no me digas que te ríes porque beso tan mal que es gracioso”, dijo, con una sonrisa torcida. Podía sentir su preocupación real. “Puedo estar un poco fuera de práctica.”

“Los Hermanos Silenciosos no besan tanto?”, Bromeó, alisando el frente del suéter de Jem.

“No a menos que hubiera orgías secretas a las que no fui invitado”, dijo Jem. “Siempre me preocupó no haber sido lo bastante popular.”

Ella apretó su mano alrededor de su muñeca. “Ven aquí,” dijo. “Siéntate, toma un poco de té. Hay algo que quiero mostrarte ”.

Se fue, como ella había pedido, y se sentó en el sofá de terciopelo, recostándose en los cojines que había cosido ella misma con tela que había comprado en la India y Tailandia. Ella no pudo ocultar una sonrisa, él parecía sólo un poco mayor que de lo que era cuando se había convertido en un Hermano Silencioso, como un joven común y corriente en jeans y un suéter, pero se sentó de la forma en que un hombre victoriano lo habría hecho, la espalda recta, con los pies apoyados en el suelo. Él atrapó su mirada y de su propia boca con puntas hacia las esquinas. “Muy bien,” dijo. “¿Qué tienes que mostrarme?”

En respuesta, ella fue a la pantalla japonesa que se extendía por una esquina de la habitación, y se puso detrás de ella. “Es una sorpresa.”

Un maniquí de modista estaba allí, escondido del resto de la habitación. No podía ver a través de la pantalla, sólo un contorno borroso de formas. “Háblame”, dijo ella, tirando de su suéter por la cabeza. “Dijiste que era una historia de Lightwoods y Fairchilds y Morgensterns. Sé un poco de lo que ocurrió. Recibí tus mensajes mientras estaba en el Laberinto. Pero yo no sé cómo la Guerra Oscura tuvo un efecto en tu cura” Tiró el suéter sobre la parte superior de la pantalla. “Puedes decirme?” “¿Ahora?”, Dijo. Lo oyó dejar su taza de té.

Tessa se ​​quitó los zapatos y se bajó la cremallera de sus pantalones vaqueros, sonó fuerte en la habitación tranquila. “¿Quieres que salga detrás de esta pantalla, James Carstairs?”

“Por supuesto.” Su voz sonaba estrangulada.

“Entonces empieza a hablar.”

* * *

Jem habló. Le contó de los días oscuros en Idris, del ejército de Oscuros de Sebastian Morgenstern, de Jace Herondale y Clary Fairchild y los niños Lightwood y su peligroso viaje a Edom.

“He oído hablar de Edom,” dijo ella, con voz ahogada. “Se habla de ello en el Laberinto Espiral, donde se mezclan las historias de todos los mundos. Un lugar donde los Nephilim fueron destruidos. Un páramo ”.

“Sí,” dijo Jem, un poco distraído. No podía verla a través de la pantalla, pero pudo ver el contorno de su cuerpo, y eso fue algo peor. “Un páramo ardiente. Muy caliente… ”.

Había tenido miedo de que los Hermanos Silenciosos le hubieran quitado la habilidad de desear: pensó que miraría a Tessa y sentiría amor platónico pero no sería capaz de desear, sin embargo ocurrió lo contrario. No podía dejar de desear. Él deseó, pensó, más de lo que nunca antes en su vida.

Claramente ella se estaba cambiando la ropa. Él había mirado hacia abajo a toda prisa cuando ella había empezado a menearse fuera de sus pantalones vaqueros, pero no era como si pudiera olvidar la imagen, la silueta de ella, el pelo largo y las piernas largas y hermosas. Siempre había amado a sus piernas .

Seguramente se había sentido así antes ¿Cuando había sido un niño? Recordó la noche en su habitación cuando ella lo detuvo de destruir su violín, y él había deseado entonces, deseaba tanto que no había pensado en absoluto cuando se derrumbaron sobre la cama: él le habría arrebatado su inocencia, y renunciado a la suya, sin
detenerse, sin pensarlo un momento en el futuro. Si no hubieran derribado su caja de yin fen. Si. Eso lo trajo de regreso a la realidad, y cuando ella se había ido, el rasgó sus sábanas en tiras con los dedos por pura frustración.

Tal vez fue sólo que el deseo recordado palidecía en comparación con el sentimiento mismo. O tal vez había sido debido a que él estaba enfermo en ese entonces, más débil. Él estaba muriendo, después de todo, seguramente su cuerpo no podría haber sostenido este.

“Una Fairchild y un Herondale,” dijo ella. “Ahora, me gusta eso. Los Fairchilds han sido siempre prácticos y los Herondales… Bueno, ya sabes.” Ella sonaba cariñosa, divertida… “Quizás ella lo haga sentar cabeza. Y no me digas que no necesita establecerse”.

Jem pensó en Jace Herondale. ¿Cómo era posible que él fuera como si alguien hubiera encendido una cerilla a Will y lo dorara en fuego vivo.“No estoy seguro de que se pueda hacer que un Herondale siente cabeza, y menos este”

“¿Él la ama? ¿A la chica Fairchild? ”

“Nunca he visto a nadie tan enamorado, excepto por …” Su voz se apagó, porque Tessa había salido de detrás de la pantalla, y ahora entendía porque había tardado tanto tiempo.

Llevaba un vestido de seda de orquídea, el tipo de vestido que podría haber usado para cenar cuando habían estado comprometidos. Se recortaba en cuerdas de terciopelo blanco, la falda en forma de campana… ¿Llevaba puesto miriñaques?

Su boca se abrió. No podía evitarlo. Él la había encontrado hermosa a través de todas las edades cambiantes del siglo: hermosa en el cuidadoso corte de la ropa de los años de la guerra, cuando la tela estaba racionada. Hermosa en los elegantes vestidos de los años cincuenta y sesenta. Hermosa en faldas cortas y botas a medida
que el siglo llegaba a su fin.

Pero esto era lo que las niñas usaban cuando él se había fijado en ellas por primera vez, la primera vez en que le parecieron fascinantes en lugar de molestas, la primera vez que notó la línea agraciada de un cuello o la palidez del interior de una muñeca femenina. Esta era la Tessa que lo había cortado hasta la médula con el amor y la lujuria mezclada: un ángel carnal con un corsé que le daba a su cuerpo la forma de un reloj de arena, levantando sus senos, marcando la llamarada de sus caderas.

Obligó a sus ojos que miraran lejos de su cuerpo. Ella había recogido su pelo, pequeños rizos se escapaban sobre sus oídos, y su colgante de jade brillaba alrededor de su garganta.

“¿Te gusta?”, Dijo. “Tuve que hacer mi propio pelo, sin Sophie, y acordoné mi propio encaje …” Su expresión era tímida y más que un poco nerviosa. Lo cual siempre había sido una contradicción en el corazón de ella, quien era una de las personas más valientes y, a la vez, tímidas que él había conocido. “Lo compré en Sotheby, un
anticuario verdadero, eso si, costó demasiado dinero, pero me acordé de cuando yo era una niña y tú habías dicho que las orquídeas eran tu flor favorita y me había propuesto encontrar un vestido del color de una orquídea, pero yo nunca encontré uno antes de que te… fueras. Pero éste es de tintura de anilina, eso espero, nada natural, pero pensé… Pensé que te haría recordar…” Levantó su barbilla “Lo nuestro. Lo que quería para ti cuando pensé que estaríamos juntos”

“Tess”, dijo, con voz ronca. Se puso de pie, sin saber cómo había llegado hasta allí. Dio un paso hacia ella, y luego otro. “Cuarenta y nueve mil doscientos setenta y cinco.”

Ella supo de inmediato lo que quería decir. Él sabía que lo haría. Ella lo conocía como nadie la vida lo hizo. “¿Estás contando los días?”

“Cuarenta y nueve mil doscientos setenta y cinco días desde la última vez que te besé,” él dijo. “Y pensé en ti todos y cada uno de ellos. No tienes que recordarme a la Tessa que yo amé. Fuiste mi primer amor y serás la última. Yo nunca te he olvidado. Nunca he dejado de pensar en ti” Estaba lo bastante cerca para ver el pulso latir en la garganta de ella. Para alcanzar y levantar un rizo de su cabello. “Nunca.”

Tenía los ojos medio cerrados. Ella extendió la mano y le cogió la mano, donde acarició su pelo. Su sangre tronaba a través de su cuerpo, con tanta fuerza que le dolía. Ella bajó la mano, la bajó hasta el sostén de su vestido. “El anuncio para el vestido, dijo que no tenía botones,” susurró. “Sólo ganchos en la parte delantera. Más fácil de abrochar.” Ella bajó la mano derecha, tomó la otra muñeca de él, la levantó. Ahora sus dos manos estaban en su corpiño. “O de desabrochar.” Sus dedos curvados sobre los de él, muy deliberadamente, ella se desabrochó el primer gancho en su vestido.

Y luego el siguiente. Ella movió las manos de él hacia abajo, sus dedos entrelazados con los suyos, desabrochando hasta que el vestido colgaba sobré su corsé. Ella respiraba con dificultad; él no podía quitar los ojos del sitio en el que su pendiente ascendía y caía con sus jadeos. Él no se atrevía a moverse ni un milímetro más hacia ella: deseaba, deseaba demasiado. Quería destrenzar su cabello y envolverlo alrededor de sus muñecas como cuerdas de seda. Él quería los pechos de ella bajo sus manos y sus piernas alrededor de su cintura. Quería cosas que no tenían nombre para él y ninguna experiencia. Sólo sabía que que si se movía una pulgada más cerca de ella, la barrera de vidrio de control que había construido en torno a sí mismo se rompería y no sabía qué iba a pasar.

“Tessa,” dijo. “¿Estás segura?”

Sus pestañas revolotearon. Aún tenía los ojos entrecerrados, sus dientes haciendo pequeñas medias lunas en su labio inferior. “Estaba segura entonces”, dijo, “y estoy segura ahora.”

Y ella juntó las manos con firmeza a los costados, donde su cintura se curvaba, a ambos lados de la llamarada de sus caderas.

Su control se rompió, una explosión silenciosa. La atrajo hacia él, se inclinó para besarla salvajemente duro. La oyó llorar de sorpresa y luego sus labios la silenciaron, y la boca de ella se abrió con impaciencia bajo la suya. Tenía las manos en el de pelo él, agarrando con fuerza; ella estaba de puntitas de pies para besarlo. Ella le
mordió el labio inferior, mordisqueó su mandíbula, y él gimió, deslizando sus manos dentro de su vestido, siguiendo con los dedos la parte posterior de su corsé, su piel ardiendo a través de los pedacitos de la camisola que podía sentir entre los cordones. Él se estaba sacando sus zapatos a patadas, quitándose los calcetines, el piso era frío contra sus pies desnudos.

Ella dio un grito ahogado y se retorció más cerca, en sus brazos. Deslizó sus manos fuera de su vestido y se apoderó de sus faldas. Ella hizo un ruido de sorpresa y luego él estaba trazando el vestido por encima de su cabeza. Ella exclamó, riendo, mientras el vestido se salió de la mayor parte del camino, pero se mantuvo cerrado en las muñecas, donde diminutos botones juntaban los puños con fuerza. “Cuidado”, bromeó, mientras sus dedos frenéticos movieron los botones abiertos. Lanzó el vestido y lo tiró a la esquina. “Es una antigüedad.”

“También yo, técnicamente,” dijo él, y ella se rió de nuevo, mirando hacia él, su rostro cálido y abierto.

Él había pensado sobre hacer el amor con ella antes; por supuesto que sí. Había pensado en el sexo cuando era un adolescente, porque eso era lo que pensaban los chicos adolescentes, y cuando él se había enamorado con Tessa, había pensado en ello con ella. Vagos pensamientos incipientes de hacer cosas, aunque no estaba seguro de que. Imágenes de pálidos brazos y piernas, la sensación imaginaria de piel suave bajo sus manos.

Pero no se había imaginado esto: que podría haber risas, que podría ser cariñoso y cálido, así como apasionado. La realidad de ello, de ella, lo aturdía hasta dejarlo sin aliento.

Ella se apartó de él y por un momento él entró el pánico. ¿Qué había hecho mal? ¿La había herido? ¿La había disgustado? Pero no, sus dedos se habían ido a la jaula de crinolina en su cintura, torció y parpadeó. Luego levantó los brazos y los enroscó en el cuello de él. “Levantame”, dijo. “Levantame, Jem.”

Su voz era un ronroneo cálido. Él la tomó de la cintura y la levantó hacia arriba, fuera de sus enaguas, como si estuviera levantando una orquídea, libre de su jarrón. Cuando él la bajó de vuelta, llevaba sólo su corsé, bragas y medias. Sus piernas eran tan largas y hermosas como el recordaba y había soñado.

Alargó la mano hacia ella, ella la tomó en las suyas. Tessa seguía sonriendo, pero ahora había una cualidad pícara en ella. “Oh, no”, dijo, haciendo un gesto hacia él, sus pantalones vaqueros y suéter. “Tu turno”.

* * *

Se quedó paralizado, y por un momento, presa del pánico, Tessa se ​​preguntó si ella le había pedido demasiado. Había estado tanto tiempo desconectado de su cuerpo, era una mente en una cáscara de carne que fue ignorada en gran medida a menos que necesitara ser ejecutada para algún nuevo poder. Tal vez esto era demasiado para él.

Pero él tomó una respiración profunda, y sus manos se dirigieron al borde de su suéter. Se lo sacó por la cabeza y salió con el pelo rizado adorablemente. No llevaba camisa bajo el jersey. Él la miró y se mordió el labio.

Ella se acercó a él, admirando con los ojos y los dedos. Ella lo miró antes de poner sus manos sobre él y le vio asentir, Sí.

Tragó saliva. Ella había llevado esto tan lejos hacia adelante como una hoja en la marea de sus recuerdos. Los recuerdos de James Carstairs, el muchacho con el que se había comprometido, y había planeado casarse. Con el cuál casi había hecho el amor en el suelo de la sala de música en el Instituto de Londres. Ella había visto su cuerpo, entonces, con el torso desnudo, su piel pálida como el papel, estirada y delgada sobre las costillas prominentes. El cuerpo de un niño moribundo, a pesar de que siempre había sido hermoso para ella.

Ahora su piel descansaba sobre sus costillas y pecho, en una capa de músculo liso; su pecho era ancho, estrechándose hacia abajo hasta una cintura delgada. Ella puso sus manos sobre él tentativamente; era cálido y duro bajo su toque. Podía sentir las cicatrices tenues de antiguas runas, pálidas contra su piel dorada.

Su aliento silbó entre dientes mientras pasaba sus manos por su pecho y bajo sus brazos, la curva de sus bíceps dando forma a sí mismos bajo sus dedos. Ella lo recordó en la lucha con los otros Hermanos en Cader, Idris. Y por supuesto que había luchado en la Ciudadela de Batalla, los Hermanos Silenciosos se mantenían listos para la pelea, aunque rara vez luchaban. De alguna manera ella había nunca pensado en lo que podría significar para Jem, una vez que ya no estaba muriendo.

Le castañeteaban los dientes un poco; se mordió los labios para mantenerlos en silencio. El deseo estaba lavando a través de ella, y un poco de miedo también: ¿Cómo puede estar pasando esto? ¿En realidad sucede?

“Jem”, susurró. “Eres tan …”

“¿Asustadizo?” Puso su mano en la mejilla, donde la marca negra de la Hermandad todavía se mantuvo en el arco de su pómulo. “¿Horrible?”

Ella negó con la cabeza. “¿Cuántas veces tengo que decirte que eres hermoso?” Se pasó la mano por la curva desnuda de su hombro hasta el cuello; temblaba. Eres hermoso, James Carstairs. “¿No has visto como todos te miraban en el puente? Eres mucho más hermoso que yo”, murmuró, deslizando sus manos a su alrededor para tocarle los músculos de la espalda; se estiraron bajo la presión de sus dedos mirando. “Pero si eres lo suficientemente tonto para quererme, entonces no voy a cuestionar mi buena suerte.”

Volvió la cabeza hacia un lado y lo vio tragar. “Durante toda mi vida”, dijo, “Cuando alguien dice la palabra "hermosa” “, es tu cara lo que veo. Tú eres mi propia definición belleza, Tessa Gray.”

El corazón le dio un vuelco. Se incorporó en sus dedos de los pies. Siempre había sido una chica alta, pero Jem era aún más alto y puso su boca a un lado de la garganta de este, besando suavemente. Sus brazos se acercaron alrededor de ella, apretándola contra él, su cuerpo era duro y caliente, y ella sintió otra punzada de deseo. Esta vez ella lo mordisqueó él, mordiendo la piel donde el hombro se curvaba hasta su cuello.

Todo salió al revés. Jem hizo un sonido bajo en su garganta y de repente estaban en el piso y ella estaba encima de él, su cuerpo amortiguando su caída. Ella lo miró con asombro. “¿Que pasó?”

Él parecía desconcertado también. “No podía soportar más.”

Su pecho estaba lleno de calidez. Había pasado tanto tiempo que casi olvidó la sensación de besar a alguien con tanta fuerza que tus rodillas se debilitan solas. Él se empujó así mismo hacia arriba apoyándose en los codos. “Tessa -”

“No pasa nada”, dijo ella con firmeza, ahuecando su rostro entre las manos. “Nada. ¿Entiendes?”

Él entrecerró los ojos en ella. “¿Me haces tropezar?”

Ella se echó a reír; su corazón aún latía, mareada de alegría, alivio y terror, todo al mismo tiempo. Pero ella lo había mirado antes, había visto la forma en que él miraba su pelo cuando estaba hacia abajo, había sentido sus dedos en ella, acariciando tentativamente, cuando él la había besado en el puente. Levantó la mano y lo tiró de los pasadores del cinturón, lanzándolos a los dos a través del cuarto.

Su cabello emanaba hacia abajo, derramado sobre sus hombros, hasta la cintura. Se inclinó hacia delante hasta que rozó con su rostro su pecho desnudo.

“¿Te importa?”, Susurró.

“A medida que se desarrolla,” dijo él, contra su boca, “No me importa. Me parece que prefiero estar recostado ”.

Ella se rió y se pasó la mano por todo el cuerpo de él hasta abajo. Se retorció, arqueándose a su toque. “Para una antigüedad”, murmuró, “te venderías bastante bien en Sotheby. Todas tus partes trabajan en orden.”

Sus pupilas se dilataron y luego se echó a reír, su cálido aliento le sopló a ella en la mejilla. “He olvidado lo que se siente al ser objeto de burlas, creo”, dijo. “Nadie se burla de los Hermanos Silenciosos.”

Ella había tomado ventaja de su distracción para librarlo de sus vaqueros. Ahora había poca ropa distractiva entre ellos. “Ya no estás en la Hermandad”, dijo ella, acariciando sus dedos a través de su estómago, del fino cabello justo debajo de su ombligo, de su pecho desnudo y suave. “Y yo estaría muy decepcionada si
siguieras silencioso”

Él la alcanzó a ciegas y la atrajo hacia abajo. Sus manos se enterraron en su cabello. Y se estaban besando de nuevo, con las rodillas a cada lado de sus caderas, las palmas de ella abrazando el pecho de Jem. Sus manos la recorrieron por el pelo una y otra vez, y cada vez que ella podía sentir su cuerpo torcerse hacia ella, sus labios presionaban contra su propia voluntad. No eran besos salvajes, no ahora: eran decadentes, creciendo en intensidad y fervor cada vez que se separaban volvían a reunirse.

Llevó las manos a los cordones de su corsé y tiró de ellos. Ella se movió para mostrarle que también se abrochaba al frente en su pecho, pero él ya había llegado a para quitar la parte delantera. “Mis disculpas,” dijo, “a la antigua”, y luego, de manera más nada-estilo-Jem, arrancó el corsé abierto por la parte delantera y lo tiró a un lado. Debajo estaba su camisola, que ella se detuvo y la dejó caer a un lado sobre su cabeza.
Respiró hondo. Estaba desnuda delante de él ahora, como nunca lo había estado antes

* * *

Jem tenía la sensación de que más tarde sus manos picarían (nunca antes había despedazado un corsé), pero por el momento, no podía sentir a nada más que a Tessa. Estaba sentada a horcajadas sobre sus caderas, sus ojos muy abiertos, su pelo vertiéndose sobre sus hombros desnudos y los pechos. Parecía Venus surgiendo de las olas, con sólo el colgante de jade para cubrirla, brillando contra su piel.

“Creo,” dijo ella, su voz se había elevado y sonaba entrecortada, “que necesito que me beses ahora.”

Alzó la mano para atraerla hacia abajo, agarrándose de sus delgados hombros. Él les dio la vuelta para estar encima de ella, apoyándose sobre sus codos, atento a su peso. Pero a ella no parecía importarle. Ella se acomodó en él, curvando su cuerpo para adaptarse a él. La suavidad de sus senos se apretó contra su pecho y el hueco de sus caderas era una taza para agarrarlo y sus pies desnudos lo recorrían por sus pantorrillas.

Hizo un oscuro y pobre sonido en lo bajo de su garganta, un sonido que apenas reconocía como proveniente de él mismo. Un sonido que hizo que las pupilas de Tessa se ​​expandieran, quien suspiró rápidamente. “Jem”, dijo, “por favor, Jem,” y ella volvió la cabeza hacia un lado, almohadillando su mejilla en el cabello suelto.

Se inclinó sobre ella. Hasta ahora era lo mismo que habían hecho juntos, antes. De esto se acordaba. Que a ella le gusta ser besada en una línea bajando por su garganta, y que si seguía la forma de la clavícula con su boca ella lloraría y cavaría con las manos en su espalda. Y si tenía miedo de lo que vendría después, sin saber
qué hacer, o cómo complacerla, este fue arrasado con rapidez por la forma en que ella respondía: sus suaves gemidos mientras pasaba sus manos por sus piernas y le besó los pechos y el estómago.

“Mi Jem,” susurró mientras la besaba. “James Carstairs. Ke Jian Ming ”.

Nadie lo había llamado por su nombre de nacimiento en más de medio siglo. Era tan íntimo como un caricia.

No estaba del todo seguro de cómo se deshicieron del resto de sus ropas, sólo que de alguna manera estaban descansando sobre los restos destrozados de su vestido de seda y enaguas. Tessa no era suave y flexible bajo él como había imaginado, sino responsiva y exigente, levantando la cara para ser besada una y otra vez,
pasando sus manos sobre él, cada roce de sus dedos encendía chispas en las terminaciones nerviosas que él había temido que hubieran muerto hace mucho tiempo.

Fue mucho mejor de lo que había imaginado. Estaba rodeado por ella, su olor a jabón de agua de rosas y su piel suave y su confianza implícita. No era sólo que ella confiaba en que no la lastimaría; era más que eso. Ella confiaba en que su inexperiencia no le importaría, no importaba nada excepto que se trataba de ellos dos y siempre habían tratado de hacer que el otro sea feliz. Cuando él vaciló y dijo, “Tessa, no sé cómo…” ella susurró contra su boca y puso sus manos donde deben ir.

Una especie de lección, pero la más suave que él había recibido, y la mejor. No había imaginado suficiente de esto, que sus respuestas serían reflejadas, que el placer de ella magnificaría el suyo propio. Que cuando él deslizara las manos por sus piernas ella se envolvería alrededor de su cintura por su propia voluntad. Que cada pensamiento huiría de su cabeza a excepción de la sensación de ella bajo él y luego alrededor de él mientras ella lo guiaba hasta donde tenía que estar. 

Se oyó así mismo gemir a la distancia como si se enterrara en ella. “Tessa.” Se aferró a sus hombros como si se aferrara a los jirones de su control. “Tessa, oh Dios, Tessa, mi Tessa.” La coherencia lo había abandonado por completo. Él farfulló algo más también, ya no en inglés, no sabía qué, y sintió que ella apretó sus brazos alrededor de él.

Él respiraba entrecortadamente mientras se movía, luchando desesperadamente por controlarse a sí mismo, porque no quería que se terminara, no todavía. Tenía los ojos cerrados; la luz resplandecía detrás de sus párpados. Tanta la luz. Oyó la voz de Tessa, susurrando su nombre; estaban tan cerca, más cerca de lo que nunca había creído posible. Sus manos se deslizaron por su cuerpo para agarrarlo de la cintura. Había una línea delgada de concentración entre sus cejas; ella tenía los ojos fuertemente cerrados, las mejillas le brillaban de un rojo escarlata, y cuando ella trató de decir su nombre otra vez, un jadeo irregular se lo tragó. Una de sus manos voló a su boca y ella mordió con fuerza sus dedos mientras su cuerpo se tensó alrededor de él.

Era como un fósforo encendiendo hierba seca. El último vestigio de su control se evaporó. Enterró la cara contra su cuello mientras la luz detrás de sus ojos se fracturó en colores caleidoscópicos. Había llevado la oscuridad de la Ciudad Silenciosa dentro de él incluso cuando dejó la Hermandad. Y ahora ella había abierto su alma y dejó entrar la luz, y fue brillante.

Nunca había imaginado esto. Él ni siquiera se había imaginado imaginando esto.

Cuando volvió en sí, se encontró con que todavía se aferraba con fuerza, con la cabeza inclinada hacia abajo en su hombro. Ella estaba respirando suavemente y regularmente, con la mano en su pelo, acariciando, murmurando palabras cariñosas.

Él se apartó de ella de mala gana, rodando para acomodarse de forma que quedaran descansando cara a cara. La mayor parte de la luz del día se había ido; se miraron el uno al otro en un crepúsculo oscuro que suavizó los bordes ásperos. El corazón le latía con fuerza mientras extendía la mano para deslizar el pulgar por el labio inferior de ella.

“¿Estás bien?” Dijo, con voz ronca. “¿Era eso…?” Se interrumpió, dándose cuenta con horror que el brillo de sus ojos eran lágrimas. Una rodó por su mejilla, sin control. “¿Tessa?” Podía oír el pánico salvaje en su propia voz. Ella le dio una sonrisa rápida y temblorosa, pero eso era típico de Tessa. Ella nunca mostraría decepción. ¿Que tal si para ella fue horrible? Él había pensado que era increíble, perfecto; él había pensado que su cuerpo se rompería en pedazos de sentir tanta felicidad a la vez. Y había pensado que ella había respondido, pero ¿Qué sabía él? Maldijo su propia inexperiencia, su arrogancia y su orgullo. ¿Qué le había hecho pensar que podía?

Ella se sentó, inclinándose sobre la mesa de café, con las manos haciendo algo que él no podía ver. Su cuerpo desnudo fue esbozado en el crepúsculo, insoportablemente bello. Él la miró con su corazón tartamudeando. En cualquier momento ella se pondría de pie, se vestiría y le diría que lo amaba, que siempre lo había amado, pero no de esa manera. Que la suya no era una pasión, sino una amistad.

Y él se había dicho a sí mismo que podía soportar eso, antes de que llegara al puente para confesarse. Se había dicho a sí mismo que podía tener su amistad y nada más, que era mejor que no estar cerca de ella en absoluto.

Pero ahora que él sabía, ahora que habían compartido el aliento, el cuerpo y sus almas, ya no podía dar un paso atrás. Para ser solo su amigo, nunca tocarla nuevo, le desgarraría en mil pedazos. Sería más agonía de lo que el fuego celestial había sido nunca.

Ella se volvió hacia él, sosteniendo algo en sus manos.

“¿Jem?” Dijo. “Jem ¡Estás a miles de kilómetros de distancia!” Ella se había envuelto con una funda gris del sillón; se sentó junto a él; las lágrimas se habían ido y ella era cálida y sonriente. “Honestamente, si lo que acabamos de hacer no consigue tu atención, no sé lo que haría.”

Él la miró fijamente. “Pero estabas llorando”, dijo, por fin.

Ella lo miró con curiosidad. “Porque yo soy feliz. Porque eso fue maravilloso.”

Expulsó el aliento en una oleada de alivio. “Así que fue… ¿Estuvo bien? Yo podría ser mejor, podríamos practicar…”

Se dio cuenta de lo que acababa de decir, y cerró la boca.

Una sonrisa maliciosa se ​​extendió por su cara. “Oh, vamos a practicar”, dijo. “Tan pronto como estés listo.”

“No tengo otros compromisos esta noche.” dijo con gravedad.

Ella se sonrojó. “Tu cuerpo puede necesitar tiempo para… Para recuperarse.”

“No.” dijo, y esta vez se permitió un pequeño matiz de complacencia. “No, yo no lo creo.”

Ella se sonrojó aún más. El amaba hacerla ruborizarse; siempre lo hizo. “Bueno, necesito cinco minutos, por lo menos!” Dijo ella. “Y te necesito para ver esto. ¿Por favor?”

Le tendió una hoja de papel para él. Su expresión era sorprendentemente grave; se limpió la presunción, y su deseo de burlarse de ella también. Sin atreverse a hablar, tomó el papel de ella y lo desdobló.

Ella aclaró su garganta. “Pude haber estado bromeando antes” dijo ella “Cuando dije que era dueña de este piso bajo el nombre de Bedelia Bacalao”.

Él se quedó mirando la escritura del departamento en la Puerta de la Reina. Estaba hecha a nombre de Tessa, o algo parecido. No Tessa Gray, o incluso Tessa Herondale. Fue hecha en el nombre de Tessa Herondale Carstairs.

“Cuando hablé con Magnus en Idris, después de la Guerra Mortal” comentó ella. “Me dijo que había soñado que te curabas. Ya sabes cómo es Magnus. A veces sus sueños se cumplen. Así que me permití sentir esperanza por primera vez en mucho tiempo. Yo sabía que era poco probable, si no imposible. Sabía que sería dentro de muchos años. Pero tu me pediste casarme contigo, una vez, hace mucho tiempo. Y en cierto modo, esta es nuestra noche de bodas. Una consumación con mucho retraso.” Ella le sonrió, mordiéndose el labio, claramente nerviosa. Sus dedos se movían en la manta que sostenía a su alrededor. “No debería haber tomado prestado tu nombre, tal vez, pero siempre he sentido en mi sangre que éramos familia.”

“Tessa Herondale Carstairs,” susurró. “Nunca debería preocuparte pedir prestado mi nombre cuando sabes que puedes conservarlo”

Él dejó que la hoja de papel se deslizará de su mano y se extendió hacia ella. Ella se inclinó sobre su regazo y él la abrazó con fuerza, contra la sensación de ahogo en su garganta.

Ella nunca había renunciado a él. Recordó decirle a Will una vez, que él le había dado fe, cuando Will no tenía fe en sí mismo. Él siempre había tenido esperanzas en Will, aunque Will no tenía esperanzas para sí mismo. Y Tessa lo había hecho por él. Hacía tiempo que había perdido la esperanza de una cura, pero ella… Ella siempre había tenido esperanzas.

“Mizpa, Tessa.” susurró. “En verdad, porque ciertamente Dios estaba cuidando de nosotros mientras nos despedimos unos de otros. Y ha cuidado de nosotros mientras Will era apartado de nuestro lado y nos trajo de vuelta el uno al otro ”.

* * *

Durmieron, acurrucados, en los restos del vestido de Tessa, y más tarde se trasladaron al sofá. Estaba bastante oscuro, y bebieron té frío e hicieron el amor de nuevo, esta vez más suave y lentamente hasta que Tessa agarró a Jem por los hombros y le rogó que fuera más rápido. “Dolcissimo, no appasionato”, dijo él con una sonrisa tormentosa de pura diversión.

“¿Oh?” Ella se agachó e hizo algo con la mano que, estaba claro, no había sido preparado. Todo su cuerpo se tensó. Se rió mientras las manos de él arañaban de repente en su cintura, clavandole los dedos. El pelo oscuro de Jem colgaba delante de sus ojos; su piel brillaba por el sudor. Anteriormente, ella había cerrado los ojos: esta vez ella lo observaba, tanto el cambio en su expresión como su control se rompieron por la forma de su boca mientras jadeaba su nombre.

“Tessa…”

Y esta vez, ella se olvidó de morderse la mano para amortiguar los sonidos que hacía. Oh, bueno. Al diablo con los vecinos. Había estado en silencio durante casi un siglo.

 "Quizás eso fue más rápido de lo que había previsto" dijo con una sonrisa, cuando yacían juntos después, encajados entre los cojines. “Pero tú hiciste trampa. Tienes más experiencia que yo.”

“Me encanta.” Tessa le besó los dedos. “Voy a tener una gran cantidad de diversión enseñándote todo. No puedo esperar a que escuches música de rock and roll, Jem Carstairs. Y quiero verte utilizando un iPhone. Y un ordenador. Y viajar en el metro. ¿Has estado en un avión? Yo quiero estar en un avión contigo.”

Jem seguía riendo. Su cabello era un desastre terrible, y sus ojos eran oscuros y brillantes a la luz de la lámpara. Se veía como el chico que había sido, hace tantos años, pero diferente a la vez: se trataba de un Jem que Tessa recién empezaba a conocer. Un joven, y saludable Jem , no un niño moribundo o un Hermano Silencioso. Un Jem que podía amarla con toda su fuerza a medida que ella lo amaba a él.

“Vamos a tomar un avión”, dijo. “Tal vez a Los Ángeles.”

Ella sonrió. Sabía por qué tenían que estar allí.

“Tenemos tiempo para hacer todo”, dijo él trazado uno de sus dedos por el lado de la cara de Tessa. “Tenemos la eternidad.”

No la eternidad, pensó Tessa. Tenían un largo, largo tiempo. Toda una vida. El tiempo que él viviera. Y ella lo iba a perder un día, como había perdido Will, y su corazón se rompería, como se había roto antes. Y se recuperaría de nuevo y seguiría adelante, porque el recuerdo de haber tenido a Jem sería mejor que nunca haberlo tenido en absoluto.

Ella era lo suficientemente sabia como para saber eso.

“Lo que dijiste antes” preguntó. “Que Jace Herondale ama a Clarissa Fairchild más que nadie que hayas conocido, excepto alguien…. Nunca terminaste la frase. ¿Quién era?”

“Yo iba a decir tú, yo y Will,” dijo. “Pero… No es eso algo extraño que decir ¿no?”

“No es extraño en absoluto.” Ella se acurrucó cerca contra su costado. “Tienes toda la razón. Siempre y para siempre, toda la razón.”

***

2

I have a lot to say about this upcoming arc. My thoughts are not complete yet, and obviously, will evolve with the chapters that release, but bear with me. This arc is really going to be multi-layered. You have the connection between; Kanae and Erika, Erika and Kimiko, Kimiko and Kyoko, Kimiko and Ren, and obviously Ren and Kyoko.. and this is what we’ve seen so far.  

Think on this. The Curara Audition for Kyoko and Kanae was their breakthrough into showbusiness and Erika played a major role in this arc. Now, we finally have the possibility of Kyoko and Kanae acting together again and who shows back up? Erika. I feel like this move on Nakamura’s part is highly deliberate. If it was the Curara audition that launched their careers. Reason dictates that if they both land these roles, then it will launch them into stardom. You have to admit, looking at the images above, that she is definitely drawing a parallel. It’s just that our villain has shifted from Erika to Kimiko.

So let’s talk about the Kanae - Erika connection

A lot of people might see what happened to Erika as something that she deserved, but I can’t help but feel sorry for her, especially since she was doing her damnedest to make it in the show business word based on her own talents and not her family connections. And why did she do this? Because of Kanae, and what Kanae told her at the end of chapter 30. Now that we see her again, it begs the question as to WHY she accepted Kanae’s challenge. I think it’s because she wants Kanae’s approval. I think she ALWAYS has, which is why she had to have the leads in the plays. In Erika’s mind if she had that role, no matter how she got it, then she was the best, and if she was the best than Kanae had to acknowledge her. But what happens? Kanae never does, so she keeps trying. The moment she even acknowledges Kyoko is when Kanae calls her a rival, which is more than Erika ever received. This MAY explain why she cut her hair, which can be considered similar to Kyoko’s. As stupid as it may sound, I just think Erika wanted to be Kanae’s friend, but she didn’t know how to go about it, thus she lashed out at her. 

Now we will discuss the Erika-Kimiko connection

I don’t really have a lot to say here other than Kimiko has taken Erika’s place as the villain of this arc. There is also the similarities between the two. Past Erika wouldn’t have hesitated to use the fact that her family is funding The Lotus in the Mire to gain her a role in the film, like how Kimiko is now using her connection with the Director. The fact that she is doing her best to keep the connection a secret is a huge step for Erika. Also, past Erika once threatened violence on Kanae to get a role, while Kimiko pushed the person who “stole” her role out of a car. 

Kimiko - Kyoko

Well until we see these two together it will be hard to say what’s going on here with certanty, but it seems like the picture of Kimiko and Ren will be the kindling to Kyoko’s jealousy for her audition. I think that Kimiko has that picture of her and Ren to try to make a connection between the two. A connection that isn’t there. Kyoko, though, doesn’t know this.

Kyoko - Ren. 

This depends on what Ren sees. At the very least I think Yashiro will become aware of Kyoko’s feelings toward Ren, I think he might already suspect. I think Kyoko being managed by Yashiro might help protect her from Kimiko’s wrath. Can you imagine what would happen to her if she tries to hurt Kyoko?

A veces lamento no haber llegado a tu vida antes,
No haber planeado bien mi tiempo para aparecer en la puerta de tu casa con una sonrisa y un par de promesas en la mano.
No haberte conocido antes de todo el terremoto que eres y llevas dentro, que a veces te arrasa y sólo quedan restos de ceniza.
A veces, quisiera haber sido yo la que te rompió el corazón, pero no, nunca hubiera podido romperte como lo estás, como lo roto que estás.
Quisiera haber sido yo la que te curara las heridas en vez de engrandecerlas.
Hubiera querido recitarte poemas de Neruda o leerte Rayuela al oído, después de cada decepción en tu vida, convertirte en mi Maga.
Joder, hubiera querido ser tu primer amor, ese que nunca olvidarás.
Pero llegué tarde.
Llegue a destiempo, llegue cuando ya estabas muy destrozado por dentro, con unas fisuras que me recordaban el dolor que debiste de haber sentido y cuando yo trataba de repararte la que se lastimaba era yo.
Porque en vez de sanarte las cicatrices, te las volvía a abrir. Porque mi intención era reconstruirte.
Pero te digo, ya estabas en ruinas.
Y no podía hacer nada.
Aunque quisiera.
Aunque intentara.
Perdón amor, llegue cuando ya no tenías remedio.
—  Paulina Mora
Te dire que ya paso, que solo fue en el momento, que ya te superare y el tiempo me curara los momentos dificiles que pasamos, que ya no sentire nada despues de hoy, que no podemos estar juntos por obvias razones, que me ira bien estar lejos de ti y podre seguir viviendo tranquilo, que encontrare a otra persona para reemplazarte, que me convertiste en una persona sabia y con experiencias, que talves a ti te importe ahora esto y no haras nada, que cuando me hables no te mirare con esa mirada que tanto te disgusta, que cuando pase por tu lado no sentire mariposas y me llegara si estas bien o no, te dire que no logre conseguir nada en todo este tiempo, que no me conoces muy bien, sabiendo que me tienes en tus manos, te dire que no me sera dificil superarte, que no me cambiaste y todo fue pasajero, que no senti nada por ti, cuando me derretia por esos labios rojos, te dire que ya fue todo esto. Pero sigo aqui, recordando la primera vez que te bese, recordando como te abrazaba y queria quedarme ahi, pero sigo aqui, queriendote como lo he hecho todo este tiempo.

maybe-my-life-is-perfect

Acepté estar contigo sin ataduras, te acepté sabiendo que estabas enamorado de otra persona, te acepté con todos tus vacíos, sin pedirte nada a cambio. Sin embargo, no fui sincera, sí estaba esperando algo a cambio, estaba esperando que encontraras en mi todo lo que te faltaba y curaras tus heridas. Pero no fui más que tu compañía de paso y encontraste el amor en alguien más. Y ahora yo estoy rota y no puedo culparte, ni decírtelo, ni reprochártelo y mucho menos castigarte por ello, porque tu no hiciste nada malo, yo fui la irresponsable que se dejo llevar por una cantidad de ilusiones y ahora no puedo más que lamentarme en silencio, porque así lo acepté desde el inicio. Irónicamente son mis acciones desinteresadas las que me castigan.
—  Ella-habla-sola
Yo le digo a usted “Te quiero” y se ríe.
Tiene el corazón tan frío que no me permite amarle, abrazarle, besarle.
Una a una, paso mis noches susurrando su nombre, pronunciándolo, gritándolo, usted no hace nada más que ignorarme.
Cuanto quisiera apartar distancias, la de su presencia en mí.
Cuanto quisiera poder leerle uno a uno los miedos y las caricias, escucharle cada respirar, grito, silencio, su voz encantadora, verlo bostezar, verlo reír, verlo llorar.
Aquí el problema no es mi corazón, es su corazón, el mío es un poco cálido, un poco roto, pero se curara, lo cual lo dudo del suyo.
—  Kriptonita
SUCIO 2: MACHOS ALFA

EPÍLOGO

¿Cuánto tiempo hace falta para sanar un corazón roto? ¿Cuánto tiempo se necesita para juntar cada uno de esos pedazos y armarlo nuevamente? Quienes nunca se han enamorado verdaderamente, pudieran pensar que es algo sencillo, que simplemente debes levantarte un día con la firme convicción de que ya no dolerá, de que ya no quieres seguir sufriendo por lo mismo, y con la certeza, de que personas en el mundo hay muchísimas y que seguramente llegara alguien mas a tomar cada pieza y regresar todo a su lugar.

Samuel se levantaba cada mañana con ese pensamiento. Cada día para él era un nuevo reto, cada día era una nueva oportunidad de demostrarse a si mismo que tan fuerte era, con la esperanza de que el dolor y la soledad que sentía, cada vez iban a ser mas tenues, todo iba a mejorar con el pasar del tiempo y al final, todo lo que había vivido con él, se iba a convertir solamente en un bello recuerdo, en un recuerdo sin dolor.

Que sencillo puede ser decirlo ¿no? Que sencillo puede ser pensar que todo se reduciría a tener la firme voluntad de hacer las cosas bien. Aquello no estaba siquiera cerca de ser algo sencillo.

Los primeros días sin Guillermo habían sido un infierno para Samuel. Y no, no estaba siendo exagerado. Levantarse se había convertido prácticamente en una tortura y es que lo único que deseaba era poder quedarse en la cama y dormir, dormir sin tener que pensar en nada. Pero pasaba que a veces incluso sus sueños se habían puesto en su contra y en un par de ocasiones, Santiago había tenido que levantarse en medio de la noche para intentar tranquilizarlo después de una de sus pesadillas.

No, no era nada sencillo. Saberse lejos de la persona de quien se había enamorado era por mucho una de las situaciones más difíciles por las que había tenido que pasar. Samuel se sentía incompleto, se sentía vacío y estaba completamente seguro que al marcharse, Guillermo se había llevado gran parte de su felicidad con él. No era fácil olvidar lo que habían pasado juntos, no era fácil olvidar a la persona que había aparecido un día en su vida y lo había cambiado todo. No se veía capaz de estar con alguien más y es que en realidad ni siquiera se veía en la posibilidad de intentarlo. Lo único que su cuerpo y su mente querían, sentía, respiraba, y deseaba, era a ese chico que lo había vuelto loco desde el momento exacto en que lo había mirado por primera vez.

Samuel odiaba toda aquella situación y se odiaba muchísimo mas a si mismo por no poder sentirse mejor. Cada día tenia que soportar que tanto Lino como Santiago lo miraran con lastima, con una compasión infinita que lo único que lograba era que se sintiera mas miserable. Estaban preocupados y eso era claro, pero nada que pudieran decir o hacer podía hacerlo sentir peor… o mejor, así que odiaba que lo trataran, como si cada cosa que le dijeran lo fuera a hacer romperse más.

Los días pasaban lentos, cada segundo era angustiosamente eterno. Las clases, los entrenamientos, todo se había convertido por completo en una carga muy pesada para Samuel ¿Por qué ese chico lo había afectado tanto? ¿Por qué no podía simplemente olvidarlo? Necesitaba hacerlo si quería continuar, necesitaba dejar de albergar la esperanza de que en algún momento regresaría. Si quería seguir avanzando, si no quería echar a perder lo que tanto esfuerzo le había costado conseguir, tenia que superar a Guillermo.

Estaba haciendo todo lo que le era posible por no descuidar sus estudios. Cada día se metía a la biblioteca y pasaba largas horas estudiando, intentando no pensar… era inútil la mayoría de las ocasiones, pues aquel rostro sonriente de mejillas enrojecidas y ojos pequeños, aparecía siempre en sus pensamientos para revolverlo todo – ¡Déjame ya maldita sea! – se quejó para si mismo en un tono lastimoso mientras sentía como sus ojos se llenaban de lagrimas una vez mas. No podía permitir que lo vieran más en ese estado tan miserable ¿pero que se hace para que algo así deje de doler tanto?
Samuel empezó a salir. Si se trataba de olvidar a Guillermo iba a hacerlo costara lo que costara. Cada día se aparecía en la habitación que compartía con Santiago, pasadas las 2 de la mañana, caminando apenas y apestando a alcohol. Aquello no solamente lo estaba afectando a él, estaba afectando todo su entorno, estaba afectando a sus dos únicos mejores amigos que ya no sabían que es lo que debían hacer o decir para hacerlo sentir al menos un poquito mejor.

Samuel no solamente salía a fiestas para beber hasta embrutecerse. Cada noche una chica diferente se aparecía frente a él con ganas de sexo fácil sin ningún compromiso, él por supuesto que no se negaba, pero llegado el momento, al mirar con detenimiento ese rostro que no conocía, se quedaba completamente inmóvil y sin saber que hacer frente a alguien a quien no amaba y con el recuerdo de cierto chico jodiendo en sus pensamientos. Ninguna de esas chicas eran él, ninguno de esos cuerpos desnudos se comparaba a la maravillosa sensación de la piel de su Guillermo.

No era lo mismo, jamás iba a ser lo mismo sin él. Había estado tantas veces rodeado de mujeres y ahora simplemente no quería nada de eso, no le atraía estar con ninguna chica, pero tampoco estar con ningún otro chico que no se tratara de Guillermo. Y lo intentó, si que lo intentó, aun cuando aquello le parecía lo mas absurdo que hubiese hecho en su vida… y en cuanto sus labios rozaron los de aquel chico castaño que acababa de conocer esa noche en aquel bar y del cual ni siquiera recordaba el nombre, se sintió completamente mal y le repugnó la sensación de esos labios que no eran los de Guillermo. Tampoco aquello era lo que quería. No necesitaba a nadie más que no fuera ese chico que lo había abandonado. Que se había marchado para no regresar.

Santiago abrió la puerta de la habitación para encontrarse con Samuel tumbado en el piso a un lado de la entrada, con la espalda encorvada y las rodillas juntas sobre su pecho, rodeadas por sus brazos. Cerró la puerta inclinándose inmediatamente para comprobar que su amigo se encontrara bien y le hizo falta acercarse solo un poco para sentir el penetrante olor a alcohol y escuchar los sollozos por parte de Samuel. No sabía que hacer ante una situación como esa y se le encogió el corazón cuando su amigo levantó la vista y pudo ver su rostro bañado de lagrimas y completamente enrojecido. Ya no existía ni la sombra de aquel chico creído, soberbio y seguro de si mismo, en su lugar quedaba un chico débil que se veía pequeño a pesar de su enorme tamaño. Un chico que había perdido las ganas de seguir y cuyo orgullo y autoestima se encontraban más que pisoteados.

–Por favor… – lloriqueó suplicante – por favor Santiago, necesito que esto deje de doler – los sollozos se hicieron cada vez mas fuertes y los ojos de Santiago ya ardían también, su vista se volvió borrosa y es que era imposible estar frente a un amigo llorando de esa manera y no sentir al menos un poco de su dolor.

Samuel se abrazó a él como un niño colgado de su madre, llorando desconsolado, aferrándose a la camisa de Santiago que ya estaba empapando con sus lágrimas. Ambos terminaron tumbados en el piso por un buen rato, Santiago intentando calmar a Samuel dando palmaditas en su espalda y repitiéndole que todo iba a estar bien, mientras este descargaba todo su sentimiento en forma de lagrimas y sollozos ahogados.

A Lino ni siquiera le sorprendió cuando entró de pronto a la habitación y encontró a su novio y a su amigo en aquella posición incomoda en el piso. Santiago volteo a mirarlo como intentando darle explicaciones con la mirada, no eran necesarias. Le ayudó a acomodar a Samuel en la cama, pues se había quedado dormido prácticamente encima de él. Los dos se quedaron mirándolo dormir por un momento, deseando que todo mejorara, deseando que el tiempo curara cada una de sus heridas.

5 años después…

Hay personas que dicen que el tiempo lo cura todo, que cualquier herida por más grande que sea termina por sanar cuando dejamos que los días, meses, incluso años se hagan cargo. A Guillermo le había costado muchísimo tiempo volver a sentirse bien, pero lo había logrado. Si bien no podía decir que rebosaba de una felicidad excitante, si había conseguido la tranquilidad y estabilidad que tenía tanto tiempo buscando.

–¿Cómo te fue mi amor? – la voz ronca y cálida de Andrés lo hizo sonreír a pesar del día asqueroso que había pasado.

Guillermo acababa de llegar de la tercera entrevista de trabajo en lo que iba de la semana y parecía que la mala suerte no se alejaba de él. No es que sus habilidades como programador fueran malas, de hecho era bastante bueno en lo que hacía, pero aquel trabajo no lo hacía completamente feliz y parecía que erróneamente dejaba ver ese poco interés en cada una de sus entrevistas de trabajo.

Se acercó a Andrés con una sonrisa cansada y los pies punzando de tanto caminar. No sabía porque aun no se había comprado un coche, al menos uno de segunda mano, lo que fuera sería bueno para no tener que atravesar a diario la ciudad a pie o en el molesto transporte publico. Se inclinó frente a su novio y dejó un beso en sus labios.

Guillermo había conocido a Andrés un año después de haberse mudado a Australia y para aquel chico de ojos como el mar, había sido prácticamente amor a primera vista. Obviamente para Guillermo no había sido así. El primer año que estuvo solo en un país desconocido, en una Universidad desconocida y con un montón de personas desconocidas también, fue lo peor del mundo para él. No porque le costara conocer personas o relacionarse, sino porque se sentía mas solo y miserable que nunca. Estaba en una de las mejores escuelas de atletas de alto rendimiento, con los mejores entrenadores del mundo y él no estaba aprovechando nada de eso.

Extrañaba a Samuel, lo extrañaba muchísimo y cada día se levantaba intentando mantener aquella fuerza de voluntad que lograba hacerlo quedarse en el lugar en el que estaba, para no tener que salir corriendo, tomar un avión y regresar hasta ese chico que tanto amaba. No había sido nada fácil. Acostumbrarse a estar solo no era sencillo, no solamente había dejado a Samuel cuando había decidido marcharse, también había dejado a sus dos mejores amigos, con los que había pasado prácticamente toda su vida. Los extrañaba muchísimo también, extrañaba a Santiago con su mirada preocupada por todo detrás de esas enormes gafas, sus palabras de aliento y su optimismo innato; extrañaba el carácter fuerte de Lino y su forma de defenderlo como si se tratara de un hermano mayor. No podía olvidar que toda aquella lejanía la había provocado él.

Seguía pensando que estaba en lo correcto, aun con el montón de lágrimas que había derramado por Samuel, aun con todo ese amor que le quemaba el pecho por no ser entregado al chico del que estaba enamorado ¿pero de verdad había sido lo correcto? ¿O simplemente estaba siendo un maldito egoísta?

Un año después de haber pasado por todo aquel infierno, había aparecido un chico nuevo en la Universidad, uno que no le llamó la atención para nada, pero que con el paso de los días se convertiría prácticamente en su sombra. Por lo menos era agradable y tenía unos hermosos ojos celestes. No era como si Guillermo se hubiese enamorado rápidamente, de hecho se podía decir que después de Samuel, él estaba negado para querer nuevamente con tanta intensidad, pero aquel chico de mirada cálida y sonrisa generosa, logró poco a poco ganarse un espacio en su corazón.

Se convirtieron en muy buenos amigos un par de meses después de conocerse y aunque Andrés fue directo y mostro sus intenciones de llegar a algo mas que una amistad con él, Guillermo le dejó claro que no le interesaba ninguna relación romántica por el momento. La paciencia era una virtud que a Andrés le sobraba, así que no le importo ser más que un amigo para ese chico del que se había enamorado casi al instante. Se volvieron los mejores amigos y Andrés se convirtió en el principal apoyo de Guillermo en aquellos días difíciles. Se dio cuenta que estaba frente al que probablemente era el chico mas generoso que hubiese tenido la suerte de conocer y que quizá era momento de olvidar y comenzar de nuevo.

Para Andrés no había sido nada fácil, Guillermo permanecía reacio a tener algo que ver con él más allá de la amistad y aunque a pesar de ser mejores amigos, nunca quiso hablar de la razón, Andrés era un chico inteligente y se dio cuenta inmediatamente que había alguien más. Aun así espero pacientemente a que el corazón roto de Guillermo sanara; lo cuidó con cariño y fue uniendo junto a él cada uno de esos pedazos. Ahora tenían dos años de estar juntos y Guillermo aun recordaba como con lagrimas a punto de aparecer en sus ojos Andrés le había agradecido dejarlo entrar en su vida y en su corazón cuando por fin había aceptado ser su novio dos años después de haberlo conocido “Te juro que haré y daré todo para que seas feliz”… y Andrés no había mentido.

Cada día le recordaba cuanto lo quería y el corazón de Guillermo poco a poco fue sanando.

Guillermo había regresado a Madrid. Tenía un año ya compartiendo un pequeño departamento con Andrés. Había abandonado todo lo referente a la natación y a fin de cuentas el haberse ido a vivir a Australia por esos 4 años, no había servido de nada. Al regresar a Madrid había recuperado inmediatamente el contacto con Lino y con Santiago, ellos continuaban juntos y más felices que nunca y ahora que estaban nuevamente los tres amigos reunidos todo se ponía mucho mejor.

Guillermo tuvo que morderse la lengua para no tener que preguntar por Samuel cuando volvió a encontrarse con sus amigos, aunque si lo hubiese hecho, ellos no hubieran podido responder nada. Samuel prácticamente había desaparecido, 3 años atrás cuando con muchísimo esfuerzo se hubiese graduado de la Universidad. No habían vuelto a saber de él.

………………………………..

–Amor por favor levántate – Andrés jaloneaba a Guillermo quien se revolvía con pereza entre las mantas sin ninguna intención de levantarse. Era sábado y no podía creer que lo estuviesen levantando a las 9 de la mañana. El sábado era para levantarse a medio día y si le daban ganas, no para estar madrugando de esa manera tan inmoral.

–Tengo sueño – respondió con fastidio mientras sentía de pronto todo el peso de Andrés encima de él. Abrió los ojos para verlo sonriendo sentado a horcadas en su cadera. Empezó a hacerle cosquillas antes de dejarlo reaccionar.

Terminó por levantarse de mala gana después de aquella violación a base de cosquillas y se fue a la ducha con toda la pereza del mundo, salió y se vistió con mucha mas lentitud y pocas ganas, sabía que les esperaba un lago día y aunque él estaba cansado y molesto por su mala suerte al no conseguir trabajo, mirar a Andrés tan eufórico y entusiasmado lo hacía sonreír automáticamente.

Debía darse prisa, después de todo, la boda era dentro de dos meses y  él ni siquiera se había dignado a ir a la tienda para medirse el traje.
Recorrieron cada uno de los pasillos de aquella exclusiva tienda de trajes elegantes y costosos. A Guillermo parecía que nada de lo que veía le llamaba la atención. Nunca le había gustado llevar traje, y aunque obviamente aquella era una ocasión especial, casi prefería aparecerse en la recepción con pantalón de chándal y camiseta ¿Qué dirían los invitados? Sonrió para si mismo por su propia tontería, mientras Andrés se aparecía nuevamente con rostro entusiasmado para llevárselo a jalones a mirar quien sabe que cosa.

Eran las 3 de la tarde y Andrés prácticamente lo había hecho recorrer todo el centro comercial. Le dolía la cabeza, le ardían los pies y estaba poco menos que muerto de hambre. Se había quedado sentado en una mesa algo apartada frente al área de comida, mientras Andrés arreglaba unos cuantos detalles más en la tienda de trajes, además de ver algunas otras cosillas por ahí. Guillermo estaba cansado y hambriento y esperaba sentado a que fuera su turno para recoger su orden de comida en aquel local de comida rápida, que de rápida no tenía nada. Así que a Guillermo ya nadie lo iba a hacer moverse de esa silla, aunque quizá…

–¡Que tonto eres! – la voz aguda de una chica se escuchó  no muy lejos de él sacándolo bruscamente de sus pensamientos. Pero no había sido eso lo que ahora lo tenía de pie mirando hacia todos lados con absoluta desesperación, con el estomago revuelto y con el corazón latiendo desbocado. Había sido aquella risa que él conocía tan bien, lo que había logrado que saltara de su asiento sin siquiera haber tenido la intención de hacerlo.

No puede ser él, no ahora, no después de tanto tiempo. Por favor.

Y ahí estaba. Samuel… Después de 5 años, después de tanto dolor y tantas lagrimas, después de tanto sufrimiento estaba de nuevo frente a él. Tenía la misma preciosa sonrisa y ojos cálidos, con su misma barba de tres días y sus brazos fuertes, cargando en su espalda a esa chica desconocida que jugueteaba con él como si fueran un par de niños intentando llenarle la cara de helado. Guillermo sentía que se le estaba volviendo a agrietar ese corazón que tanto tiempo le había costado volver a unir.

Se sintió desesperado, nervioso, ansioso, y jamás pensó sentirse así. No es que hubiese en algún momento pensado en la reacción que tendría si algún día volvía a verlo, pero si en algún momento lo había imaginado al menos por un segundo, estaba seguro que su reacción no sería esa.

La chica bajó de la espalda de Samuel y le dio un leve golpe en el hombro y él se quejó con exagerado dramatismo. Guillermo sentía que no podía respirar y de pronto, quien sabe como, quien sabe porque, Samuel giró su cuerpo entero hacia él y era como si lo hubiese escuchado, pero Guillermo no había emitido ni un solo ruido, no hubiese podido hacerlo de hecho. Se había quedado por completo mudo. Y quiso pensar, que aquello había sido prácticamente como si Samuel lo hubiese sentido.

–¿…Guillermo? – Samuel susurró a la distancia. Y la distancia no era tanta. Y Samuel casi podía percibir su olor. Y sintió como sus piernas se doblaban. Si no hubiese estado con ella, probablemente hubiese corrido a abrazarlo.

–¿Es él? – Sofía se había quedado estática a su lado y cualquier rastro de sonrisa se había borrado de su rostro. Su vista anonadada se paseaba entre aquellos dos chicos que se negaban a apartar la mirada.
Samuel se sentía mareado, acalorado y le dolía el pecho. Un montón de recuerdos se agolparon en su mente. Pudo verlo vívidamente en sus recuerdos, y ese último día hacía ya 5 años seguía repitiéndose en su cabeza casi cada día

“Yo no soy lo que tu esperaban para tu vida, de eso puedo estar seguro y si te soy sincero tampoco esperé a alguien como tu conmigo”

Guillermo estaba igual, igual de hermoso y perfecto. Y sin darse cuenta, sus piernas se movieron como con voluntad propia. Samuel ya estaba avanzando hacia él, ante la mirada incrédula de Sofía, que solo sabía de Guillermo gracias a todo lo que Samuel le había contado. Se quedó plantado frente a él cuando por fin lo tuvo cerca y el nudo que se había formado en su garganta estaba impidiéndole hablar.

–Hola – fue la única palabra que salió de su garganta con la voz temblorosa. Y los ojos se Guillermo clavados en él lo ponían incluso mas nervioso.
Guillermo tardó un momento en responder, probablemente reponiéndose de la impresión de volver a verlo después de tantos años. Se acercó a Samuel y en un acto impulsivo que muy seguramente ninguno de los dos hubiese imaginado, lo rodeo sin pensárselo mucho en un cálido abrazo. Samuel respondió al gesto casi inmediatamente. Se separaron después de un momento que se sintió eterno.

–¿Cómo has estado? ¿Cuándo regresaste de Australia? – Samuel estaba haciendo esfuerzos sobre humanos por no saltarle encima nuevamente, intentando que su voz no reflejara su nerviosismo, rezando por que el chico frente a él no viera sus manos temblar.

–Estoy – tragó saliva casi audiblemente – estoy… bien – a Guillermo le había costado hablar mas de lo que hubiese querido – regrese a Madrid hace un año – Samuel frunció el ceño. Un año. Un año yendo y viniendo probablemente por los mismos lugares y ahora por fin el destino había querido que volvieran a encontrarse.

–Pues me alegra mucho que estés nuevamente por aquí – no sabía porque había dicho eso, probablemente porque eso era lo que sentía realmente, pero tampoco quería parecer demasiado entusiasmado.

Muy seguramente ninguno de los dos sabía de qué manera debían actuar. Habían sido parte importante y fundamental en la vida del otro. Quizá habían sido novios durante solamente un mes, pero su historia se remontaba a bastante mas atrás que eso. Se habían amado con intensidad desbordante y aquella relación había terminado de la noche a la mañana ¿Cómo debían sentirse viéndose después de 5 largos años teniendo esos antecedentes? Se quedaron callados nuevamente sin saber que decir, sin saber de que forma actuar, hasta que la voz entusiasmada de Andrés volvió a Guillermo a la realidad, a su nueva realidad.

–Puedes ir borrando nuestros trajes para la boda de la lista de cosas que nos quedan por hacer – Andrés caminaba hacia Guillermo con la mirada hacia abajo hurgando en las bolsas que cargaba – me han dicho que podemos venir la semana que entra a…

Andrés miró la escena frente a él tratando de entender porque Guillermo parecía estar a punto de vomitar frente a ese chico que en su vida había visto, quien no quitaba los ojos de encima de su novio. Se acercó tomando a Guillermo de la mano tímidamente y buscó su mirada tranquilizadora. No se veía nada bien.

–¿Sucede algo? – preguntó, mientras Samuel permanecía con su vista fija en las manos unidas de ambos chicos.

–No sucede nada – respondió Guillermo presionando la mano de Andrés para darle un poco de tranquilidad – es solo que me he encontrado a… a un amigo que hace tiempo no veía.

Samuel sintió como si un millón de cuchillos lo atravesaran de lado a lado al escuchar a Guillermo decir que él había sido solamente un amigo ¿Quién era ese chico después de todo? ¡Estúpido! ¿No era obvio viendo sus manos firmemente unidas? Extendió su mano hacia el chico desconocido intentando ser lo más amable que le fue posible.

–Soy Samuel… es un gusto conocerte – Andrés aceptó la mano de Samuel apretándola efusivamente, mostrando además una enorme sonrisa.

–Yo soy Andrés, el novio de Guillermo

Samuel casi había podido escuchar como algo se caía a pedazos dentro de su pecho. Estaba claro que Andrés no había aclarado aquello con intenciones molestas, posesivas u odiosas, aun así escuchar esas palabras habían hecho que se removieran en Samuel un montón de recuerdos y como él nunca había tenido la oportunidad de presentarse a si mismo como novio de Guillermo, quien en aquel momento lo miraba con una expresión que no podría definir. Samuel estaba a punto de sentir como las piernas se le doblaban, cuando una mano pequeña y delicada se aferro firmemente a su brazo.

–Creo que yo también debo presentarme – la voz cantarina y melodiosa de Sofía desentonó y destacó inmediatamente entre aquellos chicos. Guillermo inmediatamente posó su vista en ella – me llamo Sofía y son la feliz y afortunada novia de este guapísimo hombre. Se acercó mas a Samuel poniéndose de putitas para alcanzar a dejar un beso en su mejilla, e inmediatamente después extender su mano a ambos chicos frente a ella saludándolos con efusividad.

……………………………..

Samuel y Sofía caminaban en completo silencio. La chica casi podía escuchar el resoplar de Samuel. Después de el momento incomodo que hubiesen protagonizado junto con Guillermo y su nuevo novio, se habían despedido prometiendo volver a verse pronto en algún momento. Sofía incluso había logrado, quien sabe como, que Guillermo y Samuel intercambiaran números telefónicos.

–¿Seguirás sin hablarme todo el día? – Sofía se había plantado frente a Samuel impidiéndole el paso. Lo miraba entrecerrando los ojos con expresión molesta mientras él le regresaba una mirada igual o peor.

–¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué le dijiste que eras mi novia? – preguntó, y a decir verdad no sabía porque se sentía tan molesto ¿era quizá por la expresión confundida y aparentemente desilusionada de Guillermo? ¿Pero que estaba diciendo? ¡Guillermo tenía novio por Dios santo!

–¿Qué se supone que querías que hiciera? ¿Qué te dejara ahí pasando la vergüenza de ser el chico que después de 5 años no ha superado a su novio del pasado? – Sofía había dicho aquello completamente sin pensar, pues se cubrió la boca con las manos inmediatamente después de decirlo. No había pretendido que se escuchara tan agresivo su comentario, pero si era sincera debía decir que hablaba con la verdad.

Samuel había conocido a Sofía una semana después de haber terminado la Universidad y aunque para ese entonces ya había pasado un año sin Guillermo, su situación no había hecho mucho por mejorar. Quien sabe por obra de cual ser divino había logrado terminar sus estudios sin abandonar a medio camino, pero nada mas concluir, terminó prácticamente volviéndose un vago, que acabó en poco tiempo con los ahorros que con muchos esfuerzos su madre había dejado para él. Estaba completamente solo, sin dinero y alquilando un pequeño departamento que era más bien un austero cuartucho que apenas podía pagar.

Un día, en una de sus muchas salidas y borracheras, la suerte pareció sonreírle al menos un poco. Terminó por conseguir trabajo de guardia de seguridad en uno de los bares a los que solía frecuentar, en el que por cierto Sofía trabajaba. No se hicieron amigos desde el primer momento, de hecho el primer encuentro entre ambos chicos fue con Sofía impactando su rostro con el puño cerrado, después de que Samuel en medio de su borrachera, hubiese intentado sobrepasarse con ella. La chica no era tonta y mucho menos era dejada como para permitir que un borracho más de los que veía montones cada noche, llegara a querer manosearla. Y no, no existió nada romántico entre ellos ni antes ni después. Sofía de hecho era lesbiana.

Fue a ella a quien le tocó montones de veces ver a Samuel alcoholizado hasta el espíritu y llorando como un niño mientras se quejaba amargamente de como su Guillermo lo había abandonado. Había sido ella quien con mano dura y verdades en ocasiones hirientes, hubiese logrado que Samuel recuperara poco a poco las ganas de sonreír. Ella misma era quien lo había dejado quedarse en su departamento que era mil veces mejor que su “cuartucho de mala muerte” como ella lo llamaba. Ahora ambos trabajaban en un prospero restaurante y Samuel había logrado en 4 años dejar su mala vida atrás convirtiéndose en el gerente de aquel lugar, lugar en el que Sofía, quien se hubiese pagado sus estudios de gastronomía con lo que ganaba como mesera en el bar en el que se habían conocido, ahora era su chef principal.

La vida para ambos chicos había mejorado notablemente y les había sido difícil separarse y tomar cada uno su rumbo cuando las cosas habían ido tan bien como para que Samuel tuviese el dinero suficiente para alquilar su propio departamento, uno mejor que el anterior. Siguieron compartiendo piso, pues la relación que tenían se había hecho muy fuerte con el pasar del tiempo. Sofía sabía todo de Samuel y él a su vez lo sabía todo de ella y se daba cuenta claramente que no había hecho aquel comentario con mala intención.

–El va a casarse – Samuel susurró mas para si mismo que para que su amiga lo escuchara. Terminó por tumbarse en una de las bancas alrededor de la fuente del centro comercial – ¿Viste al chico junto a él? se veía tan emocionado por sus trajes de boda y yo estuve a punto de vomitarles en los pies – concluyó.

Sofía no sabía que decir, al ver los ojos cristalizados de su amigo, se daba cuenta que nada de lo que había sucedido en el pasado había sido superado por Samuel, que esas noches de “terapia” donde ella le decía que todo iba a estar bien, que iba a encontrar alguien que verdaderamente lo amara. No habían servido de mucho. Había hecho falta muy poco para que Samuel se quebrara nuevamente. Para que hiciera evidente que Guillermo no era un pasado superado y que aun después de tanto tiempo, seguía enamorado de él.

………………………………

Había pasado un mes, un mes que no había sido nada sencillo ni para Samuel ni para Guillermo. Por un lado Guillermo se repetía a diario que él ya tenía un futuro diferente, una vida hecha con un chico maravilloso que no había hecho más que tratarlo bien en todo aquel tiempo. Andrés no merecía que le hiciera una cosa como esa, no merecía que pasara los días y noches pensando en alguien más.

Samuel por su lado intentaba seguir con su vida lo mejor que podía, tratando de ignorar el hecho de que el chico que después de años, aun seguía amando, estaba a un mes de casarse y salir de su vida esta vez para siempre.

Dos semanas más pasaron. Las cosas continuaban completamente iguales para ambos chicos, hasta que un encuentro no planeado por ninguno cambiaría por completo las cosas. La vida parecía empeñada en no dejarlos vivir sus vidas, en no dejarlos superar los errores del pasado.

Guillermo había salido solo esta vez, al mismo centro comercial donde había visto a Samuel hacía casi dos meses. Tenía que recoger los trajes de la boda, pero en esta ocasión Andrés, por su trabajo, no había podido acompañarlo. Caminó de regreso a su automóvil, con la mente perdida en quien sabe donde, cuando terminó por estrellarse con algo en su camino que lo hizo tirar los trajes al suelo. Se agachó rápidamente a levantarlos y menos mal que iban en bolsas muy bien cuidados, pues una sola partícula de polvo y Andrés se pondría histérico, por decir poco. Levantó la mirada y casi sintió que volvía a caer de rodillas al piso.

Frente a él estaba Samuel con la misma expresión sorprendida que debía tener él. Se incorporó rápidamente con las manos temblorosas y una sonrisa nerviosa.

–¿Son los trajes para la boda? – la pregunta le salió a Samuel sin siquiera pensar, lo ultimo que quería es que Guillermo le contara sobre su boda con otro chico, pero no sabía que decir y no había atinado siquiera a saludar primero.

–Si, estos son – Guillermo bajo la mirada y es que se veía completamente incapaz de mirar a Samuel a los ojos. Le dolía el pecho y la sensación que le daba tenerlo cerca no le gustaba. Los ojos celestes y amables de Andrés se aparecían en sus pensamientos y se sentía culpable con el solo hecho de respirar el mismo aire que su ex novio, sobre todo por lo que sin proponérselo, aun le hacía sentir.

–Pues yo espero que…

–¿Y donde está tu novia? – Samuel no sabía si estaba viendo de más, pero creía advertir un tono de molestia en la pregunta de Guillermo.

–¿Y tu novio? – le había respondido con la misma pregunta y aquello se estaba yendo por un camino que ninguno de los dos quería cruzar.

–¿La quieres? – Guillermo no sabía porque estaba preguntando una cosa como esa, era su novia, era obvio que la quería, aun así sentía que debía preguntar, que debía asegurarse de que él era feliz. Si se daba cuenta que Samuel por fin era feliz sin él, podría dejarlo ir con un poco menos de dolor. Pero Samuel no respondió lo que el quería escuchar.

–¿Y tu lo quieres a él? – la pregunta salió apenas de labios de Samuel, un enorme nudo se había formado en su garganta ¿Por qué estaba preguntando aquello? Guillermo estaba sosteniendo en sus manos los trajes para su boda, era obvio que lo quería.

Pero la respuesta de Guillermo, fue por mucho lo que jamás esperó.

El tiempo parecía haberse detenido mientras los labios de Guillermo impactaban sorpresivamente los suyos y se movían completamente con desespero. Ni siquiera le había dado tiempo de reaccionar, lo único que Samuel sabía es que aquellas enormes bolsas con los trajes habían terminado en el suelo y las manos de Guillermo, firmemente aferradas a su mentón. Volver a sentir sus labios era como beber agua fresca después de haber esperado por días en el desierto. Pero Samuel no había esperado días, él había esperado 5 años.

Guillermo se separó de aquel beso con el rostro entero enrojecido de la vergüenza, pero se podía decir que al menos en ese momento, no se arrepentía de lo que acababa de hacer. Si aquella era una despedida, no se iba a ir sin volver a besarlo.

Samuel se había quedado sin palabras cuando había visto a Guillermo levantar a toda prisa aquellas bolsas del piso para después prácticamente correr a su auto y arrancar a toda velocidad. Esta vez aunque hubiese querido seguirlo no hubiese podido, pues no tenia idea a donde se dirigía.

……………………………….

–Estás muy loca si piensas que voy a hacer una cosa como esa – Samuel tenia prácticamente toda la tarde discutiendo con Sofía acerca de lo mismo y no podía creer como es que aquella chica podía tener ideas tan locas.

–¡El te besó maldita sea! No besas a tu ex cuando estás a una semana de tu boda si no sientes nada por él – la chica se veía completamente molesta y es que hacer entrar a Samuel en razón a veces era difícil.

–No voy a ir a interrumpir una boda ¡Por Dio mujer! ¿Tú estás loca? Es que si Santiago no fuera gay y tuviera por novio a Lino, pensaría que son la pareja perfecta.

–¡A mi ni siquiera me gustan los hombres!

–¡Como sea!

Aquella discusión no los estaba llevando a ningún lugar. Sofía tenía la loca idea de aparecerse en la boda de Guillermo e interrumpirla de la forma que fuera. Samuel pensaba que aquella chica había visto demasiadas comedias románticas. Aun si se atreviera, aun si viera aquella descabellada idea como una posibilidad, él no podía hacerle una cosa así a Guillermo, de hecho no podía hacerle una cosa así a ese chico, Andrés. El pobre chaval no tenia la culpa de nada y si Guillermo era feliz con él, Samuel debía aceptar eso.
¿Y que mierda hacía entonces espiando afuera de aquel hotel?

Ni siquiera le había preguntado a Sofía como es que había conseguido la dirección donde se llevaría a cabo la boda. Ni siquiera le había preguntado tampoco de donde había sacado el traje que le había lanzado prácticamente a la cara esa misma mañana.

“Vamos a impedir una boda, no podemos presentarnos como un par de indigentes” es lo que le había dicho después de modelarle su vestido rosa brillante. Estaba loca, estaba malditamente loca, pero el amaba cada aspecto de su forma de ser y si ella no fuera lesbiana y si el no estuviese enamorado hasta los huesos del chico que estaba a punto de casarse, hubiese considerado a Sofía como su pareja perfecta.

Habían tenido muchísima suerte de que la boda fuera a realizarse en el salón de un hotel, pues aunque obviamente iban a necesitar una recepción para poder entrar, iba a ser mucho mas fácil escabullirse entre los huéspedes ¿de verdad él estaba haciendo algo como aquello? Si, lo estaba y la adrenalina corría por su cuerpo arrastrándolo todo como un huracán.

Cuando la vida quiere quitarte algo, te lo quita sin más, cuando la vida quiere regresarte aquello que siempre ha sido tuyo, cada una de las piezas se acomoda.

La puerta no estaba cerrada, no había nadie recibiendo recepciones e impidiendo el paso para quienes estuviesen ahí sin invitación. Cuando Samuel aventó la puerta con mas fuerza de la que hubiese querido, justo en el dramático momento en el que el juez decía algo como “si alguien tiene algo que decir” el si, el tenía muchísimo que decir. Pero se quedó completamente mudo con la imagen que estaba frente a sus ojos.

Santiago y Lino vestidos con impecables y elegantes trajes esperaban frente al juez con expresiones de asombro y alegría. Guillermo a un lado de ellos sentado junto a todos los invitados a un lado de Andrés ¿Qué estaba sucediendo? Sintió que el alma se le iba al piso y que la vergüenza lo quemaba como fuego abrasador. Aquella no era la boda de Guillermo.
El juez lo miró a él, miro a Lino, miro a Santiago y no sabía que es lo que debía hacer. En un momento las voces de los invitados se empezaron a escuchar, todo empezaron a murmurar silenciosamente, mientras que Guillermo observaba todo con la boca abierta.

-¿Tienes algo que decir muchacho? – el juez habló esperando que en aquel lugar no se formara una pelea si es que al chico en la puerta se le ocurría reclamar por alguno de los dos que estaban a punto de casarse. Un apenas audible “perdón” se escuchó por parte de Samuel, quien estaba a punto de salir de aquella vergonzosa situación, cuando escuchó la voz siempre amable de Santiago.

–¡Espera! – Santiago volteo a mirar a su casi esposo, recibiendo una sonrisa de aprobación de su parte, para después atravesar a paso acelerado el pasillo hasta alcanzar a Samuel, a quien envolvió con un fuerte abrazo. Los invitados no sabían que estaba sucediendo y muy seguramente se estaban inventando historias que serían tema de conversación durante toda la recepción.

Le había pedido que se quedara y es que para Santiago había sido una verdadera suerte que Samuel se apareciera de la nada y aquel chico era lo único que había estado faltándole para que su boda fuera completamente feliz y perfecta. Muy a pesar de los cotilleos en voz baja por parte de los invitados, Samuel tuvo que quedarse, pues después de todo, aquella situación había cambiado drásticamente y aquella era la boda de dos de sus mejores amigos. No podía irse. Sofía y él terminaron por sentarse en un par de sillas hasta el final y por una parte agradecía que Sofía lo hubiese obligado a llevar traje ese día.

–Si ya nadie va a venir a intentar interrumpir la boda equivocada, espero que podamos continuar con la ceremonia – las carcajadas de todos los invitados se escucharon  después del juez y por fin, la boda pudo continuar.

…………………………………

La ceremonia había sido hermosa y ambos chicos había terminado derramando lagrimas en medio de los votos matrimoniales. Los invitados habían recibido a la nueva pareja de recién casados con un fuerte aplauso y abrazos afectuosos. Samuel fue prácticamente obligado a quedarse también a la fiesta.

–¿Qué sucede? – Guillermo se encontraba recargado en un árbol en el jardín exterior a donde se estaba realizando la boda. Llevaba al menos 10 minutos afuera, pensando en todo lo que acababa de suceder, con el estomago revuelto y el corazón latiendo fuerte.

–No pasa nada, yo solo… me duele un poco la cabeza – típica excusa y es que Guillermo no sabía que decirle. Andrés lo miraba con una expresión que no podía definir.

–Una vez hace un par de años yo te dije que iba a hacer todo lo que estuviera de mi parte por verte feliz, así que… – Andrés extendió la mano y cuando Guillermo bajó la mirada sintió que el alma se le iba al piso y unas enormes ganas de llorar lo invadieron. En la mano de Andrés estaba el anillo, la alianza que él acababa de darle aquella misma mañana. Se la estaba regresando.
Guillermo le había dado aquel añillo prometiéndose a si mismo que trataría de hacerlo feliz. Con la esperanza de que uniendo su vida a él, Samuel iba a quedar completamente en el olvido. Ni siquiera se había dado cuenta que los ojos llorosos de Andrés no eran de completa felicidad.

–Tu no quieres casarte conmigo Guillermo… y yo tampoco quiero casarme contigo – las lagrimas ya estaban presentes en las mejillas de ambos. Guillermo ahora sostenía aquel anillo presionándolo fuertemente en su mano temblorosa – tu me quieres Guillermo, pero no me amas y a veces querer no es suficiente. No me he dado cuenta hoy de esto, no me he dado cuenta de lo que sucedía después de que Samuel hubiese intentado impedir la que creía que era tu boda. Yo siempre supe que había algo en ti que estaba faltando y ese algo no te lo estaba dando yo. Pude ver el brillo en tus ojos ese día en el centro comercial y me di cuenta que si eres capaz de verlo con ese amor después de 5 años, yo ya no tengo nada que hacer aquí.

–Por favor…

Guillermo estaba llorando ahogadamente mientras tomaba a Andrés muy fuerte de las manos. Lloraba porque le dolía estar haciendo sufrir a un chico que no lo merecía, lloraba porque sabía que Andrés tenía razón, que a pesar de haberlo intentado, no había podido olvidar a Samuel, no había podido dejar de amarlo.

………………………….

///// https://www.youtube.com/watch?v=1-eDscjMAeA ///// Keane – Somewhere only we know

Un mes mas había pasado después de aquella boda en la que habían sucedido tantas cosas, en la que una pareja se había jurado amor eterno y otra había se había dicho un doloroso adiós. Pero había algo que todavía estaba inconcluso, era algo que Guillermo aun tenia que hacer si quería que la felicidad regresara por fin a su vida. Había sido muy estúpido y había llegado el momento de que dejara de ser un cobarde.

Eran las 11 de la noche y Guillermo esperaba en aquel oscuro callejón, afuera de aquel restaurante prácticamente muriéndose de frio. No sentía los dedos y si él se tardaba un poco mas en salir de aquel lugar, se lo encontraría congelado en el piso.

Todas las luces se apagaron y la puerta trasera en aquel callejón por fin se abrió, revelando a un Samuel riendo con ganas y a una Sofía hablando hasta por las orejas como siempre. Ambos se quedaron estáticos al ver a Guillermo esperando ahí, en medio de la oscuridad, probablemente congelándose las manos.

–Tendrás que tomar un taxi – murmuró Sofía con una media sonrisa, mientras le arrebataba las llaves del coche de la mano a Samuel. Se adelantó diciendo un simple “hola” a Guillermo para después salir de ahí rumbo al coche.

–¿Qué estás haciendo aquí? – Samuel se reprendió mentalmente después de ver la mueca en el rostro de Guillermo a escuchar aquella pregunta pues no había sido para nada su intención sonar tan cortante.

–Yo solo… yo… necesito hablar contigo

Samuel lo miraba expectante y es que siendo de Guillermo podía tratarse de cualquier cosa. Su corazón le golpeaba fuerte el pecho y es que la sola cercanía de aquel chico prácticamente lo mareaba. Asintió esperando que continuara hablando y es que si quería hablar, él dejaría que soltara lo que deseara decir.

–Hace 5 años cometí el error más grande de mi vida. Hace 5 años me alejé de forma estúpida de la única persona que verdaderamente ha logrado enamorarme. Se muy bien que no tengo el derecho de aparecerme nuevamente frente a ti después de tanto tiempo, después de que lo jodí todo, después de hacernos sufrir a ambos de forma innecesaria. Yo no voy a poder amar nunca a alguien mas que no seas tu y bien sabemos los dos que lo intenté – el recuerdo fugaz de Andrés apareció en la mente de Guillermo – pero ese no era el camino que debía seguir y es por eso que esa relación se ha terminado – Samuel luchó por que no se le doblaran las piernas después de escuchar aquello – no te estoy diciendo nada de esto para que te apiades de mi y me perdones pero… – ambos se quedaron en silencio por un momento – ¡Que mierda! ¡Claro que estoy pidiéndote una oportunidad! Claro que quiero que me perdones. Necesito que vuelvas a quererme, necesito que vuelvas a abrazarme solo a mí. Necesito que regreses conmigo al pueblo de mis abuelos, necesito a mi madre mirándote con cariño, necesito a mi abuela diciéndome que eres el mejor novio que me ha conocido. Necesito que vuelvas a amarme y que me beses solamente a mí…

Las palabras de Guillermo habían sido calladas y es que en honor a la verdad aquel chaval cuando se lo proponía hablaba demasiado. Los labios de Samuel se movían sobre los suyos con ansia y sus manos presionaban su cintura hasta prácticamente dejarle marcas. Aquel beso no duro mucho, pues en ese momento mas que besarse, necesitaban verse, reconocerse, darse cuenta que aquel no era un sueño maravilloso, uno de esos tantos sueños perfectos que habían tenido cuando se encontraban lejos y despertaban solos en medio de lágrimas.

–Me hiciste esperar 5 años – reclamó con una media sonrisa

–Lo lamento muchísimo – aferró a Samuel fuertemente en un abrazo

–Te dije que no iba a poder amar a nadie más después de ti… pero ahora tengo a Sofía y…

–Ella es solo tu amiga – Samuel se alejó un poco para poder mirar a Guillermo a la cara.

–¿Quién te dijo eso? – preguntó sorprendido y Guillermo no pudo evitar una risita mientras apretaba nuevamente a Samuel en aquel abrazo. Parecía que el tiempo jamás hubiese pasado.

–Me lo dijo ella, tonto ¿Quién piensas que me dijo donde trabajabas? – una fuerte carcajada por parte de Samuel le resonó a Guillermo prácticamente en el oído y aunque lo había dejado poco menos que sordo, se negaba completamente a soltarlo de aquel abrazo. Samuel se limitaba a acariciar su espalda con calidez.

–¿Recuerdas cuando te salvé de aquellos ladrones en un oscuro callejón como este? – la pregunta estaba completamente fuera de tema, pero estar en aquel lugar había traído muchos recuerdos a Samuel.

–Claro que lo recuerdo, los hijos de puta me dejaron sin zapatos – una nueva carcajada se escuchó por parte de ambos… yo creo que tu terminarás enamorado de mi… ¿también recuerdas eso? – Guillermo sintió como Samuel asentía cerca de su hombro – pues tengo algo que darte ahora mismo.

Guillermo se alejó de Samuel completamente entusiasmado, para rebuscar en uno de sus bolsillos. Sacó su cartera y tomó con cuidado algo extendiendo la mano a Samuel para que lo tomara. Samuel sintió como un nudo se formaba en su garganta cuando observó aquella fotografía que se habían tomado en el pueblo de Guillermo en el momento exacto en que Samuel le pedía que fuera su novio. Todavía no lograba quitar su atención de aquella perfecta imagen cuando escuchó sonando nuevamente aquella vieja cámara. Levantó la vista para ver como Guillermo ya agitaba la imagen en su mano.

–Déjame verla – pidió extendiendo la mano a la nueva fotografía que Guillermo acababa de tomarle.

–Primero responde la pregunta – Samuel arqueó una ceja

–¿Cuál pregunta? – su expresión confundida era completamente adorable.

–La que está escrita detrás de la fotografía.
Samuel dio vuelta a la imagen que llevaba ya un rato sosteniendo entre sus manos. Y no pudo evitar sonreír prácticamente eufórico mientras asentía repitiendo un clarísimo “Si” un montón de veces.
La fotografía se le escapó a Samuel de las manos y cayó al piso esperando por ser levantada justo después de que terminara aquel ansiado beso.

“¿Quieres volver a ser mi novio?“

A veces la vida nos castiga por los errores cometidos en el pasado, a veces aprendemos a base de lagrimas que jamás debemos hacer daño, que debemos de tratar a los demás como queremos ser tratados, que no debemos jamás juzgar a las personas sin conocerlas, que la vida sigue teniendo la capacidad para sorprendernos y que cuando alguien esta destinado a estar contigo, aun si se ha alejado durante años, un día, cuando menos te lo esperes… simplemente regresará.

FIN

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MENSAJE DE LA AUTORA

Esta es la primera vez que dejo un mensaje final en una de mis historias, pero creo que esta vez era necesario, al menos para mí. Me imaginé un montón de cosas cuando empecé a escribir “Sucio 2: Machos Alfa” pero nada comparado a todo lo que pasó y de verdad estoy muy agradecida. No pensé que fuera a tener un recibimiento tan bueno y que fuera a recibir tanto apoyo a lo largo de estos meses que me tomó concluirla. Esta es la primer historia con la que he superado el millón de lecturas lo cual es muchísimo y algo que nunca esperé. Mis seguidores en wattpad aumentaron de 3000 aprox. a casi 13,000 en 8 meses, puede parecer poco para algunos, pero para mi es muchísimo, así que lo único que puedo decir es gracias, por cada mensaje, dibujo y muestra de cariño.

Cuando publique el capítulo final, recibí mensajes de todo tipo, tanto personas agradeciéndome por hacer una “hermosa historia” como personas puteandome por haber hecho un “final del orto”. Muchos de los mensajes, la mayoría de hecho, en los que me decían que me odiaban y que querían matarme, me los tome a broma, porque eso es lo que eran, al menos eso espero xD pero había algunos que de verdad se pasaban de agresivos y en los cuales no había nada de broma.

Yo tengo completamente claro que no se puede tener conforme a todo el mundo, pero de verdad es algo estresante encontrarme tantas opiniones diferentes. Algunos de ustedes, la mayoría, estaban odiándome por haber hecho un final “triste” querían que los protagonistas quedaran juntos, que todo fueran maripositas, flores y algodón de azúcar, me decían que los protagonistas habían sufrido mucho a lo largo de la historia como para terminar separados. Por otro lado había algunos que estaban conformes, con el final “trágico” que pensaban que de esa manera era mas realista y que si en el epilogo daba un final feliz, la historia iba perder sentido ¿en serio? ¬¬ Precisamente a ese punto quería llegar.

Lamento si esto se lee agresivo o los decepciona mi forma de pensar, pero yo no soy de las personas que piden opiniones o sugerencias, pero no me mal entiendan, es decir, no me refiero a los mensajes de apoyo, no es que no tome en cuenta lo que ustedes me dicen, claro que me interesa lo que tengan que decirme, pero a lo que me refiero es que hay chicas que piden opiniones en plan “díganme si el capítulo les gusta y si no les gusta aconséjenme que cambiarle” o algo como “¿les gustó el final? Si lo les gusta ya saben que pueden aconsejarme o sugerirme que cambiar” “¿Cómo quieren que continúe la historia? Si quieren agregar o les gustaría que algo suceda en la historia, déjenme un comentario” Yo jamás haría algo así, porque aunque me leo todos y cada uno de sus mensajes y los agradezco muchísimo, la historia es mía y yo sol la única que le quita, le pone o le modifica ¿a que voy con todo esto? A que mis finales nunca serán escritos con el fin de tener contenta a la mayoría, o con el fin de quedar bien, mis finales y no solo los finales, sino cada una de las situaciones en mis historias, son pensadas por mi desde el principio y si una historia termina de cierta manera es porque así lo considero mejor y como siempre lo he dicho, ustedes tienen que confiar en que haré un buen trabajo, que puede gustarles o no, eso es cierto, pero siempre trataré de hacer algo bien hecho. Y es que algunas personas incluso me quieren decir que escribir, prácticamente me dicen “quiero que pase esto y que fulanito se quede con tal o cual personaje y que bla bla bla” o cosas como “si no pasa esto y aquello dejo de leer” o “pensé que iba a pasar esto y esto, ya no me gusta” No pueden esperan que yo haga lo que cada uno de los lectores quiere, si les gusta la historia, les gustará como yo la escriba y si respetan mi trabajo, no intentarán cambiarle nada ¿me explico?

Como ya lo he dicho anteriormente, un final no tiene que ser trágico para ser realista. Hay personas que tienen la idea de que si una historia termina en final bueno e idílico y todos son felices y comen perdices, ya por eso es un final irreal y aburrido yo me pregunto ¿Por qué tienen tan poca esperanza en la vida? Hay muchísimas parejas que son felices, que se han casado, que tienen hijos, una hermosa casa y un jodido perro y tienen vidas maravillosas. Hay personas que se han conocido desde pequeños y se han enamorado y han terminado juntos con vidas felices. Hay personas que tienen tropecientos años juntos casados o no y son felices, que tuvieron su cuento de hadas y viven una vida perfecta y son personas reales. No todas las historias deben de terminar en lagrimas, muerte, cáncer, separación y dolor, para que alguien diga “Oh si, esta si es una historia realista porque la vida es una mierda y los finales felices no existen” Y es verdad que muchas historias si terminan así, es verdad que a veces fulanita no se queda con fulanito y eso nos duele, pero quien sabe, quizá algo mejor les espera y si, las personas mueren y la vida es muy jodida, pero no solo por ser un final trágico es un final realista.

Yo le doy a las historias el final que considero justo, a mi no me interesa llamar la atención haciendo llorar a medio mundo con finales trágicos y “realistas” a mi me interesa mas darles una buena historia y que a lo largo de la trama tengan algún aprendizaje. No se si se han fijado pero casi siempre mis historias terminan con alguna frase cursi o con algún pensamiento en plan “moraleja” y es que eso es lo que me interesa, hacerlos pensar, que vean el cambio en los personajes, el desarrollo, como las personas cambian, como sus actitudes mejoran, como nuestros errores tienen consecuencias, pero si sabemos enmendarlos, siempre hay segundas oportunidades, siempre trato de dejarles un mensaje con cada historia que escribo y este va mas allá de un final triste o feliz, me interesa mas bien plantear lecciones de vida a lo largo de toda la trama, no solo con el final.

UN MILLON DE GRACIAS♥

A veces lamento no haber llegado a tu vida antes. No haber planeado bien mi tiempo para aparecer en la puerta de tu casa con una sonrisa y un par de promesas en la mano. No haberte conocido antes de todo el terremoto que eres y llevas dentro, que a veces te arrasa y sólo quedan restos de ceniza. A veces, quisiera haber sido yo la que te rompió el corazón, pero no, nunca hubiera podido romperte como lo estás, como lo roto que estás. Quisiera haber sido yo la que te curara las heridas en vez de engrandecerlas. Hubiera querido recitarte poemas de Neruda o leerte Rayuela al oído, después de cada decepción en tu vida, convertirte en mi Mago. Joder, hubiera querido ser tu primer amor, ese que nunca olvidarás. Pero llegué tarde. Llegue a destiempo, llegue cuando ya estabas muy destrozado por dentro, con unas fisuras que me recordaban el dolor que debiste de haber sentido y cuando yo trataba de repararte la que se lastimaba era yo. Porque en vez de sanarte las cicatrices, te las volvía a abrir. Porque mi intención era reconstruirte. Pero te digo, ya estabas en ruinas y no podía hacer nada. Aunque quisiera, aunque intentara.Perdón amor, llegue cuando ya no tenías remedio.