cuarto-de-ale

He venido aquí a decir que la puerta que vemos en el cuarto de Willy no es la entrada a su cuarto.

Y sí, yo sé que probablemente todos ya sabían esto pero yo me estoy dando cuenta hora ¿ok? :‘v
Viví creyendo que por ahí era la entrada y me preguntaba por qué mierda la tenía abierta si de esa forma era más probable que llegara ruido al cuarto de Vegetta, pero después de mirar el set up de Willy por novena vez noté que decía que eran “armarios y el baño”.
Soy lenta ¿vale? :'v

LOS SIGNOS CUANDO ESCUCHAN ALGO EN MEDIO DE LA NOCHE :O

Aries: Dios mio ¿que fue eso? *meditan si es correcto ir corriendo al cuarto de sus padres*

Tauro: se levantan, se vuelven a dormir

Geminis: ¿que fue eso? ¿esto es una broma? se que es una broma, ¿me oíste? no te tengo miedo *le tiemblan las manos*

Cancer: Se tapan con la colcha y espera que eso se valla.

Leo: ¿Que fue eso? Tranquilo fue solo un ruido *le tiembla todo*

Virgo: Dios mio ¿le puse serrojo a la puerta? Creo que no. Oh dios, oh dios

Libra: se pone los audífonos y esperan a que eso se valla.

Escorpio: Saca un machete bajo de la cama. -No te tengo miedo ¿oiste?

Sagitario: Le envía mensajes a todo mundo *nadie le responde*

Capricornio: Nunca escucharon nada. *siguen dormidos*

Acuario: Prende las luces de todo él cuarto.

Piscis: Espera en silencio a que el sonido se vaya

:)

Los sonetos de la muerte

“La recompensa final de los muertos es no tener que volver a morir”

—Niche

To @that-dharma-station


Quiera Dios que no te olvide.

Ciego. Tan ciego que hasta la inofensiva llama de una de las lámparas del pasillo es como tener el sol saliéndome por la oreja.

Escucho las llaves y tengo que taparme los ojos con las manos para protegerme. De la luz, de la realidad. 

Siguen siendo las mismas, arrugadas por la edad y tan ásperas por el trabajo que aunque lo callabas, sentías como una lija cada vez que te tocaba. 

Y hasta eso amabas de mí.

Cierro con fuerza los párpados y sin tener más motivo que la visita de tu imagen, en mi propia soledad, arranco a llorar.

Cinco mil días de espera. Una por cada milla.

Ocho mil noches echándote de menos. Una por cada kilómetro.

En la penumbra de una celda bien podría estar en Londres que en París. La distancia es la misma que si me encerraran en el cuarto de al lado; lejos de ti.

Acurrucado en una esquina, con la espalda pegada a una húmeda pared de roca y el frío clavándose en mi piel desnuda, siento vibrar sobre las palmas mis mejillas. Y el nudo de angustia reventarme el corazón. 

Las lágrimas bajan imparables, llevándose al pasar el polvo y la roña, y escociendo en las heridas abiertas que me he hecho rascando, arañando, peleándome con la pared. 

Por cada rabia un grito, por cada impotencia, por cada desesperación. No sé decir cuantas veces he gritado ni sé contar cuando, viendo que resultaba en vano, ya no lo hice más.

Recluido en el silencio de una garganta rota y cansada, atrapado en un cuerpo raquítico, anciano y hambriento, creo haber olvidado incluso mi lengua natal. Moqueo como un niño y gimoteo sin hacer ruido palabras incomprensibles. La diatriba de un loco regañando a un Dios que sé que me ha abandonado, que sé que nunca estuvo ahí, al que rogué durante meses que me evitara los golpes para poder descansar.

Golpes de desprecio, de aquellos que se producen en un minuto y duelen durante semanas. De los que amoratan la piel y desuellan el alma. De los que al ser recibidos día tras día, someten hasta a un dragón.

Una ola de agua helada me hace callar cuando me atiza. Me moja de coronilla a pies y empapa una maraña de pelo ralo y aceitoso que se pega a mi espalda. Tirito, tiemblo, lloro. Despierto del todo herido y destrozado.

Las llaves abren el cerrojo y no es hasta el momento en que me sueltan, en que liberan mis muñecas del metal, que no me doy cuenta de lo mucho que pesaban. 

Y ahora palpita en ese rincón la piel, debido al roce constante… en carne viva.

A gancho me levantan por la fuerza, y escucho hasta dentro de mi cabeza como crujen las articulaciones. Siento sobre el hueso de los brazos clavarse sus dedos, pero dentro de la poca fuerza que me queda sigo tapándome los ojos. Para que no me vean, para no ver yo. Para seguir llorando en soledad.

Arrastran por los pasillos a un viejo que ya no sabe caminar. Les escucho agradecer mi peso cuando subimos las escaleras.

Me había acostumbrado tanto al olor de mi meado y mis heces que ahora, saliendo al exterior, hasta el aire puro es para mis sentidos hostil.

Aparto las manos para ver el sol, las nubes, un cielo que había olvidado que era azul y un mar a mi derecha que parece cantarme quien soy.

Forcejeo con los guardas sacando del retiro la energía que me queda y me recorre un estallido de adrenalina cuando siento que me he librado de su agarre. Pero a fuerza de años sentado, encadenado a una pared, me fallan las piernas y no soy capaz de dar un paso por mí mismo. Así que me caigo. Flaquean las fuerzas y tropiezo con la gravedad, cayendo a plomo sobre el suelo. Me patean en el estómago y les escucho reírse de mí.

Si me vieras, Anne, dejarías de quererme.

Las lagrimas vuelven a salir delante del espejo en el que me han parado para burlarse de mí. Tengo heridas en la cara por su poca delicadeza al afeitarme, me he encogido a lo ancho y a lo alto y los ojos son a mi cara lo que el traje a mi cuerpo. Demasiado grandes, con demasiadas arrugas.

Acaricio el reflejo como si por el movimiento fuese capaz de asimilar que ese hombre soy yo. Que no es una jugarreta más que del tiempo.

No reconozco ni una de las caras que me miran en el patíbulo. Mi nombre no es más que una tabla llevada por la corriente, la leyenda de un pobre diablo que siempre supo estar en el sitio incorrecto en el momento inadecuado.

La lista de los crímenes se cierne sobre mí como lo hace la soga al cuello, y evitando la multitud lo que miro es el horizonte. El mar.

En los últimos segundos descubro el verdadero valor de lo inexistente: 

Las palabras que no se dicen, 

las cosas que no se hacen.


Cinco mil latigazos contra mi espalda.

Por ocho mil besos que no te di.

Pues eso, escenas de Melissa Rauch en el episodio 6x17 de The Office en 2010. Nunca fue un gran seguidor de esta serie, por falta de tiempo no podía seguirla, pero ahora viendo este episodio creo que voy a echarme alguna maratón para verla completa.

En el collage, (spoilers, si nunca has visto The Office) en las primeras escenas vemos a Cathy (Melissa) llegar al cuarto de Pam y Jim, que también acaban de tener a su bebé. Pam está teniendo problemas para dar de lactar pero ve como el bebé de Cathy no tiene ningún problema. En las últimas tres imágenes los vemos disimular cuando Cathy se extraña de que su bebé no tiene hambre, Pam y Jim durante la noche, y por el cansancio, se confundieron y arroparon al bebé de Cathy por error y Pam le dio el pecho (Pam estaba feliz porque “su bebé” ya comía)… :D

Expectro Patronum: Búsqueda de personajes.

EXPECTRO PATRONUM RPG

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Actualmente la generación de los merodeadores está en sexto curso. El temor de la figura de Voldemort asola a todo el mundo mágico y actualmente el puesto de Ministro de Magia, a pesar de las apariencias que pueda dar, está bajo el mando de un hombre con ideales oscuros. ¿Alguien conseguirá traer paz al mundo mágico o se verá sumido en la oscuridad para siempre? 

¿Tú en qué bando estás?

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Los hermanos Masbecth buscan al cuarto de sus hermanos. Se trata de un mago de carácter bastante cerrado y con una ideología al purismo propio de su familia. Perteneció a Ravenclaw y actualmente se encuentra en la universidad manteniendo ese carácter peculiar que hace que sólo se lleve bien con la oveja negra de su familia.

¿Acabará desheredado como su hermano mayor? ¿O quizá cambie para agradar a su familia?

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Por razones desconocidas, esta peculiar persona dejó su vida humana para pasar el resto de su vida en forma de vaca al lado de Odiseo, su nuevo dueño, un yonki dispuesto a fumarse hasta la lechuga de la ensalada.

¿Qué pasará cuando su dueño descubra que su vaca no es precisamente una vaca?

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