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En el exterior se encontraba, abrigado de los pies a la cabeza, preguntándose por qué razón había abandonado la calefacción que ofrecía el palacio para dar vueltas por las frías calles de Dinamarca. Estaba listo para dejar de caminar sin un destino alguno y regresar a su habitación, llenarse de mantas y hacer cualquier otra cosa que no implique estar cerca de agarrar un resfriado. Mas un sonido llamó su atención. Escondido entre unas plantas, un cachorro asomaba su cabeza. Estaba asustado y se le notaba. El neerlandés, que era bastante débil cuando de perros se trataba, no dudó antes de ponerse de rodillas delante de la criatura y hablar con ese tono de voz que guardaba especialmente para su mascota “Hola pequeño” comenzó, acercando su mano lentamente para acariciarlo. Como se esperaba, el animal se alejó “No te voy a hacer daño”